Vaccea Anuario
, 17 (2024)
ISSN:
edición impresa: 2659-7179; edición en línea: 2659-7187
h
ttps://pintiavaccea.es/seccion/vaccea-anuario
Vaccea Editorial, CEVFW
Universidad de Valladolid
Cómo citar:
Repiso Cobo, S. (2024) “El puente del Mercado
y la torre del Agua de Peñafiel. Una historia azarosa”,
Vaccea
Anuario,
17, pp. 95-111.
https://doi.org/10.69531/YLNA-7286-PNTV
* Historiador medievalista. salvador_repiso@hotmail.com
Recibido: 22 de febrero de 2024 / Aceptado: 30 de marzo de 2024
Resumen:
El puente de piedra sobre el río Duratón, objeto de estudio, se ubica en el término municipal de
Peñafiel, entre el casco antiguo de la villa y el barrio del Mercado. Ahora se muestra como un conjunto uniforme,
pues la fábrica actual se construyó
ex novo
en 1864, sobre otra anterior de 1675. Hasta 1657, el puente tuvo
adosado un baluarte, conocido popularmente con el nombre de «Torre del Agua», por estar enclavada dentro del
cauce del río. En esta fecha, una gran avenida del Duratón se llevó tanto el puente como la torre. Es muy probable
que una estructura de madera ya existiese en el lugar en época altomedieval, la cual sería sustituida, en el siglo
XII, por otra de piedra. La topografía sobre la que se asienta el castillo y la población, más su proyección histórica
de primer orden, parecen sugerirlo. Efectuamos su análisis a partir de fuentes diplomáticas y del análisis de sus
formas arquitectónicas; siempre procurando establecer cronologías.
Palabras clave
:
Duratón, Duero, castillo, villa y tierra, mercado, enseña de concejo, sello de concejo, Agustín
de Zorlado, Diego de la Riba, Agustín Rodríguez, Antonio Borregón.
Abstract:
The stone bridge over the Duratón River, the subject of this study, is located in the municipality of
Peñafiel, between the old part of the town and the Mercado district. It now appears as a uniform structure, as the
current structure was built ex novo in 1864, on top of an earlier one dating from 1675. Until 1657, the bridge had
a bastion attached to it, popularly known as the “Torre del Agua” (Water Tower), as it was located in the riverbed.
At this date, a great flood of the Duratón carried away both the bridge and the tower. It is quite possible that a
wooden structure already existed on the site in early medieval times, which was replaced in the 12th century by
another stone structure. The topography on which the castle and the town stand, plus its historical projection of
the first order, seem to suggest this. The study is based on diplomatic sources and the analysis of its architectural
structures, always trying to establish chronologies.
Keywords
:
Duratón, Duero, castle, town and land, market, council ensign, council seal, Agustín de Zorlado,
Diego de la Riba, Agustín Rodríguez, Antonio Borregón.
Salvador Repiso Cobo*
96
En el número 15 de
Vaccea Anuario
, dediqué un ar-
tículo al estudio del puente antiguo sobre el río Due-
ro de Peñafiel. Allí anunciaba mi intención de seguir
analizando, en publicaciones posteriores, el resto de
puentes ubicados en su término municipal. Toca aho-
ra hacerlo con el del Mercado o de la torre del Agua,
erigido sobre la corriente del río Duratón, sito entre
el casco antiguo de la villa y el barrio llamado, desde
antiguo, “San Fruchoso” (San Fructuoso) o “del Mer-
cado”, por alusión bien a la iglesia allí emplazada bien
al mercado semanal que ha acogido, casi siempre, su
respectiva plaza. La otra nomenclatura, “de la torre
del Agua”, guarda relación con el pequeño baluarte
que se alzaba en medio del edificio y que sirvió, entre
otras funciones, de casa consistorial a las autoridades
concejiles durante tres siglos.
Este puente del Mercado no debe contemplarse
como una construcción aislada. Dado el espacio en el
que se enclavan tanto el castillo como el propio pue-
blo, dicha fábrica ―su origen, funciones, ruinas y repa-
raciones― ha de relacionarse con las otras dos existen-
tes en el municipio: la del Duero y la del Valdovar. Las
tres han enlazado tanto al castillo como a la población
intramuros con sus arrabales, con los campos y aldeas
del alfoz, las fortalezas y territorios cercanos, así como
con los centros neurálgicos ―políticos, económicos,
religiosos― con los que se vinculaban.
Evito en este trabajo repeticiones de datos y con-
textos históricos expuestos ya en mi publicación ante-
rior. Sólo, en ocasiones, los explicito un poco. Aunque
sí añado ciertas noticias contextuales nuevas, sobre
todo las que se relacionan con el entorno inmediato
del puente, en particular con el barrio del Mercado,
su actividad económica y sus construcciones señeras.
En el conjunto del edificio debemos apreciar dos
grandes estructuras: el puente en sí, que, con multi-
tud de vicisitudes, en esencia, como si de un legado
inmaterial se tratase, ha perdurado hasta nuestros
días; y la torre del Agua, que, de origen remoto, dejó
de existir en el año 1675.
Dos han sido, sobre todo, las fuentes de informa-
ción: los restos arquitectónicos, en su mayor parte
descritos a través de documentos, pues la fábrica
actual fue erigida,
ex novo
, en 1864; y los propios di-
plomas que, además de detallar algunos retazos de
su estructura, nos dan a conocer las múltiples inci-
dencias que afectaron al edificio a lo largo de muchos
siglos. También me han servido, como contraste, los
vestigios materiales conservados de los otros dos
puentes, así como sus referencias históricas.
Con el estudio actual, dada la limitación del es-
pacio de que dispongo y del marco temporal que he
acotado ―todo el posible―, no pretendo agotar la
información potencial sobre el puente en cuestión.
Muy bien se podría escribir un libro, de varios cientos
de páginas, sobre los tres de Peñafiel: existe material
para ello. Pero me conformo, por ahora, con redactar
sólo unos cuantos folios
1
.
Los orígenes del puente y sus
primeros siglos de existencia
En época altomedieval ―para nuestra zona, los siglos
X y XI― Peñafiel era un “castillo de frontera”. Esta ex-
presión, más el significado que conlleva, me sirvieron
en su momento para delimitar el contexto del puente
del río Duero. Esa misma expresión quiero ahora que
me sirva también para encuadrar en la historia el del
río Duratón. “Frontera”, en este periodo, se relaciona
con “repoblación”. Por repoblación entiendo: primero,
la ocupación» de un espacio ―el nuestro―, ocupación
y no conquista, pues en él no había enemigos musul-
manes a quienes tomar sus tierras; segundo, el repo-
blar ese ámbito, sobre todo en forma de aldeas, con
gentes nativas que residían en la zona desde antiguo y
con otras venidas de fuera; tercero, organizar, es decir,
estructurar esa área, con una cabecera ―el castillo― y
un territorio ―el alfoz―. Quien dirige la operación, con
potestad primaria, es el rey de León, bien directamen-
te bien a través de sus condes, que son sus delegados
2
.
Peñafiel, en aquel tiempo, era un castillo de fron-
tera, cabeza de alfoz, un castro de gran importancia.
Debido a su relevancia política y también a necesi-
dades más cotidianas ―el alfoz, con sus aldeas, se
extendía por ambas márgenes de los tres ríos―, la
fortaleza necesitaba abrirse hacia el exterior. Por el
lado de poniente, el que ahora nos interesa, se ha-
llaba el territorio y baluarte de Mamblas (en Tudela)
y, en parte, el alfoz de Cuéllar; también Monzón (en
Palencia), la cabecera del condado; y León, la capital
del reino. Más de una docena de aldeas, del propio
territorio, se ubicaban en esa dirección: Langayo, Pa-
dilla, Llantada, Quintanilla de Alvar Sancho, Murvie-
dro, Villacreces, Quintanilla de Muza Álvarez…
Para abrirse al exterior le era necesario disponer
de unos puentes. En concreto, de uno que cruzase,
por la dirección marcada, el río Duratón. Como es
habitual en estas fechas, de dicho edificio no se con-
serva vestigio ni documentación alguna; por lo tan-
Fig. 1. Vista parcial del puente, con el barrio del Mercado, desde la
Judería, poco antes de 1892. Fotografía de Julio Lapeira (colección
fotográfica de Juan José Moral Daza).
97
El puente del Mercado y la torre del Agua de Peñafiel. Una historia azarosa
to, de su naturaleza, lo ignoramos todo. No sabemos
si era de madera, de piedra, mixto; ni con qué estilo
arquitectónico se configuraba. Pero las circunstancias
históricas que rodean al castillo de Peñafiel nos con-
ceden autoridad para plantear, al menos como hipó-
tesis, su existencia, incluso, su lugar de ubicación. Se
asentaría este, más o menos, en el lugar en el que lo
hace el actual. Tal vez un armazón elemental de ma-
dera conformaría su estructura, resistente al tránsito
de personas, caballerías y carruajes. Expuesto con
frecuencia a las avenidas del río y, por lo tanto, sujeto
a habituales reparaciones.
A finales del siglo XI hay un cambio en las estruc-
turas sociopolíticas del reino. Al sur del Duero, o en
sus inmediaciones, se van conformando las llama-
das “comunidades de villa y tierra”: es la zona de los
extremos, de ahí que se conozca este espacio con el
nombre de “Extremadura”. Peñafiel va a ser una de
esas comunidades. También lo serán Cuéllar, Fuen-
tidueña, Curiel y Roa. El primer documento, para la
«villa», que alude a esta realidad institucional data de
1127
3
. Hacia 1150 el proceso está prácticamente fina-
lizado. La tierra habrá de esperar, para conformarse,
hasta principios del siglo XIII: con la compra de Quin-
tanilla de Yuso por el concejo y la delimitación del
monte común con Cuéllar. La villa tiene castillo, mura-
llas, trece collaciones o barrios y otras tantas iglesias;
e instituciones y oficios concejiles nuevos. Más tarde,
también, judería. Once barrios se sitúan intramuros,
dos fuera de ellos: San Miguel y San Fruchoso; este
último, en la margen izquierda del río.
Para comunicar el sector intramuros con San Fru-
choso se necesitaba de un puente. Quizá el puente,
el mercado y el barrio, en este orden, sean casi coe-
táneos. De esta estructura tampoco tenemos noticias
tempranas. A diferencia de las del Duero y Valdovar
que conservan, todavía hoy, restos arquitectónicos
románicos, la del Mercado no los tiene. Por eso, po-
demos conjeturar que dicho edificio, como los otros
dos, en el periodo plenomedieval ―siglos XII y XIII―,
pudo ser de estilo románico. Nada podemos decir de
la torre del Agua, si es que por entonces ya existía.
La primera mención del puente la encontramos en
las
Ordenanzas de don Juan Manuel
, fechadas el 10 de
abril de 1345. En el artículo XLVIII se especifica: «Otrosí
mandamos que ninguno sea osado de lauar pelleios, si
non allí do es vso e costumbre, de iuso de la puente»
4
.
A través de estas mismas
Ordenanzas
conocemos
también algunos detalles de la actividad que se de-
sarrollaba en el mercado semanal de San Fruchoso.
El artículo XII decreta: «Los que traen el pan a uen-
der que lo pongan el dia del yueues en el Mercado
e el domingo a Sant Fruchuoso, e no lo pongan en
las casas por fazer perder el derecho al arrendador».
Y el XXIX: «Otrosí, mandamos que las regateras que
non conpren tea el dia del yueues. Porque manda-
Fig. 2. Vista del puente, desde la Judería. Izquierda: barrio del Mercado. Derecha: antiguas casas construidas sobre las murallas. Primeros años
del siglo XX. Fotografía de Federico Hernández (colección fotográfica de Juan José Moral Daza).
98
mos que los que lo traen, que abran sus sacos e que
lo vendan»
5
. El mercado de Peñafiel era el referente
comercial de toda la zona y, al menos en el caso del
trigo, por el que se establecían los precios. En un re-
gistro notarial de Castrillo Tejeriego, 25 km en línea
recta, con fecha de 1334-1335, se menciona cuatro
veces este hecho: «E ponemos conuusco de uos dar
este pan e estos dicho maravedis, o los maravedis que
ualiere e segund ualiere en el mercado de Penna Fiel,
al primero yueues de mayo, este primero que vien,
so pena de tres maravedis por cada dia adelante»
6
.
En la collación de San Fruchoso se celebraba también
una feria franca, anual, de ámbito suprarregional. Fue
concedida a la villa, por el rey Alfonso X, el 23 de julio
de 1268. Comenzaba quince días antes de la fiesta de
San Juan y perduraba otros tantos
7
.
A su vez, aguas abajo del puente, en la zona lla-
mada el Forado, ‘la hoyada’, y en el corral de Palacio
―junto al molino del mismo nombre― se asentaban
las tenerías. En el artículo XLVIII de las
Ordenanzas de
don Juan Manuel
, ya aludido, se habla de esta activi-
dad y de su ubicación.
Por último, sólo comentar que, en el barrio mencio-
nado, se erigió en 1279 el convento de San Francisco. El
1 de agosto de ese año, un escribano de la villa traslada
una bula del papa Clemente IV, que concedía privilegios
a los franciscanos. Por este diploma, y su confirmación
por el concejo, conocemos la fecha inicial en la que estos
frailes mendicantes se establecieron en Peñafiel
8
.
La torre del Agua y el arca del
concejo: siglos XV y XVI
Este capítulo versa, en especial, sobre el siglo XV; aun-
que también recojo en él, por razones metodológicas,
las pocas referencias que dispongo del XVI.
El puente
El primer dato que hace alusión al edificio procede
de unas
Ordenanzas
municipales
, no conservadas en su
integridad, con fecha anterior al 18 de agosto de 1444.
El capítulo LXXXII, dice así: «Ordenaron que ninguna per-
sona sea osada de echar […] así vacuno como cabruno,
como de carneros y ovejas, salvo en el río acostumbra-
do, bajo de la puente, en tal manera que no llegue al
pilar […] El que hiciere lo contrario pague de pena 10
mrs.»
9
. El segundo se refiere a un arreglo de la «puerta
de la puente» a cargo de Mahomad, uno de los tres ala-
rifes moriscos vecinos de la villa
10
. Esta puerta era una
de las cinco abiertas en la muralla, la que comunicaba la
población de intramuros con el barrio del San Fruchoso.
La torre del Agua
Sobre la torre del Agua, llamada así por encontrar-
se dentro del cauce del río, adosada a uno de los pila-
res del puente, encontramos abundantes menciones,
sobre todo cuando se hace referencia a las reuniones
del ayuntamiento, celebradas dentro de su recinto.
Como su contenido es muy similar, válganos sólo tres
Fig. 3. Vista del puente, aguas abajo, desde el Molino de Palacio. Centro: iglesia de San Miguel de Rehoyo. Derecha: barrio del Mercado y
convento de las Claras. Primeros años del siglo XX. Fotografía de Federico Hernández (colección fotográfica de Juan José Moral Daza).
99
El puente del Mercado y la torre del Agua de Peñafiel. Una historia azarosa
muestras, para darla a conocer: «en la casa del conce-
jo sobre la Puente» (31/10/1433); «casa ençima de la
puente» (25/04/1444); «en la casa del consistorio, que
es ençima de la puente del Mercado» (08/01/1463)
11
.
Desconozco el momento de su construcción y
su forma. Podemos barajar dos hipótesis, obvias:
primera, que se erigiese a la vez que el puente ro-
mánico; segunda, que fuera un añadido posterior,
de época gótica. Esta segunda posibilidad, parece
tener, en su origen, una función preferentemente
estructural: armonizar ciertas fuerzas del edificio,
dirigiéndolas hacia el suelo ―por el peso de la to-
rre― y no tanto hacia los estribos
12
. El 18 de abril de
1463, los oficiales del ayuntamiento mandan poner
una barandilla de madera en la escalera «de la torre
de la dicha casa» a maestre Yuçá, otro de los tres
moriscos alarifes
13
.
Las funciones de este baluarte son varias. En pri-
mer lugar, es un bastión defensivo. Así, cuando Peña-
fiel era señorío del infante don Juan, primo del rey de
Castilla, temiendo que este le tomase la villa, el 23 de
abril de 1444, ordena a sus autoridades poner velas
«guardas», en los sitios más estratégicos del pueblo:
en el castillo, en los cubos o torreones, en las puertas,
en la torre de San Esteban ―para tocar la campana―,
y «a la puente, de noche, tres velas». Lo mismo se
repite el día 13 de junio del mismo año: que sesenta
ballesteros protejan la villa, según está escrito en el
Libro de los Alardes
; «en la puente, una vela, de dos
hombres»
14
.
La torre del Agua, por estas fechas, es sede del con-
sistorio. Disponemos de abundantes noticias de reunio-
nes del ayuntamiento dentro de sus muros. Algunas ya
han sido citadas. En ciertas ocasiones, los oficiales con-
cejiles eligen otro lugar de reunión: la «Casa de Santa
María de los Toros» ―sita en el Coso― (18/04/1433),
la iglesia de Santa María de Mediavilla (24/04/1433),
Fig. 4. Vista del puente, barrio de Santa María y castillo, hacia 1925 (colección fotográfica de Juan José Moral Daza).
Fig. 5. Vista de la pequeña playa y barrio del Mercado, desde el puente,
aguas arriba, hacia 1928 (colección fotográfica de Juan José Moral Daza).
100
la de San Salvador de Rehoyo (13/01/1476), «cerca
de la ygleja de San Migel» (20/01/1476)
15
. El concejo
abierto, en cambio, se reunía desde antiguo dentro de
la iglesia de San Esteban, en el solar de su cementerio
―inmediato a ella―, o en los alrededores del templo,
acaso dependiendo del clima.
El arca de concejo
En este arca se custodiaban los objetos más pre-
ciados del municipio. La mención de este depósito,
así como de su contenido, aparece con frecuencia en
las fuentes documentales. Lo que no se menciona
con claridad es el lugar exacto donde se guardaba.
Podría estar en la iglesia de San Esteban. En la biblia
de este templo, como en un
sancta sanctorum
, quizá
en ciertas páginas sobrantes, se transcribió el fuero
antiguo del concejo, el que hasta hace poco se creía
apócrifo: era una manera de protegerlo de manos
indeseadas. Pero, en mi opinión, el lugar más propi-
cio para custodiar el arca concejil, y el más práctico
para hacer uso de sus fondos, era la propia casa con-
sistorial, es decir, la torre del Agua. ¿Qué contenía el
arca?: los objetos más simbólicos y los documentos
más representativos del poder municipal, los signos
de su autonomía, a saber:
• La seña o estandarte del concejo: pieza de tela
rectangular, de colores vistosos, sujeta por uno de
sus lados a un mástil, una especie de bandera. En el
centro del paño figuraría el escudo de la villa, tal vez
el mismo que portaba el sello concejil. Se hacía uso
de ella en las celebraciones más solemnes del año, ya
fueran estas de carácter civil o religioso: el día del alar-
de de los caballeros ―San Miguel―, en la procesión
del Corpus Christi, en la fiesta de la Virgen de Agosto,
en Navidad. Valgan estas dos citas para reflejar el he-
cho: Mandaron sacar del arca del concejo «el paño de
oro e la seña de la dicha villa, para onrar el cuerpo de
Dios e porque la dicha seña se otee» (11/06/1444);
«Se sacó la seña del concejo, para la honrar el Corpus
Christi» (04/06/1461)
16
.
• El sello concejil: servía para validar los actos ofi-
ciales del municipio, sobre todo reflejados en docu-
mentos escritos. En 1452, sabemos que lo custodiaba
el mayordomo de los caballeros. El 20 de diciembre
de 1456, pasa a ser compartida su guarda también
por el estamento pechero: «que el sello del concejo
sea puesto, desde el 1 de enero, en el arca del conce-
jo, cerrada con dos llaves, una de las cuales tenga un
regidor de los caballeros y la otra un regidor de los
pecheros». Hasta conocemos ―lo cual es una suer-
te― el diseño de este sello
17
.
• El archivo municipal, al menos el que, con
posterioridad, se llamó Archivo Mayor. Lo compo-
nían los documentos más importantes del conce-
jo: fueros reales, privilegios de reyes, la compra de
Quintanilla de Yuso, las
Ordenanzas de don Juan
Manuel
, las igualas y compromisos con los pueblos
y monasterios vecinos ―sobre todo los referentes
a límites―.
• El paño de oro: dosel de tela lujosa que, inser-
to en un armazón de cuatro o seis varales, servía de
palio. El mayordomo de 1477 constata: «que pagué
a Pedro, pintor, por pintar las varas del paño y por
una vara que compró del Corpus Christi». ¿Cuán-
do se utilizaba? Sobre todo, en la procesión del
Corpus. Así: «mandaron sacar del arca del conce-
jo el paño de oro e la seña de la dicha villa, para
onrar el cuerpo de Dios e porque la dicha seña se
otee» (11/06/1444). Y, «se sacó el paño del conce-
jo, para la fiesta del Corpus Christi» (16/06/1457).
Pero también en otras solemnidades religiosas, so-
bre todo en la misa nueva ―cante de misa― de
algún ordenado, hijo del pueblo. Se presta el paño
del concejo a Pedro Álvarez «para que cante misa»
(30/01/1434); «Se sacó el paño del concejo, para la
misa nueva de Pedro Sánchez, hijo de Día Sánchez
Baço» (11/01/1460)
18
.
• También se custodiaba en el arca los cálices y
patenas de la iglesia del despoblado de Pajares, de
la que el ayuntamiento era patrono. «Se sacaron dos
cálices de plata de Sta. María de Pajares, uno con pa-
tena» (13/03/1476)
19
.
El barrio de San Fructuoso
En 1444 contaba tan sólo con siete vecinos, afines
sin duda, en cuanto a oficios, con el mercado. Ya co-
menté, con antelación, que allí se celebraba la feria
anual; que, en su periferia, junto al río, se ubicaban
Descripción del «sello del concejo»
7 de enero de 1457
Este día, en el dicho conçejo, paresçio el dicho Juan Vázquez e dixo que él, por guardar e conplir la dicha carta de yguala e conveniençia,
por el dicho ayuntamiento e por él en su nombre, que dava e dio en el dicho conçejo un sello de cobre que tenía, que era del dicho conçejo,
el qual estava atado con una correa torçida de cuero, e en el dicho sello paresçía estar un castillo e ençima del una figura de falcón. El qual
dicho sello el dicho Juan Vázquez dio e entregó en el dicho conçejo para lo echar en el arca del dicho conçejo, según que en la dicha carta
de yguala e conveniencia se contenía. E le dio a mí el dicho Día Sánchez, escribano, para que por ante mí, como escribano de los fechos
del dicho conçejo, los dichos Juan Alfonso de Tamayo e Juan Garçia, regidores, como tenedores de las llaves de la dicha arca, echasen e
posiesen en ella el dicho sello. Los quales dichos Juan Alfonso e Juan Garçía fezieron juramento en forma devida de no sellar carta ni pe-
tiçión alguna, salvo la que fuese mandada por el conçejo de la dicha villa con fe de mí, el dicho escribano, o de otro escribano que tomase
cargo de los fechos del dicho conçejo.
[AGDV.PV, Cuaderno 4.
o
, f. 6]
101
El puente del Mercado y la torre del Agua de Peñafiel. Una historia azarosa
las tenerías ―muchas de ellas de propiedad o arren-
dadas por judíos―; que, en su extremo oeste, se ha-
llaba el monasterio de San Francisco. Los frailes de
este convento eran pobres: se sustentaban de limos-
nas, de misas de encargo, del fruto de sus predica-
ciones. En 1456, el ayuntamiento les concede, como
donativo, «un cuero, de los tres toros, para suelas de
zapatos»
20
.
En el barrio ―una vez traspasado el puente des-
de la villa, a mano izquierda― se asentaron, sobre el
mismo espacio, sucesivamente, el primitivo hospital
de la Santísima Trinidad ―tan querido para Peñafiel y
su comarca―, el hospital de la Concepción de la Vir-
gen María o del Duque y, por último, el monasterio de
la Encarnación del Hijo de Dios o de Santa Clara. Dejo
su estudio para otra ocasión.
En 1549, la iglesia de San Fructuoso, como pa-
rroquial, ya se había clausurado. Apenas si con-
serva algunas rentas. Figura como ermita aneja a
Santa María de Mediavilla; y en ella no se celebra
culto. Su edificio es muy antiguo, de poco valor y
medio derruido ―según testigos―. De ahí que el
párroco de Santa María solicite del papa Julio II
letras apostólicas para agregar sus pocas rentas a
la iglesia matriz; y le pide, a su vez, que el viejo
templo se venda al concejo para usarlo como al-
hóndiga. El 5 de julio de 1553, el papa firma una
bula accediendo a la petición. Por esas fechas, el
entorno de San Fructuoso, según los testigos de la
transacción, no gozaba ―al menos para ellos― de
grandes simpatías. He aquí algunas de sus decla-
raciones:
que la dicha hermita está en el Mercado, fuera de
la villa, en lugar profano, junto a la mancebía […]
y alrededor de ella nunca ponen sino bestias de
los que vienen al mercado, y asy mismo está junto
a la mancebía […] que la dicha hermita está en el
Mercado, en lugar profano, y que quando ay alguna
mujer mala se ban a ganar dineros junto allí, cave
la dicha hermita y nunca está cave la dicha hermita
sino las malas mujeres y bestias y mulas, y por eso
sabe que la dicha hermita está en lugar profano
21
.
Periodo convulso: las aguas del Duratón
destruyen el puente y arrasan su torre.
Construcción de un puente nuevo
El puente
Desde la mitad del siglo XVI, hasta 1618, desco-
nozco cualquier referencia relativa al paso del Merca-
do o de la torre del Agua. En ese año se iniciaron las
gestiones para ensanchar el del Duero y, a la vez, para
reparar los otros dos. Entre las condiciones de obra
elaboradas por el cantero, Pedro Díaz de Palacios,
para tal fin, en la novena en concreto, se especifica
el desperfecto del puente del Mercado: un pilar taja-
mar, por debajo del agua, tiene un rompimiento, por
el cual fluye la corriente. El agua se ha llevado varias
piedras de sillería y el «migajón» interno. El precio de
los trabajos de los tres edificios se fija en 10 300 duca-
dos. Se rematan en los canteros Juan de la Verde (na-
tural de Soano, Trasmiera) y Bartolomé de Barreda (de
Aras, Trasmiera, pero con vecindad en Valladolid)
22
.
Los maestros firman un acuerdo con el ayuntamiento
comprometiéndose a no cobrar a la villa más de 400
ducados sobre la suma que se les reparta; incluso,
aunque surjan quiebras o ensanche de presupuesto.
De suceder esto, ellos mismos correrían con el exceso
del gasto. La obra del Duero comienza a principios de
1619 y finaliza antes de marzo de 1624. Produjo quie-
bras y aumento de presupuesto. Para amortizarlo el
Consejo de Castilla, mediante real provisión, autoriza
un nuevo repartimiento, en el que se ve implicada la
villa, con el visto bueno de los canteros. Ante tal im-
previsto los oficiales del concejo, mediante una carta
de poder con data del 2 de marzo de 1624, denuncian
a los maestros ante el corregidor de Aranda, juez de
comisión, por incumplimiento de contrato. Por esta
carta conocemos el estado de las obras de los otros
dos edificios: las autoridades del ayuntamiento piden
al corregidor que embargue a los canteros cualquier
maravedí que se les deba por su intervención en el
puente del Duero, «asta que ayan hecho los reparos
que están obligados a azer en las dichas puentes de
Ualdouar y Torre del Agua, que están obligados y no
an començado ni hecho ninguno»
23
. Desconozco más
detalles al respecto.
Por la documentación de 1650, que notifica la
gran avenida del arroyo Botijas y los desperfectos
causados en el paso del Duero, sabemos también que
los otros dos «se encontraban con mucho deterio-
ro»
24
. Se reitera la misma circunstancia en una carta
de poder, del 14 de junio de 1655, concedida por el
ayuntamiento a Juan de la Cuesta, cantero al cargo
de efectuar las diligencias oportunas para reparar los
tres edificios. En ella se comenta: «Y las dichas puen-
tes de Baldobar y Agua, por muchas avenidas del di-
cho río Duratón, están las zepas de algunos ojos güe-
cas y sin fundamento […] todo lo qual nezesita de su
Fig. 6. Vista del puente en la actualidad, aguas abajo (fotografía de
Juan José Moral Daza).
102
reparo y que se aga con toda brevedad, para lo qual
son nezesarios gran cantidad de mrs.»
25
. Esperando
esa reparación se encontraban los oficiales, a princi-
pios de diciembre de 1657, cuando el río Duratón se
desborda y sus aguas se llevan por delante tanto el
puente como la torre.
La torre del Agua
Ubicación.
Dicho baluarte, se hallaba inserto en el
edificio, dentro de las aguas. En la condición novena,
del documento de 1618, ya aludido, encontramos un
dato más concreto: «Se hará un reparo en el puente
del Mercado, en un pilar tajamar, sobre el cual carga
la Torre del Agua». El redactor del diploma distingue
bien entre «pilar tajamar» y «pilar extremo»: el pri-
mero es el que está dentro del agua; el segundo es un
«estribo»
26
. Pero, la fábrica tenía dos pilares tajama-
res. ¿Sobre cuál de los dos carga la torre? Lo ignoro;
aunque me parece más acertado creer que, sobre el
más próximo a la muralla.
Estructura.
Sobre su configuración lo desconoce-
mos casi todo. En su parte baja, como es lógico, no
disponía de sala alguna, ya que por allí discurría la cal-
zada. Una escalera debía de comunicar dicho espacio
con el primer piso. En el cual se abriría una amplia es-
tancia, donde se reunía el consistorio y, en ocasiones,
el concejo abierto; con el mobiliario oportuno: me-
sas, sillas, bancos, algún estante, el arca concejil (?) y
las arquetas necesarias. Existiría una segunda planta,
con una o más dependencias. Y, en la parte superior,
un desván, con pretiles o con almenas, más su tejado.
En una de sus plantas existía una capilla. Así lo mani-
fiesta un diploma, del 11 de marzo de 1606, cuando
se toma cuentas al mayordomo del año anterior:
Yten, se le recive en quenta treinta y ocho reales
que se pagó al guardián de San Francisco, de diez y
nueve misas que se dixeron a los señores del regi-
miento el año pasado en la capilla de la Torre. […]
Yten, se reçive en quenta çiento e dos reales, los
quales pagó a Juan de Frías, capellán, de cincuenta
e una misas que dijo a los señores de regimiento en
la dicha capilla
27
.
En 1656, se ejecutan obras en la torre. Hernan-
do Delgado, albañil de Peñafiel, redacta una serie de
condiciones y se queda con el remate. Aunque no son
muy ilustrativas, incluyo un resumen:
• Se ha de retejar la cubierta de la torre del Agua,
alta y baja, a teja levantada.
• Se han de deshacer los dos antepechos que caen
encima de la caja de las escaleras, apoyando el tejado
que está sobre ellos y volverlos a hacer de madera y
yeso, con el tabique y poste de la esquina.
• Se ha de reparar las ventanas, y quitar las dos
bajas de la sala, y hacer un antepecho que corres-
ponda con el que hay enfrente, tabicado de madera
y yeso
28
.
Funciones.
Aparte de la defensiva, la torre del
Agua servía de ayuntamiento o casa consistorial.
También, en alguna de sus estancias, al menos a me-
diados del siglo XVII, se reunía el concejo abierto.
De este hecho dan testimonio varios diplomas. Así,
el 20/02/1650: «estando como estamos juntos en
las casas de la Torre del Agua, en concejo abierto»,
participan en él 115 vecinos. El 07/04/1654 se reúnen
93. El 10/08/1654 se congregan 193
29
. Si tenemos en
cuenta este número de concejiles, podemos inferir de
alguna manera las dimensiones de la estancia y del
propio edificio. La torre del Agua también ejerció de
prisión ocasional. En 1650, veinte labradores están
presos en ella por no devolver a tiempo el grano pres-
tado, por la alhóndiga, para la siembra
30
. Aunque he
de advertir que la torre no era una cárcel: la villa dis-
ponía de cárcel propia, situada en la plaza Mayor. En
algunas ocasiones, como en esta, la torre pudo servir
de calabozo provisional, para personas que no pode-
mos catalogar como delincuentes.
15 de diciembre de 1657: una gran avenida del
Duratón destruye el puente y la torre del Agua
Existe una tradición en Peñafiel, convertida casi
en leyenda, que narra cómo, en un momento borro-
so entre el siglo XVII y principios del XVIII, una gran
avenida del río Duratón arrasó el puente del Merca-
do y la torre del Agua, llevándose consigo el archivo
municipal que en ella se custodiaba. El mayor difu-
Fig. 7. El puente nuevo, aguas arriba, 1988. Vemos la cepa de la 2.
a
pila del puente anterior (fotografía de Juan José Moral Daza).
103
El puente del Mercado y la torre del Agua de Peñafiel. Una historia azarosa
sor de este evento, descrito con tintes coloristas y
fabulación patriótica, fue don Antonio Matabades,
en su benemérita obra
Memorias de Peñafiel
, de
1796
31
. De él copian todos los escritores posteriores,
sin efectuar crítica alguna. Aclaro ahora la leyenda
y justifico la historia de los acontecimientos. Como
los textos que incluyo, literales, son de una claridad
meridiana, evito explayarme con demasiados co-
mentarios.
La primera cita la tomo de un instrumento nota-
rial. Expresa este que el cura de San Miguel de Reho-
yo, el 31 de diciembre de 1657, convoca a los benefi-
ciados y parroquianos de su iglesia para comentarles:
Que bien sauen que por la misericordia de Dios, po-
cos días ha, vino tan grande creçida del río Duratón,
que pasa extramuros desta uilla, de que se a sigui-
do mucho daño a dicha yglesia por auer entrado en
ella tanta cantidad de agua que subió en más de un
estado de toda ella, de que a causado mucho daño
a dicha yglesia, y se teme por algunas partes de ella
ruyna, […] por auer lleuado la muralla antigua de la
uilla que asurcaua con dicho río, […] por auer sido
dicha crecida tan abundante que no sólo inundó di-
cha iglesia y yzo ruina en ella, sino es también en las
murallas veçinas a ella, que casi todas las derriuó, y
muchas casas que están detrás de dicha yglesia, y
las tres puentes desta uilla y otros daños notables
32
.
Todavía hoy, en la ménsula que soporta el púlpito
del templo, se puede leer la siguiente inscripción: «EN
15 DE DICIEMBRE DE 1657 LLEGÓ EL RÍO ASTA AQUÍ».
Rótulo que confirma y puntualiza el hecho descrito.
En el libro
Acuerdos y nombramientos del Cabildo,
1588-1791
, de la parroquia de Tudela de Duero en-
cuentro inscrito:
En quince de diciembre, día sábado, de el año de
mil y seisçientos y çinquenta y siete, creçió el río
Duero en tanto grado que llebó y anegó a este lu-
gar, llebando de quatro partes las tres del, de casas,
ajoares, vino, trigo y eredades; y no pereçió perso-
na alguna, sino sola una muger que hallaron muerta
y está enterrada en el humilladero de las Angustias;
y treçe personas estubieron tres días que duró la
creçiente sobre los texados, dándoles el agua a los
pies, los quales salieron libres
33
.
En el
Primer Libro de Bautismos
, al final del regis-
tro del 1657, el cura de Cogeces del Monte, don Juan
de Rodrigo, sacerdote inquieto, ilustrado y con fasci-
nación por la historia, escribe:
El invierno ha sido de muchísimas aguas y nieves
y ayres, con cuia causa han crecido los ríos de ma-
nera que han llebado muchas puentes y lugares,
principalmente [el] Duero y Duratón, que lo vemos
y tocamos. [El] Duero hizo gran daño en Aranda y
la puente de Peñafiel y Curiel y Roa. Y [el] Duratón,
cosa nunca vista, creció de manera que no dexó
puente que no llebó, desde su nacimiento asta la
última, que es Peñafiel, llebándola toda; y lo que
más es, llebándola con la Casa del Consistorio, que
estaba edificada sobre ella, llebando todos los pa-
peles y previlegios de su Ayuntamiento; y a no la
llevar se anegara la mitad de Peñafiel. Después de
esto [el] Duratón y [el] Duero coxieron tanta agua
que asombraba los campos y lugares. Pasó por cima
de la puente de Quintanilla, según dicen más de
diez baras. Sábado, quince de diciembre deste di-
cho año de 1657 […] pero donde executó su fiera ira
fue sobre Tudela de Duero […] Duró desde sábado
(la creciente), 15 deste dicho mes de diciembre asta
martes, día de la Expectación de Nª Sª, y yo fui a
decir misa en nombre del lugar al Humilladero des-
ta parte
34
.
Las aguas también arruinaron el molino «de los
Frailes» ―de San Pablo―, sito junto a la iglesia de
San Miguel. El día 16 de marzo de 1658, el prior del
convento se reúne con el cantero Domingo López Ga-
llo, montañés y vecino del Barrio la Cuesta, y acuer-
dan que el maestro «a de fabricar y azer de nuevo la
casa de dicho molino, y ruedas de él, y adreçar y açer
de nuevo los pedazos de pesquera que en él an falta-
do por las auenidas del río»
35
.
En resumen: el puente del Mercado y la torre del
Agua desaparecieron, para siempre, en el lapso com-
prendido entre el 15 y el 18 de diciembre de 1657.
En cuanto a la desaparición del archivo municipal,
hecho mencionado por Juan de Rodrigo, la tradición y
Matabades, comento lo siguiente: es posible que una
parte de él ―no sabemos ni la cantidad ni la natura-
leza de los documentos― fuera llevado por las aguas;
pero, es seguro que el llamado Archivo Mayor ―el
más importante y valioso― subsistió, bien porque
no se encontraba en la torre en aquel momento bien
porque lo salvaron a tiempo. El 1 de junio de 1817,
un monje del monasterio de la Armedilla dice haber
«reconocido, registrado y coordinado el Archivo Ma-
yor de esta villa», por encargo del ayuntamiento, que
se custodiaba en la parroquial de Santa María
36
. Yo
he analizado, con calma, este amplio registro y lo tes-
Fig. 8. Ménsula que sostiene el púlpito de San Miguel de Rehoyo. El
rótulo alude a la gran riada del 15 de diciembre de 1657.
104
tifico. El archivo estuvo en depósito en la iglesia de
Santa María o en la casa parroquial hasta poco antes
de 1944. A partir de entonces, ya por desidia ya por
interés económico, la mayor parte de él se dispersó
―que no se destruyó―: una fracción permaneció
en la parroquia, otra se hallaba más tarde ―y se ha-
lla― en el Archivo Histórico Provincial y, el resto ―la
más vistosa y rica por su antigüedad― pasó a manos
privadas (de vez en cuando algún lote, o documento
suelto, reaparece en las salas de subastas).
La construcción de un nuevo puente. Agustín de
Zorlado Ribas
Desaparecido el edificio o con ruinas irrecupera-
bles, dos tareas sin demora se le plantean al ayun-
tamiento: primera, reabrir el tráfico lo antes posible,
para no colapsar las comunicaciones; segunda, iniciar
las diligencias oportunas, ante el Real Consejo, para
conseguir cuanto antes la construcción de un nuevo
puente de piedra. La primera no era la más compleja:
bastaba con extender una estructura de madera para
salir del paso. La segunda, siempre resultaba lenta
y complicada, más cuando se quería erigir la fábri-
ca desde sus cimientos. Esta vez fueron necesarios,
“sólo”, dieciocho años.
Desconozco cualquier pormenor sobre el paso de
madera en sus orígenes. Sí sé que, en 1670, este inge-
nio era ya inservible. El 18 de julio, se presentan Juan
Delgado y Juan de Saravia, carpinteros, vecinos del
pueblo, ante los miembros del ayuntamiento: hacen
postura y dan condiciones para su reparación. En la
primera de estas se comenta que «an de yr echando
sus anguilas y estacadas conforme están las echadas,
las que tocaren, hasta la esquina de las casas del ma-
tadero»
37
. Este pasaje nos advierte de dos hechos:
que se está reparando un paso anterior de madera
y que ese puente, por la parte de la villa toca con el
matadero. Este inmueble, en ese momento, se ubica-
ba en la parte externa del postigo de la Judería, junto
al río. Dicho postigo sustituiría, provisionalmente, a
la puerta de Mercado como punto de tránsito. El cos-
te de la obra se aprecia en 850 reales. El trabajo se
tenía que realizar en veinticuatro días. Tres jornadas
después, dos nuevos maestros, García de Rivas Río y
Diego Falla de Zorlado, trasmeranos, hacen baja a la
postura anterior, en 90 reales.
38
Desconozco más de-
talles. En 1673, este paso de madera está de nuevo
deteriorado. Esta vez serán Juan Saiz de Santayana,
vecino de San Pantaleón, y Francisco de Araviñas, de
Curiel, maestros de carpintería, quienes rematan y
ejecutan el reparo, por 550 reales. Se abre sólo para el
tránsito de personas y caballerías, no de carruajes
39
.
Para la segunda tarea ―el puente de piedra―,
tras las diligencias previas del ayuntamiento, el Con-
sejo Real nombró, como juez ejecutor, al corregidor
de Aranda. Sabemos que, en junio de 1665, su remate
estaba al pregón. En 29 de ese mes y año, dos maes-
tros de cantería, Agustín de Zorlado Ribas y Antonio
de Palacios, vecinos de la Junta de Boto (Trasmiera),
forman una compañía de construcción, entre otras
atribuciones para quedarse con las obras de los pa-
sos del Mercado y Valdovar de Peñafiel. Parece que
el acuerdo prospera, pues, el 2 de febrero de 1669,
dicho concejo adelanta a Palacios 500 reales. para
sacar los despachos del Consejo de Castilla
40
. Pero,
el contenido de un nuevo diploma nos sorprende: el
8 de abril de 1670, Agustín de Zorlado firma un con-
venio con el cantero Juan Álvarez, vecino de Madrid,
quien tenía ya rematadas las obras de los dos edificios
de Peñafiel y dadas fianzas. A través de este contrato,
el segundo maestro traspasa al primero la ejecución
de los trabajos, en las mismas condiciones que él las
había rematado, aunque por el traspaso Zorlado le
había de pagar 500 ducados
41
. Antonio de Palacios
queda fuera de juego. No siempre había fidelidades
entre los canteros. Este es uno más entre otros ejem-
plos que conozco.
El 26 de junio del mismo año, Zorlado firma un
convenio con el Ayuntamiento de Peñafiel, estable-
ciendo dos condiciones. Primera: el cantero se com-
promete a que, de los 13 000 ducados a que ascen-
día el remate de las obras, sólo cobraría a la villa 727
ducados (8000 reales); el resto su ayuntamiento se
lo abonaría en madera. Segunda: si no hubiera en-
sanche de presupuesto o no se lo concedieran a él
―subterfugio ya conocido―, el concejo le había de
entregar, a mayores, otros 3000 reales.
42
El día 7 de
julio, ya se estaba extrayendo piedra de las canteras
de Lanraso y del camino de Rábano para el puente
del Mercado, señal de que las obras ya se ejecuta-
ban. El 4 de noviembre se están levantando las ce-
pas de sus dos pilares. En 1672 prosigue la construc-
ción con muchos contratiempos. El 21 de diciembre
de 1674, el depositario del repartimiento, concede
carta de pago a la villa de los 12 000 reales que le
había tocado pagar
43
. Con ellos abonó la cuota del
repartimiento principal. Digo “principal”, porque
los trabajos todavía no estaban terminados y hubo
«ensanche de presupuesto». Se fijó uno nuevo, de
74 419 reales, con su oportuno repartimiento entre
los pueblos de 16 leguas en contorno. El remate lo
ganó, una vez más, Agustín de Zorlado. A finales de
1675 el puente estaba concluido
44
.
Obra de hoy, ruina de mañana:
una historia interminable.
El puente en los siglos XVIII y XIX
Diego de la Riba, entre otros, restaura el edificio
Año de 1675: obra acabada y puente nuevo. Bien
podría pensar el lector ―yo también― que la cons-
trucción habría de perdurar a lo largo de los siglos, o
poco menos. Pero nada más contrario a la realidad.
En efecto, nos consta que, en 1707, el puente del
Mercado tenía en ruinas un tajamar. Con el fin de que
105
El puente del Mercado y la torre del Agua de Peñafiel. Una historia azarosa
la estructura global no peligrara, el ayuntamiento en-
carga su reparación a dos artífices trasmeranos, Tomás
de la Vega y Lucas de la Sierra, los cuales levantan, para
evitar gastos, sólo medio tajamar, quedando el edificio,
hasta ese momento, asegurado. Dicen los diplomas
que la villa, por la urgencia, no reclamó provisión real
ni repartimiento alguno, sino que prefirió empeñarse,
tomando dinero prestado y aceptando la colaboración
desinteresada de los propios vecinos, quienes aporta-
ron también sus caballerías y carruajes
45
.
Algo parecido ocurre en 1724. Esta vez se de-
rrumba en su totalidad un paredón, de 130 pies de
largo, colindante con la calle principal y el río, junto al
puente. La incidencia trae consigo la ruina de la pro-
pia calle, por la que, a duras penas, podían transitar
las personas. Los arrieros, la cabaña de carreteros, los
pastores de ganados lanares, los portadores de sal
para el real alfolí, cuando se podía, cruzaban el río por
un vado, no sin peligro de sus vidas y productos. Tam-
poco para este reparo se pidió provisión real ni se exi-
gió repartimiento alguno: la villa corrió con todos los
gastos. Estos ascendieron, según tasación posterior, a
24 000 reales. En recompensa por su desprendimien-
to monetario, el concejo, hasta 1735, se vio libre de
contribuir en los repartimientos de puentes ajenos
46
.
En esta fecha, el deterioro de los tres edificios era
alarmante. Parece que el municipio, por sí sólo, no
podía ya hacerse cargo de las obras. El 24 de abril de
ese mismo año, se dirige al Consejo de Castilla y ma-
nifiesta dicha circunstancia. El puente del Mercado es
el que posee mayor ruina: le faltan «dos narices» (ta-
jamares) y tiene un gran hueco en el «ojo primero».
Pide al Consejo que atienda sus peticiones y provea
el arreglo de sus edificios. Añade, además, que, a la
hora de repartir su costo, se incluyan los 24 000 reales
gastados ya por anticipado. El órgano estatal pone en
marcha las primeras diligencias
47
.
El 23 de septiembre, dos canteros, Jerónimo
Ruiz, vecino del lugar de Valdecilla (Trasmiera), y
Francisco Pinedo, de Fombellida, aldea de Castro-
verde de Cerrato, presentan trazas, planta, condi-
ciones y coste de las obras. Entre las reformas que
necesita el paso del Mercado se especifican: dos
manguardias, la reparación de los dos tajamares,
ciertos zampeados y una escalera de piedra para
descender al río. El precio de los trabajos, en los tres
puentes, puede ascender a 105 940 reales. La obra
se remata, el 28 de agosto de 1736, en Diego de la
Riba, maestro arquitecto de cantería y vecino del
lugar de Setién, merindad de Trasmiera, en 53 000
reales. El Consejo Real aprueba el remate y ordena
que se haga el repartimiento entre los pueblos de
veinte leguas al contorno. Peñafiel y su tierra han de
contribuir según la costumbre ―con la sexta parte
del total―. Condena a los maestros que hicieron la
tasación inicial, por abultar el coste, a pagar 50 du-
cados cada uno. El procurador de Peñafiel insiste en
lo de los 24 000 reales, y, además, en que la villa no
contribuya con la sexta parte, sino con la cantidad
que cabe a cada pueblo, de acuerdo a su vecinda-
rio. El pedimento pasa al fiscal, del fiscal al Consejo y
este se reafirma en su posición anterior: la villa debe
aportar la sexta parte. En cuanto a la inclusión de los
24 000 reales en el reparto, ordena al juez ejecutor
que comunique tal petición al resto de los pueblos
afectados para conocer su parecer ―que era como
dejar las cosas como estaban―. El pleito, entre con-
cejo y el fiscal real, continúa
48
.
En noviembre de 1740, Diego de la Riba da por fi-
nalizados los trabajos. Los canteros Juan Ortiz y Fran-
cisco Manuel de Cueto y Pellón los reconocen y dan
por buenos
49
.
Las reparaciones de Antolín Rodríguez
Tenemos que esperar a 1777, para disponer de
noticias nuevas. Sabemos que ese año, en el mes de
febrero, el edificio «padeció cierta quiebra» ¿Cuál fue
la causa? Sin duda, las avenidas del invierno. En dicha
estación, la aceña del río Duero ―tan cercana―, per-
dió parte de su casa y su pesquera. Sobre el tipo de
«quiebra» sólo tengo un conocimiento parcial: hubo
deterioro en los zampeados, ruina de un tajamar y su
Fig. 9. Columna de la Leona. Remata el muro de la manguardia,
aguas abajo, por la parte del Mercado. La cartela tuvo el rótulo
«Reinando Carlos III». Y fecha: «1785». Finalizado el puente actual,
se borró la inscripción anterior y se colocó sólo la fecha de «1864»
(fotografía de Juan José Moral Daza).
106
cepa, derrumbe de sus antepechos y deterioro de la
calzada. El arquitecto que inspeccionó la fábrica de-
claró que podía ser transitada por personas y caba-
llerías, aunque no por carros. No obstante, el puente
estaba tocado y precisaba de reforma.
La gestión se encomienda al intendente de Va-
lladolid ―sustituto ya del corregidor de Aranda―.
Se remata el trabajo en Antolín Rodríguez, maestro
arquitecto, vecino de Valladolid. Corren también a
su cargo, en el mismo lote, los reparos del puen-
te de Valdovar, de los pontones del arroyo Botijas,
más los de una sección de camino real, en el paraje
llamado «Salto del Caballo». La cantidad del rema-
te asciende a 397 000 reales. Las obras comienzan
en agosto de 1782 y concluyen a finales de 1785
50
.
De este año data la columna, decorativa y simbó-
lica, conocida como La Leona. Comenta Vicente
González Bustos, en su
Historia de Peñafiel
, que en
un extremo «hay una columna del puente antiguo
y sobre ella una leona, con un escudo [más bien,
una cartela] que antes tuvo la leyenda: “Reinando
Carlos III, 1785”. Borrada la inscripción hoy ostenta
la fecha de 1864»
51
(fig. 9).
Nueva ruina (1800-1831)
22 de agosto de 1803. Carta de poder firmada por
el procurador síndico general y por el personero del
común, dirigida al Consejo de Castilla: datos del mo-
mento sobre el puente, no muy halagüeños. Comen-
tan los susodichos que
han notado que con ocasión de haverse puesto en
disposición de arruinarse el puente que en este
pueblo se halla y se dirige su arrabal de San Fran-
cisco, fue forzoso interceptar el paso de carros y ca-
ballería; como también el que los mercados y feria
que en él se celebraban se trasladasen al sitio de la
Plaza Mayor […] Por hacerse los mercados y la feria
en el Arrabal, el puente, durante esos días, sufre
grandes golpes y fuerzas […] con el gran concurso
de gentes y paso de caballerías y carros, que en su
estrechez suelen encontrarse y doblan las puertas,
de que acaso provendrán las quiebras que padece,
de mucha consideración. Pues habrá como veinte
años que la reparación de su ruina costó doscientos
y tantos mil reales, sin contar otros reparos agre-
gados, que con ellos ascendió a cerca de quatro-
cientos mil y la ruina del día no parece de menos
consideración
52
.
Su deterioro fue en progreso y no hubo más re-
medio que construir ―como otras veces― un paso
provisional. Así lo expresa el maestro de obras que
revisó su fábrica, el día 31 de julio de 1824:
Se hizo provisional hace veinte y dos o veinte y qua-
tro años de orden y mandado del Señor Intendente;
y, aunque en clase de tal, con bastante solidez, ha-
biendo transcurrido un tiempo tan dilatado, sus ma-
deras han padecido con las aguas, de que resulta ha-
llarse muchas de ellas en mal estado, lo mismo que el
piso del referido puente, a causa del mucho tránsito
de caballerías, carros y carromatos de catalanes, que
continuamente transitan por él, como es una trave-
sía para Galicia y demás de ramificaciones
53
.
Como siempre, al poco de la quiebra, coincidien-
do con la apertura del ingenio provisional, se inician
las gestiones para reparar el complejo de piedra. No
olvidemos que nos encontramos en fechas cercanas a
la guerra de la Independencia. Analizamos el devenir
de las dos estructuras.
El puente provisional.
Desconozco cualquier
detalle sobre sus comienzos. Sólo sé que, en 1824,
su armazón se encontraba con mucho deterioro.
El 14 de junio de dicho año, Blas Jiménez, alcalde
de Peñafiel, informa al intendente del deplorable
estado en que se encontraban los puentes «provi-
Fig. 10. Dibujo –en borrador– del puente, en 1847, por Máximo de Perea. Refleja el estado del edificio después de la restauración, en 1831,
por la compañía de Ignacio Delgado.
107
El puente del Mercado y la torre del Agua de Peñafiel. Una historia azarosa
sionales» del Duero y del Duratón, y le solicita que
curse las providencias oportunas para su reparo.
La respuesta no se hace esperar: el día 16, el su-
perior accede a la petición del alcalde. Ordena lo
acostumbrado en estos casos: que un maestro pe-
rito en su arte reconozca los edificios, redacte las
condiciones de obra, tase los costes; y que el ayun-
tamiento informe si dispone de los medios econó-
micos oportunos para su arreglo. Los oficiales con-
cejiles, cumpliendo con las órdenes del intendente,
encargan la tarea a José Delgado, maestro albañil,
vecino de la villa.
Pero, cuando los trámites administrativos estaban
en marcha, ocurre un suceso imprevisto: el 3 de octu-
bre, se desploma, en su integridad, el paso provisio-
nal del río Duero y el del Mercado ―se dice― sufre
un «gravísimo deterioro», lo que lleva a las autorida-
des a cerrarlo al tráfico de carruajes.
Todo esto sucede, además, en el peor de los mo-
mentos, cuando tan sólo faltaban dos días para co-
menzar las vendimias. Sin dilación, y sin dar parte al
intendente, los oficiales convocan a los albañiles del
pueblo y a toda persona que pueda hacer acopio de
maderas. Tras previo examen, los maestros Martín Mo-
nedo, Manuel Delgado y José Delgado informan que el
puente del Mercado precisa de inmediata reparación,
«por ahora muy provisional», pues sus maderas están
deterioradas en exceso. Los alcaldes mandan reformar
los dos pasos con urgencia. Entre el 6 de octubre y el
26 de noviembre existe una fluida correspondencia en-
tre el ayuntamiento y el intendente; y de este con la
Contaduría de Propios Provincial y con el Consejo Real,
para atajar el problema cuanto antes. Se da el visto
bueno a los arreglos. Los costes de la obra del Mercado
ascienden a 4907 reales, incluyendo el presupuesto de
junio más el de los desperfectos de octubre. Como el
municipio no cuenta con esa cantidad, la suma se re-
parte entre los pueblos de la comarca. El 24 de diciem-
bre de 1825, el intendente informa al Consejo Real que
las obras están finalizadas
54
.
La reparación del puente de piedra. Ignacio Del-
gado.
Como dije con anterioridad, a la vez que se
erigía la estructura de madera, comenzaban las ges-
tiones, ante el Real Consejo, para reformar el edificio
de piedra. José Delgado ―del que ya he hablado―,
en junio de 1824, insiste en que las obras han de ser
provisionales, «mientras tanto no se ejecute la obra
principal, con arreglo a los planos formados por el ar-
quitecto don Ventura González»
55
. «A quien también
es necesario remitir fondos para que pueda activarle,
porque sin este requisito nada se podrá hacer»
56
, dice
el ayuntamiento en otra carta, sobre presupuesto, di-
rigida a la autoridad superior. Lo que nos hace creer
que, por esa fecha, las diligencias ya estaban en mar-
cha, y que estas habían sido encomendadas al arqui-
tecto vallisoletano.
El 27 de noviembre de 1827, la Dirección General
de Propios y Arbitrios del Reino (organismo anexo al
Consejo de Castilla) ordena al intendente provincial
sacar a pública subasta las obras
57
. El 13 de mayo de
1828, la misma Dirección General envía a la Real Aca-
demia de San Fernando los planos de don Ventura
González, con sus oportunos informes, a fin de que
la Academia manifieste su parecer. Este organismo
responde positivamente del encargo y lo devuelve a
quien se lo había remitido
58
. Después de la convoca-
toria de licitadores, el 13 de septiembre de 1829, los
trabajos se rematan en Ignacio Delgado, vecino de
Peñafiel, por la cantidad de 719 950 reales. Este cons-
tructor, el 8 de mayo de 1830, forma compañía con
sus paisanos Martín Monedo, Luciano Novo, Manuel
Novo y José Delgado para acometer las tareas, repar-
tiéndose tanto las cargas como los beneficios. La obra
debe estar finalizada antes de fin de año de 1831
59
(figs. 10 y 11).
La apertura de la carretera de Valladolid a Calatayud
Esta va a ser una remodelación del puente, no
asociada, por primera vez en su historia, a percan-
ce o deterioro alguno. Sí, a la construcción de una
carretera transversal que comunique la ciudad de
Valladolid con la de Calatayud. Las primeras ges-
tiones vienen de atrás: de finales del reinado de
Carlos IV, en el siglo XVIII. A comienzos del XIX se
ejecuta una sección ínfima: Valladolid-La Cistérni-
Fig. 11. Detalle de uno de los planos de 1847, por Máximo de Pe-
rea. Refleja el estado del edificio después de la restauración, en
1831, por la compañía de Ignacio Delgado.
Fig. 12. Detalle de uno de los planos de 1847, por Máximo de Pe-
rea. Construcción de la carretera Valladolid-Calatayud. Refleja un
fragmento de las murallas de Peñafiel, hoy casi desaparecido en
su totalidad. Figura la «Puerta de San Lázaro», con una cruz donde
estuvo situada la ermita del mismo nombre.
108
ga. Pero, en 1805, los trabajos se paralizan al acer-
carse los sucesos preliminares a la guerra de la In-
dependencia. Durante mucho tiempo el proyecto
es olvidado. Se reivindica poco antes de la mitad
de siglo. El 30 de marzo de 1846, el Ayuntamiento
de Peñafiel envía una carta al ministro de la Go-
bernación solicitando la construcción de la carre-
tera, que tanto provecho ―dice― habría de traer
a la franja central de la península, al unir Aragón
y Cataluña con Castilla
60
. El 28 de enero de 1847,
en el
Boletín Oficial de la Provincia
se publica la
real orden por la que se aplican 5 500 000 reales
para la construcción de dicha carretera. Esta ruta
es declarada «gran carretera transversal», lo que
supone que la mitad de sus gastos se sufragarán
con fondos del Estado. Para ello se procede, por
parte de la Diputación Provincial, al nombramien-
to de una comisión encargada de su viabilidad y
sobre todo de su financiación
61
.
La obra no sólo trajo consigo el ensanche de
viejos caminos o la apertura de otros nuevos, sino
también la adecuación de antiguos puentes a la
nueva realidad viaria. Por esta razón se proyecta
el ensanche del paso de Peñafiel. Conocemos los
planos del proyecto, tanto el que refleja la estruc-
tura del edificio antes de su ejecución, como el que
la muestra una vez finalizada ―«plano modifica-
do»―. Sus levantamientos corren a cargo de Máxi-
mo de Perea, ingeniero 2.º del Cuerpo Nacional de
Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos del Dis-
trito de Valladolid. Llevan la fecha de 23 de diciem-
bre de 1847 (fig. 11).
La labor comienza en febrero de 1852 y finaliza
en septiembre del mismo año. La dirección eje-
cutiva corre a cargo del ingeniero José de Elordi.
Los supervisa Antonio de Ibarrarán, ingeniero jefe
de distrito. El contratista es Domingo Benito Gui-
llén. La obra, como ya se ha dicho, gira en torno
al «ensanche» del puente, aguas abajo del río. El
cual consta de la demolición o enmascaramiento
de los dos espolones ―protectores de las pilas―,
tal como se aprecia al contrastar los dos planos
mencionados; de los ensanches laterales de pilas
y arcos, como sugiere la noticia del acopio de ma-
deras para cimbras; del desmonte y recolocación
posterior de la mitad de los antepechos; de la re-
composición y alineamiento de las manguardias y
estribos, en función de la simetría con el eje cen-
Fig. 14. Perfil del emplazamiento: restos del arruinado, y provisional de madera (trazado blanco). Puente proyectado (trazado rojo), por An-
tonio Borregón, 1861.
Fig. 13. Plano del puente provisional de madera, sobre los restos del anterior, después de la avenida de diciembre de 1860, por Antonio Borregón.
109
El puente del Mercado y la torre del Agua de Peñafiel. Una historia azarosa
tral de la nueva calzada; de la reestructuración de
desaguaderos o aguilones; del acondicionamiento
de dos rampas «para la bajada a la calle y a las
Posadas, con su terraplén»; y de la construcción
del firme.
El 24 de agosto de 1854, son reconocidos los tra-
bajos por los interesados, se dan por finalizados, se
reciben de forma provisional y se abre el paso al pú-
blico. El 5 de diciembre, a través de la Dirección Ge-
neral de Obras Públicas, su liquidación es aprobada
por S. M. la Reina. Asciende dicha liquidación a 161
603,25 reales
62
(fig. 12).
Navidad de 1860: las aguas del Duratón
arrasan el puente por segunda vez.
Nueva construcción. ¿Definitiva?
Día de Navidad de 1860. Recibo en este momento,
que son las nueve de la mañana, parte del admi-
nistrador del portazgo de Peñafiel, que la crecida
del río Duratón ha llevado dos ojos del puente de la
carretera de esta ciudad a Soria […] Dispongo por lo
tanto mi marcha para reconocer y disponer lo más
conveniente a la habilitación del tránsito
63
.
He aquí un fragmento de la misiva que el inge-
niero jefe de Obras Públicas de la provincia, Carlos
Campuzano, envía con urgencia al director general de
Obras Públicas de Madrid. Una vez más, el puente del
Mercado, como en aquella otra Navidad de 1657, es
destruido por las aguas del Duratón. Dos días más tar-
de, el mismo ingeniero sigue notificando a su superior
sobre los estragos causados por la crecida.
Una de estas [pilas], la de la izquierda, fue socava-
da por la fuerza del río Duratón, desplomándose
la mitad y con ello el primer arco de ese lado. El
segundo, no teniendo entonces contrarresto sufi-
ciente para resistir a su empuje, fue descendiendo
poco a poco su clave y, como al propio tiempo se
fue inclinando la media pila que quedaba después
de la caída del primer arco, este segundo también
se fue al río, llevándose consigo el tajamar de la
otra pila y parte del frente, aguas arriba, del ter-
cer arco. Con tanto movimiento como ha tenido
la media pila de la izquierda que queda en pie, no
se puede tener seguridad de que pueda resistir
peso alguno encima. Así es que desistí de echar
tramos provisionales de madera en los dos claros,
hasta que bajen las aguas y pueda reconocerse los
cimientos de estas ruinas
64
.
Como medida de urgencia, ordena desviar el trá-
fico por el puente de Valdovar, al cual han afectado
menos las aguas ―ya se hallaba reparado de forma
provisional―. El día 5 de febrero de 1861, el inspec-
tor jefe comunica al director general que, en el Mer-
cado, se está construyendo un puente provisional de
madera, sobre las pilas que subsistieron del antiguo:
se han comprado ya las maderas necesarias para los
largueros, sopandas y tornapuntas. Todo se dispon-
drá para que los carruajes puedan transitar con co-
modidad. El 5 de marzo, el artilugio provisional está
concluido y el paso abierto al tráfico
65
(figs. 13 y 14).
Fig. 15. Plano del emplazamiento del nuevo puente y vista del entorno, por Antonio Borregón, 1861. Se observa el diseño del puente anterior,
provisional; la puerta de la Judería, la casa del Portazgo, el molino de Palacio.