www.pintiavaccea.es
5 €
PINTIA
CAMPAÑA XXVI
GRAVURAS DEL CÔA
Idade do Ferro
TARIEGO DE CERRATO
CIU
dade
S V
a
CC
ea
S
ORFEBRERÍA VACCEA
ERAS DEL
BOSQUE
e
N
e
L MUS
eo
de
G
ra
N
ada
40
9
VACCEA
ANUARIO
A
las cerámicas vacceo-romanas
L
a
necrópolis
de
Eras
del
Bos-
que
se
descubre
en
la
segun-
da
mitad
del
siglo
XIX
en
la
ciudad
de
Palencia
como
consecuencia
del
desarrollo
de
las
obras
del
fe
rrocarril
(Amo,
1993:
173).
Ser
á
el
erudito
local,
don
Francisc
o
Simón
y
Nie
to,
quién
dará
cuent
a
de
est
e
nuev
o
hallazg
o,
en
un
in-
f
orme
titulado
El bosque
sagrado
(López
Rodrígue
z,
1978:
189),
pues
asocia
los
depósitos
cinerarios
con
ofre
ndas
sa-
crificiales
de
un
locus
o
bosque
sagrado
(Amo,
1993:
170).
Al
igual
que
Francisc
o
Simón
y
Nie
to,
muchos
otros
anticuarios
at
esora-
rán
piez
as
arqueológic
as
pro
venientes
de
est
e
cemen
terio
en
sus
coleccione
s
parti-
cular
es.
Nos
encon
tramos,
por
tan
to,
en
una
época
en
la
que
importaba
poco
el
con
texto
arqueológic
o
y
la
inf
ormación
complemen
taria
que
est
os
objet
os
nos
pudier
an
dar,
primando
lo
ex
ótico
y
lo
bello,
dentr
o
de
un
af
án
cole
ccionista.
Como
consecuencia,
asistimos
a
la
dis-
per
sión
de
las
piez
as
en
distin
tas
colec
-
ciones,
de
las
cuales
se
presen
ta
en
est
e
trabajo
una
de
ellas,
depositada
en
el
Museo
Ar
queológico
de
Gr
anada.
El
es
tudio
de
la
document
ación
dejada
por
Francisc
o
Simón
y
Nie
to
ha
pues
to
de
relie
ve
la
exis
tencia
de
tres
necrópolis
bien
distin
tas
(Amo
1992),
o
dicho
de
otra
forma,
una
misma
necró
-
polis
que
va
ampliándose.
Entr
e
esos
su-
pue
stos
núcleos
cemen
teriales,
uno
de
ellos
ha
dado
res
tos
que
at
estiguan
un
momen
to
de
romaniz
ación
como
lo
de-
mues
tran
las
inhumaciones
en
sepulcros
con
cubierta
"a
modo
de
bisel”
y
las
inci-
ner
aciones.
Por
otro
lado,
antr
opónimos
de
orige
n
prerr
omano
como
Acc
aecia
o
Oreceti
presen
tes
en
las
inscripciones,
además
de
objet
os
como
tijer
as
y
ciertos
puñales,
tes
timonian
elemen
tos
de
rai
-
gambre
indíge
na
(Amo,
1992:
174).
Por
tan
to,
Eras
del
Bosque
era
un
cemen
terio
en
el
que
coe
xistían
element
os
ve
rnácu-
los
y
otros
plename
nte
romanos,
como
se
re
fleja
en
la
serie
de
ajuares
que
est
án
depositados
en
el
Museo
Arque
ológico
de
Gr
anada.
41
9
VACCEA
ANUARIO
las cerámicas vacceo-romanas
Como
hemos
comen
tado,
los
primeros
hallazg
os
pasarán
a
manos
de
coleccionis
tas
particulares
como
Simón
y
Nie
to.
Más
adelant
e,
sus
descendien
tes
cedier
on
las
piez
as
a
distin
tos
museos.
Se
sabe
de
la
exis
tencia
de
piez
as
de
est
a
necrópolis
en
el
museo
de
Palencia
(Carre
tero
y
Guerr
ero,
1989),
Valladolid,
Sant
ander
(López
Ortiz
y
Olea
Madariaga,
1986-1988),
el
Museo
Arque
ológico
Na
-
cional
(Tar
acena,
1947)
y
ahora
el
Museo
Arque
ológico
de
Gr
anada.
Francisco Simón y Nieto (1856-1920).
Estudió
Medicina
y
se
doctor
ó
por
la
Univer
sidad
de
Valladolid.
Fue
presiden
te
y
fundador
del
Colegio
de
Médicos
de
Palencia,
miembro
de
la
Sociedad
Ec
onómica
de
Amigos
del
País
de
Palencia,
corr
esponsal
de
la
Real
Academia
Española
de
la
His-
toria
y
miembro
de
la
Comisión
Pro
vincial
de
Monument
os.
También
se
acerc
ó
a
la
política,
desde
el
partido
Izqu
ierda
Liberal,
alcanz
ó
la
Alcaldía
de
Palenci
a
en
1906,
aunque
solo
duran
te
un
periodo
de
dos
meses,
tras
el
que
dimitió.
Su
afición
por
los
estudios
hist
óricos
locales
quedó
pat
en-
te
en
diver
sos
trabaj
os
sobre
los
antiguo
s
Campos
Góticos,
la
ca
tedral
de
Palencia
o
el
"bosque
sagr
ado"
de
Er
as
del
Bosque.
(Fot
ografía:
Ar
chivo
I.E.S.
Jor
ge
Manrique,
P
alencia).
42
9
VACCEA
ANUARIO
las cerámicas vacceo-romanas
En
concr
eto,
la
colección
aquí
analizada
ingresó
en
est
e
museo
en
ene-
r
o
de
1951
como
donación
de
Manuel
Gómez-Mor
eno
Martínez.
Gracias
a
las
memorias
rec
opiladas
por
la
hija
de
ést
e,
sabemos
que
lleg
aron
a
sus
manos
por
envío
direct
o
del
mismo
Francisc
o
Simón
y
Nie
to.
Est
o
nos
indica
que
en
el
siglo
XX
era
muy
usual
int
ercambiarse
piez
as
anti
-
guas
y
valiosas
entr
e
coleccionis
tas,
con
el
objetiv
o
de
tene
r
una
gran
selección
de
res
tos
de
muchos
lugar
es,
cuant
os
más,
mejor.
En
est
e
sentido
se
entiende
la
con
-
cepción
occident
al
de
museo:
un
lugar
donde
de
una
sola
ve
z,
las
personas
pue-
dan
visualiz
ar
la
Hist
oria
Unive
rsal.
Por
eso,
era
más
importan
te
para
los
museos
tene
r
una
pequeña
muestr
a
arque
ológi-
ca
de
cada
sitio
que
tene
r
grandes
can
-
tidades
de
ma
terial
de
una
sola
cultur
a.
El
lote
lo
compr
enden
trein
ta
y
dos
piez
as:
diecisie
te
con
tenedores,
ocho
sonajeros
de
tradición
vaccea,
una
tapader
a
rect
angular,
una
bola
de
barro
macizo
y
bolas
de
barro
decor
adas,
de
las
cuales
dos
est
án
perfor
adas
de
ex
tremo
a
ex
tremo.
Hemos
dividido
su
estudio
se-
gún
su
forma
y
funcionalidad
en
distin
tos
apartados
desarr
ollados
a
c
ontinuación.
Contenedores
El
conjunto
compr
ende
un
tot
al
de
diecisiet
e
con
tenedores,
de
los
cua-
les
tra
taremos
dieciséis,
debido
al
est
a-
do
en
res
tauración
de
uno
de
ellos,
al
que
no
hemos
tenido
acceso.
Se
tra
ta
de
cerámic
as
hechas
a
torno
,
de
color
anaranjado
,
fruto
de
una
cocción
en
ambient
e
oxidan
te
en
horno
bicamer
al;
con
acabados
de
cerámic
a
común,
lisa
o
decor
ada
con
pintur
a
marrón
oscura,
que
repr
esenta
motivos
de
tradición
indígena.
El
barro
es
de
buena
calidad,
muy
depurado
y
decan
tado.
Las
formas
y
las
atribucione
s
funcionales
int
entan
imitar
,
en
algunos
casos,
la
cerámic
a
fina
romana
y
la
sigillata
.
En
otros
casos
nos
encon
tramos
con
perfiles
y
atribu-
ciones
funcionales
de
tradición
indíge
-
na.
La
may
oría
de
las
piez
as
responden
a
minia
turas
de
pie
zas
ma
yores.
Entre
las
formas
dest
acan
las
es-
tudiadas
por
Abascal
(1984),
las
abiertas
y
car
enadas,
los
oinochoe
o
jarritas,
que
apare
cen
en
cemen
terios
vacceos
como
Pintia
.
También
dest
acamos
un
cuenco
trípode
y
una
copa
con
anillas,
ambas
formas
de
raig
ambre
vaccea.
Por
otro
lado,
tene
mos
cer
ámicas
que
imitan
perfiles
romanos
como
las
núms.
7
y
15.
En
definitiv
a,
se
corr
esponden
con
cerámic
as
vacc
eas tardías
(Blanco
García,
2015:
455)
con
una
cronología
de
finales
del
siglo
I
a.C.
(30/20
a.C.)
a
mediados
del
I
d.C.,
y
cerámic
as
tipo
Clunia
que
empiez
an
a
circular
a
princi-
pios
del
siglo
I
d.C.
Sus
pintur
as,
de
cla-
r
a
tradición
indígena,
nos
indican
una
con
vivencia
de
ideas
y
de
creencias
que
sobre
viven
a
la
romaniz
ación.
Poniendo
est
a
car
acterística
sobre
la
mesa,
cabría
pregun
tarse
si
se
tra
ta
de
alfar
eros
in-
dígenas
que
se
adapt
an
a
las
modas
ro
-
manas,
con
sus
nuev
as
formas,
o
si
son
alfar
eros
latinos
que
aplican
las
formas
romanas
conocidas,
pero
que
para
in-
troducir
esos
nuev
os
product
os
a
una
gran
población
indígena
deciden
aplicar
las
dec
oraciones
pr
eexistentes.
Sonajeros
En
el
conjun
to
conser
vado
en
Granada
disponemos
de
ocho
sonaje-
ros
de
los
cuales
cinco
son
lenticular
es
(núms.
17
a
21)
y
tres
esf
éricos
(núms.
22
a
24).
«Desde
un
punt
o
de
vist
a
mor-
fológic
o
los
sonajer
os
son
rec
ipientes
cerrados
y
huecos
que
alojan
en
su
in-
terior
pequeñas
piedrecit
as
o
bolitas
de
barro
que
al
ser
agitados
producen
ruido»
(Romer
o
et
alii,
2013:
93).
Los
ti-
pos
en
los
que
se
han