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5 €
PINTIA
CAMPAÑA XXVI
GRAVURAS DEL CÔA
Idade do Ferro
TARIEGO DE CERRATO
CIU
dade
S V
a
CC
ea
S
ORFEBRERÍA VACCEA
ERAS DEL
BOSQUE
e
N
e
L MUS
eo
de
G
ra
N
ada
24
9
VACCEA
ANUARIO
producciones vacceas
S
B
ajo
la
designación
de
or-
febrería
vaccea
nos
re
fe-
rimos
a
una
serie
de
joy
as
identific
ables
con
el
Nordmeset
a Grup-
pe
de
K.
Raddatz
(1969),
a
las
que
otros
autor
es,
siguiendo
el
viejo
paradigma
de la
c
eltiberización
,
rebautiz
aron
como
orfebrería
celtibérica,
al
principio
expr
e-
sando
dudas
sobre
lo
acertado
del
tér-
mino
(Delibes,
1991:
20),
más
recien
te-
mente
def
endiendo
el
mismo
desde
un
sentido
no
étnic
o
sino
arqueológic
o
de
“cultur
a
celtibérica”
(Cuest
a,
Delibes
y
Esparza,
2010:
400).
Y
a
hemos
manifes
tado
abierta
-
mente
nuestr
a
pre
ferencia
por
aquella
terminología,
en
tan
to
en
cuant
o
cree-
mos
que
viene
a
cen
trar
la
cuestión.
El
vacío
his
toriográfico
sobre
el
mundo
vacceo
no
puede
eludir
la
estr
atégica
situación
geogr
áfica
que
est
e
pueblo
ocupó
en
el
centr
o
de
la
Cuenca
del
25
9
VACCEA
ANUARIO
orfebrería
Duero,
con
una
pro
yección
pre
ferente-
mente
sept
entrional,
en
la
orilla
dere
-
cha
de
aquel,
hast
a
los
mismos
rebor-
des
mont
añosos.
Además,
su
pujanza
económic
a,
social
y
cultural,
desv
elada
en
las
inv
estigaciones
más
re
cientes,
obliga
a
cambiar
el
reduccionis
ta
—
por
unifoc
al
o
monogenis
ta
—
paradigma
de la
c
eltiberización
de
la
Meset
a,
y
a
adopt
ar
un
modelo
más
comple
jo
de
in-
ter
acciones
y
áreas
de
influencia
varias,
de
manera
que,
por
ejemplo,
aquel
acu-
sado
c
eltiberismo
que
algunos
autor
es
han
señalado
re
visten
los
yacimien
tos
de
la
II
Edad
del
Hierro
en
las
tierras
sediment
arias
leonesas
o
sept
entriona-
les
zamor
anas,
obedecería
ant
es
a
una
influencia
vaccea,
territ
orio
con
el
que
mantiene
vínculo
direct
o,
que
a
una
le-
jana
y
difusa
g
eografía
celtibéric
a.
Por
otro
lado,
que
los
vacceos
produjer
an
una
orfebr
ería
propia
no
comport
aría
que
sus
vecinos
más
pró
xi-
mos,
astur
es,
turmogos,
cán
tabros,
et
c.
la
tuvieran
difer
ente,
menos
aún
en
un
marc
o
de
práctic
as
ex
ogámicas
entr
e
elites,
a
testiguadas
c
on
esos
t
erritorios.
El
problema
estructur
al
es
que
est
amos
hablando
de
un
regis
tro
de
poco
más
de
doscient
as
piez
as,
con
unas
trein
ta
loc
alizaciones
sobre
el
ex
tenso
mapa
de
la
Submeset
a
Norte
peninsular,
y
fruto
de
hallazg
os
no
su-
ficien
temente
con
trolados
o
descon
-
textualizados
por
comple
to.
De
est
a
forma,
la
orfebr
ería
fuera
del
territ
orio
vacceo
result
a
muy