www.pintiavaccea.es5 € PINTIA CAMPAÑA XXIV VERTAVILLO AUTRIGONES V ACCEARTE BRONCES DE ADORNO PERSONAL
producciones vacceas S Vaccea Anu A rio 7 34 Objetos broncíneos y vítreos de adorno personal sobre una mujer vaccea. Dibujo: Luis Pascual Repiso-CEVFW.
35 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal U na de las características más destacables de la se-gunda mitad del Primer Milenio a.C., periodo que viene a coin-cidir grosso modo con la segunda Edad del Hierro, la encontramos precisamen-te en el uso generalizado del hierro, destinado principalmente a la fabrica-ción de armas e instrumentos utilitarios o productivos. Tal situación determina que el bronce, utilizado de forma mayo-ritaria en la etapa anterior, limite aho-ra su protagonismo a la producción de objetos vinculados a la vestimenta y al adorno personal. La ropa y el ornato en toda socie-dad trascienden los aspectos meramen-te funcionales de cubrir y embellecer la imagen del sujeto, y adquieren también un contenido simbólico, que revela la posición social, la capacidad económica, el estado civil, el sexo o la edad del indi-viduo, sin olvidar su posible significado mágico-religioso, e igualmente etnográ-fico relacionado con la pertenencia de un determinado grupo social. Todo ello explica el valor como documento histórico de estos objetos elaborados en bronce y motiva, a su vez, la necesidad de referirnos brevemente a la indumentaria, habida cuenta de la estrecha relación que guardan algunos de los complementos metálicos con la ropa. Así, aunque prácticamente care-cemos de elementos textiles conserva-dos que nos sirvan de referencia, cier-tas representaciones iconográficas del mundo ibérico y muy particularmente del celtibérico ―con las excepcionales cerámicas numantinas―, nos permiten sospechar que el traje masculino cons-taría de una túnica corta, con mangas o sin ellas, ceñida por un cinturón o por correas de cuero cruzadas sobre el pe-cho y la espalda; confeccionada de lana o de lino y de color generalmente claro, estaría lisa o adornada con estampa-dos, cenefas o grecas, así como con apli-ques de bronce o cuero cosidos a su su-perficie. También vestirían pantalón de tela o cuero y como calzado emplearían botas de piel o sandalias, posiblemen-te de esparto, anudadas a los tobillos. Por otra parte, las escasas referencias al vestido femenino sólo nos permiten confirmar el uso de una túnica larga con mangas, ajustada al talle por un cintu-rón, y del velo. Este vestuario se completa con una prenda común entre toda la pobla-ción, adoptada más tarde por las legiones romanas para soportar los rigores invernales: el sagum. Se trata de un manto rectan-gular de color ocre, tejido con lana, que conserva la lanolina ―sustancia grasa que le proporciona cierta impermeabi-lidad― y diseñado para cubrir todo el cuerpo, incluso la cabeza cuando tiene capucha; para sujetarlo se precisa del empleo de una fíbula, colocada sobre el hombro o a la altura del pecho en función de que se opte por llevarlo ce-rrado o abierto por delante.Si las dificultades para reconstruir la vestimenta resultan prácticamente insalvables desde el conocimiento ar-queológico, los elementos metálicos asociados a la indumentaria están mejor documentados y, aunque no fueron es-táticos ya que variaron a lo largo de los siglos, nos permiten recrear el aspecto de las gentes vacceas. Veamos algunos de los más habituales, hallados sobre todo en el registro funerario. Coleteros: aros cerrados o abiertos de vuelta y media El modo en el que se peina el ca-bello femenino en época prerromana, que en esencia no ha cambiado en el Pendientes de creciente lunar, anillas estriadas y zarcillos-prendedores para el pelo.Urna cineraria de la tumba 31 de la necrópolis de Las Ruedas, con broche de tipo Bureba entre los restos óseos humanos.
36 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal tiempo, varía desde el corto y liso hasta los complicados recogidos adornados con postizos, tocados, pasamanería, etc. Entre todos estos complementos descubrimos, en bronce, el empleo de zarcillos para el pelo, encargados de recogerlo en mechones y mantenerlo sujeto, dejándolo colgar libremente o entrelazado, o también cerrando largas coletas trenzadas, al modo de las ‘dami-tas’ del cipo funerario de Mogente en Valencia. Estos prendedores, de los que encontramos paralelos fabricados en metales preciosos, consisten en unos aros de vuelta y media (entre 14 y 35 mm de diámetro), de sección circular o plano-convexa, aunque también los en-contramos cerrados y con la superficie segmentada. Aparecen en tumbas pin-tianas infantiles como la 127b y la 153, correspondientes a niñas, lo que podría estar indicando, al menos en estos ca-sos, el uso de coletas características de estas edades. a rracadas o pendientes de oreja Las arracadas, con forma de cre-ciente lunar, habitualmente con rema-tes triangulares diversos, ofrecen una marcada personalidad en la orfebrería vaccea, realizándose en oro; sin embar-go sus equivalentes en bronce son poco habituales en los ajuares de las tumbas y presentan la forma más simple sin re-mate. Su uso sería indistinto, por parte de hombres y mujeres. Collares y gargantillas Cuentas de collarLos abalorios de los collares com-binan cuentas broncíneas, con otras de plata y de pasta vítrea. Entre las prime-ras cabe identificar tres tipos fundamen-tales: anulares, muy planas y de peque-ño tamaño (8-10 mm de diámetro y 1,5-2 mm de grosor), bitroncocónicas, muy pesadas (16 mm de diámetro y 6-7 mm de grosor) y las de tonelete hue-co, creadas a partir de una fina lámina. Conforme a los datos obtenidos en la necrópolis de Las Ruedas, parecen estar vinculadas a individuos infantiles, aun-que cabe la posibilidad de que en algún caso puedan relacionarse con tumbas de mujeres.Colgantes y amuletosUn colgante es un objeto que cumple una función ornamental o sim-bólica, pero también puede estar re-vestido de unas propiedades protecto-ras para la persona que lo lleva (efecto apotropaico), en cuyo caso lo denomi-namos amuleto. El desconocimiento de las claves para desentrañar la simbolo-gía de las creencias de los vacceos nos impide conocer su verdadero propósito en la mayoría de las ocasiones, aunque podemos establecer, como regla ge-neral, que las virtudes del amuleto se concentran en un único elemento, no precisando su repetición. En todo caso, se caracterizan por poseer un pequeño orificio transversal por donde quedan suspendidos, exhibiendo una amplia variedad tipológica determinada por la figura que dibujan, ya sea bicónica, amorcillada, aguja, creciente lunar, pla-ca triangular con calados (‘tipo fantas-ma’) o de rueda. En la tumba infantil 127b de Las Ruedas se recogieron va-rios de estos objetos que, en unión de otros de pasta vítrea, parece pudieron configurar una gargantilla. Fíbulas La fíbula, que aparece a finales de la Edad del Bronce como resultado de la evolución de una aguja a la que se añade un sistema de cierre, es uno de los complementos imprescindibles en la vestimenta prerromana, que posibili-ta la unión o sujeción tanto de gruesos y pesados saga como de ligeros velos. La gran variedad tipológica que descu-brimos en Iberia tiene su reflejo en el ámbito vacceo, donde el modelo mejor representado es el anular hispánico, se-guido de las fíbulas de pie alzado con Colgantes de tipo ‘fantasma’ y de rueda.Colgantes de una gargantilla de la tumba in-fantil 127b de la necrópolis de Las Ruedas, con diversas piezas de bronce, pero también de pasta vítrea y de ámbar.Cuentas de collar anulares.
37 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal botón terminal y el grupo de La Tène y, a mayor distancia por las de doble re-sorte de puente en cruz.Fíbula anular hispánicaEl elemento diferenciador de esta variedad es un anillo ―habitual-mente de sección circular, con un gro-sor de entre 2 y 7 mm―, sobre el que se sujeta un arco o puente, que cumple la función de proporcionarla estabilidad. El segundo adjetivo geográfico alude a su distribución en la Península Ibérica, a excepción de la zona galaica. El dis-positivo que permite a la aguja bajar, abrirse o cerrarse, es decir, el resorte, es de muelle ―sistema que consiste en enrollar un alambre sobre un eje a los dos lados de la cabecera del puente, lo que proporciona una gran flexibilidad en el movimiento de la aguja―, aun-que también aparece, de manera más excepcional, el de charnela ―mecanis-mo que permite la oscilación de la aguja cuando la hebilla está abierta, pero que impide girarla hacia arriba cuando está cerrada―. Asimismo, el pie ―extre-mo opuesto a la cabecera que acoge la punta de la aguja y cierra la fíbula― se inmoviliza mediante arrollamiento im-pidiendo su desplazamiento por el aro, aunque en ocasiones esta retención es simplemente decorativa.Se trata de un grupo homogéneo si bien podemos apreciar notables dife-rencias estructurales, dependiendo de la elaboración y del montaje de sus com-ponentes, lo que nos permite distinguir tres categorías: fíbulas producidas a mano, que son las más an-tiguas y data-das en los siglos IV y III a.C., semifun-didas y fundidas, en las que el anillo y el puente constituyen una única pieza. Fíbulas de pie alzadoEste modelo incluye en la cabe-cera un resorte de muelle bilateral, su-jeto a la base de un puente que termina en el otro extremo en un pie alzado ver-ticalmente sobre la mortaja ―acanala-dura del pie en donde se aloja la aguja cuando se cierra la hebi-lla―, rematando en un botón con aspecto de pirámide invertida, torrecilla, esféri-ca, cónica, troncocónica, etc. La presencia del apéndice cau-dal, es decir, de la prolongación del pie, nos permite seguir el desarrollo de este modelo y su datación a lo largo de los siglos IV y III a.C., por cuanto en un pri-mer momento dibuja una curva y des-pués un ángulo recto. Una evolución reflejada también en el resorte, pues las espiras ―cada una de las vueltas del muelle― aumentan su número gradual-mente y el eje sobre el que giran pasa de ser de materia orgánica a fabricarse posteriormente en metal, y de ser soli-dario con la cabecera del puente en los momentos más antiguos a elaborarse de manera independiente.Fíbulas de La TèneLa influencia de las fíbulas de La Tène centroeuropea en los modelos de pie vuelto deriva en la producción de unos imperdibles con un marcado de-sarrollo del pie y su inclinación sobre el puente (La Tène I), al que llegan a abra-zar (La Tène II) y con el que se funden en una tercera etapa (La Tène III). Este apéndice caudal, rematado en ocasio-nes por una cabeza zoomorfa, de pato o de serpiente, forma parte de un puen- Fíbulas de pie alzado con botón terminal. Fibulas Anulares Hispánicas.
38 7 Vaccea Anu A rio bronces de adorno personal te curvo, con un resorte bilateral en la zona de la cabecera.Los ejemplares del período de La Tène I (finales del siglo IV hasta me-diados del III a.C) están realizados en una sola pieza y presentan un pie con un gran desarrollo, unido al puente por medio de una pequeña barrita. Pode-mos distinguir tres subtipos: el de do-ble prolongación, tanto en el pie como en la cabecera del puente, el de pie en forma de torre y el de apéndice caudal zoomorfo a modo de signo de interro-gación. En los modelos de La Tène II (se-gunda mitad del siglo III a primer cuarto del I a.C), producidos también en una pieza, la prolongación del pie se sujeta en la parte superior del puente y los re-sortes bilaterales experimentan un ma-yor desarrollo, con cuatro espiras a cada lado. A esta etapa pertenecen unas pro-ducciones típicas del valle del Duero, en las que el puente es sustituido por el cuerpo de un animal, preferentemente el caballo.Por último, en La Tène III (siglo I a.C. a principios del siglo I d.C.) la pro-longación del pie se une al puente y se integran en una única pieza.Fíbulas de doble resorteEste grupo es uno de los más antiguos y de mayor difusión de la Pe-nínsula Ibérica. Su princi-pal característica es la de su elaboración a partir de un único alambre, con el que se confeccionan dos resortes de muelle para-lelos, que por un extremo se unen entre sí a través del puente, mientras que por el otro forman, respectivamente, la aguja, larga y curvada en la parte fi-nal, y el pie, con una mortaja de media caña. Su larga pervivencia cronológica (siglos VII - IV a.C.) da lugar a la apari-ción de modificaciones en las distintas partes de su estructura, aunque son las variaciones producidas en el puente las que nos permiten conocer su evolución, pues si en un primer momento es de sección circular, luego es acintada, pos-teriormente su perfil es oval, circular, o romboidal y, por último, en la etapa fi-nal (último cuarto del siglo V y primera mitad del IV a.C.) adquiere la apariencia de una cruz griega.En el cementerio de Las Ruedas el tipo de fíbulas de doble resorte que nos encontramos es el de un puente con la apariencia de una cruz griega de sección trapezoidal, con los brazos cóncavos e incurvados hacia el núcleo romboidal central. De los brazos ho-