Vaccea Anuario
, 17 (2024)
ISSN:
edición impresa: 2659-7179; edición en línea: 2659-7187
h
ttps://pintiavaccea.es/seccion/vaccea-anuario
Vaccea Editorial, CEVFW
Universidad de Valladolid
Cómo citar:
Martín Vela, R. (2024) “En la frontera interétnica: el
oppidum
vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia)”,
Vaccea
Anuario,
17, pp. 53-69.
https://doi.org/10.69531/JHZY-5694-PNTV
* Proyecto Eresma Arqueológico.
raulmartinvela@gmail.com, ORCID: 0000-0003-1731-5634.
Recibido: 20 de marzo de 2024 / Aceptado: 29 de abril de 2024
Resumen:
El
oppidum
de Cerro Tormejón se localiza en el tramo medio del valle del Eresma. Su excepcional
posición defensiva se vio reforzada durante la Segunda Edad del Hierro por una muralla dispuesta en su flanco
oriental. La localización del asentamiento en una frontera indefinida, sumada a la información recopilada en las
últimas seis campañas de excavación, permiten analizar el enclave dentro del modelo de poblamiento en este
sector. Por su parte, se describen los posibles ejes de comunicación entre los principales
oppida
de la provincia
de Segovia y el tipo de arquitectura doméstica presente en el yacimiento.
Palabras clave:
Segunda Edad del Hierro, modelo de poblamiento, cultura vaccea, frontera interétnica,
arquitectura doméstica.
Abstract:
Cerro Tormejón is located in the middle section of the Eresma Valley. Its exceptional defensive position
was further strengthened by a Late Iron Age wall arranged on Its eastern flank. The location of the settlement on
an undefined border and the information collected in the last six excavation campaigns, allows us to analyze the
settlement model. The possible ways of communication between the main
oppida
of the province of Segovia and
the domestic architecture present in the site are described along.
Key words:
Late Iron Age, settlement model, vaccaean culture, inter-ethnic frontier, domestic architecture.
Raúl Martín Vela*
54
1. Biografía arqueológica
de Cerro Tormejón
En 2024 se ha llevado a cabo la VI campaña de ex-
cavaciones arqueológicas en Cerro Tormejón por par-
te del equipo que conforma el Proyecto Eresma Ar-
queológico
1
. Estos trabajos recogen el testigo de las
primeras investigaciones iniciadas por F. Gozalo hace
casi cinco décadas y cuyos resultados quedaron plas-
mados en su tesis de licenciatura. A él se le debe la
adscripción, por vez primera, del
oppidum
al pueblo
vacceo (1981: 221). En el último sexenio hemos podi-
do avanzar en varios campos de estudio al intervenir
en diferentes puntos del poblado. Así, sabemos que
el Tormejón ha sido visitado y ocupado de forma inin-
terrumpida desde la Edad del Cobre hasta, al menos,
el final de la Segunda Edad del Hierro (Martín Vela,
2021). Durante la dominación romana contamos con
un puñado de referencias arqueológicas representa-
das por algunos fragmentos de TSHT que, en nuestra
opinión, no son nada definitorias como para defen-
der un asentamiento efectivo en época bajoimperial.
A partir de inicios del siglo V d. C. y hasta el VII, el en-
clave vuelve a contar con una ocupación significativa
que coincide con la descomposición de las estructu-
ras imperiales y la paulatina implantación del pueblo
visigodo en buena parte de la península ibérica (Mar-
tín Vela, Gozalo y Fernández, 2021).
De toda la secuencia descrita, la fase prerromana
es la que cuenta con mayor interés por el ingente cau-
dal de información que genera. De este periodo co-
nocemos aspectos relevantes de su arquitectura do-
méstica y de ciertos ritos acontecidos en el interior de
una vivienda, como es la constatación de dos rituales
bajo el pavimento de una casa, uno de carácter profi-
láctico y otro funerario (Fernández, 2020; Fernández
y Martín Vela, e. p.). Por otro lado, el estudio de las
cerámicas torneadas halladas en dos cenizales super-
puestos y localizados extramuros del hábitat certifica
la ocupación del Tormejón, al menos desde el siglo
IV a. C. hasta el último tercio del siglo II a. C. (Martín
Vela, 2021; Alonso, 2023). Este conjunto iba acom-
pañado por otros barros a mano que confirmaban la
existencia de un sustrato soteño previo (Martín Vela,
2021: 86-87, fig. 9), del que ya teníamos constancia
por una pieza publicada en la década de los años 70
(Molinero, 1971; Gallego, 2002: 191, fig. 98, 103.1).
Mucho más exhaustivo y concluyente es el trabajo de
F. Gozalo (1981) quien ya apuntaba que existía un sus-
trato del Soto de Medinilla en Cerro Tormejón, cuya
continuidad en época vaccea podía rastrearse a partir
de los conjuntos vasculares.
La materialidad de estos elementos cuenta con
un antecedente previo en el cercano pago de La Vega
del Nogal, un emplazamiento localizado a menos de
500 m al oeste del Tormejón. En este paraje se ubi-
ca una aldea soteña destruida parcialmente por la
construcción de la antigua vía del ferrocarril. A pesar
de esta desgraciada circunstancia, en los cortes son
visibles las secciones de largas fosas que aluden a
fondos de cabaña colmatados por un sedimento de
color negruzco. De esta matriz se desprenden, oca-
sionalmente, pequeñas pellas de barro de color rojizo
con evidentes signos de termoalteración, además de
conjuntos cerámicos a mano que identifican formas
con decoraciones digitadas y plásticas propias de la
cultura de El Soto (fig. 3). Alguna de ellas pervivirá en
época vaccea, como es un ejemplar de vaso bitron-
cocónico de borde reentrante y asa vertical (fig. 3: 5)
presente en contextos funerarios pintianos entre los
siglos IV y II a. C. (Sanz y Rodríguez, 2021: 85 y 150).
La Vega del Nogal encuentra paralelos muy evidentes
en el cercano yacimiento de La Peña del Moro por la
tipología de las fosas/fondos de cabaña y por la cultu-
ra material contenida en su interior (Martín Vela, Pé-
rez Díaz y López Sáez, 2019; Martín Vela, 2023-2024)
2
que nos remiten a una arquitectura de cañas y barro
(Delibes
et al
., 1995a; Delibes
et al
., 1995b; Delibes y
Herrán, 2007).
La extensión del poblado vacceo en lo alto de Ce-
rro Tormejón llega hasta las 6 ha, si bien existen dos
áreas separadas por la muralla que aquí presenta-
mos. La zona occidental, que abarca unas 4,5 ha, es el
sector donde se documentó la anteriormente citada
vivienda de adobe. El lado oriental aloja restos de ca-
sas de planta rectangular y estructuras rebajadas en
la roca que quedan fuera del recinto amurallado.
Fuera de los límites del peñasco y en dirección NE
se localiza el Prado de la Espita, un amplio paraje de
6 ha de extensión donde se sitúa el ya citado cenizal
excavado en 2020. Algo alejado de este, en una ram-
pa que baja hacia el fondo del valle, aparecen frag-
Fig. 1. Ubicación de Cerro Tormejón en el municipio de Armuña
(Segovia).
55
En la frontera interétnica: el
oppidum
vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia)
mentos de cerámica torneada con decoración pinta-
da, junto con pequeños trozos de barros modelados
a mano. Destacan los restos de una fíbula de hierro
con esquema de La Tène I (Sanz
et al.
, 2023: 219) que
cautelarmente podemos encuadrar entre mediados
del siglo IV a. C. a finales del II a. C. (Cabré y Morán,
1982: 20-21; González Zamora, 1999: 240-242). La
relación espacial de estos hallazgos con el
oppidum
,
sumada a la naturaleza de los materiales arqueológi-
cos, permite postular, con las debidas reservas, que el
área podría haber albergado la necrópolis asociada al
asentamiento vacceo (Martín Vela, 2021).
Desde el inicio de las investigaciones, uno de los
principales focos de atención ha sido la caracteriza-
ción y análisis de la barrera defensiva situada en el
sector oriental del
oppidum
. El trazado de dicha forti-
ficación es claramente discernible a nivel superficial,
evidenciado por el relieve topográfico que marca su
colapso, el cual desciende desde el escarpe norte,
en las inmediaciones de la ermita de la Virgen del
Tormejón, hasta el cortado sur, que vierte al arroyo
homónimo. En algunos puntos de la cara interna se
percibe la cresta de su paño construido con toscos si-
llares de piedra caliza. Por el exterior y hacia la mitad
de su recorrido, la topografía revela un par de salien-
tes que insinúan plantas semicirculares que podrían
tener relación con bastiones o torreones. Las campa-
ñas llevadas a cabo entre 2021 y 2024 han permitido
Fig. 2. Vista aérea del yacimiento desde poniente. Al pie de su flan-
co derecho discurre el hoy seco cauce del arroyo Tormejón (foto-
grafía de Javier Gutiérrez López, Eresma Arqueológico).
Fig. 3. Cerámicas de la cultura del Soto de Medinilla procedentes de la Vega del Nogal.
56
confirmar la presencia de una estructura muraria de
gran solidez, compuesta por un núcleo de mampos-
tería coronada muy posiblemente con un lienzo de
tapial (fig. 5). Conserva unas dimensiones de 7 m de
anchura y 1,70 m de altura en el paño exterior, lo que
sugiere una construcción de considerable envergadu-
ra destinada a la protección del núcleo habitacional.
El análisis de los materiales arqueológicos asociados
a la secuencia constructiva indica una datación clara
en la Edad del Hierro (Martín Vela, 2023b; Sanz
et
al.,
2023). Por ahora desconocemos si el resto del
perímetro pudo verse reforzado artificialmente. Es
una posibilidad que se sustenta en la presencia de
grandes bloques de caliza, toscamente escuadrados,
acompañados de fragmentos de adobes calcinados,
los cuales se han desprendido y acumulado en la base
de los paredones naturales. Las medidas de estos úl-
timos sobrepasan ampliamente a los documentados
en los espacios domésticos, por lo que podrían ha-
ber formado parte de una estructura de mayor porte
destinada a reforzar la defensa de los cortados. Este
conjunto de datos confirma la existencia de un siste-
ma defensivo complejo, adecuado para el control del
territorio circundante y la protección de un asenta-
miento de notable relevancia estratégica durante la
Edad del Hierro.
2. El territorio durante la Segunda Edad
del Hierro: consideraciones y disidencias a
partir de los estudios en Cerro Tormejón
Abogar por un debate constructivo garantiza el
avance del conocimiento, particularmente cuando
este se desarrolla en el contexto de un afecto y res-
peto mutuo entre colegas y compañeros dedicados
a la investigación de la Edad del Hierro segoviana.
En virtud de este planteamiento, hemos considera-
do pertinente abordar diversas cuestiones partien-
do de la perspectiva investigadora que surge de los
estudios llevados a cabo en Cerro Tormejón. Dada
su posición fronteriza al sur del territorio vacceo, so-
metemos a debate la ubicación de la demarcación
interétnica entre vacceos y arévacos, el modelo de
poblamiento durante la Segunda Edad del Hierro o
ciertos aspectos vinculados con la arquitectura de
ambas comunidades.
2.1. Fronteras interétnicas en la provincia de Segovia
Definir los límites territoriales de los tres pueblos
que habitaron la provincia de Segovia ―vacceos, aré-
vacos y vetones―, es una tarea ímproba que precisa
el concurso de todas las fuentes disponibles. Empe-
zando por las escritas, Plinio (
Nat. Hist
. III, 27) y Pto-
lomeo (
Geog.,
II, 6, 55) identifican a la actual Segovia
como ciudad de los arévacos. Más ambigua es la cita
de Tito Livio sobre su filiación vaccea (
Frag.
, XCI).
Afortunadamente es posible constatar la presen-
cia de algunos
oppida
localizados en el confín sureste
del territorio vacceo gracias a registros documentales
de la antigüedad. Destacan Rauda, según referencias
de Ptolomeo (
Geog
., II, 6, 49) y Cauca, cuya mención
se encuentra en obras de Apiano (
Iber
., 51
-
53 y 89),
Frontino (
Strat.
, II, 11, 2), Ptolomeo (
Geog.
II, 6, 50) y
en el Itinerario Antonino (435, 4). En lo que respec-
ta a la identificación de Colenda con Cuéllar, J. Barrio
(1999) la asocia con la campaña liderada por Tito
Didio en los años 98
-
96 a. C. (Apiano,
Iber
., 99
-
100),
Fig. 4. Localizaciones citadas en el texto: 1. Extensión del
oppidum
vacceo de Cerro Tormejón; 2. Emplazamiento de las viviendas rupestres; 3.
Muralla; 4. Posible ubicación de la necrópolis; 5. Yacimiento soteño de La Vega del Nogal.
57
En la frontera interétnica: el
oppidum
vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia)
aunque existen nuevas propuestas que determinan la
ubicación de este núcleo con Sepúlveda (Martínez y
López Ambite, 2019: 46).
Dejando de un lado el límite con el territo-
rio vetón
3
, actualmente se plantea que la frontera
vacceo-arévaca es la franja que parte desde el valle
del Riaza hasta Los Sampedros, en el Duratón, englo-
bando por el sur los asentamientos de Los Quemados
y Sepúlveda. En territorio arévaco quedaría compren-
dido el piedemonte serrano con Pedraza, Segovia y los
enclaves de menor entidad de La Sota y El Castrejón
(Gallego, 2015: 20; López Ambite, Cabañero y Martí-
nez, 2023: 173-179, fig. 1). Según este planteamien-
to, la divisoria natural con el territorio vacceo al sur
de
Cauca
estaría definida por el desierto poblacional
del mar de pinares y por el macizo de Santa María la
Real de Nieva, con el hito del cerro de San Isidro des-
tacando en el paisaje (López Ambite, 2019: 480). En
tierra de nadie se encuentra Cerro Tormejón, al que
en unas ocasiones se le asigna la categoría de núcleo
secundario menor a mitad de camino entre
Cauca
y
Segovia (Blanco García, 2006: 43) con un tamaño de
3 o 6 ha (López Ambite, Cabañero y Martínez, 2023:
178 y 181) y, en otras, se le considera un
oppidum
fronterizo o celtibérico.
La designación del macizo de Santa María de Nie-
va como límite entre vacceos y arévacos en el noroc-
cidente de la provincia es una hipótesis que conside-
ramos francamente difícil de demostrar, dado que no
tiene refrendo ni en las fuentes escritas ni en las ar-
queológicas. Desde una construcción mental, la fron-
tera pudo haber pasado por allí o por cualquier otro
hito destacado en la campiña. El propio Tormejón, el
Alto del Águila o las crestas de El Cerro y La Zorrilla,
ambas a 1 km al sur del
oppidum
, podrían haber sido
el límite dado su carácter cimero y señero en el pai-
saje. Alternativamente, J. F. Blanco García sostiene
que esta pudo situarse en la franja de altozanos que
media entre Santa María la Real de Nieva y Tabladillo
(2020: 174), ya que son estas elevaciones las que im-
piden que exista una continuidad visual interurbana.
En el intento de delimitar ambos mundos a partir
de la divisoria del macizo de Santa María, se ha pro-
puesto que algunos de los grabados representados
en Domingo García podrían fecharse en la Edad del
Hierro, configurando así un espacio cultual comparti-
do por ambos pueblos (Martínez, 2023a: 200; López
Ambite, Cabañero y Martínez, 2023: 181). Sobre esta
cuestión reconocemos que la teoría goza de un gran
atractivo e interés, pero, bajo nuestro punto de vista,
se apoya en un conjunto de apreciaciones estilísticas
fundamentadas en similitudes estéticas con otras
manifestaciones alejadas del territorio. Además, en el
espacio inmediatamente colindante con los paneles,
no se constatan pruebas materiales que certifiquen
esta afirmación. Su cronología, asentada en la Edad
del Hierro, quedaría en entredicho ante la repre-
sentación de jinetes armados con largas espadas, la
diversidad de escudos de varias tipologías o la pre-
sencia de armas de propulsión, como la ballesta, cuyo
uso se atestigua durante la Edad Media (Lillo, 1987;
González Castañón, 2007). Por otro lado, comparecen
personajes coronados, escenas de pastoreo, de caza o
de danza que plantean una cronología medieval liga-
da, muy posiblemente, a los procesos de repoblación
sucedidos a partir de los siglos X-XI (Pecci, 2014: 218-
219; Ripoll y Municio, 2023). Prácticamente desde
el municipio de Ochando hasta Carbonero el Mayor,
este tipo de manifestaciones son bastante recurren-
tes y repiten un patrón de proximidad con estableci-
mientos medievales, modernos e, incluso, contempo-
ráneos. Así ocurre en el propio cerro de San Isidro con
su ermita y necrópolis rupestre vinculada con el des-
poblado medieval de La Cuesta -también conocido
como El Casar (Siguero, 1997: 186) o Puertas Viejas
(Tejerizo, 2023: 121)- donde comparecen materiales
constructivos y cerámicos encuadrables entre los si-
glos VI y XIII (
ibid.
, 2023: 121). En 2020 se catalogaron
en Bernardos una treintena de estaciones con graba-
Fig. 5. Fotogrametría de la muralla vaccea de Cerro Tormejón.
58
dos rupestres de idéntico estilo, morfología y ejecu-
ción. Prácticamente todos ellos colindan con refugios
pastoriles diseminados por el monte y la campiña,
con el trazado de la Cañada Real Leonesa o con asen-
tamientos bajomedievales. Destaca el paredón de
“La caza del ciervo”
4
frente al despoblado de Valver-
de el Seco y junto a la ermita románica de Santa Inés
(Martín Vela, Fernández y León, 2020). Otro ejemplo
notable se encuentra a orillas del Pirón, en el paraje
de Peña Carrasquilla, en Carbonero el Mayor. En los
lienzos pétreos se identifican varias escenas de jine-
tes armados con lanzas, personajes con estacas, pe-
rros, bóvidos etc. y todos ellos a menos de 500 m del
despoblado medieval y de la ermita de Santa Águe-
da
5
. Incluso en los lienzos del templo de origen ro-
mánico que corona al Tormejón encontramos unas
grafías que representan a un jinete armado con lanza
(Polo y Morales, 2020: 108). Ahora bien, ¿de dónde
hallaron las gentes del medievo la inspiración para
plasmar estas escenas? Nada sabemos de la iconogra-
fía que pudo ornar las paredes y a los capiteles hoy
desaparecidos de las ermitas anteriormente citadas.
La respuesta podría estar en el claustro del cercano
monasterio de Santa María la Real de Nieva, en cuyos
capiteles encontramos escenas de caza y de lances a
caballo (Gómez Chacón, 2016: 156 y 158). También
en los frescos del atrio de la iglesia de Nuestra Seño-
ra de la Asunción, en Pinarejos, el cual conserva una
descriptiva escena de batalla.
Otro tipo de distintivas iconografías de celtíbe-
ros y vacceos -visibles en fíbulas, pomos de puñales,
piezas de terracota o cerámicas-, como pudieran ser
representaciones de lobos en perspectiva cenital
(Abarquero, 2006-2007; Sanz y Blanco, 2015), ve-
rracos, peces, serpientes, lagomorfos (Blanco, 2012;
Blanco, 2011-2012), motivos ornitomorfos (Alfayé,
2010) o escenas de monomaquias con panoplia indí-
gena -véase el pomo del puñal Monte Bernorio de la
tumba 32 de la necrópolis de Las Ruedas (Sanz, 1997;
Matesanz, 2022)-, no se encuentran entre los moti-
vos observados en los paños paleozoicos del Macizo
de Santa María. Esta ausencia es un argumento más
en favor de una cronología histórica para estas grafías
rupestres, cuya datación más temprana habría que
situarla, con muchas reservas, en la transición de la
tardoantigüedad a los comienzos de la Alta Edad Me-
dia. De prosperar la adscripción a la Edad del Hierro
de los paneles de Domingo García ―y por extensión
de todo el macizo de Santa María― estaríamos, ade-
más, ante uno de los mayores santuarios interétnicos
conocidos. Siendo esta una hipótesis francamente
sugerente, creemos que por el momento carece de
sostén suficiente.
2.2. Modelos de poblamiento
En síntesis, para el área celtibérica circunscrita a
los valles del Eresma y Duratón se propone un mo-
delo heterogéneo de asentamientos agrupados en
torno a grandes núcleos de los que dependen en-
tidades menores, algunas de ellas aisladas (López
Ambite, 2008; Martínez y López Ambite, 2023b). Ese
aislamiento ha llevado a considerar que los enclaves
Fig. 6. El sureste de la región vaccea de Wattenberg lindante con el territorio arévaco (mapa cortesía de C. Sanz Mínguez).
59
En la frontera interétnica: el
oppidum
vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia)
de tamaño mediano pudieron desempeñar un papel
importante dentro de la red de poblamiento arévaco
(Gallego, 2002: 272). Para el área vaccea contempla-
mos el modelo propuesto por Sacristán de concentra-
ción de la población a finales del Hierro I en núcleos
de mayor envergadura (1986; 1989 y 2010), pero con
algunos matices, ya que una de las características que
también manifiesta el esquema vacceo es la existen-
cia, en algunos casos, de un hábitat principal y otros
de menor entidad a escasa distancia. Así ocurre en
Pintia y el barrio artesanal de Carralaceña, dispuesto
en la orilla opuesta del Duero, cuyo espacio integra
áreas residenciales, necrópolis y ámbitos destina-
dos a la producción cerámica (Sanz
et al.
, 2003: 64).
Pero, además, en su área de influencia se localizan
otros emplazamientos que cohesionan el territorio
dependiente del núcleo principal de Las Quintanas;
véase la atalaya del Cerro de Pajares o el pequeño
establecimiento de Landecastro (Sanz, 2023: 224), in-
terpretado este último como un posible asentamien-
to campesino que estaría minimizando los costes de
desplazamientos diarios (Sanz, 2021: 41). Al hilo de
esta cuestión, parece que los dos pequeños encla-
ves ―Las Hontanillas I y II
6
― dispuestos a 3 km al
SE del solar que ocupó el
oppidum
vacceo de Cuéllar
y en una franja de terreno que discurre en paralelo
al arroyo Cerquilla, pudieron haber funcionado a tí-
tulo de avanzadilla agropecuaria dentro del área de
explotación de la ciudad. Mayor entidad poblacional
se observa en Cauca
con el núcleo principal de Los
Azafranales y el dependiente de la Cuesta del Merca-
do al otro lado del Eresma (Blanco García, 1994) o en
el Soto de Medinilla y el Pago de Gorrita en la orilla
opuesta del Pisuerga (Romero, 1980). Este fenóme-
no se reproduce de forma muy semejante en asen-
tamientos reconocidos como celtibéricos, caso de El
Castrejón y La Sota, en Torreiglesias o en Los Sampe-
dros y Valdecarros, en San Miguel de Bernuy.
La situación de algunos poblados dificulta enor-
memente definir un patrón de poblamiento unifor-
me y adscrito a una u otra etnia, que perfectamente
podría cuadrar con el patrón jerarquizador del mun-
do celtibérico con núcleos de mayor entidad ―por
ejemplo, Segovia, Los Sampedros, en San Miguel de
Bernuy o Somosierra, en Sepúlveda― y otros de me-
nor tamaño dependientes ―La Sota, El Castrejón,
Cerro Tormejón, La Coronilla, Valdecarros, La Mesilla
o Pico Los Lirios―. Pero si optamos por un esquema
de ciudades con extensiones de 5 y 20 ha dispuestas
a lo largo de redes fluviales principales, controlando
amplias franjas de terrenos cultivables, con nula o es-
casa intervisibilidad y distancias de 20 a 25 km entre
ellas, el modelo cuajaría perfectamente dentro de los
estándares vacceos (Sacristán, 2010 y 2011), especial-
mente en el tramo que parte desde Segovia en direc-
ción al
oppidum
de Sieteiglesias, en Matapozuelos.
Referido al sector suroriental del territorio vacceo,
se ha descrito la existencia de diferencias apreciables
entre etnias en función de las características físicas
del territorio y del tipo de emplazamiento elegido. En
consecuencia, arévacos y vetones suelen elegir pro-
montorios rocosos inclinados o abombados, mientras
que los poblados vacceos preferentemente se esta-
blecen en cerros testigos, terrazas sobreelevadas o en
horquillas interfluviales (Blanco, 2020: 168). Referida
al área nuclear de la región vaccea trazada hace más
de medio siglo por Wattenberg (1959), es cierto que
los asentamientos cumplen con este patrón, pero
existen otro tipo de variables ajenas a esta ortodoxia
que probablemente tengan que ver con factores vin-
culados al control de espacios fronterizos. Es conve-
niente aclarar esta cuestión, dado que podría enten-
derse que vacceos, arévacos y vetones tuvieron una
preferencia por una edafología concreta que los lleva-
ría, incluso, a desechar otro tipo de establecimientos
que no cumplieran estrictamente con la norma obser-
vada por la arqueología.
Un rasgo compartido por ambas etnias es la cer-
canía de sus núcleos de población con los cauces de
los ríos. Es una circunstancia que les permitiría ejer-
cer control sobre el territorio de explotación, ade-
más de asegurar su inmersión dentro de las redes
comerciales de intercambio y distribución. Por ende,
hemos de presuponer que debieron de existir rutas
y caminos que comunicaban diferentes
oppida
a lo
largo de los corredores delimitados por los ríos que
jalonan la provincia de Segovia. La disposición de los
asentamientos permite plantear posibles ejes de co-
municación (fig. 7):
• Eje Eresma-Pirón: es una franja de terreno que
comunica en sentido bidireccional los pasos de la sie-
rra de Guadarrama con el valle del Duero. Atraviesa
los territorios dependientes de los
oppida
de Sego-
via, Cerro Tormejón, La Sota, El Castrejón, Cauca y el
yacimiento vacceo de
Sieteiglesias ―¿Nivaria?― lo-
calizado en la confluencia del Eresma con el Adaja,
un punto de entrada al valle del Duero en su unión
con el Pisuerga. La distancia media entre núcleos de
población es de 25 km, un trayecto más que asumible
en una jornada a pie. Otra posibilidad y, siguiendo el
curso del río Pirón por su margen derecha, es la exis-
tencia de una vía que conectara directamente los en-
claves de La Sota y El Castrejón con la feraz comarca
del Carracillo, lugar donde se ubica el
oppidum
vacceo
de El Fresnal.
• Eje interfluvial Cauca-Pintia: partiendo de Cauca
hacia Cuéllar, el camino vadearía el Pirón para conti-
nuar por una llanura salpicada por navas, lagunas y
bodones. La ruta atraviesa las inmediaciones del yaci-
miento de El Fresnal, en tierras del Carracillo. Desde
Cuéllar – y dejando a 8 km al oeste el enclave de Pico
Torre- continúa por la planicie de Campaspero hasta
llegar a Pintia. Las distancias entre núcleos se acortan
a 14 km, excepto el tramo que conduce de Cuéllar a
Pintia que alcanza los 27 km. Con todo, la media frisa
los 18 km.
60
• Eje Duratón: su trazado cruza por el cerro de So-
mosierra y Los Sampedros ―de donde podría partir
una vía hacia Cuéllar― en dirección al puesto avan-
zado de Landecastro que precede a la ciudad vaccea
de Pintia. En este caso las distancias medias giran en
torno a 18 km. En el interfluvio con el Riaza se locali-
za el asentamiento de los Quemados, en Carabias, un
posible nexo a medio camino entre los Sampedros,
Sepúlveda y Ayllón.
• Eje Riaza: el trazado natural del río conecta Ay-
llón con el valle del Duero atravesando los enclaves
menores de Las Torres y Peña Arpada, en Montejo de
la Vega, en su camino hacia Rauda. Las distancias me-
dias aumentan ligeramente respecto al eje Eresma,
alcanzado los 27 km de media.
• Eje Guadarrama: es una ruta que recorrería el
piedemonte de la sierra de Guadarrama, quizás so-
lapada o en paralelo con el tramo que dibuja de la
Cañada Real Soriana Occidental y que vendría a co-
municar los núcleos de Segovia y Ayllón. Desde este
eje principal podrían partir vías secundarias coinci-
dentes con antiguos cordeles de merinas y vías flu-
viales menores, por ejemplo: la Vereda de la Veguilla
en dirección a La Sota y El Castrejón o el río Caslilla
en su curso hacia el
oppida
de Somosierra. La distan-
cia media a pie de la serranía aumenta considera-
blemente hasta los 38 km. Pero la comunicación por
vías secundarias desde el eje principal oscila entre
los 8 y los 18 km.
• Eje Duero: mención aparte merece este eje
fluvial que atraviesa las provincias de Soria y Burgos
comunicando Uxama y Rauda con los
oppida
de San
Esteban de Gormaz, Langa de Duero y La Vid
.
La dis-
tancia media interurbana es de 17 km.
A partir de estos ejes podemos inferir posibles
vías de contacto e intercambio entre ambos pueblos.
Mayor complicación implica definir la etnia que habi-
tó en algunos enclaves fronterizos como Cerro Torme-
jón, La Sota o El Castrejón. Para algunos autores estos
asentamientos son ocupados durante el protoceltibé-
rico, conclusión a la que llegan a partir de ciertas cerá-
micas a mano (López Ambite, 2023a: 116). Sobre esta
cuestión, los recipientes a mano presentes en Ayllón
(Zamora, 1993), Sepúlveda (Blanco García, 1998: 142,
fig. 2) o Torreiglesias (Gallego, 2002: 177, fig. 91) son
muy similares en cuanto a formas, decoraciones y ele-
mentos de prensión a los documentados en La Mota,
Simancas, Cuéllar o Coca (Seco y Treceño, 1993; Quin-
tana, 1993; Barrio, 1993; Blanco García, 2023). Esto
es así porque con toda probabilidad cumplieron con
propósitos cotidianos muy semejantes en ambos ám-
bitos, por lo que la adscripción a un grupo cultural u
otro precisa de otro tipo de evidencias complemen-
tarias a la mera observación de un limitado conjunto
de piezas. Máxime cuando el asunto tiende a compli-
carse en el momento en que aparecen piezas a mano
decoradas a peine, cuya raigambre soteña y posterior
continuidad en la cultura vaccea parece bastante evi-
dente (Seco y Treceño, 1993; Sanz, 1997 y 1999; Blan-
co García, 2003).
Es innegable que la frontera interétnica fue per-
meable a las redes de intercambio comercial a tenor
de ciertas producciones cerámicas vacceas, entre las
cuales destacan las grises imitadoras de vasos argén-
Fig. 7. Fronteras interétnicas y posibles ejes de comunicación descritos en el texto.
61
En la frontera interétnica: el
oppidum
vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia)
teos. Su elevada presencia en Cauca y Pintia permite
sospechar que fueron dos importantes centros pro-
ductores desde los que se redistribuyó a enclaves
vetones, carpetanos y también celtibéricos, como
se atestigua en la muralla de Segovia (Blanco García,
2010: 281; Labrador y Martín García, 2015: 42).
Por otro lado, el estudio de los ornamentos en
ciertas piezas urdidas parece evidenciar una prefe-
rencia ―o una moda si se prefiere― a la hora de re-
plicar unos motivos por encima de otros. Así, en el
conjunto cerámico padillense de Las Ruedas predo-
minan piezas decoradas con peine impreso creando
líneas paralelas, verticales u oblicuas, amén de otros
motivos incisos en zigzag, bandas onduladas y retícu-
las (Sanz, 1999: 254 y 268). Estas decoraciones sobre
formas preferentemente cuenquiformes aparecen ló-
gicamente en Cauca y Cerro Tormejón (Martín Vela,
2021: 86), pero también en Sepúlveda (Blanco García,
1998: 142, fig. 2), en Segovia (Martín Vela y Marcos,
2010-2011: 52, lam. 2, 6) y recientemente en la ne-
crópolis de Los Algarrobales (López Ambite, 2023b:
189, catálogo 47). Este cementerio asociado al pobla-
do arévaco de Los Sampedros resulta paradigmático
en cuanto a las colecciones documentadas. Atendien-
do a los ajuares de las tumbas 3, 10 y 13 (Martínez,
2023b: 86, catálogo 24 y 90, catálogo 31; López Am-
bite, 2023b: 192), vemos que comparecen elementos
cerámicos típicos del área vaccea y panoplias guerre-
ras idénticas a las estudiadas en la necrópolis de Las
Ruedas, en Pintia
.
De momento, la excepción dentro
del conjunto de Los Algarrobales está representada
por una magnífica espada tipo Atance (Martínez y
López Ambite, 2023b: 224), de reconocido arraigo en
el área celtibérica.
Con estas evidencias podría considerarse que los
habitantes de Los Sampedros ¿eran arévacos o vac-
ceos?, ¿se trata de otra ciudad fronteriza de dudosa
filiación? La linde entre ambos pueblos parece que,
hasta la fecha, nunca ha sido tan difusa.
Sobre los denominados vacíos vacceos (Sacris-
tán, 1989 y 2010), que en el noroeste de la provin-
cia se identifican con los arenales del mar de pinares
―actuando teóricamente como límite con el pueblo
arévaco (López Ambite, 2019: 480)―, en realidad no
dejarían de ser áreas de explotación y de captación
de recursos compartidos por varios
oppida
. Conviene
señalar que esta extensa masa forestal ha quedado
casi siempre excluida de la revisión de los inventarios
arqueológicos con la excusa de la nula visibilidad de
sus suelos. Pero los trabajos sobre el terreno están
demostrando la presencia de estaciones desde me-
diados de la Edad del Bronce e inicios de la Primera
Edad del Hierro. Por un lado, contamos con los yaci-
mientos de La Curva y de La Peguera del Medio, en
Navas de Oro, ambos adscritos a la prehistoria recien-
te y sepultados bajo varios metros de duna y de co-
ladas de barro procedentes del hombro del valle del
Eresma (Martín Vela, 2023a). Otros se emplazan en
puntos elevados, caso del castro de La Peña del Moro,
un asentamiento ocupado durante la Edad del Bron-
ce y los primeros compases del Hierro I (Martín Vela,
2023-2024). Estaciones del primer Hierro dispuestas
en el aparentemente invisible manto pinariego las
encontramos en el Rincón de La Vega -en pleno MUP
105 de Navas de Oro- o en Los Pantanos ―junto al
Pirón y a su paso por el municipio de Samboal (Mar-
tín Vela, 2016: 138, tabla I)―. Igualmente ocurre en
Cantalejo, en una zona actualmente ocupada por el
pinar y salpicada de lagunas se localiza el yacimiento
La Laguna China
7
. Por su parte, la ficha de inventario
arqueológico referida a la Cueva de la Mora, en Zar-
zuela del Pinar, describe la existencia de «fragmentos
de cerámica a mano y uno a torno posiblemente de
tipo celtibérico»
8
. Incluso de cronología visigoda con-
tamos con los yacimientos de El Bodón (Martín Vela,
2012), Las Suertes y El Chaparral (Martín Vela, Fer-
nández y León, 2020), los tres en pleno monte y cuya
catalogación fue posible al revisar los cortafuegos
forestales que seccionan niveles arqueológicos. En
consecuencia, no debería de sorprendernos la apari-
ción de nuevos asentamientos de la Edad del Hierro
en estas tierras supuestamente estériles de eviden-
cias arqueológicas. Habrá que prestar atención a las
actuales áreas de pinar donde se observan huellas de
viejos bodones y antiguas lagunillas. También a cier-
tos meandros localizados en el tramo entre Armuña y
Coca camuflados bajo densas matas de
Pinus pinas-
ter
, sin olvidarnos de otros sectores enclavados en los
interfluvios Cega-Pirón y Cega-Cerquilla.
2.3. Arquitectura rupestre
vs
arquitectura de barro
Uno de los argumentos esgrimidos a la hora de
diferenciar a vacceos de arévacos es la tesis que pro-
pone distintos tipos de arquitectura en función de la
identidad étnica. En una síntesis del modelo arquitec-
tónico desde el protoceltibérico en comparación con
el mundo de El Soto de Medinilla, se concluye que
en el ámbito soteño y vacceo se prefiere el uso del
barro por encima de la piedra, mientras que el área
celtibérica es más propensa a la arquitectura rupes-
tre (López Ambite, 2019: 387-388). De nuevo, nuestra
disidencia a este respecto se fundamenta en que la
geología del territorio, y menos en zonas de frontera,
no define las preferencias de un pueblo u otro a la
hora de elegir donde asentarse, por lo que el entalla-
do de estructuras en el lecho rocoso es, en realidad,
un tipo de solución que se adecua a la naturaleza del
terreno. Referida a la construcción de las viviendas,
identifica una fórmula que arraiga en los fondos de
cabaña rehundidos, que en estas tierras se remon-
tan, al menos, a la Edad del Bronce (Municio, 2019:
320), continuando durante la fase formativa del Hie-
rro I (Martín Vela, 2023-2024). En otras ocasiones,
esta forma de proceder se ha vinculado a nivelacio-
nes, consolidaciones del terreno que se rastrean en
el corazón del territorio vacceo (Blanco García, 2013:
62
48), con ejemplos tan notables como el detectado en
la zona de La Aguilera, en Montealegre de Campos.
Allí, previo a la construcción de las casas, los alarifes
vacceos procedieron con una regularización de una
amplia superficie rectangular mediante el rebaje de
10 cm sobre el sustrato calizo del páramo (Heredero
García, 1993: 295)
9
.
La arquitectura doméstica documentada en Ce-
rro Tormejón está representada por el uso de muros
de adobe asentados en cajas de pizarra
10
(fig. 8) y
reforzados con postes de madera embebidos en la
estructura (Martín Vela, 2021). Hasta el momento,
la única vivienda explorada debió de contar con de-
pendencias delimitadas por tabiques elaborados,
quizás, mediante la técnica del bahareque o zarzo
11
,
reconocible a partir de hoyos de poste de reducido
tamaño que parecen parcelar pequeñas estancias. El
tamaño de esta vivienda la hemos estimado en 47
m
2
, aunque es muy posible que duplicara esta exten-
sión ya que el lienzo occidental separa otra estancia
de la que únicamente se ha podido documentar los
restos de un pavimento de barro muy alterado por
estructuras y trincheras de época visigoda (Martín
Vela, Gozalo y Fernández, 2021).
Este sistema constructivo es imitado y replicado
en la configuración de las zanjas de cimentación y
agujeros de poste observados en las casas rupestres
dispuestas en la vertiente oriental del peñasco. Su
entallado en el sustrato natural responde a una nece-
sidad de acondicionamiento de un espacio que baja
en rampa hacia el arroyo Tormejón
12
. Por el momen-
to se ha documentado la traza segura de, al menos,
una pareja de viviendas excavadas en el lecho calizo y
otras dos entalladuras de dudosa interpretación. Con-
viene señalar que en esta ubicación son visibles las
huellas inequívocas de frentes de cantera -cuya fecha
post quem
no nos es posible determinar- que inciden
en algunas de las estructuras rupestres que aquí pre-
sentamos (fig. 9).
La vivienda 1 alcanza los 80 m
2
, contando con la
particularidad de estar estructurada en dos estancias
dispuestas de forma abancalada. La estancia A con-
serva en su flanco occidental el trazado de una zanja
de cimentación auxiliada por una especie de pequeño
canal que se asemeja a un aliviadero para evacuar el
exceso de humedades en dirección al cortado (figs. 8
y 9). Algo más diluida por la erosión se observa otra
zanja que baja por el lado oriental. La base de este
primer ambiente muestra una cuidada adecuación
que logra nivelar el espacio habitacional. La estan-
cia B está separada de la anterior por un escalón en
cuyo borde se tallaron cinco agujeros de poste que
vendrían a identificar la impronta del armazón ligna-
rio del medianil. El brazo O de la habitación cuenta
nuevamente con otra zanja de cimentación cuyo tra-
zado está precedido por dos hoyos de poste. En el
lado opuesto se distinguen otras dos perforaciones
de planta circular que delimitan el cierre E de la habi-
tación. En ambas estancias se aprecian más entalles
con forma de cubeta o pileta (fig. 10: 2) que pudieron
funcionar a modo de asiento para todo tipo de ense-
res domésticos, como orzas de almacenaje o peque-
ñas tinajillas, formas ya documentadas en contextos
de habitación de Cerro Tormejón (Martín Vela, Gozalo
y Fernández, 2021: 38, fig. 10).
A escasos dos metros de distancia de la anterior
encontramos la huella de la vivienda 2, de la que
únicamente se vislumbran unos 20 m
2
de planta rec-
tangular dado que el resto se encuentra oculto por la
vegetación. En su flanco occidental se distinguen los
restos de una zanja tallada escalonadamente; la duda
estriba en si estamos ante una nueva fosa de cimen-
tación o quizás se trate de los restos de tres pequeños
peldaños cincelados en la roca (figs. 9 y 10: 3).
El paso del tiempo ha borrado cualquier atisbo de
los adobes que debieron de encajarse en las zanjas
de ambas viviendas. No obstante, la anchura de estas
cimentaciones es coincidente con las dimensiones de
los módulos de adobe documentados en los contex-
tos domésticos del yacimiento y que oscilan entre los
Fig. 8. Sistemas de cimentación detectados en Cerro Tormejón: 1.
Zanja de cimentación tallada en la roca y pequeño canal de des-
agüe (parte superior de la zanja); 2. Muro de adobe inserto en un
cajeado de lajas de pizarra; 3. Detalle del encofrado de lajas (fo-
tografías 2 y 3 cortesía de Francisco Gozalo Viejo, director de la
campaña de excavaciones en Cerro Tormejón en 1977).
63
En la frontera interétnica: el
oppidum
vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia)
20 cm de ancho, por 38-40 cm de largo y 12-15 cm
de grosor.
Las otras dos estructuras a las que hacíamos men-
ción anteriormente rinden características semejantes
a las viviendas 1 y 2 en cuanto al carácter rupestre y a
la planta rectangular que insinúan. La diferencia prin-
cipal radica en la ausencia de zanjas de cimentación
como las descritas ―probablemente destruidas por
el frente de cantera que afecta especialmente a la es-
tructura 2―, si bien la estructura 1 conserva dos pe-
queños hoyos de poste en su reborde norte (fig. 9). En
cualquier caso, poco más podemos añadir en cuanto
a su función, pudiendo únicamente certificar su fac-
tura antrópica.
Los siglos de erosión que han afectado severa-
mente al peñasco imposibilitan la identificación de
restos de aportes de tierras que pudieron conformar
pavimentos o nivelaciones al interior de las viviendas.
Esta ausencia de sedimento arqueológico supone,
además, un reto a la hora de concretar una cronolo-
gía. Para ello hemos de recurrir a un limitado, pero
característico conjunto de fragmentos cerámicos de
pastas anaranjadas, ornados con motivos pintados
de semicírculos concéntricos y bandas horizontales
en tonos rojizos y negros. Contrasta con una nula
presencia de barros torneados de pastas grises y coc-
ciones reductoras cuyas superficies suelen presentar
las típicas estampillas que identifican la fase de ocu-
pación de Cerro Tormejón en época visigoda (Gozalo,
Gonzalo y Blanco, 2013). Estas referencias cerámicas
únicamente se encuentran en el sector central y occi-
dental del yacimiento, en un espacio muy concreto y
definido de unas 4,5 ha donde se han excavado restos
de viviendas de este periodo (Martín Vela, Gozalo y
Fernandez, 2021).
Todo este análisis nos conduce a replantear la ne-
cesidad de redefinir ciertos paradigmas, como es la
atribución de un yacimiento a una etnia específica ba-
sándose en una serie de estereotipos ―en este caso,
la arquitectura rupestre asociada de manera exclu-
siva al mundo celtíbero―, que tienden a encorsetar
las características de un grupo cultural. Esto conlle-
varía la imposición de una norma inmutable, según
la cual
vacceo = arquitectura en adobe y madera
vs.
celtíbero = arquitectura en adobe, madera y rupestre
,
ignorando los datos derivados del registro arqueoló-
gico. A la luz de lo expuesto, sostenemos que, en el
contexto de Cerro Tormejón, el carácter rupestre de
estas viviendas no debe interpretarse como un rasgo
identitario de una etnia específica, sino más bien una
respuesta funcional a las necesidades constructivas
del entorno. Esta interpretación sugiere que las de-
cisiones arquitectónicas están condicionadas más por
factores prácticos y materiales que por una búsqueda
de identificación étnica.
De entre los objetos recuperados en Cerro Tor-
mejón se cita un martillo de cuarcita que pudo ha-
ber servido para el entalle de estas estructuras sobre
el peñasco calizo. Esta afirmación (López Ambite,
2019: 474), recogida a partir del trabajo de Gallego
Revilla (2002: 272) ―en el que no hemos encontra-
do ninguna referencia a la pieza en cuestión―, quizás
se esté refiriendo al fragmento de hacha de cuarci-
ta recogida en superficie en 1977 y descrita por F.
Gozalo en su tesis de licenciatura (1981: 209, lam.
LXIX, fig. 1). Se trata de un ejemplar que encuentra
un mejor acomodo cronológico con algunos frag-
mentos cerámicos de perfil globular y piezas líticas
de factura y cronología de los inicios del Calcolítico
(Gozalo, 1981: 211, lam. LXXIII, fig. 1.) que se infiltran
en niveles arqueológicos vacceos y tardoantigüos
13
.
De aceptar su dudosa adscripción a la Segunda Edad
Fig. 9. Planimetría del sector de Cerro Tormejón con viviendas y
estructuras rupestres.
64
del Hierro creemos que difícilmente podría abordar-
se la excavación de una de las viviendas rupestres del
Tormejón -cuyo rebaje en el terreno alcanza una pro-
fundidad de 50 cm- con esta pequeña herramienta de
piedra, máxime cuando la generalización del uso del
hierro permitiría elaborar útiles más adecuados para
tal fin.
También se han descrito signos de celtiberismo a
partir de la configuración kárstica del asentamiento
(López Ambite, Cabañero y Martínez, 2023: 181) y de
la existencia de aljibes y silos semirrupestres (Galle-
go, 2002: 189), de los cuales no tenemos constancia
alguna en el yacimiento. Probablemente se esté alu-
diendo a las plantas de las citadas viviendas rupestres,
con someras zanjas de cimentación y pequeños hoyos
de poste (Martín Vela, 2021), o a una “posible” subes-
tructura de planta circular situada junto al flanco meri-
dional y que actualmente está sellada por un potente
nivel de piedras. En cualquier caso, en el manto rocoso
de Numancia se cavaron aljibes, despensas y bodegas
(Jimeno, 2000: 189; Jimeno
et al.
, 2012). En el Castillo
de Ayllón se constata la presencia de silos y aljibes de la
Segunda Edad del Hierro entallados bajo el ábside de la
iglesia de San Martín ―y también construcciones con
muros de adobe (Zamora, 1993: 485)― así como fo-
sos defensivos en Segovia (Santiago y Martínez, 2010;
Martín Vela y Marcos, 2010-2011). Las mismas solu-
ciones defensivas y de almacenaje las encontramos en
Pintia (Sanz
et al.
, 2010; Sanz, Romero y Górriz, 2009),
en La Casa del Sótano de Rauda
(Abarquero y Palomi-
no, 2012), en Cauca
(Blanco García, 2023: 41) o en Cué-
llar (Barrio, 1993) con la salvedad de que su excavación
se hizo sobre un sustrato arcilloso. En definitiva, una
adaptación al medio.
2.4. Cerro Tormejón: ¿galgo o podenco?
En el ámbito anglosajón, la expresión
no man’s
land
se refiere a una porción de territorio que carece
de pertenencia definida. En un sentido metafórico,
podríamos referirnos a una región ambigua en cuan-
to a su situación o jurisdicción. Sugiere la ausencia de
límites precisos y la incertidumbre con respecto a las
circunstancias o normativas que rigen dicho espacio.
En esta zona nebulosa se localiza Cerro Tormejón, al
que la bibliografía le ha venido atribuyendo una etni-
cidad u otra en función de por dónde se haga transi-
tar la linde entre arévacos y vacceos.
Referencias tempranas sobre el yacimiento como
enclave vacceo las encontramos en la tesis de licen-
ciatura de F. Gozalo, quien señala que el «momento
cultural vacceo representa una etapa muy importante
en el Cerro del Tormejón» (1981: 219). Incluso en su
estudio de los barros torneados con decoración pin-
tada describe el material cerámico propio de esta cul-
tura (
ibid.,
1981). Casi tres décadas después, el Tor-
mejón es citado en un trabajo que relata la dificultad
de establecer su grado de dependencia político-ad-
ministrativa respecto a la arévaca Segovia o la Cauca
vaccea (Blanco García, 2006: 51).
En la controversia sobre la existencia y cronología
de sus murallas, se planteó que el potente alinea-
miento de piedras detectado en el flanco oriental
pudiera tratarse de la muralla vaccea reaprovechada
posteriormente en una fase tardoantigua (Gozalo,
Gonzalo y Blanco García 2013: 175).
Martínez Caballero situará al Tormejón en la ór-
bita vaccea junto con las ciudades de Cuéllar y Cau-
ca (2010: 44), señalando su pervivencia en el siglo I
a. C. como núcleo poblacional de carácter rural pero
sometido al control de la emergente Segovia (Martí-
nez, 2010: 65-66). Su supuesta ―y no demostrada―
ocupación durante el Celtibérico Antiguo (Martínez y
López Ambite, 2023a: 66 y 68) sumada a su posición
fronteriza y a la presencia de estructuras rupestres
determinará su traspaso al campo celtibérico (Martí-
nez, López Ambite y Gallego, 2014: 95).
Por su parte, las dimensiones propuestas por algu-
nos autores para el hábitat de Cerro Tormejón durante
la Segunda Edad del Hierro rondan las 3 ha. Según este
criterio, quedaría englobado en el grupo de pequeños
poblados dependientes de la ciudad celtibérica de Se-
govia (López Ambite, Cabañero y Martínez, 2023: 178).
Pero en realidad el tamaño del asentamiento cuenta
con un mínimo de 6 ha
14
(Martín Vela, 2021: 81; Sanz
et
al.
, 2023: 218), lo que permitiría incluirlo sin problemas
Fig. 10. Viviendas rupestres de Cerro Tormejón: 1. Vista general
desde el sur; 2. Vivienda 1 con ambas estancias y localización de
los hoyos de poste y cubetas; 3. Restos de la vivienda 2 y situación
de la zanja de cimentación escalonada.
65
En la frontera interétnica: el
oppidum
vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia)
dentro de la esfera vaccea, al igual que otros enclaves
no muy alejados de la frontera, caso de Pico Torre, en
Vallelado, también con 6 ha de extensión.
A pesar de su morfología pétrea y, por ello, pre-
tendidamente celtibérica, Cerro Tormejón es el úni-
co hito destacado entre Cauca
y Segovia en el que se
observan los estándares del poblamiento de la zona
nuclear vaccea: tamaño superior a 5 ha, ocupación
junto a una arteria fluvial, ausencia de intervisibili-
dad con otros
oppida
y proximidad a terrenos con un
elevado potencial agrícola. Otra elección podría ha-
ber sido el Cerro del Castillo, en Bernardos, con una
superficie que no llega a las 5 ha y cuya ocupación
ex novo
se produce en la tardoantigüedad (Gonzalo,
2006). Su descarte durante la Edad del Hierro posi-
blemente obedeció a una edafología de peor calidad,
en comparación con los terrenos de campiña y vega
que rodean al Tormejón asentados en las denomina-
das llanuras miocénicas (Barrio, 2010: 20), cuyos fera-
ces suelos son más adecuados para la práctica de una
agricultura cerealística de carácter extensivo.
La posición de Cerro Tormejón en el eje del Eresma
le otorga amplias cotas de control visual de la campi-
ña cerealística y de una extensa franja de territorio de
24 km de ancho con respecto a la Segovia celtibérica,
cuyos elevados contornos son visibles en la distancia.
Igualmente ocurre con los altozanos que rodean a los
oppida
de El Castrejón y La Sota, ambos en el eje flu-
vial del río Pirón (fig. 11). Por el contrario, la cuenca
visual en dirección a Cauca queda ceñida a las crestas
del Macizo de Santa María con el Cerro de San Isidro,
la Cuesta del Padrastro y el Cerro del Castillo como
hitos destacados en el paisaje (fig. 11). Esta ausen-
cia de conexión sensorial es una cualidad distintiva
del patrón de ordenamiento nuclear vacceo. Denota,
asimismo, una notable indiferencia de lo que pudiera
acontecer a sus espaldas, sugiriendo una actitud des-
preocupada ante una eventual amenaza o confronta-
ción frente a los caucenses. En cambio, sí se observa
una mayor atención y vigilancia en dirección S, hacia
la frontera compartida con el
oppidum
de Segovia. A
su vez, entre Cauca y Cerro Tormejón
quedaría un re-
curso forestal de gran relevancia bajo su control, ca-
racterizado por el frondoso mar de pinares, cuya pre-
sencia en tierras del Eresma está documentada desde
la Primera Edad del Hierro (Martín Vela, Pérez Díaz y
López Sáez, 2019) y con evidencias de su explotación
desde la Edad del Bronce (Martín Vela y Tarifa, 2024).
Algunos de los rasgos identitarios del pueblo vacceo
se encuentran en la materialidad y singularidad de al-
gunos enseres documentados en Cerro Tormejón. Jun-
to con las producciones a mano heredadas del mundo
soteño, contamos con ejemplares de los denominados
“objetos singulares” (Martín Vela, 2021; Sanz
et al
.,