Vaccea Anuario,
15 (2022), pp. 85-98 (ISSN: 2659-7179)
Resumen
En los bordes externos del territorio vacceo se localizan una serie de ciudades pertenecientes a turmogos, aréva-
cos, vettones y astures –como Castrojeriz, Alto de San Pedro, Los Quemados, Sepúlveda, Segovia o Las Cogotas,
entre otras–, que por su vecindad con las vacceas periféricas nos muestran algunos elementos de cultura ma-
terial, sobre todo producciones cerámicas y joyería de plata, prácticamente indistinguibles de los propiamente
vacceos, tanto desde el punto de vista tecnológico como tipológico y decorativo. Esto nos lleva a hacer una
valoración inicial de la capacidad de influencia que sobre los núcleos periféricos del territorio vacceo tuvieron
ciudades tan destacadas como
Pallantia
/Palenzuela,
Rauda
,
Pintia
, Cuéllar/
Colenda
o
Cauca
. Siendo detectables
ya desde el siglo IV a. C., fue en los siglos II y I a. C. cuando mejor advertimos esas influencias materiales.
Palabras clave:
territorio vacceo, ciudades fronterizas, turmogos, arévacos, vettones, astures, Edad del Hierro,
valle del Duero, España
Abstract
At the neighbourhood of the Vaccaean territory, we find various cities localized in the land of the turmogi, are-
vaci, vettones and astures –Castrojeriz, Alto de San Pedro, Los Quemados, Sepúlveda, Segovia, Las Cogotas, and
so on–, that show a cultural affinity with the vaccaean cities. Perhaps, the most important items of the material
culture of those cities were the pottery production and the silver jewelry, and not only in technology, but in typo-
logy and decorative aspects too. This paper shows a preliminary exploration of the material influences of some
Vaccaean cities, like
Pallantia/Palenzuela, Rauda, Pintia, Cuéllar/Colenda
or
Cauca
, over those cities. The period
in which we can see clearly those material influences was during the 2nd and 1st centuries BC.
Key words:
Vaccaean territory, cities at the frontier, Turmogi, Arevaci, Vettones, Astures, Iron Age, Duero River
Valley, Spain.
Juan Francisco Blanco García
Universidad Autónoma de Madrid
Departamento de Prehistoria y Arqueología
86
Si la nómina de las poblaciones vacceas no se puede
decir que esté completamente cerrada, en parte se
debe a que varias de las que se sitúan en los bordes
de su territorio no sabemos muy bien si pertenecie-
ron a los vacceos o a las entidades étnicas vecinas:
cántabros, turmogos, arévacos, vettones, astures. No
ayudan mucho los autores clásicos a resolver este
problema porque pocas de ellas aparecen citadas en
sus escritos. Es más, en algunos casos lo que hacen
es añadir confusión, como ocurre, por ejemplo, con
Helmantiké
/
Salmantica
, citada por Polibio (III, 13, 5)
y Livio (XXI, 5, 7) como ciudad vaccea cuando refie-
ren la expedición de Aníbal del 220 a. C. pero incluida
entre las vettonas por Ptolomeo (II, 5, 7); o con Se-
govia, mencionada por Livio (
Frag
. 91) como vaccea
–idea de la que se mostraron partidarios A. Schulten,
B. Taracena y F. Wattenberg, entre otros–, pero por
Plinio (
Nat. Hist
. III, 27) y Ptolomeo (II, 6, 55) como
perteneciente a los arévacos. Puede que en estos ca-
sos inicialmente perteneciesen a un
populus
y luego
pasasen a formar parte del territorio político de otro,
por las razones y procedimientos que fuesen, pero re-
sulta difícil de admitir que estos cambios se produje-
sen de manera sencilla. Eso sin considerar los posibles
errores cometidos por unos escritores que en muchos
casos ni ellos ni aquellos otros que utilizaron como
fuente de información estuvieron en Hispania.
En este trabajo nos vamos a centrar en algunos
destacados enclaves situados en la periferia inmedia-
ta del territorio vacceo en los que, como veremos,
debido a su carácter fronterizo se advierten claras in-
fluencias de la cultura material vaccea. Concretamen-
te, nos referiremos a Castrojeriz (Burgos), el alto de
San Pedro en Pinilla Trasmonte (Burgos), Los Quema-
dos I de Carabias (Segovia), al cerro de Somosierra en
Sepúlveda (Segovia), Segovia capital, Las Cogotas en
Cardeñosa (Ávila),
Helmantiké/Salmantica
(Salaman-
ca),
Brigeco/Brigaecium
en Fuentes de Ropel (Zamo-
ra), así como a La Corona-El Pesadero en Manganeses
de la Polvorosa (Zamora) y la leonesa
Lancia
. Fuera
quedarán otros por ser, en unos casos, de menor en-
tidad, y en otros, peor conocidos arqueológicamen-
te. La información disponible es escasa, tanto en lo
que se refiere a sus características urbanas como a la
valoración de esas influencias materiales del mundo
vacceo, que es el principal objetivo que nos hemos
marcado, especialmente en lo que se refiere a la pres-
tigiosa alfarería vaccea, sin duda el elemento diagnós-
tico más claro. En la mayor parte de los casos, la dis-
tancia en línea recta de cada una de estas ciudades
periféricas respecto de su ciudad vaccea más próxima
oscila entre los 16 y los 50 km –20 km hay entre Cas-
trojeriz y
Dessobriga
, 32 km entre Pinilla Trasmon-
te y
Rauda
, 47 km entre Segovia y
Cauca
, 48 entre
Sepúlveda y Cuéllar, 31 entre
Lancia
y Cea o Melgar
de Abajo, etc.–, lo cual puede parecer excesivo para
que podamos hablar de ciudades “de frontera”. Sin
embargo, considerando los territorios de captación
de recursos en cada pareja concreta, que están en
relación directa con el volumen demográfico de cada
núcleo, así como el peculiar modelo de poblamiento
de los vacceos, la relación de proximidad es, cuando
menos, asumible. La ciudad periférica más distante
de su vecina vaccea, y por ello a la que peor le encaja
la etiqueta de “fronteriza”, es
Salmantica
, distante 57
km de
Albocela/Arbucala
(Villalazán, Zamora), pero
muchas de sus cerámicas finas a torno del Segundo
Hierro son, si se nos permite, muy vacceas, tanto en
sentido tecnológico como decorativo. Y un caso pare-
cido al de
Dessobriga
, situada en la misma raya entre
turmogos y vacceos, viene a ser
Brigeco/Brigaecium
,
«cabeza de puente astur en el lado vacceo del Esla»,
como dijera hace un tiempo J. D. Sacristán, aunque
considerada vaccea por algunos investigadores de-
bido al perfil físico de su emplazamiento, al medio
natural en el que se halla ubicada y a los materiales
arqueológicos que ha venido rindiendo a lo largo de
los años. Pasemos, sin más, a comentar cada uno de
los núcleos ciudadanos seleccionados.
Fig. 1. Ciudades en la vecindad del territorio vacceo, muy permea-
bles a su cultura material. 1. Castrojeriz (Burgos); 2. Alto de San Pe-
dro (Pinilla Trasmonte, Burgos); 3. Los Quemados (Carabias, Sego-
via); 4. Cerro de Somosierra (Sepúlveda, Segovia); 5. Segovia; 6. Las
Cogotas (Cardeñosa, Ávila); 7.
Helmantiké/Salmantica
; 8.
Brigeco/
Brigaecium
(Fuentes de Ropel, Zamora); 9. La Corona-El Pesadero
(Manganeses de la Polvorosa, Zamora); 10.
Lancia
(Villasabariego,
León) (dibujo del autor).
87
Ciudades en el entorno del territorio vacceo
Castrojeriz (Burgos)
Situada a unos veinte km al sureste de
Dessobriga
,
ciudad esta última que, por cierto, en ocasiones ha
sido atribuida a los turmogos pero desde hace tiempo
viene siéndolo a los vacceos (Torrione, 2018; Martín
Hernández, 2018), el cerro testigo en el que estuvo
situado el poblado prerromano de Castrojeriz, deno-
minado cerro del Castillo, se eleva unos ciento tren-
ta metros sobre la llanura circundante, parcialmente
recorrida por el río Odra. La plataforma superior del
cerro, de poco más de dos hectáreas de extensión,
constituye la parte central del poblado prerromano,
ya que este la desbordó ampliamente, habiéndose
documentado restos de viviendas tanto en algunas
plataformas de la ladera como al mismo pie del ce-
rro. Las probables defensas que pudo haber tenido
parece ser que encerraban un espacio de unas veinte
hectáreas en el que las fotografías aéreas muestran
calles rectas. No obstante, estas calles no está nada
claro si pertenecen a época prerromana o romana,
con lo que sólo las excavaciones podrán en el futuro
sacarnos de dudas.
Ya desde los niveles de la primera Edad del Hierro y
aquellos otros de inicios del Segundo Hierro las cerámi-
cas de fabricación manual recuperadas en Castrojeriz
muestran estar más directamente relacionadas –tanto
desde el punto de vista tecnológico como tipológico–
con las producciones del centro de la cuenca del Duero
que con las tierras altas de la misma. Los cuencos y va-
sos trípodes, por ejemplo, están más próximos morfo-
lógica y decorativamente a los de Palenzuela,
Rauda
,
El Soto de Medinilla, Simancas o Cuéllar que a los de
Numancia o Gormaz, lo que también se puede cons-
tatar en Ubierna y otros yacimientos de la zona. Estas
evidentes influencias del mundo vacceo inicial, que se
siguen observando en los siglos IV y III a. C., se vuelven
más acusadas, si cabe, durante la etapa tardía, en épo-
ca postsertoriana y las primeras décadas del Imperio,
hasta mediados del siglo I d. C. (Abásolo y Ruiz, 1976-
77; Abásolo, Ruiz y Pérez, 1983). Los recipientes cerá-
micos que se están fabricando en ciudades de esta zona
burgalesa (Castrojeriz, Olmillos de Sasamón…), son de
las mismas características tecnológicas y decorativas
que los tardovacceos de las grandes ciudades del cen-
tro de la cuenca sedimentaria. Recientemente, a este
conjunto de yacimientos se han sumado otros, como
el cerro de Castarreño o el cenizal de El Espinillo, en
territorio turmogo, cuyas cerámicas tardovacceas son
un ejemplo más de las influencias del centro del Duero
que también es detectable en la forma de ocupación
del territorio (García y Carmona, 2017; Costa-García
et
al
., 2021: fig. 4). Y es que las relaciones culturales entre
el centro del Duero y las comarcas burgalesas debieron
de ser muy fluidas desde inicios del Hierro II hasta bien
entrado el Imperio.
Alto de San Pedro
(Pinilla Trasmonte, Burgos)
Situado a unos treinta y dos km al norte de
Rauda
,
sobre el poblado que se localiza en el Alto de San Pe-
dro, en Pinilla Trasmonte, existen dudas en cuanto a
su adscripción étnico-cultural ya que no sabemos si
perteneció a los arévacos o a los pelendones, e inclu-
so no faltan quienes lo consideran vacceo. De haber
pertenecido a cualquiera de las dos etnias citadas
en primer lugar, de nuevo estaríamos ante una ciu-
dad cercana a la frontera con los vacceos en tiempos
del Hierro II –como bien advirtieron hace unos años
Abarquero y Palomino (2007) a propósito de las exca-
vaciones que practicaron en la necrópolis de El Pradi-
llo–, en la que su cultura material se encuentra muy
influida por ese mundo del centro de la cuenca del
Duero. Se localiza en un espigón cuya zona más vul-
nerable se protegió mediante un muro, de tipo gálico
según J. D. Sacristán (2007: 49; 2010: 197), con terra-
plén ataludado hacia el interior, pared vertical al exte-
rior, empalizada de madera y un foso, al otro lado del
cual parece existir un segundo recinto en el que no
existen claros indicios de haber estado habitado. Su
tamaño se ha estimado en unas 17/18 hectáreas pero
hacen falta comprobaciones sobre el terreno para
ajustarlo y sondeos estratigráficos en diversos puntos
para concretar sus fases de desarrollo dentro del Hie-
rro II. Lo que sí parecen indicar los restos materiales
en él recuperados es que hacia época sertoriana se
deshabita y esta es la razón por la que, en opinión del
investigador que acabamos de citar, no aparece men-
cionado en las fuentes de época imperial.
Los mejores referentes cerámicos nos los brinda
no el poblado, sino la necrópolis del Pradillo (Moreda
y Nuño, 1990; Abarquero y Palomino, 2007), que tie-
ne varias hectáreas de extensión, en la que las jarras
muestran unas características muy cercanas a las de tipo
numantino, tanto desde el punto de vista formal como
Fig. 2. Castrojeriz (Burgos). Urbanismo de calles rectas al pie del
cerro del Castillo (fotografía de Julio del Olmo).
88
en lo decorativo, pero en las que se advierten ciertas in-
fluencias vacceas, al igual que otros recipientes cerámi-
cos. Necesitaríamos un repertorio más extenso y varia-
do de vasos para poder evaluar el peso que pudo tener
la alfarería vaccea en este importante enclave no muy
distante de
Rauda
y tampoco de
Pallantia
/Palenzuela.
Los Quemados I (Carabias, Segovia)
Este es un enclave celtibérico, arévaco en concreto,
que se sitúa estratégicamente al pie de la Serrezue-
la de Pradales, junto a la vía natural que comunica
el paso de Somosierra con las vegas del centro del
Duero en las que los núcleos poblacionales de refe-
rencia eran
Pintia
y
Rauda
. Es un cerro amesetado
de planta prácticamente cuadrada, ceñido por una
muralla construida con mampostería de piedra cali-
za escasamente trabajada y sillarejo en los cimientos
de la que se sabe aún poco por falta de excavacio-
nes –en qué momento se construyó, dónde se sitúan
las puertas, si poseía torres o no, si dispuso de foso
como complemento defensivo en el flanco más vul-
nerable, que era el oriental, aunque parece ser que
sí, etc.–, pero que encierra un espacio habitacional
de unas catorce hectáreas (López, 2008: 91). En tor-
no a él se tienen localizadas varias posibles escom-
breras, algo muy característico de las ciudades vac-
ceas y algunas celtibéricas.
Por los materiales recuperados en su superfi-
cie, parece surgir como poblado estable durante el
Celtibérico Pleno
, en el siglo IV a. C., y deshabitar-
se hacia finales del siglo II o comienzos del I a. C.
Con tan escasos argumentos como la cronología del
abandono (que habría de ser confirmada mediante
la realización de sondeos en varios puntos estraté-
gicos) y su situación geográfica, a occidente de Tier-
mes, en alguna ocasión se ha propuesto identificar
este poblado con la
Colenda
de los textos clásicos, lo
cual parece, al menos por el momento, una idea tan
aventurada como la que la sitúa en Sepúlveda. Úni-
camente el hallazgo de epígrafes en los que apare-
ciera referida tal ciudad justificaría cualquier cambio
de localización que se sugiera distinto a la habitual
reducción
Colenda
/Cuéllar.
Sus cerámicas a torno con decoración pintada,
tanto en lo que se refiere a las masas arcillosas em-
pleadas como a los acabados superficiales y la den-
sidad de las pinturas, recuerdan bastante a las de
Sepúlveda, enclave que seguidamente veremos, las
cuales muestran claras influencias de la potente alfa-
rería vaccea más que de la celtibérica.
Fig. 3. Alto de San Pedro (Pinilla Trasmonte, Burgos) (SIGPAC Cas-
tilla y León).
Fig. 4. Jarra de la necrópolis de El Pradillo (Pinilla Trasmonte, Bur-
gos). Museo de Burgos (fotografía del autor).
Fig. 5. Vista cenital de Los Quemados (Carabias, Segovia) (fuente, IGN).
89
Ciudades en el entorno del territorio vacceo
Cerro de Somosierra (Sepúlveda, Segovia)
Situado entre los ríos Duratón y Caslilla, el poblado
arévaco que en este destacado promontorio se levan-
tó tiene unas dimensiones cercanas a las ocho hectá-
reas. Las 25 o 26 que recientemente se vienen pro-
poniendo por parte de algún que otro autor a partir
de unas muy escasas y poco consistentes evidencias
–un par de huellas de postes sin materiales asociados
en la zona anexa de La Picota, fragmentos de adobes
quemados en la calle de San Millán, niveles de ceni-
zas en la calle Hoces del Duratón, pero de nuevo sin
aportar los imprescindibles materiales arqueológicos
justificativos para conocimiento de la comunidad
científica–, creemos que carece de fundamento, pues
para alcanzar esas dimensiones hubiera sido nece-
sario abancalar en todo su perímetro las laderas del
cerro, bastante pronunciadas por cierto, como paso
previo para edificar y, sin embargo, no existen indicios
de tales trabajos de acondicionamiento del terreno.
Por otro lado, como deberían haber sido bancales
amplios para acoger las viviendas y las vías de acceso
a las mismas, no cabe pensar en que la erosión los
haya eliminado porque perfectamente tendrían que
ser reconocibles en la topografía actual, incluso tras
los dos mil años transcurridos, como se observan aún
hoy en numerosos poblados ibéricos levantinos, del
valle del Ebro y andaluces.
Este es un enclave que hace unos años se quiso
identificar con la ciudad de
Colenda
, citada por los au-
tores clásicos con motivo de la campaña de Tito Didio
del 98/96 a. C., pero de nuevo esta propuesta choca
con la falta de unas bases sólidas e incuestionables
(epigráficas sobre todo) para que pueda quedar de-
mostrada. El estudio que nosotros mismos llevamos a
cabo, hace ya más de veinte años, de una importante
colección particular de materiales recogidos en su-
perficie en el cerro de Somosierra así como de otros
depositados en el Museo de Segovia (Blanco, 1998),
nos condujo a proponer el inicio de la ocupación es-
table de este enclave en momentos indeterminados
del siglo IV a. C. (quizá en la primera mitad) y su final
hacia mediados del I a. C., tras un periodo de abando-
no prolongado que coincide con el nacimiento de la
ciudad romana situada en la finca de Los Mercados,
en Duratón, lugar en el que algunos autores creen
que se situó la
Confloenta
citada en los textos clási-
cos, aunque esta es una propuesta que no todos los
investigadores aceptan, al no existir epígrafes que lo
demuestren.
Uno de los aspectos que más nos sorprendió
cuando estudiamos la referida colección arqueológi-
ca privada fue que los fragmentos de vasos cerámi-
cos estaban, tanto desde el punto de vista tecnológi-
co como decorativo, más cerca de las producciones
de
Cauca
y
Rauda
que de las característicamente
celtibéricas, esto es, que de las fabricadas en ciu-
dades situadas hacia el este de Sepúlveda, como
Ayllón, Tiermes, San Esteban de Gormaz,
Uxama
o
la propia Numancia. Esta característica afectaba no
sólo a los recipientes, sino también a los objetos ce-
rámicos de carácter singular: figuras zoomorfas, ca-
nicas, fusayolas. El dado de cerámica que, proceden-
te del cerro, un tiempo después dimos a conocer, de
nuevo tiene características técnicas e iconográficas
más propias de las producciones vacceas que de las
celtibéricas (Blanco, 2004). Estos rasgos del material
cerámico contrastan con el hecho de que los objetos
metálicos –dos espadas de antenas atrofiadas, dos
puntas de lanza, varias fíbulas (anulares hispánicas,
de La Tène…), recuperados tanto en la necrópolis de
La Picota como en el poblado–, sí que son caracte-
rísticos de los cementerios celtibéricos, pero esto no
tiene nada de extraño. Más bien al contrario, es lo
habitual en toda esta parte oriental de la provincia
de Segovia.
Sepúlveda, al igual que ocurre en Segovia, cons-
tituye un nuevo ejemplo de cómo la potente indus-
tria alfarera de las populosas ciudades vacceas más
cercanas influyó decisivamente en sus producciones
A
B
Fig. 6. Topografía del cerro de Somosierra (Sepúlveda, Segovia)
(dibujo del autor, a partir del MTN escala 1:25 000).
90
cerámicas. Porque de lo que no tenemos muchas du-
das es del hecho de que la mayor parte de las cerá-
micas celtibéricas sepulvedanas, al menos las que en
1996-97 pude personalmente analizar –que fueron
varios cientos de fragmentos–, son de producción lo-
cal, aunque desconozcamos por ahora en qué lugar
o lugares estuvieron ubicados los alfares, presumi-
blemente en las vegas próximas a los ríos. Se puede
decir que son cerámicas que muestran muchas con-
comitancias con las del poblado situado en el cerro de
Tormejón, en el término municipal de Armuña, un es-
tablecimiento de dimensiones pequeñas, aún insufi-
cientemente investigado arqueológicamente, para el
que no hay ninguna referencia en los textos clásicos y
del que no sabemos si estuvo ocupado por arévacos,
por vacceos o por gentes de ambas entidades étnicas
en convivencia pacífica, que tampoco sería descarta-
ble (Blanco, 2006: 49-51, fig. 3; 2020: 172-174, fig. 7;
Martín, 2021).
Por otra parte, no queremos dar por terminados
los comentarios relativos al poblado situado en el ce-
rro de Somosierra sepulvedano sin dejar constancia
de un hecho que redunda en esa idea general de que
las ciudades vacceas influyeron materialmente en
cuantas tenían a su alrededor: cuando a mediados de
los años noventa del pasado siglo se me propuso –por
parte de Almudena Orejas– colaborar con el CSIC en
las tareas de clasificación de materiales obtenidos en
prospección del entorno de la referida ciudad de Los
Mercados, en Duratón, casi toda la cerámica recupe-
rada de finales de la Edad del Hierro e inicios del Im-
perio era, tanto desde el punto de vista tecnológico
como decorativo, muy vaccea, indistinguible práctica-
mente de la de
Cauca, Pintia
o
Rauda
, razón por la
que en la actualidad no dudaríamos en denominarla
tardovaccea
, mejor que
tardoceltibérica
, como en su
día hicimos.
Segovia
En el nacimiento de Segovia como núcleo poblacio-
nal estable convertido con el tiempo en gran
oppi-
dum
celtibérico, arévaco concretamente, se dan cita
cuatro elementos de vital importancia para una co-
munidad de la Edad del Hierro: una topografía muy
ventajosa que facilita enormemente la defensa del
grupo humano en él instalado; una situación geográ-
fica privilegiada de cara al tráfico comercial, ya que,
en sentido norte-sur, parte del que discurría entre el
centro del Duero y el área carpetana se canalizaba a
través de ella, con el puerto de La Fuenfría por medio,
y en sentido este-oeste fue punto obligado entre las
ciudades arévacas del alto Duero y los castros vetto-
nes abulenses; una diversidad de recursos agro-gana-
deros que no sólo aseguraba el autoabastecimiento,
sino que seguramente también serviría para exportar,
pues además de las vegas del Eresma disponía de las
amplias llanuras cerealistas que se extendían hacia el
noroeste y los excelentes terrenos de pastos en di-
rección a la sierra; y en cuarto lugar, abundantes re-
cursos hídricos, pues al agua aportada por los ríos se
añade la de un elevado número de manantiales (Blan-
co, 2000-2001). En suma, Segovia es, al igual que la
carpetana
Toletum
, uno de esos puntos destacados
en el territorio, estratégicos tanto desde el punto de
vista económico y comercial como militar, que expli-
can una continuidad poblacional que se remonta a
hace más de veinticinco centurias.
En los últimos treinta años ha ido aumentando
progresivamente la información sobre la ciudad aré-
vaca, aunque de una manera más lenta de lo que los
estudiosos desearíamos, debido fundamentalmente
a que sus restos se encuentran sellados por la ciudad
romana y estos a su vez por las de las épocas medie-
val, moderna y contemporánea. Ahora sabemos de
ella más de lo que sabíamos en los años setenta del
pasado siglo, pero tan cierto es esto como que quizá
no todo lo que se le está vinculando sea de aquellos
momentos prerromanos. No obstante, sí hay un as-
pecto de su realidad histórica que no plantea dudas
de interpretación, es el de la cultura material de las
gentes que la habitaron: el de los útiles, herramientas
y armas de los que disponían para ganarse la vida y
defenderse, el de los objetos con los que adornaban
su cuerpo y su vestimenta, el de los recipientes cerá-
micos que habitualmente usaban en sus casas o aca-
baban amortizados en sus sepulturas, etc. Dentro del
elevado nivel de autosuficiencia económica que, al
igual que el resto de las ciudades prerromanas mese-
teñas, hubo de tener la Segovia arévaca, debido a su
ubicación geográfica, en un punto nodal entre ambas
submesetas así como en el centro del piedemonte
septentrional del sistema Gredos-Guadarrama-So-
mosierra, es de suponer que fuera una ciudad más
abierta al contacto con el exterior que otras, más, si
se nos permite, “cosmopolita”, y por ello cabe esperar
que en los próximos años vayamos teniendo cada vez
más datos que avalen esa condición de ciudad abierta
a mercados de amplio radio.
De momento, y por encima de las posibles dife-
rencias de carácter étnico, las relaciones comerciales
entre Segovia y
Cauca
debieron de ser muy estrechas
Fig. 7. Dado y cerámica policroma con pez pintado, ambos de Se-
púlveda (fotografías de J. F. Blanco).
91
Ciudades en el entorno del territorio vacceo
a lo largo de la segunda Edad del Hierro. Si nos fijamos
de nuevo en el elemento arqueológico más significati-
vo y abundante, que es la cerámica, advertimos cómo,
vista en detalle la que se ha recuperado tanto en las
excavaciones practicadas en los últimos años como en
vertederos antiguos (HH. Maristas, p. ej.), hemos de
concluir que junto a las producciones locales, aréva-
cas, se importaron vasos cerámicos vacceos, muy pro-
bablemente de
Cauca
, por ser la ciudad vaccea más
cercana. No resulta nada fácil distinguir ambos tipos
de producciones con los fragmentos en la mano por-
que a pesar de que las segovianas se puede decir que
son
muy vacceas
, siempre hay determinados rasgos
que las desmarcan respecto de las caucenses. Neta-
mente caucenses parecen ser ciertos fragmentos de
vasos grises bruñidos de imitación argéntea, algunos
cuencos y copas policromos, platos, etc. Varios bue-
nos ejemplos se pueden ver en publicaciones recien-
tes, como los recuperados junto a ciertos bloques de
piedra cortados irregularmente que se vienen inter-
pretando como pertenecientes a la muralla celtibérica
de Segovia (Labrador y Martín, 2015).
Por otra parte, Segovia debió de ser la ciudad a
través de la cual algunos productos alfareros vacceos
se hacían llegar a territorio carpetano, del mismo
modo que en varios enclaves vacceos, como
Cauca
,
Pintia
, Cuéllar y Soto de Medinilla, se han identifi-
cado fragmentos de cerámica “jaspeada” carpetana
(Blanco, 2018: 195). Hace unos años pudimos iden-
tificar en varios enclaves madrileños (El Llano de la
Horca, El Malecón…) caliciformes grises finamente
bruñidos, de imitación argéntea, que quizá fueran de
fabricación caucense, junto a otros que ya eran loca-
les, a imitación de aquellos, tecnológicamente más
burdos, de paredes más gruesas y peor calidad del
bruñido. Y en el cerro de La Gavia algunos fragmentos
de vasos oxidantes con decoración pintada parecen
de importación septentrional porque se distancian
desde el punto de vista tecnológico de los producidos
localmente (Quero
et al.
, 2005), así como de las ciu-
dades celtibéricas situadas en las actuales provincias
de Cuenca y Guadalajara.
Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila)
Siendo uno de los más clásicos enclaves de los vet-
tones, su posición en la cuenca media del Adaja, al
borde de las llanuras sedimentarias características de
las campiñas meridionales del Duero, le confieren ese
carácter de
oppidum
vecino y fronterizo del espacio
vacceo
1
. De hecho, en más de una ocasión hemos se-
ñalado cómo los análisis petrográficos realizados a los
tres verracos de
Cauca
demuestran que están fabrica-
dos con granito de Cardeñosa. Es sobre todo en los si-
glos II y I a. C. cuando más claramente se observan in-
fluencias de la alfarería vaccea. No sólo en algunos de
los recipientes a torno con decoración pintada, sino
también en ciertas producciones singulares como las
cajitas excisas. Si Cogotas es el enclave vetton que
más fragmentos de cajitas ha deparado puede que
se deba a su cercanía al territorio vacceo (Blanco,
2019: 90-91), con diferencia el pueblo prerromano
meseteño que en mayor número, con más diversidad
tipológica y de recursos decorativos las produjo (Sanz,
Carrascal y Rodríguez, 2019: 56-81 y 127-249). Lo que
no sabemos es si las cajitas de Las Cogotas, así como
cierta figura zoomorfa obtenida por corte a bisel, son
producciones autóctonas imitadoras de las vacceas o
bien auténticas importaciones. Y esto mismo lo pode-
mos extender a la cerámica gris bruñida imitadora de
los vasos argénteos, producidas masivamente entre
el 130 y el 70 a. C. tanto en
Cauca
como en
Pintia
,
Fig. 8. Topografía de Segovia (dibujo del autor, a partir del MTN
escala 1:25 000).
Fig. 9. Recreación ideal de Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila) (dibujo
de V. Mayoral en G. Ruiz Zapatero y J. Álvarez-Sanchís, 1995).
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de la que existen testimonios no sólo en Las Cogotas,
sino también en La Mesa de Miranda y
Ulaca
.
Las influencias de la industria alfarera vaccea se
detectan incluso más al sur de Las Cogotas, en Ávila
capital, quizá la
Obila
de Ptolomeo (
Geographia
, II.
4), cuyo nacimiento como ciudad, hacia la segunda
mitad del siglo I a. C., se ha puesto en relación con
el despoblamiento del propio enclave cogoteño así
como de La Mesa de Miranda y, sobre todo, de
Ula-
ca
, aunque aún sea muy poco lo que se sabe de este
hipotético proceso de trasvase poblacional, teórica-
mente impulsado por Roma.
Numerosas cerámicas a torno pintadas obtenidas
tanto en la plaza de Santa Teresa como en el solar
del palacio de Don Gaspar del Águila y Bracamonte
están muy directamente influidas por las produccio-
nes vacceas (Quintana, Centeno y Ruiz, 2003-2004;
2006). Realmente, en casi nada se diferencian de las
de
Cauca
, por lo que verdaderamente no sabemos si
se deben a esas estrechas influencias o son auténti-
cas importaciones caucenses. Incluso los esquemá-
ticos zoomorfos en perspectiva cenital que han sido
pintados en tres fragmentos –identificados inicial-
mente de forma poco acertada con peces, pero re-
conocidos después como cuadrúpedos cenitales por
F. Romero (2010: 510-511, figs. 27 y 28)– son desde
el punto de vista iconográfico idénticos a varios de
los documentados en la referida ciudad vaccea. Al
hilo de todo esto, de los alfares caucenses de época
avanzada, de los siglos II y I a. C., deben de haber
salido las cerámicas recuperadas en el interesante
yacimiento de El Senderillo, en Papatrigo, situado
a medio camino entre Las Cogotas y Arévalo, segu-
ramente ocupado no por vettones, como habitual-
mente se viene proponiendo por parte de algunos
autores, sino por vacceos (Blanco, 2020: 177-179,
figs. 11-13).
Helmantiké/Salmantica
(Salamanca)
Esta es una ciudad que en unas ocasiones ha sido
considerada por parte de la investigación como per-
teneciente a los vacceos, las más de las veces a los ve-
ttones, y en algún caso ha sido interpretada como ini-
cialmente vaccea pero más tarde situada en la órbita
de los vettones. En cualquier caso, de nuevo estamos
ante una ciudad fronteriza, quizá disputada entre am-
bas entidades étnicas por la importancia económica y
estratégica que poseía. Ya hemos señalado cómo las
fuentes la citan en tiempos de Aníbal como vaccea y
después como vettona, lo cual no significa cambio ét-
nico alguno, sino posiblemente cierta confusión entre
los autores clásicos a la hora de su atribución étnica.
Fuera cual fuese el perfil étnico de sus habitantes,
hay que decir que su cultura material –sobre todo las
producciones cerámicas–, tiene unas características
tecnológicas y ornamentales más cercanas al mundo
vacceo que al vetton.
La aldea fundacional, perteneciente al horizon-
te cultural del Soto de Medinilla, estuvo situada
en el cerro de San Vicente, un altozano de paredes
escarpadas en las tres cuartas partes de su períme-
tro que se localiza en el extremo suroccidental del
casco histórico, asomado al Tormes. Protegida por
una muralla de piedra y barro en su flanco nores-
te, que era el más vulnerable, su caserío alcanzó
una extensión máxima de 3,75 hectáreas, si bien
tras el derrumbe de la muralla se levantaron algu-
nas construcciones en el exterior (Macarro y Alario,
Fig. 10. Las Cogotas. 1. Cajita excisa; 2. Figura zoomorfa excisa (di-
bujos de E. Cabré y C. Sanz Mínguez, resp.).
Fig. 11. Cerámica de tipo vacceo del Mercado Grande de Ávila. La
n.
o
1 con zoomorfo en perspectiva cenital a derecha (Quintana,
Centeno y Ruiz, 2003-04).
1
2
1
2
3
93
Ciudades en el entorno del territorio vacceo
2012). Es en este momento cuando se produce un
traslado de la población al Teso de las Catedrales,
el núcleo principal del
oppidum
de
Salmantica
, pro-
tegido por una gran muralla, que en sus momentos
de mayor desarrollo, en plena segunda Edad del
Hierro, se estima que llegó a alcanzar unas decio-
cho hectáreas de extensión (Martín Valls, Benet y
Macarro, 1991; Benet, 2002).
Las cerámicas de mesa fabricadas a torno con
decoración pintada del Hierro II recuperadas tanto
en el cerro de San Vicente como en el teso de las
Catedrales es muy significativo que muestren una
más destacada cercanía tecnológica y decorativa con
las propiamente vacceas, de ciudades como
Cauca
,
Pintia
o
Rauda
, por ejemplo, que con las de los cas-
tros vettones. Parece evidente que los alfareros sal-
mantinos prerromanos no tomaron como modelo
las producciones de sus vecinos surorientales, los
vettones abulenses, sino las de los grandes centros
alfareros vacceos. Esto tuvo que deberse también a
que al estar situada Salamanca en zona sedimenta-
ria sus ceramistas dispusieron de arcillas de mejor
calidad en el entorno que las que tenían sus homó-
logos de los castros vettones. De entre los muchos
ejemplos de cerámica de tipo vacceo que se pueden
traer a colación, queremos fijar nuestra atención en
cierta botella recuperada en el denominado “solar
del Trilingüe”, ubicado en el teso de las Catedrales.
Fechada en las últimas décadas del siglo I a. C. o ini-
cios de la nueva era, tanto el tipo de pasta como el
acabado de la superficie externa, con una especie de
engobe cremoso, sintaxis compositiva de los dos fri-
sos que la decoran y densidad de la pintura emplea-
da, en nada extrañaría si en lugar de en la ciudad del
Tormes hubiera sido hallada en
Cauca
o en
Pintia
.
Similares a estas cerámicas de filiación netamente
vacceas se conocen en yacimientos más al oeste
de Salamanca, como Ciudad Rodrigo, por ejemplo,
y varios ya incluso dentro del territorio portugués
así como en la franja occidental de la provincia de
Zamora, lo que está indicando que las influencias de
las producciones vacceas alcanzaron comarcas aleja-
das de su territorio.
Fig. 12.
Helmantiké/Salmantica
. 1. Cerro de San Vicente; 2.
Oppi-
dum
del Hierro II, en torno al teso de las Catedrales (dibujo de C.
Macarro y C. Alario, con modificaciones).
Fig. 13. Botella recuperada en el “solar del Trilingüe”, de Salamanca
(Museo de Salamanca).
Figura 14. Desarrollo gráfico de la botella del “solar del Trilingüe”,
de Salamanca (dibujo de C. Alario y C. Macarro, 2012).
94
Brigeco/Brigaecium
(Fuentes de Ropel,
Zamora) y La Corona-El Pesadero
(Manganeses de la Polvorosa, Zamora)
Aunque aún no es del todo seguro, pues algunos
autores barajan otras alternativas, en el
oppidum
localizado en La Dehesa de Morales, en el término
municipal de Fuentes de Ropel, parece que de-
bemos situar la
Brigeco
o
Brigaecium
citada por
las fuentes clásicas (Ptolomeo, 2.6.29;
Itinerario
de Antonino
, 439.8 y 440.1;
Anónimo de Ráve-
na
, 319.1;
Itinerario de Barro
, 3.3) y a cuyos ha-
bitantes se alude en algunos otros textos (Floro,
2.33.56) e inscripciones funerarias. Este gran ya-
cimiento se halla emplazado en el lugar en el que
el río Cea desemboca en el Esla, en una meseta
suavemente ondulada que posee muchas ventajas
naturales para la defensa, fácil puesta en prácti-
ca de un urbanismo bien planificado, junto a una
extensa vega de gran valor económico para una
población de la Edad del Hierro y abundantes re-
cursos hídricos. De no haber sido citada por las
fuentes como ciudad perteneciente a los astures,
por el lugar en el que se localiza, tan inmediato al
territorio vacceo; por su medio natural plenamen-
te sedimentario, muy adecuado para desarrollar
una agricultura cerealista de secano; el modelo
de poblamiento en el cual queda inserta y a pe-
sar de tener algunos núcleos menores a su alrede-
dor que le apartan algo del propiamente vacceo;
el trazado urbanístico que las fotografías aéreas
captan (Del Olmo, 1996 y 1998), muy similar al
de Las Quintanas de
Pintia
, Valoria la Buena o La
Ciudad de Paredes de Nava, por ejemplo; y los
materiales arqueológicos que viene rindiendo, es-
pecialmente la cerámica, a buen seguro hoy día la
consideraríamos como una ciudad vaccea más. De
hecho, en algunas ocasiones ha sido incluida en
los mapas del territorio vacceo (Sanz
et al.
, 2003:
fig. 2; Sacristán, 2010: fig. 1), dando prioridad a
los criterios arqueológicos sobre los literarios. Se
le calcula una extensión de unas 8/10 ha, una po-
blación de unos 2800 habitantes (Martino, 2017-
2018: 116 y 122), y aunque se encuentra pendien-
te de comprobación arqueológica, parece ser que
dispuso de muralla y quizá de un foso (Esparza,
2012).