www.pintiavaccea.es PINTIA CAMPAÑA XXIX EXCAVACIONES EN LAS RUEDAS LAS MONEDAS QUE USARON Y ATESORARON LOS VACCEOSTURMOGOS NUESTROS ANCESTROS UNA NUEVA PLACA LERILLA EL GRANIZO, QUINTANILLA DE ARRIBA CAZADORES-RECOLECTORES Y PASTORES EN PICO REDONDO TORDEHUMOS CIUDADES VACCEAS PÁRAMO CIUDAD UN OPPIDUM DE LOS TURMOGOS www.pintiavaccea.es5 €
52 12 VACCEA ANUARIO nuestros ancestros S E n este trabajo ilustraré algunos de los rasgos más característicos de la etnia prerromana de los turmogos, una entidad prácticamente desconocida de la segunda Edad del Hierro. El primer acercamiento debe ser por fuerza geo-gráfico, y así se definirá el territorio ocu-pado por este populus prerromano en relación con otras etnias vecinas, prin-cipalmente los vacceos y los celtíberos del entorno más cercano al río Duero. A continuación, revisaré sus emplaza-
53 12 VACCEA ANUARIO Turmogos mientos fortificados más relevantes y fi-nalizaré con algunas consideraciones so-bre la sociedad turmoga de la segunda Edad del Hierro, recurriendo también a la arqueología de otros pueblos vecinos.No es fácil establecer los límites precisos del territorio de los turmogos. La principal dificultad es la definición de este espacio frente al territorio de los vacceos ya que entre ambas etnias se localiza un suave paisaje de campiña que no puede concebirse como un lími-te topográfico, algo que por el contrario sí sucede en la escarpada zona de las Loras, que actuaría como zona limítro-fe entre cántabros y turmogos. Al oes-te del territorio turmogo, únicamente el río Pisuerga podría actuar como un accidente geográfico delimitador, aun-que sabemos que los ríos son tan agen-tes facilitadores de movimiento como elementos fronterizos. En el centro del territorio turmogo las vegas de los ríos Odra y Brullés, afluentes del río Pisuerga crean un paisaje de campiña suavemen-te alomado seguramente orientado a la ganadería y agricultura de secano. Úni-camente al este y sureste del territorio turmogo los páramos calcáreos de Bur-gos muestran una geografía diferente, los ríos Hormazuelas, Urbel y Ruyales crean corredores norte-sur circundados por las abruptas cuestas del páramo. Esta peculiar topografía se aprovechó en ocasiones como un elemento de-fensivo complementario a las grandes murallas que definían el espacio del oppidum. El límite este del territorio turmogo más allá de los ríos Arlanza y Arlanzón estaría definido por la Sierra de la Demanda. Finalmente, el límite norte de este territorio estaba delimi-tada por la Lora burgalesa, una peculiar formación geológica de páramos calizos separados por importantes cañones con orientación este-oeste. Esta formación geológica, que forma las estribaciones meridionales de la cordillera cantábrica fue zona fronteriza con los cántabros, que ocuparon algunas de los relieves geológicos más prominentes como el castro de La Ulaña (Humada, Burgos), Peñas de Valdecastro (Icedo, Burgos), o Monte Cildá y Monte Bernorio, en la provincia de Palencia.El territorio turmogo es reducido en comparación con otros pueblos pre-rromanos del centro y norte peninsular como astures, vacceos y celtíberos. El tamaño de su territorio podría compa-rarse al de otras etnias del norte como autrigones y berones con los que ten-dría una relación fronteriza por el norte y noreste. Es importante señalar que la posición geográfica de los turmogos fa-cilitó el contacto directo con sus vecinos del sur, vacceos y los celtíberos de la ca-becera del Duero y el valle del Ebro, lo que se refleja notablemente en su cul-tura material; y seguramente también en otros aspectos de sus sociedades, como la organización social, el sistema de poblamiento, lengua y religión.La etnogénesis de los turmo-gos, su origen como etnia diferenciada del resto de pueblos prerromanos, es ciertamente confusa. En ocasiones se ha hipotetizado un origen celta y galo, (del pueblo de los belgae) a partir de las teorías difusionistas de Bosch Gim-pera, aunque sin aportar mayores datos concretos de tipo arqueológico para sustentar esta hipótesis. Solana ve en la concordancia de nombres de turmo-gos y autrigones un proceso migratorio similar, y en la toponímia y teonímia el mencionado origen galo. Solana no ex-plica cómo la cultura material permite sostener esta teoría invasionista. Po-demos pensar que la cerámica pintada está más emparentada con la cerámica celtibérica e ibérica y la evolución de la metalistería, tomando como ejemplo los puñales de tipo Monte Bernorio, es-tudiados por Schüle (1969) y Sanz Mín-guez (1990) en la cuenca del Duero, no concuerda con la división en fases pre- y post-invasión planteada por Solana. Como han señalado diversos au-tores, entre ellos Ruiz Vélez (2005), la segunda Edad de Hierro podría dividirse entre una época pre-celtibérica, del 400 al 200 a. C. y una etapa sujeta a mayor influencia del mundo celtibérico en la meseta, a través del valle del Ebro y del valle del Duero, esta etapa se desarro-llaría entre el 200 a. C. y la conquista ro-mana. Aunque otros autores como Sa-cristán de Lama hablan directamente de periodos celtibérico pleno y tardío des-pués del Primer Hierro (800-400 a. C.). De cualquier modo, las primeras fases del Segundo Hierro en territorio turmo-go se caracterizan por la consolidación de las producciones metalúrgicas de la cultura Miraveche–Monte Bernorio em-parentadas con el mundo celta e itálico. Producciones metálicas destinadas a las panoplias guerreras que se desarrollan de forma paralela a la construcción de los grandes oppida meseteños, siendo ambos elementos dos caras de la misma moneda: el inicio de la jerarquización y la desigualdad social.Los textos latinos y griegos (Es-trabón, Ptolomeo, Plinio, Floro y Orosio) aportan un reducido pero interesante conjunto de referencias sobre los tur-mogos. No obstante, en línea con las co-rrientes teóricas actuales en arqueología debemos hacer un esfuerzo por recons-truir la historia de los pueblos indígenas desde una perspectiva no-romanocéntri-ca. Por lo tanto, a pesar de hacer referen-cia a estos textos, también es necesario emplear otras fuentes de información. En este caso, las tesserae de hospitali- Territorio atribuido a los turmogos (línea negra) entre el río Pisuerga y la Sierra de la Demanda. Con yaci-mientos mencionados en el texto.Ejemplo de puñal tipo Monte Bernorio hallado en Villamorón, publicado por Schüle. Materiales del yacimiento rural de la segunda Edad del Hierro en El Espinillo-Villadiego.
54 12 VACCEA ANUARIO Turmogos dad, los lugares de habitación u oppida y la organización social y territorial. Contamos con pocos documen-tos redactados por los propios turmo-gos, elaborados con estilos de escritura diferentes, en los que a veces utilizan el latín, en otras ocasiones emplean el alfa-beto celtibérico, pero la información se transmite en una lengua hispano-celta aún difícil de comprender con claridad. Estos documentos, conocidos como tes-serae de hospitalidad, presentan pactos entre individuos y comunidades, que como veremos más adelante buscan la creación de relaciones intergrupales pa-ralelas a la situación de violencia y con-flictividad en que vivían los diferentes grupos de la segunda Edad del Hierro. En territorio turmogo tenemos una pe-queña cantidad de estos documentos. Muchas proceden de Sasamón, y fueron realizados en piezas metálicas bien con forma de animales de forma esquemá-tica o buscando una pequeña dosis de realismo. Los animales favoritos para ser utilizados como soporte de estos pactos, tanto por los turmogos como por los vecinos cántabros, vacceos y cel-tíberos fueron los grandes cuadrúpedos (caballos o bóvidos), animales salvajes relacionados con la mitología (osos y lo-bos) y animales acuáticos (peces y del-fines) que quizás subrayen la relación intrínseca con los cauces de agua. La religión de los turmogos tuvo también una fuerte raigambre celta (Carcedo de Andrés, 2008). Conocemos algunas de las deidades adoradas por los habitantes de este territorio gracias a la epigrafía realizada ya en época romana y en lengua latina, pero manteniendo apelativos y deidades indígenas. Uno de los principales dioses fue Luganus (o Lugh) de indudable adscripción céltica, localizado en Atapuerca, también las Matres (inscripción procedente de Hon-toria de la Cantera) que aparentemente una creencia popular en el Conventus Cluniensis, también Epona relaciona-da con el mundo militar y pecuario (de Quintanilla de Somuñó), o la más des-conocida Caleca Navara asimilada para algunos a la Cailleach Bheur gaélica es-cocesa (de Villaverde del Monte), o las propias Ninfas, asociadas a las corrien-tes fluviales que atraviesan el territorio Plataforma superior del Cerro de Castarreño – oppidum de Segisama, Olmillos de Sasamón.Extremo norte del Cerro de Castarreño donde se aprecia la marca del foso transversal en el cultivo. Foto del 26 de julio de 2018.
55 12 VACCEA ANUARIO Turmogos turmogo y cuyo culto también habría influido en la toponimia regional. Los oppida turmogos Los grandes castros u oppida prerroma-nos turmogos son conocidos en parte gracias a los textos clásicos, al menos en cuanto a su toponimia antigua. Sin em-bargo, más allá de la denominación de estos lugares en la Edad del Hierro, creo que debe ser la investigación arqueoló-gica la que aporte la información real que construya y densifique nuestro co-nocimiento sobre la sociedad turmoga.Los autores latinos de índole geo-gráfica, Plinio y Ptolomeo, señalan una serie de civitates pertenecientes a los turmogos: Segisama, Sisaraca, Deobro-gula, Ambisna y Bravum, a los que Plinio suma Segisama Iulia, que en Ptolomeo aparece mencionada como civitates de los vacceos. En los siguientes párrafos ve-remos con atención la relación entre esta documentación escrita y la arqueología.Entre los oppida turmogos Segi-sama podría ser el núcleo principal o de mayor entidad en relación a su propio nombre Segh “victoriosa” + samo como aumentativo, dando lugar a “la muy vic-toriosa”; aunque no sabemos el porqué de esta preeminencia sobre el conjunto de ciudades turmogas, sí es cierto que fue el lugar elegido por los romanos para establecer junto a ella el campa-mento principal de Augusto en el 26 a. C. según nos transmiten Floro y Orosio. Segisama se podría localizarse (García Sánchez y Costa, e.p.) en el Ce-rro de Castarreño, Olmillos de Sasamón. Se trata de un cerro testigo de 24 hec-táreas desgajado del páramo calizo que se extiende a pocos kilómetros al este. Desde el Cerro se domina ampliamente el paisaje de campiña, tanto por el sur como por el oeste, hasta prácticamente la vega del Pisuerga, y por el norte, con-trolando totalmente las vegas del Odra y Brullés hasta el inicio de la Cordillera Cantábrica.El propio nombre de Segisama ha provocado gran confusión por el uso de Plinio y Ptolomeo de la versión Se-gisama Iulia o refiriéndose a los segisa-miulienses, además en caso del primer autor, nombrándola como civitas de los turmogos y en segundo lugar entre los vacceos. Una confusión étnica que re-cuerda al caso de Salmantica y su ads-cripción a vacceos y a vetones. Además, la situación geográfica de ambas es si-milar, amplias zonas de vega en la que el tránsito de un territorio político a otro se hace inapreciable. En línea con el Pa-dre Flórez, autor de la España Sagrada, creo que Segisama y Segisama Iulia son la misma ciudad, Iulia sería un epíte-to referido a la fundación de la nueva ciudad de Segisamo por Augusto, de la gens Iulia, para difundir su ideario.Hoy en día, Segisama se ubica sin duda en el Cerro de Castarreño (Sacris-tán de Lama 2007), en Olmillos de Sasa-món, 2 kilómetros al sur de Sasamón, pueblo actual que habría conservado el topónimo original gracias a la reutiliza-ción del mismo en época romana como Segisamo. No obstante, las antiguas teorías vasco-cantabristas del Padre La-rramendi que ubicaban el escenario de las guerras cántabras en el actual terri-torio vasco se empeñaron en identificar Segisamo con Beyzama (entre Azpeitia y Tolosa). Fue el Padre Flórez en su España Sagrada (1877) quien pone la primera piedra para el conocimiento actual de los pueblos prerromanos del norte de Hispania, antes y durante la guerra de Roma contra cántabros y astures.La arqueología en Segisama ha pasado prácticamente desapercibida hasta época reciente sobre todo de-bido a la importancia temprana que cobraron otros núcleos prerromanos cercanos como Dessobriga, Deobrigu-la o Castrojeriz a los que volveremos a mencionar en los siguientes párrafos. Los importantes restos de trazado urba-no prerromano y la potencia de los ce-nizales excavados en los 70 del pasado siglo por Abásolo fomentaron la hipó-tesis de que Segisama se ubicase no en el Cerro de Castarreño sino en el lugar conocido como El Castro en Castrojeriz. Será David Sacristán de Lama quien con-siga atraer la atención sobre los escasos restos conservados en Castarreño sobre los que hemos venido trabajando en los últimos años. Sacristán indica la presen-cia de algunas estructuras defensivas, que hoy vemos distorsionadas y ocultas por las terrazas agrícolas que circundan la plataforma superior, y la presencia de restos cerámicos, aunque escasos, por el Cerro de Castarreño y alrededores. Más recientemente la fotografía área y los métodos de prospección geofísicos han permitido añadir nuevos elementos a la interpretación de Segisama, inclu-yendo un interesante foso excavado en el estrato geológico del páramo que pro-tege el espolón norte de la plataforma superior, donde actualmente se ubican las antenas de telefonía. Se formaría así una pequeña acrópolis de pequeñas di-mensiones, apenas 1,2 hectáreas, cuya función aún desconocemos.Este foso, que se encuentra en proceso de excavación en estos momen-tos (dirigido por José M. Costa García y Jesús García Sánchez), podría resolver algunas preguntas, por ejemplo: ¿en qué momento se decide delimitar una zona del oppidum y con qué motivo? Y muy interesante también, ¿cuándo y por qué se produce el abandono defini-tivo del oppidum?, lo que nos ayudaría