Vaccea Anuario
, 18 (2025)
ISSN:
edición impresa: 2659-7179; edición en línea: 2659-7187
https://editorialvaccea.es/vaccea-anuario
Editorial Vaccea, CEVFW
Universidad de Valladolid
* Historiador medievalista, salvador_repiso@hotmail.com
Resumen
:
El puente de Valdovar, sobre el río Duratón, está situado en el término municipal de Peñafiel, a un
kilómetro de la población. Lo conforman tres arcos: uno románico, del siglo XII; los otros dos clasicistas, del XVII.
El 1657, a la vez que el puente del Mercado, sufrió serios deterioros. En 1740 fue reformado por Diego de la Riba.
Su estructura, desde entonces, se ha conservado en buenas condiciones, pese a los daños sufridos por la gran
riada de 1860. La puentecilla de Roa, de tres arcos, se levanta sobre el arroyo Botijas, subsidiario del Duero, en el
antiguo camino real que comunicaba Peñafiel con Roa. Su estructura actual data de 1783, cuando fue construida,
ex novo
, por Antolín Rodríguez. Se conserva en buenas condiciones. La de Carrovejas, de origen medieval, de un
arco, situada muy cerca de la anterior, perduró hasta finales de los años setenta del siglo pasado. Cuando se llevó
a cabo la concentración parcelaria fue, lamentablemente, destruida.
Palabras clave
:
Duratón, puente del Duero, puente del Mercado, Provanco, Carrovejas, Casa de la Reina, Agus-
tín de Zorlado, Diego de la Riba, Agustín Rodríguez, Carlos Campuzano.
Abstract
:
The bridge of Valdovar, over the river Duratón, is located in the municipality of Peñafiel, one kilometer
from the town. It is made up of three arches: one Romanesque, from the 12th century; the other two are classi-
cist, from the 17th century. In 1657, at the same time as the Market Bridge, it suffered serious deterioration. In
1740 it was renovated by Diego de la Riba. Since then, its structure has been preserved in good condition, despite
the damage suffered in the great flood of 1860. The Roa bridge, with three arches, stands over the Botijas stream,
a subsidiary of the Duero, on the old royal road that ran from Peñafiel to Roa. Its current structure dates from
1783, when it was built,
ex novo
, by Antolín Rodríguez. It is still in good condition. The Carrovejas, of medieval ori-
gin, with an arch, located very close to the previous one, lasted until the end of the seventies of the last century.
When the Concentración Parcelaria was carried out, it was unfortunately destroyed.
Keywords
:
Duratón, Duero Bridge, Market Bridge, Provanco, Carrovejas, Casa de la Reina, Agustín de Zorlado,
Diego de la Riba, Agustín Rodríguez, Carlos Campuzano.
Salvador Repiso Cobo*
Recibido: 15 de marzo de 2025 / Aceptado: 30 de junio de 2025
Cómo citar: Repiso Cobo, S. (2025) “El puente de Valdo-
var y las puentecillas del arroyo Botijas de Peñafiel”,
Vac-
cea Anuario
, 18, pp. 103-119. https://doi.org/10.69531/
AHJG-9412-PNTV
104
En dos números anteriores de la presente revista
dediqué sendos artículos a estudiar los puentes anti-
guos erigidos sobre los ríos Duero y Duratón, ambos
en Peñafiel. Comentaba en la introducción del prime-
ro que era mi intención destinar a su vez un trabajo
al llamado “de Valdovar”, ubicado también en el Du-
ratón; incluyendo en la misma publicación el análisis
de «las puentecillas» de Roa y Carrovejas, sitas en el
arroyo Botijas. Este es el momento y el soporte gráfi-
co para llevar a cabo la última tarea. Con ello finalizo
el estudio de los puentes antiguos, de origen medie-
val, de Peñafiel.
Como ya expliqué con antelación, debemos tener
presente que dichos edificios ―al menos los tres pri-
meros― participan de un contexto geográfico e histó-
rico semejante. Geográfico, porque el relieve sobre el
que fluyen sus corrientes, pese al caudal, no es muy
diferente; tampoco el clima los distingue demasiado:
cuando llueve, cuando hiela, cuando nieva, lo hace,
casi siempre, sobre el entorno común. De ahí que
apreciemos avenidas simultáneas y las consiguien-
tes quiebras o ruinas sincrónicas de dichos puentes.
Contexto histórico parecido, porque sirven, con sus
respectivos caminos, como puntos de apertura del
castillo y la villa hacia sus tierras de labor y pastoreo,
a sus aldeas, a los alfoces cercanos, así como a espa-
cios más alejados, como son la cabeza del Condado,
la capital del Reino, la sede del Obispado u otras po-
blaciones importantes.
En esos trabajos anteriores estudié, con cierto de-
tenimiento, el devenir histórico de Peñafiel. Por esa
razón, en el presente, para evitar repeticiones inúti-
les, lo doy por conocido. Aconsejo al lector que acuda
a dichas publicaciones en busca de mayor informa-
ción. Solo, en ocasiones, lo explicito un poco más,
para procurar claridad y precisión.
Las fuentes han de ser las diplomáticas, extraídas
de los archivos, cuyos nombres incluiré al final del tra-
bajo, apoyadas por la oportuna bibliografía. A la vez,
cómo no, me ha sido imprescindible el análisis con-
cienzudo de los restos arquitectónicos de los puentes.
Y para ciertos detalles, como la nomenclatura y eti-
mología ―
Valdovar
,
Provanco
,
Botijas
―, he acudido
a la lingüística histórica.
Voy a dividir el trabajo en dos partes, de extensión
desigual: la primera versará sobre el puente de Valdo-
var; en la segunda estudiaré las dos puentecillas del
Botijas que caen en término de Peñafiel, es decir, la
de Carrovejas y la llamada “de Roa“
1
.
1. El puente de Valdovar
1.1. Aspectos generales
Emplazado a 1 km de la población, en dirección sur,
dando paso, por una parte, a la carretera que se dirige
a los pueblos de Canalejas, Torre y Rábano; por otra, a
la de Aldeyuso, Molpeceres y Fompedraza.
Está compuesto por tres arcos, con sus respectivos
tajamares, espolones, manguardias y calzada. Cada
una de dichas arcadas muestra una estructura diferen-
te, fruto de diversos momentos constructivos. La de la
izquierda ―situándonos en dirección de la corriente―
es románica; las otras dos, del siglo XVII. En todas se
aprecian reparos y añadidos posteriores, cicatrices de
ruinas causadas por el tiempo y por las aguas.
El nombre
Valdovar
es romance, aunque antiguo.
Su significante está formado por tres segmentos lin-
güísticos: el sustantivo
valle
, contraído en
val
, muy co-
rriente en toponimia; la preposición
d(e)
, también con
apócope, al ir seguida de vocal; y el adjetivo
ovar
. Des-
glosados podríamos mostrarlos con la secuencia
Valle
de Ovar
. Pero, ¿qué es
ovar
? Un adjetivo abundancial
procedente de su correspondiente latino vulgar
ovar(e)
‘ovalado’, y este originario del sustantivo
ovu(m)
‘hue-
vo’. Pero, en mi opinión, tuvo que existir, también en
latín vulgar, un sustantivo femenino con la forma
*ova
,
y el significado de ‘óvalo’, ‘curva’ y, aplicada al relieve,
‘curva muy cerrada’, como la de un huevo
2
.
En Valencia existe un pueblo de nombre
Baldova
r;
en Portugal una ciudad llamada
Ovar
; y Castroverde
de Cerrato (Valladolid) tuvo una aldea conocida como
Villanueva de Valdovas
(
ovas
: sustantivo, femenino,
plural).
Valdovar
, por lo tanto, parece significar ‘valle
ovalado’, ‘valle con curvas’. Ni que decir tiene que la
palabra
valle
está directamente relacionada con el tér-
mino
río
, de donde ‘río con curvas’. Véase el aspecto
que presenta el Duratón, al menos desde Laguna de
Contreras hasta su misma desembocadura: una co-
rriente de agua completamente sinuosa. Por tanto, no
nos debe extrañar que, a esta fracción de valle, a este
fragmento del río, se le denominara, en tiempos preté-
ritos,
Valdovar
; y que un puente, erigido en un paraje
concreto de su recorrido, lleve el mismo apelativo.
En cuanto al contexto histórico: volvemos a recor-
dar. Peñafiel, en el siglo X, era un castillo de frontera.
Tal vez con una pequeña aldea asentada en su falda
occidental. Tanto la fortaleza como el poblado adjun-
to se deben situar históricamente en el periodo que
llamamos “repoblación del valle del Duero”, entendi-
da esta expresión como una «articulación» de dicho
espacio, cuyo componente humano estaba formado
por gentes que residían en el territorio desde antiguo
y por otras que venían de fuera. El castillo era el cen-
tro de referencia de una serie de aldeas que consti-
tuían su alfoz. La fortaleza y el alfoz fueron regidos, en
un principio, como emisarios del rey, por los condes
de Monzón (Palencia); más tarde, por los de Castilla,
con sede en Burgos.
Para acceder al castillo desde la parte norte del
Duero, era preciso cruzar el cauce de este río. Para
ello se debió de levantar un puente, en origen tal vez
de madera. Otros dos se erigirían sobre el Duratón, en
los extremos occidental y meridional del castro.
En el último tercio del siglo XI cambian, con rela-
ción al periodo que le precede, las estructuras sociales
105
El puente de Valdovar y las puentecillas del arroyo Botijas de Peñafiel
del reino. En la misma tierra de frontera, denominada
a partir de ahora
Extremadura
‘los extremos’, cristali-
za un nuevo tipo de gentes que recibe de manos del
rey un estatuto que les permite organizar sin grandes
restricciones su vida social, política y administrativa.
En este espacio, debemos incluir, entre otros, los te-
rritorios de Peñafiel, Curiel, Roa, Fuentidueña y Cué-
llar. Esta organización ya es una realidad hacia la mi-
tad del siglo XII: se generan las
comunidades de villa
y tierra
. Peñafiel es una de ellas. La
villa
es el centro
y eje de la comunidad: núcleo de una población con
aspiraciones urbanas, posesora de castillo y murallas,
conformada por trece barrios, cuyos nombres asu-
men el de sus respectivas parroquias. La
tierra
está
constituida por una serie de aldeas, sobre las que el
concejo de la villa ejerce todos los derechos de pro-
piedad y organización
3
.
Como en la etapa precedente, Peñafiel tiene nece-
sidad de relacionarse con el exterior. En sus alrededo-
res posee aldeas, dehesas y montes. Los tres puentes
mencionados se modificarían. Eran necesarios ahora
pasos con garantía de estabilidad, es decir, construi-
dos en piedra. Estamos en el periodo del románico.
Para comunicar la villa con las aldeas situadas en
la parte meridional del territorio se erige el puente
de Valdovar, sobre el río Duratón. Este paso sirve
también para acceder a ciertas villas cercanas, como
Fuentidueña y Cuéllar, y a sus respectivas tierras. En
épocas más tardías, ya en la Edad Moderna, para
magnificar los servicios que puede prestar el puente
―que era verdad―, se cita en los documentos una
serie de ciudades y regiones del centro y sur penin-
sular, mucho más alejadas de Peñafiel: Segovia, Ávila,
Madrid, Toledo, Andalucía…
Fig. 1. Vista general del puente, aguas arriba (fotografía del autor, 2005).
Fig. 2. Vista del río Duratón, aguas arriba del puente de Valdovar.
Nos fijamos en los “curvas” o meandros, tan cerrados, de su cauce.
Fuente: Visor SIGPAC, versión 4.18.
106
1.2. El puente románico
Fuentes diplomáticas.
Doy por supuesto, atendiendo a
los restos arquitectónicos que se conservan, lo mismo
que decía al hablar del paso del Duero, que el puente
de Valdovar data del siglo XII. Pero los vestigios mate-
riales de este edificio no van acompañados, en la Edad
Media, por la misma cantidad de diplomas que el del
Duero. Y no es porque no hayan existido, sino, simple-
mente, porque no han llegado hasta nosotros. Del lap-
so que se extiende entre el siglo XII y finales del XIV
desconozco cualquier referencia escrita. Del XV, solo
dispongo de dos y estas bastante escuetas. Veámoslas.
Cuando la oficialía concejil, de 1445, toma cuentas
al mayordomo de Villa y Tierra del año anterior, apunta
como gasto 6 mrs. que, el 10 de marzo de 1444, «Dio a
Juan Rodríguez, por traer las vigas de la puente de Val-
dovar, para andamios del portal del concejo»
4
. ¿Qué ex-
presa este texto? Que a lo largo de ese año se erigió, en
la plaza de Santa María de Mediavilla, una «audiencia»
nueva. La audiencia era el lugar donde los alcaldes (los
jueces) dirimían los pleitos. Desconozco qué función te-
nían «las vigas» en el puente de Valdovar: ¿elementos
de alguna estructura de madera del propio puente?,
¿andamios usados en una reparación del mismo?
El 16 de febrero de 1478, estando en las casas de
Juan García de Cuéllar, mayordomo del año 77, los
miembros del Ayuntamiento le toman cuenta de su
gestión. En el
Libro de gastos
, figura una entrada que
dice así: «Pagué a Ramiro, por que arreglase y recal-
zase la puente de Valdovar, 300 mrs.»
5
.
Vestigios arquitectónicos.
Si tenemos en cuenta la con-
figuración del terreno y, en concreto, la distancia entre
márgenes, el puente románico del Valdovar debió de
disponer originariamente de tres arcos de medio pun-
to, con dos pequeños tajamares, en ángulo agudo, que
no se prolongaban hasta la calzada. Es muy posible que
careciese de espolones. Tal vez la calzada era de doble
rasante ―en “lomo de anguila”―. Este edificio pudo ser
similar al primitivo puente de Ávila, al que puse como
ejemplo para describir el paso del Duero.
¿Qué se conserva hoy del puente románico de Val-
dovar? Muy pocos restos, pero los suficientes como
para clasificarlo como tal: el arco primero ―el de la iz-
quierda― y no completo; con rosca simple de dovelas,
alargadas y estrechas; su estribo y su pilar original, em-
butidos ambos en estructuras de fechas posteriores;
los tímpanos, también reformados. Algunas piedras de
las aristas de la parte inferior del arco, aguas arriba y
abajo, han sido sustituidas por otras en arreglos más
tardíos. El intradós de origen permanece completo. La
tipología de sus piedras, la configuración de sus dove-
las, la pronunciada erosión de sus sillares, incluso el co-
lor de los materiales, denotan en esta estructura una
mayor antigüedad que en las del resto del edificio.
1.3. Año de 1618: Juan de la Verde y Bartolomé de
Barreda
Desde 1478 hasta 1618 ―ciento cuarenta años― no
dispongo de documentación escrita sobre el puente
de Valdovar. En la última fecha citada se inician ges-
tiones para ensanchar el paso del Duero y para repa-
rar los otros dos. En efecto, poco antes de febrero de
ese año, un procurador del concejo presenta ante el
Consejo de Castilla ―órgano estatal encargado de ges-
tionar las obras públicas― un memorial. Además de
incluir en él los trabajos que se precisan para alargar y
reparar el puente del Duero, expone que en el término
Fig. 4. Vista del intradós del arco románico, aguas arriba, siglo XII.
Señalados con círculo blanco algunos de los aristones incrustados
por Diego de la Riba, en 1740 (fotografía del autor, 2005).
Fig. 3. Vista parcial del arco románico, aguas arriba. Con la man-
guardia y tímpanos reformados por Diego de la Riba, en 1740 (fo-
tografía del autor, 2005).
107
El puente de Valdovar y las puentecillas del arroyo Botijas de Peñafiel
de Peñafiel existen «otras dos puentes», la del Merca-
do y la de Valdovar, «muy antiguas, con necesidad de
reparos, por estar muy maltratadas por las crecidas».
Añade que la villa no dispone de propios ni rentas para
su arreglo, por lo que se precisa repartir los costes en-
tre los lugares de veinte leguas a la redonda. Suplica,
por fin, a los señores del Consejo que envíen a la vi-
lla su provisión en la que se recoja sus peticiones y las
mande dar cumplimiento
6
. El 12 de febrero de 1618,
el Real Consejo envía la provisión y accede a la súplica.
En ella nombra, como juez de comisión para tramitar
las obras, al corregidor de Aranda, el de realengo más
cercano. Este encarga a Pedro Díaz de Palacios, maes-
tro cantero, vecino de San Miguel de Aras (Trasmiera),
que redacte las condiciones y traza del proyecto. Entre
las cláusulas que anota el cantero destaco la décima:
«Yten, es condición que echo el dicho reparo [puen-
te del Mercado], en la forma e manera que va declarado,
se arán dos reparos en la puente de Valdovar, en dos pi-
lares, el uno taxamar y el otro estremo, que tienen dos
rompimientos, que corren peligro los dichos pilares si no
se reparan. E se repararán en esta manera: con sus muy
buenas piedras, muy vien galgadas e asentadas, ansí las
del migaxón como las de su superfiçial; todo vien echo
como conviene. E ansí mesmo se repararán los antepe-
chos e se echarán las piedras que faltaren, correspon-
diendo a las que agora están, de suerte que queden a
un nivel los que se asentasen con los que agora están
7
».
Resumiendo: el puente de Valdovar requiere de dos
reparos. Primero: el de un pilar tajamar y otro extremo.
Interpreto que el pilar tajamar es el segundo, contando
desde la izquierda, y que «el otro estremo» se refiere
al estribo de la derecha, el más cercano al pueblo. En
otras palabras, los que soportaban el arco tercero. El
«migaxón» es el encofrado, de piedra basta y mortero
de cal y arena; que iría recubierto, cara al exterior, con
piedra de sillería. Segundo: el de los antepechos o pre-
tiles, reponiendo las piedras que faltaban. El precio del
trabajo de los tres puentes se tasa en 10 300 ducados.
Las obras se rematan en los canteros Juan de la
Verde (natural de Soano, Trasmiera) y Bartolomé de
Barreda (de Aras, Trasmiera, pero con vecindad en
Valladolid). Estos firman un acuerdo con el Ayunta-
miento comprometiéndose a no cobrarle más de 400
ducados sobre la suma que se le reparta; incluso, aun-
que surjan quiebras o aumento de presupuesto. De
suceder esto, los maestros mismos correrían con el
exceso del gasto. Este tipo de acuerdos era práctica
corriente entre los canteros y sus clientes.
La obra del Duero ―que es la primera― fina-
liza poco antes del mes marzo de 1624. Y, como casi
siempre ocurría, produjo quiebras y necesidad de en-
sanchar el presupuesto. Para amortizarlo, según cos-
tumbre, el Consejo de Castilla, mediante otra real pro-
visión, autoriza un nuevo repartimiento, en el que se
ve implicada la villa, con el visto bueno de los canteros,
pese al compromiso que estos habían adquirido con
el Ayuntamiento. Ante tal imprevisto, los oficiales del
concejo, a través de una carta de poder, con data del
2 de marzo de 1624, denuncian a los maestros, ante el
juez de comisión, por incumplimiento de contrato. En
esta carta se nos muestra el estado en que se encon-
traban las obras de los tres puentes en la fecha rese-
ñada. Los oficiales piden al corregidor que embargue
a los canteros cualquier maravedí que se les deba por
su intervención en el puente del Duero, «asta que ayan
hecho los reparos que están obligados a azer en las
dichas puentes de Ualdouar y Torre del Agua, que es-
tán obligados y no an començado ni hecho ninguno»
8
.
Desconozco más detalles al respecto. ¿Se repararon los
puentes inconclusos por esas fechas? Tal vez sí.
1.4. El día de la gran avenida del Duratón, 15 de di-
ciembre de 1657, con los estragos subsiguientes
A través de la documentación conservada de 1650, que
da noticia de la gran tormenta acaecida el 27 de julio
del año anterior, en el valle del Botijas, conocemos la
catástrofe que esta trajo consigo tanto en dicho valle
como en el propio puente del Duero. El escribano que
redacta el diploma anota también que, por esa fecha,
los otros dos puentes de Peñafiel «se encontraban con
mucho deterioro»
9
. La misma circunstancia se reitera
en una carta de poder, del 14 de junio de 1655, otor-
Fig. 5. Arco 2.º, aguas arriba, de Agustín de Zorlado, 1670-1676.
Véanse las dovelas de doble rosca (fotografía del autor, 2005).
Fig. 6. Arco 2.º, aguas abajo, de Agustín de Zorlado, 1670-1676.
Véanse las dovelas de doble rosca (fotografía del autor, 2005).
108
gada por el Ayuntamiento a Juan de la Cuesta, cantero
encargado de efectuar las diligencias para reparar los
tres edificios. En ella se comenta: «Y las dichas puen-
tes de Baldobar y Agua, por muchas avenidas del dicho
río Duratón, están las zepas de algunos ojos güecas y
sin fundamento […] todo lo qual nezesita de su repa-
ro y que se aga con toda brevedad, para lo qual son
nezesarios gran cantidad de mrs.»
10
. Gestionando esas
reparaciones se encontraban los oficiales del concejo,
a principios de diciembre de 1657, cuando, el día 15,
el río Duratón se desborda y sus aguas se llevan por
delante el puente del Mercado y la torre del Agua, a la
vez que dañan seriamente los de Valdovar y Duero, ya
de por sí resentidos.
Valga la siguiente cita, inserta en el correspon-
diente
Libro de Bautismos
de la parroquial de Coge-
ces del Monte, anotada por su ilustrado párroco, para
hacernos idea de esta nueva adversidad y de sus con-
secuencias:
«El invierno ha sido de muchísimas aguas y nie-
ves y ayres, con cuia causa han crecido los ríos de
manera que han llebado muchas puentes y lugares,
principalmente [el] Duero y Duratón, que lo vemos
y tocamos. [El] Duero hizo gran daño en Aranda y
la puente de Peñafiel y Curiel y Roa. Y [el] Duratón,
cosa nunca vista, creció de manera que no dexó
puente que no llebó, desde su nacimiento asta la
última, que es Peñafiel, llebándola toda. […] Duró
desde sábado (la creciente), 15 deste dicho mes
de diciembre asta martes, día de la Expectación de
Nuestra Señora»
11
.
También se hace eco de la catástrofe un documento
notarial procedente del AHPV, en el que el cura de San
Miguel de Rehoyo de Peñafiel narra los hechos a los be-
neficiados y parroquianos de su iglesia, y los comenta:
«Que bien sauen que por la misericordia de Dios,
pocos días ha, vino tan grande creçida del río Duratón
[…] que inundó dicha iglesia y yzo ruina en ella, sino
es también en las murallas veçinas a ella, que casi to-
das las derriuó, y muchas casas que están detrás de
dicha yglesia, y las tres puentes desta uilla y otros da-
ños notables
12
».
¿Qué más referencias conocemos sobre los daños
causados por la avenida en el puente de Valdovar?
Ninguna. Pero, infiero, por las declaraciones tan con-
tundentes de los testigos y por otras noticias diplo-
máticas vertidas con posterioridad, que la gran riada
de 1675 destruyó, o dejó malparados, los arcos 2.º y
3.º del edificio. Solo consiguió salvarse de las aguas,
por estar menos expuesto a ellas, el 1º, el que he cla-
sificado como románico.
Una vez arruinado el puente, como ocurrió con el
del Mercado, para facilitar el tránsito con urgencia, sos-
pecho que se levantaría una estructura de madera, a
la vez que se ponían en marcha las gestiones, siempre
largas y tediosas, para reconstruirlo en piedra. Y este
ingenio, si mi interpretación es correcta, debía tener la
consistencia suficiente para resistir el peso de carrua-
jes; pues, como sabemos, el soporte de madera exten-
dido en el paso del Mercado, solo era válido para el
tránsito de personas y caballerías. Y como cabe pensar,
si los dos puentes hubieran estado clausurados para
los carros, la villa habría quedado poco menos que in-
comunicada, circunstancia a todas luces insufrible.
1.5. La construcción del «segundo arco»: Agustín de
Zorlado Ribas
Documentación escrita.
Para erigir, de nuevo, el
puente del Mercado y reparar el de Valdovar ―el del
Duero siguió caminos diferentes― el Consejo Real
nombró como juez de comisión, según lo acostum-
brado, al corregidor de Aranda. Sabemos que en ju-
nio de 1665 las obras andaban «al pregón». Es Juan
Álvarez, vecino de Madrid, quien consigue el remate.
Este, el 8 de abril de 1670, mediante carta de cesión,
traspasa a Agustín de Zorlado Ribas la ejecución de
los trabajos, con las mismas condiciones que él las
había rematado; aunque, por el traspaso, Zorlado le
había de entregar 500 ducados
13
. El 7 de julio del mis-
mo año, Zorlado ya se encontraba extrayendo piedra
de las canteras de Lanraso (Peñafiel) para el puente
del Mercado. Tras muchos contratiempos parece que
las obras de este edificio finalizan en 1675.
Sobre las reparaciones del puente de Valdovar los
documentos ―conozco casi una decena― no especi-
fican detalles concretos. Pero tengo por cierto que las
obras de los dos edificios se ejecutaron a la vez, pues en
todos los diplomas se las cita conjuntamente. Por ejem-
plo: el 2 de febrero de 1669, la villa adelanta a Palacios
un dinero prestado «para azer las puentes del Mercado
y de Baldobar
14
»; 9 de junio de 1676: carta de poder del
concejo, «en razón de azer los ensanches de las puentes
de piedra del Mercado y Baldobar desta villa
15
».
Vestigios arquitectónicos.
En la actualidad nos en-
contramos con un segundo arco que no es románico
ni gótico, sino clasicista, entendiendo este concepto
de acuerdo a los patrones que barajé al hablar del
puente del Duero
16
. Todos los elementos que lo con-
figuran presentan una estructura armónica, es decir,
que parecen diseñados por el mismo tracista y cons-
truidos a la vez. Esta uniformidad se aprecia sobre
todo en la espalda del puente, aguas abajo, entre los
Fig. 7. Composición de las dovelas: a) de Agustín de Zorlado, 2.º
arco del puente de Valdovar, 1670-1676. b) Las de Barreda-La Ver-
de, en el puente del Duero, 1624 (fotografía del autor, 2005).
109
El puente de Valdovar y las puentecillas del arroyo Botijas de Peñafiel
dos espolones, donde la estructura no ha sido batida
directamente por las aguas. Contrastemos su fábrica
con la del Duero ―la antigua del Mercado desapare-
ció―. ¿Tienen alguna relación?
Este arco no pudo se construido por Barreda-La
Verde, pues en 1624, según la documentación, el
edificio necesitaba de reparos, no de un arco nuevo.
Además, la talla de las dovelas, en doble rosca, que
presenta este arco es muy diferente de las que labra-
ron aquellos en el del Duero.
Sabemos, también, que Juan de la Cuesta Miera,
el que construyera el 2.º y 3.
er
arco del puente del
Duero después de la riada de 1657, se limitó solo a los
trabajos de dicho puente. Las dovelas de sus arcos,
con doble rosca, difieren, a su vez, de las del Valdovar.
De José Ruiz de la Cotera (y el carpintero Aravi-
ñas), que erige el 5.º arco del puente del Duero, y
cuyo dovelaje sí se asemeja al del Valdovar, no nos
consta que trabajase en este último. Además, cuan-
do, en junio de 1676, todavía andaba con las «fian-
zas» para la construcción de su arco del Duero, el 2.º
del Valdovar ya debía estar finalizado
17
.
Por otra parte, parece lógico pensar que este 2.º
arco del Valdovar tuvo que ser construido antes que
el 3.º, que se había de levantar en un tiempo inmedia-
tamente posterior.
Tampoco me consta que el arco en cuestión fuera
construido después del 3.º, pues para esas fechas ya
disponemos de documentación suficiente como para
haberlo detectado
Por lo tanto, si no aparecen nuevos datos que
confirmen lo contrario, concluyo que el 2.º arco del
puente de Valdovar tuvo que ser erigido por Agustín
de Zorlado, entre 1670 y 1676. Durante ese lapso no
trabajó otro cantero en el edificio.
1.6. La construcción del «tercer arco»: los hermanos
Alonso de Estrada y Francisco de Araviñas
Documentación escrita.
Del año 1677, con referencias a
la construcción del arco 3.º, se conservan dos diplomas:
una carta de «obligación» firmada por los maestros can-
teros con los oficiales del concejo, fechada el 19 de agos-
to; y otra de «poder», del 16 de septiembre, concedida
por las mencionadas autoridades a dos procuradores,
para presentar ante el Consejo de Castilla.
En la primera se insertan todos los detalles que nos
interesan referentes al nuevo reparo del edificio; la se-
gunda no hace sino confirmar lo que ya se describe en
la anterior. Su contenido esencial es el siguiente:
A principios de agosto, el 3.
er
arco del puente ya
está en curso de ejecución. Ha rematado las obras una
compañía formada por tres canteros: Tomás Alonso de
Estrada, Francisco de Araviñas y Juan Alonso de Estra-
da, hermano del primero, que, al no encontrarse en la
villa, es representado por los otros dos compañeros
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.
Una vez comenzada la obra a los maestros se les
presenta un grave problema: al querer fijar la cepa
de una pila del arco ―es de suponer que la del estri-
bo― no encuentran tierra firme, lo que hace inviable
su fundamento. El trabajo se paraliza.
El juez de comisión se presenta en la localidad
para «una vista de ojos» ―acto presencial para con-
siderar el incidente, nombrar maestros apreciadores,
proponer soluciones y tasar el nuevo coste―.
Los maestros apreciadores proponen que «era
necesario alargar dicho arco once pies y fundar dicha
zepa en el terreno que estaba firme». También alu-
den a que se debe construir una manguardia, edificar
un antepecho a la entrada del paso e insertar un ado-
quinado en el fragmento de suelo nuevo. Tasan las
nuevas obras en 10 997 reales.
Los canteros ―he aquí la parte básica de la carta
de obligación― se comprometen ante la justicia y re-
gidores a sacar por su cuenta, ante el fiscal del Real
Consejo, los permisos pertinentes para el «ensanche
y mejora» de la nueva construcción, tal «como se hizo
y mandó en la obra principal della, […] para que sin
çesar se prosiga en la dicha fábrica, por ser de tanta
importancia». Sin olvidar ―esto no se les olvida nun-
ca a los interesados― que se mande repartir el im-
porte entre las ciudades, villas y lugares de dieciséis
leguas en contorno.