PINTIA CAMPAÑA XXX
EL APROVECHAMIENTO

DE LA PIEDRA EN EL

MUNDO VACCEO

ALGUNAS REFLEXIONES EN TORNO

A LA ALFARERÍA VACCEA

VACCEARTE 10.
A EDICIÓN.
EXCISIÓN EN CLAROSCURO,

LUCES
Y SOMBRAS
VERTAVILLO: DE CIUDAD

VACCEA A VILLA MEDIEVAL.

PROPUESTAS ETIMOLÓGICAS
3213 VACCEA ANUARIO
un hallazgo temprano de monedas de sekobirikes y turiaso
Al iniciarse el último tercio del si-
glo XIX, la desfavorable coyuntura
económica que afectó a la región
de Castilla la Vieja propició el desarrollo
de una peculiar actividad: la “minería
de huesos”, una de cuyas consecuencias
fue la localización y por lo general expo-
lio de numerosos yacimientos vacceos.
Entre los que sufrieron esta suerte debe
citarse el oppidum situado en el pago de
Las Quintanas de Padilla de Duero (Pe-
ñafiel, Valladolid), donde tuvo lugar el
descubrimiento que presentamos aquí.
Algunos detalles del mismo nos han sido
transmitidos por una interesante noticia
periodística a la cual hemos aludido re-
cientemente (Matesanz Gascón, 2019:
108-110). Creemos adecuado profundi-
zar ahora un poco más en su contenido
y en su contexto.
Las causas que dieron lugar a la
efímera historia de la “minería de hue-
sos” ya han sido descritas de manera
detallada (véase Agapito y Revilla, 1927:
8-11; Rojo Vega, 1989; Sanz Mínguez,
1997: 23-24; o Barril Vicente y Pérez
Rodríguez, 2012). Muy resumidamente,
digamos que a mediados del siglo XIX la
agricultura científica incorporó a su acer-
vo la constatación de que el abonado del
suelo con fosfatos mejoraba de manera
ostensible su productividad. Como los
fosfatos podían obtenerse con facilidad
calcinando huesos descarnados, desde
el año 1862 restos óseos de mataderos
empezaron a ser exportados en gran
cantidad desde España a otros países,
sobre todo a Francia y a Inglaterra. Pero
en 1866 esta actividad experimentó un
UN HALLAZGO TEMPRAN
MONEDAS DE SEKOBIRIK
EN EL POBLADO DE LAS
(PADILLA DE DUERO, PEÑ
Noticia del hallazgo de alhajas y monedas antiguas en Padilla de Duero, incluida en La
Crónica Mercantil el 5 de diciembre de 1871 (Hemeroteca de El Norte de Castilla).
3313VACCEA ANUARIO
un hallazgo temprano de monedas de sekobirikes y turiaso
giro sustancial, cuando el inicio de una
grave crisis económica, combinado con
una asoladora sequía, empobreció a las
clases más desfavorecidas del ámbito ru-
ral de la meseta Norte. Algunas gentes se
dedicaron entonces a buscar huesos por
los campos con el objetivo de sacar algún
dinero mediante su venta. Los restos de
animales muertos que encontraban ya
no conservaban su parte gelatinosa, por
lo cual fueron llamados huesos secos,
en contraposición a los huesos frescos
o “huesos granados” que salían de los
mataderos. Pero los huesos secos tam-
bién fueron llamados “huesos de mina”,
porque a menudo sus buscadores nece-
sitaban excavar zanjas o galerías subte-
rráneas para localizarlos y extraerlos. En
el transcurso de estas excavaciones, se
encontraron inopinadamente con nu-
merosas “antigüedades”. De hecho, hoy
se tiene la certeza de que los grandes
veneros óseos explotados por entonces
en la cuenca media del Duero se corres-
ponden con yacimientos arqueológicos,
principalmente vacceos y romanos.
Cuando poseían algún valor crematístico,
las antigüedades encontradas eran pues-
tas rápidamente a la venta, originándose
así un activo tráfico comercial de objetos
arqueológicos que llamó la atención de
geólogos, ingenieros e historiadores.
En el área de Las Quintanas (Padi-
lla de Duero, Peñafiel), parece haber sido
en 1868 cuando se halló un gran filón de
huesos, que durante los años siguientes
proporcionaría toneladas de restos óseos
(Hernández y Alejandro, 1906: 510).
Junto con los huesos, fueron extraídos
abundantes objetos antiguos, los cuales
acabarían engrosando diferentes colec-
ciones privadas, como la del palentino
Pablo Aragón de Nieto. El hecho motivó
que en mayo de 1871 Santiago de la Cal
y Pedro Bartolomé (respectivamente,
alcalde y secretario de Padilla de Duero)
remitieran una carta al gobernador civil
de la provincia: «suplicándole enviara
personas inteligentes que inspeccio-
nasen las escavaciones y vieran los ob-
jetos encontrados» (Orodea e Ibarra y
O DE
ESY TURIASO
QUINTANAS
AFIEL)
Propietario, redactores y colaboradores de La Crónica Mercantil en 1866:
junto al propietario (Félix Rodríguez), aparecen entre otros colaboradores los
abogados Nicolás Acero y José Muro (este último, ministro de Estado en 1873),
el profesor de Lengua Francesa José García de Modino, el militar y poeta Felipe
Tournelle y el bibliotecario y profesor de la Universidad de Valladolid, Gregorio
Martínez Gómez. Fotografías y dibujos por Bernardo Maeso (Archivo Municipal
de Valladolid. Colección Casa de Zorrilla, Colección de las señoras de Arimón/
ES.47186.AMVA/CZ//CZ S 32, fol. 71r; licencia Creative Commons 4.0).
Objetos de la colección Aragón Nieto procedentes de excavaciones
realizadas en Padilla de Duero (Madrid, Archivo del Museo
Arqueológico Nacional, expediente n.o 1881/2).
3413 VACCEA ANUARIO
Martí y Monsó, 1873: 5; Sanz Mínguez,
1997: 24). Pero el gobernador civil de la
provincia parece haber hecho caso omi-
so del requerimiento. Al menos, no hay
constancia documental de que se efec-
tuara actuación administrativa alguna
durante los meses siguientes. De hecho,
la siguiente información que tenemos so-
bre lo sucedido por entonces en el área
de Las Quintanas es una noticia apareci-
da el 5 de diciembre de ese mismo año
en la prensa vallisoletana, que es la que
motiva el presente texto. La noticia apa-
reció publicada en La Crónica Mercantil
con el contenido que reproducimos a
continuación: «Documentos históricos.
Hemos tenido ocasion de examinar va-
rias monedas que en virtud de practicar
ciertas escavaciones en busca de huesos,
se han encontrado, en algunas tierras de
pan llevar, en Padilla de Duero partido de
Peñafiel, que atestiguan la existencia en
la Península, de los celtiberos, y cuya mo-
neda revela adelantos en la acuñacion y
en las combinaciones metálicas.
Las que han llegado hasta noso-
tros presentan una cabeza varonil, des-
nuda con collar, mirando á su izquierda;
detras media luna; debajo M Reverso gi-
nete con clanude [i. e., clámide] y lanza
en ristre, corriendo á su izquierda.
Están acuñadas en Segorbe.
Una de cobre que ha venido con
las de plata representa a César Augusto
acuñada en Turiaso, ciudad española.
Se han encontrado además pulse-
ras y pendientes de oro y plata del tiem-
po de los Romanos.
Llamamos la atención del Sr. Go-
bernador si es que no existe comision
arqueológica, para que no se abandone
un descubrimiento que puede favore-
cer ciertas investigaciones históricas».
(La Crónica Mercantil: Diario de
Valladolid, Año IX, n.o 2.594, 5 de di-
ciembre de 1871, p. 3).
Desconocemos quién examinó
el monetario hallado en Padilla de Due-
ro en 1871, del cual se da noticia en el
periódico vallisoletano. En esa época, la
dirección de La Crónica Mercantil, que
era propiedad de Félix Rodríguez, recaía
en Aureliano García Barrasa; y como dejó
establecido Celso Almuiña en su detalla-
do estudio sobre la prensa vallisoletana
durante el siglo XIX, ese año trabajaron
en el periódico como redactores José Es-
trañi y Juan García Ortega y quizás tam-
bién lo hiciera Ignacio Tremiño (Almuiña
Fernández, 1977: 736). En todo caso, los
dos últimos lo eran poco tiempo des-
pués, cuando forman parte de los perio-
distas vallisoletanos que firman un ma-
nifiesto conjunto publicado en El Norte
de Castilla el día 10 de febrero de 1872.
Pero no cabe circunscribir el tenor de la
noticia a este círculo tan estrecho, dado
que el contenido del periódico también
se nutría de colaboraciones debidas a ca-
tedráticos, militares, abogados, médicos,
poetas y otros miembros notorios de la
sociedad vallisoletana del momento. En
su práctica totalidad, quienes colabora-
ron con la publicación son enumerados
por Celso Almuiña dentro del extenso
apartado que le dedica (Almuiña Fer-
nández, 1977: 728-819) y, entre aque-
llos vinculados con la práctica histórica,
destacan en esa primera época el jurista
e historiador Domingo Alcalde Prieto,
que colaboró con el periódico mientras
desempeñaba el puesto de catedrático
en la Facultad de Geografía e Historia
de la Universidad de Valladolid (si bien
ya había abandonado la redacción en el
año 1864); así como Gregorio Martínez
Gómez, ayudante del Cuerpo de Bibliote-
carios, Archiveros y Anticuarios que fue
también director de La Crónica Mercantil
hasta 1869, fecha en la cual dejó el car-
go por enfermedad. En 1871, Martínez
Gómez era el bibliotecario de la Univer-
sidad de Valladolid, institución en la cual
ejercía también la actividad docente; y
este mismo año publicó en el periódico
alguno de sus estudios históricos, como
el dedicado a la prensa vallisoletana en
el siglo XIX.
Aunque debamos lamentar nues-
tro desconocimiento de quién fue el au-
tor del texto, otorga en todo caso un gran
valor a la noticia el examen del moneta-
rio, el cual parece haber sido realizado de
manera autóptica por aquel. La mención
a «pulseras y pendientes de oro y plata»
es más ambigua. Pero dado el grado de
meticulosidad con el que se describen
las monedas, parece sumamente proba-
ble que esos objetos no fueran vistos por
el autor o los autores de la noticia, pues
todo sugiere que en este caso se hubiera
proporcionado una descripción más ex-
tensa. Sí es posible que las monedas apa-
recieran junto con las pulseras y los pen-
dientes, conformando un atesoramiento.
Durante las campañas de excavaciones
realizadas en el poblado de Las Quinta-
nas se han recuperado algunas monedas,
incluidos dos denarios de plata de época
de Augusto (RIC, I², n.o 207; sobre uno de
ellos, localizado en el interior de una vi-
vienda, véase Centeno Cea et al., 2003:
85-87, así como Pérez Rodríguez-Aragón,
2011: 40, n.o 88). Pero el monetario de
plata procedente del poblado vacceo de
Padilla de Duero del cual se conoce su
contexto arqueológico remite de manera
casi invariable a tesorillos, algo que cua-
dra bien con la naturaleza eminentemen-
te premonetal de la economía vaccea
(Blanco García, 2019).
Por otro lado, cabe preguntarse
por el lugar exacto de los hallazgos, pues
en La Crónica Mercantil sólo se mencio-
na su aparición «en algunas tierras de
pan llevar, en Padilla de Duero». Con casi
total seguridad, tuvieron lugar en Las
Quintanas; y ello por varias razones. En
primer lugar, era en esta zona donde se
produjeron en aquella época las activi-
dades de rebusca de huesos. En segundo
lugar, los atesoramientos y el monetario
de plata conocidos proceden de dicha
zona, en la que estaba asentado el pobla-
do vacceo, no habiéndose hallado ningu-
no hasta ahora en la necrópolis de Las
Ruedas o en el barrio artesanal de Carra-
laceña. Y en tercer lugar, su aparición en
unas «tierras de pan llevar» dificulta un
hipotético descubrimiento en la necró-
polis de Las Ruedas, situada en una zona
que, debido a su mal aprovechamiento
cerealístico, tradicionalmente ha estado
en barbecho o ha sido dedicada al viñe-
do (Sanz Mínguez y Escudero Navarro,
1995: 273; Carrascal Arranz, 2011: 61).
Pero además, otro dato apunta
claramente en el mismo sentido, el cual
pasamos a detallar. Para valorarlo en su
justa medida, hemos de indicar que la
noticia del descubrimiento de monedas
celtibéricas en Padilla de Duero traspasó
inmediatamente los límites provinciales:
al día siguiente de publicarse la noticia
en La Crónica Mercantil, se publicaba en
Denarios de plata de Augusto (RIC, I², n.o
207) hallados durante las excavaciones
realizadas en el poblado de Las Quintanas
(Padilla de Duero, Peñafiel).
un hallazgo temprano de monedas de sekobirikes y turiaso
3513VACCEA ANUARIO
el periódico madrileño El Pensamiento
Español (Año XII, n.o 3.622, 6 de diciem-
bre de 1871, p. 4) que «un periódico de
Valladolid dice que en Padilla de Duero
se han descubierto monedas celtíberas
acuñadas en Segorbe»; y, al día siguien-
te, esta misma frase era reproducida en
la prensa barcelonesa (en concreto, en
La Independencia: Diario republicano
federal, edición de la mañana, año I, n.o
553, 7 de diciembre de 1871, p. 6.661). Y
así, tal vez por la amplia difusión que los
hallazgos estaban alcanzando, o tal vez
porque la apelación final hecha desde
La Crónica Mercantil surtiera efecto, el
gobernador civil intervino finalmente en
el asunto, poniéndolo en conocimiento
de la Comisión Provincial de Monumen-
tos Históricos y Artísticos de Valladolid y
requiriendo más información al alcalde
de Padilla. Este respondió al gobernador
con fecha 13 de marzo de 1872, comu-
nicando que:
«en el pago de las Quintinas [sic]
termino de esta villa se han hecho esca-
baciones con el objeto de sacar huesos
y han encontrado algunas monedas an-
tiguas de cobre y plata, pendientes de
oro, pulseras de plata y otras cosillas
pero esto lo han vendido». (Archivo His-
tórico Provincial de Valladolid, sección
Histórica, caja 275: Comisión de Monu-
mentos Históricos y Artísticos de la Pro-
vincia de Valladolid. Libro copiador de
Comunicaciones que comienza en 23 de
Marzo de 1866, pp. 129r-131r).
Los objetos enumerados por el
alcalde son los mismos que aparecen
mencionados en la noticia periodística,
con la adición de «otras cosillas», proba-
blemente materiales deleznables o sin
un valor económico o artístico (peque-
ños fragmentos cerámicos, objetos en
asta de hueso, bolas de barro, etc.) que
bien pudieron ser obviados por el redac-
tor, o directamente desechados por su
descubridor o por el comprador de los
objetos metálicos. En otras palabras,
tanto en la carta del alcalde de Padilla de
Duero, como en la noticia aparecida en
la prensa vallisoletana tres meses atrás,
probablemente se está aludiendo a un
mismo descubrimiento, el cual tuvo lu-
gar en el pago de Las Quintanas.
El monetario
La detallada descripción que se hace
en La Crónica Mercantil del monetario
allegado a su redacción permite extraer
alguna información sobre él, aunque
en algunos aspectos esta sea algo im-
precisa. En primer lugar, se incluían en
él monedas de plata en número inde-
terminado, que, de acuerdo con el exa-
men realizado por el autor de la noticia,
mostraban en el anverso una cabeza
varonil desnuda con collar, mirando a su
izquierda, detrás de ella una media luna
y debajo una M; y en su reverso, un ji-
nete con clámide (el inexistente término
«clanude» que aparece en el texto es
sin duda un error tipográfico), portando
una lanza y corriendo hacia su izquierda.
En la noticia, la acuñación de es-
tas monedas era atribuida a una ceca
celtibérica situada en Segorbe (Caste-
llón). Sin duda, esta atribución a una
ceca segorbina, que se efectuaba al
mismo tiempo que las monedas se re-
putaban como celtibéricas, se debe a la
creencia de que en la población castello-
nense radicó la importante ciudad celtí-
bera de Segobriga (*Segobriks), la cual
estuvo situada realmente en Cabeza de
Griego (Saelices, Cuenca) (Beltrán Villa-
grasa, 1953; Almagro Basch, 1983, 1985;
Jordán Cólera, 2013). Hasta bien entra-
do el siglo XIX, la identificación de Se-
gobriga con Segorbe fue un hecho bas-
tante habitual (Ceán-Bermúdez, 1832:
112-113; Ford, 1847: 205; Gómez Rane-
ra, 1853: 503; Madoz: vol. 2, p. 465, s.
v. «Arcabrica») y, en especial, Aloïs Heiss
incluyó en su catálogo de monedas his-
panas antiguas una identificación de Se-
gorbe con Segobriga tan tajante como
extemporánea (1870: 264-265). Pero no
cabe duda de que las monedas halladas
por entonces en Padilla de Duero y men-
cionadas en la noticia periodística eran
acuñaciones segobrigenses.
Ahora bien, aquí deben hacerse
algunas precisiones más, dado que se
han adscrito a la ceca de Segobriga dos
grupos de amonedaciones, las cuales ya
aparecen en el propio repertorio de
Heiss: uno compuesto por aquellas mo-
nedas que portan la leyenda en signario
celtibérico , que Heiss leía
como Segobricos y que hoy se tiende a
leer como ŚEKOBIŔIKES; y un segundo
grupo de monedas con leyenda latina
SEGOBRIGA, que es considerada una
transcripción literal de la anterior leyen-
da celtibérica (Heiss, 1870: 265-266).
Tradicionalmente se interpretó
que el enclave segobrigense ubicado en
Cabeza de Griego fue el emisor de ambos
grupos monetarios. Pero esta interpre-
tación actualmente está obsoleta. Tras
analizar la dispersión de las monedas
con la mencionada leyenda celtibérica,
María Paz García Bellido (1974: 383-386)
hizo notar que era muy improbable que
su ceca emisora estuviera en ese paraje
conquense, apuntando más bien a su
ubicación en un territorio situado entre
el Pisuerga y el alto Duero, propuesta
un hallazgo temprano de monedas de sekobirikes y turiaso
Dispersión geográfica de las monedas con leyenda ŚEKOBIŔIKES: número de ejemplares
en cada conjunto (mapa de isopletas de Burillo Mozota, 2008: 409, fig. 113).
3613 VACCEA ANUARIO
que con posterioridad fundamentaría y
detallaría aún más (García Bellido, 1994).
Se mostró de acuerdo con sus aprecia-
ciones Leandre Villaronga (1994: 291) y,
tras un detallado análisis geográfico y es-
tadístico del monetario conocido, Solana
Sáinz y Sagredo San Eustaquio (1998) lle-
garon a conclusiones similares. El mapa
de isopletas confeccionado por Francis-
co Burillo Mozota (2008) plasma gráfi-
camente por qué es harto difícil que el
monetario con leyenda celtibérica ŚEKO-
BIŔIKES tenga su origen en la Segobriga
ubicada en Cabeza de Griego: no sólo la
mayor concentración de sus ejemplares
se localiza en zonas alejadas de ese lugar,
sino que, además, no se conoce ninguno
que proceda de la propia Segobriga o de
su entorno inmediato.
Ante esta evidencia, una propuesta
alternativa valoró en su día que el moneta-
rio con leyenda ŚEKOBIŔIKES fue emitido
por una ceca itinerante de Sertorio (Alma-
gro-Gorbea, 1992: 277). Sin embargo, en
la actualidad la opinión seguida mayorita-
riamente por los investigadores considera
que la ceca estuvo ubicada en la Celtiberia
septentrional, habiéndose propuesto por
Sacristán de Lama (1994: 144-145) que
lo estuvo en concreto en el Alto de San
Pedro, cerro situado en la localidad burga-
lesa de Pinilla Trasmonte, una opción que
durante los últimos años ha ido asentán-
dose en la literatura científica (véase, por
ejemplo, Otero Morán, 1995: 349, nota
11; y 2001; Domínguez Arranz, 1998: 150-
151; Ripollès Alegre y Abascal Palazón,
2000: 220; Abascal Palazón y Alberola,
2007: 45; o Amela Valverde, 2014: 460;
2016: 141-142; 2018: 24). En el Alto de
San Pedro, superficie amesetada de unas
diecisiete ha de extensión, se han localiza-
do los restos de un castro con un complejo
sistema defensivo en su parte Este y cuya
necrópolis se sitúa un kilómetro al oeste
del cerro, en la margen opuesta del río
Esgueva (Ruiz Vélez, 2003: 174-175). En el
entorno del lugar, que parece haber sido
abandonado durante el siglo I a. C., se ha
localizado un molde monetal que indica
que en él se llevaron a cabo tareas vincula-
das con la acuñación de moneda.
La duplicidad de emisiones (unas
con leyenda celtibérica surgidas de una
ceca ubicada en el Alto Duero y otras con
leyenda latina emitidas por una ceca con-
quense) ha dado lugar a interpretaciones
divergentes. En su día García-Bellido sugi-
rió la posible existencia de dos poblacio-
nes con idéntico nombre (1974), aunque
después ha optado por suponer que tras
la destrucción de su oppidum durante las
guerras sertorianas, la población situada
entre el Pisuerga y la cabecera del Duero
fue desplazada hasta Cabeza de Griego,
donde continuaría emitiendo moneda,
ya en época imperial y con leyenda la-
tina (García-Bellido y Blázquez, 2001:
338), aunque la cuestión está lejos de
estar resuelta (un resumen de las diver-
sas hipótesis y su valoración, en Burillo
Mozota, 2008: 405-410; véase también
Almagro-Gorbea y Lorrio Alvarado, 2006-
2007; así como Amela Valverde, 2014).
Sea cual fuere la razón de esa du-
plicidad, a tenor de la descripción pro-
porcionada por La Crónica Mercantil las
monedas encontradas eran acuñaciones
en plata de la ceca del Alto Duero, pues
en ningún caso se corresponden con los
motivos que aparecen en las emisiones
atribuidas a la Segobriga ubicada en Ca-
beza de Griego. Los principales motivos
de las acuñaciones de Śekobiŕikes suelen
describirse en la literatura científica con
una orientación distinta (es decir, tanto
la cabeza del anverso como el jinete del
reverso orientados hacia la derecha);
pero la aparente disparidad es debida
simplemente a que la orientación de
las imágenes en la noticia periodística
es definida no desde la perspectiva del
observador, sino desde la perspectiva
de la propia imagen («mirando á su iz-
quierda”, “corriendo á su izquierda»). La
segunda observación que ha de hacerse
es que la supuesta M del anverso es en
realidad el signo celtibérico para “Ś”.
Las acuñaciones de Śekobiŕikes
son bien conocidas, dada su gran dis-
persión geográfica (véase, por ejemplo,
Amela Valverde, 2016b). En su anverso
figura una cabeza varonil con collar (más
precisamente, con un torques), que apa-
rece rodeada de uno o varios símbolos:
creciente lunar, palma y delfín. Debajo
de la cabeza aparece el signo celtibérico
Ś. En cuanto a su reverso, aparece por lo
común en él un jinete con lanza o, más
raramente, un león junto a un creciente
lunar y, debajo, la leyenda ŚEKOBIŔIKES
en caracteres celtibéricos.
La descripción incluida en la no-
ticia periodística permite una fácil iden-
tificación. Las piezas halladas en Padilla
de Duero pertenecían al tipo Sekobirikes
n.o 10, según la clasificación de Villaronga
(1994: 292), pues las series Sekobirikes
n.o 5-9 muestran en su anverso los mis-
mos motivos que aquella, pero Sekobi-
rikes n.o 10 es la única en cuyo reverso
el jinete aparece vistiendo una clámide.
Este tipo se incluye en la 3.a emisión de
García-Bellido y Blázquez (2001: 340), la
cual es datada por estas investigadoras a
inicios del siglo I a. C. El tipo Sekobirikes
n.o 10 de Villaronga es un denario de pla-
ta cuyo diámetro oscila entre 18 y 19 mm
y cuyo peso medio es de unos 3,54 g.
El hallazgo de piezas de plata de
este tipo en Las Quintanas es un hecho
concordante con la dispersión de sus
series monetales (García Bellido, 1974,
1994; Solana Sáinz y Sagredo San Eusta-
quio, 1998), así como con la información
proporcionada por los atesoramientos
hallados en la Zona Arqueológica Pin-
tia, dos de los cuales incluían denarios
con la leyenda celtibérica ŚEKOBIŔIKES,
los cuales constituyen un relevante
porcentaje del monetario incluido en
dichos tesoros, en especial del primero
(Delibes de Castro et al., 1993: 404-409
y 418; García-Bellido, 1994: 247-248; Pé-
rez Rodríguez-Aragón, 2011: 38 y 49). En
este último tesorillo, los ejemplares con
reverso mostrando al jinete vistiendo
clámide ascienden a diez.
En cuanto a la mención a una
moneda de cobre de César Augusto pro-
cedente de «Turiaso, ciudad española»
alude obviamente al hallazgo de una pie-
za procedente de la ceca del municipio
romano de Tvriaso (Tarazona, Zaragoza),
sucesor del enclave celtibérico de Tuŕia-
su. El municipio emitió moneda en carac-
teres latinos en los inicios del principado
de Augusto o, tal vez, poco antes de que
este comenzara, con una acuñación que
mostraba en su anverso una cabeza fe-
menina laureada con la leyenda latina
SILBIS y en su reverso la representación
de un jinete con la mano derecha levan-
tada y debajo de él la leyenda TVRIASO.
La figura del reverso parece representar
una estatua ecuestre de Augusto, como
avanzaba en su día Enrique Flórez, plan-
teaba más tarde Vives y Escudero (1924-
1926: 92) y han aceptado posteriormen-
Reverso del tipo Sekobirikes n.o 10: jinete
armado con lanza y casco vistiendo
clámide, con leyenda ŚEKOBIŔIKES sobre
el exergo, en un denario del primer tesoro
de Padilla (Museo de Valladolid).
un hallazgo temprano de monedas de sekobirikes y turiaso
3713VACCEA ANUARIO
te otros autores (por ejemplo, véase
Beltrán Lloris, 2002: 261-270). Aunque
hay dataciones divergentes, como la de
Grant (Amela Valverde, 2012-2013: 99),
esta emisión se data por lo general ha-
cia 29-27 a. C. (García-Bellido y Blázquez,
2001: 374; Beltrán Lloris, 2002: 261).
El municipio de Tvriaso no vuelve
a emitir moneda hasta el año 2 a. C., ha-
ciendo a partir de ese momento varias
emisiones en bronce. Durante el reina-
do de César Augusto, en el anverso in-
cluyen la efigie de Augusto con el rótulo
IMP AVGVSTVS PP (con ligeras varian-
tes); y en el reverso diferentes leyendas,
entre ellas la de MVN[ICIPIVM] TVRIA-
SO, en ocasiones junto con una corona
de hojas de roble. Es la presentación
de Augusto como P[ater] P[atriae], dis-
tinción obtenida a inicios del año 2 a.
C., lo que permite precisar la fecha de
emisión de estas series monetales entre
dicho año y el de la muerte de Augus-
to en el 14 d. C. Los valores emitidos
fueron ases, semises y cuadrantes. Con
posterioridad, la ceca siguió emitiendo
moneda en bronce durante el reinado
de Tiberio (14-37 d. C.), empleando al-
gunas veces la efigie de Augusto.
La seriación temporal atribuida a
las acuñaciones del periodo 2 a. C.-14 d.
C. es la siguiente. En primer lugar, habrían
sido emitidas monedas con busto desnu-
do y laureado de Augusto con leyenda
IMP AVGVSTVS P P en una cara; y con una
cabeza femenina y leyenda TVRIASO en la
un hallazgo temprano de monedas de sekobirikes y turiaso
ACUÑACIONES HISPANO-LATINAS DE LA CECA DE TVRIASO EN ÉPOCA DE AUGUSTO
Iconografía tipo Nomenclaturas Valores Crono-
logía
(fotografía: Amela Valverde, 2016: 56)
RPC, I, 401-402
1.a serie (Vives y Escudero, 1924-1926: 92);
Turiasu 35 (Villaronga i Garriga, 1994); 9.a
emisión (García-Bellido y Blázquez, 2001;
379); 401-402 (Ripollès Alegre, 2010:
242); n.o 1 (Amela Valverde, 2016: 67).
Ases ca.
29 a.C.
(fotografía: Amela Valverde, 2016: 60)
RPC, I, 403-404
2.a serie (Vives y Escudero, 1924-1926: 92);
10.a emisión (García-Bellido y Blázquez,
2001; 379); 403-404 (Ripollès Alegre, 2010:
243); n.o 2 (Amela Valverde, 2016: 67).
Ases
Semises
2 a.C.
(fotografía: M. A. Camón Cisneros; NIPO: 551-09-050-6 )
RPC, I, 405-407
3.a serie (Vives y Escudero, 1924-1926: 92);
11.a emisión (García-Bellido y Blázquez,
2001; 379); 405-407 (Ripollès Alegre, 2010:
244); n.o 3 (Amela Valverde, 2016: 68-69).
Ases
Semises
Cuadrantes
(fotografía: Amela Valverde, 2016: 69)
RPC, I, 408-409
4.a serie (Vives y Escudero, 1924-1926: 92);
12.a emisión (García-Bellido y Blázquez,
2001; 379); 408-409 (Ripollès Alegre, 2010:
245); n.o 4 (Amela Valverde, 2016: 69).
Ases
Semises
(fotografía: RPC, Supplement 2: 21)
RPC, I, 410
4.a serie (Vives y Escudero, 1924-1926: 92-
93); 13.a emisión (García-Bellido y Blázquez,
2001; 380); 410 (Ripollès Alegre, 2010:
245); n.o 5 (Amela Valverde, 2016: 69-70).
Ases
(fotografía: Amela Valverde, 2016: 70)
RPC, I, 411-412
4.a serie (Vives y Escudero, 1924-1926: 92-
93); 14.a emisión (García-Bellido y Blázquez,
2001; 380); 411-412 (Ripollès Alegre, 2010:
246); n.o 6 (Amela Valverde, 2016: 70).
Ases
Semises
ca.
14 d.C.
3813 VACCEA ANUARIO
otra. En la siguiente emisión, el anverso
es ocupado por la efigie de Augusto jun-
to con la mencionada leyenda; mientras
que en el reverso se introduce la corona
de roble ob cives servatos conteniendo la
palabra MVN y apareciendo normalmen-
te debajo de la corona la leyenda TVRIA-
SO. Después, las últimas emisiones de la
serie hasta el año 14 d. C. incluyen los
mismos anversos, mostrando sin embar-
go en los reversos la corona de roble y el
nombre de la ciudad, pero también el de
los magistrados (dunviros o ediles) encar-
gados de la respectiva emisión. En algu-
nos ases, delante de la leyenda TVRIASO
aparece la abreviatura MVN[ICIPIVM].
Lógicamente, es difícil saber qué
tipo concreto de moneda era la mencio-
nada en el artículo periodístico. Sólo po-
demos hacer algunas vagas suposiciones.
De entrada, de la descripción proporcio-
nada por La Crónica Mercantil se deduce
con bastante probabilidad que la mone-
da pertenecía a una de las acuñaciones
intermedias de la serie emitida entre 2
a. C. y 14 d. C.; pues no se hace ninguna
mención a la cabeza femenina ni a la le-
yenda SILBIS que aparecen en el anverso
de las anteriores acuñaciones de Turiaso
y la propia interpretación del jinete repre-
sentado en el reverso de esas emisiones
como una estatua ecuestre de Augusto
no es de aplicación inmediata. La hipó-
tesis, formulada ya por Enrique Flórez y
retomada por Vives y Escudero (1924-
1926: 92), encontró la oposición de Ses-
tini, que prefería considerarla como una
imagen ecuestre de Tiberio (Heiss, 1870:
195). También se lo ha considerado como
un reformulación del típico motivo del
jinete celtibérico, inspirada en alguna es-
tatua local (Jiménez Díez, 2008: 136). Por
otro lado, la mención a «Turiaso, ciudad
española», aparenta ser una transcrip-
ción un tanto laxa de la leyenda MVN[I-
CIPIVM] TVRIASO, la cual aparece en los
reversos de acuñaciones posteriores, no
así en los reversos de la primera.
En este sentido, la descripción
que se hace de la moneda tampoco cua-
dra totalmente con la primera emisión
del período 2 a. C.-14 d. C., en la que
figura una cabeza femenina y la leyen-
da TVRIASO, pero no la mención de la
municipalidad del viejo enclave celtibé-
rico. Por otro lado, la ausencia en esa
misma descripción periodística de toda
mención a los magistrados responsables
de su emisión, cuyos nombres aparecen
en los reversos de las últimas series del
período 2 a. C.-14 d. C. (y también en los
de las monedas acuñadas en la ceca con
la efigie de Augusto durante el reinado
de Tiberio), sugiere que la pieza tampo-
co pertenecía a aquellas. En suma, todo
parece indicar que la pieza era de una
de las emisiones intermedias del perío-
do, con busto de Augusto en el anverso
y leyenda MVN[ICIPIVM] TVRIASO en el
reverso (RPC, I, 405-406).
Estas reflexiones no nos propor-
cionan ningún dato indubitable, pues ni
tan siquiera conocemos el grado de con-
servación de las leyendas y motivos de
la moneda. Pero la exhaustividad con la
que son descritas las características ico-
nográficas de las monedas de Śekobiŕi-
kes, permite sospechar que la moneda
de Tvriaso debió ser descrita con pareja
meticulosidad y que la parca informa-
ción aportada se debe a la austeridad
de sus motivos. Aparte de esto, prácti-
camente lo único que puede asegurarse
con un alto grado de probabilidad es
que el ejemplar debería datarse entre 2
a. C. y 14 d. C. De la misma manera, si
bien no podemos especificar su valor, lo
más probable es que fuera un as, pues
por lo que sabemos más del 95 % de las
piezas emitidas por la ceca turiasonense
en esa época se corresponden con dicho
valor (Sagredo San Eustaquio, 1992: 57;
Amela Valverde, 2016: 63).
Las monedas acuñadas en Tuŕiasu
con leyenda celtibérica (sobre estas, véa-
se Gozalbes Fernández de Palencia, 2009)
forman parte importante de los tesoros I
y II de Padilla y se cuentan entre las que
aparecen con mayor frecuencia en terri-
torio vacceo (Blanco García, 2019: 71-72).
Pero en este caso, se trata de una mone-
da posterior, acuñada durante el reinado
de Augusto (27 a. C.-14 d. C.). Sabemos
que otras producciones numismáticas
de este período alcanzaron la población
vacceo-romana asentada en el pago de
Las Quintanas. Los dos denarios, RIC, I²,
n.o 207, recuperados en las excavaciones
arqueológicas realizadas en la Zona Ar-
queológica Pintia durante las últimas dé-
cadas, fueron emitidos por la ceca galo-
rromana de Lvgdvnvm entre 2 a. C.-14 d.
C., siendo contemporáneos, por lo tanto,
de la moneda de cobre que nos ocupa.
Asimismo, otro denario (igualmente, RIC,
I², n.o 207), que fue engarzado en época
moderna en una pulsera que perteneció
a Ángel María Álvarez-Taladriz, es de in-
cierta procedencia padillense (Delibes
de Castro et al., 1993: 465-469; véase
también Pérez Rodríguez-Aragón, 2011:
37). Sus editores sugieren esta posibili-
dad basándose en que el monetario que
adorna la pulsera pertenece a un extenso
lapso temporal (del 134 a. C. hasta ini-
cios de nuestra Era) que se adecua bien
a la larga continuidad vacceo-romana del
asentamiento de Las Quintanas. También
se basan en que ese erudito participó de
manera notable en las actividades que a
inicios del siglo XX desarrolló desde Valla-
dolid la Sociedad Castellana de Excursio-
nes; no en vano, Agapito y Revilla (1926:
130) rememora cómo Álvarez-Taladriz
recogió objetos prehistóricos en muchas
localidades vallisoletanas.
Como testimonio del numerario
de época de Augusto llegado hasta el
oppidum vacceo-romano de Las Quinta-
nas, debe añadirse a estas piezas de pla-
ta un as de bronce, en muy mal estado
y hasta ahora inédito, que fue localiza-
do durante la campaña de excavaciones
del año 2003; el mismo pertenece a una
emisión de la Colonia Ivlia Victrix Celsa
un hallazgo temprano de monedas de sekobirikes y turiaso
As de bronce de Tiberio (14-37 d. C.)
emitido por la ceca de Tvriaso (RPC, I, n.o
419), recuperado durante las excavaciones
en el poblado de Las Quintanas.
Arriba, as de bronce de la Colonia Ivlia
Victrix Celsa recuperado en el poblado
de Las Quintanas durante la campaña de
excavaciones del año 2003; debajo, otro as
de la misma emisión (RPC, I, n.o 278).
3913VACCEA ANUARIO
(Velilla de Ebro, Zaragoza) datable con
precisión durante los años 5-3 a. C. (RPC,
I, n.o 278), pues en el anverso se espe-
cifica su emisión durante el duodécimo
consulado de Augusto.
Una circunstancia que otorga un
valor añadido al dato contenido en La
Crónica Mercantil es que, aun cuando las
acuñaciones de Tvriaso del período 2 a.
C.-14 d. C. muestran una fuerte concen-
tración en el cuadrante noroeste penin-
sular, probablemente vinculada con el
movimiento de contingentes militares,
no se conocen ejemplares procedentes
del territorio de la actual provincia de
Valladolid. En 1992 Sagredo San Eusta-
quio no podía mencionar el hallazgo de
ninguno y años más tarde Pérez Rodrí-
guez-Aragón sólo incluye un ejemplar de
Tiberio (14-37 d. C.) hallado en 1996 en
Moraleja de las Panaderas (2011: 40, n.o
83). No obstante, Morillo Cerdán y Gó-
mez Barreiro (2006: 378, fig. 1) indican
el hallazgo de varias piezas en la provin-
cia vallisoletana, aunque por desgracia
no especifican ningún dato concreto so-
bre esos presuntos hallazgos. Otro as de
bronce de Tiberio de la ceca de Tvriaso
(RPC, I, n.o 419), fue recuperado asimis-
mo en el poblado de Las Quintanas de
Padilla de Duero durante la campaña de
excavaciones del año 2003.
Desconocemos el número total
de monedas examinadas, pues a la de
cobre se le suman un número indeter-
minado de monedas de plata. Pero se
deduce que estas eran al menos un par
y es probable que no fueran muchas
más, aunque esto último depende de un
detalle de la descripción cuya exactitud
no podemos comprobar: la clámide del
jinete. En la noticia se extiende esta ca-
racterística al conjunto de denarios. Pero
si dicho conjunto hubiera sido muy am-
plio, es improbable que todas las piezas
fueran iguales. Desde un punto de vista
cuantitativo, los denarios de plata de la
ceca de Śekobiŕikes mostrando un jinete
vestido con clámide vienen a suponer,
muy grosso modo, un 10% del total. En
el primer tesoro de Padilla, de un total
de treinta monedas de esa ceca, diez
son de ese tipo; mientras que ninguna
de las cuatro monedas de Śekobiŕikes del
segundo tesoro padillense son incluibles
en él. Por otro lado, quien reparó en el
detalle de la aparición de la clámide di-
fícilmente hubiera descuidado el de su
ausencia. No tenemos certeza de que la
descripción se derive de un examen indi-
vidual y detallado de todas las monedas
de plata mencionadas, pudiendo haber-
se extrapolado el examen de una única
moneda a todas las demás, debido a su
gran similitud. Pero el nivel de detalle y
la precisión con el que se describen las
piezas de plata sugieren que estas fueron
examinadas individualmente y que eran
del mismo tipo, no constituyendo por lo
tanto un número elevado de ejemplares.
En lo referente a la unidad origi-
naria del conjunto recuperado, pudiera
parecer anómalo un atesoramiento inte-
grado por denarios celtibéricos datados
a inicios del siglo I a. C. y por una mo-
neda hispano-latina muy posterior. Pero
la dificultad se desvanece si sopesamos
que, según indican García-Bellido y Bláz-
quez (2001: 338), en la zona septentrio-
nal de su ámbito de dispersión los dena-
rios de Śekobiŕikes de ese tipo siguieron
circulando hasta después de las guerras
cántabras (29-19 a. C.).
Por desgracia, desconocemos
el destino de los objetos encontrados
y, además, carecemos de una descrip-
ción de las alhajas que acompañaban a
las monedas. Pero por improbable que
ello pueda ser, no es imposible que en
un futuro aparezcan nuevos datos sobre
tan singular lote, sobre cuyo contexto de
aparición La Crónica Mercantil nos pro-
porciona algunas precisiones que mere-
cen ser tenidas en cuenta.
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Roberto Matesanz Gascón
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