www.pintiavaccea.es5 € PINTIA CAMPAÑA XXVI GRAVURAS DEL CÔA Idade do Ferro TARIEGO DE CERRATO CIU dade S V a CC ea S ORFEBRERÍA VACCEA ERAS DEL BOSQUE e N e L MUS eo de G ra N ada
24 9 VACCEA ANUARIO producciones vacceas S B ajo la designación de or-febrería vaccea nos re fe-rimos a una serie de joy as identific ables con el Nordmeset a Grup-pe de K. Raddatz (1969), a las que otros autor es, siguiendo el viejo paradigma de la c eltiberización, rebautiz aron como orfebrería celtibérica, al principio expr e-sando dudas sobre lo acertado del tér-mino (Delibes, 1991: 20), más recien te-mente def endiendo el mismo desde un sentido no étnic o sino arqueológic o de “cultur a celtibérica” (Cuest a, Delibes y Esparza, 2010: 400).Y a hemos manifes tado abierta -mente nuestr a pre ferencia por aquella terminología, en tan to en cuant o cree-mos que viene a cen trar la cuestión. El vacío his toriográfico sobre el mundo vacceo no puede eludir la estr atégica situación geogr áfica que est e pueblo ocupó en el centr o de la Cuenca del
25 9 VACCEA ANUARIO orfebrería Duero, con una pro yección pre ferente-mente sept entrional, en la orilla dere -cha de aquel, hast a los mismos rebor-des mont añosos. Además, su pujanza económic a, social y cultural, desv elada en las inv estigaciones más re cientes, obliga a cambiar el reduccionis ta por unifoc al o monogenis ta paradigma de la c eltiberización de la Meset a, y a adopt ar un modelo más comple jo de in-ter acciones y áreas de influencia varias, de manera que, por ejemplo, aquel acu-sado c eltiberismo que algunos autor es han señalado re visten los yacimien tos de la II Edad del Hierro en las tierras sediment arias leonesas o sept entriona-les zamor anas, obedecería ant es a una influencia vaccea, territ orio con el que mantiene vínculo direct o, que a una le-jana y difusa g eografía celtibéric a. Por otro lado, que los vacceos produjer an una orfebr ería propia no comport aría que sus vecinos más pró xi-mos, astur es, turmogos, cán tabros, et c. la tuvieran difer ente, menos aún en un marc o de práctic as ex ogámicas entr e elites, a testiguadas c on esos t erritorios. El problema estructur al es que est amos hablando de un regis tro de poco más de doscient as piez as, con unas trein ta loc alizaciones sobre el ex tenso mapa de la Submeset a Norte peninsular, y fruto de hallazg os no su-ficien temente con trolados o descon -textualizados por comple to. De est a forma, la orfebr ería fuera del territ orio vacceo result a muy reducida, salvo en el caso de los astur es, para los que se ha def endido, con sólidos argumen tos, la exis tencia de una ‘joy ería astur me-ridional’ (Delibes, 1994-95: 70-72; de forma más débil en Cuest a, Delibes y Esparza, 2010: 401), cuyos rasg os de in-dividualización compartimos en térmi -nos gener ales y result an, en cualquier caso , deudores may oritariamente de la joy ería vaccea (v .gr. las fíbulas anulares hispánicas, como tendr emos ocasión de señalar) por más que su posición más occident al explique ciertos rasg os de la orfebr ería c astreña del NO . Un limitado número de morfotiposy hallazgos La variedad de elaborados resul -ta igualment e limitada a diez ca tegorías de joy as, con algunas varian tes, y una undécima re ferida a recipien tes arg én-teos.01. La joy a sin duda con más predic amento y de más empaque es el tor ques, concebida para el adorno del cuello, dotado de una enorme car-g a simbólica. Sus pesos pueden variar entr e los doscient os y los quinien tos gramos, y en su may oría son joy as ar-gén teas, aunque algunas pocas parecen plat as doradas. Cabe distinguir tres ca -tegorías fundamen tales de tor ques: los de varilla/ s re torcida/s o funiculares, los de c adeneta y los de junc o liso. Entr e los primeros, más nume-r osos, se pueden difer enciar varian tes: gruesos tor ques funiculares con struidos por varios juncos y alambres rem atados en abultadas bellotas (morfotipo 1A1); otros de trenz ado más sencillo, de solo dos cabos entr elazados rema tados en los ex tremos en anillas (1A2), aunque est e parece un modelo net amente ibé-ric o; con el cierr e en gancho , de ex tre-mos aguzados y vueltos, con uno o va -rios hilos re torcidos, ex cepcionalmente lisos o sin aditamen tos (1A3), el res to decor ados con nodus herculeus (1A4), un ocho (1A5), serie de ochos (1A6), uno (1A7) o tr es laz os (1A8). La segunda ca tegoría, poco fre -cuente, viene dada por tor ques que presen tan una labor de cadene ta (1B); exis ten al menos dos ejemplares, uno sin rem ates de Arrabalde-1 y otro de Palencia-1 que conser va abultadas be-llot as idén ticas a las del modelo 1A1.Finalmen te, algunos más est án cons truidos a partir de una varilla lisa y se re parten entr e aquellos cuyos ex-tr emos quedan abiertos con re mates zoomorf os (1C1), de botones (1C2), o ex tremos vuelt os (1C3), est os últimos cerr ados en ocasione s por a modo de grapas , o con cierr e de ganchos y de-c orados con uno (1C4) o tres lazos (1C5).
26 9 VACCEA ANUARIO orfebrería 02. Otro de los morfotipos son las pulseras , siempre de plat a, cons ti-tuidas por un junc o más o menos grue-so de diseño anular abierto o de vuelta y media, frecuen temente con los ex tre-mos rem atados en esquemátic as cabe -zas de ofidios, si bien algunas parecen más bien caballos. Aunque sería posible est ablecer una tipología amplia en fun-ción de la ausencia/presencia de uno o tres nudos en su desarrollo , de sus ex-tr emos sobrepasados más o menos o incluso vueltos, o también por su junco liso (lo más frecuen te) o re torcido, he-mos opt ado por dividirlas entr e las que muestr an ex tremos sencillos, ya sean zoomorf os o no (2A), ex tremos vueltos (2B) o junc o r etorcido (2C).03. Los braz aletes espiralifor-mes est án con feccionados con una lar-ga cint a de plat a de traz ado helicoidal, formando entr e siet e y ca torce vueltas. Las espiras centr ales result an más estr e-chas y lisas, mientr as que las ex ternas son aplanadas y decor adas con moti-v os est ampados de triángulos rellenos de perlas, alineación de ést as, círculos concén tricos, et c., rema tando los e xtre-mos en esquematiz aciones de cabe zas de ofidio. En cualquier caso , a la luz del tesor o Palencia- 1 se pueden est ablecer dos variedades, una de may or env erga-dura y anchura de espiras (3A), otra de más r educido t amaño (3B).04. Las arrac adas o pendient es fueron realiz adas en oro. En gener al, la parte funcional viene det erminada por un cuerpo fusiforme con ex tremos, fundidos y aguzados, apro ximados para hacer pinza. No obs tante, son suscep-tibles de clasificar se en dos variedades difer entes y algunas subv ariantes, se-gún su cons trucción y según presen ten o no apéndice bajo el cuerpo. Así, los ejemplares de may or simplez a, que ca -recen de rema tes (morfotipo 4A), pue-den est ar cons tituidos por un cuerpo amorcillado , liso y de sección circular , a veces algo acod ado en su parte centr al (4A1); otros cons truyen su cuerpo me-diant e la técnic a de la filigrana al aire, trenz ando varios hilos de difer entes grosor es para fundirlos en unos ex tre-mos aguzados (4A2); finalment e, otros son el result ado de soldar hilos en los can tos y en ambas superficies de una chapita base, igualment e aguzados en las pun tas (4A3). Cuando a est a última varian te obser vamos que se la dota de un abulta -do apéndice decor ativo bajo el cuerpo, normalment e de tendencia triangular, nos encon tramos ant e el morfotipo 4B, con numerosas varian tes de rema te: racimo (4B1), bellota (4B2), campánula (4B3), o simple lámina para su re pujado (4B4) que puede dar lugar a re presen-taciones de bucr áneo (tesor o Arrabal -de-1) y de an forillas (t esoro Pin tia-1). Est os objet os adquieren muy buena repr esentación en el tesor o Pin-tia-2, donde se puede compr obar que los diez ejemplares forman parejas, por lo que probablem ente se usaran en am-bas or ejas.05. Entr e las fíbulas las varian tes más frecuen tes y est ereotipadas son las anulares hispánic as (5A), las de La Tène simétric as (5B) en plat a, con rema tes moldurados (5B1) y en oro , con termi -naciones abellotadas de may or tamaño (5B2) , además de unas más inespecí -ficas fíbulas de La Tène (5C). No falt an otros modelos ex cepcionales, como aquel del tesor o de Arrabalde-1 que re-pr oduce sobre el puent e lo que parecen ser prót omos de animales enfr entados (5D).06. Dentr o de los anillos dest a-can por su personalidad los llamados de chat ón (6A), tan to en plat a como en oro. Muestr an un sello circular muy hist oria-do, con un espacio centr al que incluye un repujado , bien de perla hemisf érica, bien de motivos como trisquel (Pintia-2) Torques.Anillos.Brazalete espiralif orme.Pulseras.Arracadas.
27 9 VACCEA ANUARIO orfebrería o cabeza humana (hallazg o burg alés sin más precisión), y una serie de perlitas, hilos tor sionados o molduras lisas con -céntricas a aquella.Otr os modelos (6B) de chat ón más simple con rehundido centr al, en plat a se conocen en Arrabalde-1. Aquí también nos encon tramos con otros por ahora ex clusivos del territ orio astur , de entr elazados o escamas (6 C) y re ctangu-lares y se gmentados (6D).De cint a abierta (6E), dest aca el del tesor o Pintia-2, con una decor ación que recuer da poderosamen te a la de los braz aletes espiralif ormes; otro más fino, de Pintia-2 tiene estructur a anular con una ac analadura cen tral (6F). 07. Zar cillos para el pelo. De gran originalidad meset eña, est as pequeñas piez as est án con struidas en hilos de oro trenz ados formando espiral, con los ex-tr emos rema tados en cabe zas de caba -llo, a cuya con figuración con tribuyen los gránulos soldados en el morro y ojos del animal. Dest acan las piez as de Arrabal -de-1 y , en particular , la de Saldaña.08. Cadenitas de oro , todas es-t án cons truidas con hilo de oro , siguien-do la técnic a mediterr ánea de ‘loop in loop’ (bucle en bucle), tienen sección circular y muestr an una longitud reduci -da, no superior a 6 cm; rema tan en dos cilindros, uno que sujet a la cadena y el otro , trans versal a est e, del que se sus-pende una ar golla. Conocemos media docena de ellas y solo una, la recuper ada en la ne-cr ópolis palentina de Eras del Bosque, est á c ompleta. N o es f ácil det erminar la funcionalidad de est os objet os: cierres de seguridad para los grandes tor ques, cadene tas de suspensión para sujet ar las arrac adas del pabellón auditivo al modo galaic o… son algunas de las im-pr obables int erpretaciones dadas. Tal ve z alguna posibilidad may or teng a su consider ación como partes de joy as más complejas de las que se suspendie -ran otr as plac as o amule tos.09. Los Broches, si dejamos a un lado los ejemplares de bronce chapa-dos en lámina de oro que acompañan a ciertas especies de puñales de “filos curv os”, es un morfotipo ex cepcional casi reducido al ejemplar de Arrabalde, aunque en est e grupo seguramen te de-bamos int egrar también el cons iderado colgan te arg énteo de Coca, más bien ex tremo, con dos garfios como el arra -baldeño, de uno de est os broches de lámina de oro en est e caso tal ve z de plat a repujad a. El ejemplar zamor a-no incluye un zoomorf o en perspectiv a cenital espléndido, decor ado con hilo y granulado , de manera similar al nudo centr al de algunos ejemplares de tor-ques.10. Colgantes. Piez as escasa -mente re presentadas, se conoce alguna con forma de bucráneo , una ve z más en Arrabalde, aunque no descart amos la presencia de otros de tipo abellot ado a juzg ar, de un lado por el hecho de ser un motivo asociado a tor ques o fíbulas, de otro por la presencia de joyas de ba-rro, aparecidas en la necrópolis de Las Ruedas de Pin tia, c on es tas f ormas.11. Vasos argénteos. Est os reci -pientes result an igualment e escasos y muestr an una filiación innegabl e con la orfebr ería ibérica. El cuenco-escudilla de Palencia o el vaso “à chardon” y el simpulum de Arrabalde son los hallaz-gos más señeros de la Meset a Norte, con imitaciones también en cerámic a en las llamadas “cer ámicas grises céreas de imitaci ón arg éntea” o en simpula ce -rámicos como los de Palenz uela o Pintia . Fíbulas.Zarcillos.Cadenitas. Broches. Colgante.Vasos ar génteos.
28 9 VACCEA ANUARIO orfebrería Una joyería de gran personalidad Conviene ahora, una ve z presen -tados los morfotipos, definir las car acte-rísticas esenciales que llev aron a aislar est e grupo de orfebr ería que, por si-tuarse a caballo entr e el mundo ibérico meridional y el cas treño del Noroes te, muestr a car acteres mixt os que le otor-g an una marc ada personalidad (vaccea).T ales rasg os, definidos por De-libes, Martín Valls, Esparza o Cues-t a, son su vínculo directo con la orfebrería ibérica, visible en el uso mayoritario de la plata y también en la similitud tipológica de algunos torques funiculares y de cadeneta, con cierres aguzados en gancho, o algunas pulseras y brazaletes espiralif ormes rem atados en c abezas de ofidios. Dentr o de los tor ques funicu-lares el morfotipo 1A1 obser va un cu-rioso mestiz aje: cuerpo de alambres trenz ados (prop ios del mundo ibérico) y rem ates en abultadas bellotas (car ac-terísticas del NO peninsular). También result an específicos de est e mundo me-se teño aquellos de una sola varilla con uno (1C4) o tres (1C5) bucles. El modelo funicular de nodus herculeus , ex cep-cionalmente at estiguado en Menjíbar (Jaén) o en Mondoñedo (Lugo) , por su mejor repr esentación meset eña debe ser tenido también como producción vaccea, máxime si admitimos la iden-tificación de algunos de est os nodus como zoomorf os en perspectiv a cenital int encionados, dentr o de una calculada ambigüedad admitida para otros pro -ductos de met alistería como las fíbulas de verr aco-caballito (Esparza, 1991-92) o de manera más explícit a, dest a-cando con “dob le filament o soldado el espinazo y ex tremidades del cuadrúpe-do en perspectiv a cenital” en el broche del tesor o de Arrabalde-2 (Delibes, Es-parz a y Martín, 1997: 23).En cuant o a los braz aletes espira -liformes, aunque el modelo es conocido en ejemplares ibéricos, los mese teños se dist ancian de aquellos por su estruc -tura acint ada con hast a una docena de espiras, de la cuales las centr ales resul -tan más estr echas y lisas, mientr as que las ex ternas son aplanadas y decor adas con motivos est ampados de grenetti , rema tando en esquematiz aciones de cabe zas de ofidio. De las arrac adas de oro , en for-ma de crecien te lunar, realiz adas con filigrana al aire, dest acan sus volumino-sos apéndices triangulares, otor gando una gran person alidad a est a orfebr ería vaccea. Finalment e algunas joy as, que no alcanz an repr esentación ni en la jo-yería ibérica ni en la cas treña, han sido int erpretadas también como modelos Bibliografía: 1. Ruiz y Castillo , 2004. 2. Castillo , 1996. 3. Castillo , 1986. 4. Castillo , 1986. 5. Cabré, 1936, lám. II. 5. 6. Mont everde, 1949. 7. Raddatz, 1969, p. 232, ta f. 32; rez y De-libe s, 2012. 8. Raddatz, 1969, pp. 232-234, ta f. 34-40; rez y Delibes, 2012. 9. Raddatz, 1969, pp. 234-238, ta f. 41-45; Almagro , 1960; rez y Delibes, 2012. 10. Tar acena, 1947. 11. Cabré, 1936, lám. II, 5. 12. Na varro, 1939, p.237. 13. Palol, 1963. 14. rez, Abarquer o y Delibes, 2012. 15, 16 y 17. Delibes et al., 1993. 18. Sanz, Priet o y Av ella, 2016. 19 y 20. Delibes et al., 1993. 21. Blanco et al., 2011, p. 82. 22. inédit o. 23. Blanco , 1988. 24 y 25. Esparza, 1986, pp. 261-268; Esparza, 1988-89; Delibes y Martín Valls, 1982; Delibes, Esparza y Martín Valls, 1997. 26. Esparz a, 1983. 27. De libes, 2002. 28. Delibes, 1994-95. 29. Delibes, 1994-95. 30. Delibes, 1994-95. 31. Delibes, 1994-95. 32. Schüle, 1969: t af. 169, 18.
29 9 VACCEA ANUARIO orfebrería exclusivos de est e territ orio centr al de la cuenca del Duer o; tales son: ceñido-res de pelo de oro rema tados en cabe -zas de caballos (Arrabalde 1 o Saldaña), cadenit as de oro , fíbulas de La Tène si-métric as y fíbulas anulares hispánic as de ar co amor cillado.Para un tot al de algo más de dos-cient as joy as (véase tabla I) el repart o tot al por morfotipos, ordenados de ma-y or a menor presencia, es el que sigue: 59 tor ques, 40 arrac adas, 27 pulseras, 22 fíbulas, 21 braz aletes en espiral, 16 anillos, 10 zar cillos de pelo, 6 cadenit as, 2 br oches, 1 c olgante y 3 v asos.Los once morfotipos definidos tienen una difer ente presencia en los hallazg os, los más ubicuos son las arra -cadas (14), seguidas de fíbulas (12), tor ques (9), anillos (8), braz aletes espi-ralif ormes (7), pulseras (6), zar cillos de pelo y cadenit as (5), broches (2), col -gantes (1) y v asos (2). Los tesor os más rele vantes en número de piez as también suelen ser los que incluyen may or variedad de morfotipos, dest acando Arrabalde-1 (9), seguidos de Palencia-1 (7), Palen -cia-3 (6), Pintia-1 (6), Arrabalde-2 (6), Pintia-2 (4), P alencia-2 (3), e tc. Un poco de cartografía Pese a los prob lemas indicados, de igual manera que un ejercicio de distribución cart ográfica permite para otros objet os suntuarios discriminar áreas nucleares de áreas de influencia, tal cabe también para la orfebr ería. Por ejemplo, los broches de tipo Bureba compar ecen en territ orios aledaños al autrigón (vacceo , turmogo , cán tabro, aré vaco e incluso vasc ón en el Pirineo francés), lo que no impide ent ender que su área de origen más prob able es aquella y, en sentido con trario, que pie-z as como las reg istradas en Pintia est án sencillament e en el área de influencia. Lo mismo podría decirse de los puñales de tipo Mont e Bernorio; hoy sabemos que la secuencia más comple ta, desde su fase forma tiva a la de expansión, se localiz a en el Duer o medio, en territ orio vacceo; su presencia en las necrópolis ve ttonas de La Osera o Las Cogot as debe int erpretarse como zona de influencia, ya que su área de origen se localiz a en el Duero medio y, en según qué modelos, podríamos sospechar que también en el alto Pisuerg a y alto Ebro , con virtién-dose así en un det erminado moment o el territ orio de cántabros, autrigones y berones asimismo en nuclear para las fases más ev olucionadas del puñal; ello no impide mant ener el prot agonismo de est a producción en relación al terri -torio vacceo , donde siempre se tiene en con tra el escasísimo volumen de super-ficie ex cavada fren te a otros ter ritorios prerr omanos, sobre todo orient ales, de tradición inv estigadora más tempr ana y prolífic a.Ya hemos dicho que partimos de una posición adver sa: hallazg os en cir-cunst ancias siempre ajenas al trabajo arqueológic o, poco más de media doce-na de tesor os con un conjun to re levante de joy as, o un mero de localiz aciones aún más reducido si rec ordamos que varios de est os at esoramientos se han producido de manera reit erada en unos pocos lugar es como Palencia (tres), Pin-tia (cua tro) o Arr abalde (dos).Con tod o, si hacemos un sim-ple recuen to del número de joyas localizadas en cada uno de los territorios (vacceo , astur cismont ano, turmogo , cán tabro, autrigón y celtibé-ric o-arévaco), las cifras son, respectiv a-mente: 123, 71, 11, 1, 1 y 2. Si hablamos de número de hallazg os obt enemos los valor es de 17, 8, 3, 1, 1 y 1, respectiv a-mente.Se deduce de dichas cifras que el 58,5% de los hallazg os aparecen en te -rritorio vacceo , mientr as que el 33,8 % lo hacen en el astur y un 7,7 % entr e el cán tabro, turmogo , autrigón y celtibéri-c o. Claro que si ex cluyéramos aquellas joy as que muestr an simbiosis con la orfebr ería cas treña del NO peninsular, que car acterizan el estilo astur meri-dional (no así las fíbulas anulares hispá-nicas), el porce ntaje se increm entaría aún más a fa vor del territ orio vacceo. Por centajes que aún pueden aument ar si consid eramos en particular algunos morfotipos como las arrac adas: el 70% se hallan en territ orio vacceo y si practi -cáramos aquella ex clusión a las de Arra -balde-2 por su semejanza con las de tipo Bedoia (Delibes et al., 1993: 434) aún sería may or la idiosincrasia vaccea del tipo. Otro tan to cabría decir de los tor ques funicular es con nodus hercu -leus.En el mapa de distribución que ofrecemos, Palencia adquiere un papel de centr alidad porque además de re-pr esentar uno de los punt os con may or número de at esoramientos y joy as, se localiz a a dist ancias equidist antes de los otros hallazg os cart ografiados, tan to en sentido N-S (unos 90 km), como NE-NO (entr e 130 y 150 km), siendo, por tan to, un buen candida to para explic ar los ne-x os en un modo común de hacer joy ería en espacios tan dist antes como Rabana-les y Cere zo del Río Tirón (las dis tancias han sido tomad as en línea rect a, usan-do la aplicación de SIGPA C; al tra tarse de un espacio esencialment e plano no nos ha parec ido necesario tener en cuent a los relie ves menores o traz ados de ríos que podrían alarg ar algo las me-didas señaladas). Digamos que la cen-tr alidad vaccea sirv e para explic ar simi-lares joy as entr e autrigones o astur es
30 9 VACCEA ANUARIO orfebrería cismontanos, mientr as que a pa rtir de las de es tos últimos no podrían explic ar-se fácilmen te aquellas. Y es eviden te que hablamos de un element o vinculado a las elit es más que a e tnias c oncretas. ¿Joyeros itinerantes o estables? En el fondo de la cuestión est a-mos hablando de acumulación de rique-za de ocultación circuns tancial bajo si-tuaciones de peligro , pero sobre todo de element os de pres tigio para exhibir por las elite s, que pudier on operar tam -bién como dotes o reg alos diplomátic os, y para los que deberíamos poder saber su modelo de producción: ¿artesanos especializ ados al servicio de las élite s vac -ceas u orífices itineran tes? La respues ta no es fácil, pero tal ve z no sea tan difícil. Podemos con venir que dependería del volumen de la demanda, en principio tal ve z limitada, incluso más si se con firmara la sospecha de que tales joy as pudier an pasar de gene ración en gene ración den-tr o de la familia. Pe ro ¿de cuánt as fami -lias por ciudad est aríamos hablando? Solamen te en Pintia (Padilla de Duero) sabemos de la exis tencia de cuatr o teso -rillos dife rentes, y apenas se han desarr o-llado ex cavaciones en su área de hábita t de Las Quint anas; dicho de otra forma, si en cuatr o localiz aciones muy precisas se han hallado ese número de preseas, ¿cuánt as cabría pensar que alberg an los 250.000 m 2 de superficie intr amuros de solo est a ciudad?; y si multiplicamos esa hipoté tica cifra por el medio cen tenar de asent amientos vacceos o en el área de influencia inmediat a, ¿a cuánt as podría-mos lleg ar?Queremos decir que un modelo alterna tivo de orfe bres itineran tes rec o-rriendo aquellos lugar es donde fuer an reclamados para elabor ar est os bienes de pres tigio sería igualment e posible. Pe ro cabe pensar que la demanda de las ciudades vacceas y adlát eres hubier a sido más que suficient e para mant ener a es -tos arte sanos y crear , así, la especificidad de la orfe brería meset eña o vaccea, con respect o de otros territ orios con marc ada iden tidad orfe bre como el mediodía ibé-rico o el nor oeste peninsular .Por otro lado cabría pensar que en el trabajo de los orfe bres estuvier a incluida la actividad broncís tica que, en la segunda Edad del Hierro , con la gene -ralización de la met alurgia del hierr o y el nacimien to de un especialis ta met alurgo como el herrer o (véase Vac cea Anuario 2014, 8), habría quedado reducida ex clu-sivamente a objet os de adorno como fí-bulas, pulseras, broches de cintur ón, et c. (véase Vac cea Anuario 2013, 7). En ese sentido , unos supues tos orfe bres-bron-cistas podrían haber mant enido un volumen de trabajo especializ ado, sufi-cien temente amplio, como para dedic ar-se a tiempo comple to a est a actividad, máxime si conside ramos el fe nómeno de amortización de los objet os met álicos broncíne os en las tumbas, acompañan -do a los finados; y remar camos especí -
31 9 VACCEA ANUARIO orfebrería ficamente ‘br oncíneos’ porque los que tuvieron como base los met ales nobles de plat a, oro o la combinación de ambos electro quedar on reser vados a los vivos, ya que solo los encon tramos en la zona de hábit ats.Con respect o a lo señalado en el párra fo pre vio, con viene matiz ar dos cuestiones concr etas. En primer lugar , que en los momen tos más antiguos de la secuencia de un cemen terio como el de Las Ruedas de Pintia , obse rvamos la presencia de algunas piez as de bron -ce con lámina de oro o electr o, como puedan ser det erminados tipos de fíbu-las-plac a o arillos de vuelta o vuelta y me-dia; se ent enderá, en cualquier caso , que hablamos de can tidades mínimas de me-t ales nobles amortizadas en el regis tro funer ario. En segundo lugar , la menciona-da necrópolis de Las Ruedas ha rendido unos objet os variados, con feccionados en barro o cer ámica, que imitan las joy as; piez as como arrac adas, fíbulas anulares hispánicas, cole teros o zar cillos para el pelo, tor ques, et c. Tale s piez as en los dos casos en que han sido recuper adas en un con texto preciso , procede n de tumbas arist ocráticas inf antiles, probablemen -te de niñas (tumbas 127b y 153), cuya muerte prema tura les habría privado de recibir o heredar las joy as familiar es, que en su tumba quedar on simbólicamen te repr esentadas por las r éplicas.Ambos matices vienen a incidir en el apeg o por los mat eriales elaborados en oro y plat a, que no circular on hacia el más allá, sino que permanecier on entr e los viv os. ¿Desde cuándo? Establecer la "biogra fía" de es-t as joy as, en cualquier caso , no es tar ea sencilla, ya que el conocimie nto de las mismas se produce en forma de at esora-mientos, como conse cuencia de fe nóme-nos de ines tabilidad política y social que tienen que ver con el proceso de conquis -ta romana. Dicho de otra manera, los te -soros conocidos en el centro de la Cuenca del Duero muestr an una cronología muy tar día, ra tificada por los denarios que fre -cuentemente los acompañan, asimilada sobre todo a ocultaciones duran te las Guerr as Sert orianas, en torno al primer cuarto del siglo I a.C., o post eriores, de las Guerr as Cánt abras (29-19 a.C) en el caso de los hallazg os en la zona occident al as-tur . Deber emos, sin embarg o, ser capaces de disociar el moment o de fabric ación de tales objet os, del que el regis tro arqueo -lógico, o las circuns tancias hist óricas, los ponen e n e videncia.Determinar cuándo tuvo su arran -que la orfe brería vaccea es una tar ea complic ada, aunque no imposible. Par a ello, en el proceso de etnog énesis de la cultura vaccea, habremos de poner at en-ción en aquellos element os que con fi-guran a est as élite s y pues to que apenas disponemos de es tratigrafías que nos muestr en la ev olución de la sociedad vaccea y su mat erialidad, beberemos una ve z más del regis tro funer ario de la ne-cr ópolis de Las Ruedas, un regis tro con filtro ide ológico muy mar cado.En la consolidación de est as élite s jugó un papel importan te la capacidad de ost entación de bienes de lujo ex clusi-vos, que tienen expr esión tambié n en las armas, como element os vinculados a la virtus guerr era, dentr o de una sociedad de étic a agonís tica. El modelo del puñal de tipo Mont e Bernorio más genuino del mundo vacceo, con hoja, vaina y tahalí de hierro, muestra una interesante evolución desde los ejemplares más antiguos y simples de la primera mitad del siglo IV a.C., decorados con un simple burilado en su anverso visible, hasta los más modernos provistos de una decoración en horror vac cui, con técnic a de damasquinado o incrust ación de hilos de plat a, a partir de finales del IV y sobre todo en el III a.C. La trans formación de es-t os objet os expr esa de manera muy clara el éxit o y afianz amiento de un modelo territ orial de ocupación y explot ación económic a que creó plusv alías en fa vor de unos pocos, que pudier on re forzar, de est a manera, su papel social y políti-c o. Dicho de otra forma, en apenas tres o cuatr o gene raciones desde el inicio del ‘mode lo vacceo’ hablamos del siglo III a.C. , ciertos mat eriales sugieren la con -solidación de aquellas élite s emer gentes y la presencia de artesanos orfe bres a su servicio. De est a forma ¿cabría pensar que de igual manera que se cre aron ve rdaderas joy as en la panoplia militar , se estuvier an fabric ando paralelamen te otros objet os como fíbulas, pendient es, tor ques, braz aletes, anillos, et c. en plat a y oro ausent es en el regis tro funer a-rio, para enalt ecer aún más la figura de est os seniores vacceos? Nosotr os pensa-mos que y para ello nos basamos en un caso muy concr eto y no único , ex tensible a otros tipos. Nos re ferimos a las fíbulas anulares hispánicas (FAH en adelan te) de oro de San Martín de Torr es (León) o Arrabalde -1 (Zamor a) o, más recien te-mente, tambié n del tesor o vacceo de Pa -lencia-1, e incluso del de Cere zo del Río Tirón, de rein terpretar los anillos (Casti -llo, 1996: 235, nota 5) o pendient es (Ruiz y Castillo , 2004: 270, fig. 9) como guarni-cione s de las anillas del soporte anular de est as fíbulas. En 1992 el estudio de una serie de anillos perf orados y lo que ent endía-mos podían ser sus puen tes de fíbulas compleme ntarios, con una zona en la cabece ra de est os reducida en su sección para poder ser embutida en el orificio del aro y remachada a él, nos llev ó a uno de nosotros a propone r un nuev o modelo de FAH que definimos, huyendo de incor-por ar nuev os guarismo en la clasificación de Cuadrado (1959; 1960), sencillament e como FAH con cabecera de puente rema-chada (Sanz, 1992). Teníamos tes timonio de tales fíbulas a tra vés tan solo de ejem-plar es fragmen tarios de dos cement erios, el vacceo de Las Ruedas de Pintia y el tur-mogo de Villamorón, además de una pie-za comple ta de la tumba 31 de la necró -polis autrigona de Mira veche. Su forma de elaboración re sultaba sorprende nte y, sin duda, de gran arc aísmo tan to desde un punt o de vist a cons tructivo, como por el con texto de los hallazg os, en particular el asociado al conjun to cerr ado de la tum-ba bur ebana, da table en e l siglo IV a. C.Previamente Martín Mont es (1984a; 1984b) rec ogía en su trabajo mo-nogr áfico sobre la FAH en la Mese ta Pe-ninsular , los hallazg os áureos de las dos fíbulas del tesor o de Arrabalde y la de San Martín de Torr es, señalando para es ta úl-tima su natur aleza broncíne a y forr ado en met al noble, clasificándolas den tro del tipo-8/variant e-a, ‘na vecilla sin decor ar y maciza’ , otor gándola una cronología del siglo II a.C. Nada en aquel moment o nos permitía sospechar en est os tres singu-lar es ejemplares áure os que est ábamos ant e sendas FAH de cabecera de puente remachada, pero la publicación más re -ciente sobre el último de los hallazg os (Delibe s, 2002) arrojaba la luz necesaria, desv elando, además de su natur aleza ar-gén tea, la estructur a int erna bajo el cha-pado embe llecedor. Tal circuns tancia nos movió tras el descubrimient o de un ejemplar de FAH en barro , imitando est as piez as suntuarias, en la tumba 153 de la necrópolis de Las Ruedas (Sanz y Romer o, 2009) a plant ear el vínculo direct o de est e modelo broncíne o con el áureo y la dependencia de los ejemplares astures con respe cto del área ce ntral de l Duero.Más recien temente, en la campa -ña de ex cavaciones de 2011 en Las Rue-das de Pin tia, hemos podido recuper ar, dentr o de una peculiar tumba de natur a-
32 9 VACCEA ANUARIO orfebrería Provincia de Burgos Roa de Duero: descubierto en 1947, cons tituido por 167 denarios indígenas (repartidos y dispersados in-mediat amente) y cinco objet os de oro: 3 arrac adas y 2 cadenit as. Cere zo del Río Tirón: cons tituido por: 4 arrac adas con lúnula y racimos, formand o dos parejas, en oro; 2 ‘pendient es’ cilíndricos de oro y, en plat a, 1 fíbula simé-tric a y 1 fr agmento de cierr e vuelt o de t orques funicular . Monast erio de Rodilla: int egrado por 3 tor ques funiculares de plat a. Ingresan en 1985 en el Museo de Burg os, tras su adquisición por el Minist erio de Cultura. El vendedor manifes su origen del ent orno de est e munici-pio, por lo que muy probableme nte procedan del Alto de Rodilla, c on secuencia autrig ona-romana. Provincia de León San Martín de Torr es: en 1916, en el desarrollo de trabajos de labranz a, se localiz a en el pago de “Las Motas” est e tesorillo con stituido por tres piez as: una fíbula anular hispánica de plat a chapada en oro y dos adornos espirali-f ormes o z arcillos de or o par a el pelo. Pr ovincia de Palencia Palencia 1: descubierto en 1911 al ejecutar las obras del Puent e de Hierro sobre el río Carrión. Adquirido por Francisc o Simón y Niet o, quien mantuv o en su colec -ción particular un tor ques que, post eriormente, pasaría a la Colección Gómez-Mor eno, vendiendo el res to a los an-ticuarios parisinos Feuar dent, a quienes el fundador de la Hispanic Society of America de Nuev a York, Archer Hun-tingt on, los compr a en 1912. Int egrado por 22 joy as: 7 tor-ques, 3 pulseras, 4 braz aletes espiralif ormes, 4 arrac adas, 2 ceñidor es de pelo, 2 fíbulas (simé trica, anular y La Tène), 1 v asija y 2 bagues en or. Palencia 2: hallado en el cerro de La Miranda, exis-t en dudas sobre que est e sea en realidad parte del de Las Filipenses. Apareció al labrar en el pago de Valdeper o (Fuent es de Valdeper o) en 1947. El conjun to se dividió, llegando una parte a la Colección de Calzadilla de Badajoz y otra finalmen te al Museo Arqu eológico Nacional de Ma-drid. Compues to por 11 tor ques, 7 pulseras, 3 braz aletes espiralif ormes y 12 denarios de pla ta (?). P alencia 3: hallado en 1956 al hacer obras en el co -legio de las Filipenses, en la call e Sant o Domingo de Guz-mán, a tres metr os de profundid ad; dividido en dos partes, fueron a parar a manos de particulares. Una fíbula simé-tric a y una arrac ada lisa de oro llegan al Museo Arqueo -lógico de Madrid, el res to se conser entr e las religiosas Filipenses y el arquit ecto de la obra L. Carlón: 9 tor ques, fragmen tos de 3 braz aletes espiralif ormes, 5 pulseras y 1 fíbula simétric a, 2 arrac adas, 1 cadene ta y 45 denarios (śe -kobiŕikes, tuŕiasu, aŕekoŕat as y arsaos), en tot al 21 joy as (1700 g de plat a y 16 g de oro). Señalan Pér ez y Delibes (2012) que con esa plat a podrían acuñarse 4500 denarios (la paga de un soldado romano en tiempos de César era de 225 denarios al año, por lo que esa can tidad de plat a equivaldría al salario de 20 años del r eferido soldado). Pr ovincia de Vallaolid Pintia-1: descubiert o en 1968, en labores agríco -las, en la ciudad de “Las Quint anas” (Padilla de Duero). Constituido por cent enar y medio de denarios y 12 joy as: 2 tor ques, 3 braz aletes, 1 anillo, 3 arrac adas y 1 cadene ta, todas de plat a, salvo la última de oro y los pendient es de oro bajo o plat a dorada; además, 1 fíbula de la que solo res ta el resort e y dos fragmen tos tubulares e incurv ados de 1 tor ques de plat a. Dos ter cios de las monedas y las jo-yas fueron adquiridas por un anticuario , pasando en 1980 las joy as al Museo de Valladolid y dispersándose esa parte del numerario. El ter cio de los denarios res tante, en pro -piedad del descubridor, pasó al Museo Pro vincial en 1988; de est a parte las cecas repr esentadas son: aŕekoŕat as (4), arsaos (3), belikio (1), śek obiŕikes (31) y tuŕiasu (17). Pin tia-2: en 1984 un grupo de furtivos, ayudados de un det ector de met ales, descubrió est e tesorillo , igual-ment e en “Las Quint anas”. Tr as una serie de vicisitudes judiciales, el tesor o finalment e pasó a depositar se en el Museo de Vallad olid un año después de su descubrimien-to. Est á int egrado por 18 joy as: 1 fíbula simétric a de pla-ta, 3 anillos de chat ón y 1 cilíndric o, 10 arrac adas de oro formando parejas (dos parejas de lúnula simple, otras dos PRINCIPALES TESOROS PRERROMANOS MESETEÑOS Roa (fotografía Museo de Burgos). Palencia-3 (fotografía Museo de Palencia). Pintia-1, 2 y 3 (fotografía CEVFW-Universidad de Valladolid).
33 9 VACCEA ANUARIO orfebrería de apéndices campanular es y una más de racimos) y tres braz aletes espiralif ormes de plat a (dos incomple tos, el ter-cer o a partir de un fragmen to minúsculo). Los 17 denarios que acompañaban son de las cec as: aŕekoŕat as (2), arsaos (3), śek obiŕikes (4) y tuŕiasu (8). Pin tia-3: descubierto en 1985, en la realiz ación de una zanja de canaliz ación en “Las Quint anas” y recuper ado por vía judicial, ingresó en el Museo de Valladolid en 1988. Const aba de 4 tor ques (3 funiculares y 1 de junco único), de los que solo se pudieron rec uperar tres, y 2 braz aletes espiralif ormes fr agmentarios. Pintia-4: las 2 arrac adas, más 1 denario ibérico (baścunes-benk ota), fueron halladas en el sector G1 de ex cavación de la ciudad de Las Quint anas, por tan to, en est e caso y ex cepcionalmente, vinculadas a actividad ar-queológica. En 2003 apareció el pendient e de may or ta -maño, junt o con el denario, un año después, se localiz ó la arrac ada menor. Corresponden a una remoción de época, consecutiv a a la destrucción por incendio de la vivienda de época sertoriana donde fueron escondidas, en un int ento, bast ante exit oso para nuestr a desgracia, de recuper ar el tesorillo ocult o. Provincia de Zamora Arrabalde 1: mat eriales obt enidos de manera clan-destina, entr egados en 1980 al Museo de Zamor a. Consti -tuido por 48 alhajas comple tas (30 de plat a y el res to de oro o chapado de oro; 5.010 g y 677 g, respectiv amente), element os de adorno personal a ex cepción de un vaso de chardón y su simpulum. Tipos re presentados: 16 tor ques, con pesos entr e 238 y 552 g (14 de plat a y 2 de oro muy pálido, tal ve z electr o. La may oría (13) de tipo "funicular" y de entr e est os los más abundan tes (10) los gruesos de múltiples varillas e hilos tor sionados rema tados en peri-llas; de varillas simples sin cor doncillo, con cierre sencillo de anillas o simples ganchos se cuent an otros 3, dos de ellos con nudo hercúleo centr al. Además, uno de cadene ta o malla, de aspecto muy ibérico , y dos de varilla simple rema tado uno en bolas, el otro de ex tremos vueltos con tres moldur as de distribución equidist ante en su tra yecto; 6 pulseras de junco cilíndrico macizo , abiertas, de vuelta o vuelta y media, rema tadas (4) en cabe zas de ofidios es-quemá ticas y de ex tremos vueltos y tor sionados en las de sección más fina (2); 4 braz aletes espiralif ormes de cint a, de metr o y medio de longitud, enrollados formando entr e 8 y 10 vueltas, las centr ales lisas y las ex tremas con decor a-ción geomé trica; 4 arrac adas de oro , de cuerpo fusiforme y cierre de pinza (30 g), con vist osos apéndices (bellotas y racimos de uvas); también en oro , 4 adornos de pelo re-ma tados en cabe zas de caballos; 6 anillos; 1 colg ante-bulla áureo de cabe za de bóvido; finalment e 5 fíbulas, 4 de oro y otra de plat a, de las cuales 2 Anulares Hispánicas y 1 fíbula de placa con ornitomorf os son de plat a, aunque forr adas de oro , 1 fíbula áurea simétric a con rema tes abellotados en cabecer a y pie, y 1 fíbula de plat a de La Tène. Par ece que también exis tía un lote numismátic o, del que se han publicado una vein tena de denarios (2 arsaos, 5 bolśkan , 3 śekobiŕik es, 6 tuŕiasu y 4 republic anos romanos, uno de los cuales del triunvir o Marc o Ant onio emitido hacia el 32-31 a.C pr oporciona la f echa pos t quem). Arrabalde 2: 19 objet os en tot al, peso superior a los 2000 g (de los que hast a 850 g son de oro , aunque de ley baja por su palidez). De ellos se cree que 10 est aban en uso y el res to era mat erial para re fundir. Tor ques: tres de oro y uno de plat a, de las varian tes de sogueados re-ma tados en bellotas (2, de ellos uno de plat a de 720 g), de cadene ta (1) y de varilla simple (1); fíbulas simétric as de plat a con re vestimiento de plac a áurea sobre el puent e (3), braz alete espiralif orme de plat a (1), sortija de plat a (1) y arrac ada cuyo ex tremo triangular remeda una cabe za de bóvido (1). Como nov edad un bello broche de cintur ón de chapa de oro con repr esentación de zoomorf o en perspec -tiva cenit al. Ramallas o Rabanales: hallado supuest amente den-tr o de una cerámic a con una tapa de piedra sellada, en el lugar de Ramallas, pró ximo a Arciller a cerc a de Alcañices. Sacadas de España y vendidas en 1934 al British Museum. Esparza piensa más bien proceda del cas tro de San Juan de Rabanales. Las joy as: 3 pulseras, dos de ellas de ex tremos vueltos, rema tadas en cabe zas de ofidios y un fragmen to de una cuarta indet erminada. Con 27 denarios romanos, el más recien te del legado august eo Publio Carisio, acuñado entr e el 25-23 a. C. Pintia-1, 2 y 3 (fotografía CEVFW-Universidad de Valladolid). Pintia-2 (fotografía CEVFW-Universidad de Valladolid). Arrabalde-2 (fotografía Junta de Castilla y León). Arrabalde-1 (detalle) (fotografía Museo de Zamora).
34 9 VACCEA ANUARIO leza triple, la 247, un ejemplar perfect a-mente con textualizado que por sus aso-ciaciones mat eriales nos vuelv e a remitir al siglo IV a.C. (Sanz, 2012: 8). Además, nuev os hallazg os en posición secundaria de es te tipo de imperdible nos permiten señalar nada menos que una decena de piez as r ecuperadas e n Pin tia.Y llegados a este punto, ¿podemos asumir, sin más, que un sistema de construcción extraño, único en toda la producción de las FAH y característico de los inicios del s. IV a.C., haya podido reinventarse, sin relación alguna con aquel prototipo, en el siglo I a.C. o incluso el cambio de la Era, de ceñirnos al momento de ocultación propuesto para estos tesoros astures? Dicho de otra forma: vemos FAH broncíneas del siglo IV a.C. y FAH con fo rro de metal noble ocultadas en el siglo I a.C., en ambos casos compartiendo una morfología puente liso amorcillado, anillo engrosado en zonas transversales al puente, estética de enrollamiento de alambres sobre aquel pero sobre todo un modelo de construcción por remachado excepcional. ¿Desde dónde explicamos la implantación de estas FAH? Para responder conviene recordar que la extensa presencia de la FAH por toda la península Ibérica no alcanza, sin embargo, el NO peninsular, siendo el área astur una zona de rarificación del producto. Pero sobre todo ¿es posible la aparición y desaparición, como Ojos de Guadiana, de un sistema técnico de montaje tan peculiar y extraño? Y todavía más: ¿para qué gastar plata en la elaboración de esas FAH suntuarias si el metal argénteo a excepción de la cimera del puente iba a quedar oculto por el chapado de oro? ¿no sería más lógico hacer el ‘alma’ no visible de bronce o cobre, un material mucho más barato y asequible?.¿Adónde pre tendemos lleg ar con tan tas pregun tas? A dos cuestione s prin-cipales. De un lado, la filiación direct a de est e morfotipo con el territ orio vacceo y autrigón/turmog o, insosla yable para ent ender la presencia de est as FAH de Arrabalde , San Martín de Torr es, et c., máxime ahora que encuen tran repr esen-tación no solo en bronce sino tambié n en oro (tesor o Palencia-1). De otro lado, el hecho de que es tas FAH, chapadas en oro , podrían ser modelos antiguos, pasa-dos de gene ración en gene ración y que muestr an dos tiempos de cons trucción: uno primero ent eramente realiz ado en bronce o plat a, con temporáneo o liger a-mente post erior de ejemplares como el de la tumba 31 de Mira veche y que concep tualmente se corr espondería con los puñales Mont e Bernorio sencilla-men te burilados, sin damasquinados; un segundo tiempo que consis tiría en el tuneado de la piez a, det erminado por el embellecimien to que est e tipo de obje-tos suntuarios experimen ta mediant e el forr ado en chapa, hilo y gránulo de oro de toda su superficie. En suma, est aríamos hablando de algo similar a lo que ocurre , por tan to, con los puñales Mont e Berno-rio señalados, o con el famoso puñal de ant enas del príncipe hallst áttico de Eber-ding en-Hochdorf (Würt enberg alemán), que muestr a ex actamente dos tiempos decor ativos, uno sencillo y burilado, otro post erior de forr o áureo que oculta la decor ación y estructur a primigenias. Plant eamos, por tan to, una vida de cierta tra yectoria para unas joy as que necesa-riame nte habrían pasado de gene ración en gene ración, probablemen te incluso como ve rdaderas reliquias. En est e senti -do no olvidemos, de un lado, el valor del tor ques o viria, símbolo de est atus y de la personalidad guerr era (Marc o, 2002: 69), y de otro , compartie ndo dichos valor es y siguiendo con el ejemplo de los puñales, la cons tatación de la perviv encia de una vaina damasquinada de puñal Mont e Bernorio duran te cuatr ocientos años en Pintia (Sanz, 2008).N o olvidemos, finalment e, la apa-rición en la necrópolis de Las Ruedas de réplic as de barro de joy as vacceas que, según hemos argume ntado, ve ndría a apoy ar ese car ácter heredit ario para las joy as, res tringidas al mundo de los vivos y recibidas por las malogradas niñas de manera simbólic a en c opias de barr o.En resumen, que el regis tro ar-queológic o nos remit a a un moment o de crisis muy tar dío en la hist oria de los vacceos, no debe ser int erpretado como que est as joy as no exis tieran con car ác-ter pre vio. Est e es un error larg amente arras trado en otro tipo de estudios como los cer ámicos, que llev ó a cons treñir el mundo vacceo a cronologías vinculadas a la presencia romana, es decir, siglos II-I a.C. y a asociarlo a un proceso homoge -neizador desde la Celtiberia que hoy es difícil sost ener, por no decir que result a sencillament e insos tenible. ¿Orfebrería vaccea? Sin duda, bien ent endida. En tan to en cuant o los vacceos no cons titu-yeron ninguna nación o est ado; en tan to en cuant o los supues tos límites territ oria-les étnic os no suponen fron teras reales, est ables ni impermeables y menos cuan-do , además, entr e unas y otras ciudades de territ orios étnicos distin tos media una o dos jornadas de camino expedit o; en tan to en cuant o la práctic a ex ogámica entr e las elite s de dife rentes territ orios modelar on las relacione s políticas, eco -nómicas y sociales; en tan to en cuant o los patr ones de conduct a de las elit es no difier en grandemen te de un territ orio a otro; en tan to en cuant o, en fin, est amos lejos de tene r cualquier tipo de inf orma-ción est adísticamente significa tiva para poder cons truir un conocimie nto ve ro-símil en relación al mundo prerr omano en gene ral y vacceo en particular, y… no digamos c on r especto a su orf ebrería.Pero ciertamen te si de "orfebr ería celtibéric a" debiéramos seguir hablando, llama poderosame nte la at ención la casi tot al ausencia de joy as en el valle medio del Ebro y alto Duero , circuns tancia que con trasta, como hemos vist o, con la si- orfebrería Fíbulas Anulares Hispánic as (FAH): 1. Mira veche, tumba 31, bronce. 2 y 3. Villamorón, bronce. 4. San Martín de Torr es, plat a y oro. 5. Pintia, tumba 153 de Las Ruedas, cerámic a. (1, 2 y 3. Sanz, 1992; 4. Delibes, 2002; 5. Sanz y R omero, 2010 ).
35 9 VACCEA ANUARIO tuación en la zona limítrof e vaccea, con alguna ex tensión hacia el territ orio astur , donde los hallazg os de est a natur aleza result an rela tivamente frecuen tes y va -riados. La negación de esa joy ería preci -samente al orien te de Rauda, última de las ciudades vacceas aguas arriba del río Duero , ha sido int erpretada como el re -sultado de la incidencia de los tributos y botines obt enidos por los romanos que habrían dejado , en opinión de autor es como Fa tás o Salinas, liter almente ex-haus to el territ orio. En cualquier caso , tal y como ha señalado Lorrio (1996: 203), tras las Guerr as Celtibéric as la disponibi-lidad de plat a quedar á at estiguada en los numerosos at esoramientos numismáti -cos que prolif eran por la región, de cro -nología sertoriana e incluso algo pre via, ofre ciendo un con traste llamativ o a aquel aserto. El adjetiv o "celtibérico" aplicado al mundo vacceo pudo tene r su sentido y utilidad hace dos o tres décadas; hoy , sin embar go, crea más problemas de los que pre tende resolv er. Desde un estudio int egral, la joy ería, aunque de un atr ac-tivo muy especial, pasa por ser un ítem más de los muchos analizados (arma-men to, alfar ería, patr ón de poblamient o, estructur a social, et c.), que con tribuye tambié n a la cons trucción de la iden tidad vaccea ent endida en un sentido no res -trictivo, cerr ado, ni onf álico, si se pre fiere en perspectiv a de "cultura arqueológic a". Los vacceos no fuer on el cen tro de Iberia, pero de la Cuenc a del Duero , un espa-cio de gran singularidad al que est as co -munidades de la Edad del Hierro se adap-t aron como ninguna otra lo había hecho hast a ent onces. Paisaje y paisanaje que definier on una car acterística impron ta de ser y es tar, a yer y , t al v ez e n part e, ho y. Bibliografía Almagro Basch, M. 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