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PINTIA
CAMPAÑA XXIX
EXCAVACIONES EN LAS RUEDAS
LAS MONEDAS QUE USARON
Y ATESORARON LOS VACCEOS
TURMOGOS
NUESTROS ANCESTROS
UNA NUEVA
PLACA LERILLA
EL GRANIZO, QUINTANILLA
DE ARRIBA
CAZADORES-RECOLECTORES Y
PASTORES EN PICO REDONDO
TORDEHUMOS
CIUDADES VACCEAS
PÁRAMO CIUDAD
UN
OPPIDUM
DE LOS TURMOGOS
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VACCEA
ANUARIO
A
una nueva placa lerilla procedente de El Granizo
E
n los años setenta del siglo pasado
se dio a conocer un hallazgo de pi-
zarra Lerilla procedente de la zona
conocida como El Valle o El Nuevo (Re-
presa, 1976), actualmente depositado
en el Museo de Valladolid. Hemos podi-
do saber, a través del testimonio de To-
más Madrazo, que aquel primer hallazgo
realizado por un vecino, Alejandro Ca-
rrascal, contaba con otros dos pequeños
fragmentos que no llegaron a estudiarse
y cuyo paradero actual es desconocido.
En esta ocasión presentamos
otra pieza, hallada también por aque-
llos años en el desarrollo de labores
agrícolas en una tierra próxima. Se da la
coincidente circunstancia de que junto
a este ejemplar aparecieron también
otros dos trozos de pizarras (con dos o
tres líneas de numerales romanos), ac-
tualmente desaparecidos.
Que en un punto tan alejado del
área de distribución de estos objetos se
contabilice un número mínimo de seis
ejemplares de pizarras Lerilla, creemos
que ofrece al hallazgo y al lugar donde
se ha producido una relevancia especial
y justifican que nos ocupemos de su es-
tudio detallado.
Descripción de la pieza
La nueva pizarra tiene forma tra-
pezoidal y la inscripción adopta posición
vertical; presenta una rotura longitudi-
nal limpia, paralela al borde izquierdo,
que dividía en dos la placa, si bien ac-
tualmente está pegada. Los lados miden
124, 67, 154 y 84 mm y tiene un grosor
de 10 mm. Grabadas con un estilete se
conservan nueve líneas que se continua-
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una nueva placa lerilla procedente de El Granizo
rían, no sabemos en cuántas más, hacia
el límite superior del soporte, el único
incompleto. La inscripción aparece en-
marcada por guías horizontales graba-
das de lado a lado con el mismo punzón
que los números ordinales; en las líneas
6. a, 7.a y 8.a se observa enmarque verti-
cal paralelo al borde izquierdo, a base de
una línea muy fina. Estas líneas determi-
nan espacios de anchura similar, entre
11 y 13 mm, para los siete primeros ren-
glones, mientras que los dos inferiores
resultan más amplios, con 15 y 17 mm
de separación. Las líneas horizontales
fueron trazadas de una sola vez en cua-
tro ocasiones, en las otras cinco se ven
rectificaciones con varios trazos. Los sig-
nos grabados corresponden en todos los
casos, como suele ser habitual en este
tipo de placas, a los valores más bajos:
I, V y X; sobre algunos de estos valores
se ha añadido en la parte superior algún
trazo horizontal, si bien su delineación
no se hizo en un proceso posterior sino
en el momento de incluir el ordinal; tal
circunstancia se deduce con claridad del
hecho de que estos trazos a menudo se
incurvan y conectan con la parte supe-
rior del grupo de ordinales que integran,
o, cuando afectan a un valor de unidad,
formando una especie de T, determinan
el empleo de una mayor separación en-
tre el signo anterior y posterior. Aunque
pudiera parecer que el lado derecho es-
tuviera incompleto, en realidad pensa-
mos que no, por dos criterios: el primero
que la suma de cada línea proporciona
cifras similares, lo que resulta habitual
en este tipo de documentos epigráficos;
el segundo, por el amplio espacio vacío
existente entre el último trazo de la línea
cuarta y el borde, que de haber querido
incluir un numeral más debería haber
empleado dicho espacio. Cabe señalar
una alteración profunda que afectó al
inicio de las líneas 4ª y 5ª, con la pérdida
del numeral I en ambas. Por último, la
presencia de trazos horizontales sobre
los numerales se produce en todas las
líneas bien conservadas, creando nexos
de los numerales I, II, III, IIII y V. La suma
de cada renglón tiende a 20 y si alguna
no alcanza esta cifra se compensa en
otras que superan esa cantidad.
El lugar del hallazgo
Hemos tenido la oportunidad de
acercarnos recientemente a la zona del
hallazgo, un entorno estratégico y car-
gado de historia en relación con la ac-
tividad pastoril y los conflictos entre las
comunidades de Villa y Tierra de Cuéllar
y Peñafiel.
La
visita de la mano de Tomás
Madrazo y Juan José Moral nos ha per-
mitido situar con exactitud el lugar de
aparición de la pizarra publicada por
Represa y también de la presente, tal y
como se muestra en las correspondien-
tes figuras.
El
lugar se identifica con un
yacimiento arqueológico tan extenso
como poco denso en hallazgos, que
afecta a los pagos de El Valle y El Gra-
nizo (la ubicación de El Nuevo según el
mapa 1:25.000 del MTNE no resulta co-
rrecta), a ambos lados del valle que aquí
comienza del arroyo Valimón, conocido
en este tramo como Granizo, en relación
a una de las fuentes que, junto a las que
le preceden de Fuentes Blancas, el Tasu-
guillo y sobre todo el Tasugo, alimentan
su nacimiento. El yacimiento se extien-
de hacia el sur, en la zona más elevada
conocida como Ventosilla, de triste re-
cuerdo ya que aquí fueron fusilados y
enterrados durante la Guerra Civil varios
vecinos de Peñafiel; existen todavía en
pie unos corrales testigos del pastoreo al
que estos parajes estuvieron sometidos.
La
ficha del Inventario Arqueo-
lógico Provincial señala hallazgos prehis-
tóricos además de otros romanos, alto
y bajoimperiales. En efecto, los esca-
sos materiales recogidos en superficie
muestran algunas cerámicas prehistó-