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PINTIA
CAMPAÑA XXVIII
EXCAVACIONES EN LAS RUEDAS
EL PERRO Y
EL CALDERO
REFLEXIONES
SOBRE UN ICONO
ARÉVACO-VACCEO
II.
TINTINNABULA
CERÁMICA.
PRODUCCIONES
SINGULARES
BASURAS
Y FURTIVOS
UN DEPÓSITO DE LOS AÑOS OCHENTA
EN LA NECRÓPOLIS DE LAS RUEDAS
9 + 1 ZONAS
ARQUEOLÓGICAS
EN CASTILLA Y LEÓN
PINTIA HETERODOXA E IRREDENTA
DESPUÉS DE
PINTIA
EL MONASTERIO DE
SAN SALVADOR DE PEÑAFIEL
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5 €
48
11
VACCEA
ANUARIO
A
útiles y adornos vacceos fabricados en materias óseas
F
rente a la industria cerámica o
la metalistería, una de las activi-
dades artesanales de los vacceos
que menos ha atraído la atención de
los estudiosos es la del trabajo del hue-
so, el asta y el marfil. Ello se debe, en
parte, a que es un sector artesanal no
tan atractivo y fructífero en términos
económicos, culturales y cronológicos
como aquellos otros, pero también a
que, a diferencia de periodos anterio-
res como el Neolítico, el Calcolítico, la
Edad del Bronce o la Primera Edad del
Hierro, en los que la nula o limitada
incidencia del metal hacía que la ma-
yor parte de los útiles, herramientas
y adornos fuesen de materias óseas
de origen animal, durante la Segunda
Edad del Hierro estos pasen a un se-
gundo plano, a tener un carácter mar-
ginal, sustituidos por los metálicos.
La industria de las materias
óseas desarrollada por los vacceos
de la Segunda Edad del Hierro, sien-
do continuadora de la de sus ances-
tros, las gentes de la
fase de plenitud
de la cultura arqueológica del Soto
de Medinilla, al menos en tres aspec-
tos muestra diferencias: se dejan de
fabricar o se restringen significativa-
mente algunos tipos de útiles, como
los biapuntados y las agujas; los
psa-
lia
o camas de bocado de caballo,
que con cuentagotas vemos en épo-
ca soteña, a partir del siglo IV a. C.
se fabricarán en mayor número; y, en
tercer lugar, a diferencia de la indus-
tria ósea de época soteña, fabricada
mayoritariamente con instrumental
lítico, la de época vaccea se fabricó
sobre todo con instrumental metá-
lico, tanto de hierro como de bron-
ce. Igualmente, la decoración que
presentan algunos útiles y adornos
se realizó con estos mismos tipos de
instrumentos.
Las materias primas
El hueso es la materia prima más utiliza-
da por los vacceos, sobre todo el proce-
dente de especies domésticas: ovicapri-
nos (
Ovis aries
/
Capra hircus
), bóvidos
(
Bos taurus
) y équidos (
Equus caballus
).
Tras el hueso, es el asta la más usada,
sobre todo de ciervo y presumiblemente
de
Cervus elaphus
, utilizado más que
nada para fabricar mangos de hoz, pero
también las discutidas camas de boca-
dos de caballo y piezas apuntadas obte-
nidas de los candiles. Es muy probable
que de los cérvidos se aprovechasen
también determinadas partes esquelé-
ticas, como los metapodios, fémures, ti-
bias y omóplatos, pero faltan analíticas
comprobatorias.
Por lo que al marfil se refiere,
constituye una auténtica rareza en el
mundo vacceo. Es un material más fino,
compacto y denso que el hueso, al ser
Remate decorativo de
marfil hallado en
Cauca
.
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ANUARIO
útiles y adornos vacceos fabricados en materias óseas
mayor su grado de mineralización, más
difícil de conseguir puesto que propor-
cionalmente es menos corriente que
éste, y, por ello, su valor como soporte
de calidad hubo de ser mayor. De ahí
que sólo tengamos constancia de un par
de objetos elaborados en esta materia.
Por otro lado, al ser un material fino y
caro, trabajarlo no estaría al alcance de
cualquiera, como ocurriría con el hue-
so o el asta, sino que requeriría de una
especial preparación por parte del arte-
sano, lo que nos lleva a pensar que se
haría no en el marco de los trabajos do-
mésticos, como suponemos que aquél
se haría, sino especializados, de taller,
sea fijo o itinerante.
Extracción, fabricación y
técnicas decorativas
En un objeto de materia ósea que haya
sido manipulado por el hombre se hace
necesario distinguir varios tipos de hue-
llas y evidencias: huellas de extracción
de la porción esquelética en la que se
pretende fabricar el útil o adorno; hue-
llas dejadas durante la fabricación del
objeto en sí; huellas funcionales, esto
es, aquellas que han quedado como
consecuencia del uso continuado que
del mismo se ha hecho (pulimento, roza-
duras, golpes, etc.); elementos decorati-
vos, si los tuviere, sobre todo en el caso
de los objetos de carácter simbólico; y fi-
nalmente, huellas de los avatares por los
que ha pasado el objeto una vez amorti-
zado o extraviado y que se deben a pro-
cesos erosivos, el laboreo de la tierra, la
limpieza tras haber sido recuperado en
la excavación o incluso su manipulación
en el laboratorio o en el museo.
Las huellas de extracción de la
porción esquelética seleccionada a ve-
ces se pueden confundir con las de fa-
bricación del útil, pero en muchos casos
son prácticamente irreconocibles. Un
tipo de huella de fácil identificación es
el ocasionado por la fractura median-
te presión, en sus dos modalidades: la
rotura simple por la zona seleccionada
y aquella otra en la que el lugar exacto
por donde se pretende que la materia
se parta se ha predeterminado median-
te la realización de cortes previos para
que sirvan de guía en el momento de
ejercer la fuerza. Esta segunda moda-
lidad es la más habitual. Pero más co-
rriente que el procedimiento de fractu-
ra es el de cortar la parte seleccionada
con cuchillo o sierra metálicos. Muchos
punzones y mangos de hoz obtenidos
en asta de ciervo, así como otros utensi-
lios fabricados en huesos de considera-
ble grosor y dureza, muestran cómo han
sido desprendidos del soporte matriz
(cornamenta, fémur, tibia, metapodio…)
desarrollando una labor de seccionado
transversal, rotando la pieza, que afecta
tanto al duro tejido superficial como al
esponjoso del interior. Tanto con cuchi-
llo como con sierra, es de suponer que
unas veces se remojaran las astas y los
huesos para facilitar el trabajo y otras
no. En ocasiones se observa cómo la
herramienta usada para extraer la parte
seleccionada ha sido un hacha o inclu-
so una espada, ya que la huella, muy
profunda, es consecuencia de un único
golpe contundente. En estos casos es
habitual que en la zona del corte existan
algunas otras huellas más, consecuen-
cia de golpes poco acertados, o aristas
esquirladas.
En la fase de fabricación del
utensilio o del adorno de asta o hueso,
el operario hizo uso de diversos proce-
dimientos y herramientas cuyas huellas
también han quedado en los propios
objetos, tales como el taladro para prac-
ticar perforaciones o los objetos abrasi-
vos. Muchos de los mangos de hoz en
asta de ciervo han sido objeto de una
labor de descortezado para eliminar las
rugosidades de la superficie y posterior-
mente han sido facetados. Las huellas
de estas acciones indican que las herra-
mientas utilizadas debían de ser pesa-
das y de filos muy cortantes, con lo que
tenemos que pensar de nuevo en afila-
das hachas. El pulimento que presentan
muchos útiles de asta y hueso en parte
responde al uso que de los mismos se
hizo durante años o decenio, pero en
determinados objetos es fruto de una
labor de acabado de las superficies pre-
via al uso al que estaba destinado cuya
única intención era permitir un más có-
modo manejo de la herramienta.
En diversos tipos de útiles y ador-
nos fabricados tanto en hueso como en
asta encontramos perforaciones que en
unos casos se han practicado para po-
derlos colgar de una cuerda, en otros
para realizar labores de cosido de pren-
das (agujas) o de cerramiento de las
mismas (pasadores), en otros para ase-
gurar el anclaje de la espiga de una he-
rramienta metálica al mango de hueso
o asta, y en algún caso, como vemos en
una diminuta tapadera caucense, para
Fragmento de asta de ciervo con profundas huellas de
extracción realizadas con sierra y cuchillo.
Fragmento de asta de ciervo con seis planos de
corte, realizados con cuchillo y sierra.
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que la mercancía depositada en el reci-
piente al cual tapaba estuviese aireada.
El vaciado, como técnica para
eliminar el tejido esponjoso medular
para, en el hueco conseguido, ensartar
la espiga de una herramienta metálica
y, por tanto, fabricar mangos, así como
piezas tubulares, se aplicó tanto a por-
ciones de asta como, sobre todo, a frag-
mentos de hueso de superficies duras y
sección circular u ovalada. Seguramente
se utilizaron punzones metálicos que se
hacían girar mediante movimientos al-
ternativos de la muñeca.
Y en cuanto a las decoraciones,
la técnica más comúnmente empleada
es la incisa, que se aplica sobre todo en
los mangos de hueso con el objetivo de
engalanarlos mediante composiciones
de carácter geométrico dispuestas en
uno o dos frisos, en este último caso
situados en ambos extremos de la pie-
za. Se realiza con instrumentos cortan-
tes de filo recto. La acanalada es una
técnica de nuevo muy presente en los
mangos de hueso, pero también en las
cachas de empuñaduras de armas y en
algunas piezas de adorno. En los man-
gos y cachas siempre se disponen en
perpendicular respecto al eje longitudi-
nal del hueso, circundando, por tanto,
la redondez del mismo. Nunca a lo largo
del hueso. Generalmente su sección tie-
ne forma de cuarto de círculo o de U de
apéndices tendidos y lo habitual, cuan-
do la pieza cuenta con varias acanaladu-
ras, es que se encuentren distribuidas a
lo largo del hueso compartimentando el
espacio en varios tramos, que pueden
ser lisos o estar decorados. El grabado
por rotación de la punta de un punzón
(metálico, de piedra o de hueso muy
duro) para conseguir decorar una su-
perficie mediante puntos u hoyuelos,
constituye otra de las técnicas usadas,
tal como vemos en cierto colgante con
forma de animal en perspectiva cenital
hallado en
Cauca
. Una variante de la
técnica del grabado es aquella en la que
se ha usado un instrumento rotatorio
mecánico (arco de fricción, muñequilla
o similar) para grabar círculos concén-
tricos semejantes a los troquelados que
se hacen sobre piezas de bronce (bro-
ches, placas, pectorales, fíbulas…).
Los productos fabricados
El repertorio de útiles y adornos de
hueso, asta y marfil fabricado por los
vacceos es bastante reducido, caracte-
rística que comparte con el documenta-
do entre los celtíberos y otros pueblos
prerromanos meseteños, e incluso con
el de los iberos. Tiene en común con
estos, además, el que se trata de un
repertorio en el que imperan los obje-
tos de carácter funcional sobre los or-
namentales: agujas, punzones, mangos
de herramientas, cachas para las empu-
ñaduras de los cuchillos o puñales, pa-
sadores, camas de bocado de caballo,
espátulas/alisadores, piezas tubulares
de función indeterminada, alguna
fusa-
yola
, un peine. Entre los adornos, tanto
personales como de objetos y piezas de
carácter simbólico, se constatan colgan-
tes, figuras zoomorfas y tal vez una an-
tropomorfa.
Biapuntados y agujas
Las piezas biapuntadas, sin ojal,
aun siendo escasas en los yacimientos
vacceos, algunas sí se conocen. Una de
ellas fue hallada en la zona de La Aguile-
ra, en Montealegre de Campos, tiene 60
mm de longitud, si bien cuando estaba
completa hubo de tener 65 mm. Más
corrientes son las agujas. En El Cenizal
del Soto de Medinilla, fechado en el si-
glo II a. C., tenemos un excelente ejem-
plar completo de 98 mm de longitud. En
ambos casos, sobre todo en el segundo,
puede que sirvieran para coser pie-
zas textiles finas, pues para urdimbres
burdas o sacos utilizarían otros tipos
de agujas más groseras, como se po-
dría interpretar cierta pieza recuperada
de nuevo en Montealegre de Campos,
aunque su excesiva anchura (entre 8 y
13 mm) y grosor (5 mm) más bien nos
induce a pensar que podría tratarse de
un punzón con ojal para colgar.
Ya de carácter especial, quizá
para sujetar recogedores de pelo he-
chos en cuero o en tela, son aquellas
otras agujas que tienen cabeza plana
cuadrada con perforación central, de
las que en el Soto de Medinilla vacceo
se han recuperado varios ejemplares,
el más completo de los cuales tiene 82
mm de longitud, cabeza cuadrada de 18
mm de altura por 15 mm de anchura
y ojal de 7 mm de diámetro. En la ma-
yoría de los yacimientos vacceos estas
piezas son prácticamente desconocidas,
al igual que ocurre en los del resto de la
Meseta o incluso en los ibéricos. Cier-
ta relación morfológica con ellas tiene
aquella otra pieza, también procedente
del Soto vacceo, cuyo vástago no termi-
na en aguja por uno de los extremos,
sino de nuevo en cabeza cuadrangu-
lar perforada. Desconocemos cómo se
utilizaría, pero intuimos que de nuevo
pudo estar relacionada con el recogi-
miento del pelo.
Punzones
Varios son los tipos de punzones
fabricados tanto en hueso como en asta
de cérvido. En hueso, y aunque no son
muy comunes, sí se han podido identi-
ficar en algunos yacimientos punzones
tubulares sobre metapodios de O/C, un
tipo muy extendido durante el Calcolí-
tico y la Edad del Bronce que en época
soteña aún sigue teniendo cierta rele-
vancia pero que en época vaccea clá-
sica se rarifica enormemente, aunque
un par de buenos ejemplos sí podemos
traer a colación. El primero de ellos
procede del Cerro de Tormejón (Armu-
ña, Segovia), tiene el extremo proximal
redondeado y el extremo apuntado del
distal se ha conseguido previo biselado
de esa mitad del hueso y de la extrac-
ción de la parte esponjosa. El segundo
se recuperó en el estrato XVI de la exca-
vación Tierra de las Monedas II de Coca,
en un contexto vacceo muy avanzado,
quizá de hacia el cambio de Era, junto
a una piedra de afilar. Se ha fabricado
sobre fragmento de hueso de ovicapri-
no también, tiene 107 mm de longitud,
es de sección subtriangular en la parte
de la epífisis pero circular en la zona útil
útiles y adornos vacceos fabricados en materias óseas
Derecha: aguja con cabeza cuadrada
perforada de El Soto de Medinilla (según
Z. Escudero).
Izquierda: aguja con ojal del Soto de
Medinilla (según Z. Escudero).
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y la punta está partida. No obstante es-
tos dos ejemplares en hueso, la mayor
parte de los punzones están fabricados
en asta de ciervo y suelen tener el ex-
tremo distal muy pulimentado como
consecuencia del uso, aunque algunos
pulimentos parecen ser naturales.
Conviene señalar en este punto
que a veces se interpretan como pun-
zones simples fragmentos de hueso que
han adquirido morfología puntiaguda
de manera accidental o durante el pro-
ceso de descuartizamiento del animal,
pero que no han sido objeto de trabajos
de afilado por abrasión. Los que ver-
daderamente muestran evidencias de
haber sido afilada su punta ―los habi-
tualmente denominados “punzones de
economía” en contextos neolíticos, cal-
colíticos y de la Edad del Bronce―, en
el mundo vacceo son muy escasos o no
han sido identificados como tales por
parte de los excavadores. Sí los tenemos
constatados, por ejemplo, en Vertavillo
y en Cuéllar.
Espátulas/alisadores
Este tipo de utensilio está pre-
sente tanto en contextos soteños como
del Hierro II, con la misma morfología.
Suele estar fabricado en costillas de
herbívoros de tamaño grande y media-
no: bóvidos, équidos, suidos y ovicápri-
dos. Las espátulas/alisadores más habi-
tuales suelen tener las superficies muy
pulimentadas por el uso, que en unos
casos sería alisar las superficies de los
recipientes cerámicos y en otros quizá
tratar las superficies interiores de pieles
y cueros. Así, en el poblado de Cuéllar
un fragmento de costilla de bóvido o
équido con huellas de uso en sus caras
planas ha sido puesto en relación bien
con la fabricación de vasos cerámicos,
bien con el curtido de pieles.
Cuchillos
Un tipo de útil hasta ahora sólo
documentado en
Cauca
, pero del que
se constatan dos ejemplares, es el cu-
chillo, que también podría haber sido
útiles y adornos vacceos fabricados en materias óseas
Conjunto de útiles en asta de ciervo de
Cauca
: 1, cuchillo-alisador con inicio de perforación en el
extremo proximal; 2 y 3, mangos; 4-9, punzones.
Cuchillo de hierro con mango de hueso de
Montealegre de Campos.
Punzón de hierro con mango de
hueso de la tumba 77 de Las Ruedas
(fotografía del Museo de Valladolid).
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usado como espátula. Están fabricados
en asta de ciervo y se han conseguido
seccionando longitudinalmente un can-
dil con instrumental metálico, presu-
miblemente humedecido con anterio-
ridad. Quizá sea la dureza del soporte,
una vez seco, lo que explica que se haya
fabricado este tipo de herramienta en
asta y no en costilla de équido o bóvido.
El filo, evidentemente, no haría la com-
petencia a los cuchillos de hierro, pero
serviría para cortar materias blandas
tales como la arcilla húmeda, y de he-
cho, uno de los ejemplares está vincu-
lado con la producción de cerámica, ya
que se halló en el alfar que excavamos
en 1989-1990. Tiene 24,2 cm de longi-
tud máxima y en el extremo proximal
una perforación que indica cómo quien
hacía uso del mismo lo tenía colgado
cerca de sí. El segundo, recuperado en
la UE 170 de la campaña de excavación
de 1999 realizada en Los Azafranales, es
de idéntica morfología que el anterior,
tiene 26 cm de longitud máxima, el filo
convexo del tercio distal es bastante
cortante y en el extremo proximal se
empezó a hacer la perforación pero el
trabajo se dejó a medias, no llegando a
calar a la otra cara. Ambos tienen en co-
mún, además, el hecho de que el tejido
esponjoso interior no ha sido elimina-
do, seguramente para no restar solidez
a la pieza, y las superficies exteriores
han sido parcialmente descortezadas
con cuchillo metálico, presentando un
aspecto facetado.
El extremo distal apuntado y con
marcas incisas indicativas de que ha ser-
vido para hacer perforaciones nos con-
duce a interpretar estos objetos como
instrumentos multiusos.
Mangos de herramientas
Los mangos ―generalmente
para útiles cuya parte activa en la ma-
yor parte de los casos es de hierro, tal
como muy a menudo indican los res-
tos de óxido de dicho metal que se han
conservado en el interior de las perfora-
ciones para recibir la espiga e incluso la
pervivencia hasta hoy de esa parte acti-
va, completa o fragmentada―, se fabri-
caron tanto en hueso como en asta de
ovicaprino y de ciervo. La mayor parte
de los mangos de herramientas peque-
ñas son de hueso, pues los de hoz están
fabricados sobre fragmentos basales de
cornamentas de cérvido.
Los mangos sobre asta de capri-
no, aun no siendo muy comunes, se han
podido constatar en algunos yacimien-
tos, como por ejemplo en Vertavillo,
Rauda
o
Cauca
, lo que significa que no
es una materia siempre desechable. Sus
superficies suelen estar en basto, sin ni
siquiera alisar, como nos muestran las
de los mangos de hoz fabricados en asta
de ciervo, aunque en este caso no son
raros los ejemplos en los que esa super-
ficie ha sido descortezada, con lo que
llega a adquirir un aspecto facetado que
a veces, quizá por el uso, presenta un
destacado pulimento.
Mientras ninguno de los mangos
en asta de cáprido que hasta ahora co-
nocemos porta decoración, hecho que
se explica por la mala textura que posee
este tipo de soporte para tal efecto, y
tampoco nos constan decoraciones en
los fabricados en asta de cérvido, un
porcentaje nada despreciable de los
mangos de hueso sí la lleva. Salvo al-
guna acanaladura, siempre son deco-
raciones realizadas con técnica incisa, y
los esquemas conseguidos, de carácter
geométrico: líneas paralelas en horizon-
tal o vertical, en oblicuo, zigzag, reticu-
lados. Seguramente por las obvias difi-
cultades técnicas que entrañan, nunca
hasta ahora se han podido documentar
líneas curvas en estas decoraciones y
menos aún representaciones figura-
tivas. Bien es cierto que estas últimas
podrían haberse llevado a cabo me-
diante tramos cortos de líneas rectas,
de manera que se hubieran conseguido
imágenes esquemáticas muy geome-
trizadas, pero está claro que entre los
vacceos las decoraciones figurativas en
los mangos óseos no tuvieron ningún
predicamento.
Motivo poco habitual en los
mangos, los pequeños círculos con pun-
to central que ornan una pieza hallada
en
Cauca
, quizá en Los Azafranales, se
fabricó sobre metacarpo de ovicaprino
joven. Tiene 72 mm de longitud, 10 mm
de diámetro en la zona central, el extre-
mo proximal del tubo ha sido labrado
útiles y adornos vacceos fabricados en materias óseas
Mango de hueso con decoración incisa y acanalada, de
Cauca
.
Conjunto de útiles de hueso y asta, de
Cauca
: 1-4, mangos de hueso; 5, mango de hoz;
6, pieza tubular; 7 y 8, punzones.
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VACCEA
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a cuchillo para obtener una especie de
pomo troncocónico, y es la parte central
la única que presenta la referida deco-
ración: dos hileras de círculos con punto
central la recorren longitudinalmente,
una de seis unidades y la otra de ocho.
Cachas de empuñadura de
puñales y cuchillos
Las dos piezas más sobresa-
lientes y conocidas que nos muestran
empuñaduras revestidas de cachas de
hueso son el puñal de la tumba 28 de la
necrópolis de Las Ruedas y el puñal de
El Soto de Medinilla. En ambos casos,
aunque son sencillas, llevan una deco-
ración acanalada. A ellas cabe añadir
un fragmento de cacha de hueso halla-
do en
Dessobriga
, perteneciente quizá
al mango de un cuchillo, que reciente-
mente ha sido dado a conocer por sus
excavadores en medios no especializa-
dos. Lo conservado muestra una deco-
ración formada por cuatro líneas incisas
paralelas dispuestas transversalmente
respecto del eje mayor de la pieza, a
modo de triglifo, y a cada lado del mis-
mo se han grabado varios círculos tam-
bién incisos con grueso punto central.
Psalia
o camas de bocado de caballo
Tradicionalmente interpretados
como silbatos, en 1990 Z. Escudero y A.
Balado, basándose en piezas similares
centroeuropeas, propusieron identifi-
carlas con camas de bocados de caballo,
algo sobre lo que más de un investiga-
dor ha mostrado sus dudas al entender,
por una parte, que existen problemas
de encaje con las otras piezas que for-
man el bocado, y por otra, que no tie-
ne mucho sentido fabricar estas piezas
en asta cuando el hierro ya estaba tan
generalizado en esos momentos. Por
nuestra parte hemos de decir que de
tratarse, efectivamente, de camas de
bocado de caballo, sorprende ver cómo
son tan pocos los ejemplares recupe-
rados en las ciudades vacceas, habida
cuenta, por un lado, el importante cuer-
po de caballería con el que contaban to-
das ellas, a decir de los autores clásicos,
y, por otro, que la materia en la que es-
tán fabricados se conserva muy bien. En
Cauca
, por ejemplo, no conocemos has-
ta ahora ni un solo ejemplar, como tam-
poco en
Rauda
,
Pintia
... Bien es cierto
que tampoco abundan los metálicos, y
las circunstancias son las mismas.
Por otra parte, y como bien ob-
servó C. Liesau, de haber servido como
camas, el roce con el pelo y la piel del
animal durante años hubiese provocado
un pulimento en uno de los laterales de
cada pieza que en absoluto se observa.
Sea como fuere, estamos ante un tipo
de útil fabricado sobre candil de cérvido,
apuntado por un extremo y romo por el
opuesto, y de dilatada cronología, pues
en contextos soteños algunas de estas
piezas ya están presentes y en tiempos
romanos se seguían fabricando.
Topes para camas de
bocado de caballo
Por similitud con los metálicos,
cierta pieza fabricada en asta de ciervo
que se recuperó en uno de los ceniza-
les asociados al poblado vacceo de Los
Chanos (Barcial del Barco, Zamora), si-
tuado en las terrazas orientales del Esla,
podría haber sido un tope para cama
de bocado de caballo. Es de morfología
muy similar a otro, pero en este caso fa-
bricado en madera, procedente de una
vivienda de La Aguilera, en Monteale-
gre de Campos, que cabría interpretar
de esta misma guisa. Son piezas cortas,
algo curvadas, con los extremos corta-
dos en plano y una perforación central
que serviría para hacer pasar por ella
uno de los cordeles de las riendas.
Peines
Tan sólo conocemos un peine
fabricado en hueso. Procede de la ne-
crópolis vallisoletana de Las Ruedas,
aunque fue hallado no en posición pri-
maria, sino desplazado del sitio en el
que fue colocado inicialmente, y se en-
cuentra inédito (información que agra-
dezco a C. Sanz).
Fusayolas
No son nada corrientes en el
territorio vacceo, aunque en algunos
enclaves de su entorno sí se tienen
constatadas. Del poblado y la necró-
polis de Ayllón, por ejemplo, proceden
varios ejemplares y en La Corona/El Pe-
sadero, enclave atribuido a los astures
meridionales pero de cultura material
muy vaccea, concretamente en su Fase
II, perteneciente a la Segunda Edad del
Hierro, se recuperaron nada menos
que seis ejemplares fabricados sobre
porción articular de fémur. En el ámbi-
to vacceo sólo nos consta un ejemplar,
hasta ahora inédito, que fue recupera-
do en el estrato XXVI de la excavación
practicada por nosotros mismos en la
calle Azafranales n.
o
5 de Coca. Está fa-
bricada sobre porción articular de fé-
mur también, aunque desconocemos a
qué especie perteneció. Si bien desde
el punto de vista morfológico es una
auténtica
fusayola
, el escaso peso que
poseía nos indujo a pensar si no habría
sido usada como flotador en la práctica
de la pesca, más que como tirante de
los hilos de un telar.
útiles y adornos vacceos fabricados en materias óseas
Puñal con la empuñadura de cachas de hueso de
la tumba 28 de Las Ruedas (según C. Sanz).
Cama de bocado de caballo (
psalium
) del Soto de
Medinilla (según Z. Escudero).
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Tapadera
Como posible tapadera orna-
mental de un pequeño recipiente, tal
vez una cajita, ha sido interpretada una
diminuta pieza troncopiramidal de hue-
so hallada en la excavación practicada
con motivo de la ampliación del I.E.S.
de Coca en 2006. Sus superficies exter-
nas han sido cuidadosamente pulimen-
tadas hasta alcanzar un brillo y un tac-
to céreos, pero la interna, suavemente
cóncava, no está más que alisada. Tiene
22 mm de lado el cuadrado basal, 12
mm de lado el superior y 7 mm de al-
tura. La cara superior cuenta con tres
perforaciones circulares de 2 mm de
diámetro que, formando un triángulo,
muy probablemente sirvieron como
respiraderos de la mercancía conteni-
da en el recipiente que tapaba. A esas
tres perforaciones se añaden otras dos
que, una frente a otra, horadan sendos
tacos rectangulares del cuadrado basal
cuya función bien pudo haber sido la de
alojar un vástago ―metálico, de hueso
o de madera― que hiciese las veces de
bisagra de la tapadera. En la inspección
ocular que de la pieza llevamos a cabo
no hemos podido identificar dentro de
estas perforaciones restos de óxido de
cobre o de hierro que indicaran que di-
cho vástago fuera metálico.
Piezas tubulares de uso indeterminado
A veces pueden confundirse con
simples mangos de hueso ciertas piezas
trabajadas, generalmente sobre diáfi-
sis, huecas en toda su longitud, que no
muestran indicios de que hubiesen teni-
do anclajes para sujetar espiga metálica
alguna o perforaciones para por ellas in-
troducir travesaños con los que permitir
la sujeción. Son auténticos tubos de di-
mensiones variables y función bastante
desconocida que en contextos neolíti-
cos, calcolíticos y de la Edad del Bron-
ce vienen siendo interpretados como
tubos para absorber líquidos, cánulas o
colgantes, pero que en el mundo vacceo
no sabemos para qué servirían.
En
Cauca
fueron recuperadas dos
piezas tubulares, pero diferentes entre
sí. La mayor se obtuvo a partir de una
tibia de ovicáprido, tiene 85 mm de lon-
gitud, un diámetro que oscila entre 11
y 14 mm, es completamente recta y ca-
rece de decoración. Los cortes que han
seccionado transversalmente el hueso
se realizaron con instrumental metáli-
co, tanto con cuchillo como con sierra,
y las superficies muestran una pátina
de excelente calidad, seguramente fru-
to del uso, aunque aún desconocemos
para qué sirvió. La más pequeña es una
pieza tubular fabricada sobre fémur de
ovicáprido, de 45 mm de longitud y 15
mm de diámetro pero está algo curva-
da. Tampoco tiene decoración, pero la
superficie exterior presenta un excelen-
te pulimento cuyo origen no creemos
que esté en su uso a lo largo de muchos
años, sino propiamente en su proceso
de fabricación, por lo que cabe la posi-
bilidad de que fuera una cuenta de co-
llar tubular. Conocemos una pieza muy
similar a esta, tanto morfológicamente
como en lo referente a sus dimensiones,
en Monte Cildá. En ambos casos, se tra-
ta de fragmentos óseos a los que se les
extrajo la médula y el tejido esponjoso
hasta conseguir una pared ciertamente
delgada, aunque muy resistente por la
propia compacidad del hueso.
Aparte de estas dos piezas de
Cauca
, en Cuéllar conocemos otras dos.
La primera de ellas se recuperó en la se-
pultura XVI de la necrópolis de Las Eri-
juelas, tiene 78 mm de longitud, 10 mm
de diámetro y carece de decoración. La
segunda, ya del poblado, es de menor
tamaño pero está decorada con cuatro
frisos de círculos concéntricos con pun-
to central separados por acanaladuras.
Adornos personales, de utensilios
y objetos de carácter simbólico
Los objetos de hueso, asta y mar-
fil que integran este grupo son bastante
menos numerosos que el de los útiles
y morfo-funcionalmente menos varia-
dos también, pero de gran interés para
conocer algunos aspectos de la men-
talidad vaccea por tratarse, en algunos
casos, de piezas de carácter simbólico.
Colgantes, remates decorativos, una
posible
tessera
de hospitalidad y alguna
que otra pieza de difícil interpretación
constituyen todo el repertorio hasta
ahora conocido.
Los colgantes, más allá del sim-
ple ornato personal, cumplen la función
de ser objetos de carácter simbólico con
los que sus portadores en unos casos
tratan de transmitir un mensaje a quie-
nes le rodean (pertenencia a una clase
social elevada, especialista en una acti-
vidad, partícipe de una ideología, etc.),
en otros, de protegerse ante posibles
situaciones adversas (talismán) y, es
de suponer, por paralelismos antropo-
lógicos, que muchos de ellos pudieron
haber sido usados como reclamo para
atraer la atención del sexo opuesto.
En el ámbito vacceo son aún
muy pocos los objetos de hueso o asta
que se usaron como colgantes persona-
les y, lamentablemente, casi todos han
sido hallados fuera de contexto. De las
excavaciones practicadas en 1986-87 en
uno de los cenizales vacceos de El Soto
de Medinilla proceden varias piezas de
hueso que podrían haber sido usadas
como colgantes, y en el Cerro de Torme-
jón (Armuña, Segovia) conocemos un
incisivo de suido con doble perforación
para poderlo colgar de un cordelillo.
No obstante estas interesantes
piezas, el más destacado colgante vac-
ceo que hasta ahora se conoce es, sin
duda, un zoomorfo en perspectiva ceni-
útiles y adornos vacceos fabricados en materias óseas
Pequeña tapadera de hueso hallada en
Cauca
.
Zoomorfo en perspectiva cenital recortado en hueso, hallado en Los Azafranales de
Cauca
.
55
11
VACCEA
ANUARIO
útiles y adornos vacceos fabricados en materias óseas
tal que se halló en
Cauca
en 1971, en
el amplio terrazgo de Los Azafranales,
recientemente dado a conocer por no-
sotros mismos en
Vaccea Anuario 2015
,
nº 8, a cuyo texto remitimos para no ex-
tendernos mucho aquí.
También excepcional en el re-
pertorio hasta ahora conocido de ob-
jetos ornamentales fabricados por los
vacceos en materias óseas es cierta
pieza hallada igualmente en Coca. Es un
remate decorativo de marfil de forma
tubular ―aunque la base es plana―,
debido a que el interior ha sido vaciado
longitudinalmente para por el orificio
hacer pasar el objeto al que adornaba,
pero también fue perforado transversal-
mente justo a la mitad de la pieza, con
lo que se puede decir que ambas perfo-
raciones se cruzan, de lo cual se puede
deducir que estuvo decorando la cru-
ceta de un objeto de no sabemos qué
materia porque restos no han quedado
en su interior (óxidos de bronce, de hie-
rro…). Si la perforación longitudinal es
de sección semicircular porque, como
decimos, la base es plana, la transversal
es de sección elíptica, pero arrancando
de unos laterales cortos verticales. Las
dimensiones son: 37 mm de longitud,
19 mm de anchura máxima y 17 mm de
altura máxima.
Su decoración, realizada con
técnica incisa directa para las líneas
rectas y mediante la aplicación de un
instrumento rotatorio para grabar los
semicírculos concéntricos, se desa-
rrolla exclusivamente en la superficie
externa, que adquiere una morfología
abovedada. Es de una mesura y delica-
deza sorprendentes, lo que nos da pie
a proponer dos ideas que creemos muy
verosímiles. En primer lugar, no parece
el trabajo de un individuo que de forma
circunstancial se enfrenta a materias re-
lativamente fáciles de trabajar como el
hueso, sino de un artesano especializa-
do, sea local, itinerante o tenga el taller
en otra ciudad y a
Cauca
llegara por vía
comercial. En segundo lugar, tan sobre-
saliente adorno hubo de formar parte
de un objeto no menos valioso intrín-
secamente que debió de pertenecer a
un personaje de la élite social caucense.
Entrando en detalles, porque merece la
pena hacerlo, el campo decorativo se
dividió en cinco secciones transversales
separadas por finísimas líneas paralelas
dobles incisas. La sección central, que
se ha dejado lisa, aparece flanqueada
por dos secciones un poco más anchas
en cada una de las cuales se ha graba-
do una tripleta de círculos concéntricos
de dos anillos con grueso punto cen-
tral; al exterior de estas dos secciones,
otras dos presentan una decoración de
triples líneas paralelas entre si, incisas,
dispuestas en oblicuo pero de direccio-
nes alternas, haciendo una especie de
zigzag; y ya en los extremos, el arco de
la pieza aparece recorrido por líneas in-
cisas cortas, paralelas entre sí pero en
oblicuo. No conocemos en el mundo
prerromano meseteño ni tan siquiera
peninsular, un remate decorativo ebúr-
neo con esta morfología. Sobre su cro-
nología, es muy probable que sea de
época avanzada, del siglo II a. C. o, como
muy tarde, de principios del I a. C.
De muy distinta naturaleza es la
pieza de la que ahora nos vamos a ocu-
par. En la monografía que en 1978 pu-
blicó F. Wattenberg sobre los materiales
recuperados en los cenizales de Siman-
cas se recoge un fragmento de cabeza
de fémur (humano, según él) en el que
se grabaron, también según él, las fac-
ciones de un rostro humano. Aunque no
refiere las medidas de la pieza, teniendo
en cuenta la escala que acompaña al di-
bujo, tiene una altura de en torno a 45
mm, una anchura máxima de 38 mm y
un grosor de 20 mm. Dibujo en el que,
por otra parte, están bien claros los
rasgos faciales que identifican la repre-
sentación que Wattenberg ve pero que
sería necesario comprobar con la pieza
en la mano, pues resulta rara en el con-
texto de la imaginería en soporte óseo
generada por los pueblos prerromanos
meseteños. Las únicas caras humanas
vacceas en relieve que conocemos (ha-
lladas en Las Ruedas,
Cauca
y de nuevo
en Simancas) están modeladas en barro
y poseen tal economía de rasgos que en
absoluto se parecen a esta pieza ósea
de Simancas, tan realista que casi pare-
ce un retrato.
Un excepcional significado sim-
bólico cabe atribuir a la cabeza zoo-
morfa de ánade que fue hallada en las
excavaciones realizadas en Cuéllar por
J. Barrio. Recortada en hueso plano,
sus bordes han sido retocados y redon-
deados por abrasión seguramente para
eliminar zonas cortantes o esquirladas.
Técnicamente es similar a lo que los es-
pecialistas en arte paleolítico refieren
con la expresión “contornos recorta-
dos”, que para tan alejado periodo son
sobre todo de caballos y de ciervos.
Desconocemos a qué especie
pertenece el soporte óseo, pues pue-
de que exista una correspondencia en-
tre ella y la imagen representada, pero
coinciden los arqueozoólogos en que
los fragmentos pequeños de hueso pla-
no, como es este, resultan extremada-
mente difíciles de asignar a una especie
concreta. Sus dimensiones son: 39 mm
de altura máxima, 37 mm de anchura
máxima a la altura del pico, y un grosor
que varía de los 4 mm en la zona inferior
a los 6,5 mm en la superior. En ambas
caras pueden verse unas incisiones an-
chas y profundas difíciles de interpretar
pero de indudable ejecución humana y
que son fácilmente aislables de aque-
llas otras naturales o producidas por la
abrasión ejercida para preparar el so-
porte, que enmarañan las artificiales.
Las incisiones que aparecen en la
cabeza se pueden clasificar en tres gru-
pos. Por un lado, están aquellas que han
sido realizadas para dar mayor realismo
al animal, que son las que en ambas
caras marcan el ojo ―en una de ellas
circunscrito por un triángulo inciso―, y
las que en la cara izquierda del animal
marcan cuidadosamente los pliegues de
la piel que hay bajo el cuello. Por otro,
están las incisiones que parecen querer
indicar que se trata no de una cabeza
de ánade en estado natural, sino enga-
lanada: en la cara derecha, una ancha
incisión rodea el cuello a modo de co-
llarín, del cual pende un esquematismo
Placa perforada, decorada con hoyuelos, y vástago
moldurado de función desconocida hallados en El
Soto de Medinilla (fotografía de Z. Escudero).
56
11
VACCEA
ANUARIO
útiles y adornos vacceos fabricados en materias óseas
anguloso difícil de identificar pero que
nada tiene que ver con la anatomía del
animal. Finalmente están las incisio-
nes cuadrangulares que aparecen en el
centro de la cara izquierda, que no son
un elemento decorativo y tampoco un
elemento de la anatomía del animal,
por lo que lo más probable es que se
trate de una singular marca identifica-
dora de algo, que responda a un código.
Y es en este último punto donde entra
la cuestión de la funcionalidad de esta
pieza, pues no parece que fuera un ele-
mento de adorno personal, un colgan-
te, porque carece de agujero para la
suspensión; tampoco estuvo aplicada
a un soporte de mayor tamaño porque
hubieran quedado huellas de la zona de
contacto entre ambas piezas; y menos
aún parece haber sido un manguito de
un útil de pequeño tamaño porque el
borde de la base ha sido tan pulimenta-
da como el resto de su perímetro.
Sea como fuere, lo que es indis-
cutible es que se trata de una pieza sim-
bólica, valiosa para su poseedor o para
el grupo que la mandó fabricar, quizá
una
tessera
de hospitalidad anepígrafa,
como propusimos hace unos años, en
la que el elemento más exclusivo que la
identifica como tal, además de su forma,
sea ese dibujo esquemático que apare-
ce inciso en su cara izquierda, el cual,
dicho sea de paso, no se corresponde
con ninguna grafía (o grupo de grafías
formando nexo) en signario celtibéri-
co o ibérico, aunque cierto parecido sí
tenga con alguna. Lo que se aparta de
lo común es que se haya fabricado una
tessera
en hueso, algo insólito en este
tipo de documentos que, anepígrafos
o con texto, siempre son metálicos. A
veces se ha planteado la posibilidad de
que, además de en soporte metálico,
hubiesen existido acuerdos de hospita-
lidad escritos en cuero, piel o planchas
de madera y que no se han conservado,
pero en hueso, una materia dura que se
conserva bien, hasta ahora no se conoce
nada. Por todo ello, lo más prudente es
dejar en suspenso la posibilidad de que
esta pieza pueda ser una
tessera
y espe-
rar a algún nuevo hallazgo que aporte
luz al respecto.
Objetos auxiliares
Ya para dar por concluido este
apartado, hemos de referirnos a lo que
podrían ser calificados como objetos
auxiliares: piezas trabajadas en hueso
o asta que se fabricaron para sujetar
o dar solidez a ciertas partes de otros
útiles, generalmente metálicos. Cuñas
y tacos se han podido identificar en al-
gunas guardas y pomos de puñales de
Las Ruedas. El uso de cuñas de hueso en
el valle del Duero se remonta, cuando
menos, a época neolítica, perviviendo
incluso hasta tiempos romanos y me-
dievales. Este es un tipo de objeto óseo
que fácilmente pasa desapercibido en
las excavaciones porque suele clasificar-
se como un fragmento más de desecho
de la fauna consumida. Las evidencias
de golpeo en un extremo, las rozadu-
ras en el opuesto y, en algunos casos, la
presencia de manchas de óxido de hie-
rro sin que cerca exista ningún objeto de
este metal, son los indicios que hay que
buscar en este tipo de piezas para iden-
tificar la función para la que sirvieron.
Recapitulando
A la vista de lo anterior, la prime-
ra conclusión que se desprende es de
carácter comparativo, en un doble senti-
do. Por una parte, a diferencia de la épo-
ca soteña, en la que los útiles y adornos
fabricados en materias óseas de origen
animal siguen teniendo una importancia
similar a la que alcanzaron en la Edad del
Bronce, en tiempos del mundo vacceo
clásico se produce una acusada reduc-
ción, tanto cuantitativa como por lo que
a la variedad de tipos se refiere. Reduc-
ción que viene motivada, sobre todo,
por la generalización del instrumental
de hierro para la fabricación de útiles
y herramientas, pero también porque
para determinados objetos, como los
adornos corporales y de la vestimenta o
las piezas simbólicas, es el bronce la ma-
teria preferida. Y por otra, si cotejamos
el panorama vacceo con el celtibérico,
que es el mejor conocido de la Meseta
porque ha sido más a fondo investigado
y desde hace más decenios, vemos que
en este último la variedad y cantidad de
producciones es mayor que en aquel. En
el Duero medio no encontramos, al me-
nos por ahora, matrices de hueso o asta
para decorar cerámica mediante im-
presión o incisión, como tampoco esas
singulares horquillas o agujas de doble
púa y cabeza tallada para sujetar el pelo.
Aunque también es cierto que algunas
magníficas realizaciones vacceas, como
la cabeza de ánade de Cuéllar o el rema-
te de marfil de
Cauca
, por ejemplo, no
tienen parangón en la zona celtibérica.
Pero volviendo a lo que decíamos
al principio del párrafo anterior, esa re-
ducción es diferencial, ya que la mayor
parte del aprovechamiento que se hace
de las materias óseas está enfocado a
la obtención de piezas para enmangar
útiles y herramientas metálicos (cuchi-
llos, punzones, hoces), así como algunas
armas, y sólo de manera secundaria a
otros tipos de objetos tales como espá-
tulas/alisadores,
psalia
, adornos, etc.
Posible rostro humano labrado en porción
articular de fémur quizá humano, de los cenizales
de Simancas (dibujo de F. Wattenberg)
Cabeza de ánade recortada en hueso y con decoración incisa procedente de Cuéllar
(dibujo de J. F. Blanco).
57
11
VACCEA
ANUARIO
útiles y adornos vacceos fabricados en materias óseas
Salvo alguna que otra pieza excepcional,
la escasa especialización que se obser-
va, y que no es más que prolongación
natural de la que existía en las comuni-
dades soteñas, nos induce a pensar que
el trabajo de estas materias se desarro-
llaba no en el ámbito de talleres arte-
sanales urbanos, sino en el puramente
doméstico, familiar. Los errores cometi-
dos en la obtención y preparación de los
soportes, los irregulares acabados que
muestran algunas piezas o las rectifica-
ciones que se observan en los trazos de
muchas de las decoraciones incisas que
engalanan algunos elaborados no son
propias de artesanos especializados, de
maestros en su oficio, sino de personas
que sólo circunstancialmente hicieron
este tipo de labores. Y no cabe pensar
en que estos errores fueran cometidos
por supuestos aprendices de taller por-
que son muy corrientes, si bien es cier-
to que en el ámbito doméstico los hijos
aprenderían de sus padres a fabricar
estos objetos de materia ósea. Si tuvié-
ramos que pensar en un posible taller
especializado, el único contexto que
podría apuntar en esa dirección sería el
documentado en El Soto de Medinilla,
precisamente en una vivienda circular
del nivel II exhumada en las excavacio-
nes de Z. Escudero de los años ochenta
del pasado siglo.
Ya para finalizar, a lo largo de
estas páginas ha quedado también pa-
tente la aún insuficiente información
que tenemos para conocer a fondo esta
parcela de la actividad económica de los
vacceos. Además, se trata de una infor-
mación focalizada en unos pocos yaci-
mientos (
Pintia
,
Rauda
,
Cauca
, Cuéllar,
Septimanca
, El Soto de Medinilla, Mon-
tealegre de Campos, Paredes de Nava y
poco más), que son aquellos en los que
más excavaciones se han practicado. Son
muy pocos los datos que tenemos de los
enclaves situados en la mitad occiden-
tal del territorio vacceo así como de los
existentes en la orla septentrional.
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