Resumen Se ofrecen los resultados de la campaña de excavaciones arqueológicas desarrollada en la necrópolis de Las Ruedas de Pintia, en Padilla de Duero/Peñafiel (Valladolid) durante el verano de 2020. Por las circunstancias pandémicas sobrevenidas, la intervención se ciñó a un espacio reducido en el que se pudieron individualizar dos tumbas y un depósito votivo asociado a la mejor conservada, la 319. Esta tumba representa uno de los conjuntos más señeros hasta ahora exhumados, con una treintena de ajuares y ofrendas, de ellas 19 cerámicas y el resto metálicas, que integran armamento, elementos de aseo personal y otros relacionados con el banquete funerario, y parecen situarnos en un momento indeterminado del siglo III a. C. Palabras clave: Edad del Hierro, vacceos, necrópolis, armamento, vino. Abstract Here are the results of the archaeological excavation campaign carried out in the necropolis of Las Ruedas de Pintia, in Padilla de Duero / Peñafiel (Valladolid). Due to the unexpected pandemic circumstances, archaeologists have intervened in a reduced space, in which they have been able to identify two tombs and a votive deposit associated with the best-preserved one: tomb number 219. This burial represents one of the most outstanding assemblages exhumed up to now, with some thirty grave goods and offerings: nineteen are ceramics, and the rest are metal pieces of weaponry, personal hygiene, and related to the funeral banquet. All of them seem to place us in an indeterminate moment of the third century BC. Key words: Iron Age, vaccaean, cemeterie, weapons, wine. Carlos Sanz MínguezElvira Rodríguez Gutiérrez Universidad de ValladolidCentro de Estudios Vacceos Federico Wattenberg Vaccea Anuario, 14 (2021), pp. 5-17 (ISSN: 2659-7179)
6 La necrópolis de Las Ruedas de Pintia, en Padilla de Duero, viene siendo objeto de sucesivas interven-ciones arqueológicas desde 1985 (Sanz, 1997) y, de manera ininterrumpida, desde el año 2002, habiendo proporcionado más de tres centenares de tumbas de incineración. Este cementerio constituye un unicum en el panorama investigador del mundo vacceo y su conocimiento está aportando numerosas claves para caracterizar, desde un punto de vista arqueológico, la identidad de la etnia vaccea. La dramática situa-ción patrimonial que ha sufrido este bien tan singu-lar (Sanz y Escudero, 1991), por fortuna se ha visto mejorada sustancialmente gracias a las políticas de protección, difusión del conocimiento y de extensión universitaria ensayada desde el Centro de Estudios Vacceos Federico Wattenberg (CEVFW) en los últimos veinte años (Sanz, 2003; Sanz et al., 2003; Sanz, Ve-lasco y Garrido, 2005, y 2007; Sanz, 2009; Sanz y Ro-mero, 2010; Sanz et al., 2013; Sanz, 2018a). Con todo, una parte de este cementerio se sigue arando, lo que ha motivado su inclusión y mantenimiento en la Lista Roja de Hispania Nostra.Una vez más insistimos en que un campo-santo es un lugar de memoria y de respeto. «No hay inmortalidad, hay memoria y esa es la misión de los que venimos después» decía Carlos Castilla del Pino. No es probable que los absurdos, por improductivos e inapropiados, trabajos agrícolas desarrollados en este terreno paupérrimo (cuya naturaleza llevó a los vacceos a elegirlo como cementerio) por cobrar la Po-lítica Agrícola Común (PAC) europea desencadenen un poltergeist. Pero, aunque los vacceos dejaron de hacer ruidos hace mucho tiempo, quienes los inves-tigamos no podemos dejar de acusar a los responsa-bles políticos de esta Comunidad (monocolor desde hace treinta y cinco años) de inoperantes y cuando menos de insensibles. Que la dedicación y el esfuerzo desarrollados desde la Universidad de Valladolid en los últimos cuarenta años sobre esta Zona Arqueoló-gica no haya tenido correspondencia en una política de protección, preservación y promoción de un lega-do patrimonial de esta riqueza, dice casi todo de sus responsables políticos.Por fortuna, no todo es política de bajo al-cance, y la tarea desarrollada en este cementerio ha sido objeto de un accésit al premio de Hispania Nostra 2020 a las buenas prácticas en el ámbito de la conservación del patrimonio cultural y natural, en la categoría de «intervención en el territorio o en el paisaje», por el proyecto: La necrópolis de Las Ruedas de Pintia, un espacio rehabilitado para la memoria, presentado por el CEVFW a la convocatoria de 2020 (Sanz, 2020a).Pero si la asunción de las tareas de conserva-ción y de rehabilitación paisajística en la necrópolis de Las Ruedas se ha realizado sin el apoyo de la adminis-tración competente, no es menos cierto que ese traba-jo se ha desarrollado sin perder de vista la necesidad de generar nuevos conocimientos a partir de trabajos de campo mantenidos en el tiempo y de difundirlos. En efecto, las treinta y una campañas de excavación realizadas en Pintia y la creación de la Editorial Vaccea, convierten a este yacimiento en uno de los mejor co-nocidos del territorio vacceo, lo que no es óbice para que entendamos que la investigación aquí planteada, con tener un recorrido sólido y comprometido, está lejos de ofrecernos una respuesta satisfactoria sobre la identidad de este pueblo prerromano. Con estas premisas (laissez faire, laissez pas-ser, la vie va lui même de la administración competen-te, y el trabajo sin tregua del CEVFW), durante 2020, y pese a todas las limitaciones de la pandemia, una nueva intervención arqueológica se llevó a cabo en la necrópolis de Las Ruedas.Esta nueva campaña se centró en un solo sec-tor de excavación (F2i1), de 4 x 4 m. Sin embargo, la Fig. 1. Vista aérea del sector intervenido durante la campaña de 2020, en los momentos de identificación de los hoyos aislados sobre la terraza estéril (izquierda) y del vaciado de los mismos, con identificación de las tumbas y hoyo votivo (derecha). y
7 aparición de una estela de piedra caliza en la esquina suroriental determinó la ampliación de la excavación otros dos metros cuadrados hacia el sector F2h1 (fig. 1). Esa estela, única documentada en los dieciocho metros cuadrados de superficie intervenida, sellaba el hoyo 4, loculus de la sepultura 319. Por su parte, el hoyo 7, de 100 x 85 cm, en sus ejes N-S y E-O respectivamente, se localizó a menos de medio metro de la tumba 319, en dirección norte. Por su proximidad pudiera tratarse de un hoyo voti-vo relacionado con dicha sepultura, aunque tampoco cabe descartar que se tratara de un cenotafio.En cuanto al hoyo 6, situado en el eje central de la mitad norte del sector, aunque se halló sumamente alterado, la naturaleza y la composición de los restos recuperados parecen apuntar a que se trata de un conjunto tumbal alterado, al que denominamos 320.El resto de los hoyos (1 a 3, 5 y 8) contenían en sus rellenos materiales escasos y dispersos, sin que pudieran identificarse propiamente como depósitos primarios. Centraremos nuestra atención, por tanto, en los conjuntos tumbales recuperados y sobre todo en el 319, que viene a representar uno de los más señe-ros hasta ahora exhumados.Previamente señalaremos cómo desde un punto de vista metodológico, la utilización por vez primera en esta campaña de un dron nos ha facilitado Fig. 2. Esquema visual de los diversos pasos seguidos para la elaboración de las planimetrías mediante dron. Campaña XXXI-2020 de excavaciones arqueológicas en Pintia
8 sustancialmente la tarea de documentación planimé-trica, tomando como punto de partida las fotografías verticales captadas en diversos momentos del desa-rrollo de la excavación y trasladándolas, con las ade-cuadas correcciones fotogramétricas, a planimetrías (fig. 2). Tumba 319 Lo primero que cabe reseñar con relación a este con-junto funerario es su buena conservación, si bien el sellado del depósito mediante numerosas lajas calizas contribuyó de forma muy determinante a la fractura de buena parte de los recipientes cerámicos y, en el caso de algunos elaborados a mano apenas cocidos, a su práctica pulverización. Asimismo, el grupo de hierros se encontró oxidado y termoalterado como consecuencia de haber acompañado al difunto en el proceso de combustión. Con todo, se han podido identificar la mayor parte de los objetos fabricados con este metal. El loculus de esta tumba (hoyo 4), detectado a un metro de profundidad, interesaba a la terraza estéril en unos sesenta centímetros y presentaba forma oval (100 cm en su eje N-S por 90 cm en el E-O). Previamente, a unos sesenta centímetros de profundidad, había sido detectada una estela pris-mática (118 x 60 x 30 cm) caída sobre la zona este del hoyo. Una vez retirada se apreciaba una acumu-lación de tierra, sin cantos ni gravas, intensamente oscura, bajo la cual y a unos veinte centímetros se alcanzaba un tipo de sedimento suelto, compues-to por tierra orgánica, arenas y gravas, cuyo color grisáceo permitía vislumbrar el corte del hoyo con respecto de la terraza estéril de color amarillento. En esta cota (-100 cm) la mancha presentaba forma ovalada, de 90 cm en su eje N-S y 60 cm en el E-O, aunque durante el proceso de excavación se fue configurando más amplia.El conjunto fue cubierto con ocho lajas cali-zas, a modo de cierre, acomodadas en varios grupos (fig. 3): en el sector meridional, en el nivel más su-perficial, se recuperó la laja 1 (40 x 30 x 7 cm, cota -103 cm), dispuesta de forma horizontal, en sentido E-O, cubriendo hacia el oeste parcialmente a la 2 (27 x 20 x 3 cm, cota -110 cm), y hacia el este a la 3 (37 x 28 x 9 cm, cota -126 cm); entre ambas calizas, se in-cluyó la 4 (30 x 21 X 3 cm, cota -129 cm). En la mitad septentrional se recuperaron otras tres lajas, coloca-das oblicuamente sobre los elementos agrupados en el perfil oeste: en el extremo noroeste, arropando parte del ajuar, se apoyaba la laja 8 (40 x 40 x 5 cm, cota -122 cm) y sobre ella la 7, en el extremo norte (42 x 23 x 8 cm, cota -155 cm), y en dirección sur la 6 (54 x 27 x 13 cm, cota -112 cm). Entre ambos grupos de calizas mediaba un pasillo central, de entre cinco y quince centímetros de anchura, en cuyo extremo oeste se recuperó la laja 5 (34 x 28 x 4 cm, cota -127 cm), que estaba parcialmente bajo la 8 (por el norte) y la 2 (por el sur). Esta lancha 5 se debió de depositar en primer lugar, ya que su función fue la de cubrir la urna cineraria y los elementos metálicos que la sellaban. Por otro lado, en el extremo este del men-cionado pasillo se localizó un fragmento de esquisto, de 7,6 x 5 x 2 cm, sin contacto directo con ningún elemento cerámico, pero dentro del óvalo que for-maba el ajuar.Componen esta tumba treinta objetos de diversa naturaleza (fig. 4), diecinueve son cerámi-cos: siete vasijas elaboradas a mano (tres peque-ños catinos troncocónicos, otro de mayor tamaño de pasta anaranjada, dos ollas y un vaso trípode), nueve torneadas de pasta fina anaranjada (un va-sito, un cuenco, una taza, cuatro copas, una bote-llita boca de seta y un kernos) y dos ollas toscas también torneadas, una de ellas empleada como urna cineraria; como producción singular, compa-recía un cacito o cyathus miniaturizado de pasta anaranjada. Fig. 3. Tumba 319 en su excavación inicial, con la planimetría de las lajas que sellaban el depósito. y
9 El grupo de los metales está compuesto por once elementos, uno en bronce ―unas pinzas de depilar― y el resto en hierro: un punzón con mango óseo, un cuchillo y otro probable, una parrillita, unas pinzas de fuego y la panoplia militar formada por caetra ―de la que se ha conservado umbo, cerco, tres abrazaderas y la manilla completa―, un puñal de tipo Monte Bernorio, en el que se distingue la hoja, la vaina y su broche o tahalí, además de una punta de lanza y otra de jabalina, amén de una argo-lla probablemente de un pinjante antitorsión de un arreo de caballo.La distribución de los ajuares y las ofrendas que constituyen el enterramiento se dispusieron en dos grupos bien diferenciados (fig. 5): el situa-do en la zona NO debió de conformarse a partir del establecimiento de la urna cineraria, situada en lo más profundo del hoyo y pegada a su perfil este. Esta vasija ya era fragmentaria en su mitad supe-rior cuando fue depositada, razón por la cual no fue apoyada sobre su base, sino que se dispuso de forma oblicua, como tratando de crear una superfi-cie horizontal en el plano superior conservado que favoreciera la colocación sobre ella de la panoplia militar. Las armas, transformadas en la actualidad en un conglomerado solidario por oxidación, se dis-pusieron en varios niveles (fig. 7): en primer lugar, apoyada directamente sobre los abundantes restos óseos, se observa la vaina del puñal, además de una abrazadera de caetra y una punta de lanza; a conti-nuación la cúpula del umbo, invertida y apoyada so-bre la punta de lanza, y una punta de jabalina; luego el umbo de la caetra, dos terminales y el cerco; por encima el tahalí, la hoja de puñal con su pomo de discos y guarda naviforme, y lo que pudiera ser un pinjante antitorsión de un arreo de caballo, este en contacto con la pared del hoyo. Todo este conjunto presentaba restos de óxido de manganeso y betún quemado; este proceso afectó además a varias pie-zas, sobre todo a la situada inmediatamente al nor-te de la urna, una copa de fuste moldurado y, en menor medida, a un catino urdido de color naranja Fig. 4. Conjunto de materiales recuperado en la tumba 319. Campaña XXXI-2020 de excavaciones arqueológicas en Pintia
10 que se recuperó sobre la urna y la copa. A conti-nuación de esta última, se dispuso un ungüentario o botellita boca de seta y, entre ambas, un vasito en pasta fina anaranjada. Cerraba este grupo un gran kernos, situado al sur de la botellita y al este de la copa, en cuyo interior se recuperaron escasos res-tos de fauna indeterminables. Los objetos situados en la mitad meridio-nal del hoyo parecen manifestar un carácter ritual y oferente. Asimismo, tanto las paredes del perfil SO como varios elementos de este ajuar presenta-ban restos de pigmentación rojiza, posiblemente óxido de hierro. Respecto a la disposición del resto del ajuar, en el eje central E-O hallamos un cuenco y una taza; al sur de estos, a la misma profundidad (-150 cm), se dispusieron dos objetos metálicos mi-niaturizados alusivos al banquete: una parrillita y unas pinzas para el fuego; sobre la primera un pe-queño catino urdido y sobre este una ollita tosca, en cuyos laterales sur y este aparecieron otros dos catinos idénticos al mencionado. Ceñida a uno de estos catinos se recuperó una escápula de suido u ovicaprino joven. Hacia el suroeste comparecían una ollita urdida y una copa de fuste bajo moldurado; en el espacio comprendido entre ambos elementos, en la misma cota (-142), localizamos, de este a oeste, Fig. 5. Tumba 319 in situ. Fig. 6. Zona meridional y más profunda de la tumba 319. y
11 un posible cuchillo, unas pinzas de depilar en bronce y un punzón con mango óseo del que únicamente se conservaron diversas esquirlas. Este grupo meridio-nal incluía en su extremo sur un llamativo vaso trípo-de, en cuyo interior se recuperó un cacito o cyathus miniaturizado de pasta anaranjada; entre el trípode y el perfil sur del hoyo, aún se recuperó una olla ur-dida muy degradada y aplastada por una de las lajas de cubrición; a continuación, en sentido este y pe-gada al perfil, se recuperó la hoja de un cuchillo de hierro (fig. 6). Finalmente, el ritual debió de ser clausurado con un brindis, como cabe deducir de la disposición, en cota superior a ambos grupos, de dos copitas en estrecho contacto, en lo que podría entenderse como un último gesto de despedida.Por lo que respecta a los restos óseos huma-nos recuperados en el interior de la olla tosca, pa-recen corresponder, en un análisis preliminar, a un sujeto adulto varón; los 1030 g incluidos constituyen la mayor muestra de restos humanos hasta ahora documentada en el cementerio de Las Ruedas. De gran interés resulta la documentación de una bello-ta entre dichos restos humanos, dentro de la urna cineraria. Hoyo 7, posible cenotafio o depósito v otivo vinculado a la tumba 319 Al norte de la tumba 319 previamente descrita, se lo-calizaba este hoyo de grandes dimensiones (160 cm en su eje E-O y 100 en el N-S). En su zona oriental se dispusieron, a poco más de un metro de profundidad, dos lajas calizas de 31 x 20 x 3 cm y de 43 x 26 x 8 cm, y entre ambas un esquisto de 10,5 x 3,9 x 1,7 cm. La laja de mayor tamaño debió de ser la primera en ser depositada cubriendo parcialmente un cuenco deco-rado a peine (fig. 8).Dos vasos cerámicos urdidos conforman este conjunto: un cuenco hemisférico de magnífica factura y decoración a peine, y un catino troncocónico, am-bos bruñidos y de color negro. Asimismo, en el relle-no del hoyo se recuperaron materiales dispersos muy fragmentados y restos óseos. Además de media cuen-ta de collar de vidrio azul, localizamos una escápula de suido o de ovicaprino y 8 g de restos cremados hu- Fig. 7. Bloque de hierro dispuesto sobre la urna cineraria, con la panoplia guerrera fundida por oxidación, anverso (izda.) y reverso (dcha.): umbo y abrazaderas de la caetra (azul), puñal Monte Bernorio y su broche o tahalí (rojo), puntas de lanza y jabalina (verde). Campaña XXXI-2020 de excavaciones arqueológicas en Pintia
12 manos. También había restos cerámicos y metálicos; entre los primeros identificamos una ollita urdida, un vaso torneado de coloración oscura y un fragmento de pie de copa, y en hierro se halló una punta laminar quizá de un cuchillo. El cuenco, con el catino troncocónico en su interior, se encontraba en la base del hoyo, en su extremo NO; presentaba una intensa pigmenta-ción rojiza en sus paredes externas (figs. 9 y 10). No se documentaron restos óseos humanos ni en el interior de estos recipientes ni en sus proximi-dades por lo que cabe interpretar este conjunto como un cenotafio o bien como un depósito vo-tivo. Tumba 320 Se trata de una tumba alterada, por cuanto los ele-mentos que constituían el ajuar y los restos óseos se hallaron muy dispersos por el hoyo y en un estado fragmentario e incompleto. Hemos documentado once objetos, aquellos que se hallaban más comple-tos y/o que mejor se identificaban. Aunque hay restos de otros tantos que no se han incorporado al inven-tario por estar presentes de forma testimonial en uno o varios fragmentos inconexos que cabría interpretar como parte del relleno.El loculus está constituido por el hoyo 6, que inicialmente se presentaba como una gran mancha de coloración intensamente oscura, con dos lajas en su superficie, una de ellas en su extremo NE y la otra en la zona SO. A partir del metro de pro-fundidad el hoyo se delimita con mayor precisión y queda reducido a 150 x 90 cm en sus ejes E-O y N-S, respectivamente. En su zona este se volvieron a documentar tres lajas calizas, alineadas en un eje SE-NO de 27 x 26 x 6 cm, 27 x 16 x 5 cm y 38 x 23 x 6 cm, respectivamente; posibles vestigios del sellado del loculus cuya tumba estaba completa-mente alterada.Al menos once elementos debieron de com-poner el ajuar (fig. 11). Entre el grupo de cerámicas hallamos dos hechas a mano ―un cuenco con deco-ración a peine y una ollita―; las torneadas son ocho piezas, seis en pasta fina anaranjada ―dos vasos, una taza, un cuenco globular, una copa y una botella― y dos ollas en pasta tosca. Finalmente, un fragmento de una posible hoja de puñal de hierro completaba el ajuar. Además, en el relleno del hoyo también se re-cuperaron 90 g de restos óseos humanos cremados, así como algunos restos de fauna de una especie no identificada. Dada la alteración en la que se halló este con-junto no se puede vislumbrar cómo se realizó origi-nalmente el depósito ni cuantos elementos, con exac-titud, formaban parte de su ajuar.