Vaccea Anuario, 17 (2024)ISSN: edición impresa: 2659-7179; edición en línea: 2659-7187 h ttps://pintiavaccea.es/seccion/vaccea-anuario Vaccea Editorial, CEVFWUniversidad de Valladolid Cómo citar: Martín Vela, R. (2024) “En la frontera interétnica: el oppidum vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia)”, Vaccea Anuario, 17, pp. 53-69.https://doi.org/10.69531/JHZY-5694-PNTV * Proyecto Eresma Arqueológico. raulmartinvela@gmail.com, ORCID: 0000-0003-1731-5634. Recibido: 20 de marzo de 2024 / Aceptado: 29 de abril de 2024 Resumen: El oppidum de Cerro Tormejón se localiza en el tramo medio del valle del Eresma. Su excepcional posición defensiva se vio reforzada durante la Segunda Edad del Hierro por una muralla dispuesta en su flanco oriental. La localización del asentamiento en una frontera indefinida, sumada a la información recopilada en las últimas seis campañas de excavación, permiten analizar el enclave dentro del modelo de poblamiento en este sector. Por su parte, se describen los posibles ejes de comunicación entre los principales oppida de la provincia de Segovia y el tipo de arquitectura doméstica presente en el yacimiento. Palabras clave: Segunda Edad del Hierro, modelo de poblamiento, cultura vaccea, frontera interétnica, arquitectura doméstica. Abstract: Cerro Tormejón is located in the middle section of the Eresma Valley. Its exceptional defensive position was further strengthened by a Late Iron Age wall arranged on Its eastern flank. The location of the settlement on an undefined border and the information collected in the last six excavation campaigns, allows us to analyze the settlement model. The possible ways of communication between the main oppida of the province of Segovia and the domestic architecture present in the site are described along. Key words: Late Iron Age, settlement model, vaccaean culture, inter-ethnic frontier, domestic architecture. Raúl Martín Vela*
54 1. Biografía arqueológica de Cerro Tormejón En 2024 se ha llevado a cabo la VI campaña de ex-cavaciones arqueológicas en Cerro Tormejón por par-te del equipo que conforma el Proyecto Eresma Ar-queológico 1 . Estos trabajos recogen el testigo de las primeras investigaciones iniciadas por F. Gozalo hace casi cinco décadas y cuyos resultados quedaron plas-mados en su tesis de licenciatura. A él se le debe la adscripción, por vez primera, del oppidum al pueblo vacceo (1981: 221). En el último sexenio hemos podi-do avanzar en varios campos de estudio al intervenir en diferentes puntos del poblado. Así, sabemos que el Tormejón ha sido visitado y ocupado de forma inin-terrumpida desde la Edad del Cobre hasta, al menos, el final de la Segunda Edad del Hierro (Martín Vela, 2021). Durante la dominación romana contamos con un puñado de referencias arqueológicas representa-das por algunos fragmentos de TSHT que, en nuestra opinión, no son nada definitorias como para defen-der un asentamiento efectivo en época bajoimperial. A partir de inicios del siglo V d. C. y hasta el VII, el en-clave vuelve a contar con una ocupación significativa que coincide con la descomposición de las estructu-ras imperiales y la paulatina implantación del pueblo visigodo en buena parte de la península ibérica (Mar-tín Vela, Gozalo y Fernández, 2021).De toda la secuencia descrita, la fase prerromana es la que cuenta con mayor interés por el ingente cau-dal de información que genera. De este periodo co-nocemos aspectos relevantes de su arquitectura do-méstica y de ciertos ritos acontecidos en el interior de una vivienda, como es la constatación de dos rituales bajo el pavimento de una casa, uno de carácter profi-láctico y otro funerario (Fernández, 2020; Fernández y Martín Vela, e. p.). Por otro lado, el estudio de las cerámicas torneadas halladas en dos cenizales super-puestos y localizados extramuros del hábitat certifica la ocupación del Tormejón, al menos desde el siglo IV a. C. hasta el último tercio del siglo II a. C. (Martín Vela, 2021; Alonso, 2023). Este conjunto iba acom-pañado por otros barros a mano que confirmaban la existencia de un sustrato soteño previo (Martín Vela, 2021: 86-87, fig. 9), del que ya teníamos constancia por una pieza publicada en la década de los años 70 (Molinero, 1971; Gallego, 2002: 191, fig. 98, 103.1). Mucho más exhaustivo y concluyente es el trabajo de F. Gozalo (1981) quien ya apuntaba que existía un sus-trato del Soto de Medinilla en Cerro Tormejón, cuya continuidad en época vaccea podía rastrearse a partir de los conjuntos vasculares.La materialidad de estos elementos cuenta con un antecedente previo en el cercano pago de La Vega del Nogal, un emplazamiento localizado a menos de 500 m al oeste del Tormejón. En este paraje se ubi-ca una aldea soteña destruida parcialmente por la construcción de la antigua vía del ferrocarril. A pesar de esta desgraciada circunstancia, en los cortes son visibles las secciones de largas fosas que aluden a fondos de cabaña colmatados por un sedimento de color negruzco. De esta matriz se desprenden, oca-sionalmente, pequeñas pellas de barro de color rojizo con evidentes signos de termoalteración, además de conjuntos cerámicos a mano que identifican formas con decoraciones digitadas y plásticas propias de la cultura de El Soto (fig. 3). Alguna de ellas pervivirá en época vaccea, como es un ejemplar de vaso bitron-cocónico de borde reentrante y asa vertical (fig. 3: 5) presente en contextos funerarios pintianos entre los siglos IV y II a. C. (Sanz y Rodríguez, 2021: 85 y 150). La Vega del Nogal encuentra paralelos muy evidentes en el cercano yacimiento de La Peña del Moro por la tipología de las fosas/fondos de cabaña y por la cultu-ra material contenida en su interior (Martín Vela, Pé-rez Díaz y López Sáez, 2019; Martín Vela, 2023-2024) 2 que nos remiten a una arquitectura de cañas y barro (Delibes et al., 1995a; Delibes et al., 1995b; Delibes y Herrán, 2007).La extensión del poblado vacceo en lo alto de Ce-rro Tormejón llega hasta las 6 ha, si bien existen dos áreas separadas por la muralla que aquí presenta-mos. La zona occidental, que abarca unas 4,5 ha, es el sector donde se documentó la anteriormente citada vivienda de adobe. El lado oriental aloja restos de ca-sas de planta rectangular y estructuras rebajadas en la roca que quedan fuera del recinto amurallado. Fuera de los límites del peñasco y en dirección NE se localiza el Prado de la Espita, un amplio paraje de 6 ha de extensión donde se sitúa el ya citado cenizal excavado en 2020. Algo alejado de este, en una ram-pa que baja hacia el fondo del valle, aparecen frag- Fig. 1. Ubicación de Cerro Tormejón en el municipio de Armuña (Segovia).
55 En la frontera interétnica: el oppidum vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia) mentos de cerámica torneada con decoración pinta-da, junto con pequeños trozos de barros modelados a mano. Destacan los restos de una fíbula de hierro con esquema de La Tène I (Sanz et al., 2023: 219) que cautelarmente podemos encuadrar entre mediados del siglo IV a. C. a finales del II a. C. (Cabré y Morán, 1982: 20-21; González Zamora, 1999: 240-242). La relación espacial de estos hallazgos con el oppidum, sumada a la naturaleza de los materiales arqueológi-cos, permite postular, con las debidas reservas, que el área podría haber albergado la necrópolis asociada al asentamiento vacceo (Martín Vela, 2021).Desde el inicio de las investigaciones, uno de los principales focos de atención ha sido la caracteriza-ción y análisis de la barrera defensiva situada en el sector oriental del oppidum. El trazado de dicha forti-ficación es claramente discernible a nivel superficial, evidenciado por el relieve topográfico que marca su colapso, el cual desciende desde el escarpe norte, en las inmediaciones de la ermita de la Virgen del Tormejón, hasta el cortado sur, que vierte al arroyo homónimo. En algunos puntos de la cara interna se percibe la cresta de su paño construido con toscos si-llares de piedra caliza. Por el exterior y hacia la mitad de su recorrido, la topografía revela un par de salien-tes que insinúan plantas semicirculares que podrían tener relación con bastiones o torreones. Las campa-ñas llevadas a cabo entre 2021 y 2024 han permitido Fig. 2. Vista aérea del yacimiento desde poniente. Al pie de su flan-co derecho discurre el hoy seco cauce del arroyo Tormejón (foto-grafía de Javier Gutiérrez López, Eresma Arqueológico). Fig. 3. Cerámicas de la cultura del Soto de Medinilla procedentes de la Vega del Nogal.
56 confirmar la presencia de una estructura muraria de gran solidez, compuesta por un núcleo de mampos-tería coronada muy posiblemente con un lienzo de tapial (fig. 5). Conserva unas dimensiones de 7 m de anchura y 1,70 m de altura en el paño exterior, lo que sugiere una construcción de considerable envergadu-ra destinada a la protección del núcleo habitacional. El análisis de los materiales arqueológicos asociados a la secuencia constructiva indica una datación clara en la Edad del Hierro (Martín Vela, 2023b; Sanz et al., 2023). Por ahora desconocemos si el resto del perímetro pudo verse reforzado artificialmente. Es una posibilidad que se sustenta en la presencia de grandes bloques de caliza, toscamente escuadrados, acompañados de fragmentos de adobes calcinados, los cuales se han desprendido y acumulado en la base de los paredones naturales. Las medidas de estos úl-timos sobrepasan ampliamente a los documentados en los espacios domésticos, por lo que podrían ha-ber formado parte de una estructura de mayor porte destinada a reforzar la defensa de los cortados. Este conjunto de datos confirma la existencia de un siste-ma defensivo complejo, adecuado para el control del territorio circundante y la protección de un asenta-miento de notable relevancia estratégica durante la Edad del Hierro. 2. El territorio durante la Segunda Edad del Hierro: consideraciones y disidencias a partir de los estudios en Cerro Tormejón Abogar por un debate constructivo garantiza el avance del conocimiento, particularmente cuando este se desarrolla en el contexto de un afecto y res-peto mutuo entre colegas y compañeros dedicados a la investigación de la Edad del Hierro segoviana. En virtud de este planteamiento, hemos considera-do pertinente abordar diversas cuestiones partien-do de la perspectiva investigadora que surge de los estudios llevados a cabo en Cerro Tormejón. Dada su posición fronteriza al sur del territorio vacceo, so-metemos a debate la ubicación de la demarcación interétnica entre vacceos y arévacos, el modelo de poblamiento durante la Segunda Edad del Hierro o ciertos aspectos vinculados con la arquitectura de ambas comunidades.2.1. Fronteras interétnicas en la provincia de SegoviaDefinir los límites territoriales de los tres pueblos que habitaron la provincia de Segovia ―vacceos, aré-vacos y vetones―, es una tarea ímproba que precisa el concurso de todas las fuentes disponibles. Empe-zando por las escritas, Plinio (Nat. Hist. III, 27) y Pto-lomeo (Geog., II, 6, 55) identifican a la actual Segovia como ciudad de los arévacos. Más ambigua es la cita de Tito Livio sobre su filiación vaccea (Frag., XCI).Afortunadamente es posible constatar la presen-cia de algunos oppida localizados en el confín sureste del territorio vacceo gracias a registros documentales de la antigüedad. Destacan Rauda, según referencias de Ptolomeo (Geog., II, 6, 49) y Cauca, cuya mención se encuentra en obras de Apiano (Iber., 51 - 53 y 89), Frontino (Strat., II, 11, 2), Ptolomeo (Geog. II, 6, 50) y en el Itinerario Antonino (435, 4). En lo que respec-ta a la identificación de Colenda con Cuéllar, J. Barrio (1999) la asocia con la campaña liderada por Tito Didio en los años 98 - 96 a. C. (Apiano, Iber., 99 - 100), Fig. 4. Localizaciones citadas en el texto: 1. Extensión del oppidum vacceo de Cerro Tormejón; 2. Emplazamiento de las viviendas rupestres; 3. Muralla; 4. Posible ubicación de la necrópolis; 5. Yacimiento soteño de La Vega del Nogal.
57 En la frontera interétnica: el oppidum vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia) aunque existen nuevas propuestas que determinan la ubicación de este núcleo con Sepúlveda (Martínez y López Ambite, 2019: 46). Dejando de un lado el límite con el territo-rio vetón 3 , actualmente se plantea que la frontera vacceo-arévaca es la franja que parte desde el valle del Riaza hasta Los Sampedros, en el Duratón, englo-bando por el sur los asentamientos de Los Quemados y Sepúlveda. En territorio arévaco quedaría compren-dido el piedemonte serrano con Pedraza, Segovia y los enclaves de menor entidad de La Sota y El Castrejón (Gallego, 2015: 20; López Ambite, Cabañero y Martí-nez, 2023: 173-179, fig. 1). Según este planteamien-to, la divisoria natural con el territorio vacceo al sur de Cauca estaría definida por el desierto poblacional del mar de pinares y por el macizo de Santa María la Real de Nieva, con el hito del cerro de San Isidro des-tacando en el paisaje (López Ambite, 2019: 480). En tierra de nadie se encuentra Cerro Tormejón, al que en unas ocasiones se le asigna la categoría de núcleo secundario menor a mitad de camino entre Cauca y Segovia (Blanco García, 2006: 43) con un tamaño de 3 o 6 ha (López Ambite, Cabañero y Martínez, 2023: 178 y 181) y, en otras, se le considera un oppidum fronterizo o celtibérico.La designación del macizo de Santa María de Nie-va como límite entre vacceos y arévacos en el noroc-cidente de la provincia es una hipótesis que conside-ramos francamente difícil de demostrar, dado que no tiene refrendo ni en las fuentes escritas ni en las ar-queológicas. Desde una construcción mental, la fron-tera pudo haber pasado por allí o por cualquier otro hito destacado en la campiña. El propio Tormejón, el Alto del Águila o las crestas de El Cerro y La Zorrilla, ambas a 1 km al sur del oppidum, podrían haber sido el límite dado su carácter cimero y señero en el pai-saje. Alternativamente, J. F. Blanco García sostiene que esta pudo situarse en la franja de altozanos que media entre Santa María la Real de Nieva y Tabladillo (2020: 174), ya que son estas elevaciones las que im-piden que exista una continuidad visual interurbana. En el intento de delimitar ambos mundos a partir de la divisoria del macizo de Santa María, se ha pro-puesto que algunos de los grabados representados en Domingo García podrían fecharse en la Edad del Hierro, configurando así un espacio cultual comparti-do por ambos pueblos (Martínez, 2023a: 200; López Ambite, Cabañero y Martínez, 2023: 181). Sobre esta cuestión reconocemos que la teoría goza de un gran atractivo e interés, pero, bajo nuestro punto de vista, se apoya en un conjunto de apreciaciones estilísticas fundamentadas en similitudes estéticas con otras manifestaciones alejadas del territorio. Además, en el espacio inmediatamente colindante con los paneles, no se constatan pruebas materiales que certifiquen esta afirmación. Su cronología, asentada en la Edad del Hierro, quedaría en entredicho ante la repre-sentación de jinetes armados con largas espadas, la diversidad de escudos de varias tipologías o la pre-sencia de armas de propulsión, como la ballesta, cuyo uso se atestigua durante la Edad Media (Lillo, 1987; González Castañón, 2007). Por otro lado, comparecen personajes coronados, escenas de pastoreo, de caza o de danza que plantean una cronología medieval liga-da, muy posiblemente, a los procesos de repoblación sucedidos a partir de los siglos X-XI (Pecci, 2014: 218-219; Ripoll y Municio, 2023). Prácticamente desde el municipio de Ochando hasta Carbonero el Mayor, este tipo de manifestaciones son bastante recurren-tes y repiten un patrón de proximidad con estableci-mientos medievales, modernos e, incluso, contempo-ráneos. Así ocurre en el propio cerro de San Isidro con su ermita y necrópolis rupestre vinculada con el des-poblado medieval de La Cuesta -también conocido como El Casar (Siguero, 1997: 186) o Puertas Viejas (Tejerizo, 2023: 121)- donde comparecen materiales constructivos y cerámicos encuadrables entre los si-glos VI y XIII (ibid., 2023: 121). En 2020 se catalogaron en Bernardos una treintena de estaciones con graba- Fig. 5. Fotogrametría de la muralla vaccea de Cerro Tormejón.
58 dos rupestres de idéntico estilo, morfología y ejecu-ción. Prácticamente todos ellos colindan con refugios pastoriles diseminados por el monte y la campiña, con el trazado de la Cañada Real Leonesa o con asen-tamientos bajomedievales. Destaca el paredón de “La caza del ciervo” 4 frente al despoblado de Valver-de el Seco y junto a la ermita románica de Santa Inés (Martín Vela, Fernández y León, 2020). Otro ejemplo notable se encuentra a orillas del Pirón, en el paraje de Peña Carrasquilla, en Carbonero el Mayor. En los lienzos pétreos se identifican varias escenas de jine-tes armados con lanzas, personajes con estacas, pe-rros, bóvidos etc. y todos ellos a menos de 500 m del despoblado medieval y de la ermita de Santa Águe-da 5 . Incluso en los lienzos del templo de origen ro-mánico que corona al Tormejón encontramos unas grafías que representan a un jinete armado con lanza (Polo y Morales, 2020: 108). Ahora bien, ¿de dónde hallaron las gentes del medievo la inspiración para plasmar estas escenas? Nada sabemos de la iconogra-fía que pudo ornar las paredes y a los capiteles hoy desaparecidos de las ermitas anteriormente citadas. La respuesta podría estar en el claustro del cercano monasterio de Santa María la Real de Nieva, en cuyos capiteles encontramos escenas de caza y de lances a caballo (Gómez Chacón, 2016: 156 y 158). También en los frescos del atrio de la iglesia de Nuestra Seño-ra de la Asunción, en Pinarejos, el cual conserva una descriptiva escena de batalla.Otro tipo de distintivas iconografías de celtíbe-ros y vacceos -visibles en fíbulas, pomos de puñales, piezas de terracota o cerámicas-, como pudieran ser representaciones de lobos en perspectiva cenital (Abarquero, 2006-2007; Sanz y Blanco, 2015), ve-rracos, peces, serpientes, lagomorfos (Blanco, 2012; Blanco, 2011-2012), motivos ornitomorfos (Alfayé, 2010) o escenas de monomaquias con panoplia indí-gena -véase el pomo del puñal Monte Bernorio de la tumba 32 de la necrópolis de Las Ruedas (Sanz, 1997; Matesanz, 2022)-, no se encuentran entre los moti-vos observados en los paños paleozoicos del Macizo de Santa María. Esta ausencia es un argumento más en favor de una cronología histórica para estas grafías rupestres, cuya datación más temprana habría que situarla, con muchas reservas, en la transición de la tardoantigüedad a los comienzos de la Alta Edad Me-dia. De prosperar la adscripción a la Edad del Hierro de los paneles de Domingo García ―y por extensión de todo el macizo de Santa María― estaríamos, ade-más, ante uno de los mayores santuarios interétnicos conocidos. Siendo esta una hipótesis francamente sugerente, creemos que por el momento carece de sostén suficiente.2.2. Modelos de poblamientoEn síntesis, para el área celtibérica circunscrita a los valles del Eresma y Duratón se propone un mo-delo heterogéneo de asentamientos agrupados en torno a grandes núcleos de los que dependen en-tidades menores, algunas de ellas aisladas (López Ambite, 2008; Martínez y López Ambite, 2023b). Ese aislamiento ha llevado a considerar que los enclaves Fig. 6. El sureste de la región vaccea de Wattenberg lindante con el territorio arévaco (mapa cortesía de C. Sanz Mínguez).
59 En la frontera interétnica: el oppidum vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia) de tamaño mediano pudieron desempeñar un papel importante dentro de la red de poblamiento arévaco (Gallego, 2002: 272). Para el área vaccea contempla-mos el modelo propuesto por Sacristán de concentra-ción de la población a finales del Hierro I en núcleos de mayor envergadura (1986; 1989 y 2010), pero con algunos matices, ya que una de las características que también manifiesta el esquema vacceo es la existen-cia, en algunos casos, de un hábitat principal y otros de menor entidad a escasa distancia. Así ocurre en Pintia y el barrio artesanal de Carralaceña, dispuesto en la orilla opuesta del Duero, cuyo espacio integra áreas residenciales, necrópolis y ámbitos destina-dos a la producción cerámica (Sanz et al., 2003: 64). Pero, además, en su área de influencia se localizan otros emplazamientos que cohesionan el territorio dependiente del núcleo principal de Las Quintanas; véase la atalaya del Cerro de Pajares o el pequeño establecimiento de Landecastro (Sanz, 2023: 224), in-terpretado este último como un posible asentamien-to campesino que estaría minimizando los costes de desplazamientos diarios (Sanz, 2021: 41). Al hilo de esta cuestión, parece que los dos pequeños encla-ves ―Las Hontanillas I y II 6 ― dispuestos a 3 km al SE del solar que ocupó el oppidum vacceo de Cuéllar y en una franja de terreno que discurre en paralelo al arroyo Cerquilla, pudieron haber funcionado a tí-tulo de avanzadilla agropecuaria dentro del área de explotación de la ciudad. Mayor entidad poblacional se observa en Cauca con el núcleo principal de Los Azafranales y el dependiente de la Cuesta del Merca-do al otro lado del Eresma (Blanco García, 1994) o en el Soto de Medinilla y el Pago de Gorrita en la orilla opuesta del Pisuerga (Romero, 1980). Este fenóme-no se reproduce de forma muy semejante en asen-tamientos reconocidos como celtibéricos, caso de El Castrejón y La Sota, en Torreiglesias o en Los Sampe-dros y Valdecarros, en San Miguel de Bernuy. La situación de algunos poblados dificulta enor-memente definir un patrón de poblamiento unifor-me y adscrito a una u otra etnia, que perfectamente podría cuadrar con el patrón jerarquizador del mun-do celtibérico con núcleos de mayor entidad ―por ejemplo, Segovia, Los Sampedros, en San Miguel de Bernuy o Somosierra, en Sepúlveda― y otros de me-nor tamaño dependientes ―La Sota, El Castrejón, Cerro Tormejón, La Coronilla, Valdecarros, La Mesilla o Pico Los Lirios―. Pero si optamos por un esquema de ciudades con extensiones de 5 y 20 ha dispuestas a lo largo de redes fluviales principales, controlando amplias franjas de terrenos cultivables, con nula o es-casa intervisibilidad y distancias de 20 a 25 km entre ellas, el modelo cuajaría perfectamente dentro de los estándares vacceos (Sacristán, 2010 y 2011), especial-mente en el tramo que parte desde Segovia en direc-ción al oppidum de Sieteiglesias, en Matapozuelos.Referido al sector suroriental del territorio vacceo, se ha descrito la existencia de diferencias apreciables entre etnias en función de las características físicas del territorio y del tipo de emplazamiento elegido. En consecuencia, arévacos y vetones suelen elegir pro-montorios rocosos inclinados o abombados, mientras que los poblados vacceos preferentemente se esta-blecen en cerros testigos, terrazas sobreelevadas o en horquillas interfluviales (Blanco, 2020: 168). Referida al área nuclear de la región vaccea trazada hace más de medio siglo por Wattenberg (1959), es cierto que los asentamientos cumplen con este patrón, pero existen otro tipo de variables ajenas a esta ortodoxia que probablemente tengan que ver con factores vin-culados al control de espacios fronterizos. Es conve-niente aclarar esta cuestión, dado que podría enten-derse que vacceos, arévacos y vetones tuvieron una preferencia por una edafología concreta que los lleva-ría, incluso, a desechar otro tipo de establecimientos que no cumplieran estrictamente con la norma obser-vada por la arqueología. Un rasgo compartido por ambas etnias es la cer-canía de sus núcleos de población con los cauces de los ríos. Es una circunstancia que les permitiría ejer-cer control sobre el territorio de explotación, ade-más de asegurar su inmersión dentro de las redes comerciales de intercambio y distribución. Por ende, hemos de presuponer que debieron de existir rutas y caminos que comunicaban diferentes oppida a lo largo de los corredores delimitados por los ríos que jalonan la provincia de Segovia. La disposición de los asentamientos permite plantear posibles ejes de co-municación (fig. 7):• Eje Eresma-Pirón: es una franja de terreno que comunica en sentido bidireccional los pasos de la sie-rra de Guadarrama con el valle del Duero. Atraviesa los territorios dependientes de los oppida de Sego-via, Cerro Tormejón, La Sota, El Castrejón, Cauca y el yacimiento vacceo de Sieteiglesias ―¿Nivaria?― lo-calizado en la confluencia del Eresma con el Adaja, un punto de entrada al valle del Duero en su unión con el Pisuerga. La distancia media entre núcleos de población es de 25 km, un trayecto más que asumible en una jornada a pie. Otra posibilidad y, siguiendo el curso del río Pirón por su margen derecha, es la exis-tencia de una vía que conectara directamente los en-claves de La Sota y El Castrejón con la feraz comarca del Carracillo, lugar donde se ubica el oppidum vacceo de El Fresnal.• Eje interfluvial Cauca-Pintia: partiendo de Cauca hacia Cuéllar, el camino vadearía el Pirón para conti-nuar por una llanura salpicada por navas, lagunas y bodones. La ruta atraviesa las inmediaciones del yaci-miento de El Fresnal, en tierras del Carracillo. Desde Cuéllar – y dejando a 8 km al oeste el enclave de Pico Torre- continúa por la planicie de Campaspero hasta llegar a Pintia. Las distancias entre núcleos se acortan a 14 km, excepto el tramo que conduce de Cuéllar a Pintia que alcanza los 27 km. Con todo, la media frisa los 18 km.
60 • Eje Duratón: su trazado cruza por el cerro de So-mosierra y Los Sampedros ―de donde podría partir una vía hacia Cuéllar― en dirección al puesto avan-zado de Landecastro que precede a la ciudad vaccea de Pintia. En este caso las distancias medias giran en torno a 18 km. En el interfluvio con el Riaza se locali-za el asentamiento de los Quemados, en Carabias, un posible nexo a medio camino entre los Sampedros, Sepúlveda y Ayllón.• Eje Riaza: el trazado natural del río conecta Ay-llón con el valle del Duero atravesando los enclaves menores de Las Torres y Peña Arpada, en Montejo de la Vega, en su camino hacia Rauda. Las distancias me-dias aumentan ligeramente respecto al eje Eresma, alcanzado los 27 km de media.• Eje Guadarrama: es una ruta que recorrería el piedemonte de la sierra de Guadarrama, quizás so-lapada o en paralelo con el tramo que dibuja de la Cañada Real Soriana Occidental y que vendría a co-municar los núcleos de Segovia y Ayllón. Desde este eje principal podrían partir vías secundarias coinci-dentes con antiguos cordeles de merinas y vías flu-viales menores, por ejemplo: la Vereda de la Veguilla en dirección a La Sota y El Castrejón o el río Caslilla en su curso hacia el oppida de Somosierra. La distan-cia media a pie de la serranía aumenta considera-blemente hasta los 38 km. Pero la comunicación por vías secundarias desde el eje principal oscila entre los 8 y los 18 km.• Eje Duero: mención aparte merece este eje fluvial que atraviesa las provincias de Soria y Burgos comunicando Uxama y Rauda con los oppida de San Esteban de Gormaz, Langa de Duero y La Vid. La dis-tancia media interurbana es de 17 km.A partir de estos ejes podemos inferir posibles vías de contacto e intercambio entre ambos pueblos. Mayor complicación implica definir la etnia que habi-tó en algunos enclaves fronterizos como Cerro Torme-jón, La Sota o El Castrejón. Para algunos autores estos asentamientos son ocupados durante el protoceltibé-rico, conclusión a la que llegan a partir de ciertas cerá-micas a mano (López Ambite, 2023a: 116). Sobre esta cuestión, los recipientes a mano presentes en Ayllón (Zamora, 1993), Sepúlveda (Blanco García, 1998: 142, fig. 2) o Torreiglesias (Gallego, 2002: 177, fig. 91) son muy similares en cuanto a formas, decoraciones y ele-mentos de prensión a los documentados en La Mota, Simancas, Cuéllar o Coca (Seco y Treceño, 1993; Quin-tana, 1993; Barrio, 1993; Blanco García, 2023). Esto es así porque con toda probabilidad cumplieron con propósitos cotidianos muy semejantes en ambos ám-bitos, por lo que la adscripción a un grupo cultural u otro precisa de otro tipo de evidencias complemen-tarias a la mera observación de un limitado conjunto de piezas. Máxime cuando el asunto tiende a compli-carse en el momento en que aparecen piezas a mano decoradas a peine, cuya raigambre soteña y posterior continuidad en la cultura vaccea parece bastante evi-dente (Seco y Treceño, 1993; Sanz, 1997 y 1999; Blan-co García, 2003). Es innegable que la frontera interétnica fue per-meable a las redes de intercambio comercial a tenor de ciertas producciones cerámicas vacceas, entre las cuales destacan las grises imitadoras de vasos argén- Fig. 7. Fronteras interétnicas y posibles ejes de comunicación descritos en el texto.
61 En la frontera interétnica: el oppidum vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia) teos. Su elevada presencia en Cauca y Pintia permite sospechar que fueron dos importantes centros pro-ductores desde los que se redistribuyó a enclaves vetones, carpetanos y también celtibéricos, como se atestigua en la muralla de Segovia (Blanco García, 2010: 281; Labrador y Martín García, 2015: 42). Por otro lado, el estudio de los ornamentos en ciertas piezas urdidas parece evidenciar una prefe-rencia ―o una moda si se prefiere― a la hora de re-plicar unos motivos por encima de otros. Así, en el conjunto cerámico padillense de Las Ruedas predo-minan piezas decoradas con peine impreso creando líneas paralelas, verticales u oblicuas, amén de otros motivos incisos en zigzag, bandas onduladas y retícu-las (Sanz, 1999: 254 y 268). Estas decoraciones sobre formas preferentemente cuenquiformes aparecen ló-gicamente en Cauca y Cerro Tormejón (Martín Vela, 2021: 86), pero también en Sepúlveda (Blanco García, 1998: 142, fig. 2), en Segovia (Martín Vela y Marcos, 2010-2011: 52, lam. 2, 6) y recientemente en la ne-crópolis de Los Algarrobales (López Ambite, 2023b: 189, catálogo 47). Este cementerio asociado al pobla-do arévaco de Los Sampedros resulta paradigmático en cuanto a las colecciones documentadas. Atendien-do a los ajuares de las tumbas 3, 10 y 13 (Martínez, 2023b: 86, catálogo 24 y 90, catálogo 31; López Am-bite, 2023b: 192), vemos que comparecen elementos cerámicos típicos del área vaccea y panoplias guerre-ras idénticas a las estudiadas en la necrópolis de Las Ruedas, en Pintia. De momento, la excepción dentro del conjunto de Los Algarrobales está representada por una magnífica espada tipo Atance (Martínez y López Ambite, 2023b: 224), de reconocido arraigo en el área celtibérica.Con estas evidencias podría considerarse que los habitantes de Los Sampedros ¿eran arévacos o vac-ceos?, ¿se trata de otra ciudad fronteriza de dudosa filiación? La linde entre ambos pueblos parece que, hasta la fecha, nunca ha sido tan difusa.Sobre los denominados vacíos vacceos (Sacris-tán, 1989 y 2010), que en el noroeste de la provin-cia se identifican con los arenales del mar de pinares ―actuando teóricamente como límite con el pueblo arévaco (López Ambite, 2019: 480)―, en realidad no dejarían de ser áreas de explotación y de captación de recursos compartidos por varios oppida. Conviene señalar que esta extensa masa forestal ha quedado casi siempre excluida de la revisión de los inventarios arqueológicos con la excusa de la nula visibilidad de sus suelos. Pero los trabajos sobre el terreno están demostrando la presencia de estaciones desde me-diados de la Edad del Bronce e inicios de la Primera Edad del Hierro. Por un lado, contamos con los yaci-mientos de La Curva y de La Peguera del Medio, en Navas de Oro, ambos adscritos a la prehistoria recien-te y sepultados bajo varios metros de duna y de co-ladas de barro procedentes del hombro del valle del Eresma (Martín Vela, 2023a). Otros se emplazan en puntos elevados, caso del castro de La Peña del Moro, un asentamiento ocupado durante la Edad del Bron-ce y los primeros compases del Hierro I (Martín Vela, 2023-2024). Estaciones del primer Hierro dispuestas en el aparentemente invisible manto pinariego las encontramos en el Rincón de La Vega -en pleno MUP 105 de Navas de Oro- o en Los Pantanos ―junto al Pirón y a su paso por el municipio de Samboal (Mar-tín Vela, 2016: 138, tabla I)―. Igualmente ocurre en Cantalejo, en una zona actualmente ocupada por el pinar y salpicada de lagunas se localiza el yacimiento La Laguna China 7 . Por su parte, la ficha de inventario arqueológico referida a la Cueva de la Mora, en Zar-zuela del Pinar, describe la existencia de «fragmentos de cerámica a mano y uno a torno posiblemente de tipo celtibérico» 8 . Incluso de cronología visigoda con-tamos con los yacimientos de El Bodón (Martín Vela, 2012), Las Suertes y El Chaparral (Martín Vela, Fer-nández y León, 2020), los tres en pleno monte y cuya catalogación fue posible al revisar los cortafuegos forestales que seccionan niveles arqueológicos. En consecuencia, no debería de sorprendernos la apari-ción de nuevos asentamientos de la Edad del Hierro en estas tierras supuestamente estériles de eviden-cias arqueológicas. Habrá que prestar atención a las actuales áreas de pinar donde se observan huellas de viejos bodones y antiguas lagunillas. También a cier-tos meandros localizados en el tramo entre Armuña y Coca camuflados bajo densas matas de Pinus pinas-ter, sin olvidarnos de otros sectores enclavados en los interfluvios Cega-Pirón y Cega-Cerquilla.2.3. Arquitectura rupestre vs arquitectura de barroUno de los argumentos esgrimidos a la hora de diferenciar a vacceos de arévacos es la tesis que pro-pone distintos tipos de arquitectura en función de la identidad étnica. En una síntesis del modelo arquitec-tónico desde el protoceltibérico en comparación con el mundo de El Soto de Medinilla, se concluye que en el ámbito soteño y vacceo se prefiere el uso del barro por encima de la piedra, mientras que el área celtibérica es más propensa a la arquitectura rupes-tre (López Ambite, 2019: 387-388). De nuevo, nuestra disidencia a este respecto se fundamenta en que la geología del territorio, y menos en zonas de frontera, no define las preferencias de un pueblo u otro a la hora de elegir donde asentarse, por lo que el entalla-do de estructuras en el lecho rocoso es, en realidad, un tipo de solución que se adecua a la naturaleza del terreno. Referida a la construcción de las viviendas, identifica una fórmula que arraiga en los fondos de cabaña rehundidos, que en estas tierras se remon-tan, al menos, a la Edad del Bronce (Municio, 2019: 320), continuando durante la fase formativa del Hie-rro I (Martín Vela, 2023-2024). En otras ocasiones, esta forma de proceder se ha vinculado a nivelacio-nes, consolidaciones del terreno que se rastrean en el corazón del territorio vacceo (Blanco García, 2013:
62 48), con ejemplos tan notables como el detectado en la zona de La Aguilera, en Montealegre de Campos. Allí, previo a la construcción de las casas, los alarifes vacceos procedieron con una regularización de una amplia superficie rectangular mediante el rebaje de 10 cm sobre el sustrato calizo del páramo (Heredero García, 1993: 295) 9 .La arquitectura doméstica documentada en Ce-rro Tormejón está representada por el uso de muros de adobe asentados en cajas de pizarra 10 (fig. 8) y reforzados con postes de madera embebidos en la estructura (Martín Vela, 2021). Hasta el momento, la única vivienda explorada debió de contar con de-pendencias delimitadas por tabiques elaborados, quizás, mediante la técnica del bahareque o zarzo 11 , reconocible a partir de hoyos de poste de reducido tamaño que parecen parcelar pequeñas estancias. El tamaño de esta vivienda la hemos estimado en 47 m 2 , aunque es muy posible que duplicara esta exten-sión ya que el lienzo occidental separa otra estancia de la que únicamente se ha podido documentar los restos de un pavimento de barro muy alterado por estructuras y trincheras de época visigoda (Martín Vela, Gozalo y Fernández, 2021).Este sistema constructivo es imitado y replicado en la configuración de las zanjas de cimentación y agujeros de poste observados en las casas rupestres dispuestas en la vertiente oriental del peñasco. Su entallado en el sustrato natural responde a una nece-sidad de acondicionamiento de un espacio que baja en rampa hacia el arroyo Tormejón 12 . Por el momen-to se ha documentado la traza segura de, al menos, una pareja de viviendas excavadas en el lecho calizo y otras dos entalladuras de dudosa interpretación. Con-viene señalar que en esta ubicación son visibles las huellas inequívocas de frentes de cantera -cuya fecha post quem no nos es posible determinar- que inciden en algunas de las estructuras rupestres que aquí pre-sentamos (fig. 9).La vivienda 1 alcanza los 80 m 2 , contando con la particularidad de estar estructurada en dos estancias dispuestas de forma abancalada. La estancia A con-serva en su flanco occidental el trazado de una zanja de cimentación auxiliada por una especie de pequeño canal que se asemeja a un aliviadero para evacuar el exceso de humedades en dirección al cortado (figs. 8 y 9). Algo más diluida por la erosión se observa otra zanja que baja por el lado oriental. La base de este primer ambiente muestra una cuidada adecuación que logra nivelar el espacio habitacional. La estan-cia B está separada de la anterior por un escalón en cuyo borde se tallaron cinco agujeros de poste que vendrían a identificar la impronta del armazón ligna-rio del medianil. El brazo O de la habitación cuenta nuevamente con otra zanja de cimentación cuyo tra-zado está precedido por dos hoyos de poste. En el lado opuesto se distinguen otras dos perforaciones de planta circular que delimitan el cierre E de la habi-tación. En ambas estancias se aprecian más entalles con forma de cubeta o pileta (fig. 10: 2) que pudieron funcionar a modo de asiento para todo tipo de ense-res domésticos, como orzas de almacenaje o peque-ñas tinajillas, formas ya documentadas en contextos de habitación de Cerro Tormejón (Martín Vela, Gozalo y Fernández, 2021: 38, fig. 10).A escasos dos metros de distancia de la anterior encontramos la huella de la vivienda 2, de la que únicamente se vislumbran unos 20 m 2 de planta rec-tangular dado que el resto se encuentra oculto por la vegetación. En su flanco occidental se distinguen los restos de una zanja tallada escalonadamente; la duda estriba en si estamos ante una nueva fosa de cimen-tación o quizás se trate de los restos de tres pequeños peldaños cincelados en la roca (figs. 9 y 10: 3).El paso del tiempo ha borrado cualquier atisbo de los adobes que debieron de encajarse en las zanjas de ambas viviendas. No obstante, la anchura de estas cimentaciones es coincidente con las dimensiones de los módulos de adobe documentados en los contex-tos domésticos del yacimiento y que oscilan entre los Fig. 8. Sistemas de cimentación detectados en Cerro Tormejón: 1. Zanja de cimentación tallada en la roca y pequeño canal de des-agüe (parte superior de la zanja); 2. Muro de adobe inserto en un cajeado de lajas de pizarra; 3. Detalle del encofrado de lajas (fo-tografías 2 y 3 cortesía de Francisco Gozalo Viejo, director de la campaña de excavaciones en Cerro Tormejón en 1977).
63 En la frontera interétnica: el oppidum vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia) 20 cm de ancho, por 38-40 cm de largo y 12-15 cm de grosor. Las otras dos estructuras a las que hacíamos men-ción anteriormente rinden características semejantes a las viviendas 1 y 2 en cuanto al carácter rupestre y a la planta rectangular que insinúan. La diferencia prin-cipal radica en la ausencia de zanjas de cimentación como las descritas ―probablemente destruidas por el frente de cantera que afecta especialmente a la es-tructura 2―, si bien la estructura 1 conserva dos pe-queños hoyos de poste en su reborde norte (fig. 9). En cualquier caso, poco más podemos añadir en cuanto a su función, pudiendo únicamente certificar su fac-tura antrópica.Los siglos de erosión que han afectado severa-mente al peñasco imposibilitan la identificación de restos de aportes de tierras que pudieron conformar pavimentos o nivelaciones al interior de las viviendas. Esta ausencia de sedimento arqueológico supone, además, un reto a la hora de concretar una cronolo-gía. Para ello hemos de recurrir a un limitado, pero característico conjunto de fragmentos cerámicos de pastas anaranjadas, ornados con motivos pintados de semicírculos concéntricos y bandas horizontales en tonos rojizos y negros. Contrasta con una nula presencia de barros torneados de pastas grises y coc-ciones reductoras cuyas superficies suelen presentar las típicas estampillas que identifican la fase de ocu-pación de Cerro Tormejón en época visigoda (Gozalo, Gonzalo y Blanco, 2013). Estas referencias cerámicas únicamente se encuentran en el sector central y occi-dental del yacimiento, en un espacio muy concreto y definido de unas 4,5 ha donde se han excavado restos de viviendas de este periodo (Martín Vela, Gozalo y Fernandez, 2021).Todo este análisis nos conduce a replantear la ne-cesidad de redefinir ciertos paradigmas, como es la atribución de un yacimiento a una etnia específica ba-sándose en una serie de estereotipos ―en este caso, la arquitectura rupestre asociada de manera exclu-siva al mundo celtíbero―, que tienden a encorsetar las características de un grupo cultural. Esto conlle-varía la imposición de una norma inmutable, según la cual vacceo = arquitectura en adobe y madera vs. celtíbero = arquitectura en adobe, madera y rupestre, ignorando los datos derivados del registro arqueoló-gico. A la luz de lo expuesto, sostenemos que, en el contexto de Cerro Tormejón, el carácter rupestre de estas viviendas no debe interpretarse como un rasgo identitario de una etnia específica, sino más bien una respuesta funcional a las necesidades constructivas del entorno. Esta interpretación sugiere que las de-cisiones arquitectónicas están condicionadas más por factores prácticos y materiales que por una búsqueda de identificación étnica.De entre los objetos recuperados en Cerro Tor-mejón se cita un martillo de cuarcita que pudo ha-ber servido para el entalle de estas estructuras sobre el peñasco calizo. Esta afirmación (López Ambite, 2019: 474), recogida a partir del trabajo de Gallego Revilla (2002: 272) ―en el que no hemos encontra-do ninguna referencia a la pieza en cuestión―, quizás se esté refiriendo al fragmento de hacha de cuarci-ta recogida en superficie en 1977 y descrita por F. Gozalo en su tesis de licenciatura (1981: 209, lam. LXIX, fig. 1). Se trata de un ejemplar que encuentra un mejor acomodo cronológico con algunos frag-mentos cerámicos de perfil globular y piezas líticas de factura y cronología de los inicios del Calcolítico (Gozalo, 1981: 211, lam. LXXIII, fig. 1.) que se infiltran en niveles arqueológicos vacceos y tardoantigüos 13 . De aceptar su dudosa adscripción a la Segunda Edad Fig. 9. Planimetría del sector de Cerro Tormejón con viviendas y estructuras rupestres.
64 del Hierro creemos que difícilmente podría abordar-se la excavación de una de las viviendas rupestres del Tormejón -cuyo rebaje en el terreno alcanza una pro-fundidad de 50 cm- con esta pequeña herramienta de piedra, máxime cuando la generalización del uso del hierro permitiría elaborar útiles más adecuados para tal fin.También se han descrito signos de celtiberismo a partir de la configuración kárstica del asentamiento (López Ambite, Cabañero y Martínez, 2023: 181) y de la existencia de aljibes y silos semirrupestres (Galle-go, 2002: 189), de los cuales no tenemos constancia alguna en el yacimiento. Probablemente se esté alu-diendo a las plantas de las citadas viviendas rupestres, con someras zanjas de cimentación y pequeños hoyos de poste (Martín Vela, 2021), o a una “posible” subes-tructura de planta circular situada junto al flanco meri-dional y que actualmente está sellada por un potente nivel de piedras. En cualquier caso, en el manto rocoso de Numancia se cavaron aljibes, despensas y bodegas (Jimeno, 2000: 189; Jimeno et al., 2012). En el Castillo de Ayllón se constata la presencia de silos y aljibes de la Segunda Edad del Hierro entallados bajo el ábside de la iglesia de San Martín ―y también construcciones con muros de adobe (Zamora, 1993: 485)― así como fo-sos defensivos en Segovia (Santiago y Martínez, 2010; Martín Vela y Marcos, 2010-2011). Las mismas solu-ciones defensivas y de almacenaje las encontramos en Pintia (Sanz et al., 2010; Sanz, Romero y Górriz, 2009), en La Casa del Sótano de Rauda (Abarquero y Palomi-no, 2012), en Cauca (Blanco García, 2023: 41) o en Cué-llar (Barrio, 1993) con la salvedad de que su excavación se hizo sobre un sustrato arcilloso. En definitiva, una adaptación al medio.2.4. Cerro Tormejón: ¿galgo o podenco?En el ámbito anglosajón, la expresión no man’s land se refiere a una porción de territorio que carece de pertenencia definida. En un sentido metafórico, podríamos referirnos a una región ambigua en cuan-to a su situación o jurisdicción. Sugiere la ausencia de límites precisos y la incertidumbre con respecto a las circunstancias o normativas que rigen dicho espacio. En esta zona nebulosa se localiza Cerro Tormejón, al que la bibliografía le ha venido atribuyendo una etni-cidad u otra en función de por dónde se haga transi-tar la linde entre arévacos y vacceos.Referencias tempranas sobre el yacimiento como enclave vacceo las encontramos en la tesis de licen-ciatura de F. Gozalo, quien señala que el «momento cultural vacceo representa una etapa muy importante en el Cerro del Tormejón» (1981: 219). Incluso en su estudio de los barros torneados con decoración pin-tada describe el material cerámico propio de esta cul-tura (ibid., 1981). Casi tres décadas después, el Tor-mejón es citado en un trabajo que relata la dificultad de establecer su grado de dependencia político-ad-ministrativa respecto a la arévaca Segovia o la Cauca vaccea (Blanco García, 2006: 51). En la controversia sobre la existencia y cronología de sus murallas, se planteó que el potente alinea-miento de piedras detectado en el flanco oriental pudiera tratarse de la muralla vaccea reaprovechada posteriormente en una fase tardoantigua (Gozalo, Gonzalo y Blanco García 2013: 175). Martínez Caballero situará al Tormejón en la ór-bita vaccea junto con las ciudades de Cuéllar y Cau-ca (2010: 44), señalando su pervivencia en el siglo I a. C. como núcleo poblacional de carácter rural pero sometido al control de la emergente Segovia (Martí-nez, 2010: 65-66). Su supuesta ―y no demostrada― ocupación durante el Celtibérico Antiguo (Martínez y López Ambite, 2023a: 66 y 68) sumada a su posición fronteriza y a la presencia de estructuras rupestres determinará su traspaso al campo celtibérico (Martí-nez, López Ambite y Gallego, 2014: 95). Por su parte, las dimensiones propuestas por algu-nos autores para el hábitat de Cerro Tormejón durante la Segunda Edad del Hierro rondan las 3 ha. Según este criterio, quedaría englobado en el grupo de pequeños poblados dependientes de la ciudad celtibérica de Se-govia (López Ambite, Cabañero y Martínez, 2023: 178). Pero en realidad el tamaño del asentamiento cuenta con un mínimo de 6 ha 14 (Martín Vela, 2021: 81; Sanz et al., 2023: 218), lo que permitiría incluirlo sin problemas Fig. 10. Viviendas rupestres de Cerro Tormejón: 1. Vista general desde el sur; 2. Vivienda 1 con ambas estancias y localización de los hoyos de poste y cubetas; 3. Restos de la vivienda 2 y situación de la zanja de cimentación escalonada.
65 En la frontera interétnica: el oppidum vacceo de Cerro Tormejón (Armuña, Segovia) dentro de la esfera vaccea, al igual que otros enclaves no muy alejados de la frontera, caso de Pico Torre, en Vallelado, también con 6 ha de extensión.A pesar de su morfología pétrea y, por ello, pre-tendidamente celtibérica, Cerro Tormejón es el úni-co hito destacado entre Cauca y Segovia en el que se observan los estándares del poblamiento de la zona nuclear vaccea: tamaño superior a 5 ha, ocupación junto a una arteria fluvial, ausencia de intervisibili-dad con otros oppida y proximidad a terrenos con un elevado potencial agrícola. Otra elección podría ha-ber sido el Cerro del Castillo, en Bernardos, con una superficie que no llega a las 5 ha y cuya ocupación ex novo se produce en la tardoantigüedad (Gonzalo, 2006). Su descarte durante la Edad del Hierro posi-blemente obedeció a una edafología de peor calidad, en comparación con los terrenos de campiña y vega que rodean al Tormejón asentados en las denomina-das llanuras miocénicas (Barrio, 2010: 20), cuyos fera-ces suelos son más adecuados para la práctica de una agricultura cerealística de carácter extensivo.La posición de Cerro Tormejón en el eje del Eresma le otorga amplias cotas de control visual de la campi-ña cerealística y de una extensa franja de territorio de 24 km de ancho con respecto a la Segovia celtibérica, cuyos elevados contornos son visibles en la distancia. Igualmente ocurre con los altozanos que rodean a los oppida de El Castrejón y La Sota, ambos en el eje flu-vial del río Pirón (fig. 11). Por el contrario, la cuenca visual en dirección a Cauca queda ceñida a las crestas del Macizo de Santa María con el Cerro de San Isidro, la Cuesta del Padrastro y el Cerro del Castillo como hitos destacados en el paisaje (fig. 11). Esta ausen-cia de conexión sensorial es una cualidad distintiva del patrón de ordenamiento nuclear vacceo. Denota, asimismo, una notable indiferencia de lo que pudiera acontecer a sus espaldas, sugiriendo una actitud des-preocupada ante una eventual amenaza o confronta-ción frente a los caucenses. En cambio, sí se observa una mayor atención y vigilancia en dirección S, hacia la frontera compartida con el oppidum de Segovia. A su vez, entre Cauca y Cerro Tormejón quedaría un re-curso forestal de gran relevancia bajo su control, ca-racterizado por el frondoso mar de pinares, cuya pre-sencia en tierras del Eresma está documentada desde la Primera Edad del Hierro (Martín Vela, Pérez Díaz y López Sáez, 2019) y con evidencias de su explotación desde la Edad del Bronce (Martín Vela y Tarifa, 2024).Algunos de los rasgos identitarios del pueblo vacceo se encuentran en la materialidad y singularidad de al-gunos enseres documentados en Cerro Tormejón. Jun-to con las producciones a mano heredadas del mundo soteño, contamos con ejemplares de los denominados “objetos singulares” (Martín Vela, 2021; Sanz et al.,