Vaccea Anuario, 16 (2023)ISSN: edición impresa: 2659-7179; edición en línea: 2659-7187 ht tps://pintiavaccea.es/seccion/vaccea-anuario Vaccea Editorial, CEVFWUniversidad de Valladolid Recibido: 4 de septiembre de 2023 / Aceptado: 28 de septiembre de 2023 * Museo de Palencia (España), carmelo.fernandez@jcyl.es, ORCID: 0000-0003-4781-1647** Museo Arqueolóxico de Ourense (España), xulio.rodriguez.gonzalez@xunta.es Cómo citar: Fernández Ibáñez, C. y Rodríguez González, X. (2023): “Un puñal de tipo Monte Bernorio en el conjunto ar-queológico-natural de Santomé (Orense). Armas y otras reliquias en contexto privado en el cuadrante noroccidental de la penín-sula ibérica”. Vaccea Anuario, 16, pp. 71-89. Resumen: El estudio se motiva a partir del hallazgo en las excavaciones en el conjunto arqueológico-natural de Santomé (Orense) de una daga con su funda decorada con nielados del tipo denominado Monte Bernorio, apa-recida en contexto galaico-romano bien fechado en la primera mitad del s. I d. C. Se trata de un arma del siglo III a. C. fabricada en la cercana meseta Norte. A partir de la consideración del tal arma como una reliquia (keimélia) y para comenzar a dar sentido a este exclusivo hallazgo, se han recopilado los diversos objetos (dagas de distinta tipología, hachas de anillas…) aparecidos en el NW de la península ibérica y considerados como tales reliquias en la Antigüedad. Todas son ocultaciones privadas que se realizaron en época romana, y la inmensa mayoría en el período Altoimperial. Así mismo se han descrito las particularidades culturales, antropológicas, sociales y religio-sas que caracterizaron su conservación y veneración. Como hipótesis más posible para dar sentido a la daga en estudio y entre otras posibilidades, se razona que hubiese sido un trofeo de guerra. Palabras clave: astures, Alto Imperio, dagas, galaicos, keimélia, keimélion, Segunda Edad del Hierro, vacceos. Abstract: The study was motivated by the discovery in excavations at the archaeological-natural site of Santomé (Orense) of a dagger with its sheath decorated with damascene of the type known as Monte Bernorio, found in a Galician-Roman context, well dated to the first half of the 1st century AD. It is a weapon from the 3rd century B.C. manufactured in the nearby northern plateau. Based on the consideration of this weapon as a relic (keimé-lia) and in order to begin to make sense of this exclusive find, we have compiled the various objects (daggers of different types, ring axes...) found in the NW of the Iberian Peninsula and considered to be relics in antiquity. All of them are private relics from the Roman period, and the vast majority from the High Imperial period. The cul-tural, anthropological, social and religious particularities that characterised its conservation and veneration have also been described. As the most plausible hypothesis to make sense of the dagger under study and among other possibilities, it is reasoned that it could have been a war trophy. Keywords: Asturian, daggers, Gaulish, Early Roman Empire, keimélia, keimélion, Late Iron Age, Vacceans. Carmelo Fernández Ibáñez* y Xulio Rodríguez González**
72 Introducción El estudio y tratamiento analítico de un determinado objeto de manera monográfica no suele contar con demasiada buena prensa, tal vez porque en ellos tan sólo se ha podido ver un exotismo unido a la lejanía geográfica de su origen y poco más. No obstante, re-sulta obligado reconocer que existen emblemáticos ejemplos que no solamente se encuentran cargados de toda clase información inherente a ellos mismos y sus contextos, sino que pueden llegar a ser la llave en el esclarecimiento o puesta en valor/evidencia de otro tipo de velados conocimientos con mayor ran-go geográfico y cultural. Con respecto a la daga del yacimiento de Santomé nos encontramos en un caso de estas características. Este arma es un compendio de información en sí misma, ya que a la rareza de su lugar de hallazgo se une lo que pudo haber sig-nificado en la Antigüedad para la comunidad a la que perteneció en los últimos siglos a. C. Y unido a ello, la motivación de cómo y por qué pudo haber llegado hasta el noroeste desde la meseta occiden-tal a medio millar de kilómetros. Pero aún más, y es la evidencia misma a partir de la consideración de que se trataba ya entonces de una antigua reli-quia. Las características que como objeto de culto han podido ser obtenidas tras el análisis del arma y su contexto, las hemos podido llegar a observar en otros yacimientos y hallazgos del entorno regional e incluso temporal. La costumbre de ocultar obje-tos de la Antigüedad en un ámbito familiar y privado que encerraban una historia generacional, fue un comportamiento muy recurrente entre las poblacio-nes del NW, y seguramente en un radio geográfico bastante más amplio. Pero las creencias que aquí mostramos ya ancestrales para la Segunda Edad del Hierro, se fueron viendo diluidas en torno al cambio de era ante una nueva y arrolladora realidad cultural romana que llevaba decenios imponiéndose hasta lograr arrasar con ya vetustas costumbres. No obs-tante parece que no lo hubo logrado en su totalidad. A nivel histórico lo que mostramos hoy aquí resulta el nuevo testimonio de una sociedad en claro pro-ceso de cambio, a nivel de la pesquisa arqueológica, la muestra de un comportamiento del cual poco se sabe de su detección e interpretación. La reliquia y su entorno El asentamiento de SantoméLos restos de la antigua población de donde pro-viene el arma motivo de nuestro estudio constituyen un conjunto arqueológico-natural 1 que se encuentra cercano a la capital de la provincia (fig. 1), concreta-mente a escasos tres kilómetros. A nivel geográfico se eleva en el borde NE de la de depresión conocida como “Hoya ourensana”, formada por el valle del río Miño y sus dos pequeños afluentes por la margen iz-quierda Loña y Barbaña. El pueblo actual (parroquia de San Bernardo de Tibiás) y con el mismo nombre se ubica a 200 m al SE del yacimiento.El origen del antiguo asentamiento es un peque-ño montículo, ligeramente amesetado en su cima, y con una fuerte inclinación hacia el S-SW. Los costa-dos E y S son ac antilados inexpugnables que actua-ban como defensas naturales, habiendo sido confor-mados por un meandro del río Loña en su erosión y que discurre a sus pies por estos flancos. Por el lado contrario del altozano y en su base se despliega una productiva y amplia vaguada agraria que se extiende hasta la actual población (fig. 3).Las excavaciones de este lugar discurrieron a lo largo de diez campañas, entre los años 1983 y 2003, dirigidas por uno de los firmantes (X. Rodríguez Gon-zález). Tras el estudio de sus hallazgos han podido ser establecidos básicamente tres momentos constructi-vos sustanciales en la ocupación de este lugar 2 . La primera fase, que se corresponde con la fun-dacional, se inició en torno al cambio de la era, en época augustea (sector “castro” de la excavación) (figs. 2 y 3). Queda establecida la población cerca de la cima (croa) en las laderas E, S y W, siendo peri-metrada el área por una muralla de protección que incluye un torreón defensivo junto a la puerta de ac-ceso. Al exterior fue reforzado este acceso median-te un corto foso únicamente excavado en el flanco N-NW, debido a que esta es la zona más accesible al recinto (figs. 2 y 6). Compone esta fase a nivel cons-tructivo arquitecturas alineadas con planta de forma oval y esquinas redondeadas, habiendo sido edifica-das en terrazas debido a la abrupta topografía del terreno. En definitiva, se relaciona este poblado con un pequeño núcleo de tipo castreño temporalmente ya avanzado, y cuyo inicio podríamos situarlo a fina-les del siglo I a. C.En un momento de finales del primer cuarto del siglo I d. C., tal vez coincidiendo con la autoridad del emperador Claudio (41-54 d. C.), es cuando comien-za a remozarse y ampliarse por primera vez el ya en- Fig. 1. Emplazamiento geográfico del conjunto arqueológico-natu-ral de Santomé.
73 Un puñal de tipo Monte Bernorio en el conjunto arqueológico-natural de Santomé (Orense) tonces viejo poblado, con al menos dos significativas remodelaciones más en este interior, y que coinciden temporalmente con los momentos romano-imperiales flavio y antonino. Nos encontramos por lo tanto en la segunda fase de la vida del castro que culmina a me-diados del siglo II d. C. Dentro del recinto, con estas reformas se amplían las antiguas líneas de construccio-nes con nuevas unidades de habitación adosadas a las anteriores, creando un esbozo de calle entre ellas que irá remarcándose a base de alzamientos y rehechuras arquitectónicas sucesivas en el tiempo, con una clara tendencia al desarrollo ortogonal del espacio disponi-ble (fig. 4). Comienza así mismo a habitarse extramu-ros del castro en su área más inmediata, edificándose construcciones al NW muy cerca del lienzo de la mura-lla ―posiblemente talleres― (sector I de la excavación) (figs. 2 y 4), para lo cual se hizo necesario terraplenar el espacio, rellenándose por completo el foso con es-combros. También se construyen los primeros edificios en la vaguada contigua. Es destacado en estas nuevas edificaciones la aparición de las esquinas en ángulo y divisiones en sus espacios internos.Trascurrido un lapso temporal de un siglo durante el cual este lugar permaneció abandonado, a media-dos del siglo III d. C. se vuelve a habitar en la vaguada, al exterior del castro hacia el NNE y sobre las cons-trucciones preexistentes (sector II de la excavación) (figs. 2 y 3). Esta tercera y última fase concluirá a principios del siglo V d. C. A lo largo de este aproxi-madamente siglo y medio de actividad y coincidiendo con la ruralización social en extremo que caracterizan a estos siglos tardíos, se alza y desarrolla un edificio como vivienda (domus) además de para otras diver-sas actividades agropecuarias, del cual se han exca-vado un par de construcciones porticadas con patio central y doble planta, juntamente con otras de ca-rácter auxiliar. Análisis descrip tivo del armaEl arma estudiada es un tipo de daga en principio denominada por los yacimientos en cuyas necrópo-lis de la meseta Norte fue descubierta por primera vez: Monte Bernorio (Palencia)-Miraveche (Burgos). Si bien y definitivamente quedó establecido ya en 1920 por J. Cabré bajo el epónimo exclusivamente del primero de los topónimos, arqueólogo que más ade-lante sistematizaría conjuntamente las características del modelo (Cabré, 1931). Creada en el último cuarto del siglo V a. C. en el centro de la cuenca del Duero por la población vaccea, con varias fases evolutivas de cambios a través de los siglos, se expandió hacia el territorio de los berones al NE (cabecera del Ebro y Fig. 2. Planimetría de la totalidad de las estructuras excavadas en Santomé. En color rojo se resaltan las construcciones y demás antiguas estructuras relacionadas con el castro.
74 su entorno geográfico) y hacia el S de la misma mese-ta septentrional (vetones) (De Pablo, 2022a: 49-266; Sanz, 1990; 1997: 427-453; 2002: 94-100; 2016: 206); los últimos ejemplares llegaron hasta el final del siglo III a. C., aunque se conocen algunas muestras que al-canzan el siglo I a. C. Su estado de conservación tras ser exhumado en absoluto era satisfactorio, como resultado de una mi-neralización total producto de los agresivos edafosis-temas galaicos, que se encuentran caracterizados por altos valores de humedad y aireación que caracterizan aquellos rellenos arqueológicos (Martínez y Moares, 1995: 155-163), siendo el hierro la materia que ma-yor alteración padece debido a su alta reactividad. Los productos de corrosión afectaron de manera total las primitivas topografías de este objeto, por lo cual resul-tó inexcusable un adecuado tratamiento de limpieza y estabilización, labor que de manera satisfactoria fue llevada a efecto en el Laboratorio de Conservación y Restauración del Museo Arqueolóxico de Ourense (fig. 7). Para su más preciso análisis y conocimiento fue im-prescindible realizar radiografías (fig. 11).El arma no se encuentra completa en la totali-dad de los componentes de los que en la actualidad sabemos que constaba en origen, tras los 275 ejem-plares conocidos y más de un siglo de investigación, careciendo nuestro objeto de partes fundamenta-les (fig. 7). En esencia consta de una daga carente de buena parte de su empuñadura (espigo, cachas y pomo), introducida de forma prácticamente total (sobresale unos milímetros) en su funda o vaina, y que resulta del todo imposible su extracción de-bido tanto a la inmovilidad como fragilidad gene-radas por los productos de corrosión. Así mismo carece de la totalidad de los elementos que con-formaban el tahalí de sujeción al cinturón (broche, presilla, argolla y cadena). Habiendo sido estudia-do este tipo de arma en profundidad desde finales del siglo XX (Griñó, 1989; Sanz, 1990; 1997; 2002; 2016), ha sido de nuevo tratado en una reciente publicación (De Pablo, 2022a). En estos autores nos basaremos para su descripción, fundamentalmente en el trabajo de R. de Pablo (2022a: 49-266), que de manera tan metódica como analítica desmenuza cada uno de sus componentes. Mencionamos este dato con el fin de no reiterar constantemente las citas haciendo engorroso el texto, y sólo aludien-do a estos tres autores fundamentales en aspectos Fig. 3. Imagen aérea del yacimiento con la indicación de las tres áreas/sectores excavados. Fig. 4. Edificaciones de la barriada altoimperial del castro, erigidas a ambos lados de una calle (mediados del siglo II d. C). Fig. 5. Vista de los sectores I bajoimperial (parte inferior) y II altoim-perial (parte superior). Bajo los edificios de este último se encuen-tra el primitivo foso defensivo del castro. Fig. 6. Dos momentos en la excavación del foso; campaña de 1989. A la izquierda de la imagen se observan las estructuras del sector II (fo-tografía de X. Rodríguez González, Museo Arqueolóxico de Ourense).
75 Un puñal de tipo Monte Bernorio en el conjunto arqueológico-natural de Santomé (Orense) esenciales. Así mismo, las correspondientes dimen-siones, por el mismo motivo, las ofrecemos en la figura 9.El arma Monte Bernorio de Santomé cuyas pu-blicaciones hasta la fecha se han limitado a escuetas noticias (Rodríguez et al., 2019: 72; Rodríguez y Fer-nández, 2021), se encuentra formada en primer lugar por la daga. De esta sólo ha sido posible percibir sus características a través de una rotura en el anverso de la vaina y por la radiografía correspondiente (fig. 9). La hoja tiene una longitud aproximada de 19 cm (ca-rece de ± 1,5 cm en la punta) siendo de hombros rec-tos y su perfil levemente sinuoso (pistiliforme, tipo 7c de De Pablo, fig. 10), con sección que no es posible determinar categóricamente por la alteración; en principio parece lenticular, pero pudo haber sido a cuatro mesas (con arista central) como parecen po-seer la mayoría de los ejemplares de este modelo. Carece de su característico pomo naviforme, el puño (cachas orgánicas), y prácticamente la totalidad del único espigo de sección circular (en origen debería de haber tenido entre 9-12 cm de longitud), cuya unión a la hoja posee un engrosamiento tal vez triangular (tipo 2 de De Pablo, fig. 11).De la empuñadura tan sólo se conserva la guarda (fig. 10A). Muestra planta oval y un perfil naviforme, pero invertido respecto a la característica forma que presentan los pomos. Es corta y ancha con la clásica escotadura trapecial en el centro de la base de anver-so y reverso. Los costados son cóncavos en su perfil, cortos, lo que conforman unas aletas de escaso vuelo, plano-triangulares invertidas vistas de frente. La base presenta un detalle particular no visto en otros pu-ñales, es el reborde así como las convexidades en los extremos de las aletas. Podríamos achacarlo tal vez a una deformación por aplastamiento. Esta fracción de las empuñaduras Monte Bernorio se fabricaban por la unión de dos piezas (a lo largo o a lo ancho) que permanecían unidas mediante dos pasadores inter-nos dispuestos en paralelo, remachados y disimula-dos al exterior. De ellos nada se conserva. Las líneas de unión de las dos fracciones o valvas evidentes en otras armas de este tipo, han sido totalmente desdi-bujadas por la corrosión y mineralización de la ma- Fig. 7. Tres fases en la limpieza del arma y estabilización de su materia (fotografía del Laboratorio de Conservación y Restauración del Museo Arqueolóxico de Ourense).
76 teria férrea. Es por ello que, siendo del tipo III en la clasificación de De Pablo (su fig. 13), no sea posible concretar si es del subtipo A o B, aunque vista en la radiografía la ausencia de cualquier línea de separa-ción frontal, quizás nos hallamos ante un ejemplar del segundo subtipo mencionado.El otro elemento del conjunto es su característica vaina. Con delineación ligeramente pistiliforme, su re-ducido tamaño (20,5 cm) en relación a la generalidad de las fundas conocidas, hace que la nuestra sea has-ta hoy de las más pequeñas. Se encuentra formada en su generalidad por dos valvas perfectamente so-brepuestas (fig. 10C), aunque en el tramo superior se muestra ligeramente superpuesta la dorsal sobre la ventral; no obstante pensamos que sea debido a una deformación por un nuevo efecto de aplastamiento postdeposicional. Conformadas mediante forja, sobre el cuerpo de la valva que corresponde al anverso es perceptible a lo largo y ancho de la misma hasta seis facetas, que se conciernen con parte del tratamiento de fragua para dar forma curva a esta cubierta. La embocadura es recta, sin clavos internos para alinear la hoja de la daga, con escaso desarrollo en ambos extremos, lo que ha dado como resultado unas muy cortas aletas (escotadura axial) con escaso vuelo (tipo 3 en fig. 37 de De Pablo). En el centro de Fig. 8. Daga Monte Bernorio con vaina discoidal de Santomé (Oren-se). Dibujo de Víctor Vázquez Collado.Fig. 9. Dimensiones -en centímetros- de la daga en sus diferentes partes.
77 Un puñal de tipo Monte Bernorio en el conjunto arqueológico-natural de Santomé (Orense) ambas caras sobresale la reducida lengüeta trapecial que, encajando en la escotadura de la guarda ya vis-ta, aseguraba la inmovilidad de la daga. La sección de esta parte superior es un tanto irregular hasta las orejetas, ya que los extremos son planos y no apunta-dos. En esta parte superior y en ambas partes de las aletas se observa también que las valvas se encontra-ban unidas por sendos pasadores circulares (fig. 10B) que no presentan huella alguna al exterior. En des-censo le siguen sendas orejetas simétricas de tipo se-micircular, que perdieron los también característicos remaches de vistosas y modeladas cabezas (de gran tamaño en ejemplares del mismo tipo), que serían el primer punto de sujeción de la daga completa al conjunto del tahalí. Antes de llegar al extremo, hemos de mencionar la perforación existente a la mitad de la valva trasera y en la cual se alojaría una hembrilla en cuya perforación iría insertado un pasador o clavi-ja horizontal, y que formaría el segundo punto en el sistema de sujeción. Finalmente la contera, remate o buterola terminal, es circular, con la particularidad de que en el reverso su centro se encuentra ligeramente sobreelevado. También en el centro de esta cara es evidente un pequeño resalte perforado. Por hallazgos similares completos pero en vainas de contera cuadri-lobulada donde eran comunes, sabemos que sin duda allí irían insertados una serie de pequeños elementos metálicos hoy inexistentes: una argolla, seguida de una cadenita con tres o cuatro eslabones, finalizada en una escarpia cuya forma desconocemos; este sería el tercer punto de sujeción. Y para concluir, sólo a tra-vés de la radiografía se ha podido comprobar que en este extremo, al igual que en el opuesto, sendos pasa-dores dispuestos en paralelo y disimulados al exterior unen ambas valvas.A través de la radiografía se pudo comprobar la existencia de los restos de una exclusiva y fina de-coración nielada con motivos geométricos (figs. 11 y 12) que no es posible apreciar en absoluto al ex-terior, nuevamente por efecto de los productos de corrosión. Los temas representados son de carácter geométrico y se desarrollan tanto en la parte superior como en los costados de la valva del anverso. En la parte superior desde la embocadura y hasta las oreje-tas como lugar más destacado se representó un mo-tivo rectangular de lacería (fig. 12A), n.º 45 curvilíneo en la clasificación de Griñó (1989: I, tabla I) y n.º 81 en De Pablo (2022a: fig. 100); se encuentra enmarcado por una fina línea perimetral. Bajo este se desarrolla-ba otro similar, separados ambos por dos líneas pa-ralelas. Por otras vainas de contera discoidal que nos son conocidas, tales como las de las tumbas 77, 107 y 109 de la necrópolis vaccea de Las Ruedas, pertene-ciente al poblado de Pintia (Valladolid) (Sanz, 2016: fig. 10, 1, 2, 4; Sanz y Rodríguez, 2021: figs., 259-261), también sabemos de la existencia de varias bandas paralelas en relieve que en número de dos a cuatro, lisas o decoradas con círculos o granetti e incluso nie-ladas, tal vez se desarrollarían a continuación, y que en nuestro ejemplar quizás existiesen, pero una rotu-ra nos impide saber de su presencia.A lo largo de los costados se desarrollan líneas de “ZZZ” entrelazadas 3 , motivos rectilíneos n.º 19 de Gri-ñó (1989) y n.º 20 de De Pablo (2022a), enmarcando un largo campo central en principio liso, algo que no suele ser normal en las vainas decoradas de este tipo de puñal, ya que los motivos tienden a ocupar todo el campo disponible (horror vacui) (Sanz, 2002: 98). La estrecha área de separación entre cuerpo central y contera se decora con tres líneas paralelas. Resul-ta más dificultoso determinar la decoración de dicha contera. El motivo curvilíneo característico que deco-ra este espacio circular (fig. 12B) quizás se trate de un ovillo de cuatro óvalos multilineales (haces) entrela-zados, representación n.º 79 tanto en Guiñó como en De Pablo.El conjunto decorativo que acabamos de describir y que reconstruimos en la figura 13, de manera indu-dable satisfaría un contraste visual de lo más llamati-vo en el arma, y junto con la exótica forma de la mis-ma, no sería posible de apreciar en todo su esplendor sin un fondo que la hiciese resaltar. A este respecto se propuso el conocimiento por parte de las antiguas poblaciones prerromanas del valle del Duero de un Fig. 10. A.- Embocadura, guarda y lengüeta-escotadura; B.- Remache en uno de los extremos de la embocadura; C.- Línea de unión entre am-bas valvas de la vaina (fotografía del Laboratorio de Conservación y Restauración del Museo Arqueolóxico de Ourense).
78 proceso siderúrgico que ex professo crease una capa de magnetita de coloración negruzca que actuase de tal contraste (Alonso, Cerdán y Filloy, 1999). Dicho proceso ha podido ser reproducido en laboratorio (García et al., 2010-12).A la vista de todo ello nos hallamos claramente ante un ejemplar de daga con vaina de contera dis-coidal, un modelo que está presente desde la pri-mera etapa o formativa de estos puñales entre fina-les del siglo V a. C. e inicios del siguiente (De Pablo, 2022a: 216-221; Sanz, 1990: 172-176; 1997: 427-431). Muestra como principales características y en la generalidad su estrecha vaina rematada en disco, con desarrollo levemente sinuoso, o con estrangula-miento en su mitad inferior en los ejemplares menos modernos. En los modelos de daga y vaina se pro-ducen en sus distintas partes variaciones formales a lo largo de los aproximadamente dos siglos y medio de existencia. Llegan a determinada simplicidad en las formas y sobretodo en la reducción en los tama-ños de ciertos componentes, perceptibles de forma clara en las fundas (longitud total y de embocadura, Ø del disc o) que se corresponden con los modelos de disco del período final. Vistos tales rasgos distin-tivos que varían a lo largo de la existencia de este arma, las características formales que muestra el ejemplar de Santomé se corresponden bien con las del Tipo IVb de B. de Griñó (1989: I, 42-44) sólo a nivel tipológico no de cronología, con los ejemplares de la fase de expansión de C. Sanz Mínguez (1990: 180-185; 1997: 434-439) y así mismo con los de la Fase Final de R. de Pablo (2022a: 243-251). A nivel cronológico nos hallamos en la segunda mitad del siglo III a. C. A inicios de la siguiente centuria desa-parece como tal el modelo Monte Bernorio.El puñal de Santomé, aparte del contexto preci-so de aparición y que analizaremos en el siguiente apartado, nos aporta otra serie de datos para el co-nocimiento de los últimos modelos en el uso de esta arma: en concreto, para el modelo de vaina discoidal un evidente cambio morfológico, menos conocido en su desarrollo que el de vaina tetradiscoidal. Se ve confirmado en la reducción de su tamaño, mengua de ciertas partes (guarda, embocadura, disco), o la continuidad en su barroca decoración geométrica que por la simplicidad vista en hallazgos con una a tres bandas horizontales y paralelas, básicamente se creía desaparecida. Junto a este de Santomé esta apreciación se ha visto recientemente desmentida por los hallazgos en la necrópolis de Las Ruedas. Nos llama así mismo la atención el uso en el triple punto de anclaje al tahalí, algo inusual, y que curiosamente vemos de nuevo en el ejemplar de la tumba 22 de la necrópolis de Villanueva de Teba (Burgos) así como en las de las tumbas 107 y 109 de la también ne-crópolis de Las Ruedas (Valladolid) (Sanz, 2016: fig. 10, 1, 2, 4; Sanz y Rodríguez, 2021: fig. 258). En es-tas vainas también de remate discoidal se ven estos tres puntos de sujeción (remaches de las orejetas, hembrilla trasera y también tras el disco con cadena terminal en el primer caso). Incluso las dos sujecio-nes superiores del hallazgo burgalés se anclan a una lámina metálica reutilizada que con forma semi-oval ocupa la mitad de la longitud de la vaina (Griñó, 1989: I, 215-217; Ruiz Vélez, 2005: 10, fig. 1-1). No obstante y como reflexión final hemos de tener en cuenta que la rareza de este tipo de sujeción triple tal vez pueda deberse a un refuerzo adicional en tiempo, ya final en el uso de este modelo de arma. Ante una eventual rotura del tercer punto en el re-mate al tratarse de cadenitas compuestas por esla-bones tan endebles que apenas hacen su aparición en el registro arqueológico, se realizaría una perfo-ración en la mitad de la valva trasera para insertar una nueva hembrilla con pasador. Dicha hembrilla se anclaba a una placa metálica (reutilizada en el úni-co caso conocido de la funda burgalesa) y que, re-machada a las orejetas, supondría un firme sistema para reasegurar el conjunto al cinturón.El contexto cronológico y materialUno de los aspectos más interesantes de la daga Monte Bernorio ya descrita y de la cual emana toda la problemática que genera su presencia, ergo la in-vestigación aquí desarrollada, es el contexto que de ella fue posible registrar durante el proceso de exca- Fig. 11. Radiografía de la daga envainada, habiéndose resaltado en la funda y en color rojo los restos de su decoración nielada.
79 Un puñal de tipo Monte Bernorio en el conjunto arqueológico-natural de Santomé (Orense) vación. Algo que, por otra parte, no suele ser habitual en este tipo de hallazgos, a partir de lo cual poder acceder a un mayor nivel informativo sobre lo que representaban.Vimos en el apartado inicial que la primera remo-delación en el interior del castro se produjo durante el desarrollo de la segunda fase transformadora hacia mediados del siglo I d. C., para, entre otras obras de reestructuración en el poblado intramuros, erigir los edificios anejos a la muralla por el exterior norte. Para conseguir este último resultado fue preciso clausurar el foso defensivo del mismo norte rellenándolo, a fin de terraplenar el espacio que acogiese las futuras construcciones (fig. 2). Tal relleno de amortización se realizó con escombros, tierra junto a la cual se ver-tieron todo tipo de ya antiguos objetos que prove-nían de las remodelaciones que, tal vez de manera simultánea, se estaban llevando a cabo en las viejas viviendas del interior del recinto amurallado. La daga fue uno de los primeros objetos en arrojar ya que fue exhumada en el fondo de lo que fue aquella ya obso-leta depresión defensiva (fig. 6).El conjunto de objetos asociados al puñal que, además de fechar, dio contexto, sentido y proble-mática a este estudio, se encontraba compuesto por un interesante agregado material que, considerado como “residuos” suponen para el arqueólogo un au-téntico archivo de valiosa y variopinta información (Acero, 2018). Todos ellos constituyeron una parte Fig. 12. Restos decorativos de la vaina en la embocadura (A) y la contera (B); anverso y reverso. Fig. 13. Hipótesis reconstructiva parcial y genérica de la daga, y parte de la decoración nielada de la vaina en función de los restos conservados.
80 fundamental de ―y para― nuestros propósitos, es-tando compuesto por diversas materias. En lo que a numismática se refiere contamos con un denario de Augusto de la ceca de Lugdunum (Cavada, Rodríguez y Varela, 1997: 54, 88-n.º 1) (fig. 14, 5). En cerámica, delicada vajilla en terra sigillata gálica (fig. 14, 1) y cuencos pintados de “tipo Clunia” (Rodríguez, 1992) (fig. 14, 4), paredes finas, además de producciones re-gionales en cerámica torneada y estampillada de bor-des trifacetados, entre las cuales destaca una esbelta olla de pie resaltado (Rodríguez et al., 2019: 90-91, n.º 70) (fig. 14, 2). Y finalmente una lucerna de volu-tas en cuyo rostrum se encuentra representada una escena de anfiteatro nada habitual (skaperda) (Rodrí-guez, 1988-89: 33) (fig. 14, 3). En cuanto a vidrio se identificaron recipientes con perfiles cerámicos y un fragmento de cuenco de costillas (Rodríguez y Xusto, 1994: 51-52). Finalmente, tres características fíbulas de tipos Alesia con arco triangular, trasmontano (ac-tual “Schüle 4h”) 4 , y pre-Aucissa con arco macizo y botón terminal (Rodríguez et al., 2019: 59-69, 134 n. os 186, 187, 192) (fig. 14, 6).Por todo lo cual y valorando el arco cronológico de cada una de estas evidencias materiales y en su conjunto, se puede llegar a precisar que el período temporal de uso de tales enseres queda enmarcado durante la primera mitad del siglo I d. C. Por lo tan-to, el puñal Monte Bernorio se muestra incongruen-te con respecto a tal período que marca el momento circunstancial de su enterramiento, al ser por lo me-nos 250 años más antiguo que el resto del conjunto. Hemos de pensar por lo tanto que se trataba ya por entonces de una antigüedad que se guardaba, lo más probable, como una reliquia (keimélia). Nuestras pes-quisas en torno a él nos han llevado a comprobar que no se trata del único caso conocido en la esquina no-roccidental de la península ibérica. Reliquias prerromanas en el sector NW peninsular en época altoimperial Considerada el arma de Santomé como un antiguo y venerado objeto de la II Edad del Hierro (reliquia) hasta época altoimperial romana, y que llegado un momento determinado perdió su prestigio y devo-ción, comprobamos que no se trata en absoluto ni de un objeto ni de un comportamiento exclusivo. Hemos corroborado cómo esta costumbre se repi-te en una amplia área que hemos establecido para nuestra investigación como el cuadrante NW de la península ibérica. Repasaremos los hallazgos y sus contextos crono-arqueológicos, sospechando por el momento que no se trata sino del pico del iceberg, y que responden a un comportamiento repetitivo en base a las antiguas creencias de unas sociedades in-dígenas, cuya identidad como poblaciones indepen-dientes periclita ante la presencia arrolladora sobre ellas de otra cultura de carácter imperialista. Sólo en base a la más conspicua y detallada metodología, Fig. 14. Conjunto ergológico, cultural y cronológicamente más característico asociado al puñal Monte Bernorio. Distintas escalas (Fotos: Fer-nando del Río. Museo Arqueolóxico de Ourense).
81 Un puñal de tipo Monte Bernorio en el conjunto arqueológico-natural de Santomé (Orense) basada en el cuidado y la observación de los profe-sionales en sus respectivas áreas de excavación, ha sido posible detectar tales fenómenos socio-cultu-rales basados en la presencia material y su concreta localización.Podríamos considerar el hallazgo de la ciudad vacceo-romana de Pintia como aquel que abrió en nuestro norte el conocimiento a esta práctica. Una vaina decorada a base de característicos motivos nielados de tipo Monte Bernorio con cuádruple ore-jeta y contera cuadrilobulada fechable en el siglo IV a. C. (Sanz, 2008; 2010: 349, 356; 2016: 219-223), fue hallada en el ángulo SW del ámbito/estancia B (4,20 x 3,20 m) de la casa 3 augusteo-tiberiana. Se encontraba integrada en un apoyo (peana) cubierto con un manteado de arena y arcilla al costado de un pequeño banco corrido confeccionado en tapial y adosado al muro W de la estancia, frente a un pe-queño hogar cuadrangular (1 x 1 m). El contexto fue obtenido a partir de los niveles de echadizo (tres) que formaban el suelo de la habitación. El segundo en concreto compuesto por arena y arcilla se ex-tendía y cubría tanto el banco como la peana, y por ende el puñal. En este relleno apareció un fragmen-to de copa de terra sigillata itálica de la forma Cons-pectus 26.2 que permite fechar el conjunto durante la primera mitad del siglo I d. C., correspondiendo este a la 1ª fase de remodelación/ocupación (de las tres constatadas) de la vivienda 3 (15 a. C.-40 d. C.) (Coria, 2021: 96-131; Sanz, 2008: 179-183). No es menos llamativa la presencia del banco corrido y las connotaciones simbólicas que este tipo de asiento tuvo entre las poblaciones prerromanas circunmedi-terráneas y europeas (Carrera y Pena, 2003).El célebre poblado de Sta. Tegra (Sta. Tecla) se encuentra en dirección SE respecto al yacimiento de Santomé, aguas abajo del río Miño, junto a su desem-bocadura (fig. 15, 3). Durante las excavaciones lleva-das a cabo entre 1983 y 1988, en el relleno (nivel II) bajo el pavimento que nivelaba el inclinado y abrupto terreno donde fue construida la vivienda de planta trapezoidal, n.º 9 de la unidad de ocupación n.º 3, dentro de la totalidad del área de viviendas excavada (Peña, 1998: 704 y ss.), fue exhumado un abultado conjunto de materiales. De todos ellos y entre los más característicos se hallaban fragmentos de platos en terra sigillata itálica, lucernas, variadas formas en cerámica común romana (ollas, cuencos, platos…), un fragmento también de plato pero en cerámica Cam-paniense (B), ánforas en las formas ovoides de tipos Dressel 10-14, 28-31, 1B y 1C tardorrepublicanas, di-versa cerámica indígena (ollas ―con y sin asas― de perfil en “S”, fuentes, cuencos de amplio borde), etc… Todo ello arrojó un margen cronológico en época au-gustea plena, y más concretamente en torno al cam-bio de la era (Peña, 1985-86: 165-178; 2001: 129). La daga es de tipo con pomo cruciforme (Mackensen, 2001: 348-349, abb. 3), con ho ja de filos sinuosos y refuerzo central. Se encuentra enfundada en una vai-na de cañas con dos puentes; restos de cuatro presi-llas y una hebilla en “D” es lo que conserva respecto a la suspensión del tahalí. Se trata de un tipo de puñal que aunque muy extendido a lo largo y ancho de lo que fue el imperio occidental romano, el número de ejemplares conocido es muy reducido, presentándo-senos sus características crono-tipológicas muy esqui-vas por el momento 5 . Pese a esto podemos realizar un acercamiento a una amplia cronología de este mo-delo de arma, viéndola representada en el cinturón de las dos figuras con lanzas y escudo circular en la denominada diadema de Moñes (Asturias), fechada entre los siglos III-I a. C. (Perea y Sánchez-Palencia, 1995: 44-51; Perea et al., 2003: 3, 7-8). Y aún mejor, representada en el reverso de un par de denarios, siendo el primero el de M. Junio Bruto (43-42 a. C.) conmemorando el magnicidio de Julio César (Seaby, 1989: I, 115, n.º 15), y también, el de Publio Carisio acuñado en Emerita Augusta en el último tercio del siglo I a. C. (Santos, 2003).Nos trasladaremos ahora hasta las costas del mar Cantábrico, y más en concreto al W de la región as-tur, en las riberas septentrionales del río Navia. Allí se encuentra el antiguo poblado castreño de Os Castros (Taramundi) (fig. 15,4), en el cual y durante el trans-curso de las más recientes excavaciones y en el interior de la casa C2 de esquinas angulosas y compartimen-tación interna, enterrado en el relleno arcilloso que conformaba el suelo, fue ocultado un puñal de antenas completo (Villa, Menéndez y Fanjul, 2007: 269). Arma de la fase más antigua de la Primera Edad del Hierro (Ruiz-Gálvez, 1980), esta se encuentra formada por daga en hierro con empuñadura de bronce, enfundada en su vaina de madera cuyo extremo remata en una vistosa y característica contera también en bronce. La datación C14 realizada a la funda orgánica arrojó un arco temporal entre los siglos XIV-IX a. C. (Villa, 2009a). El contexto en principio romano nos lo proporciona la estructura del edificio triplemente compartimentado en planta ortogonal donde fue hallado el objeto, ca-racterística constructiva implantada por la influencia del Imperio entre las poblaciones indígenas (Romero, 1976: 60; Villa, 2002: 169). Así mismo la terra sigilla-ta mayoritariamente hispana datada entre mediados del siglo I d. C. hasta el siglo II d. C. (Villa, Menéndez y Fanjul, 2007: 274). De cualquier manera, los puñales de antenas aparecidos hasta la fecha en territorio as-tur curiosamente se han hallado siempre en contextos altoimperiales (Villa, 2007: 698-699) 6 .Chao Samartín (fig. 15,5) es otro de los castros del Navia excavado en una gran superficie, en el cual y en el interior de una edificación rectangular y relaciona-da con la remodelación de su hogar central llevada a cabo en época augústea, se introdujo una palstave de bronce. Se trata de un hacha de talón y doble anilla con tres vaceos ―y por lo tanto doble nervio― en cada una de sus caras, tipológicamente encuadra-
82 ble en el Bronce final II (Blas y Villa, 2007a: 282-283; 2007b: 671-672; Villa, 2009b). Siguiendo en esta misma línea de reliquias com-puestas por objetos metálicos de la prehistoria 7 , con-tamos además con el hallazgo en el castro de Pendia. Previamente a las excavaciones de 1941 fue hallada otra palstave en bronce con una sola anilla 8 junto a varias hachas pulimentadas (una de ellas con perfora-ción) de fibrolita y pizarra (Escortell, 1982: 63-64, figs. 272-276; Rodríguez y Villa, 2013: 207, fig. 3A) (fig. 15,I). No se conocen más datos sino que el hallazgo se produjo dentro de una gran, apartada y única casa oval ubicada dentro del recinto septentrional de este poblado (Blas, 1983: 148; Blas y Villa, 2007b: 671; García y Bellido, 1942: 305; Rodríguez y Villa, 2013: 215-216). A partir de las nuevas intervenciones de ex-cavación en este castro y los hallazgos cerámicos de terra sigillata, ha sido determinado que la ocupación de este poblado abarca un período desde mediados del siglo I d. C. hasta quizás un siglo después (Rodrí-guez y Villa, 2013: 208). Keimélia y sociedad La conservación de objetos de la antigüedad es la re-sulta de un comportamiento muy humano a lo largo de los siglos. Conocidos estos objetos entre las socie-dades contemporáneas como reliquias, su estudio se nos presenta extremadamente complejo dado que en ellas confluyen multitud de aspectos y motivacio-nes muchas veces difíciles de detectar, inferir y sobre todo interpretar, como así mismo lo es el identificar la propia reliquia en sí. Pero al unísono, no cabe duda que una vez revelada supone una no menos impor-tante fuente de nueva información.Para con la más remota antigüedad la ciencia ha adoptado el término equivalente en griego antiguo como es keimélia (Κειμελια), lo que responde a la po-sesión de valiosos objetos de memoria (μηεμα) con procedencia no local y ya amortizados, guardados/almacenados durante cierto tiempo, en una época distinta a la que fueron creados y en pos de un acto de memoria (Keimélion/Κειμελιοη). Este se trata de un concepto homérico en función de un pasado épico y con relación a los personajes heroicos que lo pro-tagonizaban, como así relató aquel autor respecto a una pátera (phiale/φιλαί) a la que se hace referencia en La Ilíada (II, 23: 618). Es un proceder muy arraiga-do en las culturas antiguas del ámbito mediterráneo. Estos objetos pasaban de generación en generación y son portadores de historias que se vuelven mitos (Reiterman, 2016; Ruiz, 2020).La identificación arqueológica de una reliquia re-quiere en principio de una metodología de excava-ción, observación y recogida de datos muy escrupulo-sa en el trabajo de campo. Esto implica la localización exacta de cada hallazgo y el análisis exhaustivo de su contexto contemporáneo tanto mueble como inmue-ble. Como ineludible conocimiento complementario, K. T. Lillios estableció una serie de parámetros signifi-cantes para la detección arqueológica de keimélias de la Antigüedad, siendo uno de los principales, el tra-tarse de objetos cuya fabricación es muy anterior al momento cultural (contexto) de su pérdida (olvido), deposición y/o abandono voluntario (ajuares funera-rios, ofrendas, ocultación) o deshecho (áreas de verti-do) en los cuales hacen su aparición. Suelen estar con-feccionadas en materias duraderas o semi-duraderas (cerámica, metal, piedra, madera, textiles), portátiles y por lo tanto resultaban acumulables, y formalmente respondían a morfologías y usos de lo más variado ya que su fin último no eran de utilidad material sino de evocación espiritual (Lillios, 1999: 238, 242, 252).Los autores que de una u otra manera han tratado este tema coinciden en que las reliquias aúnan va-rios tipos de importantes valores relacionados entre sí que les dan sentido además de motivación, y que nos es posible aglutinar en los tres más principales: acumulado o biográfico, simbólico e intrínseco. Tales objetos encerraban una determinada historia a ellos asociada (valor biográfico), incluso relacionados con un hecho acaecido en un pasado ancestral del cual formaron parte real (memoria de su uso); o bien transcurrido el tiempo, ya más o menos imaginario (memoria imaginativa). También, que formaron parte de ese pasado que ya es épico y que les da significa-do, y en el que sin duda aparece la figura destacada de uno o más antepasados protagonistas con cuali-dades especiales vinculados a los poseedores de la reliquia (pasado colectivo). Historias creadas (Joyce, 2000) que van incrementándose (valor acumulativo) y transformándose en leyendas, donde la imagina-ción va acumulando hechos y datos por variaciones en la simple transmisión oral.Todo ello les hace poseedores de un potente va-lor simbólico que va incrementándose con el paso del tiempo. El objeto deja de ser aquello para lo que fue creado convirtiéndose en un objeto de veneración, haciéndole formar parte de un contexto mítico que ya es sagrado y por lo tanto se le rinde culto. Su sola presencia actúa entre los concelebrantes como túnel del tiempo para conectar con el pasado en reuniones colectivas quizá con rituales hoy desconocidos. Es-tas potencias simbólica y biográfica le confieren a la keimélia un gran valor final globalizante, que supone la equivalencia intrínseca como tal reliquia. Valor in-trínseco que ya pudo haber tenido desde un principio como objeto exótico; este podía haber sido el caso de la daga de Santomé que como otras se encontraría cargada de una semántica propia.Las reliquias representaban y pertenecerían a una comunidad de distinto tipo (familiar, poblacio-nal…) y por ello con utilidad social, por lo tanto eran inalienables al poseer una característica conserva-dora y duradera, heredable, pasando de generación
83 Un puñal de tipo Monte Bernorio en el conjunto arqueológico-natural de Santomé (Orense) en generación (dinastía) en un contexto cerrado. Ascendencia genealógica que aunaba pasado, pre-sente y futuro (Hingley, 2009: 156). Formaban par-te de la vida emocional de los individuos pensando a través de ellas, uniendo intelecto y sentimien-to para activar la memoria (Keimélion) al recordar acontecimientos del pasado adquiriendo además el grupo una conciencia histórica (Reiterman, 2016: 259-261). Podrían actuar incluso como emblema de dicho grupo creando vínculos entre sus miembros, lo que reforzaba por ejemplo la cohesión familiar o de linaje (González, 2006-2007: II, 310-312; Lillios, 1999: 243; Sanz, 2016: 222; 2008: 187).Pero también muy relacionado a todo ello se encuentra otro valor añadido que podríamos ca-lificar como específico, inherente a cada tipo de objeto venerado. Para nuestro caso concreto sería el de las armas que, sin duda alguna, han suscita-do toda clase de altos valores humanos (heroicos, legendarios, de valentía, honor, jerarquía, arrojo, conquista…), los cuales han conmovido a la huma-nidad a lo largo de los siglos y las culturas. Y qué duda cabe que entre aquellas las dagas siempre han constituido símbolos inequívocos, y que como arquetipo y precedente más conocido para Occi-dente sería el de la sociedad de la Grecia arcaica, cuya férrea mentalidad regida por miembros aris-tocráticos se encontraba gobernada por la pose-sión, el uso de las armas y el gran elenco de lo que estas representaban (Quesada Sanz, 2009: 30-33). La recopilación que hemos llevado a cabo en este mismo trabajo lo pone una vez más en eviden-cia (fig. 15). Ya fue el propio J. Cabré (1931: 225) quien en el primer tercio del siglo XX argumentó en este sentido tal posibilidad para las dagas de tipo Monte Bernorio, y más recientemente C. Sanz (2008: 187-189; 2010: 352). De hecho las pobla-ciones prerromanas de Hispania suponen un pa-radigma particular, a partir de su comportamiento y arraigo en torno a la relación de sus armas con la guerra y la libertad, como ya lo pusieron de ma-nifiesto en sus textos ciertos autores greco-roma-nos de la Antigüedad (ss. II a. C.–II d. C.), crono-lógicamente: Polibio (Has., X, 18), Diodoro Sículo (B. Ha., XXXIII, 165), Plutarco (Sert., 14) o Justino (Epit., XLIV, 2: 5) (Quesada, 2009: 143-146).Finalmente, no nos queda sino acercarnos al mo-delo de sociedad que practicaba tales creencias y consagraba este tipo de objetos, siempre de mane-ra somera y prudente, dado lo complejo y espinoso Fig. 15. Localización de las reliquias confirmadas y posibles del cuadrante noroeste de la península ibérica en época altoimperial (siglo I d. C.) y tardía (siglos IV-V d. C.): 1.- Pintia (Valladolid), 2.- Santomé (Orense), 3.- Santa Tegra (Pontevedra), 4.- Chao Samartín (Asturias), 5.- Os Castros (Asturias); I.- Pendia (Asturias), II.- Viladonga (Lugo), III.- A Lanzada (Pontevedra), IV.- Coto do Mosteiro (Orense).
84 que supone este tipo de inferencias antropológicas. La consideración de Lillios es que las keimélia eran objetos muy valiosos, por lo tanto no se encontraban ni disponibles ni accesibles a todos los miembros de la comunidad propietaria. Por lo tanto, y teniendo en cuenta que las características apuntadas para con las reliquias responden a colectividades en las cuales es-tas tuvieron un papel extremadamente importante, tales comportamientos responden a sociedades de estructura tan desigualitaria como jerarquizada en los diferentes estamentos (Lillios, 1999: 236, 244). Lo que así mismo es considerado por Quesada (2009: 30 y ss.) con relación a las armas en la Grecia homérica de mediados del siglo VIII a. C. ¿Qué hace un arma como tú en un lugar como este? El hallazgo de este tipo de objetos supone siempre algo tan extraordinario como a la vez complejo de interpretar, y no menos interesante y sugestivo para la investigación. Como a la vez también, de recien-te manifestación científico-cultural para el norte y noroeste de la Península, en cuyas antiguas exca-vaciones e incluso alguna de más o menos reciente ejecución, no se comprendió o se malentendió la presencia de determinados objetos que, desde pun-tos de vista cronológicos y/o culturales, “no enca-jaban” en sus contextos de exhumación (González, 2006-2007: II, 414).La aparición de una daga de estas característi-cas fuera del gran área nuclear donde fue creada y utilizada entre finales de los siglos V-III a. C., así como también de las extensiones peninsulares NE y S producto de su expansión, resulta a día de hoy algo novedoso y raro. El estudio efectuado sobre este modelo de arma contó con 275 ejemplares, de los cuales el 90% de ellos se distribuyen entre la cuenca media del Duero y la cabecera del Ebro, y el resto en la zona abulense (De Pablo, 2022a: 66-67). De hecho los hallazgos que se han supuesto fuesen tales fuera de esa área, o bien han sido clasificacio-nes equívocas o bien no posibles hoy de comprobar dada su desaparición. Pero la verdadera pregunta a responder es por qué y cómo llegó este objeto de honda raigambre vaccea hasta la región galaica, en el noroeste de la Península, visto el conjunto de ca-racterísticas culturales que nos muestra. En torno a este asunto se podrían argumentar múltiples pare-ceres, como que hubiese sido un regalo diplomático en otras comunidades más o menos lejanas buscan-do estratégicas alianzas de tipo político, militar, eco-nómico, etc. (Sanz, 2010: 334). En este sentido po-dríamos aprovechar la tan traída y llevada actividad pastoril (Burillo, 2016), considerada base fundamen-tal de la economía vaccea en la cual la trashumancia sirvió de base para afianzar la hipótesis de contactos culturales llevados quizás demasiado a extremo (De Pablo, 2022b). Sin descartar estas posibilidades, pro-ponemos una nueva y exclusiva hipótesis para con el hallazgo de Santomé tomando como argumentos la documentación histórica y los datos que en su con-junto aporta el arma. Partimos de un momento en el inicio de la II gue-rra púnica. El cartaginés Aníbal ya presente en la península ibérica se propone alcanzar la Itálica co-menzando su campaña bélica arrasando poblaciones aliadas a Roma en la costa levantina. La conquista y destrucción de Saguntum será tomada por la Repú-blica como cassus belli, desembarcando sus ejércitos en Emporiae. Previamente a esto y con el fin tanto de eliminar enemigos en retaguardia como de abaste-cerse de vituallas, entre los años 221-220 a. C. alcanzó el sur de la meseta occidental, atacando poblaciones vacceas y vetonas (Domínguez, 1986; Sánchez, 2000) a tenor de lo transmitido por autores tales como Po-libio (Has., III, 14: 1-9) y Tito Livio (Ha., XXI, 5: 5-17). Se citan ciudades asaltadas tales como Arbucala y Salmantica, esta última con múltiples referencias por parte de Polibio, Tito Livio, Plutarco, Polieno, etc. (Bejarano, 1955). Por otro autor como es Silio Itáli-co sabemos del interesante dato sobre la presencia de mercenarios y/o aliados galaicos en el ejército de Aníbal, así como de regalos que aquellos le hicieron al cartaginés (Pun., II, 397, 417, 602…). Del contacto fenicio-cartaginés y las poblaciones galaicas aparen-temente tan alejadas una de la otra, no obstante se tiene constancia arqueológica de su intercambio co-mercial ya desde el siglo V a. C. (González, Rodríguez y Ayán, 2010). Por lo tanto y teniendo en cuenta que la daga de Santomé como dijimos tipológicamente se clasi-fica en el último período o fase de expansión/fase final, y que a nivel cronológico es posible situarla en la segunda mitad del siglo III a. C., pudiera estar re-lacionada con el mismo hecho histórico relatado. El mercenario volvió a su hogar con un objeto que sin duda alguna tuvo que resultarle sumamente exótico con respecto al entorno cultural de su nacimiento. La posible participación de las poblaciones galaicas meridionales en las tropas de Aníbal fue una posibi-lidad que ya apuntó González Ruibal (2006-2007: II, 443). Tal vez regresó con el puñal como resultado de un trofeo de guerra al que pudiera haber adjuntado cierto relato que consideraron heroico y que perduró generaciones en su entorno familiar, convirtiéndose por lo tanto el objeto en una reliquia una vez desa-parecido el protagonista. Contamos además con una acción parecida a la que acabamos de comentar, en la misma guerra, con la misma cronología, pero esta vez con la participación de poblaciones iberas (ore-tanos). Se trata de la hipótesis planteada en base al hallazgo de un puñal vacceo (con vaina de cañas) del modelo denominado de filos curvos, posiblemente hallado formando parte de un ajuar funerario en la
85 Un puñal de tipo Monte Bernorio en el conjunto arqueológico-natural de Santomé (Orense) necrópolis de La Corada (Jaén), en un contexto de los siglos II–I a. C. (Quesada, 2022). Pero aún hay más si tenemos en cuenta que el puñal exhumado en el castro de Coto do Mosteiro (Orense) es del mismo tipo de filos curvos (fig. 15, IV) (Orero Gran-dal, 1988: 37, fig. 16). Por cierto, al igual que el de Santomé, también este es el primero de este mode-lo conocido en el noroeste. Su dimensiones (325 mm de longitud total y 220 mm de hoja; índice 1 = 1,47) concuerdan con las medias dimensionales obtenidas tras el estudio de los 114 ejemplares conocidos (De Pablo, 2022: 335, 339). Pese a su más que precario estado de conservación es perceptible una actual sección lenticular y que en el extremo superior de su espigo plano 9 parece conservar parte de la virola y uno de sus característicos anillos cilíndricos para la sujeción de las cachas orgánicas. Siendo Coto do Mosteiro un poblado que tuvo su origen en el siglo IV a. C., se nos muestra todo muy factible dado que el origen de estos puñales según De Pablo se halla en los momentos finales de la centuria siguiente. Por lo que, tal vez, nos encontremos ante otra arma ve-nida de la meseta por el mismo motivo que el Monte Bernorio de Santomé; incluso, pudo tratarse de otra reliquia, ya que fue en el siglo I d. C. cuando se pro-dujo el abandono del castro 10 . El momento actual como epílogo Hemos comprobado y creemos haber demostrado a través de muestras materiales y sus contextos la rea-lidad de unas antiguas creencias practicadas entre la población indígena, dentro de un amplio cuadrante del NW peninsular ibérico (y que parece extenderse por la cornisa cantábrica), y que se encuentra en su fase final ya en época del Alto Imperio romano. A día de hoy, si bien ciertos autores habían recabado datos y ahondado en este fenómeno desde hacía tiempo (A. González Ruibal) o más recientemente (C. Sanz Mínguez, Á. Villa Valdés, J. Suárez Otero), no se había mostrado de una manera tan clara y evidente con objetos comunes y de reducida dimensión, en ambientes privados, como en su día lo fue el hallaz-go vacceo de la vallisoletana Pintia. A partir del nue-vo hallazgo de Santomé nos ha sido posible reunir toda una serie de nuevos descubrimientos (seguros unos, posibles otros) que se reparten por las geogra-fías galaica y astur, cuyas características esenciales hemos reunido en la tabla I. A la vista de ella y por el momento no se desprenden categóricas conclusio-nes dada su variabilidad, aunque esta observación es congruente para que en el momento actual de la investigación resulte probada que la realidad es geográficamente mucho más amplia, compleja y va-riada en sus contenidos. Da la impresión de que tan sólo estemos arañando la superficie de un compor-tamiento que periclita con la llegada de Roma, pero que hunde sus raíces siglos atrás. Una sociedad de jerarquías y desigualdades totalmente ágrafa como la astur-galaica la cual mantuvo tradiciones domés-ticas una generación tras otra en torno a los antepa-sados y sus gestas, además de otras creencias. Con la llegada de la romanización, de forma paulatina se fueron produciendo cambios cada vez más sustan-ciales en las poblaciones prerromanas, calando con el paso del tiempo hasta ir abandonando ya viejas costumbres. Esto no sólo lo hemos constatado pun-tualmente con las reliquias ya vistas sino que tam-bién se aprecia en el resto de la cultura material, cuya abrumadora presencia comercial ha resultado perceptible ya a finales de siglo I a. C. (González, 2006-2007: II, 599-624; 2007: 308, 321).Pero las keimélias del NW también nos hablan de otras cuestiones. De la posible concordancia en-tre Santomé y Sta. Tegra, emplazamientos situados junto al curso del río Miño donde se ocultaron exó-ticos puñales con algunos años de diferencia. Tal vez esta paridad pudiera responder a cierto tipo de re-lación cultural, vista la uniformidad ergológica que fue apreciada en los asentamientos situados en ge-neral en la Galicia meridional, y a nivel más particu- CARACTERÍSTICAS DE LOS HALLAZGOS Y SU CONTEXT O OBJETO MATERIA LUGAR HALLAZGO OTROS OBJETOS ANEJOS GEOMETRÍA EDIFICACIÓN ORIENTACIÓN EJE PRINCIPAL m 2 CRONOLOGÍA EDIFICACIÓN ANTERIOR YACIMIENTOS Pintia Vaina daga M. Bernorio Hierro Banco corrido Fragmento T.S.I. Rectangular N-S 6,72 Augusto-Tiberio Sertoriana Sta. Tegra Daga pomo cruciforme Hierro Relleno de nivelación Quasitrapezoidal de esquinas mixtas N/NE–S/SW 26 1 a mitadsiglo I d. C. - Chao Sama r tín Hacha de anillas Bronce Hogar - Rectangular NE - SW 20 Siglos II-I a. C.SigloIVa. C. Os Castros Puñal de antenas Hierro y bronce Sedimentos nivelación suelo - Oblonga (incompleta) NE - SW - Edad del Hierro Siglos II-I a. C. Pendia Hacha de bronce Bronce Suelo gran cabaña Hachas pulimentadas y azuelas Longh-house . Planta pseudorectangular esquinas redondeadas S/SE-N/NW 70 Edad del Hierro - Tabla – I. Principales características que conforman los contextos más inmediatos a las reliquias localizadas en el cuadrante NW de la penín-sula ibérica.
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