Vaccea Anuario
, 16 (2023)
ISSN:
edición impresa: 2659-7179; edición en línea: 2659-7187
ht
tps://pintiavaccea.es/seccion/vaccea-anuario
Vaccea Editorial, CEVFW
Universidad de Valladolid
Recibido: 25 de marzo de 2023 / Aceptado: 12 de septiembre de 2023
* Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, paco.blanco@uam.es, ORCID: 0000-0001-9950-7749.
Cómo citar: Blanco García, J. F. (2023): “El proceso de
crecimiento urbano de Cauca durante la Edad del Hierro
(750/700 a. C. – cambio de Era)”.
Vaccea Anuario
, 16, pp. 25-60.
Resumen:
Uno de los aspectos más desconocidos de las ciudades vacceas es el que se refiere al proceso de
crecimiento que experimentaron desde sus inicios como núcleos estables hasta época romana. En este trabajo
vamos a realizar una aproximación al mismo, aplicado al caso de
Cauca
(Coca, Segovia), y a través de los datos
obtenidos en un número significativo de excavaciones arqueológicas practicadas en diversos puntos del solar que
ocupó. A esta información, que es la fundamental, se añaden las observaciones que hemos podido llevar a cabo
en varias obras de construcción durante la realización de vaciados, cimentaciones y zanjas. Abarcaremos, por
tanto, desde inicios de la Primera Edad del Hierro hasta el cambio de Era.
Palabras
clave:
cultura del Soto de Medinilla,
Cauca
vaccea, crecimiento urbano, secuencias estratigráficas,
cerámica vaccea, Edad del Hierro, valle medio del Duero, España.
Abstract:
In order to study the Vaccaean towns, it is necessary to understand the urban expansion process
occurred, from its beginnings to the birth of the Roman Empire. This is an aspect practically unknown in the mid-
Duero region, and by this reason in this paper we are going to study specifically the Vaccaean city of
Cauca
(Coca,
Segovia), with the results obtained in numerous archaeological excavations. The period under consideration runs
from the Early Iron Age to the end of the first century BC.
Keywords
:
Soto de Medinilla culture, Vaccaean
Cauca
, Urban Development, Stratigraphic sequences, Vaccaean
pottery, Iron Age, Middle Duero Valley, Spain.
Juan Francisco Blanco García*
26
Introducción
Hace ahora cinco años que vio la luz el libro
Cauca
vaccea. Formación, desarrollo y romanización de
una ciudad
(Valladolid, 2018). En él ofrecíamos una
síntesis puesta al día de los conocimientos que se
tenían sobre tan destacada ciudad prerromana del
valle del Duero, emanados fundamentalmente de
las excavaciones arqueológicas realizadas entre 1980
y 2014, pero también de los numerosos hallazgos
de objetos arqueológicos que a lo largo del tiempo
se han ido produciendo, así como de la observación
de vaciados y remociones del terreno efectuadas en
el casco antiguo y, en menor medida por ser muy
escasas las referencias, de la información que nos
suministran los autores clásicos. Como es habitual
en trabajos panorámicos en los que se estudian
ciudades prerromanas, unos capítulos están más
cuajados de información que otros, bien porque
en unos campos se ha investigado más a fondo que
en otros, bien porque unos temas de análisis son
más accesibles que otros para el estudioso a través
de la práctica arqueológica, o simplemente porque
unas excavaciones han sido más fértiles en ciertos
aspectos que otras. Esto último es lo que nos indujo a
pensar, cuando escribíamos el citado libro, que quizá
podría ser interesante para el lector, especializado
o no, concluirlo con un anexo de las excavaciones
arqueológicas realizadas e informaciones obtenidas
en aquellas obras de construcción que más datos
habían aportado al conocimiento de la vida material
de quienes habitaron la ciudad de
Cauca
, desde su
origen como aldea de la Primera Edad del Hierro
hasta su lenta transformación en
ciuitas
romana
(Blanco, 2018a: 249-268). Siguiendo un modelo de
ficha, ofrecimos de manera breve los datos básicos
de cada una de las actuaciones y obras con las
imprescindibles secuencias estratigráficas registradas
para que cada ficha no fuera un simple “hago
constar”, sino un documento arqueológico con los
comentarios que fuesen pertinentes. Un documento
arqueológico al que, sin embargo, le faltaba algo
fundamental para que su utilidad fuera completa: los
materiales recuperados en cada intervención. Si bien
inicialmente nuestra intención era recoger los más
destacados de cada una de ellas, pronto tuvimos que
desestimarla ante la extensión que iba alcanzando el
volumen, aunque no renunciábamos a hacerlo en un
futuro cercano.
No alargar dicha monografía más de lo debido
fue igualmente la razón por la que concedimos muy
poco espacio a varias cuestiones de las que teníamos
información novedosa, entre ellas la relativa a
cómo se había producido el proceso de crecimiento
urbano de
Cauca
a lo largo de la Edad del Hierro.
De la unión de estas dos “podas” obligadas nació
la idea de dedicar, pasado un tiempo, un trabajo
extenso a dicho proceso, aportando los materiales
arqueológicos justificativos, aunque, lógicamente,
sólo aquellos que tienen que ver con las exigencias
del tema de estudio, de manera que, como se verá
en las próximas páginas, únicamente consideraremos
aquellos que se han recuperado en la base de las
secuencias estratigráficas, en los estratos de la Edad
del Hierro más profundos, que son los que marcan
el inicio de la ocupación en cada punto concreto
de
Cauca
. Esto último afecta exclusivamente a los
materiales de excavación, pues los procedentes
de obras de vaciado –y que en unas ocasiones los
propios constructores nos han entregado pero
en otras han sido recuperados entre las tierras
depositadas en la escombrera municipal–, sobre los
que no hemos tenido posibilidad alguna de controlar
de qué estratos concretos han salido, nos vemos
obligados a presentarlos y estudiarlos en conjunto
para realizar su valoración cronológica, deslindando
los más antiguos, que son los que nos aproximan al
momento fundacional, de los de época avanzada y de
los más modernos.
Como es sabido, el urbanismo de las ciudades
vacceas aún lo conocemos de forma parcial y precaria,
simples retazos en la mayoría de los casos, aunque es
necesario decir que el de algunas se conoce mejor que
el de otras. La información de la que disponemos en
parte deriva de las excavaciones que desde hace casi
medio siglo vienen siendo practicadas, pero también
de las fotografías aéreas y, en menor medida, de las
prospecciones geofísicas, si bien estos dos últimos
métodos de obtención de datos sólo se han llevado
a cabo en unos pocos núcleos que en la actualidad
son tierras de labor, lógicamente, pero los resultados
alcanzados requieren comprobación mediante la
realización de sondeos manuales, ya que muchos de
ellos se romanizaron y las tramas que nos muestran
en superficie no tenemos plena garantía de que sean
las de época vaccea. Sí la tenemos, por ejemplo, en
aquellas ciudades que, como
Pallantia
/Palenzuela
(Palencia) y Las Quintanas de Valoria la Buena
(Valladolid), por ejemplo, se deshabitaron durante las
guerras sertorianas, pero en otras, no.
Con independencia de la trama que en cada
una se puede observar a través de la aplicación de
los indicados métodos no destructivos del depósito
arqueológico, y que no deja de ser más que una
instantánea del momento de abandono de la ciudad,
es decir, de sus últimas estructuras arquitectónicas,
hay una cuestión de carácter urbanístico mucho más
difícil de resolver porque exige de la excavación como
única vía para obtener la información que se necesita,
y ese problema es el del proceso de crecimiento que
experimentaron desde su nacimiento como núcleos
estables hasta época romana. Sólo a través de la
práctica de un número significativo de excavaciones
puntuales repartidas por todo el solar urbano se
puede acometer un ensayo de estas características.
Pero además de esto, y es de sentido común,
27
El proceso de crecimiento urbano de
Cauca
durante la Edad del Hierro (750/700 a. C. - cambio de Era)
Fig. 1. A. Localización de las excavaciones, sondeos y puntos de mayor interés para el tema de estudio, en el mapa topográfico de
Cauca
. 1,
Cementerio municipal; 2, excavación Coca 1999; 3, excavación de la Universidad de Valladolid en 1980; 4, cortado hacia el Voltoya; 5, zanja
del Colector Municipal; 6, cortado hacia el río Eresma; 7, final de la calle Río Voltoya; 8, instalación alfarera vaccea (Tierra de Las Monedas, IV);
9, tierra de Las Monedas, I; 10, avda. de la Constitución, 18; 11, calle Azafranales, 5; 12, centro de Jubilados; 13, ampliación del I.E.S.
Cauca
Romana
; 14, calle Doctor Apellániz, 7 c/v a calle Luis Galicia; 15, convento I; 16, convento II; 17, calle de Joaquina Ruiz, 18; 18, calle Falcón
Ruiz (hoy, Plaza Mayor, 2); 19; calle General Sanjurjo, 7; 20, calle General Sanjurjo, 9 c/v a calle de San Nicolás; 21, avda. de José Antonio, 11;
22, calle Valdenebro, 28 c/v a calle de La Alameda; 23, calle de La Alameda, 19; 24, callejón de Palomares, 1; 25, cortado hacia el río Eresma
tras el cuartel viejo de la Guardia Civil; 26, patio posterior del Centro Cultural Fonseca. B. Recreación hipotética del aspecto que pudo haber
tenido
Cauca
en la fase de plenitud de la cultura del Soto de Medinilla (dibujo del autor).
A
B
28
resulta imprescindible en cada excavación agotar
la secuencia estratigráfica, profundizando hasta
el sustrato geológico, cosa que no siempre ocurre
porque a veces, bien por falta de tiempo o de
recursos materiales, la intervención ha de darse por
concluida antes de lo previsto. Finalmente, hay un
tercer requerimiento más difícil de cumplir y que en el
supuesto de que se pudiera llevar a la práctica, no está
exento de problemas. Nos referimos a la obtención
de fechas absolutas para datar esos estratos iniciales
de las secuencias registradas. Los problemas a los
que aludimos no son únicamente de tipo económico,
sino también intrínsecos a los propios métodos de
obtención de las fechas –C
14
, TL y paleomagnetismo–,
ya que para las cronologías en las que nos movemos,
que abarcan sólo unas pocas centurias, el margen de
error es demasiado amplio y, por ello, poco aceptable
en una tarea en la que se requiere cierta precisión.
Por otro lado, las fechas que necesitaríamos de los
estratos fundacionales de cada excavación, para que
fuesen fiables tendrían que formar parte de series que
abarcasen el resto de niveles de ocupación vacceos, y
esto, además de rayar en lo utópico, en casos como
el nuestro de
Cauca
es ya impracticable, al manejar,
como seguidamente veremos, datos nada menos que
de veintiséis puntos con restos habitacionales, entre
excavaciones y obras, muchas de ellas realizadas en los
años ochenta y noventa del cada vez más lejano siglo
XX. Esto nos conduce a utilizar los restos materiales,
sobre todo la cerámica, como única guía para datar de
forma aproximada cada estrato fundacional y siempre
poniéndola en relación con la obtenida en los dos o
tres estratos inmediatamente superiores, los que lo
sellan, así como con materiales contextualizados de
otros yacimientos (Cuéllar,
Pintia
/Las Ruedas, El Soto
de Medinilla, Simancas,
Rauda
, etc.).
Hasta ahora, en el casco antiguo de Coca
se sobrepasa con creces el medio centenar de
excavaciones realizadas, aunque lamentablemente
la publicación de los resultados obtenidos en muchas
de ellas no parece que entrara en los planes de sus
excavadores
1
, con lo que para elaborar el presente
trabajo contamos con la información de algo menos
de veinte, a la que cabe añadir la obtenida durante
la remoción del subsuelo, hasta el nivel geológico,
en unos diez puntos –entre vaciados de sótanos y
garajes, zanjas y pilares de cimentación– y los datos
que se desprenden de la observación de los cortados
que asoman a los cauces de los ríos Voltoya y Eresma.
Por tanto, para el tipo de estudio que aquí
abordamos,
Cauca
tiene unas ventajas que en otras
ciudades prerromanas, vacceas y no vacceas, son
inexistentes. Gracias a que desde hace ya más de
tres décadas tenemos identificado y prácticamente
perimetrado el lugar en el que estuvo situada la aldea
del Hierro I, en el extremo occidental del espigón
labrado por los referidos ríos que hoy constituye el
terrazgo urbano de Los Azafranales, su crecimiento
durante el Hierro II sólo se podía producir en dirección
este y sureste, hacia donde el terreno enrasa con la
llanura. Esta ventaja la podrían tener también otros
poblados vacceos de características topográficas
similares a
Cauca
, como por ejemplo Sieteiglesias
(Matapozuelos, Valladolid) o
Viminatium
(Calzadilla
de la Cueza, Palencia), en las que el crecimiento
hubiera sido igualmente unidireccional o bidireccional,
no radial, pero la
conditio sine qua non
para tratar
de reconstruir el proceso de crecimiento es que la
investigación tenga identificados y más o menos
perimetrados sus núcleos originarios en el extremo de
sus respectivos espigones para, a partir de ahí, poner
en práctica un programa de sondeos estratigráficos
dispersos por el área de expansión urbana.
Más arriba hemos señalado que son veintiséis los
puntos del solar caucense que iremos desgranando.
Y debemos aclarar que son los seleccionados para
cumplir los objetivos que en este trabajo nos hemos
propuesto cumplir, pues los lugares con restos
vacceos estratificados son bastantes más (Blanco,
2018a: 249-250, fig. 6.2), pero por diversas razones
hemos de dejarlos fuera. Bien sea porque los estratos
inferiores de la secuencia están muy alterados debido
a la existencia de alteraciones de épocas posteriores,
lo cual nos generan desconfianza; porque el material
recuperado es, además de exiguo, poco significativo
desde el punto de vista de la adscripción cronológica
y lo único que puede ocurrir es que nos conduzca a
cometer errores; o porque en las excavaciones de
algunos colegas que nos hubieran sido muy útiles
para nuestros propósitos no se llegaron a agotar las
secuencias estratigráficas, el caso es que preferimos
trabajar sólo con secuencias que cumplen unos
estándares de seguridad y fiabilidad aceptables.
Debido a que Coca es una de las poblaciones de
Castilla y León que en sus orígenes formó parte de
ese
primer paisaje de poblados estables del valle del
Duero
, expresión que algunos investigadores gustan
emplear para referirse a los primeros poblados
soteños en los que se generaliza la arquitectura “en
duro”, y que desde entonces hasta la actualidad ha
estado permanentemente habitada, cada vez que se
construye una vivienda de nueva planta en su casco
antiguo la ley exige practicar la pertinente excavación
arqueológica. Esta circunstancia es la que explica el
hecho de que sea uno de los núcleos vacceos en los
que más excavaciones y sondeos estratigráficos se
han llevado a cabo, al igual que ocurre en
Rauda
,
Septimanca
, Montealegre, Cuéllar o
Pallantia
/
Palencia, entre los más destacados, y a diferencia
de otras importantes ciudades como Las Quintanas-
Pintia
, Las Quintanas-Valoria la Buena, La Ciudad de
Paredes de Nava,
Pallantia
/Palenzuela o
Dessobriga
,
que al situarse en terrenos de labranza raramente las
intervenciones son de carácter urgente o preventivas
y lo que en ellas principalmente se han desarrollado
han sido excavaciones programadas.
29
El proceso de crecimiento urbano de
Cauca
durante la Edad del Hierro (750/700 a. C. - cambio de Era)
Como se puede comprender, los lugares de
Cauca
en los que se han practicado tanto los sondeos como
las excavaciones en extensión no han sido elegidos
por necesidades de la investigación, sino a remolque
de las obras de construcción, lo que significa que,
como muestra la figura 1A, no se distribuyen de
manera regular por su solar. Mientras en algunas
zonas nunca se ha hecho una incursión en el
subsuelo, en otras se produce cierta concentración,
lo cual nos impide realizar una labor de detalle para
todo el espacio urbano. Por otra parte, no todas las
intervenciones tienen el mismo valor para cumplir los
objetivos perseguidos, pues en algún caso, y debido
a determinadas circunstancias como pueden ser las
pequeñas dimensiones del sondeo, la escasez de
materiales arqueológicos recuperados en el nivel de
ocupación más profundo de la secuencia estratigráfica
o su estado de cierta alteración motivado por
remociones urbanísticas vacceas posteriores, nos
obligan a manejar los datos con cautela. Al hilo de
todo esto, es importante señalar, para que nadie se
llame a engaño, que salvo en las denominadas catas
A y D que en 1980 practicaron en pleno terrazgo
urbano de Los Azafranales M.ª V. Romero Carnicero
y J. R. López Rodríguez (Romero, Romero y Marcos,
1993), para ninguna otra excavación aquí considerada
disponemos de fechas de C
14
u obtenidas por
cualquier otro método físico-químico, lo cual puede
poner en cuestión los resultados obtenidos teniendo
en cuenta que el objetivo del presente trabajo es
eminentemente de carácter cronológico: marcar
los jalones del proceso de crecimiento urbano de
Cauca
a través del estudio de los primeros estratos
de ocupación registrados en diferentes puntos de
su geografía, con el único método de analizar los
materiales arqueológicos recuperados en esos
estratos fundacionales en clave cronológica, y siendo
la cerámica el elemento exclusivo que se maneja, ante
la ausencia o nula utilidad de los objetos metálicos.
Los
jalones
del
proceso
Son varias las decenas de excavaciones practicadas
en Coca en las que se han documentado niveles de
ocupación de época vaccea. Sin embargo, por las
razones arriba aludidas, una parte significativa de
ellas permanecen inéditas. Esto nos obliga a trabajar
principalmente con las que nosotros mismos hemos
llevado a cabo entre 1987 y 2014, lo cual no es poco,
pero a las que debemos añadir las observaciones
realizadas en algunas de esas intervenciones inéditas,
tanto a sus materiales como a sus secuencias
estratigráficas, en muchas ocasiones a propuesta de
sus excavadores durante el desarrollo de los trabajos,
algo que desde aquí agradezco (fig. 1A). Y lo mismo
debo hacer, en justicia, con algunos constructores de
Coca que siempre me permitieron echar una ojeada y
tomar fotografías de las estratigrafías que dejaban a
cielo abierto en sus obras, en la confianza de que con
ello estaban contribuyendo a escribir la historia de la
localidad.
Nuestro punto de partida, que es el extremo
occidental del terrazgo de Los Azafranales, solar en
el que se levantó esa
Cauca
fundacional adscrita a la
cultura arqueológica del Soto de Medinilla pero cuyo
componente humano está indudablemente integrado
por los ancestros de los vacceos del segundo Hierro
(fig. 1B), constituye una de las zonas mejor conocidas a
los efectos aquí considerados. Por ahora disponemos
de cinco secuencias estratigráficas, y aunque existen
diferencias entre ellas en cuanto a cómo han sido
documentadas, pues dos se han obtenido en trabajos
programados de excavación (fig. 2, B y C) y las otras tres
durante remociones del terreno ajenas a la actividad
arqueológica (fig. 3, A, D y E), en conjunto nos han
permitido conocer las dimensiones aproximadas
que tuvo la aldea soteña en su momento de mayor
extensión, cómo en su flanco meridional parte de la
misma ha quedado seccionada transversalmente por
la erosión y cómo impera la continuidad poblacional
en el paso del Hierro I al II. Vamos a ver, en síntesis,
estos cinco puntos, con los materiales cerámicos
asociados en cada uno de sus respectivos estratos.
Aprovechando la excavación manual de dos
sepulturas en el cementerio municipal, en el año
1987, tuvimos la oportunidad de observar las
secuencias estratigráficas existentes en este punto
clave de Los Azafranales (fig. 1A, 1; fig. 2, A). Y no
sólo eso, sino que, concluida la intervención, se nos
concedió un tiempo para documentar con detalle
dichas secuencias (Blanco, 2006a: 204, figs. 44-
46; 2018a: 253-255, fig. 6.9) y tomar notas de los
materiales que en cada estrato se podían ver, con
el objetivo de realizar las pertinentes adscripciones
cronológicas. De este modo, pudimos ver cómo
sobre las arenas naturales se disponía un potente
nivel de ocupación (el VII) formado por tierras negras
y cenicientas con abundantes restos faunísticos y
trozos de madera quemada, aunque no pudimos
identificar restos de estructuras constructivas “en
duro” (de adobe, tapial…) en posición primaria.
Gracias a los numerosos fragmentos cerámicos que
aparecieron pudimos vincular este nivel con la aldea
soteña ya vislumbrada en el nivel V de la cata A de
las excavaciones realizadas en 1980 por parte de la
Universidad de Valladolid (Romero, Romero y Marcos,
1993: 230, 255-256 y fig. 2). Mayoritariamente se
trataba de fragmentos cerámicos pertenecientes a
recipientes de la denominada
fase plena
del mundo
soteño (fig. 3, 1-19), si bien algunos podrían remontar
a la
formativa
.
Sellando este nivel fundacional se disponía
otro de inferior potencia (el VI) en el que, además
de abundantes fragmentos de cerámica a mano
típicamente soteños, hacían acto de presencia
30
fragmentos de recipientes torneados, todos ellos
de fabricación local (fig. 3, 20-21), generalmente
sin decoración, si bien algunos de ellos sí portaban
sencillas bandas de pintura roja o negra, semicírculos
concéntricos igualmente pintados y poco más. Lo
más destacado de estos vasos a torno era su gran
homogeneidad tecnológica y cromática. En conjunto,
parecían reflejar un ambiente alfarero de comienzos
del siglo IV a. C., momento en el que se siguen
fabricando con cierta abundancia especies manuales
soteñas pero se ve cómo van incorporándose las
torneadas. Lamentablemente, ni en este nivel ni
en el anterior pudimos ver fragmentos ibéricos de
importación, a torno y con pinturas rojas vinosas,
bordes de tinajillas con uñada, etc., lo cual tampoco
tiene nada de extraño al ser un espacio muy reducido
el sondeado.
Sobre el VI, el nivel de ocupación V se mostró
bastante más rico en materiales cerámicos, algunos
decorados con peine inciso, uno de ellos con series
de estampillas impresas similares a las “sigmas”, en
vertical y horizontal, otro con decoración excisa en el
cuello (fig. 3, 22-25), pero la mayor parte con frisos
de motivos geométricos pintados, en unos casos
con pintura roja y en otros negra, siendo corrientes
también los bicromos en rojo y anaranjado (fig. 3,
26-36 y 39). A este repertorio cabe añadir algunos
recipientes grises antiguos (fig. 3, 37-38). En conjunto,
este nivel quinto muestra un ambiente material
característico de los siglos IV y III a. C., pero más no
podemos precisar. Al hilo de las cerámicas bicromas,
hay que decir que, a diferencia de otras ciudades
vacceas, y como hemos señalado en anteriores
ocasiones, en
Cauca
la bicromía, además de antigua,
pues se remonta a los inicios del siglo IV a. C., es muy
común a lo largo de toda la Segunda Edad del Hierro.
En ciudades vacceas cercanas como Cuéllar o
Pintia
,
la bicromía no sólo es más escasa, sino que hace su
aparición en momentos más tardíos.
Una secuencia similar a esta, pero más comple-
ta y documentada en una extensión de terreno ma-
yor, es la que registramos años después, en 1999, a
unos 50 m al norte de las sepulturas referidas, en un
espacio situado ya fuera del recinto cementerial de
entonces, pues actualmente, tras la ampliación que
del mismo se realizó en 2016, queda dentro (fig. 1A,
2). En esta ocasión, la practicada fue ya una exca-
vación programada, en área, que afectó a 300 m
2
.
De nuevo, sobre las arenas naturales se extendía ese
potente nivel de ocupación perteneciente a la aldea
soteña (fig. 2, B, 109), muy abundante también en
restos cerámicos y faunísticos, a los que se suma-
ban numerosos fragmentos de adobes pertenecien-
tes a construcciones desmanteladas y algún tramo
de muro de tapial de barro crudo (Blanco, Pérez y
Reyes, 2012-2013: 76-77, fig. 32). La gran cantidad
de cuencos de superficies cuidadosamente bruñidas
y carenas vivas que se recuperaron nos permitieron
Fig. 2. Localización de las estratigrafías en las que se constata el nivel de ocupación de la aldea soteña de
Cauca
, en Los Azafranales. En el
sentido de las agujas del reloj, son: el AVII, el B109, el CV, el DI y el E7 (dibujo del autor).
31
El proceso de crecimiento urbano de
Cauca
durante la Edad del Hierro (750/700 a. C. - cambio de Era)
Fig. 3. Cementerio Municipal (Azafranales). Cerámica perteneciente a los niveles de ocupación VII, VI y V. 1-19,
a mano, lisas y decoradas, del nivel VII (Primera Edad del Hierro); 20 y 21, a mano y a torno del nivel VI (inicios de la
Segunda Edad del Hierro); 22-39, a mano y a torno del nivel V (siglos IV y III a. C.) (37 y 38, cerámica gris; 39, cerámica común) (dibujo
del autor).
32
mejorar la calidad de la información que hasta esos
momentos teníamos sobre la
Cauca
soteña, pues
parecían indicar que este núcleo poblacional surgió
como tal en la denominada
fase formativa
de la cul-
tura del Soto de Medinilla (fig. 4, 1-16). Aunque hoy
día sabemos que estos cuencos se siguen fabricando
en momentos posteriores, en la
fase de plenitud
de
la referida cultura, es su gran abundancia lo que nos
hace sospechar que esta primera población se re-
monta a fechas anteriores al 700/670 a. C., horquilla
cronológica esta en la que de manera convencional
se hace comenzar una especie de fase de transición
o momento intermedio entre el
Soto formativo
y
el
Soto pleno
, según el sondeo efectuado en 1989-
1990 en el propio poblado del Soto de Medinilla (De-
libes, Romero y Ramírez, 1995: 162 y 172).
De todas formas, el grueso de los fragmentos cerá-
micos recuperados en el referido nivel pertenecen a los
siglos VII-V a. C. (fig. 4, 17-22, 24 y 26-29), que es el pe-
riodo en el que mayor extensión llegó a alcanzar
Cauca
soteña –unas 2,5 hectáreas, con una población estima-
da en torno a las 350 almas–, donde ya están presentes
Fig. 4. Excavación “Coca 1999” (Azafranales). Cerámica perteneciente las UU.EE. 109, 130 y 179. 1-16, cuencos carenados lisos, de superficies
bruñidas, fabricados a mano, de la UE 109 (soteña); 17-22, 24 y 26-29, vasos fabricados a mano, lisos y decorados, de la UE 109 (soteña); 23,
cuenco decorado con peine inciso, de la UE 179; 25, ollita decorada con peine inciso y estampillas tetrapétalas, de la UE 130 (dibujo del autor).
33
El proceso de crecimiento urbano de
Cauca
durante la Edad del Hierro (750/700 a. C. - cambio de Era)
las cerámicas con decoración de peine inciso, un tipo
de producción que a partir de ahora empezará a adqui-
rir cierto peso porcentual en los equipos domésticos
de los siglos IV y III a. C. (fig. 4, 23 y 25; fig. 5, 1-5), así
como las decoraciones estampadas (fig. 5, 6).
En algunas zonas de la excavación de 1999 este
nivel del primer Hierro había sido cortado horizontal-
mente en su techo para extender un suelo de arcilla
cruda de unos 2/3 cm de espesor (Blanco, 2018a: 91,
fig. 3.17), lo que significa que dicho nivel perdió su
parte superior al allanarse el terreno para levantar las
primeras construcciones de la Segunda Edad del Hie-
rro. Construcciones que, considerando las cerámicas
a torno que se les asociaban (fig. 6), se remontan al
siglo IV a. C., muy posiblemente a su primera mitad.
Esto significa que tanto aquí como en las sepultu-
ras del cementerio arriba explicadas la continuidad
poblacional entre el Hierro I y el II es un hecho de-
mostrado, algo que ya se pudo observar en la cata A
practicada en 1980 por M. V. Romero y J. R. López en
pleno centro de Los Azafranales (fig. 1A, 3).
En ella se registró una secuencia estratigráfica
formada por cinco niveles (fig. 2, C). Sobre el nivel
de ocupación V, perteneciente al Hierro I, en el que
era abundante la cerámica soteña (Romero, Rome-
ro y Marcos, 1993: 232-234, fig. 5) (fig. 7, 1-2), se
disponía una fina capa de arena intencionadamente
extendida y sobre esta un potente nivel de ocupa-
Fig. 5. Excavación “Coca 1999” (Azafranales). Cuencos de superficies bruñidas, fabricados a mano, recuperados en UU.EE. de finales del Hie-
rro
I e inicios del II. 1-5, c
on decoración de peine inciso; 6, con decoración impresa (fotografías de P. Arribas).
34
ción (el III) en el que siguen siendo abundantes las
cerámicas a mano pero dentro ya de un contexto ge-
neral en el que imperan los recipientes torneados,
tanto en barros poco decantados como en pastas
finas y con decoración pintada (Romero, Romero y
Marcos, 1993: 234-238, figs. 6-10) (fig. 7, 3-15), de
las mismas características que los recuperados en
el alfar vacceo que nosotros mismos excavamos en
1990 (Blanco, 1991, 1992 y 1998). Este mismo pa-
norama presenta el conjunto cerámico recuperado
en el nivel IIIb de la cata D (fig. 7, 16-26), por lo que
parece ser contemporáneo. Considerando la exis-
tencia de cierto inmovilismo tecno-tipológico en las
producciones cerámicas vacceas a torno a lo largo
de los siglos IV y III a. C., el repertorio de recipien-
tes recuperado en el referido alfar seguramente con
muy pocas o ninguna variación sería el mismo que
existiría desde la primera mitad del siglo IV a. C.
Aunque con menos información, esto mismo se
repite en la zona central del cortado orientado hacia
el sur del extremo occidental de Los Azafranales (fig.
1A, 4). A lo largo de la misma, y en general en todo
este flanco, se puede observar cómo la erosión ha
seccionado de manera tajante el terreno, dejando
a cielo abierto la secuencia estratigráfica completa
(fig. 2, E). Una secuencia que muestra cómo sobre
las arenas naturales aflora ese nivel de ocupación
de la
Cauca
primigenia que nos indica que hace
2600/2700 años el poblado se prolongaba en esa di-
rección. Desconocemos cuántos metros cuadrados
del mismo se han perdido por este flanco, pero nos
da la impresión de que han sido muchos, por dos ra-
zones. En primer lugar, por la considerable potencia
que alcanza dicho nivel, claro indicio de que no esta-
mos precisamente a sus afueras. Y en segundo lugar,
por la topografía: lejos de ser descendente hacia el
cauce del Voltoya, es ascendente, lo que significa
que durante el Hierro I la línea de cumbres –o el ini-
cio del declive hacia el río– estuvo situado bastante
más al sur de donde se encuentra en la actualidad.
Tratar de concretar cuánto más al sur es absoluta-
mente imposible de establecer. Las cerámicas que
muestra el nivel de ocupación soteño en este punto
de Los Azafranales corresponden mayoritariamente
a la denominada
fase de plenitud
, entre las que se
pueden ver algunas decoradas a peine, tanto inci-
so como impreso, si bien estas últimas puede que
tengan que ver más con el estrato que lo sella que
con este (fig. 8). Algunas de estas cerámicas mues-
tran defectos de cocción, lo que confirma nuestras
suposiciones de que siempre estamos ante produc-
ciones locales, algo que es de sentido común en este
tiempo y lugar pero que si existen evidencias que lo
demuestren, mejor.
El quinto y último punto del que hemos obtenido
información relativa a
Cauca
soteña arqueológica-
mente lleva la denominación de zanja del Colector
Municipal, por lo que más que de un punto real-
mente se trata de una ancha y profunda zanja que
seccionó en forma de L el terrazgo de Los Azafrana-
les arrancando literalmente más de 5000 m
2
de ya-
cimiento en unas pocas semanas de finales de 1992
y principios de 1993 (Blanco, 2018a: 262, figs. 6.22 y
6.23) (fig. 1A, 5). La parte más occidental de la zanja,
donde se sitúa el codo de la L, se quedó a unos po-
cos metros de distancia al este de las catas realiza-
das por M. V. Romero y J. R. López en 1980 a las que
ya hemos hecho un par de referencias, y en esa zona
pudimos realizar interesantes observaciones. En pri-
mer lugar, vimos cómo el nivel de ocupación soteño
que en la cata A estos investigadores registraron con
el n.º V seguía apareciendo aquí, si bien ya era algo
Fig. 6. Excavación “Coca 1999” (Azafranales). Tinajillas vacceas a torno, de fabricación local, con decoración pintada, de comienzos del Hie-
rro
II (fotografías de P. Arribas).
35
El proceso de crecimiento urbano de
Cauca
durante la Edad del Hierro (750/700 a. C. - cambio de Era)