Vaccea Anuario, 16 (2023)ISSN: edición impresa: 2659-7179; edición en línea: 2659-7187 ht tps://pintiavaccea.es/seccion/vaccea-anuario Vaccea Editorial, CEVFWUniversidad de Valladolid Recibido: 25 de marzo de 2023 / Aceptado: 12 de septiembre de 2023 * Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, paco.blanco@uam.es, ORCID: 0000-0001-9950-7749. Cómo citar: Blanco García, J. F. (2023): “El proceso de crecimiento urbano de Cauca durante la Edad del Hierro (750/700 a. C. – cambio de Era)”. Vaccea Anuario, 16, pp. 25-60. Resumen: Uno de los aspectos más desconocidos de las ciudades vacceas es el que se refiere al proceso de crecimiento que experimentaron desde sus inicios como núcleos estables hasta época romana. En este trabajo vamos a realizar una aproximación al mismo, aplicado al caso de Cauca (Coca, Segovia), y a través de los datos obtenidos en un número significativo de excavaciones arqueológicas practicadas en diversos puntos del solar que ocupó. A esta información, que es la fundamental, se añaden las observaciones que hemos podido llevar a cabo en varias obras de construcción durante la realización de vaciados, cimentaciones y zanjas. Abarcaremos, por tanto, desde inicios de la Primera Edad del Hierro hasta el cambio de Era. Palabras clave: cultura del Soto de Medinilla, Cauca vaccea, crecimiento urbano, secuencias estratigráficas, cerámica vaccea, Edad del Hierro, valle medio del Duero, España. Abstract: In order to study the Vaccaean towns, it is necessary to understand the urban expansion process occurred, from its beginnings to the birth of the Roman Empire. This is an aspect practically unknown in the mid-Duero region, and by this reason in this paper we are going to study specifically the Vaccaean city of Cauca (Coca, Segovia), with the results obtained in numerous archaeological excavations. The period under consideration runs from the Early Iron Age to the end of the first century BC. Keywords: Soto de Medinilla culture, Vaccaean Cauca, Urban Development, Stratigraphic sequences, Vaccaean pottery, Iron Age, Middle Duero Valley, Spain. Juan Francisco Blanco García*
26 Introducción Hace ahora cinco años que vio la luz el libro Cauca vaccea. Formación, desarrollo y romanización de una ciudad (Valladolid, 2018). En él ofrecíamos una síntesis puesta al día de los conocimientos que se tenían sobre tan destacada ciudad prerromana del valle del Duero, emanados fundamentalmente de las excavaciones arqueológicas realizadas entre 1980 y 2014, pero también de los numerosos hallazgos de objetos arqueológicos que a lo largo del tiempo se han ido produciendo, así como de la observación de vaciados y remociones del terreno efectuadas en el casco antiguo y, en menor medida por ser muy escasas las referencias, de la información que nos suministran los autores clásicos. Como es habitual en trabajos panorámicos en los que se estudian ciudades prerromanas, unos capítulos están más cuajados de información que otros, bien porque en unos campos se ha investigado más a fondo que en otros, bien porque unos temas de análisis son más accesibles que otros para el estudioso a través de la práctica arqueológica, o simplemente porque unas excavaciones han sido más fértiles en ciertos aspectos que otras. Esto último es lo que nos indujo a pensar, cuando escribíamos el citado libro, que quizá podría ser interesante para el lector, especializado o no, concluirlo con un anexo de las excavaciones arqueológicas realizadas e informaciones obtenidas en aquellas obras de construcción que más datos habían aportado al conocimiento de la vida material de quienes habitaron la ciudad de Cauca, desde su origen como aldea de la Primera Edad del Hierro hasta su lenta transformación en ciuitas romana (Blanco, 2018a: 249-268). Siguiendo un modelo de ficha, ofrecimos de manera breve los datos básicos de cada una de las actuaciones y obras con las imprescindibles secuencias estratigráficas registradas para que cada ficha no fuera un simple “hago constar”, sino un documento arqueológico con los comentarios que fuesen pertinentes. Un documento arqueológico al que, sin embargo, le faltaba algo fundamental para que su utilidad fuera completa: los materiales recuperados en cada intervención. Si bien inicialmente nuestra intención era recoger los más destacados de cada una de ellas, pronto tuvimos que desestimarla ante la extensión que iba alcanzando el volumen, aunque no renunciábamos a hacerlo en un futuro cercano. No alargar dicha monografía más de lo debido fue igualmente la razón por la que concedimos muy poco espacio a varias cuestiones de las que teníamos información novedosa, entre ellas la relativa a cómo se había producido el proceso de crecimiento urbano de Cauca a lo largo de la Edad del Hierro. De la unión de estas dos “podas” obligadas nació la idea de dedicar, pasado un tiempo, un trabajo extenso a dicho proceso, aportando los materiales arqueológicos justificativos, aunque, lógicamente, sólo aquellos que tienen que ver con las exigencias del tema de estudio, de manera que, como se verá en las próximas páginas, únicamente consideraremos aquellos que se han recuperado en la base de las secuencias estratigráficas, en los estratos de la Edad del Hierro más profundos, que son los que marcan el inicio de la ocupación en cada punto concreto de Cauca. Esto último afecta exclusivamente a los materiales de excavación, pues los procedentes de obras de vaciado –y que en unas ocasiones los propios constructores nos han entregado pero en otras han sido recuperados entre las tierras depositadas en la escombrera municipal–, sobre los que no hemos tenido posibilidad alguna de controlar de qué estratos concretos han salido, nos vemos obligados a presentarlos y estudiarlos en conjunto para realizar su valoración cronológica, deslindando los más antiguos, que son los que nos aproximan al momento fundacional, de los de época avanzada y de los más modernos.Como es sabido, el urbanismo de las ciudades vacceas aún lo conocemos de forma parcial y precaria, simples retazos en la mayoría de los casos, aunque es necesario decir que el de algunas se conoce mejor que el de otras. La información de la que disponemos en parte deriva de las excavaciones que desde hace casi medio siglo vienen siendo practicadas, pero también de las fotografías aéreas y, en menor medida, de las prospecciones geofísicas, si bien estos dos últimos métodos de obtención de datos sólo se han llevado a cabo en unos pocos núcleos que en la actualidad son tierras de labor, lógicamente, pero los resultados alcanzados requieren comprobación mediante la realización de sondeos manuales, ya que muchos de ellos se romanizaron y las tramas que nos muestran en superficie no tenemos plena garantía de que sean las de época vaccea. Sí la tenemos, por ejemplo, en aquellas ciudades que, como Pallantia/Palenzuela (Palencia) y Las Quintanas de Valoria la Buena (Valladolid), por ejemplo, se deshabitaron durante las guerras sertorianas, pero en otras, no.Con independencia de la trama que en cada una se puede observar a través de la aplicación de los indicados métodos no destructivos del depósito arqueológico, y que no deja de ser más que una instantánea del momento de abandono de la ciudad, es decir, de sus últimas estructuras arquitectónicas, hay una cuestión de carácter urbanístico mucho más difícil de resolver porque exige de la excavación como única vía para obtener la información que se necesita, y ese problema es el del proceso de crecimiento que experimentaron desde su nacimiento como núcleos estables hasta época romana. Sólo a través de la práctica de un número significativo de excavaciones puntuales repartidas por todo el solar urbano se puede acometer un ensayo de estas características. Pero además de esto, y es de sentido común,
27 El proceso de crecimiento urbano de Cauca durante la Edad del Hierro (750/700 a. C. - cambio de Era) Fig. 1. A. Localización de las excavaciones, sondeos y puntos de mayor interés para el tema de estudio, en el mapa topográfico de Cauca. 1, Cementerio municipal; 2, excavación Coca 1999; 3, excavación de la Universidad de Valladolid en 1980; 4, cortado hacia el Voltoya; 5, zanja del Colector Municipal; 6, cortado hacia el río Eresma; 7, final de la calle Río Voltoya; 8, instalación alfarera vaccea (Tierra de Las Monedas, IV); 9, tierra de Las Monedas, I; 10, avda. de la Constitución, 18; 11, calle Azafranales, 5; 12, centro de Jubilados; 13, ampliación del I.E.S. Cauca Romana; 14, calle Doctor Apellániz, 7 c/v a calle Luis Galicia; 15, convento I; 16, convento II; 17, calle de Joaquina Ruiz, 18; 18, calle Falcón Ruiz (hoy, Plaza Mayor, 2); 19; calle General Sanjurjo, 7; 20, calle General Sanjurjo, 9 c/v a calle de San Nicolás; 21, avda. de José Antonio, 11; 22, calle Valdenebro, 28 c/v a calle de La Alameda; 23, calle de La Alameda, 19; 24, callejón de Palomares, 1; 25, cortado hacia el río Eresma tras el cuartel viejo de la Guardia Civil; 26, patio posterior del Centro Cultural Fonseca. B. Recreación hipotética del aspecto que pudo haber tenido Cauca en la fase de plenitud de la cultura del Soto de Medinilla (dibujo del autor). A B
28 resulta imprescindible en cada excavación agotar la secuencia estratigráfica, profundizando hasta el sustrato geológico, cosa que no siempre ocurre porque a veces, bien por falta de tiempo o de recursos materiales, la intervención ha de darse por concluida antes de lo previsto. Finalmente, hay un tercer requerimiento más difícil de cumplir y que en el supuesto de que se pudiera llevar a la práctica, no está exento de problemas. Nos referimos a la obtención de fechas absolutas para datar esos estratos iniciales de las secuencias registradas. Los problemas a los que aludimos no son únicamente de tipo económico, sino también intrínsecos a los propios métodos de obtención de las fechas –C 14 , TL y paleomagnetismo–, ya que para las cronologías en las que nos movemos, que abarcan sólo unas pocas centurias, el margen de error es demasiado amplio y, por ello, poco aceptable en una tarea en la que se requiere cierta precisión. Por otro lado, las fechas que necesitaríamos de los estratos fundacionales de cada excavación, para que fuesen fiables tendrían que formar parte de series que abarcasen el resto de niveles de ocupación vacceos, y esto, además de rayar en lo utópico, en casos como el nuestro de Cauca es ya impracticable, al manejar, como seguidamente veremos, datos nada menos que de veintiséis puntos con restos habitacionales, entre excavaciones y obras, muchas de ellas realizadas en los años ochenta y noventa del cada vez más lejano siglo XX. Esto nos conduce a utilizar los restos materiales, sobre todo la cerámica, como única guía para datar de forma aproximada cada estrato fundacional y siempre poniéndola en relación con la obtenida en los dos o tres estratos inmediatamente superiores, los que lo sellan, así como con materiales contextualizados de otros yacimientos (Cuéllar, Pintia/Las Ruedas, El Soto de Medinilla, Simancas, Rauda, etc.).Hasta ahora, en el casco antiguo de Coca se sobrepasa con creces el medio centenar de excavaciones realizadas, aunque lamentablemente la publicación de los resultados obtenidos en muchas de ellas no parece que entrara en los planes de sus excavadores 1 , con lo que para elaborar el presente trabajo contamos con la información de algo menos de veinte, a la que cabe añadir la obtenida durante la remoción del subsuelo, hasta el nivel geológico, en unos diez puntos –entre vaciados de sótanos y garajes, zanjas y pilares de cimentación– y los datos que se desprenden de la observación de los cortados que asoman a los cauces de los ríos Voltoya y Eresma.Por tanto, para el tipo de estudio que aquí abordamos, Cauca tiene unas ventajas que en otras ciudades prerromanas, vacceas y no vacceas, son inexistentes. Gracias a que desde hace ya más de tres décadas tenemos identificado y prácticamente perimetrado el lugar en el que estuvo situada la aldea del Hierro I, en el extremo occidental del espigón labrado por los referidos ríos que hoy constituye el terrazgo urbano de Los Azafranales, su crecimiento durante el Hierro II sólo se podía producir en dirección este y sureste, hacia donde el terreno enrasa con la llanura. Esta ventaja la podrían tener también otros poblados vacceos de características topográficas similares a Cauca, como por ejemplo Sieteiglesias (Matapozuelos, Valladolid) o Viminatium (Calzadilla de la Cueza, Palencia), en las que el crecimiento hubiera sido igualmente unidireccional o bidireccional, no radial, pero la conditio sine qua non para tratar de reconstruir el proceso de crecimiento es que la investigación tenga identificados y más o menos perimetrados sus núcleos originarios en el extremo de sus respectivos espigones para, a partir de ahí, poner en práctica un programa de sondeos estratigráficos dispersos por el área de expansión urbana.Más arriba hemos señalado que son veintiséis los puntos del solar caucense que iremos desgranando. Y debemos aclarar que son los seleccionados para cumplir los objetivos que en este trabajo nos hemos propuesto cumplir, pues los lugares con restos vacceos estratificados son bastantes más (Blanco, 2018a: 249-250, fig. 6.2), pero por diversas razones hemos de dejarlos fuera. Bien sea porque los estratos inferiores de la secuencia están muy alterados debido a la existencia de alteraciones de épocas posteriores, lo cual nos generan desconfianza; porque el material recuperado es, además de exiguo, poco significativo desde el punto de vista de la adscripción cronológica y lo único que puede ocurrir es que nos conduzca a cometer errores; o porque en las excavaciones de algunos colegas que nos hubieran sido muy útiles para nuestros propósitos no se llegaron a agotar las secuencias estratigráficas, el caso es que preferimos trabajar sólo con secuencias que cumplen unos estándares de seguridad y fiabilidad aceptables.Debido a que Coca es una de las poblaciones de Castilla y León que en sus orígenes formó parte de ese primer paisaje de poblados estables del valle del Duero, expresión que algunos investigadores gustan emplear para referirse a los primeros poblados soteños en los que se generaliza la arquitectura “en duro”, y que desde entonces hasta la actualidad ha estado permanentemente habitada, cada vez que se construye una vivienda de nueva planta en su casco antiguo la ley exige practicar la pertinente excavación arqueológica. Esta circunstancia es la que explica el hecho de que sea uno de los núcleos vacceos en los que más excavaciones y sondeos estratigráficos se han llevado a cabo, al igual que ocurre en Rauda, Septimanca, Montealegre, Cuéllar o Pallantia/Palencia, entre los más destacados, y a diferencia de otras importantes ciudades como Las Quintanas-Pintia, Las Quintanas-Valoria la Buena, La Ciudad de Paredes de Nava, Pallantia/Palenzuela o Dessobriga, que al situarse en terrenos de labranza raramente las intervenciones son de carácter urgente o preventivas y lo que en ellas principalmente se han desarrollado han sido excavaciones programadas.
29 El proceso de crecimiento urbano de Cauca durante la Edad del Hierro (750/700 a. C. - cambio de Era) Como se puede comprender, los lugares de Cauca en los que se han practicado tanto los sondeos como las excavaciones en extensión no han sido elegidos por necesidades de la investigación, sino a remolque de las obras de construcción, lo que significa que, como muestra la figura 1A, no se distribuyen de manera regular por su solar. Mientras en algunas zonas nunca se ha hecho una incursión en el subsuelo, en otras se produce cierta concentración, lo cual nos impide realizar una labor de detalle para todo el espacio urbano. Por otra parte, no todas las intervenciones tienen el mismo valor para cumplir los objetivos perseguidos, pues en algún caso, y debido a determinadas circunstancias como pueden ser las pequeñas dimensiones del sondeo, la escasez de materiales arqueológicos recuperados en el nivel de ocupación más profundo de la secuencia estratigráfica o su estado de cierta alteración motivado por remociones urbanísticas vacceas posteriores, nos obligan a manejar los datos con cautela. Al hilo de todo esto, es importante señalar, para que nadie se llame a engaño, que salvo en las denominadas catas A y D que en 1980 practicaron en pleno terrazgo urbano de Los Azafranales M.ª V. Romero Carnicero y J. R. López Rodríguez (Romero, Romero y Marcos, 1993), para ninguna otra excavación aquí considerada disponemos de fechas de C 14 u obtenidas por cualquier otro método físico-químico, lo cual puede poner en cuestión los resultados obtenidos teniendo en cuenta que el objetivo del presente trabajo es eminentemente de carácter cronológico: marcar los jalones del proceso de crecimiento urbano de Cauca a través del estudio de los primeros estratos de ocupación registrados en diferentes puntos de su geografía, con el único método de analizar los materiales arqueológicos recuperados en esos estratos fundacionales en clave cronológica, y siendo la cerámica el elemento exclusivo que se maneja, ante la ausencia o nula utilidad de los objetos metálicos. Los jalones del proceso Son varias las decenas de excavaciones practicadas en Coca en las que se han documentado niveles de ocupación de época vaccea. Sin embargo, por las razones arriba aludidas, una parte significativa de ellas permanecen inéditas. Esto nos obliga a trabajar principalmente con las que nosotros mismos hemos llevado a cabo entre 1987 y 2014, lo cual no es poco, pero a las que debemos añadir las observaciones realizadas en algunas de esas intervenciones inéditas, tanto a sus materiales como a sus secuencias estratigráficas, en muchas ocasiones a propuesta de sus excavadores durante el desarrollo de los trabajos, algo que desde aquí agradezco (fig. 1A). Y lo mismo debo hacer, en justicia, con algunos constructores de Coca que siempre me permitieron echar una ojeada y tomar fotografías de las estratigrafías que dejaban a cielo abierto en sus obras, en la confianza de que con ello estaban contribuyendo a escribir la historia de la localidad.Nuestro punto de partida, que es el extremo occidental del terrazgo de Los Azafranales, solar en el que se levantó esa Cauca fundacional adscrita a la cultura arqueológica del Soto de Medinilla pero cuyo componente humano está indudablemente integrado por los ancestros de los vacceos del segundo Hierro (fig. 1B), constituye una de las zonas mejor conocidas a los efectos aquí considerados. Por ahora disponemos de cinco secuencias estratigráficas, y aunque existen diferencias entre ellas en cuanto a cómo han sido documentadas, pues dos se han obtenido en trabajos programados de excavación (fig. 2, B y C) y las otras tres durante remociones del terreno ajenas a la actividad arqueológica (fig. 3, A, D y E), en conjunto nos han permitido conocer las dimensiones aproximadas que tuvo la aldea soteña en su momento de mayor extensión, cómo en su flanco meridional parte de la misma ha quedado seccionada transversalmente por la erosión y cómo impera la continuidad poblacional en el paso del Hierro I al II. Vamos a ver, en síntesis, estos cinco puntos, con los materiales cerámicos asociados en cada uno de sus respectivos estratos. Aprovechando la excavación manual de dos sepulturas en el cementerio municipal, en el año 1987, tuvimos la oportunidad de observar las secuencias estratigráficas existentes en este punto clave de Los Azafranales (fig. 1A, 1; fig. 2, A). Y no sólo eso, sino que, concluida la intervención, se nos concedió un tiempo para documentar con detalle dichas secuencias (Blanco, 2006a: 204, figs. 44-46; 2018a: 253-255, fig. 6.9) y tomar notas de los materiales que en cada estrato se podían ver, con el objetivo de realizar las pertinentes adscripciones cronológicas. De este modo, pudimos ver cómo sobre las arenas naturales se disponía un potente nivel de ocupación (el VII) formado por tierras negras y cenicientas con abundantes restos faunísticos y trozos de madera quemada, aunque no pudimos identificar restos de estructuras constructivas “en duro” (de adobe, tapial…) en posición primaria. Gracias a los numerosos fragmentos cerámicos que aparecieron pudimos vincular este nivel con la aldea soteña ya vislumbrada en el nivel V de la cata A de las excavaciones realizadas en 1980 por parte de la Universidad de Valladolid (Romero, Romero y Marcos, 1993: 230, 255-256 y fig. 2). Mayoritariamente se trataba de fragmentos cerámicos pertenecientes a recipientes de la denominada fase plena del mundo soteño (fig. 3, 1-19), si bien algunos podrían remontar a la formativa.Sellando este nivel fundacional se disponía otro de inferior potencia (el VI) en el que, además de abundantes fragmentos de cerámica a mano típicamente soteños, hacían acto de presencia
30 fragmentos de recipientes torneados, todos ellos de fabricación local (fig. 3, 20-21), generalmente sin decoración, si bien algunos de ellos sí portaban sencillas bandas de pintura roja o negra, semicírculos concéntricos igualmente pintados y poco más. Lo más destacado de estos vasos a torno era su gran homogeneidad tecnológica y cromática. En conjunto, parecían reflejar un ambiente alfarero de comienzos del siglo IV a. C., momento en el que se siguen fabricando con cierta abundancia especies manuales soteñas pero se ve cómo van incorporándose las torneadas. Lamentablemente, ni en este nivel ni en el anterior pudimos ver fragmentos ibéricos de importación, a torno y con pinturas rojas vinosas, bordes de tinajillas con uñada, etc., lo cual tampoco tiene nada de extraño al ser un espacio muy reducido el sondeado.Sobre el VI, el nivel de ocupación V se mostró bastante más rico en materiales cerámicos, algunos decorados con peine inciso, uno de ellos con series de estampillas impresas similares a las “sigmas”, en vertical y horizontal, otro con decoración excisa en el cuello (fig. 3, 22-25), pero la mayor parte con frisos de motivos geométricos pintados, en unos casos con pintura roja y en otros negra, siendo corrientes también los bicromos en rojo y anaranjado (fig. 3, 26-36 y 39). A este repertorio cabe añadir algunos recipientes grises antiguos (fig. 3, 37-38). En conjunto, este nivel quinto muestra un ambiente material característico de los siglos IV y III a. C., pero más no podemos precisar. Al hilo de las cerámicas bicromas, hay que decir que, a diferencia de otras ciudades vacceas, y como hemos señalado en anteriores ocasiones, en Cauca la bicromía, además de antigua, pues se remonta a los inicios del siglo IV a. C., es muy común a lo largo de toda la Segunda Edad del Hierro. En ciudades vacceas cercanas como Cuéllar o Pintia, la bicromía no sólo es más escasa, sino que hace su aparición en momentos más tardíos. Una secuencia similar a esta, pero más comple-ta y documentada en una extensión de terreno ma-yor, es la que registramos años después, en 1999, a unos 50 m al norte de las sepulturas referidas, en un espacio situado ya fuera del recinto cementerial de entonces, pues actualmente, tras la ampliación que del mismo se realizó en 2016, queda dentro (fig. 1A, 2). En esta ocasión, la practicada fue ya una exca-vación programada, en área, que afectó a 300 m 2 . De nuevo, sobre las arenas naturales se extendía ese potente nivel de ocupación perteneciente a la aldea soteña (fig. 2, B, 109), muy abundante también en restos cerámicos y faunísticos, a los que se suma-ban numerosos fragmentos de adobes pertenecien-tes a construcciones desmanteladas y algún tramo de muro de tapial de barro crudo (Blanco, Pérez y Reyes, 2012-2013: 76-77, fig. 32). La gran cantidad de cuencos de superficies cuidadosamente bruñidas y carenas vivas que se recuperaron nos permitieron Fig. 2. Localización de las estratigrafías en las que se constata el nivel de ocupación de la aldea soteña de Cauca, en Los Azafranales. En el sentido de las agujas del reloj, son: el AVII, el B109, el CV, el DI y el E7 (dibujo del autor).
31 El proceso de crecimiento urbano de Cauca durante la Edad del Hierro (750/700 a. C. - cambio de Era) Fig. 3. Cementerio Municipal (Azafranales). Cerámica perteneciente a los niveles de ocupación VII, VI y V. 1-19, a mano, lisas y decoradas, del nivel VII (Primera Edad del Hierro); 20 y 21, a mano y a torno del nivel VI (inicios de la Segunda Edad del Hierro); 22-39, a mano y a torno del nivel V (siglos IV y III a. C.) (37 y 38, cerámica gris; 39, cerámica común) (dibujo del autor).
32 mejorar la calidad de la información que hasta esos momentos teníamos sobre la Cauca soteña, pues parecían indicar que este núcleo poblacional surgió como tal en la denominada fase formativa de la cul-tura del Soto de Medinilla (fig. 4, 1-16). Aunque hoy día sabemos que estos cuencos se siguen fabricando en momentos posteriores, en la fase de plenitud de la referida cultura, es su gran abundancia lo que nos hace sospechar que esta primera población se re-monta a fechas anteriores al 700/670 a. C., horquilla cronológica esta en la que de manera convencional se hace comenzar una especie de fase de transición o momento intermedio entre el Soto formativo y el Soto pleno, según el sondeo efectuado en 1989-1990 en el propio poblado del Soto de Medinilla (De-libes, Romero y Ramírez, 1995: 162 y 172). De todas formas, el grueso de los fragmentos cerá-micos recuperados en el referido nivel pertenecen a los siglos VII-V a. C. (fig. 4, 17-22, 24 y 26-29), que es el pe-riodo en el que mayor extensión llegó a alcanzar Cauca soteña –unas 2,5 hectáreas, con una población estima-da en torno a las 350 almas–, donde ya están presentes Fig. 4. Excavación “Coca 1999” (Azafranales). Cerámica perteneciente las UU.EE. 109, 130 y 179. 1-16, cuencos carenados lisos, de superficies bruñidas, fabricados a mano, de la UE 109 (soteña); 17-22, 24 y 26-29, vasos fabricados a mano, lisos y decorados, de la UE 109 (soteña); 23, cuenco decorado con peine inciso, de la UE 179; 25, ollita decorada con peine inciso y estampillas tetrapétalas, de la UE 130 (dibujo del autor).
33 El proceso de crecimiento urbano de Cauca durante la Edad del Hierro (750/700 a. C. - cambio de Era) las cerámicas con decoración de peine inciso, un tipo de producción que a partir de ahora empezará a adqui-rir cierto peso porcentual en los equipos domésticos de los siglos IV y III a. C. (fig. 4, 23 y 25; fig. 5, 1-5), así como las decoraciones estampadas (fig. 5, 6). En algunas zonas de la excavación de 1999 este nivel del primer Hierro había sido cortado horizontal-mente en su techo para extender un suelo de arcilla cruda de unos 2/3 cm de espesor (Blanco, 2018a: 91, fig. 3.17), lo que significa que dicho nivel perdió su parte superior al allanarse el terreno para levantar las primeras construcciones de la Segunda Edad del Hie-rro. Construcciones que, considerando las cerámicas a torno que se les asociaban (fig. 6), se remontan al siglo IV a. C., muy posiblemente a su primera mitad. Esto significa que tanto aquí como en las sepultu-ras del cementerio arriba explicadas la continuidad poblacional entre el Hierro I y el II es un hecho de-mostrado, algo que ya se pudo observar en la cata A practicada en 1980 por M. V. Romero y J. R. López en pleno centro de Los Azafranales (fig. 1A, 3). En ella se registró una secuencia estratigráfica formada por cinco niveles (fig. 2, C). Sobre el nivel de ocupación V, perteneciente al Hierro I, en el que era abundante la cerámica soteña (Romero, Rome-ro y Marcos, 1993: 232-234, fig. 5) (fig. 7, 1-2), se disponía una fina capa de arena intencionadamente extendida y sobre esta un potente nivel de ocupa- Fig. 5. Excavación “Coca 1999” (Azafranales). Cuencos de superficies bruñidas, fabricados a mano, recuperados en UU.EE. de finales del Hie-rro I e inicios del II. 1-5, c on decoración de peine inciso; 6, con decoración impresa (fotografías de P. Arribas).
34 ción (el III) en el que siguen siendo abundantes las cerámicas a mano pero dentro ya de un contexto ge-neral en el que imperan los recipientes torneados, tanto en barros poco decantados como en pastas finas y con decoración pintada (Romero, Romero y Marcos, 1993: 234-238, figs. 6-10) (fig. 7, 3-15), de las mismas características que los recuperados en el alfar vacceo que nosotros mismos excavamos en 1990 (Blanco, 1991, 1992 y 1998). Este mismo pa-norama presenta el conjunto cerámico recuperado en el nivel IIIb de la cata D (fig. 7, 16-26), por lo que parece ser contemporáneo. Considerando la exis-tencia de cierto inmovilismo tecno-tipológico en las producciones cerámicas vacceas a torno a lo largo de los siglos IV y III a. C., el repertorio de recipien-tes recuperado en el referido alfar seguramente con muy pocas o ninguna variación sería el mismo que existiría desde la primera mitad del siglo IV a. C.Aunque con menos información, esto mismo se repite en la zona central del cortado orientado hacia el sur del extremo occidental de Los Azafranales (fig. 1A, 4). A lo largo de la misma, y en general en todo este flanco, se puede observar cómo la erosión ha seccionado de manera tajante el terreno, dejando a cielo abierto la secuencia estratigráfica completa (fig. 2, E). Una secuencia que muestra cómo sobre las arenas naturales aflora ese nivel de ocupación de la Cauca primigenia que nos indica que hace 2600/2700 años el poblado se prolongaba en esa di-rección. Desconocemos cuántos metros cuadrados del mismo se han perdido por este flanco, pero nos da la impresión de que han sido muchos, por dos ra-zones. En primer lugar, por la considerable potencia que alcanza dicho nivel, claro indicio de que no esta-mos precisamente a sus afueras. Y en segundo lugar, por la topografía: lejos de ser descendente hacia el cauce del Voltoya, es ascendente, lo que significa que durante el Hierro I la línea de cumbres –o el ini-cio del declive hacia el río– estuvo situado bastante más al sur de donde se encuentra en la actualidad. Tratar de concretar cuánto más al sur es absoluta-mente imposible de establecer. Las cerámicas que muestra el nivel de ocupación soteño en este punto de Los Azafranales corresponden mayoritariamente a la denominada fase de plenitud, entre las que se pueden ver algunas decoradas a peine, tanto inci-so como impreso, si bien estas últimas puede que tengan que ver más con el estrato que lo sella que con este (fig. 8). Algunas de estas cerámicas mues-tran defectos de cocción, lo que confirma nuestras suposiciones de que siempre estamos ante produc-ciones locales, algo que es de sentido común en este tiempo y lugar pero que si existen evidencias que lo demuestren, mejor.El quinto y último punto del que hemos obtenido información relativa a Cauca soteña arqueológica-mente lleva la denominación de zanja del Colector Municipal, por lo que más que de un punto real-mente se trata de una ancha y profunda zanja que seccionó en forma de L el terrazgo de Los Azafrana-les arrancando literalmente más de 5000 m 2 de ya-cimiento en unas pocas semanas de finales de 1992 y principios de 1993 (Blanco, 2018a: 262, figs. 6.22 y 6.23) (fig. 1A, 5). La parte más occidental de la zanja, donde se sitúa el codo de la L, se quedó a unos po-cos metros de distancia al este de las catas realiza-das por M. V. Romero y J. R. López en 1980 a las que ya hemos hecho un par de referencias, y en esa zona pudimos realizar interesantes observaciones. En pri-mer lugar, vimos cómo el nivel de ocupación soteño que en la cata A estos investigadores registraron con el n.º V seguía apareciendo aquí, si bien ya era algo Fig. 6. Excavación “Coca 1999” (Azafranales). Tinajillas vacceas a torno, de fabricación local, con decoración pintada, de comienzos del Hie-rro II (fotografías de P. Arribas).
35 El proceso de crecimiento urbano de Cauca durante la Edad del Hierro (750/700 a. C. - cambio de Era)