www.pintiavaccea.es
PINTIA
CAMPAÑA XXIX
EXCAVACIONES EN LAS RUEDAS
LAS MONEDAS QUE USARON
Y ATESORARON LOS VACCEOS
TURMOGOS
NUESTROS ANCESTROS
UNA NUEVA
PLACA LERILLA
EL GRANIZO, QUINTANILLA
DE ARRIBA
CAZADORES-RECOLECTORES Y
PASTORES EN PICO REDONDO
TORDEHUMOS
CIUDADES VACCEAS
PÁRAMO CIUDAD
UN
OPPIDUM
DE LOS TURMOGOS
www.pintiavaccea.es
5 €
78
12
VACCEA
ANUARIO
ciudades vacceas
S
A
unque la fundación de la pue-
bla medieval que constituye
hoy en día el núcleo urbano
de Tordehumos data de 1182,
lo cierto es que las huellas de sus pri-
meros moradores nos trasladan a tiem-
pos muy anteriores a esta fecha. Sin ir
más lejos, un documento del siglo X lo-
calizado en Astorga nos habla ya de un
lugar llamado
Autero Fumos
, topónimo
sin duda significativo del uso y el valor
estratégico que pudo tener el empla-
zamiento en esos belicosos momentos.
Por su parte, las fichas del Inventario
Arqueológico Provincial relativas al tér-
mino municipal recogen la aparición
de materiales arqueológicos de época
romana así como de la pre y protohis-
toria. De todos estos, los que más nos
interesan son los fragmentos cerámicos
correspondientes a la segunda Edad del
Hierro, es decir, aquellos de cronología
vaccea, aunque no habremos de perder
de vista los inmediatamente anteriores.
Estas cerámicas prerromanas
que acabamos de mencionar aparecen
en superficie en dos enclaves del muni-
cipio. El primero de ellos corresponde
al entorno del castillo, donde se han
recogido cerámicas que, a pesar de su
carácter fragmentario, poseen rasgos
innegablemente vacceos: pastas finas
y anaranjadas, modelado a torno o
bordes en “cabeza de pato”. También
podemos apuntar que en la cara sur del
castillo, allí donde el lienzo de la muralla
ha desaparecido y queda al descubierto
toda la potencia arqueológica del relle-
no del recinto (bastante afectada por la
erosión), estas cerámicas se localizan
de forma general en las zonas inferiores
del relleno, por debajo de niveles clara-
mente medievales.
El segundo enclave en el que apa-
recen estas cerámicas se encuentra en
una tierra de labor situada a la izquierda
del Camino de la Vega (a unos 370 me-
tros de su inicio), próxima al cauce del
Sequillo y lindante con otra parcela que
sostiene el esqueleto de un viejo palo-
mar. En este yacimiento, bautizado como
El Tejar Viejo en el Inventario, se recogie-
ron en superficie una serie de fragmen-
tos cerámicos que dieron pie a proponer
la existencia de un alfar de época vaccea
en ese punto, hipótesis que secundamos
a la vista de los materiales recogidos en
una visita reciente al lugar. Por su tipo-
logía, podemos dividir estos materiales
en cuatro grupos. El primero de ellos son
fragmentos de cerámicas, a todas luces,
de filiación vaccea: producciones finas
anaranjadas, elaboradas a torno, con
decoración pintada, y de las que hemos
recogido muestras de bordes en “cabeza
de pato”, bordes vueltos, galbos y fon-
dos umbilicados. Los bordes pertenecen
de manera casi exclusiva a artefactos de
gran tamaño, y, cronológicamente, los
fragmentos parecen reunir característi-
cas propias de las cerámicas realizadas
en los albores del mundo vacceo. No
obstante, los indicios más consistentes
de la existencia de un horno nos los ofre-
cen los restantes grupos tipológicos. En-
contramos así un conjunto de cerámicas
pasadas de cocción, es decir, cerámicas
erradas en el momento de la cochu-
ra, propias de entornos con presencia
de hornos de cocción y, en general, de
centros de producción alfarera. Por otro
79
12
VACCEA
ANUARIO
Tordehumos
lado, se han encontrado también frag-
mentos de barro termoalterado que,
probablemente, pudieron formar parte
de las paredes interiores de un horno. Fi-
nalmente, contamos con un buen surti-
do de pellas de barro amasadas, algunas
de ellas con improntas digitales, de nue-
vo un material inevitablemente ligado a
los quehaceres alfareros.
Hasta la fecha, estos son cuan-
tos materiales se han podido recoger,
y aunque sabemos que no son excesi-
vamente abundantes, creemos que sí
son suficientes para, al menos, poder
plantear una hipótesis de trabajo que
propone la existencia de un pequeño
núcleo poblacional de época vaccea en
lo alto del Cerro del Castillo y de un alfar
cerámico de la misma cronología en la
vega del río. No obstante, ante la esca-
sez de evidencias materiales, nos vemos
obligados por ahora a ofrecer más pre-
guntas que soluciones.
1. Tordehumos; 2. Medina de Rioseco; 3. Villagarcía de Campos; 4. Villalpando; 5.
Aguilar de Campos; 6. Montealegre (
Intercatia
); 7. Tiedra (Amallobriga); 8. Mota
del Marqués; 9. Torrelobatón; 10. Castromocho y 11. Cuenca de Campos.
Cerámicas procedentes del Cerro del Castillo: 1.
Cerámica hecha a mano prehistórica, 2. Bordes
en "cabeza de pato" y galbos de producciones
finas anaranjadas pintadas vacceas, 3.
Diversos hallazgos medievales o modernos.
80
12
VACCEA
ANUARIO
Tordehumos
Quizás, la primera de estas pre-
guntas que podemos plantear es si
desde un punto de vista ecológico el
entorno en el que se sitúa Tordehumos
ofrecía los recursos necesarios tanto
para el desarrollo de la vida estable
como para la producción alfarera. Una
revisión rápida del comienzo de estas
líneas nos invita a afirmar que sí, a la
vista de la continua población en época
histórica del territorio,
pero, como es
lógico, trataremos de dar una respuesta
más justificada en las próximas líneas.
Tordehumos se sitúa a los pies
de un cerro testigo cercano al río Se-
quillo, muy próximo de las cuestas que
comunican con el páramo y que, a su
vez, ejercen de frontera entre dos co-
marcas naturales: los Montes Torozos
(asentada sobre el páramo), y la cam-
piña de Tierra de Campos, en la que
se localiza la mayor parte del término
municipal.
La primera, es una extensa plani-
cie elevada entre cien y ciento cincuen-
ta metros sobre la campiña, colmatada
en superficie por un armazón de calizas
que ha imposibilitado su puesta en cul-
tivo hasta la reciente introducción de
métodos mecánicos de labranza. Como
consecuencia, su superficie ha estado
cubierta por una masa boscosa com-
puesta fundamentalmente por robles
y encinas que ha sido aprovechada his-
tóricamente para el pasto del ganado y
la recolección de madera, y que se ha
visto profundamente mermada por la
roturación a lo largo del siglo XX.
Sobre la segunda, vale la pena
recoger un pequeño párrafo de Justo
González a propósito de la hidrografía de
la comarca que resulta profundamente
ilustrativo de sus características
ecológicas:
“A un país alto, árido y de-
solado casi sin vegetación arbórea en
su mayor parte, de mucho sol y lluvias
mínimas, mal distribuidas además, de
atmósfera limpia y despejada, con un
régimen de heladas persistentes y vien-
tos secos que activan una gran evapora-
ción, le corresponde naturalmente una
hidrografía insignificante”
Sin duda, esta somera descrip-
ción retrata un paisaje actual, fuerte-
mente antropizado y alterado por el
laboreo agrícola durante los últimos mi-
lenios, por lo que debemos preguntar-
nos cuánto del paisaje prerromano ha
sobrevivido hasta nuestros días. Abor-
daremos esta reconstrucción siguiendo