www.pintiavaccea.es5 € PINTIA CAMPAÑA XXIV VERTAVILLO AUTRIGONES V ACCEARTE BRONCES DE ADORNO PERSONAL
producciones vacceas S Vaccea Anu A rio 7 34 Objetos broncíneos y vítreos de adorno personal sobre una mujer vaccea. Dibujo: Luis Pascual Repiso-CEVFW.
35 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal U na de las características más destacables de la se-gunda mitad del Primer Milenio a.C., periodo que viene a coin-cidir grosso modo con la segunda Edad del Hierro, la encontramos precisamen-te en el uso generalizado del hierro, destinado principalmente a la fabrica-ción de armas e instrumentos utilitarios o productivos. Tal situación determina que el bronce, utilizado de forma mayo-ritaria en la etapa anterior, limite aho-ra su protagonismo a la producción de objetos vinculados a la vestimenta y al adorno personal. La ropa y el ornato en toda socie-dad trascienden los aspectos meramen-te funcionales de cubrir y embellecer la imagen del sujeto, y adquieren también un contenido simbólico, que revela la posición social, la capacidad económica, el estado civil, el sexo o la edad del indi-viduo, sin olvidar su posible significado mágico-religioso, e igualmente etnográ-fico relacionado con la pertenencia de un determinado grupo social. Todo ello explica el valor como documento histórico de estos objetos elaborados en bronce y motiva, a su vez, la necesidad de referirnos brevemente a la indumentaria, habida cuenta de la estrecha relación que guardan algunos de los complementos metálicos con la ropa. Así, aunque prácticamente care-cemos de elementos textiles conserva-dos que nos sirvan de referencia, cier-tas representaciones iconográficas del mundo ibérico y muy particularmente del celtibérico ―con las excepcionales cerámicas numantinas―, nos permiten sospechar que el traje masculino cons-taría de una túnica corta, con mangas o sin ellas, ceñida por un cinturón o por correas de cuero cruzadas sobre el pe-cho y la espalda; confeccionada de lana o de lino y de color generalmente claro, estaría lisa o adornada con estampa-dos, cenefas o grecas, así como con apli-ques de bronce o cuero cosidos a su su-perficie. También vestirían pantalón de tela o cuero y como calzado emplearían botas de piel o sandalias, posiblemen-te de esparto, anudadas a los tobillos. Por otra parte, las escasas referencias al vestido femenino sólo nos permiten confirmar el uso de una túnica larga con mangas, ajustada al talle por un cintu-rón, y del velo. Este vestuario se completa con una prenda común entre toda la pobla-ción, adoptada más tarde por las legiones romanas para soportar los rigores invernales: el sagum. Se trata de un manto rectan-gular de color ocre, tejido con lana, que conserva la lanolina ―sustancia grasa que le proporciona cierta impermeabi-lidad― y diseñado para cubrir todo el cuerpo, incluso la cabeza cuando tiene capucha; para sujetarlo se precisa del empleo de una fíbula, colocada sobre el hombro o a la altura del pecho en función de que se opte por llevarlo ce-rrado o abierto por delante.Si las dificultades para reconstruir la vestimenta resultan prácticamente insalvables desde el conocimiento ar-queológico, los elementos metálicos asociados a la indumentaria están mejor documentados y, aunque no fueron es-táticos ya que variaron a lo largo de los siglos, nos permiten recrear el aspecto de las gentes vacceas. Veamos algunos de los más habituales, hallados sobre todo en el registro funerario. Coleteros: aros cerrados o abiertos de vuelta y media El modo en el que se peina el ca-bello femenino en época prerromana, que en esencia no ha cambiado en el Pendientes de creciente lunar, anillas estriadas y zarcillos-prendedores para el pelo.Urna cineraria de la tumba 31 de la necrópolis de Las Ruedas, con broche de tipo Bureba entre los restos óseos humanos.
36 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal tiempo, varía desde el corto y liso hasta los complicados recogidos adornados con postizos, tocados, pasamanería, etc. Entre todos estos complementos descubrimos, en bronce, el empleo de zarcillos para el pelo, encargados de recogerlo en mechones y mantenerlo sujeto, dejándolo colgar libremente o entrelazado, o también cerrando largas coletas trenzadas, al modo de las ‘dami-tas’ del cipo funerario de Mogente en Valencia. Estos prendedores, de los que encontramos paralelos fabricados en metales preciosos, consisten en unos aros de vuelta y media (entre 14 y 35 mm de diámetro), de sección circular o plano-convexa, aunque también los en-contramos cerrados y con la superficie segmentada. Aparecen en tumbas pin-tianas infantiles como la 127b y la 153, correspondientes a niñas, lo que podría estar indicando, al menos en estos ca-sos, el uso de coletas características de estas edades. a rracadas o pendientes de oreja Las arracadas, con forma de cre-ciente lunar, habitualmente con rema-tes triangulares diversos, ofrecen una marcada personalidad en la orfebrería vaccea, realizándose en oro; sin embar-go sus equivalentes en bronce son poco habituales en los ajuares de las tumbas y presentan la forma más simple sin re-mate. Su uso sería indistinto, por parte de hombres y mujeres. Collares y gargantillas Cuentas de collarLos abalorios de los collares com-binan cuentas broncíneas, con otras de plata y de pasta vítrea. Entre las prime-ras cabe identificar tres tipos fundamen-tales: anulares, muy planas y de peque-ño tamaño (8-10 mm de diámetro y 1,5-2 mm de grosor), bitroncocónicas, muy pesadas (16 mm de diámetro y 6-7 mm de grosor) y las de tonelete hue-co, creadas a partir de una fina lámina. Conforme a los datos obtenidos en la necrópolis de Las Ruedas, parecen estar vinculadas a individuos infantiles, aun-que cabe la posibilidad de que en algún caso puedan relacionarse con tumbas de mujeres.Colgantes y amuletosUn colgante es un objeto que cumple una función ornamental o sim-bólica, pero también puede estar re-vestido de unas propiedades protecto-ras para la persona que lo lleva (efecto apotropaico), en cuyo caso lo denomi-namos amuleto. El desconocimiento de las claves para desentrañar la simbolo-gía de las creencias de los vacceos nos impide conocer su verdadero propósito en la mayoría de las ocasiones, aunque podemos establecer, como regla ge-neral, que las virtudes del amuleto se concentran en un único elemento, no precisando su repetición. En todo caso, se caracterizan por poseer un pequeño orificio transversal por donde quedan suspendidos, exhibiendo una amplia variedad tipológica determinada por la figura que dibujan, ya sea bicónica, amorcillada, aguja, creciente lunar, pla-ca triangular con calados (‘tipo fantas-ma’) o de rueda. En la tumba infantil 127b de Las Ruedas se recogieron va-rios de estos objetos que, en unión de otros de pasta vítrea, parece pudieron configurar una gargantilla. Fíbulas La fíbula, que aparece a finales de la Edad del Bronce como resultado de la evolución de una aguja a la que se añade un sistema de cierre, es uno de los complementos imprescindibles en la vestimenta prerromana, que posibili-ta la unión o sujeción tanto de gruesos y pesados saga como de ligeros velos. La gran variedad tipológica que descu-brimos en Iberia tiene su reflejo en el ámbito vacceo, donde el modelo mejor representado es el anular hispánico, se-guido de las fíbulas de pie alzado con Colgantes de tipo ‘fantasma’ y de rueda.Colgantes de una gargantilla de la tumba in-fantil 127b de la necrópolis de Las Ruedas, con diversas piezas de bronce, pero también de pasta vítrea y de ámbar.Cuentas de collar anulares.
37 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal botón terminal y el grupo de La Tène y, a mayor distancia por las de doble re-sorte de puente en cruz.Fíbula anular hispánicaEl elemento diferenciador de esta variedad es un anillo ―habitual-mente de sección circular, con un gro-sor de entre 2 y 7 mm―, sobre el que se sujeta un arco o puente, que cumple la función de proporcionarla estabilidad. El segundo adjetivo geográfico alude a su distribución en la Península Ibérica, a excepción de la zona galaica. El dis-positivo que permite a la aguja bajar, abrirse o cerrarse, es decir, el resorte, es de muelle ―sistema que consiste en enrollar un alambre sobre un eje a los dos lados de la cabecera del puente, lo que proporciona una gran flexibilidad en el movimiento de la aguja―, aun-que también aparece, de manera más excepcional, el de charnela ―mecanis-mo que permite la oscilación de la aguja cuando la hebilla está abierta, pero que impide girarla hacia arriba cuando está cerrada―. Asimismo, el pie ―extre-mo opuesto a la cabecera que acoge la punta de la aguja y cierra la fíbula― se inmoviliza mediante arrollamiento im-pidiendo su desplazamiento por el aro, aunque en ocasiones esta retención es simplemente decorativa.Se trata de un grupo homogéneo si bien podemos apreciar notables dife-rencias estructurales, dependiendo de la elaboración y del montaje de sus com-ponentes, lo que nos permite distinguir tres categorías: fíbulas producidas a mano, que son las más an-tiguas y data-das en los siglos IV y III a.C., semifun-didas y fundidas, en las que el anillo y el puente constituyen una única pieza. Fíbulas de pie alzadoEste modelo incluye en la cabe-cera un resorte de muelle bilateral, su-jeto a la base de un puente que termina en el otro extremo en un pie alzado ver-ticalmente sobre la mortaja ―acanala-dura del pie en donde se aloja la aguja cuando se cierra la hebi-lla―, rematando en un botón con aspecto de pirámide invertida, torrecilla, esféri-ca, cónica, troncocónica, etc. La presencia del apéndice cau-dal, es decir, de la prolongación del pie, nos permite seguir el desarrollo de este modelo y su datación a lo largo de los siglos IV y III a.C., por cuanto en un pri-mer momento dibuja una curva y des-pués un ángulo recto. Una evolución reflejada también en el resorte, pues las espiras ―cada una de las vueltas del muelle― aumentan su número gradual-mente y el eje sobre el que giran pasa de ser de materia orgánica a fabricarse posteriormente en metal, y de ser soli-dario con la cabecera del puente en los momentos más antiguos a elaborarse de manera independiente.Fíbulas de La TèneLa influencia de las fíbulas de La Tène centroeuropea en los modelos de pie vuelto deriva en la producción de unos imperdibles con un marcado de-sarrollo del pie y su inclinación sobre el puente (La Tène I), al que llegan a abra-zar (La Tène II) y con el que se funden en una tercera etapa (La Tène III). Este apéndice caudal, rematado en ocasio-nes por una cabeza zoomorfa, de pato o de serpiente, forma parte de un puen- Fíbulas de pie alzado con botón terminal. Fibulas Anulares Hispánicas.
38 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal te curvo, con un resorte bilateral en la zona de la cabecera.Los ejemplares del período de La Tène I (finales del siglo IV hasta me-diados del III a.C) están realizados en una sola pieza y presentan un pie con un gran desarrollo, unido al puente por medio de una pequeña barrita. Pode-mos distinguir tres subtipos: el de do-ble prolongación, tanto en el pie como en la cabecera del puente, el de pie en forma de torre y el de apéndice caudal zoomorfo a modo de signo de interro-gación. En los modelos de La Tène II (se-gunda mitad del siglo III a primer cuarto del I a.C), producidos también en una pieza, la prolongación del pie se sujeta en la parte superior del puente y los re-sortes bilaterales experimentan un ma-yor desarrollo, con cuatro espiras a cada lado. A esta etapa pertenecen unas pro-ducciones típicas del valle del Duero, en las que el puente es sustituido por el cuerpo de un animal, preferentemente el caballo.Por último, en La Tène III (siglo I a.C. a principios del siglo I d.C.) la pro-longación del pie se une al puente y se integran en una única pieza.Fíbulas de doble resorteEste grupo es uno de los más antiguos y de mayor difusión de la Pe-nínsula Ibérica. Su princi-pal característica es la de su elaboración a partir de un único alambre, con el que se confeccionan dos resortes de muelle para-lelos, que por un extremo se unen entre sí a través del puente, mientras que por el otro forman, respectivamente, la aguja, larga y curvada en la parte fi-nal, y el pie, con una mortaja de media caña. Su larga pervivencia cronológica (siglos VII - IV a.C.) da lugar a la apari-ción de modificaciones en las distintas partes de su estructura, aunque son las variaciones producidas en el puente las que nos permiten conocer su evolución, pues si en un primer momento es de sección circular, luego es acintada, pos-teriormente su perfil es oval, circular, o romboidal y, por último, en la etapa fi-nal (último cuarto del siglo V y primera mitad del IV a.C.) adquiere la apariencia de una cruz griega.En el cementerio de Las Ruedas el tipo de fíbulas de doble resorte que nos encontramos es el de un puente con la apariencia de una cruz griega de sección trapezoidal, con los brazos cóncavos e incurvados hacia el núcleo romboidal central. De los brazos ho- Fíbulas de La Tène.Fíbulas zoomorfas y otros apliques de bronce. La de la cabeza de lobo incluye incrustaciones de pasta vítrea blanca en los ojos. Fíbula de doble resorte de puente en cruz.
39 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal rizontales parten dos muelles de cua-tro espiras cada uno, muy sólidas y de sección triangular, que continúan en el caso del resorte derecho en una agu-ja acodada, de sección circular, y en el izquierdo en una amplia mortaja de la que parte un pie alzado rematado en botón. La robustez de estos ejemplares parece haberlos destinado a la sujeción de prendas gruesas, como pudieron ser los mantos. Grapas Grapas amorcilladasCon esta denominación nos refe-rimos a unos objetos diseñados a par-tir de una varilla broncínea, de sección cuadrada o rectangular, doblada por la mitad trazando un codo (donde alcanza el máximo grosor) y dos brazos, que dis-curren paralelos, pegados uno al otro, con un progresivo adelgazamiento has-ta alcanzar los extremos, plegados en doble codo para asegurar la sujeción al soporte. La util ización de este tipo de objetos podría ser como en la imagen que abre este artículo, a modo de cor-chetes de un chaleco mediante un siste-ma de cuerdas que permitiría cerrar por delante la prenda. Cabe también la po-sibilidad, sobre todo en aquellos ejem-plares de brazos más cerrados que ape-nas dejan espacio central por los que atravesar un cordón, que se destinasen al ornamento de la vestimenta femeni-na, a modo de pectorales, mediante la unión de varios de estos objetos, orien-tados hacia abajo debido al peso de la cabeza.Grapas hemisféricasSirven como complemento de-corativo de cinturones y vestidos, a los que quedan enganchados mediante el plegado de las dos pestañas, triangu-lares y equidistantes, que parten de un casquete hemisférico liso, con un diá-metro de entre 8 y 18 mm. Tenemos algunos ejemplos como el de la tumba 25 de Las Ruedas, en el que, junto a un broche de cinturón broncíneo, se reco-gieron treinta y siete grapas de este tipo que cabe pensar decoraran el cinturón de cuero. Pasadores Los pasadores tienen diversos usos pero, en todo caso, permiten la retención del elemento correspondien-te. En esta ocasión, dentro del ámbito concreto que tratamos, nos referimos a una pieza que forma parte del cinturón, situándola como componente terminal de uno de sus extremos, o destinada a la sujeción del manto.Sin olvidar su diversidad tipológi-ca, podemos describirlo como un eje, ge-neralmente de sección circular, rematado en los bordes con unos resaltes de aspec-to esférico, troncocónico o apuntado. Botones La denominación de botones a unas piezas de pequeño tamaño (12-15 mm de diámetro y 6-7 mm de altura), de perfil cónico o hemisférico, con una Fíbulas de La Tène en el interior de la urna cineraria de la tumba 89 de la necrópolis de Las Ruedas de Pintia. Grapas hemisféricas y amorcilladas.Pasadores.
40 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal perforación o travesaño en la base para permitir su sujeción, se debe a su pa-recido con los botones actuales, pero ello no implica que su cometido fuese el mismo, pues es muy posible que sirvie-ran de adorno como apliques cosidos a las túnicas. Podemos datarlos, después de su aparición en el Bronce Final, en la primera Edad de Hierro y comienzos de la segunda. Broches de cinturón Son utilizados para unir cinturo-nes y correas de cuero o de otra mate-ria orgánica, si bien existen, de manera excepcional, ejemplares formados por chapas metálicas articuladas. La exis-tencia de señales de reparación con-firma su naturaleza funcional, aunque sin duda juegan un papel más amplio como elemento de distinción social, algo que podemos atestiguar en el caso concreto de las placas de cinturón. De hecho, en la necrópolis de Las Ruedas los broches de tipo Bureba se asocian a tumbas femeninas, localizadas en el mismo espacio en el que encontramos enterramientos masculinos de alto es-tatus, acompañados de puñales damas-quinados, lo que nos sugiere que estos broches pueden haber desempeñado, para el caso de las mujeres que los por-tan, un papel simbólico semejante al de las armas ricamente decoradas de va-rones de posición elevada. A todo ello debemos añadir un valor ritual o mági-co-religioso, tal y como nos sugiere la aparición de ofrendas de placas de tipo céltico en santuarios ibéricos y griegos. En el territorio vacceo se documentan tres tipos de hebillas claramente dife-renciables: unas de constitución lami-nar, otras con aspecto de omega y las denominadas de doble anzuelo.Broches de placaEstán integrados por dos chapas, con un grosor de entre 1 y 3 mm, casi siempre de bronce fundido, unidas al resto del cinturón mediante varios re-maches. La parte activa está provista de uno o más ganchos, que se insertan en la pasiva, conformada por un alambre serpentiforme o por una placa con una o varias hendiduras, donde se introdu-cen los garfios de la primera. Dentro de este conjunto podemos diferenciar tres grupos:Placas célticasSe caracterizan por su forma triangular o trapezoidal, la presencia de entre uno y seis garfios así como una variada decoración incisa, estampada o a granetti (sucesión de puntos en relie-ve realizados mediante impresión). Las diferencias existentes posibilitan la dis-tinción de varios modelos, entre los que destaca el conocido como tipo Bureba, compuesto generalmente por una pare-ja de piezas articuladas y machihembra-das, en las que advertimos un proceso de evolución decorativa y formal que nos permite distinguir tres categorías. La primera, datada en la prime-ra mitad del siglo IV a.C., representa el paso intermedio entre los broches cél-ticos de un solo garfio y los típicamen-te burebanos. La placa activa es de di-mensiones reducidas ―entre 170 y 130 mm―, muestra un garfio apenas desta-cado del borde, tres o cuatro orificios en el extremo proximal, donde encajarían otros tantos remaches de cabeza cónica para la sujeción a la correa, y una deco-ración predominantemente frisada, dis-tribuida en los dos extremos. En cuan-to a la pieza hembra, posee grandes calados rectangulares con las esquinas redondeadas, con el eje longitudinal pa-ralelo a los lados largos, así como una evidente pobreza decorativa. En la segunda variante, con una cronología entre mediados y finales del siglo IV a.C, la placa activa incrementa su longitud ―entre 200 y 220 mm―, cuenta con cinco orificios en el borde proximal, para alojar los remaches de cabeza cónica u hocicada, y la decora-ción se organiza en tres tramos. En las placas hembras los calados, de forma oval, se reducen de tamaño, el eje lon-gitudinal se dispone paralelo a los late-rales menores y aparece ya decorada.El tercer conjunto, fechado en el siglo III a.C., supone el momento de ma-yor expansión de esta hebilla. La pieza activa alcanza su mayor longitud ―en-tre 230 y 290 mm―, al igual que los ca-lados del tramo medio; muestra cuatro perforaciones en el extremo proximal, destinadas a albergar remaches de ca- Clasifición de los broches de cinturón de tipo Bureba, según Sanz Mínguez (1991).
41 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal bezas troncocónicas y hocicadas unidas por un murete fundido; se generaliza la configuración de un garfio a partir de una lengüeta central trapezoidal y, respecto a la decoración, los motivos constituidos por círculos concéntricos aumentan en detrimento de los trian-gulares. Las placas hembras son simila-res a las de la fase anterior, excepto por el hecho de que los remaches aparecen unidos por parejas mediante un murete fundido.Excepcionalmente nos encontra-mos con un subtipo de placas célticas de tipo Bureba carentes de movilidad. Estos ejemplares, de perfil arqueado y grosor elevado, que alcanzan los 320 mm, están dotados de remaches tanto en el tramo proximal como en el distal, lo que nos indica que permanecen fijas a la correa. Todo ello parece informar-nos sobre la adaptación de esta varian-te a una función que requiere de mayor resistencia. Placas ibéricasEl uso de las placas ibéricas se generaliza a principios del siglo III a.C., coincidiendo con la decadencia del tipo Bureba. Fabricadas seguramente en talleres locales, que las dotan de su propio carácter, están compuestas por piezas cuadrangulares o rectangulares, con la parte activa más compacta que el modelo céltico, debido a la ausencia de calados, aletas laterales y un desta-cado garfio centrado. Por otra parte, las placas hembra tienen una o varias ventanas recortadas, lo que permite cambiar la posición de enganche y, en consecuencia, la tensión del cinto, así como un apéndice triangular en el cen-tro del borde distal. En relación con la decoración, en unos casos se utiliza la impresión mediante un buril de punta fina y el damasquinado en plata, mien-tras que en otras ocasiones se emplea la estampación de matrices, con ausencia del damasquinado. Placas de bisagraA partir del siglo III o inicios del II a.C., hasta alcanzar el siglo I d.C., nos encontramos con broches de cinturón que incorporan varias placas unidas entre sí por un sistema de bisagra, rica-mente decorados mediante técnica in-cisa, estampada o a granetti. Podemos distinguir una variante integrada por placas rectangulares, de las que desco-nocemos si corresponden a cinturones enteramente metálicos, y otra referida a ejemplares de cinto, con piezas más estrechas, totalmente metálicos.Broches en omegaA pesar de la similitud con la fí-bula anular hispana, técnicamente esta-mos ante un broche. En estos se combi-na una aguja diametral y un aro abierto con los extremos vueltos sobre el mis-mo anillo, que le proporcionan la forma de omega, rematados con una especie de botones cónicos o prismáticos. Sus orígenes cronológicos podemos situar-los en el siglo II a.C., aunque el momen-to de mayor expansión se sitúa entre los siglos I y III d.C.Broches de doble anzueloLas hebillas de doble anzuelo, que en algunos casos pueden haberse empleado como colgantes, muestran una anilla central de la que nacen dos apéndices abultados rematados en unos finos garfios. Desconocemos si han contado siempre con una pieza com-plementaria utilizada como enganche, pero es posible que algunos ejemplares hayan carecido de ella, de manera que los garfios permitirían su fijación di-rectamente sobre el vestido. Podemos establecer tres tipos, en función de que sean piezas forjadas, fundidas ―con su característico reverso plano― u obteni-das a partir del recorte de una lámina de metal. En cuanto a su cronología, te-nemos constancia de este broche en el si-glo IV a.C, perdurando hasta el siglo I d.C. Pulseras Usadas posiblemente como brazaletes o tobilleras, son objetos de adorno personal compuestos por uno o varios cordones, con una estructura Hebillas en omega. Broches de doble anzuelo.Placa ibérica.
42 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal muy sencilla y una gran variedad morfo-lógica, a lo que debemos sumar un tra-bajo ornamental que, a veces, muestra una estrecha relación con la orfebrería meseteña. Podemos distinguir un primer grupo integrado por pulseras abiertas, entre las que destacan las elaboradas con juncos gruesos (4-7 mm) con los ex-tremos apuntados, de sección lenticular o planoconvexa y decoradas mediante su torsión o la aplicación de incisiones. Menos numerosas son las realizadas con un cordón filiforme ―entre 1 y 1,5 mm―, de sección cuadrada, así como las que presentan un cordón acintado, de escaso grosor y gran anchura. En el caso de la variante consti-tuida por pulseras cerradas, diferencia-mos varios tipos según el procedimiento utilizado para obtener esta morfología, ya sea a través del remachado, fundi-ción o entrecruzamiento de sus extre-mos o cierres de zarcillo. a nillos Los anelli son unos elementos de uso común, aunque su fragilidad dificul-ta la recuperación de un mayor número de ejemplares. Como tales se conside-ran aros, tanto abiertos como cerrados mediante fundición, que muestran dis-tintas secciones ―acintada, plano-con-vexa o circular―, cuyo diámetro oscila entre los 16 y 21 mm, con un cometido estético o simbólico. Útiles de aseo personal Las costumbres y las creencias de la comunidad vaccea justifican la uti-lización de una serie de instrumentos que permiten el afeitado, el peinado, la depilación, el arreglo de las uñas, el maquillaje o el tatuaje y, de esta forma, conseguir la modificación de la aparien-cia física, con la pretensión de realzar el aspecto corporal frente al resto, razón por la cual su uso queda restringido a una minoría, tal y como ocurre en otros pueblos prerromanos. Dentro del equipo de aseo per-sonal destacan las pinzas de depilar, las navajas de afeitar y las tijeras, que fre-cuentemente aparecen asociadas entre sí y vinculadas al ajuar funerario de in-dividuos masculinos de condición gue-rrera, es decir, pertenecientes a la élite social, aunque también cabe mencionar el empleo de peines, espejos, raspado-res, escarbaoídos o punzones. Las tijeras, que poseen un for-mato idéntico a las utilizadas para el esquileo, excepto en lo referido a su ta-maño, sensiblemente inferior, cumplen la función de cortar, bien sea el cabello, la barba, el bigote o las uñas, y están forjadas en hierro, razón por la cual nos centramos en los otros dos elementos, que encontramos tanto en hierro como en bronce.Pinzas de depilarPermiten eliminar el pelo de la barba, el bigote, las orejas, la nariz o las cejas. Se componen de una chapa doblada por la mitad, formando un plie-gue semicilíndrico, que actúa como un muelle al separar ambos brazos, cuyos extremos están ligeramente doblados hacia el interior para facilitar el pinza-miento. En ocasiones, en la zona plega- Pulseras y anillos. Urna cineraria de la tumba 247a, de la necrópolis de Las Ruedas de Pintia, con pulseras, fíbula anular hispánica y otros objetos de hierro.
43 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal da presentan una anilla o una especie de asa unida a la pinza mediante un pa-sador, que permite colgarlas de un cor-dón o de un alambre. Asimismo, es fre-cuente que conserven una presilla para mantenerlas cerradas cuando no se es-tán manipulando y evitar su deterioro. Muestr an un diseño trapezoi-dal, debido a una mayor anchura en la zona de la cabeza respecto de los ex-tremos, y unas dimensiones situadas habitualmente entre los 3 y los 7 cm, pudiendo alcanzar los 12 cm, advirtién-dose cómo en los ejemplares más mo-dernos se constata un aumento gradual de la longitud, así como la disminución progresiva de la anchura. Ello, unido a la frecuente utilización de decoración im-presa, incisa o calada, explica su variada tipología.Navajas de afeitarEmpleadas para afeitar la barba o rasurar el vello corporal, están confi-guradas por una ancha lámina de hie-rro, con un filo cortante recto en uno de sus lados, y una lengüeta en uno de sus extremos, en la que se localiza un rema-che que une las cachas óseas, lígneas o de bronce, permitiendo el plegado y cierre sobre ellas. No obstante, existe otro modelo cuya hoja, que también posee una única arista afilada, aparece con la punta redondeada y la zona del enmangue abocinada. Bibliografía Argente Oliver, J.L. (1986-1987): “Hacia una clasificación tipológica y cronológica de las fíbulas de la Edad del Hierro en la Meseta Norte”. Zephyrus, 39-40.― (1989): “Las fíbulas en la Meseta, su va-loración, tipología, cultura y cronología”. Colección Tesis Doctorales nº 54/89. Universidad Complutense de Madrid. Madrid. Barril Vicente, M. (2007): “En los orígenes: la metalistería prerromana”. Sautuola. Revista del Instituto de Prehistoria y Ar-queología 7, 59-78.Enríquez Navascues, J.J. (1982): “Los obje-tos de adorno personal de la Prehistoria de Navarra”. Trabajos de Arqueología Navarra, 2. Pamplona, 157-202.Lorrio Alvarado, A.J. (1997): Los celtíberos. Complutum Extra, 7, Universidad Com-plutense de Madrid. Universidad de Ali-cante. Madrid.Ruiz Zapatero, G. y Lorrio Alvarado, A. (2000): “La ‘belleza del guerrero’: los equipos de aseo personal y el cuerpo en el mundo celtibérico”, Soria Arqueo-lógica, 2. Diputación Provincial de Soria, 279-309. Sánchez-Moreno, E. (2002): “La indumen-taria del hombre celtibérico: Broche de cinturón”. Pieza del mes, Ciclo 2002, El atuendo: necesidad y prestigio. Museo Arqueológico Nacional. Departamento de Difusión. Madrid.Sanz Mínguez, C. (1989): “Fíbulas de doble resorte de puente en cruz”. BSAA, LV, 61-78.― (1991): “Broches tipo Bureba. Tipología, cronología y dispersión”. BSAA, LVII, 93-130.― (1997): Los vacceos: cultura y ritos fune-rarios de un pueblo prerromano del valle medio del Duero. La Necrópolis de Las Ruedas, Padilla de Duero (Valladolid). Arqueología en Castilla y León, Memo-ria, 6. Junta de Castilla y León y Ayunta-miento de Peñafiel. Valladolid. Carlos Sanz MínguezJuan Manuel Carrascal Arranz El presente trabajo se enmarca en el proyecto de investigación I+D+i (2011-2013) Cosmovisión y simbología vacceas. Nuevas perspectivas de análisis (HAR2010-21745-C03-01), de la Dirección General de Investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación. Pinzas de depilar, escarbaoí-dos y navajas de afeitar.