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5 €
PINTIA
CAMPAÑA XXVI
GRAVURAS DEL CÔA
Idade do Ferro
TARIEGO DE CERRATO
CIU
dade
S V
a
CC
ea
S
ORFEBRERÍA VACCEA
ERAS DEL
BOSQUE
e
N
e
L MUS
eo
de
G
ra
N
ada
52
9
VACCEA
ANUARIO
A
los vacceos a comienzos del imperio
D
e
los
posibles
enfren
ta-
mientos
entre
ciudades
vacceas
que
a
lo
largo
de
los
siglos
IV
y
III
a.C.
debieron
de
pro-
ducir
se
casi
nada
sabemos,
pero
si
consideramos,
por
una
parte,
que
en
muchas
sepulturas
de
las
necrópolis
de
esas
centurias
son
habituales
las
armas
y,
por
otra,
que
es
el
periodo
en
el
que
se
amurallan,
la
idea
que
se
desprende
es
que
la
guerra
estaba
muy
arraigada
y
generaliz
ada.
Guerras
que,
en
cual-
quier
caso,
no
cabe
pensar
que
fueran
grandes
conflict
os
armados
al
estilo
de
los
que
mantenían,
por
ejemplo,
las
ciudades
de
la
Edad
del
Bronce
del
Me-
diterráneo
oriental
o
las
de
los
reinos
helenísticos,
sino
más
bien
de
ámbito
comarc
al,
con
operaciones
de
pillaje
en
las
que
se
robarían
ganados,
cosechas,
riquezas
familiares
en
asaltos
perpetra
-
dos
a
ciudades,
se
asaltarían
a
los
co-
mer
ciantes
y
artesanos
en
los
tránsitos
de
unas
a
otras,
etc.
Y
es
que
los
guerre-
r
os
que
formaban
parte
del
cuerpo
so-
cial
de
cada
una
de
las
ciudades
vacceas
no
constituían
auténtic
os
ejércitos,
sino
más
bien
grupos
de
hombres
armados,
jerárquic
amente
organiz
ados
y
dirigidos
por
una
elite
militarizada.
No
tenemos
ni
un
solo
dato
que
nos
permita
aproxi
-
marnos
al
porcent
aje
de
población
que
en
las
ciudades
vacceas
integr
aba
su
cuerpo
armado
en
tiempos
de
paz,
pues
en
período
de
guerra
las
fuentes
refie
-
ren
cómo
todos
los
hombres
en
edad
de
combatir
tenían
obligación
de
hacerlo.
La
llegada
del
ejércit
o
cartaginés,
con
Aníbal
a
la
cabez
a,
en
el
occidente
vacceo
en
el
año
220
a.C.,
los
primeros
enfr
entamientos
entre
tropas
romanas
y
guerreros
meseteños
entre
los
años
193
y
185
a.
C.,
y
la
guerra
con
los
celtíberos
en
los
años
182-178
a.C.
debieron
de
suponer
un
cambio
importan
te
en
la
mentalidad
de
los
vacceos
en
lo
que
a
la
guerra
y
a
la
seguridad
de
sus
ciudades
se
refie
-
re.
Puede
que
cada
ciudad
empezar
a
a
sentirse
más
vulnerable
ante
la
pre-
sencia
en
su
vecindad
de
unas
fuerzas
formadas
por
miles
de
guerreros
bien
organiz
adas,
pertrechadas
y
adiestra
-
das
militarment
e,
con
infan
tería
pesada
y
máquinas
de
guerra,
pero
a
pesar
de
ello,
hasta
mediados
del
siglo
II
a.C.
el
coraz
ón
del
territ
orio
vacceo
no
se
verá
afect
ado
por
el
proceso
de
conquist
a
del
ejército
romano.
La
incursión
de
Lu-
cio
Licinio
Lúculo
del
año
151
a.C.,
en
la
que
destruyó
primero
Cauca
(Coca,
Segovia),
después
Interc
atia
(¿Montea
-
legre
de
Campos?
¿“La
Ciudad”,
de
Pa-
r
edes
de
Nava?),
quizá
alguna
que
otra
población
más
que
no
ha
sido
ref
erida
por
las
fuentes
clásicas
(Appiano),
has-
ta
presen
tarse
ante
Pallantia
,
a
la
que
puso
cerco
pero
no
llegó
a
tomar,
cons-
tituy
e
el
primer
choque
importan
te.
Rest
ablecido
el
pulso
de
las
ciu-
dades
vacceas
con
cierta
rapidez,
en
los
años
136-134
a.C.
de
nuevo
se
ve
alte-
r
ado
y
unos
decenios
después,
en
98
a.C.,
Tito
Didio
inter
viene
militarment
e
en
las
tierras
situadas
al
sur
del
Duero,
donde se encuentr
a
Colenda
(¿Cué-
llar?).
No
será,
sin
embargo
,
hasta
la
fase
final
de las
Guerras Sert
orianas
,
en
los
años
74-72
a.C.,
cuando
se
produzc
a
una
re-
friega
de
tant
a
enver
gadura
como
la
de
mediados
del
siglo
II
a.C.,
en
esta
oca-
sión
de
la
mano
del
general
sertoriano
Pompey
o
Magno.
Ya
a
mediados
del
si-
glo
I
a.C.,
concre
tamente
en
el
año
56,
tienen
lugar
las
denominadas
revuelt
as
vacceas,
sofoc
adas
por
Met
elo
Nepote.
A
pesar
del
convulso
siglo
que
tuvieron
que
vivir
los
vacceos
entre
el
151
y
el
56
a.C.,
aunque
bien
es
cierto
que,
según
las
fuentes,
focaliz
ado
en
unas
pocas
ciudades,
pues
las
demás
no
sabemos
cómo
se
vieron
afect
adas
por
las
operaciones
militares
de
la
conquis-
ta,
la
forma
de
vivir
que
habían
desa-
rrollado
durant
e
siglos
y
los
elementos
culturales
que
les
hacían
singulares
no
sólo
no
desaparecieron,
sino
que
se
re-
forz
aron
y
enriquecieron.
Con
indepen-
dencia
de
las
informaciones
que
sobre
los
vacceos
nos
aportaron
los
autores
clásicos
al
narrar
las
operaciones
de
los
ejércitos
romanos,
los
siglos
II
y
I
a.C.
son
los
más
fructíferos
en
información
arqueológica
relativ
a
a
la
mate
rialidad
de
sus
ciudades
y
viviendas,
a
su
forma
de
vida,
a
su
mentalidad,
en
parte
por-
que
—
y
éste
es
un
mecanismo
que
se
repite
en
otras
culturas
sometidas
en
los
terre
nos
militar,
político
y
religio-
so
—
ante
la
presión
de
una
estructura
política
y
cultural
extr
anjera
se
refuer-
53
9
VACCEA
ANUARIO
los vacceos a comienzos del imperio
zan
los
mecanismos
identitarios,
a
ve-
ces
incluso,
paradójicamen
te,
haciendo
uso
de
medios
culturales
fuertement
e
arraigados
en
la
potencia
dominadora.
La
reafirmación
y
el
ref
orzamiento
de
lo
autóctono
frent
e
a
lo
foráneo
,
sobre
todo
a
partir
de
finales
del
siglo
II
a.C.,
es
un
hecho
bien
const
atado
en
los
te-
rrit
orios
de
la
Hispania
céltica.
Desde
finales
del
siglo
I
a.C.
y
hasta
al
menos
finales
del
I
d.C.
o
inicios
de
la
centuria
siguiente
convivier
on
en
los
territ
orios
meseteños
las
actitudes
de
rechazo
y
asimilación
de
lo
romano.
A
pesar
de
ir
estas
últimas
in crescen
-
do
y
ser
cada
vez
más
fuertes,
al
tiem-
po
que
aquéllas
iban
lentamen
te
de-
clinando,
en
este
trabajo
vamos
a
fijar
nuestra
atenció
n,
muy
sucintamen
te,
en
los
resc
oldos
de
un
mundo
indígena
que
conser
vaba
cierta
vitalidad
entre
las
fechas
indicadas,
en
cómo
el
peso
de
la
forma
de
vida
y
de
las
tradiciones
culturales
de
los
vacceos
se
mantuvo
aún
fuerte
en
esa
época,
para
lo
cual
nos
centrar
emos
en
cinco
campos
de
análisis:
el
lingüístico
,
el
onomástico
y
teonímico
,
el
del
hospitium
y
el
de
los
equipos
cerámicos.
Se
podrían
sumar
a
ellos
algunos
más,
como
el
urbanís-
tico
y
el
arquitect
ónico,
aspectos
éstos
en
los
que
tant
o
las
fotogr
afías
aéreas
como
las
exc
avaciones
arqueológic
as
demuestran
que
la
estructura
urbana
y
el
tipo
de
construcción
doméstica
de
las
ciudades
vacceas
en
muy
poco
cambia-
r
on
en
los
inicios
de
la
nueva
Era,
pero
quizá
sean
menos
significativ
os,
por
lo
que
no
los
abordaremos.
Roma,
más
allá
de
instalar
los
mecanismos
de
con-
tr
ol
político-mili
tar
y
administra
tivo,
su
sistema
de
gestión
y
explotación
econó-
mica
y
los
cultos
oficiales
que
garan
tiza-
ban
el
respe
to
al
nuevo
orden
social,
no
tenía
por
norma
inter
venir
en
materia
de
reordenación
del
caserío
de
las
ciu-
dades
conquist
adas,
salvo
en
lo
que
se
refier
e
a
la
creación
de
lugares
públicos
propios
de
su
cultura
(foro
,
espacios
de
ocio
y
espectáculos…)
o
de
mejoras
en
los
servicios
ciudadanos
(acueductos,
baños,
sist
ema
de
alcan
tarillado…).
Lengua y escritura
Desde
que
los
vacceos,
sobre
todo
los
comercian
tes
y
algunos
miem-
bros
de
la
élite
guerrera,
entran
en
con-
t
acto
con
los
ejércitos
expedicionarios
romanos,
el
latín
empieza
a
inst
alarse
en
su
cultura.
Probablement
e,
en
los
episodios
bélicos
y
relaciones
diplomá-
ticas
que
tuvieron
lugar
en
los
años
151,
134,
74-72
y
56
a.C.
en
important
es
ciu-
dades
vacceas
como
Cauca
,
Interc
atia
,
Pallantia
o
Colenda
,
donde
por
lo
ge-
ner
al los
imperatores
romanos
(Lúculo,
Escipión,
Pompey
o,
Didio…)
entrar
on
en
conv
ersaciones
con
la
población
in-
dígena,
unas
amistosas
y
otras
no
tant
o,
la
lengua
que
se
emplearía
sería
el
latín,
lo
que
significa
que
los
ejércitos
roma-
nos
debían
de
llevar
interlocut
ores
indí-
genas.
El
mismo
Cicerón
refier
e,
para
el
siglo
I
a.C.,
cómo
en
las
inter
venciones
que
ante
el
senado
romano
realizaban
algunas
comisiones
de
hispanos,
sobre
todo
de
celtíberos,
eran
necesarios
los
traductor
es.
Pero
por
razon
es
prácticas,
la
lengua
de
los
conquist
adores
iría
calan-
do
cada
vez
más
en
la
población
autóc-
t
ona,
por
lo
que
a
partir
de
la
época
de
Augusto
adquiere
cierto
arraigo
en
la
vida
cotidiana
de
amplias
capas
socia-
les.
Este
hecho,
unido
a
que
cada
vez
son
más
las
evidencias
de
que
aún
se
si-
gue
utilizando
su
ancestral
lengua,
per-
mite
que
podamos
hablar
de
una
larga
fase
de
bilingüismo
en
la
que
el
final
de
la
lengua
autóctona
es
difícil
establecer
.
El
lingüístico
es
un
aspecto
que,
para
los
propósit
os
que
aquí
nos
hemos
marcado
,
cabe
calificar
como
de
baja
intensidad,
a
pesar
de
lo
cual,
y
ref
eri-
do
no
a
los
vacceos
sino
a
los
celtíberos,
creemos
conv
eniente
empezar
por
un
excelen
te
pasaje
de
Tácito
(
Anales
IV,
45,
1)
que
demuestra
cómo
los
indíge-
nas
meseteños
seguían
haciendo
uso
de
su
lengua
en
tiempos
de
Tiberio.
Este
autor,
que
era
senador
romano
y
afi-
cionado
a
la
historia,
refier
e
cómo
en
el
año
25
d.C.
un
individuo
de
la
arév
aca
Tiermes
que
ha-
bía
asesinado
al
pret
or
de
la
pro
vincia,
Lucio
Pisón,
cuando
fue
apresado
y
torturado
para
que
declarara
quiénes
ha-
bían
sido
sus
cómplices,
los
romanos
no
con-
siguie
ron
sacar
nada
en
claro
porque
«…
se e
xpresaba en su lengua patria
».
Corroboran
y
apuntalan
la
idea
de
que
en
las
primeras
décadas
del
Imperio
la
población
autóctona
seguía
haciendo
uso
de
su
ancestral
lengua
la
presencia
en
algunos
enclaves
vacceos
de
grafit
os
que,
a
pesar
de
ser
aún
po-
cos
los
que
se
conocen,
son
muy
signi-
ficativ
os.
Siempre
en
signario
ibérico,
aunque
la
lengua
usada
por
los
vacceos
hubo
de
ser
la
celtibérica
u
otra
muy
si-
milar,
a
veces
lo
que
hallamos
son
gra-
fit
os
monolíteros
o
bilíteros
grabados
tant
o
en
cerámica
vaccea
tardí
a
como
romana,
sobre
todo
en
sigillata
hispá-
nica
(Montealeg
re
de
Campos
o
Pintia
),
Grafito
en
signario
ibérico
realizado
en
un
fragmen-
to
de
cerámic
a
hallado
en
una
vivienda
de
Pintia
de
época
august
eo-tiberiana
(dibujo:
C.
Sanz).
Fragmen
to
de
vaso
pint
ado
hallado
superficialmente
en
Dessobri-
ga
(Osorno,
Palencia),
con
inscripción
sobre
pastillas
del
asa.
(Fot
ografías
cort
esía
de
Marg
arita
Torrione,
'Proy
ecto
Dessobriga'
www
.dessobriga.
com).
54
9
VACCEA
ANUARIO
los vacceos a comienzos del imperio
generalmente
interpr
etadas
como
mar-
cas
de
propiedad.
En
alguna
rara
oca-
sión
no
son
graf
emas
aislados,
sino
pe-
queños
tex
tos
ya,
como
el
que
aparece
en
la
superficie
ext
erna
de
un
recipien
te
recuperado
en
la
estancia
C
de
una
vi-
vienda
de
Pintia
fechada
en
época
au-
gust
eo-tiberiana
(Sanz,
2008:
181,
fig.
2,
2).
Estos
materiales,
que
cabe
conside-
rar
como
epigrafía
menor,
cons
tituyen
una
muestra
de
que
la
lengua
materna
de
los
vacceos
aún
seguía
en
uso
en
al-
gunos
sectores
de
la
población
durant
e
el
siglo
I
d.C.,
circunst
ancia
que
también
se
tiene
documentada
entre
carpet
anos
y
celtíber
os:
del
poblado
de
La
Mina/
Arroy
o
de
los
Castrejones
(Colmenar
de
Oreja,
Madrid)
procede
un
fragment
o
de
TSH
que
por
la
calidad
del
barniz
po-
dría
fecharse
entre
los
años
50-90
d.C.,
en
el
que
se
ha
grabado
un
tex
to
en
grafías
ibéricas
(Blanco,
2015:
167-172,
figs.
22-23);
y
en
Numancia,
por
poner
un
segundo
ejemplo
represe
ntativo,
son
decenas
los
fragment
os
de
TSH
con
marcas
y
grafit
os
celtibéricos
(Romero
,
1985).
Además
de
en
Pintia
y
en
Mon-
tealegre,
grafit
os
monolíteros
en
cerá-
mic
as
del
I
d.C.
se
const
atan
también
en
otros
enclaves
vacceos
como
Cauca
y
su
aldea
saté
lite
situada
en
el
cerro
Cuesta
del
Mercado
(Blanco,
2011:
194-
205).
Y
en
la
ciudad
palentino-bur
ga-
lesa de
Dessobriga
(Osorno/Melgar)
recient
emente
ha
sido
recuperado
un
fragment
o
de
cerámica
con
un
pequeño
tex
to
(¿o
pseudote
xto?),
dispuesto
en
círculo,
estampado
en
los
botones
que
remat
an
cada
uno
de
los
extr
emos
de
sendas
asas
decora
tivas
de
una
tinaji-
lla
caract
erística
de
la
primera
mitad
del
indicado
siglo
(Torrione,
De
Hoz
y
Fernández,
2015).
En
el
mundo
vacceo
éste
cons
tituye
un
caso
único
por
ahora,
pero
estampillas
epigráfic
as
en
caract
e-
res
ibéricos
similares
sí
se
conocen
en
otros
ámbitos
territoriales,
como
las
que
cons
tan,
por
ejemplo,
en
un
dolium
de
Château-R
oussillon
(Simon,
2013:
636-637).
No
estampados,
sino
incisos,
en
algún
que
otro
yacimient
o
del
sur
peninsular
se
han
documentado
graf
e-
Abajo:
tessera
de
bronce
de
Par
edes
de
Na
va,
fe
-
chada
en
el
año
2
a.C.
(Pér
ez
y
Abarquer
o,
2010).
Arriba:
tabula
de
hospitalidad
de
Mont
ealegre
de
Campos
(fot
ografía:
Museo
de
Valladolid).
55
9
VACCEA
ANUARIO
los vacceos a comienzos del imperio
mas
fenicios
y
neopúnicos
en
cerámica
común
romana
de
época
julio-claudia,
lo
cual
incide,
una
vez
más,
en
la
idea
de
que
las
lenguas
indígenas
están
con-
viviendo
con
el
latín
durant
e
los
inicios
del
Imperio.
Los pactos de hospitalidad
El
hospitium
,
como
institución
indígena
que
se
vio
ref
orzada
durant
e
la
conquis
ta
romana
porque
en
la
Italia
republicana
también
existía,
sabemos
que
estuvo
vigent
e
al
menos
durant
e
los
siglos
I
y
II
d.C.,
si
bien
no
con
tan-
t
a
intensidad
como
en
el
I
a.C.
Tres
son
los
ejemplos
represen
tativos
que
en
el
ámbito
vacceo
indican
cómo
seguían
firmándose
o
reno
vándose
estos
pac-
tos,
dos
de
ellos
palentinos
y
el
tercer
o
vallisolet
ano.
El
primero
y
más
antiguo
es la
t
essera
CIL
II
5763
procedent
e
de
Paredes
de
Nava,
fechada
en
el
año
2
a.C.,
en
la
que
se
establece
un
pacto
de
hospitalidad
entre
el
inter
catiense
Acces
y
la
ciudad
de
Pallantia
.
Más
al
norte,
en
el
borde
septen
trional
del
te-
rrit
orio
vacceo,
donde
linda
con
los
cán-
t
abros,
la
tessera
broncínea
de
Herrera
de
Pisuerga
constituy
e
un
nuevo
ejem-
plo
de
cómo
a
comienzos
del
Imperio,
concre
tamente
en
el
año
14
d.C.,
se-
guían
practicánd
ose
pactos
de
hospita-
lidad
entre
instituciones
y
particulares
indígenas,
no
sólo
con
el
beneplácito
de
Roma,
sino
con
su
apoyo
porque
era
un
mecanismo
que
contribuía
a
estable
-
cer
lazos
de
dependencia
útiles
para
la
conviv
encia.
En
este
caso
se
trat
a
de
la
concesión
de
ciudadanía
honoraria
de
la
civitas Magga
vensium
a
Amparamus
,
un
cusaburense
pertenecient
e
al
grupo
social
de
los
nemaiecos.
La
antigüedad
de
estas
dos
tesse-
rae
podría
haber
hecho
pensar
a
más
de
uno
que
esta
institución
pront
o
cay
ó
en
desuso,
pero
el
descubrimiento
de
un
documento
exce
pcional
en
1985
supu-
so
la
const
atación
de
que
seguía
vigent
e
más
de
un
siglo
después.
Nos
ref
erimos
a la
tabula
de
Montealegr
e
de
Campos,
renov
ación
de
un
antiguo
pacto
entre
amallobrigenses
y
caucenses
efectua
-
do
en
el
año
134
d.C.
Es
el
document
o
que
mejor
ejemplifica
la
pervivencia
del
hospitium
en
tiempos
ya
avanz
ados
del
Alto
Imperio
en
el
antiguo
territo
-
rio
vacceo.
Tan
significativ
o
como
el
propio
tex
to
legal
es
el
jarro
de
bronce
hallado
en
esta
localidad
vallisole
tana
durant
e
las
exc
avaciones
realizadas
en
ese
mismo
año
para
dar
cont
exto
a
la
tabula
,
descubierta
unos
meses
antes.
Clarament
e
del
siglo
II
o
I
a.C.
por
su
tipología
y
sus
elementos
decora
tivos,
incluye
entre
estos
últimos
algo
tan
car-
gado
de
simbolismo
como
unas
manos
entrelaz
adas,
imagen
vinculada
a
los
acuerdos
de
hospitalidad.
En
opinión
de
Delibes
y
Romero
(1988:
88),
de
admitir
que
tabula
y
jarro
están
relacionados,
y
puesto
que
aquélla
es
la
renov
ación
de
un
pacto
efectuada
en
dicho
año,
pue-
de
que
fuera
con
ocasión
de
la
firma
del
conv
enio
original
cuando
se
fabricó
este
jarro
y
hubiera
sido
conserv
ado
simbó-
licament
e,
generación
tras
generación.
Francisco
Marco
,
por
su
parte,
va
más
Tessera
de
bronce
de
Herrer
a
de
Pisuerg
a,
fechada
en
el
año
14
d.C.
(J.
A.
Eguiagar
ay
sobre
dibujo
de
García
y
Bellido).
Jarro
de
bronce
de
Montealegre
de
Campos
y
deta-
lle
de
sus
asas,
con
manos
entr
elazadas
símbolo
del
hospitium
(Delibes
y
Romer
o,
1988).
56
9
VACCEA
ANUARIO
los vacceos a comienzos del imperio
allá
al
proponer
que
el
jarro
en
cuestión
quizá
fuera
usado
para
algún
tipo
de
ri-
tual
de
los
que
habitualmente
se
reali-
z
aban
con
motivo
de
la
culminación
del
pacto
(Marc
o,
2002:
180-181).
Onomástica y teonimia
A
pesar
de
que
con
cierta
rapi-
dez
se
fue
imponiendo
el
uso
del
latín
hablado
entre
la
población
indígena
meseteña,
porque
a
fin
de
cuentas
era
el
idioma
de
la
nueva
administración,
su
onomástica
y
su
teonimia
siguen
estan
-
do
muy
present
es
en
estas
sociedades
hasta
casi
las
puertas
del
Bajo
Imperio.
En
el
caso
vacceo,
de
nuevo
la
tabula
de
Montealegr
e
de
Campos
nos
ofrece
ejemplos
de
nombres
personales
y
de
colectivos
que,
en
tiempos
de
Adriano,
pertenecen
a
la
tradición
indígena:
Aius
,
Elaesus
,
Otta
y
Magilancum
,
relaciona-
do
este
genitivo
plural
alusivo
a
una
gentilitas
con
el
nombre
personal
Ma-
gilo
.
También
un
Elaesium
encontr
amos
en
Paredes
de
Nav
a;
Attio
,
Bodogenus
y
Abanus Saibodaecus
aparecen
en
sen-
das es
telas de
Pintia
;
Arganta
en una
inscripción
de
Valdenebro
de
los
Valles
(Valladolid);
Argantioq(um)
en otr
a de
Palencia;
Vadonnia
en una de
Cauca
fechada
ya
a
finales
del
siglo
II
o
inicios
del
III
d.C.,
y
la
lista
se
podría
alargar
aún
más
pero
no
creemos
que
sea
necesario.
Respecto
a
teónimos
indígenas
en
documentación
epigráfic
a
hallada
en
territ
orio
vacceo,
no
conocemos
ninguno
por
el
momento.
Sin
embarg
o,
en
ciudades
front
erizas
con
los
vacceos
–significativ
amente
de
cultura
material
muy
influida
por
ellos–,
sí
nos
const
an
algunos
que
quizá
también
formaran
parte
de
su
religiosidad.
Así,
en
la
Fuen-
te
de
Giriego,
en
Sepúlveda,
aparece
un
Eburianus
de
cronología
indefinida;
en
la
Cueva
de
La
Griega,
de
Pedraz
a,
un
grafit
o
de
los
siglos
I-III
d.C.
dedicado
a
Nemedo August
o
;
dos
aras
de
Durat
ón
fechadas
en
el
s.
II
d.C.
están
dedicadas
a las
Matres
,
deidad
triple
de
naturale
za
céltica;
en
Saldaña
de
Ayllón
de
nuevo
en
otras
dos
aras,
pero
del
siglo
I
d.C.,
aparece
citada
la
deidad
Arconi
.
Y
en
relación
con
toda
esta
religiosidad
in-
dígena
laten
te
y
sincretiz
ada
con
la
ro-
mana
hemos
de
poner
también
un
ara
anepígraf
a
de
Roda
de
Eresma,
del
siglo
III
d.C.,
decorada
con
una
simbología
de
filiación
céltica
formada
por
tres
ruedas
o
discos
solares
y
una
esvás
tica
(Blanco
y
Barrio,
2010).
Los equipos cerámicos
Primero
de
manera
tímida,
pero
luego
con
un
poco
más
de
intensidad,
desde
mediados
del
siglo
II
a.
C.
hasta
el
cambio
de
Era
van
penetrand
o
en
el
mundo
vacceo
elementos
propios
de
la
cultura
romana,
aportados
por
las
fuer-
zas
de
conquist
a,
comercian
tes
y
quizá
mercenarios.
Inicialmente
fue
la
mo-
neda
romana
republicana,
más
tarde
la
cerámica
itálica
de
barniz
negro,
a
las
que
se
suman
en
una
época
avanz
ada
del
gobierno
de
Augusto
las
primeras
sigillatas
itálicas,
las
cerámicas
de
pa-
redes
finas
y
muy
posiblemente,
aun-
que
de
manera
aún
escasa
y
sólo
por
una
pequeña
parte
de
la
población,
se
empezar
á
a
utilizar
el
latín.
De
esta
ma-
nera,
poco
a
poco
fueron
instalándose
determinados
elementos
romanos
en
la
cultura
vaccea,
pero
de
una
forma
diferencial,
pues
fueron
las
élites
que
gobernaban
en
sus
ciudades
las
que
pri-
mero
asimilarían
estas
influencias
–la
moneda
desde
antiguo
para
ate
sorarla,
la
cerámica
como
producto
de
prestigio
y
el
latín
como
lengua
vehicular
para
relacionarse
con
los
nuevos
dueños
del
valle
del
Duero–,
calando
después
en
las
clases
populares.
A
lo
largo
del
siglo
I
d.C.
y
durant
e
parte
de
la
centuria
siguiente,
la
pobla-
ción
autóctona
de
las
ciudades
vacceas
se
encontr
aba
inmersa
en
un
proceso
de
aculturación
con
el
mundo
roma-
no
en
el
que
las
tradiciones
culturales,
ideológicas
y
materiales
propias
de
sus
antepasados
seguían
estando
muy
vivas
y
tenían
un
peso
considerable
en
su
vida
diaria.
Uno
de
los
elementos
en
los
que
mejor
aparece
reflejada
esta
situación
es
la
cerámica
pintada.
Las
colecciones
recuperadas
en
viviendas
y
en
niveles
de
ocupación
fechados
entre
plena
épo-
ca
augustea
y
mediados
del
siglo
I
d.C.,
en
lugares
como
Pallantia
/Palencia,
Pintia
o
Montealegr
e
de
Campos,
por
ejemplo,
muestran
cómo,
aun
estando
present
es
las
cerámicas
propiamen
te
romanas,
el
mayor
porcent
aje
corres
-
ponde
a
las
de
filiación
tecno-tipológic
a
y
decora
tiva
vacceas.
Esto
quiere
decir
que
durant
e
las
décadas
iniciales
del
Imperio
éstas
se
siguen
fabricando
en
alfares
y
por
ceramist
as
que
no
son
más
que
los
descendientes
de
los
alfarer
os
vacceos
de
los
siglos
II
y
I
a.C.
El
conside-
rable
potencial
productivo
de
los
alfares
vacceos
de
estos
dos
siglos
—
y
recor
de-
mos
que
el
mayor
horno
cerámico
de
la
Edad
del
Hierro
de
Europa
occidental
es
el de
Pintia
-Carralaceña,
fechado
a
me-
diados
del
I
a.C.
—
se
mantuv
o
práctica
-
mente
hasta
los
inicios
de
la
época
Fla-
via,
momento
a
partir
del
cual
comienza
a
declinar
ante
el
empuje
comercial
que
ejercen
las
producciones
romanas.
Dur
ante
las
dos
o
tres
décadas
anterior
es
al
cambio
de
Era
la
cerámi-
c
a
vaccea
se
puede
decir
que
aún
está
muy
apegada
a
la
tradición.
Esto
signifi-
ca
que
las
pastas,
las
cocciones,
las
for-
mas,
los
añadidos
plásticos
y
elementos
de
prensión,
las
pinturas
así
como
los
Estela discoidal dedicada a
Attio
,
hallada
en
el
cement
erio
de
Las
Ruedas
(fot
ografía:
C.
Sanz
Mínguez).
57
9
VACCEA
ANUARIO
los vacceos a comienzos del imperio
esquemas
decora
tivos
siguen
siendo,
en
esencia,
como
lo
habían
sido
desde,
al
menos,
la
época
sertoriana
(82-72
a.C.).
Las
decoraciones
figurativ
as,
que
habían
alcanzado
su
máximo
apogeo
entre
Sertorio
y
Augusto
,
perviven
con
fuerza
para,
a
partir
del
cambio
de
Era,
empezar
a
declinar
lentamen
te,
a
pesar
de
lo
cual
siguen
siendo
imágenes
de
indiscutible
tradición
vaccea.
Es
hacia
esas
fechas
cuando
se
producen
algu-
nas
de
las
transf
ormaciones
morfológi-
cas
y
decora
tivas
que
darán
paso
al
pa-
norama
caract
erístico
de
las
cerámic
as
de
las
cinco
o
seis
primeras
décadas
de
la
Era
.
Bien
es
cierto
que
los
morfoti-
pos
básicos
son
poco
más
de
una
do-
cena
—
pla
tos,
fuentes,
vasos,
cuencos,
copas,
jarras,
botellas,
ollitas,
tinajillas,
tinajas,
especieros,
tapaderas
y
ciertas
formas
especiales
como
los
sonajeros
y
los
kernoi
—
,
pero
cada
uno
de
ellos
engloba
una
serie
de
variant
es
y
subva
-
riantes
que
hacen
que
se
puedan
indivi-
dualizar
unas
sesent
a
formas.
La
gran
homogeneidad
que,
des-
de
el
punto
de
vista
tecnológico
,
presen-
t
an
est
as
producciones
de
un
extr
emo
a
otro
del
territorio
vacceo
es
su
nota
más
caract
erística,
razón
por
la
cual
estamos
ante
un
fenómeno
cultural
de
perviven
-
cia
de
lo
indígena
de
caráct
er
general,
no
local
o
comarc
al.
Y
no
sólo
eso:
en
ciudades
front
erizas
situadas
ya
fuera
de
dicho
territorio
,
pero
que
tradicio-
nalment
e
venían
siendo
muy
permea-
bles
a
las
influencias
de
la
cultura
mate-
rial
vaccea,
como
Sasamón,
Castrojeriz,
Dessobriga
,
Lancia,
Salamanca
o
Sego-
via,
por
ejemplo,
es
posible
reconocer
esa
misma
homogeneidad.
Desde
finales
de
época
julio-clau-
dia,
estas
caract
erísticas
producciones
pintadas
de
pasta
rojas
y
anaranjadas
siguen
estando
present
es
en
las
ciuda-
des
de
rancia
tradición
vaccea,
aunque
cada
vez
van
siendo
menos
frecuen
tes.
Puesto
que
tant
o
en
viviendas
como
en
sepulturas
continúan
apareciendo,
aun-
que
compartiendo
espacio
con
objetos
propiament
e
romanos,
casi
se
podría
decir
que
muchas
de
esas
cerámicas
de-
bieron
de
pasar
a
tener
condición
de
re-
liquias
familiares,
lo
cual
nada
tiene
de
extr
año.
Cabe
recor
dar
en
este
punto
cómo
en
una
vivienda
de
Pintia
fechada
en
el
siglo
I
d.C.
se
recuperó
una
vaina
de
puñal
fabricada
en
el
IV
a.C.,
lo
que
significa
que
pasó
de
generación
en
ge-
ner
ación
como
reliquia
familiar.
Nada
menos
que
casi
cinco
siglos
de
diferen
-
cia
entre
el
momento
de
su
fabricación
y
el
de
la
amortización
en
un
cont
exto
doméstico.
T
odo
esto
evidencia
de
mane-
ra
muy
clara
cómo
un
sentimient
o
de
identidad
étnica
y
cultural
sigue
es-
tando
vivo
en
plena
época
altoimpe-
Secuencia
de
la
cer
ámica
vaccea
tar
día,
entr
e
el
30/20
a.
C.
y
mediados
del
siglo
I
d.C.
(elaboración
del
autor).
Vaso
vacceo
tardío,
de
la
primera
mitad
del
siglo
I
d.C.,
recuperado
en
la
campaña
de
2003
llev
ada
a
cabo
en
Las
Quint
anas-
Pintia
(fot
ografía:
C.
Sanz
Mínguez).
Cuenc
o
de
cerámic
a
vaccea
tar
día
de
la
sepultura
116
de
Las
Ruedas,
fechada
en
la
primera
mitad
del
siglo
I
d.C.
(fot
ogra-
fía:
C.
Sanz
Mínguez).
58
9
VACCEA
ANUARIO
los vacceos a comienzos del imperio
rial,
aunque
en
su
seno
poco
a
poco
van
arraigando
los
elementos
roma-
nos.
Buen
ejemplo
de
ello,
volviendo
al
campo
de
la
cerámica,
se
encuentra
en
ciertas
producciones
de
época
tar-
doaugust
ea
y
tiberiana,
que
por
el
tipo
de
pastas
empleadas
y
los
acabados
de
las
superficies
son
típicament
e
vacceas
tardías
pero
las
formas
ya
imitan
vasos
de
sigillata
itálica
y
gálica,
sobre
todo
la
Consp.
22/Rit.
5.
Las
Ruedas
de
Pintia
,
Montealegr
e
de
Campos
y
la
necrópolis
palentina
de
Eras
del
Bosque
son
tres
de
los
lugares
en
los
que
este
fenómeno
mejor
se
tiene
cons
tatado.
Unas últimas palabras para concluir
Tratar
de
establecer
cómo
vivían
los
descendientes
de
los
vacceos
del
Segundo
Hierro
durant
e
el
siglo
I
d.C.
y
qué
quedaba
en
ellos
de
su
ancestral
cultura
entraña
una
gran
dificultad.
Las
tradiciones
que
heredaron
de
las
gene-
r
aciones
pasadas,
aun
estando
unas
en
retr
oceso
y
otras
en
proceso
de
trans-
f
ormación
y
adaptación
al
nuevo
orden
romano,
es
evident
e
que
aún
seguían
teniendo
cierto
peso.
Desde
tiempos
de
Augusto
,
la
gestión
política
y
adminis-
trativ
a
del
territorio
vacceo
y
de
sus
ciu-
dades,
el
pago
de
impuestos,
el
orde
n
Sepultura
68
de
la
necrópolis
de
Las
Ruedas,
fechada
a
mediados
del
I
d.
C.,
en
la
que
con
viven
mat
eriales
romanos
y
cerámic
a
vaccea
tar
día
(Sanz
Mínguez
et alii
,
2003).
Tinajilla
de
cerámica
vac-
cea
de
la
primera
mitad
del
siglo
I
d.
C.
con
est
am-
pilla
de
cierv
a,
recuper
ada
en
las
ex
cavaciones
de
2008-2010
realiz
adas
en
Montealegr
e
de
Campos
(dibujo
del
autor).
59
9
VACCEA
ANUARIO
los vacceos a comienzos del imperio
público,
etc.
estaban
bajo
el
contr
ol
de
autoridades
y
administrador
es
de
origen
itálico
,
aunque
con
la
colabora
-
ción
de
las
antiguas
clases
dirigent
es
indígenas.
Para
los
vacceos,
como
para
el
rest
o
de
los
pueblos
prerromanos
meseteños,
la
situación
socio-política
y
económica
ya
era
muy
distint
a
de
la
que
había
existido
en
los
siglos
ante
-
riores,
pero
si
indagamos
un
poco
en
la
mate
rialidad
de
las
cosas
con
las
que
vivían
y
en
el
entramado
ideológico
con
el
que
interpr
etaban
todo
lo
que
les
ro-
de
aba,
el
panorama
que
obser
vamos
es
el
de
un
mundo
aún
muy
anclado
en
el
pasado.
Más
en
lo
que
se
refier
e
a
las
clases
populares
que
en
lo
que
afect
a
a
las
privilegiadas,
éstas
últimas
desde
pront
o
atraídas
por
las
autoridades
ro-
manas
para,
a
trav
és
de
ellas,
gobernar
más
fácilme
nte
a
aquéllas.
Son
numerosos
los
datos
ar-
queológicos
que
indican
cómo
entr
e
la
población
indígena
de
las
ciudades
vacceas
el
ritmo
de
las
transf
orma-
ciones
fue
bastan
te
lento
y,
en
unos
aspectos
más
que
en
otros,
estuvo
marcado
por
una
cierta
resist
encia
a
los
cambios.
No
obst
ante,
del
mismo
modo
que
sería
un
error
sobrev
alorar
las
actitudes
de
rechazo
de
lo
roma-
no
y
de
preserv
ación
de
lo
autóctono
frent
e
a
las
de
asimilación,
también
lo
es,
como
suele
ser
habitual
entre
los
especialis
tas
en
el
mundo
romano,
lo
contr
ario,
haciendo
caso
omiso
de
que
las
primeras
se
manifiestan
en
muy
diver
sos
campos
y
con
una
frecuencia
difícil
de
ocultar.
En
el
terre
no
ideoló-
gic
o,
la
misma
religiosidad
individual
y
doméstic
a
de
los
vacceos,
por
ejem-
plo,
debió
de
ser
a
lo
largo
del
siglo
I
d.C.
la
heredada
de
sus
antepasados
y,
además,
conscient
emente
practicada
como
un
elemento
más
de
resist
encia
al
dominio
romano,
tal
como
se
tiene
const
atado
en
otras
partes
del
recién
estr
enado
Imperio.
La
práctica
secular
de
incinerar
los
cadáv
eres
se
mantie-
ne
,
pero
es
muy
difícil
medir
su
grado
de
pervivencia
porque
en
est
e
aspecto
se
produjo
una
conv
ergencia
de
tra-
dicione
s
culturales,
ya
que
también
perte
nece
a
la
tradición
romana.
En
el
terre
no
mate
rial,
la
sustitución
de
los
equipos
cerámic
os
vacceos
por
los
propiamen
te
romanos
muestra,
igual-
ment
e,
esa
lentitud
a
la
que
nos
ref
e-
ríamos
y
el
enorme
peso
de
la
tradi-
ción,
muy
fuerte
hasta
la
época
Flavia
pero
que
se
sigue
reconociendo
en
las
décadas
post
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