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PINTIA
CAMPAÑA XXVIII
EXCAVACIONES EN LAS RUEDAS
EL PERRO Y
EL CALDERO
REFLEXIONES
SOBRE UN ICONO
ARÉVACO-VACCEO
II.
TINTINNABULA
CERÁMICA.
PRODUCCIONES
SINGULARES
BASURAS
Y FURTIVOS
UN DEPÓSITO DE LOS AÑOS OCHENTA
EN LA NECRÓPOLIS DE LAS RUEDAS
9 + 1 ZONAS
ARQUEOLÓGICAS
EN CASTILLA Y LEÓN
PINTIA HETERODOXA E IRREDENTA
DESPUÉS DE
PINTIA
EL MONASTERIO DE
SAN SALVADOR DE PEÑAFIEL
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5 €
58
VACCEA
ANUARIO
A
una broca de bronce para taladro
11
E
l artefacto que presentamos en
esta breve noticia es un hallazgo
que se remonta a 2015, recupera-
do durante los trabajos de excavación
que se vienen realizando anualmente
en el marco del Proyecto Dessobriga
(recapitulación de los mismos entre
2013 y 2017: Torrione, 2018; Mar-
tín Hernández, 2018) y restaurado en
el Museo de Palencia. Se inició este
proyecto en 2013 con una vasta pros-
pección geomagnética de 23 ha cuyos
resultados aportaron una primera lec-
tura del núcleo principal del yacimien-
to. El territorio arqueológico de
Des-
sobriga
, topónimo céltico, se localiza
en la zona centro-oriental del término
municipal de Osorno la Mayor, sobre
el altozano amesetado de Las Cues-
tas, plataforma a una altitud de 880
m s.n.m., en la margen derecha del río
Valdavia, a 4 km de su confluencia con
el Pisuerga, vía de acceso este último
al norte peninsular y posible frontera
natural entre vacceos y turmogos. Se
extiende por las laderas norte y oeste
de la cima, alcanzando también la zona
llana, y se adentra por el este en el
municipio burgalés de Melgar de Fer-
namental, ocupando una superficie no
inferior a 194 ha. Tiene por
telón de
fondo norteño la montaña palentina
(Espigüete, Curavacas, Pico Murcia,
Peña Redonda, Monte Bernorio…), es-
tribaciones y piedemonte de la cordil-
lera Cantábrica.
Hasta donde hoy sabemos,
Des-
sobriga
extiende su cronología desde la
primera Edad del Hierro hasta el perío-
do altoimperial romano, probablemen-
te hasta finales del siglo II d.C., según
apunta el abundante numerario recupe-
rado hasta el presente (Cahanier, 2018).
Primitivo castro, protociudad vaccea ―
oppidum
― posteriormente romanizada
―
mansio
―, aparece citada en el anóni-
mo
Itinerario de Antonino
, catálogo de
rutas terrestres y marítimas del Imperio
Romano compilado hacia finales del
siglo III d.C., que la ubica en el tramo
XXXII
Ab Asturica Tarracone
, entre As-
torga (
Asturica Augusta
) y Tarragona (
Tar-
raco
) del importante trazado viario
De
Italia in Hispanias.
Desde su posición de
marcado carácter estratégico se domi-
na un amplio panorama de llanura y se
controlan los caminos naturales de co-
municación que la circundan. Estas pri-
vilegiadas condiciones más el material
militar y monetario exhumado sugieren
la posibilidad de que
Dessobriga
des-
empeñara un papel estratégico en los
prolegómenos de las Guerras Cántabras
(29-19 a.C.) y en la consecutiva etapa de
pacificación y organización del territorio
(Torrione y Cahanier, 2014).
Es uno de los yacimientos de
la Comunidad Autónoma de Castilla
y León actualmente mejor documen-
tados mediante prospección geofísica
(2013) y fotografía aérea (2013-2016).
Posee una necrópolis ubicada en la la-
dera noroccidental del
oppidum
, cuya
extensión abarca más de 500 m
2
(estan-
do aún por delimitar en su totalidad)
y se enmarca en la Primera y Segunda
Edad del Hierro, con total ausencia de
material romano.
Localización y contexto del hallazgo
Fue durante la exploración geomagnéti-
ca de 2013, en la terraza noroeste domi-
nada por el espolón del cerro, zona de
antiguo manantial con una capa freática
59
11
VACCEA
ANUARIO
una broca de bronce para taladro
importante aún en la actualidad, cuando
se detectó lo que interpretamos como
posibles
loculi
de una necrópolis de in-
cineración, hipótesis que aportaría prue-
bas fehacientes a partir de las excavacio-
nes de 2015. Se sitúa a proximidad de
uno de los accesos al
oppidum
revelado
por las exploraciones que se vienen rea-
lizando (revisión directa de los relieves
y microrelieves, análisis de datos LiDAR,
vuelos fotogramétricos 1945-1986: ame-
ricanos, interministerial, nacional; vuelo
quinquenal 1998-2003 y vuelos PNOA
2005-2016), gracias a las cuales se han
identificado algunas de las puertas y pro-
bables puntos de acceso al recinto, así
como líneas secundarias o complemen-
tarias de defensa en todo el contorno
del núcleo, estructuras construidas en
la Edad del Hierro. Este espacio funera-
rio prerromano no fue detectado en las
prospecciones de superficie que reali-
zara en 2001-2002 la empresa Strato,
durante la intervención de urgencia que
acometió en este sector, previa a la cons-
trucción de la autovía del Camino de
Santiago, la cual pondría
al descubier-
to un hábitat de cabañas de la Primera
E
dad del Hierro (Misiego y Etxeberría,
2003). Sin duda
ambos emplazamientos
formaban una misma entidad huma-
na, un tipo de poblamiento que, por su
extensión y complejidad, estamos aún
en vías de caracterizar adecuadamente.
Los
loculi
revelados en 2013 por
el magnetograma corresponden a hoyos
de forma hemisférica, directamente exca-
vados en el sustrato geológico y sellados
por una cobertera de cantos de río que
acondicionan igualmente su interior,
con material cerámico datable de la Se-
gunda Edad del Hierro en las catas rea-
lizadas hasta la fecha. Dentro de uno
de ellos se encontró en 2016 una cista
pseudorectangular con paredes de par-
ticular consistencia, fabricadas con mor-
tero de cal, arena y agregados vegetales,
y en su interior una pequeña urna vaccea
(vaso globular rojo-anaranjado de labio
sencillo), cuidadosamente calzada con
cantos de río. Análisis químico-orgáni-
cos de sedimento aplicados al contenido
y paredes internas del vaso permitieron
detectar, además de cenizas y fibras de
tejido, residuos de uva tinta fermen-
tada –ácidos tártrico, málico, siríngico
y succínico–, es decir de vino tinto (
El
País
, edición impresa y digital, 14 y 15
de febrero de 2017), igualmente de-
tectado por análisis sedimentológico
en el relleno de uno de estos hoyos fu-
nerarios acondicionados y presumible
residuo libatorio. Aunque aún resulta
muy limitado el sector intervenido, las
excavaciones van proporcionando inte-
resante información sobre prácticas ri-
tuales, organización y aprovechamiento
del espacio fúnebre, así como algunos
elementos de ajuar singulares en terri-
torio vacceo, entre los que esta broca de
bronce es un ejemplo representativo.
Se encontraba ésta a proximidad
de otros útiles que indicaban un posible
ajuar funerario, aflorando parcialmente
a la superficie en un área contigua a la
de la excavación que se estaba reali-
zando en el verano de 2015 y dentro
de la misma parcela. No estando pre-
visto sondearla en aquella campaña se
solicitó permiso urgente de la Junta de
Castilla y León para proceder a una in-
tervención inmediata y evitar expolios.
Se trataba de un conjunto de mangos de
hueso y asta, vástagos y piezas de hierro
correspondientes a punzones de artesa-
no, similares a algún ejemplar hallado
en
Pintia
, cerámica vaccea y material
óseo (huesos cremados y sin cremar). Se
planteó entonces una pequeña cata de 1
x 1 m orientada en el eje N-S y se realizó
una minuciosa excavación de parte de
una cubeta de planta circular y tenden-
cia ligeramente ovalada, en la que se re-
cuperaron cerámicas muy fragmentadas
Necrópolis de
Dessobriga
: broca recién extraída (fotografía de M. Torrione).
Necrópolis de
Dessobriga
: conjunto de material óseo (fotografía de M. Torrione).
60
11
VACCEA
ANUARIO
―que podemos datar entre finales del
siglo II y primeros del I a.C.―, huesos de
fauna, fragmentos de huesos cremados
y restos metálicos. Este depósito alcan-
zaba una profundidad de unos 20-25 cm
y terminaba en un fondo empedrado,
conformando una plataforma o encan-
chado de cantos rodados, disponibles
en el entorno. Dicha plataforma pétrea
sellaba un segundo depósito en una
cubeta excavada a mayor profundidad
―que interpretamos entonces como un
“hoyo ritual”, muy probablemente de
carácter funerario― en la que se habían
depositado una serie de materiales.
En este segundo depósito se recupera-
ron abundantes fragmentos cerámicos
de tipología vaccea, metales (hierro y
bronce) y un notable conjunto de hue-
sos cremados y sin cremar. El depósito
alcanzaba una profundidad máxima de
unos 10-15 cm llegando hasta un nivel
de arcillas sin materiales arqueológicos
(Torrione, Torres Martínez y Martínez
Velasco, 2015).
Descripción del objeto
Se trata de un corto cilindro en bronce
de 60,18 mm de longitud, que muestra
un diámetro algo mayor en el extremo
activo (punta) ―6,34 mm Ø― que en el
opuesto ―5,21 mm Ø―. La sección es
cuadrilobulada, producto de haber rea-
lizado otros tantos profundos surcos de
sección en “V”. A lo largo de cada uno
de ellos se cincelaron transversalmente
cortas líneas paralelas.
La
parte activa,
vista desde una perspectiva cenital, tie-
ne forma estrellada al estar compues-
ta por seis aristas repartidas de forma
equidistante que convergen en un pu-
nto central.
Comenzando por el cuerpo,
este objeto fue creado ranurando
cuatro largos y profundos surcos equi-
distantes, lo que a la vez formó
los
cuatro lóbulos correspondientes;
posteriormente aquéllas se rellena-
ron por completo y como dijimos de
cortas líneas incisas. La función de
todo ello fue crear una topografía de
agarre e inmovilización de la herra-
mienta en el portabrocas, que asegu-
rase un trabajo eficaz de perforación
durante los continuos giros. La pro-
longada práctica hacía que el extremo
apuntado, y por lo tanto también las
aristas, se fuesen deteriorando paula-
tinamente. Por lo tanto era necesario
reconstruir dicho extremo activo re-
haciendo de nuevo el cono y reparan-
do a la vez las aristas. Este trabajo po-
siblemente se realizara también con
los extremos agudos de una lima con
ángulos.
Fabricación del cuerpo de la
herramienta y utilidad de su diseño
Una vez obtenido el cilindro metálico,
se practicaron en la casi totalidad de su
longitud y dispuestas de forma equidis-
tante cuatro líneas de puntos incisos. El
motivo de su presencia tuvo una doble
función, siendo la primera el servir de
guía a la lima que a continuación se
iba a utilizar, y en segundo lugar, como
superficie antideslizante durante el de-
sarrollo del trabajo con esta misma he-
rramienta. De esta manera se realizaron
utilizando lima de ángulos los cuatro
profundos surcos, formándose a la vez
los cuatro lóbulos que caracterizan la
sección de la broca. Pero no quedaron
borrados los antedichos puntos, de tal
manera que en el fondo de cada sur-
co queda aún la huella de cada uno de
ellos. Entonces, en cada lugar exacto y
por medio de un pequeño cincel (con el
filo quizás de forma triangular de lógico
extremo apuntado) se fueron estam-
pando a martillo pequeñas líneas trans-
versales a lo largo de cada uno de estos
surcos.
La función de todo este trabajo
a lo largo del cuerpo de la broca no fue
otro que el crear una abrupta topografía
de agarre del instrumento a su soporte
o portabrocas, el cual estaría confeccio-
nado en una materia orgánica (madera
una broca de bronce para taladro
Tumba y encachado con material cerámico
y óseo (fotografías de M. Torrione).
Broca y detalles (
Dessobriga
) (fotografías de C.
Fernández; montaje: M. Torrione).
61
11
VACCEA
ANUARIO
o hueso). De tal forma que al rotar se
lograse una inmovilidad tal durante los
giros, que asegurase un trabajo eficaz
de perforación, lo que no se lograría si
ambos complementos (broca y porta-
brocas) fuesen lisos.
El extremo activo: confección,
uso y reafilado
La punta, extremo distal o parte activa
de esta broca se confeccionó por me-
dios mecánicos, creando mediante una
lima de ángulos, como dijimos, surcos
oblicuos en el extremo de más diáme-
tro. Dichos surcos se ranuraron a partir
de cada punto concreto, exactamente
donde finalizaba la línea de fondo de
cada surco lateral del cuerpo. De esta
manera se creó un conjunto de surcos
en “V” de anchura y profundidad seme-
jantes que convergían en el centro del
extremo del cilindro. Por lo tanto a cada
lóbulo le correspondería una arista.
Este cono activo tiene hoy un “ángulo
de punta” al exterior en torno a los ±
45
o
. Tal dato nos sitúa ante un extremo
muy agudo, lejos de los valores de 59
o
y
118
o
que muestran las brocas actuales.
La utilización de este objeto im-
plicaba un uso rotatorio del mismo en
ambos sentidos (si como creemos se
utilizó, por ejemplo, en un taladro de
arco) sobre una materia dura y resisten-
te, aunque de menor dureza que la ma-
teria de la que estaba fabricada la bro-
ca, que produciría un lógico desgaste en
el extremo activo. La fricción provocada
al ir taladrando aquella materia iría des-
gastando las aristas, eliminado el corte
de cada una de ellas y reduciendo el án-
gulo cónico en el extremo de la broca,
también llamado “ángulo de la punta”.
Por lo tanto, la punta activa de la broca
necesitaría obligatoriamente un reafi-
lado para no llegar a “embotarse”, per-
diendo eficacia hasta hacerse del todo
inoperante. Hoy muestra una altura de
cono de 2 mm.
El necesario reafilado de dicho
extremo suponía repasar ―y rehacer―
con lima las ranuras, volviendo a crear a
la vez un nuevo filo en las aristas. Este
trabajo de reconstrucción repetido va-
rias veces iría reduciendo paulatina-
mente la longitud de la broca, lo que
se hace evidente en la eliminación de
las líneas paralelas incisas en el fondo
de cada surco longitudinal del cuerpo.
Durante la realización de este trabajo,
tal vez el poco cuidado en la ranuración
o quizás la necesidad de un mayor nú-
mero de aristas ante la observación de
que con un mayor número se llevaría a
cabo posteriormente un trabajo más rá-
pido y/o con mejor acabado, hizo que el
artesano practicase un mayor número
de éstas. Así, las seis ranuras que hoy
observamos en el extremo activo de la
broca no coinciden con las cuatro ra-
nuraciones longitudinales de origen.
Lo que dio como resultado un mayor
número de filos: de cuatro en origen a
seis hoy. Esta práctica debió de llevar-
se a cabo varias veces, puesto que en el
interior de alguna de las ranuras se con-
servan restos de otros filos sin función,
que aparentemente responden a restos
de otros filos más antiguos ya amortiza-
dos. Lo que viene a decirnos que las ra-
nuraciones practicadas para obtener un
mayor número de estos filos se hicieron
un tanto aleatoriamente en función del
espacio del que disponía el artesano,
perdiendo así las correlaciones a lóbu-
los y surcos que originalmente fueron
sus referencias.
Singularidad del objeto
En nuestra investigación sobre artesa-
nado prerromano de materias duras
no hemos localizado hasta el momento
ningún ejemplar semejante a esta broca
de bronce, que consideramos serviría
para taladrar preferentemente made-
ra y materia ósea, de las que se han
exhumado piezas perforadas en la ne-
crópolis de
Dessobriga
: placas de hue-
so decoradas con círculos concéntricos
(correspondientes a mangos de cuchil-
lo) y
fusayolas
fabricadas a partir de ex-
tremidades óseas animales, epífisis de
hueso largo, además de finas láminas
de bronce con decoración geométrica
y círculos concéntricos. Pero respecto a
esta industria, las fuentes históricas son
casi mudas y la investigación es poco
abundante, muy reciente y orientada
a la localización de talleres dedicados a
este tipo de actividad, a la gama de ob-
jetos manufacturados y a su decoración,
más que a los instrumentos con que se
fabrican (sobre depósitos secundarios
artesanales, centros de producción y
materiales entre la Edad del Hierro y la
época romana: Bertrand, 2008; Khan,
2014).
Precursor del taladro sería el
“molinillo” prehistórico de hacer fue-
go, la varilla cilíndrica de madera cuyo
método de giro se irá desarrollando
desde el primer sistema de frotación
con las palmas de las manos hasta la
utilización de un cordel enrollado a una
varilla que tiraba alternativamente de
sus extremos.
Con la invención del “arco” y el
uso de taladros o perforadores enman-
gados se producirá un sensible adelanto
técnico para conseguir velocidad de ro-
tación de la pieza inserta en un vástago
de madera y perforado por frotación
abrasiva. El sistema consiste en enrol-
lar una cuerda al eje portabrocas, atada
una broca de bronce para taladro
Necrópolis de
Dessobriga
: placa de hueso
decorada (fotografía de M. Torrione).
62
11
VACCEA
ANUARIO
por sus extremos a un arco de madera
para hacer girar la pieza en movimiento
de vaivén. Al taladro de arco seguirá el
taladro con volante de inercia, cuyo uso
se generaliza a finales del Neolítico y
en la Edad de los Metales, coexistiendo
ambas modalidades. En este registro de
utillaje ―taladro de arco o taladro con
volante de inercia― se situaría la broca
de la necrópolis de
Dessobriga
, que en
su contexto arqueológico de la Segunda
Edad del Hierro nos aparece, por su ti-
pología y por el valor material del metal
utilizado, como un utensilio manufactu-
rado único en su género, una suerte de
capricho de sibarita.
Aunque alejado en cronolo-
gía, forma y modalidad de utilización
de la broca de
Dessobriga
, citaremos
sin embargo, por su carácter igual-
mente excepcional, una broca (
trapa-
no
) de bronce conservada en el Mu-
seo Arqueológico Nacional de Cagliari
(Cerdeña), proveniente del complejo
nurágico del Monte Sa Idda (Decimo-
putzu), excavado por Antonio Taramelli
en la segunda década del siglo XX (Tara-
melli, 1921: 51,
fig.
66). Fechado entre
los siglos XII-VIII a.C., el taladro es un
artefacto raramente presente entre la
rica producción de utillaje del Bronce
final sardo (Deiana, 2014: 294) y ex-
presión de la avanzada tecnología de
la cultura nurágica. De forma y sección
rectangular de la mitad hacia la zona de
inserción en el enmangue, su extremo
helicoidal se retuerce con un doble giro
sobre su propio eje, tiene márgenes
rectilíneos, punta cortante o parte ac-
tiva redondeada por el uso; medidas:
129 mm de largo x 8 de sección, según
la ficha catalográfica del Museo (Mora-
vetti, 2014: 301, fig. 29, inv. 36248). Se
trata, pues, de una suerte de
terebra
o
pequeña barrena que se insertaría en
una broca de bronce para taladro
1.
Trapano
(broca), Museo de
Cagliari y dibujo de Taramelli.
2.
Trapano
de bronce (Modica,
Sicilia), dibujo de Orsi.
3.
Trapano
de hierro, ss. XIX-XX,
Museo d’Arti e Mestieri Antichi
de Montelupone (Macerata).
Cord drill and pump drill
(primitive technology.wordpress.
com) https://www.youtube.com/watch?v=ZEl-Y1NvBVI.
Arriba:
instrumentos para producir
fuego por fricción (
Musée d’Aquitaine
,
Bordeaux; fotografía de M. Torrione).
Abajo: taladro de arco
(Museo Archeologico
Nazionale di Pontecagnano)
.
123
63
11
VACCEA
ANUARIO
una broca de bronce para taladro
un enmangue de materia perecedera y
funcionaría por presión y torsión en un
solo sentido. Sus características no dis-
tan mucho de las actuales brocas para
madera o metal.
Muy distinta tipología presen-
taban en la Edad del Hierro los
trapani
sicilianos, representados por la singu-
lar forma de un ejemplar, también de
bronce, proveniente de Modica, que
el célebre arqueólogo tridentino Paolo
Orsi publicó a comienzos del pasado
siglo en sus
Ripostigli di bronzi siculi
.
Es un
trapano
o
succhiello
, pequeña
barrena de 118 mm, si no única sí rarí-
sima (Orsi, 1900), como las de hierro y
madera que se usaban en su tiempo y
se siguen usando aún hoy para bricolaje
manual sobre madera.
El objeto tan singular que hemos
descrito ―único a día de hoy entre lo
conocido del mundo antiguo respecto
a confección y diseño de herramientas
usadas por el hombre para taladrar
materias duras― nos sorprende prin-
cipalmente por dos aspectos funda-
mentales, dada su notable antigüedad.
El primero responde a su diseño, que
podríamos considerar como técnica-
mente avanzado y que al parecer no
tuvo continuidad ni desarrollo, y por lo
tanto transcendencia ni en el espacio
ni en el tiempo. El segundo al ingenio
y logro del artesano que creó para sí
esta herramienta, personaje anónimo
a cuya tumba fue a parar su invento
quizás en calidad de ofrenda signifi-
cativa. Lo que no cabe duda es que se
adelantó a su tiempo, imaginando un
instrumento eficiente que nos ilustra
tanto sobre su inventiva como sobre
el excelente conocimiento de su pro-
fesión, el interés por ella y la preocu-
pación que sentiría por desarrollar un
trabajo más perfecto y eficaz. Algo
comparable a lo acaecido, siglos atrás,
a otros anónimos personajes que vivie-
ron en Cerdeña al final de la Prehisto-
ria, quienes así mismo diseñaron unos
modelos de brocas de la más rabiosa
actualidad: “redescubiertas” al menos
diecisiete siglos después…
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Margarita Torrione
Universidad de Saboya y Société
Archéologique de Bron (Lyon)
Carmelo Fernández Ibáñez
Museo de Palencia e Instituto
de Prehistoria y Arqueología
“Sautuola” (Santander)
Taladro con volante de inercia (
Museo di Terramare di Montale
, Módena).