www.pintiavaccea.es PINTIA CAMPAÑA XXIX EXCAVACIONES EN LAS RUEDAS LAS MONEDAS QUE USARON Y ATESORARON LOS VACCEOSTURMOGOS NUESTROS ANCESTROS UNA NUEVA PLACA LERILLA EL GRANIZO, QUINTANILLA DE ARRIBA CAZADORES-RECOLECTORES Y PASTORES EN PICO REDONDO TORDEHUMOS CIUDADES VACCEAS PÁRAMO CIUDAD UN OPPIDUM DE LOS TURMOGOS www.pintiavaccea.es5 €
68 12 VACCEA ANUARIO A las monedas que usaron y atesorararon los vacceos C on independencia del uso que se hizo de ciertos objetos a los que se les atribuye carácter premo-netal en las regiones mediterráneas, y en torno a los cuales existen acalo-radas discusiones entre historiadores, arqueólogos, antropólogos culturales, sociólogos y economistas, se puede decir que la moneda, entendida como objeto metálico con un valor intrínseco y nominal, emitido por una autoridad y cuya función es la de servir de patrón de referencia en las transacciones co-merciales, nace en el ámbito cultural griego, concretamente en la región mi-norasiática de Lidia en el siglo VII a. C. Las primeras monedas que se conocen no son más que pequeñas piezas lenti-culares, de forma irregular, fabricadas en electrum (aleación de oro y plata), carentes de imágenes en sus caras. Sin embargo, pronto empezarán a ir mar-cadas con tipos muy sencillos, como cabezas o prótomos de caballo, león, cabra, así como de otras especies ani-males. Son las denominadas creseidas, debido a que fue el rey Creso de Lidia quien primero las empezó a acuñar. Este monarca, además, fue el introduc-tor del sistema monetario bimetálico, ya que también fue el primero en em-pezar a emitir en oro y plata.A partir de mediados del siglo VI a. C. cada ciudad griega importan-te tenía ya su propia ceca, llegando a convertirse la moneda en símbolo de prestigio, poder e independencia no sólo de sus monarcas respectivos y de las élites locales gobernantes, sino también del conjunto de ciudadanos (demos). Desde dicho momento se generaliza la acuñación en plata. Cada ciudad lo hacía con tipos y símbolos alusivos a los dioses o héroes bajo cuya tutela se consideraba (Apolo, Atenea, Zeus, Poseidón…), a su principal rique-za económica (vid, olivo, trigo, ganado, pesca…) o con símbolos parlantes refe-ridos al significado del propio nombre de la ciudad (Akragas = cangrejo, Se-linunte = perejil…). Surge de este modo el dracma, la unidad monetaria más antigua de la historia de la humanidad, cuyo peso varía de unas ciudades a otras. En época helenística es cuando en los anversos dominarán los rostros de perfil de los gobernantes (Filipo, Alejandro…), tradición que luego reco-gerán las acuñaciones cartaginesas y romanas republicanas.
69 12 VACCEA ANUARIO las monedas que usaron y atesorararon los vacceos Si bien las monedas de las colo-nias griegas del Mediterráneo central y occidental (Siracusa, Selinus, Massalia, Rhode, Emporion...), así como las de los establecimientos fenicio-púnicos (Abdera, Malaka, Sexs, Gadir…), son las primeras que se conocen en la pe-nínsula Ibérica, es indiscutible que el nacimiento del fenómeno monetario en los territorios levantinos, meridio-nales y del centro de la misma se en-cuentra directamente ligado a la pre-sencia de cartagineses y romanos. En el surgimiento de las acuñaciones de las ciudades ibéricas y celtibéricas se entrecruzan una diversidad de causas aún insuficientemente aclaradas por parte de la investigación, pero de lo que casi nadie duda es de que no sur-gieron por generación interna de estas sociedades, de manera autóctona para atender las necesidades de una econo-mía cada vez era más compleja y diver-sificada, sino incentivadas por agentes externos económicamente mucho más desarrollados.Durante las fases iniciales de la segunda Edad del Hierro, en las rela-ciones de intercambio que realizaron los vacceos el trueque hubo de ser el sistema empleado. Mediante estima-ciones aproximadas del valor de las mercancías se intercambiaban todo tipo de productos tanto en el marco del comercio local como en el del interur-bano y el que desarrollaron con ciuda-des de entidades étnicas vecinas. Será a partir de finales del siglo III a. C., y en algunos casos a partir de inicios de la centuria siguiente, cuando empezarán algunos vacceos, desplazados de sus lugares de origen, a ver físicamente las primeras monedas y a darse cuenta del uso que de ellas se hacía en ambientes alejados de sus ciudades natales y en contextos económicos por completo ajenos a su cultura. Con esto quere-mos decir que es posible que, más que los comerciantes de las ciudades vac-ceas, fueran los guerreros al servicio de los ejércitos cartagineses, romanos e incluso ibéricos, los primeros en te-ner en sus manos monedas, púnicas y romanas, lógicamente; los primeros en llevarlas a sus respectivas ciudades como cobro de los servicios prestados y quizá también como parte de los bo-tines obtenidos tras la destrucción del enemigo. Esta idea, que no deja de ser más que una suposición, está cimen-tada en lo que algunos autores clási-cos refieren sobre la participación de mercenarios de origen meseteño, cel-tíberos sobre todo, pero seguramente vacceos también (F. Quesada), en los citados ejércitos.En algunas ciudades vacceas las monedas más antiguas que han apare-cido son romanas republicanas cuyas fechas de acuñación, en la ceca de Roma, se sitúan en las dos últimas dé-cadas del siglo III a. C. y la primera del II a. C., lo cual no significa que a ellas llegaran en esos momentos, sino años o décadas después 1 . Cauca constituye un buen ejemplo al respecto, al ser las monedas más antiguas aparecidas en ella un victoriato y un triens que fue-ron acuñados en la citada ceca en un momento indeterminado que cabe situar entre los años 217 y 197 a. C. pero que están muy desgastadas por haber estado en circulación durante bastante tiempo, lo que significa que se extraviaron muchos años después. En otros enclaves vacceos las más an-tiguas monedas halladas no se remon-tan tanto en el tiempo. En Rauda, por ejemplo, son denarios celtibéricos de hacia finales del siglo II a. C., que for-maban parte de dos tesoros enterra-dos en época sertoriana y fueron ha-llados en 1947 y 1980/1981, la misma cronología que nos dan los tesoros 1 y 2 de Padilla de Duero. La moneda romana republicana Porcentualmente constituye una pe-queña parte de la moneda constatada en territorio vacceo. En los tesoros es muy rara y las pocas piezas que se cono-cen proceden de hallazgos aislados. Ya en 1985 M. H. Crawford llamó la aten-ción sobre la escasez con la que llegaba a Hispania la moneda romana republi-cana, sobre todo entre el 137 a. C. y la época de Sertorio (82-72 a. C.), y esto se ve bien reflejado en el centro del valle del Duero. Aquí, por otra parte, se cum-ple otra característica: la proporción entre la plata y el bronce es de 2 a 1, si bien la muestra que manejamos es tan poco representativa (40 piezas) que el valor de este dato tiene un alcance muy limitado. A pesar de ello, tiene su signi-ficación, ya que nos aproxima mejor a la Victoriato hallado en Cauca, con cabeza de Iovi en anverso y Victoria coronando un trofeo en reverso, acuñado en Roma entre los años 217 y 197 a. C. (calco con prensa de Codera).Reversos de dos ases romanos republicanos hallados en Cauca, fechados entre 169 y 158 a. C. (foto, A. Rodríguez).
70 12 VACCEA ANUARIO composición del material circulante que los tesoros, pues estos traducen que a las élites urbanas vacceas no les intere-sa acumular bronce, sino plata, y en las pequeñas transacciones que se realizan en cualquier cultura de la Antigüedad se usa más la moneda de base cobre que la acuñada en metales preciosos.No obstante, conviene matizar esta idea que vincula las especies bron-cíneas directamente con la circulación y las argénteas con la acumulación. Y es que puede que parte de la moneda ro-mana republicana circulara por el terri-torio vacceo tal como lo hacían las acu-ñaciones hispánicas, de plata y bronce, pero seguramente no pocas piezas que se tienen registradas fueran traídas por los legionarios romanos y aquí las hu-biesen perdido, tanto en los desplaza-mientos como durante las operaciones militares que se desarrollaron entre mediados del siglo II a. C. y la época de Augusto, por lo que no todas debieron de entrar en circulación.En plata, el denario es el valor más habitual que aparece en territorio vacceo, pero no el único que está pre-sente, ya que también se conocen un victoriato y un quinario. En bronce, los ases, semises, algún triens y alguna un-cia son los valores que se tienen docu-mentados. Las acuñaciones hispánicas con texto en grafías ibéricas o púnicas Desde mediados del siglo II a. C., y como consecuencia del crecimiento de las ciu-dades vacceas así como del enriqueci-miento de sus élites gobernantes, las relaciones comerciales con la Celtiberia y el levante ibérico se incrementaron notablemente. Uno de los indicativos en los que se manifiesta esto es precisa-mente la circulación monetaria. En Cau-ca, por ejemplo, desde esas fechas em-piezan a llegar monedas acuñadas en ciudades como Sekaisa (Segeda, Zara-goza), que empezó a acuñar en torno al 185/175 a. C. pero que hasta dos o tres décadas más tarde no difunde su nume-rario por el centro del Duero. Igualmen-te, empieza a llegar moneda de encla-ves peninsulares más orientales, como Untikesken (Ampurias, Gerona) Kesse (Tarragona), Kelse (¿Las Eras de Velilla?, Zaragoza), Bolskan (Huesca) o Iltirta (Lé-rida), generalmente de bronce. Si algo tienen en común todos estos talleres es el gran volumen de sus emisiones, con lo que no es raro que llegasen hasta las populosas ciudades vacceas.Ese aumento del tráfico comer-cial también se manifiesta en el hecho de que a algunas ciudades vacceas lle-gó incluso moneda acuñada en talleres del sur peninsular, a partir de finales del siglo II a. C. Nuevamente de Cauca pro-cede un as de Obulco (Porcuna, Jaén) acuñado hacia el 120-110 a. C. bajo la autoridad de los magistrados Urkailtu y Neseltuko, y quizá del también caucen-se cerro Cuesta del Mercado proceda un as púnico de la ceca de Sexs (Almu-ñecar, Granada). Las monedas de estas dos cecas meridionales son muy raras al norte de Sierra Morena, y más aún en territorio vacceo, pues en él (o en sus fronteras) sólo nos consta un as de Obulco hallado en Turégano ―dado a conocer por Sagredo y Arribas, quienes lo fechan entre el 120 y el 90 a. C.―, y otro, de esa misma ceca, hallado en la arévaca Sepúlveda, un enclave de cultu-ra material muy influida por los vacceos, perteneciente en este caso a los magis-trados Tuituiboren y Ntuakoi, que está fechado entre 150 y 120 a. C. (según C. Alfaro). Hay que decir que en los cua-tro casos es poco el valor histórico que poseen estas monedas porque tres de ellas proceden de superficie y la de Coca se halló embutida en un adobe de una casa construida hacia comienzos del si-glo XX. Y tan raro como estas piezas en el valle del Duero es el as de Ebussus (Ibiza) recuperado en las excavaciones de La Morterona (Saldaña, Palencia).Con independencia de que fue-ran romanas republicanas o celtibé-ricas, las monedas que llegaban a las ciudades vacceas con anterioridad a la época sertoriana debieron de tener una muy escasa incidencia en su actividad las monedas que usaron y atesorararon los vacceos Denario romano republicano con cabeza de Dea Roma en anverso y Victoria conduciendo una biga en reverso.Denario romano republicano del tesoro de Pallantia/Palenzuela, fechado en 75 a. C. (Gonzalbes, 2009)Denario romano republicano del tesoro de Pallantia/Palenzuela, con cabeza de anverso de tipo celtibérico, fechado en 74 a. C. (Gonzalbes, 2009).
71 12 VACCEA ANUARIO económica. Quizá algunas piezas suel-tas que han aparecido en varias de ellas, estén contextualizadas o no, sí respon-dan a operaciones de carácter comer-cial, pero viendo cómo en los tesoros de Palencia 2 y 3, Roa 1 o Padilla 1 y 2, todos escondidos hacia el 74-72 a. C., siempre está presente la moneda, eso significa que las familias dirigentes de las ciudades vacceas permanentemente estuvieron sacando de la circulación nu-merario argénteo para atesorarlo.A pesar de que esas familias acumularon mucha riqueza en plata, y aquí hemos de recordar cómo Lúculo obtuvo de Cauca en el año 151 a. C. nada menos que 100 talentos en con-cepto de indemnización de guerra, que son unos 2.600 kg, cantidad con la que se podrían acuñar cerca de 600.000 de-narios, nunca emitieron moneda. Esta es una de las características más desta-cadas de la mentalidad económica de los vacceos, y por la que se desmarcan de la imperante entre los celtíberos. Quizá tenga que ver con el hecho dife-rencial de que la situación político-mili-tar por la que pasaron estos últimos fue distinta a la de aquéllos, ya que estu-vieron desde más antiguo presionados militarmente por Roma para que con-virtieran su plata en moneda y de este modo pagar con ella a la soldadesca así como los impuestos y gravámenes que la potencia mediterránea les imponía. Presión que en territorio vacceo se produjo más tarde y con características diferentes. Pero también pudiera ha-ber ocurrido que las clases dirigentes vacceas consideraran que no les con-venía convertir la plata de sus joyas y recipientes suntuarios en moneda. Si en el sistema de organización política y económica de las más ricas y popu-losas ciudades vacceas como Pallantia/Palenzuela, Cauca, Rauda, Intercatia o Pintia, por ejemplo, no se contem-pló este hecho pero sí el uso y ateso-ramiento de las monedas que emitían otros pueblos, es posible que se debie-ra a que a estas gentes del Duero medio quizá les pareciese que era dilapidar la riqueza el convertirla en moneda, pues al entrar ésta en los circuitos comer-ciales otros jerarcas podían atesorarla como estaban haciéndolo ellos. De ha-ber sido así, estaríamos ante un com-portamiento económico peculiar. Ante la materialización de una especie de “mentalidad mercantilista” vaccea, no con la complejidad y la calculada efi-ciencia del mercantilismo europeo de los siglos XVI a XVIII, evidentemente, sino con características propias del ar-caísmo económico de algunos protoes-tados de la Antigüedad.A las ciudades vacceas llegaron prioritariamente las acuñaciones rea-lizadas en los talleres celtibéricos del alto Duero (Sekobirikes, Sekotia Lakas, Kolounioku…) y el Ebro medio (Bilbilis, Turiasu, Bursau, Kelse…). Con carác-ter secundario, de talleres situados en áreas situadas entre el Ebro y Los Pirineos (Bentian, Oilaunu/Oilaunes, Baskunes/Barskunes, Arsaos, Sekia, Bolskan, Iltirta), fachada mediterránea (Untikesken, Kese/Kesse, Arse), y ya de forma meramente testimonial, del alto Tajo (Konterbia Karbika) y el sur pe-ninsular (Sexs y Obulco) o Las Baleares (Ebussus). No obstante, y como puede suponerse, hay una enorme despropor-ción en cuanto a cómo se encuentran representadas estas cecas. Para mejor explicar esto debemos tener en cuenta dos circunstancias. La primera de ellas es de carácter geográfico, de manera que es necesario distinguir entre aque-llas que, presumiblemente, se sitúan en el alto Duero, que son las más cercanas al territorio vacceo, y las que se loca-lizan en las comarcas del Ebro medio, más alejadas de los circuitos moneta-rios meseteños. La segunda es de tipo histórico-económico, ya que tiene que ver con el volumen de masa monetaria que cada una de ellas lanzó al mercado. Por cercanía y volumen de emisiones, la ceca de Sekobirikes (¿Alto de San Pedro? Pinilla Trasmonte, Burgos) es la que mejor se encuentra representada en territorio vacceo, tanto en los te-soros como en los hallazgos aislados, lo cual es bastante indicativo de proxi- las monedas que usaron y atesorararon los vacceos Reversos de ases acuñados en cecas del sur peninsular, hallados en Cauca. 1, Sexs, con epígrafe entre dos atunes. 2, Obulco, con epígrafe entre arado (arriba) y espiga (abajo). Denario de Turiasu, del tesoro Palencia 3 (Gonzalbes, 2009). Denario de Turiasu, del tesoro de Pallantia/Palenzuela (Gonzalbes, 2009). 12
72 12 VACCEA ANUARIO midad. Más alejada, pero con una gran capacidad emisora también, la ceca de Turiasu (Tarazona, Zaragoza) también está muy presente, de nuevo tanto en los tesoros como en los hallazgos. Y en ambos casos son sobre todo sus dena-rios, más que los bronces, los que con más frecuencia se constatan. Excep-tuando Arekoratas ―situada quizá en La Rioja baja (F. Burillo), puesto que su reducción con Luzaga (Guadalajara) cada vez parece más improbable―, cu-yas monedas superan el centenar y, por tanto, se sitúan en un escalón cuantita-tivo intermedio, el resto de cecas cel-tibéricas, como Sekaisa, Belikiom (zona del río Aguasvivas, Zaragoza) Konter-bia/Kontebakom Bel (Botorrita, Zara-goza), Sekotia Lakas (¿Langa de Duero? Soria), Uarakos (¿La Custodia? Viana, Navarra), etc., obtienen una represen-tación muy modesta, ya que ninguna de ellas alcanza la decena.Por lo que se refiere a las cecas situadas en la franja sur-pirenaica, en general, y salvo Iltirta (Lérida), de la que sólo se conocen dos ases, las demás es-tán bien representadas en territorio vac-ceo. De Arsaos (¿Sangüesa? Navarra) se tienen registrados 121 denarios, prácti-camente todos formando parte de teso-ros; de Bolskan (Huesca), 173 denarios y 2 bronces; y de Baskunes/Barskunes (¿Pamplona?), 388 denarios y 4 ases. Dentro de la accidentalidad que hay de-trás de estas cifras, pues a saber cuán-tas monedas han pasado de los tesoros y los yacimientos vacceos al comercio ilegal de antigüedades, puede que nos estén dando una imagen proporcional de la capacidad emisora que cada una de estas cecas tuvo. Si miramos ahora hacia la fa-chada mediterránea, la ceca más septentrional de todas que obtiene re-presentación en territorio vacceo fue la de Untikesken (Ampurias, Gerona), aunque de manera muy tímida, ya que sólo se conoce un as hallado en Cauca cuya fecha de emisión se sitúa entre los años 153 y 137 a. C. También sólo un as nos consta de la ceca de Arse (Sagunto, Valencia) y al menos siete bronces de Kese/Kesse (Tarragona) fechados entre el 133 a. C. y la época de Augusto. Este último fue el taller con más capacidad emisora de toda la costa levantina, que acuñaría series completas de bronce (ases, semises, triens, quadrantes), por lo que no es extraña su destacada pre-sencia en territorio vacceo. Por lo que a las cecas del sur peninsular se refiere, lo poco que se puede decir ya se ha dicho unos pá-rrafos más arriba, por lo que no insis-tiremos. Las acuñaciones hispanolatinas En las últimas décadas del siglo I a. C. el uso de moneda en las transacciones comerciales de los vacceos debió de ser algo más frecuente que en época ante-rior, aunque esto no nos autoriza a pen-sar en la existencia de una economía monetizada. Por las piezas aparecidas en diferentes ciudades, cuyas fechas de acuñación van del 56 a. C. al cambio de Era, sabemos que la masa moneta-ria en circulación durante este periodo estaba compuesta por moneda ibérica y celtibérica que, con carácter residual, aún seguía en uso; moneda romana re-publicana, usada con carácter regresivo igualmente porque poco a poco se fue desmonetizando, fundiendo y reacu-ñándose como numerario imperial a partir del 27 a. C.; y en tercer lugar, mo-neda hispanolatina.Las acuñaciones hispanolatinas entran en la economía de los vacceos en las décadas postreras de su devenir histórico, ya que se inician de manera regular hacia el 45 a. C. y concluyen en torno al 40/41 d. C., en época de Clau-dio. Este es un periodo, por otra parte, de aparente calma política y militar en todo el territorio vacceo ―salvo quizá en algunas comarcas del norte, cerca-nas a las operaciones que hasta el 19 a. C. se estuvieron desarrollando con mo-tivo de las Guerras Astur-Cántabras―, lo cual explica que ya no se efectúen atesoramientos como ocurría en época de las Guerras Sertorianas y los ejem-plares que se conocen provengan de hallazgos aislados en los yacimientos. Calagurris (Calahorra, La Rioja), Caesaraugusta (Zaragoza), Turiaso (Ta-razona, Zaragoza) y Bilbilis (Calatayud, Zaragoza), son las cecas de las que pro- las monedas que usaron y atesorararon los vacceos