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5 €
PINTIA
CAMPAÑA XXVI
GRAVURAS DEL CÔA
Idade do Ferro
TARIEGO DE CERRATO
CIU
dade
S V
a
CC
ea
S
ORFEBRERÍA VACCEA
ERAS DEL
BOSQUE
e
N
e
L MUS
eo
de
G
ra
N
ada
24
9
VACCEA
ANUARIO
producciones vacceas
S
B
ajo
la
designación
de
or-
febrería
vaccea
nos
re
fe-
rimos
a
una
serie
de
joy
as
identific
ables
con
el
Nordmeset
a Grup-
pe
de
K.
Raddatz
(1969),
a
las
que
otros
autor
es,
siguiendo
el
viejo
paradigma
de la
c
eltiberización
,
rebautiz
aron
como
orfebrería
celtibérica,
al
principio
expr
e-
sando
dudas
sobre
lo
acertado
del
tér-
mino
(Delibes,
1991:
20),
más
recien
te-
mente
def
endiendo
el
mismo
desde
un
sentido
no
étnic
o
sino
arqueológic
o
de
“cultur
a
celtibérica”
(Cuest
a,
Delibes
y
Esparza,
2010:
400).
Y
a
hemos
manifes
tado
abierta
-
mente
nuestr
a
pre
ferencia
por
aquella
terminología,
en
tan
to
en
cuant
o
cree-
mos
que
viene
a
cen
trar
la
cuestión.
El
vacío
his
toriográfico
sobre
el
mundo
vacceo
no
puede
eludir
la
estr
atégica
situación
geogr
áfica
que
est
e
pueblo
ocupó
en
el
centr
o
de
la
Cuenca
del
25
9
VACCEA
ANUARIO
orfebrería
Duero,
con
una
pro
yección
pre
ferente-
mente
sept
entrional,
en
la
orilla
dere
-
cha
de
aquel,
hast
a
los
mismos
rebor-
des
mont
añosos.
Además,
su
pujanza
económic
a,
social
y
cultural,
desv
elada
en
las
inv
estigaciones
más
re
cientes,
obliga
a
cambiar
el
reduccionis
ta
—
por
unifoc
al
o
monogenis
ta
—
paradigma
de la
c
eltiberización
de
la
Meset
a,
y
a
adopt
ar
un
modelo
más
comple
jo
de
in-
ter
acciones
y
áreas
de
influencia
varias,
de
manera
que,
por
ejemplo,
aquel
acu-
sado
c
eltiberismo
que
algunos
autor
es
han
señalado
re
visten
los
yacimien
tos
de
la
II
Edad
del
Hierro
en
las
tierras
sediment
arias
leonesas
o
sept
entriona-
les
zamor
anas,
obedecería
ant
es
a
una
influencia
vaccea,
territ
orio
con
el
que
mantiene
vínculo
direct
o,
que
a
una
le-
jana
y
difusa
g
eografía
celtibéric
a.
Por
otro
lado,
que
los
vacceos
produjer
an
una
orfebr
ería
propia
no
comport
aría
que
sus
vecinos
más
pró
xi-
mos,
astur
es,
turmogos,
cán
tabros,
et
c.
la
tuvieran
difer
ente,
menos
aún
en
un
marc
o
de
práctic
as
ex
ogámicas
entr
e
elites,
a
testiguadas
c
on
esos
t
erritorios.
El
problema
estructur
al
es
que
est
amos
hablando
de
un
regis
tro
de
poco
más
de
doscient
as
piez
as,
con
unas
trein
ta
loc
alizaciones
sobre
el
ex
tenso
mapa
de
la
Submeset
a
Norte
peninsular,
y
fruto
de
hallazg
os
no
su-
ficien
temente
con
trolados
o
descon
-
textualizados
por
comple
to.
De
est
a
forma,
la
orfebr
ería
fuera
del
territ
orio
vacceo
result
a
muy
reducida,
salvo
en
el
caso
de
los
astur
es,
para
los
que
se
ha
def
endido,
con
sólidos
argumen
tos,
la
exis
tencia
de
una
‘joy
ería
astur
me-
ridional’
(Delibes,
1994-95:
70-72;
de
forma
más
débil
en
Cuest
a,
Delibes
y
Esparza,
2010:
401),
cuyos
rasg
os
de
in-
dividualización
compartimos
en
térmi
-
nos
gener
ales
y
result
an,
en
cualquier
caso
,
deudores
may
oritariamente
de
la
joy
ería
vaccea
(
v
.gr
.
las
fíbulas
anulares
hispánicas,
como
tendr
emos
ocasión
de
señalar)
por
más
que
su
posición
más
occident
al
explique
ciertos
rasg
os
de
la
orfebr
ería
c
astreña
del
NO
.
Un limitado número de morfotipos
y hallazgos
La
variedad
de
elaborados
resul
-
ta
igualment
e
limitada
a
diez
ca
tegorías
de
joy
as,
con
algunas
varian
tes,
y
una
undécima
re
ferida
a
recipien
tes
arg
én-
teos.
01.
La
joy
a
sin
duda
con
más
predic
amento
y
de
más
empaque
es
el
tor
ques
,
concebida
para
el
adorno
del
cuello,
dotado
de
una
enorme
car-
g
a
simbólica.
Sus
pesos
pueden
variar
entr
e
los
doscient
os
y
los
quinien
tos
gramos,
y
en
su
may
oría
son
joy
as
ar-
gén
teas,
aunque
algunas
pocas
parecen
plat
as
doradas.
Cabe
distinguir
tres
ca
-
tegorías
fundamen
tales
de
tor
ques:
los
de
varilla/
s
re
torcida/s
o
funiculares,
los
de
c
adeneta
y
los
de
junc
o
liso.
Entr
e
los
primeros,
más
nume-
r
osos,
se
pueden
difer
enciar
varian
tes:
gruesos
tor
ques
funiculares
con
struidos
por
varios
juncos
y
alambres
rem
atados
en
abultadas
bellotas
(morfotipo
1A1);
otros
de
trenz
ado
más
sencillo,
de
solo
dos
cabos
entr
elazados
rema
tados
en
los
ex
tremos
en
anillas
(1A2),
aunque
est
e
parece
un
modelo
net
amente
ibé-
ric
o;
con
el
cierr
e
en
gancho
,
de
ex
tre-
mos
aguzados
y
vueltos,
con
uno
o
va
-
rios
hilos
re
torcidos,
ex
cepcionalmente
lisos
o
sin
aditamen
tos
(1A3),
el
res
to
decor
ados con
nodus herculeus
(1A4),
un
ocho
(1A5),
serie
de
ochos
(1A6),
uno
(1A7)
o
tr
es
laz
os
(1A8).
La
segunda
ca
tegoría,
poco
fre
-
cuente,
viene
dada
por
tor
ques
que
presen
tan
una
labor
de
cadene
ta
(1B);
exis
ten
al
menos
dos
ejemplares,
uno
sin
rem
ates
de
Arrabalde-1
y
otro
de
Palencia-1
que
conser
va
abultadas
be-
llot
as
idén
ticas
a
las
del
modelo
1A1.
Finalmen
te,
algunos
más
est
án
cons
truidos
a
partir
de
una
varilla
lisa
y
se
re
parten
entr
e
aquellos
cuyos
ex-
tr
emos
quedan
abiertos
—
con
re
mates
zoomorf
os
(1C1),
de
botones
(1C2),
o
ex
tremos
vuelt
os
(1C3),
est
os
últimos
cerr
ados
en
ocasione
s
por
a
modo
de
grapas
—
,
o
con
cierr
e
de
ganchos
y
de-
c
orados
con
uno
(1C4)
o
tres
lazos
(1C5).
26
9
VACCEA
ANUARIO
orfebrería
02.
Otro
de
los
morfotipos
son
las
pulseras
,
siempre
de
plat
a,
cons
ti-
tuidas
por
un
junc
o
más
o
menos
grue-
so
de
diseño
anular
abierto
o
de
vuelta
y
media,
frecuen
temente
con
los
ex
tre-
mos
rem
atados
en
esquemátic
as
cabe
-
zas
de
ofidios,
si
bien
algunas
parecen
más
bien
caballos.
Aunque
sería
posible
est
ablecer
una
tipología
amplia
en
fun-
ción
de
la
ausencia/presencia
de
uno
o
tres
nudos
en
su
desarrollo
,
de
sus
ex-
tr
emos
sobrepasados
más
o
menos
o
incluso
vueltos,
o
también
por
su
junco
liso
(lo
más
frecuen
te)
o
re
torcido,
he-
mos
opt
ado
por
dividirlas
entr
e
las
que
muestr
an
ex
tremos
sencillos,
ya
sean
zoomorf
os
o
no
(2A),
ex
tremos
vueltos
(2B)
o
junc
o
r
etorcido
(2C).
03.
Los
braz
aletes espiralifor-
mes
est
án
con
feccionados
con
una
lar-
ga
cint
a
de
plat
a
de
traz
ado
helicoidal,
formando
entr
e
siet
e
y
ca
torce
vueltas.
Las
espiras
centr
ales
result
an
más
estr
e-
chas
y
lisas,
mientr
as
que
las
ex
ternas
son
aplanadas
y
decor
adas
con
moti-
v
os
est
ampados
de
triángulos
rellenos
de
perlas,
alineación
de
ést
as,
círculos
concén
tricos,
et
c.,
rema
tando
los
e
xtre-
mos
en
esquematiz
aciones
de
cabe
zas
de
ofidio.
En
cualquier
caso
,
a
la
luz
del
tesor
o
Palencia-
1
se
pueden
est
ablecer
dos
variedades,
una
de
may
or
env
erga-
dura
y
anchura
de
espiras
(3A),
otra
de
más
r
educido
t
amaño
(3B).
04.
Las
arrac
adas
o
pendient
es
fueron
realiz
adas
en
oro.
En
gener
al,
la
parte
funcional
viene
det
erminada
por
un
cuerpo
fusiforme
con
ex
tremos,
fundidos
y
aguzados,
apro
ximados
para
hacer
pinza.
No
obs
tante,
son
suscep-
tibles
de
clasificar
se
en
dos
variedades
difer
entes
y
algunas
subv
ariantes,
se-
gún
su
cons
trucción
y
según
presen
ten
o
no
apéndice
bajo
el
cuerpo.
Así,
los
ejemplares
de
may
or
simplez
a,
que
ca
-
recen
de
rema
tes
(morfotipo
4A),
pue-
den
est
ar
cons
tituidos
por
un
cuerpo
amorcillado
,
liso
y
de
sección
circular
,
a
veces
algo
acod
ado
en
su
parte
centr
al
(4A1);
otros
cons
truyen
su
cuerpo
me-
diant
e
la
técnic
a
de
la
filigrana
al
aire,
trenz
ando
varios
hilos
de
difer
entes
grosor
es
para
fundirlos
en
unos
ex
tre-
mos
aguzados
(4A2);
finalment
e,
otros
son
el
result
ado
de
soldar
hilos
en
los
can
tos
y
en
ambas
superficies
de
una
chapita
base,
igualment
e
aguzados
en
las
pun
tas
(4A3).
Cuando
a
est
a
última
varian
te
obser
vamos
que
se
la
dota
de
un
abulta
-
do
apéndice
decor
ativo
bajo
el
cuerpo,
normalment
e
de
tendencia
triangular,
nos
encon
tramos
ant
e
el
morfotipo
4B,
con
numerosas
varian
tes
de
rema
te:
racimo
(4B1),
bellota
(4B2),
campánula
(4B3),
o
simple
lámina
para
su
re
pujado
(4B4)
que
puede
dar
lugar
a
re
presen-
taciones
de
bucr
áneo
(tesor
o
Arrabal
-
de-1)
y
de
an
forillas
(t
esoro
Pin
tia-1).
Est
os
objet
os
adquieren
muy
buena
repr
esentación
en
el
tesor
o
Pin-
tia-2,
donde
se
puede
compr
obar
que
los
diez
ejemplares
forman
parejas,
por
lo
que
probablem
ente
se
usaran
en
am-
bas
or
ejas.
05
.
Entr
e
las
fíbulas
las
varian
tes
más
frecuen
tes
y
est
ereotipadas
son
las
anulares
hispánic
as
(5A),
las
de
La
Tène
simétric
as
(5B)
—
en
plat
a,
con
rema
tes
moldurados
(5B1)
y
en
oro
,
con
termi
-
naciones
abellotadas
de
may
or
tamaño
(5B2)
—
,
además
de
unas
más
inespecí
-
ficas
fíbulas
de
La
Tène
(5C).
No
falt
an
otros
modelos
ex
cepcionales,
como
aquel
del
tesor
o
de
Arrabalde-1
que
re-
pr
oduce
sobre
el
puent
e
lo
que
parecen
ser
prót
omos
de
animales
enfr
entados
(5D).
06
.
Dentr
o
de
los
anillos
dest
a-
can
por
su
personalidad
los
llamados
de
chat
ón
(6A),
tan
to
en
plat
a
como
en
oro.
Muestr
an
un
sello
circular
muy
hist
oria-
do,
con
un
espacio
centr
al
que
incluye
un
repujado
,
bien
de
perla
hemisf
érica,
bien
de
motivos
como
trisquel
(Pintia-2)
Torques.
Anillos.
Brazalete
espiralif
orme.
Pulseras.
Arracadas.
27
9
VACCEA
ANUARIO
orfebrería
o
cabeza
humana
(hallazg
o
burg
alés
sin
más
precisión),
y
una
serie
de
perlitas,
hilos
tor
sionados
o
molduras
lisas
con
-
céntricas
a
aquella.
Otr
os
modelos
(6B)
de
chat
ón
más
simple
con
rehundido
centr
al,
en
plat
a
se
conocen
en
Arrabalde-1.
Aquí
también
nos
encon
tramos
con
otros
por
ahora
ex
clusivos
del
territ
orio
astur
,
de
entr
elazados
o
escamas
(6
C)
y
re
ctangu-
lares
y
se
gmentados
(6D).
De
cint
a
abierta
(6E),
dest
aca
el
del
tesor
o
Pintia-2,
con
una
decor
ación
que
recuer
da
poderosamen
te
a
la
de
los
braz
aletes
espiralif
ormes;
otro
más
fino,
de
Pintia-2
tiene
estructur
a
anular
con
una
ac
analadura
cen
tral
(6F).
07
.
Zar
cillos para el pelo
.
De
gran
originalidad
meset
eña,
est
as
pequeñas
piez
as
est
án
con
struidas
en
hilos
de
oro
trenz
ados
formando
espiral,
con
los
ex-
tr
emos
rema
tados
en
cabe
zas
de
caba
-
llo,
a
cuya
con
figuración
con
tribuyen
los
gránulos
soldados
en
el
morro
y
ojos
del
animal.
Dest
acan
las
piez
as
de
Arrabal
-
de-1
y
,
en
particular
,
la
de
Saldaña.
08.
Cadenitas
de
oro
,
todas
es-
t
án
cons
truidas
con
hilo
de
oro
,
siguien-
do
la
técnic
a
mediterr
ánea
de
‘loop
in
loop’
(bucle
en
bucle),
tienen
sección
circular
y
muestr
an
una
longitud
reduci
-
da,
no
superior
a
6
cm;
rema
tan
en
dos
cilindros,
uno
que
sujet
a
la
cadena
y
el
otro
,
trans
versal
a
est
e,
del
que
se
sus-
pende
una
ar
golla.
Conocemos
media
docena
de
ellas
y
solo
una,
la
recuper
ada
en
la
ne-
cr
ópolis
palentina
de
Eras
del
Bosque,
est
á
c
ompleta.
N
o
es
f
ácil
det
erminar
la
funcionalidad
de
est
os
objet
os:
cierres
de
seguridad
para
los
grandes
tor
ques,
cadene
tas
de
suspensión
para
sujet
ar
las
arrac
adas
del
pabellón
auditivo
al
modo
galaic
o…
son
algunas
de
las
im-
pr
obables
int
erpretaciones
dadas.
Tal
ve
z
alguna
posibilidad
may
or
teng
a
su
consider
ación
como
partes
de
joy
as
más
complejas
de
las
que
se
suspendie
-
ran
otr
as
plac
as
o
amule
tos.
09.
Los
Broches,
si
dejamos
a
un
lado
los
ejemplares
de
bronce
chapa-
dos
en
lámina
de
oro
que
acompañan
a
ciertas
especies
de
puñales
de
“filos
curv
os”,
es
un
morfotipo
ex
cepcional
casi
reducido
al
ejemplar
de
Arrabalde,
aunque
en
est
e
grupo
seguramen
te
de-
bamos
int
egrar
también
el
cons
iderado
colgan
te
arg
énteo
de
Coca,
más
bien
ex
tremo,
con
dos
garfios
como
el
arra
-
baldeño,
de
uno
de
est
os
broches
de
lámina
de
oro
—
en
est
e
caso
tal
ve
z
de
plat
a
—
repujad
a.
El
ejemplar
zamor
a-
no
incluye
un
zoomorf
o
en
perspectiv
a
cenital
espléndido,
decor
ado
con
hilo
y
granulado
,
de
manera
similar
al
nudo
centr
al
de
algunos
ejemplares
de
tor-
ques.
10.
Colgantes
.
Piez
as
escasa
-
mente
re
presentadas,
se
conoce
alguna
con
forma
de
bucráneo
,
una
ve
z
más
en
Arrabalde,
aunque
no
descart
amos
la
presencia
de
otros
de
tipo
abellot
ado
a
juzg
ar,
de
un
lado
por
el
hecho
de
ser
un
motivo
asociado
a
tor
ques
o
fíbulas,
de
otro
por
la
presencia
de
joyas
de ba-
rro
,
aparecidas
en
la
necrópolis
de
Las
Ruedas
de
Pin
tia
,
c
on
es
tas
f
ormas.
11. Vasos argénteos
.
Est
os
reci
-
pientes
result
an
igualment
e
escasos
y
muestr
an
una
filiación
innegabl
e
con
la
orfebr
ería
ibérica.
El
cuenco-escudilla
de
Palencia
o
el
vaso
“à
chardon”
y
el
simpulum
de
Arrabalde
son
los
hallaz-
gos
más
señeros
de
la
Meset
a
Norte,
con
imitaciones
también
en
cerámic
a
en
las
llamadas
“cer
ámicas
grises
céreas
de
imitaci
ón
arg
éntea”
o
en
simpula
ce
-
rámicos
como
los
de
Palenz
uela
o
Pintia
.
Fíbulas.
Zarcillos.
Cadenitas.
Broches.
Colgante.
Vasos
ar
génteos.
28
9
VACCEA
ANUARIO
orfebrería
Una joyería de gran personalidad
Conviene
ahora,
una
ve
z
presen
-
tados
los
morfotipos,
definir
las
car
acte-
rísticas
esenciales
que
llev
aron
a
aislar
est
e
grupo
de
orfebr
ería
que,
por
si-
tuarse
a
caballo
entr
e
el
mundo
ibérico
meridional
y
el
cas
treño
del
Noroes
te,
muestr
a
car
acteres
mixt
os
que
le
otor-
g
an
una
marc
ada
personalidad
(vaccea).
T
ales
rasg
os,
definidos
por
De-
libes,
Martín
Valls,
Esparza
o
Cues-
t
a,
son
su
vínculo
directo
con
la
orfebrería
ibérica,
visible
en
el
uso
mayoritario
de
la
plata
y
también
en
la
similitud
tipológica
de
algunos
torques
funiculares
y
de
cadeneta,
con
cierres
aguzados
en
gancho,
o
algunas
pulseras
y
brazaletes
espiralif
ormes
rem
atados
en
c
abezas
de
ofidios.
Dentr
o
de
los
tor
ques
funicu-
lares
el
morfotipo
1A1
obser
va
un
cu-
rioso
mestiz
aje:
cuerpo
de
alambres
trenz
ados
(prop
ios
del
mundo
ibérico)
y
rem
ates
en
abultadas
bellotas
(car
ac-
terísticas
del
NO
peninsular).
También
result
an
específicos
de
est
e
mundo
me-
se
teño
aquellos
de
una
sola
varilla
con
uno
(1C4)
o
tres
(1C5)
bucles.
El
modelo
funicular
de
nodus herculeus
,
ex
cep-
cionalmente
at
estiguado
en
Menjíbar
(Jaén)
o
en
Mondoñedo
(Lugo)
,
por
su
mejor
repr
esentación
meset
eña
debe
ser
tenido
también
como
producción
vaccea,
máxime
si
admitimos
la
iden-
tificación
de
algunos
de
est
os
nodus
como
zoomorf
os
en
perspectiv
a
cenital
int
encionados,
dentr
o
de
una
calculada
ambigüedad
—
admitida
para
otros
pro
-
ductos
de
met
alistería
como
las
fíbulas
de
verr
aco-caballito
(Esparza,
1991-
92)
—
o
de
manera
más
explícit
a,
dest
a-
cando
con
“dob
le
filament
o
soldado
el
espinazo
y
ex
tremidades
del
cuadrúpe-
do
en
perspectiv
a
cenital”
en
el
broche
del
tesor
o
de
Arrabalde-2
(Delibes,
Es-
parz
a
y
Martín,
1997:
23).
En
cuant
o
a
los
braz
aletes
espira
-
liformes,
aunque
el
modelo
es
conocido
en
ejemplares
ibéricos,
los
mese
teños
se
dist
ancian
de
aquellos
por
su
estruc
-
tura
acint
ada
con
hast
a
una
docena
de
espiras,
de
la
cuales
las
centr
ales
resul
-
tan
más
estr
echas
y
lisas,
mientr
as
que
las
ex
ternas
son
aplanadas
y
decor
adas
con
motivos
est
ampados
de
grenetti
,
rema
tando
en
esquematiz
aciones
de
cabe
zas
de
ofidio.
De
las
arrac
adas
de
oro
,
en
for-
ma
de
crecien
te
lunar,
realiz
adas
con
filigrana
al
aire,
dest
acan
sus
volumino-
sos
apéndices
triangulares,
otor
gando
una
gran
person
alidad
a
est
a
orfebr
ería
vaccea.
Finalment
e
algunas
joy
as,
que
no
alcanz
an
repr
esentación
ni
en
la
jo-
yería
ibérica
ni
en
la
cas
treña,
han
sido
int
erpretadas
también
como
modelos
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Delibes,
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Delibes,
1994-95.
31.
Delibes,
1994-95.
32.
Schüle,
1969:
t
af.
169,
18.
29
9
VACCEA
ANUARIO
orfebrería
exclusivos
de
est
e
territ
orio
centr
al
de
la
cuenca
del
Duer
o;
tales
son:
ceñido-
res
de
pelo
de
oro
rema
tados
en
cabe
-
zas
de
caballos
(Arrabalde
1
o
Saldaña),
cadenit
as
de
oro
,
fíbulas
de
La
Tène
si-
métric
as
y
fíbulas
anulares
hispánic
as
de
ar
co
amor
cillado.
Para
un
tot
al
de
algo
más
de
dos-
cient
as
joy
as
(véase
tabla
I)
el
repart
o
tot
al
por
morfotipos,
ordenados
de
ma-
y
or
a
menor
presencia,
es
el
que
sigue:
59
tor
ques,
40
arrac
adas,
27
pulseras,
22
fíbulas,
21
braz
aletes
en
espiral,
16
anillos,
10
zar
cillos
de
pelo,
6
cadenit
as,
2
br
oches,
1
c
olgante
y
3
v
asos.
Los
once
morfotipos
definidos
tienen
una
difer
ente
presencia
en
los
hallazg
os,
los
más
ubicuos
son
las
arra
-
cadas
(14),
seguidas
de
fíbulas
(12),
tor
ques
(9),
anillos
(8),
braz
aletes
espi-
ralif
ormes
(7),
pulseras
(6),
zar
cillos
de
pelo
y
cadenit
as
(5),
broches
(2),
col
-
gantes
(1)
y
v
asos
(2).
Los
tesor
os
más
rele
vantes
en
número
de
piez
as
también
suelen
ser
los
que
incluyen
may
or
variedad
de
morfotipos,
dest
acando
Arrabalde-1
(9),
seguidos
de
Palencia-1
(7),
Palen
-
cia-3
(6),
Pintia-1
(6),
Arrabalde-2
(6),
Pintia-2
(4),
P
alencia-2
(3),
e
tc.
Un poco de cartografía
Pese
a
los
prob
lemas
indicados,
de
igual
manera
que
un
ejercicio
de
distribución
cart
ográfica
permite
para
otros
objet
os
suntuarios
discriminar
áreas
nucleares
de
áreas
de
influencia,
tal
cabe
también
para
la
orfebr
ería.
Por
ejemplo,
los
broches
de
tipo
Bureba
compar
ecen
en
territ
orios
aledaños
al
autrigón
(vacceo
,
turmogo
,
cán
tabro,
aré
vaco
e
incluso
vasc
ón
en
el
Pirineo
francés),
lo
que
no
impide
ent
ender
que
su
área
de
origen
más
prob
able
es
aquella
y,
en
sentido
con
trario,
que
pie-
z
as
como
las
reg
istradas
en
Pintia
est
án
sencillament
e
en
el
área
de
influencia.
Lo
mismo
podría
decirse
de
los
puñales
de
tipo
Mont
e
Bernorio;
hoy
sabemos
que
la
secuencia
más
comple
ta,
desde
su
fase
forma
tiva
a
la
de
expansión,
se
localiz
a
en
el
Duer
o
medio,
en
territ
orio
vacceo;
su
presencia
en
las
necrópolis
ve
ttonas
de
La
Osera
o
Las
Cogot
as
debe
int
erpretarse
como
zona
de
influencia,
ya
que
su
área
de
origen
se
localiz
a
en
el
Duero
medio
y,
en
según
qué
modelos,
podríamos
sospechar
que
también
en
el
alto
Pisuerg
a
y
alto
Ebro
,
con
virtién-
dose
así
en
un
det
erminado
moment
o
el
territ
orio
de
cántabros,
autrigones
y
berones
asimismo
en
nuclear
para
las
fases
más
ev
olucionadas
del
puñal;
ello
no
impide
mant
ener
el
prot
agonismo
de
est
a
producción
en
relación
al
terri
-
torio
vacceo
,
donde
siempre
se
tiene
en
con
tra
el
escasísimo
volumen
de
super-
ficie
ex
cavada
fren
te
a
otros
ter
ritorios
prerr
omanos,
sobre
todo
orient
ales,
de
tradición
inv
estigadora
más
tempr
ana
y
prolífic
a.
Ya
hemos
dicho
que
partimos
de
una
posición
adver
sa:
hallazg
os
en
cir-
cunst
ancias
siempre
ajenas
al
trabajo
arqueológic
o,
poco
más
de
media
doce-
na
de
tesor
os
con
un
conjun
to
re
levante
de
joy
as,
o
un
nú
mero
de
localiz
aciones
aún
más
reducido
si
rec
ordamos
que
varios
de
est
os
at
esoramientos
se
han
producido
de
manera
reit
erada
en
unos
pocos
lugar
es
como
Palencia
(tres),
Pin-
tia
(cua
tro)
o
Arr
abalde
(dos).
Con
tod
o,
si
hacemos
un
sim-
ple
recuen
to
del
número
de
joyas
localizadas en cada
uno de los
territorios
(vacceo
,
astur
cismont
ano,
turmogo
,
cán
tabro,
autrigón
y
celtibé-
ric
o-arévaco),
las
cifras
son,
respectiv
a-
mente:
123,
71,
11,
1,
1
y
2.
Si
hablamos
de
número
de
hallazg
os
obt
enemos
los
valor
es
de
17,
8,
3,
1,
1
y
1,
respectiv
a-
mente.
Se
deduce
de
dichas
cifras
que
el
58,5%
de
los
hallazg
os
aparecen
en
te
-
rritorio
vacceo
,
mientr
as
que
el
33,8
%
lo
hacen
en
el
astur
y
un
7,7
%
entr
e
el
cán
tabro,
turmogo
,
autrigón
y
celtibéri-
c
o.
Claro
que
si
ex
cluyéramos
aquellas
joy
as
que
muestr
an
simbiosis
con
la
orfebr
ería
cas
treña
del
NO
peninsular,
que
car
acterizan
el
estilo
astur meri-
dional
(no
así
las
fíbulas
anulares
hispá-
nicas),
el
porce
ntaje
se
increm
entaría
aún
más
a
fa
vor
del
territ
orio
vacceo.
Por
centajes
que
aún
pueden
aument
ar
si
consid
eramos
en
particular
algunos
morfotipos
como
las
arrac
adas:
el
70%
se
hallan
en
territ
orio
vacceo
y
si
practi
-
cáramos
aquella
ex
clusión
a
las
de
Arra
-
balde-2
por
su
semejanza
con
las
de
tipo
Bedoia
(Delibes
et
al
.,
1993:
434)
aún
sería
may
or
la
idiosincrasia
vaccea
del
tipo.
Otro
tan
to
cabría
decir
de
los
tor
ques
funicular
es
con
nodus hercu
-
leus
.
En
el
mapa
de
distribución
que
ofrecemos,
Palencia
adquiere
un
papel
de
centr
alidad
porque
además
de
re-
pr
esentar
uno
de
los
punt
os
con
may
or
número
de
at
esoramientos
y
joy
as,
se
localiz
a
a
dist
ancias
equidist
antes
de
los
otros
hallazg
os
cart
ografiados,
tan
to
en
sentido
N-S
(unos
90
km),
como
NE-NO
(entr
e
130
y
150
km),
siendo,
por
tan
to,
un
buen
candida
to
para
explic
ar
los
ne-
x
os
en
un
modo
común
de
hacer
joy
ería
en
espacios
tan
dist
antes
como
Rabana-
les
y
Cere
zo
del
Río
Tirón
(las
dis
tancias
han
sido
tomad
as
en
línea
rect
a,
usan-
do
la
aplicación
de
SIGPA
C;
al
tra
tarse
de
un
espacio
esencialment
e
plano
no
nos
ha
parec
ido
necesario
tener
en
cuent
a
los
relie
ves
menores
o
traz
ados
de
ríos
que
podrían
alarg
ar
algo
las
me-
didas
señaladas).
Digamos
que
la
cen-
tr
alidad
vaccea
sirv
e
para
explic
ar
simi-
lares
joy
as
entr
e
autrigones
o
astur
es
30
9
VACCEA
ANUARIO
orfebrería
cismontanos,
mientr
as
que
a
pa
rtir
de
las
de
es
tos
últimos
no
podrían
explic
ar-
se
fácilmen
te
aquellas.
Y
es
eviden
te
que
hablamos
de
un
element
o
vinculado
a
las
elit
es
más
que
a
e
tnias
c
oncretas.
¿Joyeros itinerantes o estables?
En
el
fondo
de
la
cuestión
est
a-
mos
hablando
de
acumulación
de
rique-
za
—
de
ocultación
circuns
tancial
bajo
si-
tuaciones
de
peligro
—
,
pero
sobre
todo
de
element
os
de
pres
tigio
para
exhibir
por
las
elite
s,
que
pudier
on
operar
tam
-
bién
como
dotes
o
reg
alos
diplomátic
os,
y
para
los
que
deberíamos
poder
saber
su
modelo
de
producción:
¿artesanos
especializ
ados
al
servicio
de
las
élite
s
vac
-
ceas
u
orífices
itineran
tes?
La
respues
ta
no
es
fácil,
pero
tal
ve
z
no
sea
tan
difícil.
Podemos
con
venir
que
dependería
del
volumen
de
la
demanda,
en
principio
tal
ve
z
limitada,
incluso
más
si
se
con
firmara
la
sospecha
de
que
tales
joy
as
pudier
an
pasar
de
gene
ración
en
gene
ración
den-
tr
o
de
la
familia.
Pe
ro
¿de
cuánt
as
fami
-
lias
por
ciudad
est
aríamos
hablando?
Solamen
te
en
Pintia
(Padilla
de
Duero)
sabemos
de
la
exis
tencia
de
cuatr
o
teso
-
rillos
dife
rentes,
y
apenas
se
han
desarr
o-
llado
ex
cavaciones
en
su
área
de
hábita
t
de
Las
Quint
anas;
dicho
de
otra
forma,
si
en
cuatr
o
localiz
aciones
muy
precisas
se
han
hallado
ese
número
de
preseas,
¿cuánt
as
cabría
pensar
que
alberg
an
los
250.000
m
2
de
superficie
intr
amuros
de
solo
est
a
ciudad?;
y
si
multiplicamos
esa
hipoté
tica
cifra
por
el
medio
cen
tenar
de
asent
amientos
vacceos
o
en
el
área
de
influencia
inmediat
a,
¿a
cuánt
as
podría-
mos
lleg
ar?
Queremos
decir
que
un
modelo
alterna
tivo
de
orfe
bres
itineran
tes
rec
o-
rriendo
aquellos
lugar
es
donde
fuer
an
reclamados
para
elabor
ar
est
os
bienes
de
pres
tigio
sería
igualment
e
posible.
Pe
ro
cabe
pensar
que
la
demanda
de
las
ciudades
vacceas
y
adlát
eres
hubier
a
sido
más
que
suficient
e
para
mant
ener
a
es
-
tos
arte
sanos
y
crear
,
así,
la
especificidad
de
la
orfe
brería
meset
eña
o
vaccea,
con
respect
o
de
otros
territ
orios
con
marc
ada
iden
tidad
orfe
bre
como
el
mediodía
ibé-
rico
o
el
nor
oeste
peninsular
.
Por
otro
lado
cabría
pensar
que
en
el
trabajo
de
los
orfe
bres
estuvier
a
incluida
la
actividad
broncís
tica
que,
en
la
segunda
Edad
del
Hierro
,
con
la
gene
-
ralización
de
la
met
alurgia
del
hierr
o
y
el
nacimien
to
de
un
especialis
ta
met
alurgo
como
el
herrer
o
(véase
Vac
cea Anuario
2014
,
8),
habría
quedado
reducida
ex
clu-
sivamente
a
objet
os
de
adorno
como
fí-
bulas,
pulseras,
broches
de
cintur
ón,
et
c.
(véase
Vac
cea Anuario 2013
,
7).
En
ese
sentido
,
unos
supues
tos
orfe
bres-bron-
cistas
sí
podrían
haber
mant
enido
un
volumen
de
trabajo
especializ
ado,
sufi-
cien
temente
amplio,
como
para
dedic
ar-
se
a
tiempo
comple
to
a
est
a
actividad,
máxime
si
conside
ramos
el
fe
nómeno
de
amortización
de
los
objet
os
met
álicos
broncíne
os
en
las
tumbas,
acompañan
-
do
a
los
finados;
y
remar
camos
especí
-
31
9
VACCEA
ANUARIO
orfebrería
ficamente
‘br
oncíneos’
porque
los
que
tuvieron
como
base
los
met
ales
nobles
de
plat
a,
oro
o
la
combinación
de
ambos
—
electro
—
quedar
on
reser
vados
a
los
vivos,
ya
que
solo
los
encon
tramos
en
la
zona
de
hábit
ats.
Con
respect
o
a
lo
señalado
en
el
párra
fo
pre
vio,
con
viene
matiz
ar
dos
cuestiones
concr
etas.
En
primer
lugar
,
que
en
los
momen
tos
más
antiguos
de
la
secuencia
de
un
cemen
terio
como
el
de
Las
Ruedas
de
Pintia
,
sí
obse
rvamos
la
presencia
de
algunas
piez
as
de
bron
-
ce
con
lámina
de
oro
o
electr
o,
como
puedan
ser
det
erminados
tipos
de
fíbu-
las-plac
a
o
arillos
de
vuelta
o
vuelta
y
me-
dia;
se
ent
enderá,
en
cualquier
caso
,
que
hablamos
de
can
tidades
mínimas
de
me-
t
ales
nobles
amortizadas
en
el
regis
tro
funer
ario.
En
segundo
lugar
,
la
menciona-
da
necrópolis
de
Las
Ruedas
ha
rendido
unos
objet
os
variados,
con
feccionados
en
barro
o
cer
ámica,
que
imitan
las
joy
as;
piez
as
como
arrac
adas,
fíbulas
anulares
hispánicas,
cole
teros
o
zar
cillos
para
el
pelo,
tor
ques,
et
c.
Tale
s
piez
as
en
los
dos
casos
en
que
han
sido
recuper
adas
en
un
con
texto
preciso
,
procede
n
de
tumbas
arist
ocráticas
inf
antiles,
probablemen
-
te
de
niñas
(tumbas
127b
y
153),
cuya
muerte
prema
tura
les
habría
privado
de
recibir
o
heredar
las
joy
as
familiar
es,
que
en
su
tumba
quedar
on
simbólicamen
te
repr
esentadas
por
las
r
éplicas.
Ambos
matices
vienen
a
incidir
en
el
apeg
o
por
los
mat
eriales
elaborados
en
oro
y
plat
a,
que
no
circular
on
hacia
el
más
allá,
sino
que
permanecier
on
entr
e
los
viv
os.
¿Desde cuándo?
Establecer
la
"biogra
fía"
de
es-
t
as
joy
as,
en
cualquier
caso
,
no
es
tar
ea
sencilla,
ya
que
el
conocimie
nto
de
las
mismas
se
produce
en
forma
de
at
esora-
mientos,
como
conse
cuencia
de
fe
nóme-
nos
de
ines
tabilidad
política
y
social
que
tienen
que
ver
con
el
proceso
de
conquis
-
ta
romana.
Dicho
de
otra
manera,
los
te
-
soros conocidos en el centro de la Cuenca
del
Duero
muestr
an
una
cronología
muy
tar
día,
ra
tificada
por
los
denarios
que
fre
-
cuentemente
los
acompañan,
asimilada
sobre
todo
a
ocultaciones
duran
te
las
Guerr
as
Sert
orianas,
en
torno
al
primer
cuarto
del
siglo
I
a.C.,
o
post
eriores,
de
las
Guerr
as
Cánt
abras
(29-19
a.C)
en
el
caso
de
los
hallazg
os
en
la
zona
occident
al
as-
tur
.
Deber
emos,
sin
embarg
o,
ser
capaces
de
disociar
el
moment
o
de
fabric
ación
de
tales
objet
os,
del
que
el
regis
tro
arqueo
-
lógico,
o
las
circuns
tancias
hist
óricas,
los
ponen
e
n
e
videncia.
Determinar
cuándo
tuvo
su
arran
-
que
la
orfe
brería
vaccea
es
una
tar
ea
complic
ada,
aunque
no
imposible.
Par
a
ello,
en
el
proceso
de
etnog
énesis
de
la
cultura
vaccea,
habremos
de
poner
at
en-
ción
en
aquellos
element
os
que
con
fi-
guran
a
est
as
élite
s
y
pues
to
que
apenas
disponemos
de
es
tratigrafías
que
nos
muestr
en
la
ev
olución
de
la
sociedad
vaccea
y
su
mat
erialidad,
beberemos
una
ve
z
más
del
regis
tro
funer
ario
de
la
ne-
cr
ópolis
de
Las
Ruedas,
un
regis
tro
con
filtro
ide
ológico
muy
mar
cado.
En
la
consolidación
de
est
as
élite
s
jugó
un
papel
importan
te
la
capacidad
de
ost
entación
de
bienes
de
lujo
ex
clusi-
vos,
que
tienen
expr
esión
tambié
n
en
las
armas,
como
element
os
vinculados
a
la
virtus
guerr
era,
dentr
o
de
una
sociedad
de
étic
a
agonís
tica.
El
modelo
del
puñal
de
tipo
Mont
e
Bernorio
más
genuino
del
mundo
vacceo,
con
hoja,
vaina
y
tahalí
de
hierro,
muestra
una
interesante
evolución
desde
los
ejemplares
más
antiguos
y
simples
de
la
primera
mitad
del
siglo
IV
a.C.,
decorados
con
un
simple
burilado
en
su
anverso
visible,
hasta
los
más
modernos
provistos
de
una
decoración
en
horror vac
cui
,
con
técnic
a
de
damasquinado
o
incrust
ación
de
hilos
de
plat
a,
a
partir
de
finales
del
IV
y
sobre
todo
en
el
III
a.C.
La
trans
formación
de
es-
t
os
objet
os
expr
esa
de
manera
muy
clara
el
éxit
o
y
afianz
amiento
de
un
modelo
territ
orial
de
ocupación
y
explot
ación
económic
a
que
creó
plusv
alías
en
fa
vor
de
unos
pocos,
que
pudier
on
re
forzar,
de
est
a
manera,
su
papel
social
y
políti-
c
o.
Dicho
de
otra
forma,
en
apenas
tres
o
cuatr
o
gene
raciones
desde
el
inicio
del
‘mode
lo
vacceo’
—
hablamos
del
siglo
III
a.C.
—
,
ciertos
mat
eriales
sugieren
la
con
-
solidación
de
aquellas
élite
s
emer
gentes
y
la
presencia
de
artesanos
orfe
bres
a
su
servicio.
De
est
a
forma
¿cabría
pensar
que
de
igual
manera
que
se
cre
aron
ve
rdaderas
joy
as
en
la
panoplia
militar
,
se
estuvier
an
fabric
ando
paralelamen
te
otros
objet
os
como
fíbulas,
pendient
es,
tor
ques,
braz
aletes,
anillos,
et
c.
en
plat
a
y
oro
—
ausent
es
en
el
regis
tro
funer
a-
rio
—
,
para
enalt
ecer
aún
más
la
figura
de
est
os
seniores
vacceos?
Nosotr
os
pensa-
mos
que
sí
y
para
ello
nos
basamos
en
un
caso
muy
concr
eto
y
no
único
,
ex
tensible
a
otros
tipos.
Nos
re
ferimos
a
las
fíbulas
anulares
hispánicas
(FAH
en
adelan
te)
de
oro
de
San
Martín
de
Torr
es
(León)
o
Arrabalde
-1
(Zamor
a)
o,
más
recien
te-
mente,
tambié
n
del
tesor
o
vacceo
de
Pa
-
lencia-1,
e
incluso
del
de
Cere
zo
del
Río
Tirón,
de
rein
terpretar
los
anillos
(Casti
-
llo,
1996:
235,
nota
5)
o
pendient
es
(Ruiz
y
Castillo
,
2004:
270,
fig.
9)
como
guarni-
cione
s
de
las
anillas
del
soporte
anular
de
est
as
fíbulas.
En
1992
el
estudio
de
una
serie
de
anillos
perf
orados
y
lo
que
ent
endía-
mos
podían
ser
sus
puen
tes
de
fíbulas
compleme
ntarios,
con
una
zona
en
la
cabece
ra
de
est
os
reducida
en
su
sección
para
poder
ser
embutida
en
el
orificio
del
aro
y
remachada
a
él,
nos
llev
ó
a
uno
de
nosotros
a
propone
r
un
nuev
o
modelo
de
FAH
que
definimos,
huyendo
de
incor-
por
ar
nuev
os
guarismo
en
la
clasificación
de
Cuadrado
(1959;
1960),
sencillament
e
como
FAH
con cabecera de puente rema-
chada
(Sanz,
1992).
Teníamos
tes
timonio
de
tales
fíbulas
a
tra
vés
tan
solo
de
ejem-
plar
es
fragmen
tarios
de
dos
cement
erios,
el
vacceo
de
Las
Ruedas
de
Pintia
y
el
tur-
mogo
de
Villamorón,
además
de
una
pie-
za
comple
ta
de
la
tumba
31
de
la
necró
-
polis
autrigona
de
Mira
veche.
Su
forma
de
elaboración
re
sultaba
sorprende
nte
y,
sin
duda,
de
gran
arc
aísmo
tan
to
desde
un
punt
o
de
vist
a
cons
tructivo,
como
por
el
con
texto
de
los
hallazg
os,
en
particular
el
asociado
al
conjun
to
cerr
ado
de
la
tum-
ba
bur
ebana,
da
table
en
e
l
siglo
IV
a.
C.
Previamente
Martín
Mont
es
(1984a;
1984b)
rec
ogía
en
su
trabajo
mo-
nogr
áfico
sobre
la
FAH
en
la
Mese
ta
Pe-
ninsular
,
los
hallazg
os
áureos
de
las
dos
fíbulas
del
tesor
o
de
Arrabalde
y
la
de
San
Martín
de
Torr
es,
señalando
para
es
ta
úl-
tima
su
natur
aleza
broncíne
a
y
forr
ado
en
met
al
noble,
clasificándolas
den
tro
del
tipo-8/variant
e-a,
‘na
vecilla
sin
decor
ar
y
maciza’
,
otor
gándola
una
cronología
del
siglo
II
a.C.
Nada
en
aquel
moment
o
nos
permitía
sospechar
en
est
os
tres
singu-
lar
es
ejemplares
áure
os
que
est
ábamos
ant
e sendas
FAH de cabecera de puente
remachada
,
pero
la
publicación
más
re
-
ciente
sobre
el
último
de
los
hallazg
os
(Delibe
s,
2002)
arrojaba
la
luz
necesaria,
desv
elando,
además
de
su
natur
aleza
ar-
gén
tea,
la
estructur
a
int
erna
bajo
el
cha-
pado
embe
llecedor.
Tal
circuns
tancia
nos
movió
—
tras
el
descubrimient
o
de
un
ejemplar
de
FAH
en
barro
,
imitando
est
as
piez
as
suntuarias,
en
la
tumba
153
de
la
necrópolis
de
Las
Ruedas
(Sanz
y
Romer
o,
2009)
—
a
plant
ear
el
vínculo
direct
o
de
est
e
modelo
broncíne
o
con
el
áureo
y
la
dependencia
de
los
ejemplares
astures
con
respe
cto
del
área
ce
ntral
de
l
Duero.
Más
recien
temente,
en
la
campa
-
ña
de
ex
cavaciones
de
2011
en
Las
Rue-
das de
Pin
tia
,
hemos
podido
recuper
ar,
dentr
o
de
una
peculiar
tumba
de
natur
a-
32
9
VACCEA
ANUARIO
orfebrería
Provincia de Burgos
Roa
de
Duero:
descubierto
en
1947,
cons
tituido
por
167
denarios
indígenas
(repartidos
y
dispersados
in-
mediat
amente)
y
cinco
objet
os
de
oro:
3
arrac
adas
y
2
cadenit
as.
Cere
zo
del
Río
Tirón:
cons
tituido
por:
4
arrac
adas
con
lúnula
y
racimos,
formand
o
dos
parejas,
en
oro;
2
‘pendient
es’
cilíndricos
de
oro
y,
en
plat
a,
1
fíbula
simé-
tric
a
y
1
fr
agmento
de
cierr
e
vuelt
o
de
t
orques
funicular
.
Monast
erio
de
Rodilla:
int
egrado
por
3
tor
ques
funiculares
de
plat
a.
Ingresan
en
1985
en
el
Museo
de
Burg
os,
tras
su
adquisición
por
el
Minist
erio
de
Cultura.
El
vendedor
manifes
tó
su
origen
del
ent
orno
de
est
e
munici-
pio,
por
lo
que
muy
probableme
nte
procedan
del
Alto
de
Rodilla,
c
on
secuencia
autrig
ona-romana.
Provincia de León
San
Martín
de
Torr
es:
en
1916,
en
el
desarrollo
de
trabajos
de
labranz
a,
se
localiz
a
en
el
pago
de
“Las
Motas”
est
e
tesorillo
con
stituido
por
tres
piez
as:
una
fíbula
anular
hispánica
de
plat
a
chapada
en
oro
y
dos
adornos
espirali-
f
ormes
o
z
arcillos
de
or
o
par
a
el
pelo.
Pr
ovincia de Palencia
Palencia
1:
descubierto
en
1911
al
ejecutar
las
obras
del
Puent
e
de
Hierro
sobre
el
río
Carrión.
Adquirido
por
Francisc
o
Simón
y
Niet
o,
quien
mantuv
o
en
su
colec
-
ción
particular
un
tor
ques
que,
post
eriormente,
pasaría
a
la
Colección
Gómez-Mor
eno,
vendiendo
el
res
to
a
los
an-
ticuarios
parisinos
Feuar
dent,
a
quienes
el
fundador
de
la
Hispanic
Society
of
America
de
Nuev
a
York,
Archer
Hun-
tingt
on,
los
compr
a
en
1912.
Int
egrado
por
22
joy
as:
7
tor-
ques,
3
pulseras,
4
braz
aletes
espiralif
ormes,
4
arrac
adas,
2
ceñidor
es
de
pelo,
2
fíbulas
(simé
trica,
anular
y
La
Tène),
1
v
asija
y
2
bagues en or
.
Palencia
2:
hallado
en
el
cerro
de
La
Miranda,
exis-
t
en
dudas
sobre
que
est
e
sea
en
realidad
parte
del
de
Las
Filipenses.
Apareció
al
labrar
en
el
pago
de
Valdeper
o
(Fuent
es
de
Valdeper
o)
en
1947.
El
conjun
to
se
dividió,
llegando
una
parte
a
la
Colección
de
Calzadilla
de
Badajoz
y
otra
finalmen
te
al
Museo
Arqu
eológico
Nacional
de
Ma-
drid.
Compues
to
por
11
tor
ques,
7
pulseras,
3
braz
aletes
espiralif
ormes
y
12
denarios
de
pla
ta
(?).
P
alencia
3:
hallado
en
1956
al
hacer
obras
en
el
co
-
legio
de
las
Filipenses,
en
la
call
e
Sant
o
Domingo
de
Guz-
mán,
a
tres
metr
os
de
profundid
ad;
dividido
en
dos
partes,
fueron
a
parar
a
manos
de
particulares.
Una
fíbula
simé-
tric
a
y
una
arrac
ada
lisa
de
oro
llegan
al
Museo
Arqueo
-
lógico
de
Madrid,
el
res
to
se
conser
vó
entr
e
las
religiosas
Filipenses
y
el
arquit
ecto
de
la
obra
L.
Carlón:
9
tor
ques,
fragmen
tos
de
3
braz
aletes
espiralif
ormes,
5
pulseras
y
1
fíbula
simétric
a,
2
arrac
adas,
1
cadene
ta
y
45
denarios
(
śe
-
kobiŕikes
,
tuŕiasu
,
aŕekoŕat
as
y
arsaos
),
en
tot
al
21
joy
as
(1700
g
de
plat
a
y
16
g
de
oro).
Señalan
Pér
ez
y
Delibes
(2012)
que
con
esa
plat
a
podrían
acuñarse
4500
denarios
(la
paga
de
un
soldado
romano
en
tiempos
de
César
era
de
225
denarios
al
año,
por
lo
que
esa
can
tidad
de
plat
a
equivaldría
al
salario
de
20
años
del
r
eferido
soldado).
Pr
ovincia de Vallaolid
Pintia-1:
descubiert
o
en
1968,
en
labores
agríco
-
las,
en
la
ciudad
de
“Las
Quint
anas”
(Padilla
de
Duero).
Constituido
por
cent
enar
y
medio
de
denarios
y
12
joy
as:
2
tor
ques,
3
braz
aletes,
1
anillo,
3
arrac
adas
y
1
cadene
ta,
todas
de
plat
a,
salvo
la
última
de
oro
y
los
pendient
es
de
oro
bajo
o
plat
a
dorada;
además,
1
fíbula
de
la
que
solo
res
ta
el
resort
e
y
dos
fragmen
tos
tubulares
e
incurv
ados
de
1
tor
ques
de
plat
a.
Dos
ter
cios
de
las
monedas
y
las
jo-
yas
fueron
adquiridas
por
un
anticuario
,
pasando
en
1980
las
joy
as
al
Museo
de
Valladolid
y
dispersándose
esa
parte
del
numerario.
El
ter
cio
de
los
denarios
res
tante,
en
pro
-
piedad
del
descubridor,
pasó
al
Museo
Pro
vincial
en
1988;
de
est
a
parte
las
cecas
repr
esentadas
son:
aŕekoŕat
as
(4),
arsaos
(3),
belikio
(1),
śek
obiŕikes
(31)
y
tuŕiasu
(17).
Pin
tia-2:
en
1984
un
grupo
de
furtivos,
ayudados
de
un
det
ector
de
met
ales,
descubrió
est
e
tesorillo
,
igual-
ment
e
en
“Las
Quint
anas”.
Tr
as
una
serie
de
vicisitudes
judiciales,
el
tesor
o
finalment
e
pasó
a
depositar
se
en
el
Museo
de
Vallad
olid
un
año
después
de
su
descubrimien-
to.
Est
á
int
egrado
por
18
joy
as:
1
fíbula
simétric
a
de
pla-
ta,
3
anillos
de
chat
ón
y
1
cilíndric
o,
10
arrac
adas
de
oro
formando
parejas
(dos
parejas
de
lúnula
simple,
otras
dos
PRINCIPALES TESOROS PRERROMANOS MESETEÑOS
Roa
(fotografía
Museo
de
Burgos).
Palencia-3
(fotografía
Museo
de
Palencia).
Pintia-1,
2
y
3
(fotografía
CEVFW-Universidad
de
Valladolid).
33
9
VACCEA
ANUARIO
orfebrería
de
apéndices
campanular
es
y
una
más
de
racimos)
y
tres
braz
aletes
espiralif
ormes
de
plat
a
(dos
incomple
tos,
el
ter-
cer
o
a
partir
de
un
fragmen
to
minúsculo).
Los
17
denarios
que
acompañaban
son
de
las
cec
as:
aŕekoŕat
as
(2),
arsaos
(3),
śek
obiŕikes
(4)
y
tuŕiasu
(8).
Pin
tia-3:
descubierto
en
1985,
en
la
realiz
ación
de
una
zanja
de
canaliz
ación
en
“Las
Quint
anas”
y
recuper
ado
por
vía
judicial,
ingresó
en
el
Museo
de
Valladolid
en
1988.
Const
aba
de
4
tor
ques
(3
funiculares
y
1
de
junco
único),
de
los
que
solo
se
pudieron
rec
uperar
tres,
y
2
braz
aletes
espiralif
ormes
fr
agmentarios.
Pintia-4:
las
2
arrac
adas,
más
1
denario
ibérico
(
baścunes-benk
ota
),
fueron
halladas
en
el
sector
G1
de
ex
cavación
de
la
ciudad
de
Las
Quint
anas,
por
tan
to,
en
est
e
caso
y
ex
cepcionalmente,
vinculadas
a
actividad
ar-
queológica.
En
2003
apareció
el
pendient
e
de
may
or
ta
-
maño,
junt
o
con
el
denario,
un
año
después,
se
localiz
ó
la
arrac
ada
menor.
Corresponden
a
una
remoción
de
época,
consecutiv
a
a
la
destrucción
por
incendio
de
la
vivienda
de
época
sertoriana
donde
fueron
escondidas,
en
un
int
ento,
bast
ante
exit
oso
para
nuestr
a
desgracia,
de
recuper
ar
el
tesorillo
ocult
o.
Provincia de Zamora
Arrabalde
1:
mat
eriales
obt
enidos
de
manera
clan-
destina,
entr
egados
en
1980
al
Museo
de
Zamor
a.
Consti
-
tuido
por
48
alhajas
comple
tas
(30
de
plat
a
y
el
res
to
de
oro
o
chapado
de
oro;
5.010
g
y
677
g,
respectiv
amente),
element
os
de
adorno
personal
a
ex
cepción
de
un
vaso
de
chardón
y
su
simpulum
.
Tipos
re
presentados:
16
tor
ques,
con
pesos
entr
e
238
y
552
g
(14
de
plat
a
y
2
de
oro
muy
pálido,
tal
ve
z
electr
o.
La
may
oría
(13)
de
tipo
"funicular"
y
de
entr
e
est
os
los
más
abundan
tes
(10)
los
gruesos
de
múltiples
varillas
e
hilos
tor
sionados
rema
tados
en
peri-
llas;
de
varillas
simples
sin
cor
doncillo,
con
cierre
sencillo
de
anillas
o
simples
ganchos
se
cuent
an
otros
3,
dos
de
ellos
con
nudo
hercúleo
centr
al.
Además,
uno
de
cadene
ta
o
malla,
de
aspecto
muy
ibérico
,
y
dos
de
varilla
simple
rema
tado
uno
en
bolas,
el
otro
de
ex
tremos
vueltos
con
tres
moldur
as
de
distribución
equidist
ante
en
su
tra
yecto;
6
pulseras
de
junco
cilíndrico
macizo
,
abiertas,
de
vuelta
o
vuelta
y
media,
rema
tadas
(4)
en
cabe
zas
de
ofidios
es-
quemá
ticas
y
de
ex
tremos
vueltos
y
tor
sionados
en
las
de
sección
más
fina
(2);
4
braz
aletes
espiralif
ormes
de
cint
a,
de
metr
o
y
medio
de
longitud,
enrollados
formando
entr
e
8
y
10
vueltas,
las
centr
ales
lisas
y
las
ex
tremas
con
decor
a-
ción
geomé
trica;
4
arrac
adas
de
oro
,
de
cuerpo
fusiforme
y
cierre
de
pinza
(30
g),
con
vist
osos
apéndices
(bellotas
y
racimos
de
uvas);
también
en
oro
,
4
adornos
de
pelo
re-
ma
tados
en
cabe
zas
de
caballos;
6
anillos;
1
colg
ante-bulla
áureo
de
cabe
za
de
bóvido;
finalment
e
5
fíbulas,
4
de
oro
y
otra
de
plat
a,
de
las
cuales
2
Anulares
Hispánicas
y
1
fíbula
de
placa
con
ornitomorf
os
son
de
plat
a,
aunque
forr
adas
de
oro
,
1
fíbula
áurea
simétric
a
con
rema
tes
abellotados
en
cabecer
a
y
pie,
y
1
fíbula
de
plat
a
de
La
Tène.
Par
ece
que
también
exis
tía
un
lote
numismátic
o,
del
que
se
han
publicado
una
vein
tena
de
denarios
(2
arsaos
,
5
bolśkan
,
3
śekobiŕik
es
,
6
tuŕiasu
y
4
republic
anos
romanos,
uno
de
los
cuales
del
triunvir
o
Marc
o
Ant
onio
emitido
hacia
el
32-31
a.C
pr
oporciona
la
f
echa
pos
t quem
).
Arrabalde
2:
19
objet
os
en
tot
al,
peso
superior
a
los
2000
g
(de
los
que
hast
a
850
g
son
de
oro
,
aunque
de
ley
baja
por
su
palidez).
De
ellos
se
cree
que
10
est
aban
en
uso
y
el
res
to
era
mat
erial
para
re
fundir.
Tor
ques:
tres
de
oro
y
uno
de
plat
a,
de
las
varian
tes
de
sogueados
re-
ma
tados
en
bellotas
(2,
de
ellos
uno
de
plat
a
de
720
g),
de
cadene
ta
(1)
y
de
varilla
simple
(1);
fíbulas
simétric
as
de
plat
a
con
re
vestimiento
de
plac
a
áurea
sobre
el
puent
e
(3),
braz
alete
espiralif
orme
de
plat
a
(1),
sortija
de
plat
a
(1)
y
arrac
ada
cuyo
ex
tremo
triangular
remeda
una
cabe
za
de
bóvido
(1).
Como
nov
edad
un
bello
broche
de
cintur
ón
de
chapa
de
oro
con
repr
esentación
de
zoomorf
o
en
perspec
-
tiva
cenit
al.
Ramallas
o
Rabanales:
hallado
supuest
amente
den-
tr
o
de
una
cerámic
a
con
una
tapa
de
piedra
sellada,
en
el
lugar
de
Ramallas,
pró
ximo
a
Arciller
a
cerc
a
de
Alcañices.
Sacadas
de
España
y
vendidas
en
1934
al
British
Museum.
Esparza
piensa
más
bien
proceda
del
cas
tro
de
San
Juan
de
Rabanales.
Las
joy
as:
3
pulseras,
dos
de
ellas
de
ex
tremos
vueltos,
rema
tadas
en
cabe
zas
de
ofidios
y
un
fragmen
to
de
una
cuarta
indet
erminada.
Con
27
denarios
romanos,
el
más
recien
te
del
legado
august
eo
Publio
Carisio,
acuñado
entr
e
el
25-23
a.
C.
Pintia-1, 2 y 3
(fotografía CEVFW-Universidad de Valladolid).
Pintia-2
(fotografía
CEVFW-Universidad
de
Valladolid).
Arrabalde-2
(fotografía
Junta
de
Castilla
y
León).
Arrabalde-1
(detalle)
(fotografía
Museo
de
Zamora).
34
9
VACCEA
ANUARIO
leza
triple,
la
247,
un
ejemplar
perfect
a-
mente
con
textualizado
que
por
sus
aso-
ciaciones
mat
eriales
nos
vuelv
e
a
remitir
al
siglo
IV
a.C.
(Sanz,
2012:
8).
Además,
nuev
os
hallazg
os
en
posición
secundaria
de
es
te
tipo
de
imperdible
nos
permiten
señalar
nada
menos
que
una
decena
de
piez
as
r
ecuperadas
e
n
Pin
tia
.
Y
llegados
a
este
punto,
¿podemos
asumir,
sin
más,
que
un
sistema
de
construcción
extraño,
único
en
toda
la
producción
de
las
FAH
y
característico
de los inicios del s.
IV
a.C.,
haya
podido
reinventarse,
sin
relación
alguna
con
aquel
prototipo,
en
el
siglo
I
a.C. o incluso el
cambio
de
la
Era,
de
ceñirnos
al
momento
de
ocultación
propuesto
para
estos
tesoros
astures?
Dicho
de
otra
forma:
vemos
FAH
broncíneas
del
siglo
IV
a.C.
y
FAH
con
fo
rro
de
metal
noble
ocultadas
en
el
siglo
I
a.C.,
en
ambos
casos
compartiendo
una
morfología
—
puente
liso
amorcillado,
anillo
engrosado
en
zonas
transversales
al
puente,
estética
de
enrollamiento
de
alambres
sobre
aquel
—
pero
sobre
todo
un
modelo
de
construcción
por
remachado
excepcional.
¿Desde
dónde
explicamos
la
implantación
de
estas
FAH?
Para
responder
conviene
recordar
que
la
extensa
presencia
de
la
FAH
por
toda
la
península
Ibérica
no
alcanza,
sin
embargo,
el
NO
peninsular,
siendo
el
área
astur
una
zona
de
rarificación
del
producto.
Pero
sobre
todo
¿es
posible
la
aparición
y
desaparición,
como
Ojos
de
Guadiana,
de
un
sistema
técnico
de
montaje
tan
peculiar
y
extraño?
Y
todavía
más:
¿para
qué
gastar
plata
en
la
elaboración
de
esas
FAH
suntuarias
si
el
metal
argénteo
—
a
excepción
de
la
cimera
del
puente
—
iba
a
quedar
oculto
por
el
chapado
de
oro?
¿no
sería
más
lógico
hacer
el
‘alma’
no
visible
de
bronce
o
cobre,
un
material
mucho
más
barato
y
asequible?.
¿Adónde
pre
tendemos
lleg
ar
con
tan
tas
pregun
tas?
A
dos
cuestione
s
prin-
cipales.
De
un
lado,
la
filiación
direct
a
de
est
e
morfotipo
con
el
territ
orio
vacceo
y
autrigón/turmog
o,
insosla
yable
para
ent
ender
la
presencia
de
est
as
FAH
de
Arrabalde
,
San
Martín
de
Torr
es,
et
c.,
máxime
ahora
que
encuen
tran
repr
esen-
tación
no
solo
en
bronce
sino
tambié
n
en
oro
(tesor
o
Palencia-1).
De
otro
lado,
el
hecho
de
que
es
tas
FAH,
chapadas
en
oro
,
podrían
ser
modelos
antiguos,
pasa-
dos
de
gene
ración
en
gene
ración
y
que
muestr
an
dos
tiempos
de
cons
trucción:
uno
primero
ent
eramente
realiz
ado
en
bronce
o
plat
a,
con
temporáneo
o
liger
a-
mente
post
erior
de
ejemplares
como
el
de
la
tumba
31
de
Mira
veche
—
y
que
concep
tualmente
se
corr
espondería
con
los
puñales
Mont
e
Bernorio
sencilla-
men
te
burilados,
sin
damasquinados
—
;
un
segundo
tiempo
que
consis
tiría
en
el
tuneado
de
la
piez
a,
det
erminado
por
el
embellecimien
to
que
est
e
tipo
de
obje-
tos
suntuarios
experimen
ta
mediant
e
el
forr
ado
en
chapa,
hilo
y
gránulo
de
oro
de
toda
su
superficie.
En
suma,
est
aríamos
hablando
de
algo
similar
a
lo
que
ocurre
,
por
tan
to,
con
los
puñales
Mont
e
Berno-
rio
señalados,
o
con
el
famoso
puñal
de
ant
enas
del
príncipe
hallst
áttico
de
Eber-
ding
en-Hochdorf
(Würt
enberg
alemán),
que
muestr
a
ex
actamente
dos
tiempos
decor
ativos,
uno
sencillo
y
burilado,
otro
post
erior
de
forr
o
áureo
que
oculta
la
decor
ación
y
estructur
a
primigenias.
Plant
eamos,
por
tan
to,
una
vida
de
cierta
tra
yectoria
para
unas
joy
as
que
necesa-
riame
nte
habrían
pasado
de
gene
ración
en
gene
ración,
probablemen
te
incluso
como
ve
rdaderas
reliquias.
En
est
e
senti
-
do
no
olvidemos,
de
un
lado,
el
valor
del
tor
ques
o
viria,
símbolo
de
est
atus
y
de
la
personalidad
guerr
era
(Marc
o,
2002:
69),
y
de
otro
,
compartie
ndo
dichos
valor
es
y
siguiendo
con
el
ejemplo
de
los
puñales,
la
cons
tatación
de
la
perviv
encia
de
una
vaina
damasquinada
de
puñal
Mont
e
Bernorio
duran
te
cuatr
ocientos
años
en
Pintia
(Sanz,
2008).
N
o
olvidemos,
finalment
e,
la
apa-
rición
en
la
necrópolis
de
Las
Ruedas
de
réplic
as
de
barro
de
joy
as
vacceas
que,
según
hemos
argume
ntado,
ve
ndría
a
apoy
ar
ese
car
ácter
heredit
ario
para
las
joy
as,
res
tringidas
al
mundo
de
los
vivos
y
recibidas
por
las
malogradas
niñas
de
manera
simbólic
a
en
c
opias
de
barr
o.
En
resumen,
que
el
regis
tro
ar-
queológic
o
nos
remit
a
a
un
moment
o
de
crisis
muy
tar
dío
en
la
hist
oria
de
los
vacceos,
no
debe
ser
int
erpretado
como
que
est
as
joy
as
no
exis
tieran
con
car
ác-
ter
pre
vio.
Est
e
es
un
error
larg
amente
arras
trado
en
otro
tipo
de
estudios
como
los
cer
ámicos,
que
llev
ó
a
cons
treñir
el
mundo
vacceo
a
cronologías
vinculadas
a
la
presencia
romana,
es
decir,
siglos
II-I
a.C.
y
a
asociarlo
a
un
proceso
homoge
-
neizador
desde
la
Celtiberia
que
hoy
es
difícil
sost
ener,
por
no
decir
que
result
a
sencillament
e
insos
tenible.
¿Orfebrería vaccea?
Sin
duda,
bien
ent
endida.
En
tan
to
en
cuant
o
los
vacceos
no
cons
titu-
yeron
ninguna
nación
o
est
ado;
en
tan
to
en
cuant
o
los
supues
tos
límites
territ
oria-
les
étnic
os
no
suponen
fron
teras
reales,
est
ables
ni
impermeables
y
menos
cuan-
do
,
además,
entr
e
unas
y
otras
ciudades
de
territ
orios
étnicos
distin
tos
media
una
o
dos
jornadas
de
camino
expedit
o;
en
tan
to
en
cuant
o
la
práctic
a
ex
ogámica
entr
e
las
elite
s
de
dife
rentes
territ
orios
modelar
on
las
relacione
s
políticas,
eco
-
nómicas
y
sociales;
en
tan
to
en
cuant
o
los
patr
ones
de
conduct
a
de
las
elit
es
no
difier
en
grandemen
te
de
un
territ
orio
a
otro;
en
tan
to
en
cuant
o,
en
fin,
est
amos
lejos
de
tene
r
cualquier
tipo
de
inf
orma-
ción
est
adísticamente
significa
tiva
para
poder
cons
truir
un
conocimie
nto
ve
ro-
símil
en
relación
al
mundo
prerr
omano
en
gene
ral
y
vacceo
en
particular,
y…
no
digamos
c
on
r
especto
a
su
orf
ebrería.
Pero
ciertamen
te
si
de
"orfebr
ería
celtibéric
a"
debiéramos
seguir
hablando,
llama
poderosame
nte
la
at
ención
la
casi
tot
al
ausencia
de
joy
as
en
el
valle
medio
del
Ebro
y
alto
Duero
,
circuns
tancia
que
con
trasta,
como
hemos
vist
o,
con
la
si-
orfebrería
Fíbulas
Anulares
Hispánic
as
(FAH):
1.
Mira
veche,
tumba
31,
bronce.
2
y
3.
Villamorón,
bronce.
4.
San
Martín
de
Torr
es,
plat
a
y
oro.
5.
Pintia,
tumba
153
de
Las
Ruedas,
cerámic
a.
(1,
2
y
3.
Sanz,
1992;
4.
Delibes,
2002;
5.
Sanz
y
R
omero,
2010
).
35
9
VACCEA
ANUARIO
tuación
en
la
zona
limítrof
e
vaccea,
con
alguna
ex
tensión
hacia
el
territ
orio
astur
,
donde
los
hallazg
os
de
est
a
natur
aleza
result
an
rela
tivamente
frecuen
tes
y
va
-
riados.
La
negación
de
esa
joy
ería
preci
-
samente
al
orien
te
de
Rauda
,
última
de
las
ciudades
vacceas
aguas
arriba
del
río
Duero
,
ha
sido
int
erpretada
como
el
re
-
sultado
de
la
incidencia
de
los
tributos
y
botines
obt
enidos
por
los
romanos
que
habrían
dejado
,
en
opinión
de
autor
es
como
Fa
tás
o
Salinas,
liter
almente
ex-
haus
to
el
territ
orio.
En
cualquier
caso
,
tal
y
como
ha
señalado
Lorrio
(1996:
203),
tras
las
Guerr
as
Celtibéric
as
la
disponibi-
lidad
de
plat
a
quedar
á
at
estiguada
en
los
numerosos
at
esoramientos
numismáti
-
cos
que
prolif
eran
por
la
región,
de
cro
-
nología
sertoriana
e
incluso
algo
pre
via,
ofre
ciendo
un
con
traste
llamativ
o
a
aquel
aserto.
El
adjetiv
o
"celtibérico"
aplicado
al
mundo
vacceo
pudo
tene
r
su
sentido
y
utilidad
hace
dos
o
tres
décadas;
hoy
,
sin
embar
go,
crea
más
problemas
de
los
que
pre
tende
resolv
er.
Desde
un
estudio
int
egral,
la
joy
ería,
aunque
de
un
atr
ac-
tivo
muy
especial,
pasa
por
ser
un
ítem
más
de
los
muchos
analizados
(arma-
men
to,
alfar
ería,
patr
ón
de
poblamient
o,
estructur
a
social,
et
c.),
que
con
tribuye
tambié
n
a
la
cons
trucción
de
la
iden
tidad
vaccea
ent
endida
en
un
sentido
no
res
-
trictivo,
cerr
ado,
ni
onf
álico,
si
se
pre
fiere
en
perspectiv
a
de
"cultura
arqueológic
a".
Los
vacceos
no
fuer
on
el
cen
tro
de
Iberia,
pero
sí
de
la
Cuenc
a
del
Duero
,
un
espa-
cio
de
gran
singularidad
al
que
est
as
co
-
munidades
de
la
Edad
del
Hierro
se
adap-
t
aron
como
ninguna
otra
lo
había
hecho
hast
a
ent
onces.
Paisaje
y
paisanaje
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definier
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car
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ser
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tar,
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