www.pintiavaccea.es5 € PINTIA CAMPAÑA XXVI GRAVURAS DEL CÔA Idade do Ferro TARIEGO DE CERRATO CIU dade S V a CC ea S ORFEBRERÍA VACCEA ERAS DEL BOSQUE e N e L MUS eo de G ra N ada
52 9 VACCEA ANUARIO A los vacceos a comienzos del imperio D e los posibles enfren ta-mientos entre ciudades vacceas que a lo largo de los siglos IV y III a.C. debieron de pro-ducir se casi nada sabemos, pero si consideramos, por una parte, que en muchas sepulturas de las necrópolis de esas centurias son habituales las armas y, por otra, que es el periodo en el que se amurallan, la idea que se desprende es que la guerra estaba muy arraigada y generaliz ada. Guerras que, en cual-quier caso, no cabe pensar que fueran grandes conflict os armados al estilo de los que mantenían, por ejemplo, las ciudades de la Edad del Bronce del Me-diterráneo oriental o las de los reinos helenísticos, sino más bien de ámbito comarc al, con operaciones de pillaje en las que se robarían ganados, cosechas, riquezas familiares en asaltos perpetra -dos a ciudades, se asaltarían a los co-mer ciantes y artesanos en los tránsitos de unas a otras, etc. Y es que los guerre-r os que formaban parte del cuerpo so-cial de cada una de las ciudades vacceas no constituían auténtic os ejércitos, sino más bien grupos de hombres armados, jerárquic amente organiz ados y dirigidos por una elite militarizada. No tenemos ni un solo dato que nos permita aproxi -marnos al porcent aje de población que en las ciudades vacceas integr aba su cuerpo armado en tiempos de paz, pues en período de guerra las fuentes refie -ren cómo todos los hombres en edad de combatir tenían obligación de hacerlo.La llegada del ejércit o cartaginés, con Aníbal a la cabez a, en el occidente vacceo en el año 220 a.C., los primeros enfr entamientos entre tropas romanas y guerreros meseteños entre los años 193 y 185 a. C., y la guerra con los celtíberos en los años 182-178 a.C. debieron de suponer un cambio importan te en la mentalidad de los vacceos en lo que a la guerra y a la seguridad de sus ciudades se refie -re. Puede que cada ciudad empezar a a sentirse más vulnerable ante la pre-sencia en su vecindad de unas fuerzas formadas por miles de guerreros bien organiz adas, pertrechadas y adiestra -das militarment e, con infan tería pesada y máquinas de guerra, pero a pesar de ello, hasta mediados del siglo II a.C. el coraz ón del territ orio vacceo no se verá afect ado por el proceso de conquist a del ejército romano. La incursión de Lu-cio Licinio Lúculo del año 151 a.C., en la que destruyó primero Cauca (Coca, Segovia), después Interc atia (¿Montea -legre de Campos? ¿“La Ciudad”, de Pa-r edes de Nava?), quizá alguna que otra población más que no ha sido ref erida por las fuentes clásicas (Appiano), has-ta presen tarse ante Pallantia , a la que puso cerco pero no llegó a tomar, cons-tituy e el primer choque importan te. Rest ablecido el pulso de las ciu-dades vacceas con cierta rapidez, en los años 136-134 a.C. de nuevo se ve alte-r ado y unos decenios después, en 98 a.C., Tito Didio inter viene militarment e en las tierras situadas al sur del Duero, donde se encuentr a Colenda (¿Cué-llar?). No será, sin embargo , hasta la fase final de las Guerras Sert orianas, en los años 74-72 a.C., cuando se produzc a una re-friega de tant a enver gadura como la de mediados del siglo II a.C., en esta oca-sión de la mano del general sertoriano Pompey o Magno. Ya a mediados del si-glo I a.C., concre tamente en el año 56, tienen lugar las denominadas revuelt as vacceas, sofoc adas por Met elo Nepote.A pesar del convulso siglo que tuvieron que vivir los vacceos entre el 151 y el 56 a.C., aunque bien es cierto que, según las fuentes, focaliz ado en unas pocas ciudades, pues las demás no sabemos cómo se vieron afect adas por las operaciones militares de la conquis-ta, la forma de vivir que habían desa-rrollado durant e siglos y los elementos culturales que les hacían singulares no sólo no desaparecieron, sino que se re-forz aron y enriquecieron. Con indepen-dencia de las informaciones que sobre los vacceos nos aportaron los autores clásicos al narrar las operaciones de los ejércitos romanos, los siglos II y I a.C. son los más fructíferos en información arqueológica relativ a a la mate rialidad de sus ciudades y viviendas, a su forma de vida, a su mentalidad, en parte por-que y éste es un mecanismo que se repite en otras culturas sometidas en los terre nos militar, político y religio-so ante la presión de una estructura política y cultural extr anjera se refuer-
53 9 VACCEA ANUARIO los vacceos a comienzos del imperio zan los mecanismos identitarios, a ve-ces incluso, paradójicamen te, haciendo uso de medios culturales fuertement e arraigados en la potencia dominadora. La reafirmación y el ref orzamiento de lo autóctono frent e a lo foráneo , sobre todo a partir de finales del siglo II a.C., es un hecho bien const atado en los te-rrit orios de la Hispania céltica.Desde finales del siglo I a.C. y hasta al menos finales del I d.C. o inicios de la centuria siguiente convivier on en los territ orios meseteños las actitudes de rechazo y asimilación de lo romano. A pesar de ir estas últimas in crescen -do y ser cada vez más fuertes, al tiem-po que aquéllas iban lentamen te de-clinando, en este trabajo vamos a fijar nuestra atenció n, muy sucintamen te, en los resc oldos de un mundo indígena que conser vaba cierta vitalidad entre las fechas indicadas, en cómo el peso de la forma de vida y de las tradiciones culturales de los vacceos se mantuvo aún fuerte en esa época, para lo cual nos centrar emos en cinco campos de análisis: el lingüístico , el onomástico y teonímico , el del hospitium y el de los equipos cerámicos. Se podrían sumar a ellos algunos más, como el urbanís-tico y el arquitect ónico, aspectos éstos en los que tant o las fotogr afías aéreas como las exc avaciones arqueológic as demuestran que la estructura urbana y el tipo de construcción doméstica de las ciudades vacceas en muy poco cambia-r on en los inicios de la nueva Era, pero quizá sean menos significativ os, por lo que no los abordaremos. Roma, más allá de instalar los mecanismos de con-tr ol político-mili tar y administra tivo, su sistema de gestión y explotación econó-mica y los cultos oficiales que garan tiza-ban el respe to al nuevo orden social, no tenía por norma inter venir en materia de reordenación del caserío de las ciu-dades conquist adas, salvo en lo que se refier e a la creación de lugares públicos propios de su cultura (foro , espacios de ocio y espectáculos…) o de mejoras en los servicios ciudadanos (acueductos, baños, sist ema de alcan tarillado…). Lengua y escritura Desde que los vacceos, sobre todo los comercian tes y algunos miem-bros de la élite guerrera, entran en con-t acto con los ejércitos expedicionarios romanos, el latín empieza a inst alarse en su cultura. Probablement e, en los episodios bélicos y relaciones diplomá-ticas que tuvieron lugar en los años 151, 134, 74-72 y 56 a.C. en important es ciu-dades vacceas como Cauca, Interc atia, Pallantia o Colenda, donde por lo ge-ner al los imperatores romanos (Lúculo, Escipión, Pompey o, Didio…) entrar on en conv ersaciones con la población in-dígena, unas amistosas y otras no tant o, la lengua que se emplearía sería el latín, lo que significa que los ejércitos roma-nos debían de llevar interlocut ores indí-genas. El mismo Cicerón refier e, para el siglo I a.C., cómo en las inter venciones que ante el senado romano realizaban algunas comisiones de hispanos, sobre todo de celtíberos, eran necesarios los traductor es. Pero por razon es prácticas, la lengua de los conquist adores iría calan-do cada vez más en la población autóc-t ona, por lo que a partir de la época de Augusto adquiere cierto arraigo en la vida cotidiana de amplias capas socia-les. Este hecho, unido a que cada vez son más las evidencias de que aún se si-gue utilizando su ancestral lengua, per-mite que podamos hablar de una larga fase de bilingüismo en la que el final de la lengua autóctona es difícil establecer . El lingüístico es un aspecto que, para los propósit os que aquí nos hemos marcado , cabe calificar como de baja intensidad, a pesar de lo cual, y ref eri-do no a los vacceos sino a los celtíberos, creemos conv eniente empezar por un excelen te pasaje de Tácito (Anales IV, 45, 1) que demuestra cómo los indíge-nas meseteños seguían haciendo uso de su lengua en tiempos de Tiberio. Este autor, que era senador romano y afi-cionado a la historia, refier e cómo en el año 25 d.C. un individuo de la arév aca Tiermes que ha-bía asesinado al pret or de la pro vincia, Lucio Pisón, cuando fue apresado y torturado para que declarara quiénes ha-bían sido sus cómplices, los romanos no con-siguie ron sacar nada en claro porque «…se e xpresaba en su lengua patria». Corroboran y apuntalan la idea de que en las primeras décadas del Imperio la población autóctona seguía haciendo uso de su ancestral lengua la presencia en algunos enclaves vacceos de grafit os que, a pesar de ser aún po-cos los que se conocen, son muy signi-ficativ os. Siempre en signario ibérico, aunque la lengua usada por los vacceos hubo de ser la celtibérica u otra muy si-milar, a veces lo que hallamos son gra-fit os monolíteros o bilíteros grabados tant o en cerámica vaccea tardí a como romana, sobre todo en sigillata hispá-nica (Montealeg re de Campos o Pintia), Grafito en signario ibérico realizado en un fragmen-to de cerámic a hallado en una vivienda de Pintia de época august eo-tiberiana (dibujo: C. Sanz).Fragmen to de vaso pint ado hallado superficialmente en Dessobri-ga (Osorno, Palencia), con inscripción sobre pastillas del asa. (Fot ografías cort esía de Marg arita Torrione, 'Proy ecto Dessobriga' www .dessobriga.com).
54 9 VACCEA ANUARIO los vacceos a comienzos del imperio generalmente interpr etadas como mar-cas de propiedad. En alguna rara oca-sión no son graf emas aislados, sino pe-queños tex tos ya, como el que aparece en la superficie ext erna de un recipien te recuperado en la estancia C de una vi-vienda de Pintia fechada en época au-gust eo-tiberiana (Sanz, 2008: 181, fig. 2, 2). Estos materiales, que cabe conside-rar como epigrafía menor, cons tituyen una muestra de que la lengua materna de los vacceos aún seguía en uso en al-gunos sectores de la población durant e el siglo I d.C., circunst ancia que también se tiene documentada entre carpet anos y celtíber os: del poblado de La Mina/Arroy o de los Castrejones (Colmenar de Oreja, Madrid) procede un fragment o de TSH que por la calidad del barniz po-dría fecharse entre los años 50-90 d.C., en el que se ha grabado un tex to en grafías ibéricas (Blanco, 2015: 167-172, figs. 22-23); y en Numancia, por poner un segundo ejemplo represe ntativo, son decenas los fragment os de TSH con marcas y grafit os celtibéricos (Romero , 1985). Además de en Pintia y en Mon-tealegre, grafit os monolíteros en cerá-mic as del I d.C. se const atan también en otros enclaves vacceos como Cauca y su aldea saté lite situada en el cerro Cuesta del Mercado (Blanco, 2011: 194-205). Y en la ciudad palentino-bur ga-lesa de Dessobriga (Osorno/Melgar) recient emente ha sido recuperado un fragment o de cerámica con un pequeño tex to (¿o pseudote xto?), dispuesto en círculo, estampado en los botones que remat an cada uno de los extr emos de sendas asas decora tivas de una tinaji-lla caract erística de la primera mitad del indicado siglo (Torrione, De Hoz y Fernández, 2015). En el mundo vacceo éste cons tituye un caso único por ahora, pero estampillas epigráfic as en caract e-res ibéricos similares se conocen en otros ámbitos territoriales, como las que cons tan, por ejemplo, en un dolium de Château-R oussillon (Simon, 2013: 636-637). No estampados, sino incisos, en algún que otro yacimient o del sur peninsular se han documentado graf e- Abajo: tessera de bronce de Par edes de Na va, fe -chada en el año 2 a.C. (Pér ez y Abarquer o, 2010).Arriba: tabula de hospitalidad de Mont ealegre de Campos (fot ografía: Museo de Valladolid).
55 9 VACCEA ANUARIO los vacceos a comienzos del imperio mas fenicios y neopúnicos en cerámica común romana de época julio-claudia, lo cual incide, una vez más, en la idea de que las lenguas indígenas están con-viviendo con el latín durant e los inicios del Imperio. Los pactos de hospitalidad El hospitium, como institución indígena que se vio ref orzada durant e la conquis ta romana porque en la Italia republicana también existía, sabemos que estuvo vigent e al menos durant e los siglos I y II d.C., si bien no con tan-t a intensidad como en el I a.C. Tres son los ejemplos represen tativos que en el ámbito vacceo indican cómo seguían firmándose o reno vándose estos pac-tos, dos de ellos palentinos y el tercer o vallisolet ano. El primero y más antiguo es la t essera CIL II 5763 procedent e de Paredes de Nava, fechada en el año 2 a.C., en la que se establece un pacto de hospitalidad entre el inter catiense Acces y la ciudad de Pallantia . Más al norte, en el borde septen trional del te-rrit orio vacceo, donde linda con los cán-t abros, la tessera broncínea de Herrera de Pisuerga constituy e un nuevo ejem-plo de cómo a comienzos del Imperio, concre tamente en el año 14 d.C., se-guían practicánd ose pactos de hospita-lidad entre instituciones y particulares indígenas, no sólo con el beneplácito de Roma, sino con su apoyo porque era un mecanismo que contribuía a estable -cer lazos de dependencia útiles para la conviv encia. En este caso se trat a de la concesión de ciudadanía honoraria de la civitas Magga vensium a Amparamus, un cusaburense pertenecient e al grupo social de los nemaiecos.La antigüedad de estas dos tesse-rae podría haber hecho pensar a más de uno que esta institución pront o cay ó en desuso, pero el descubrimiento de un documento exce pcional en 1985 supu-so la const atación de que seguía vigent e más de un siglo después. Nos ref erimos a la tabula de Montealegr e de Campos, renov ación de un antiguo pacto entre amallobrigenses y caucenses efectua -do en el año 134 d.C. Es el document o que mejor ejemplifica la pervivencia del hospitium en tiempos ya avanz ados del Alto Imperio en el antiguo territo -rio vacceo. Tan significativ o como el propio tex to legal es el jarro de bronce hallado en esta localidad vallisole tana durant e las exc avaciones realizadas en ese mismo año para dar cont exto a la tabula, descubierta unos meses antes. Clarament e del siglo II o I a.C. por su tipología y sus elementos decora tivos, incluye entre estos últimos algo tan car-gado de simbolismo como unas manos entrelaz adas, imagen vinculada a los acuerdos de hospitalidad. En opinión de Delibes y Romero (1988: 88), de admitir que tabula y jarro están relacionados, y puesto que aquélla es la renov ación de un pacto efectuada en dicho año, pue-de que fuera con ocasión de la firma del conv enio original cuando se fabricó este jarro y hubiera sido conserv ado simbó-licament e, generación tras generación. Francisco Marco , por su parte, va más Tessera de bronce de Herrer a de Pisuerg a, fechada en el año 14 d.C. (J. A. Eguiagar ay sobre dibujo de García y Bellido). Jarro de bronce de Montealegre de Campos y deta-lle de sus asas, con manos entr elazadas símbolo del hospitium (Delibes y Romer o, 1988).
56 9 VACCEA ANUARIO los vacceos a comienzos del imperio allá al proponer que el jarro en cuestión quizá fuera usado para algún tipo de ri-tual de los que habitualmente se reali-z aban con motivo de la culminación del pacto (Marc o, 2002: 180-181). Onomástica y teonimia A pesar de que con cierta rapi-dez se fue imponiendo el uso del latín hablado entre la población indígena meseteña, porque a fin de cuentas era el idioma de la nueva administración, su onomástica y su teonimia siguen estan -do muy present es en estas sociedades hasta casi las puertas del Bajo Imperio. En el caso vacceo, de nuevo la tabula de Montealegr e de Campos nos ofrece ejemplos de nombres personales y de colectivos que, en tiempos de Adriano, pertenecen a la tradición indígena: Aius, Elaesus, Otta y Magilancum, relaciona-do este genitivo plural alusivo a una gentilitas con el nombre personal Ma-gilo. También un Elaesium encontr amos en Paredes de Nav a; Attio, Bodogenus y Abanus Saibodaecus aparecen en sen-das es telas de Pintia; Arganta en una inscripción de Valdenebro de los Valles (Valladolid); Argantioq(um) en otr a de Palencia; Vadonnia en una de Cauca fechada ya a finales del siglo II o inicios del III d.C., y la lista se podría alargar aún más pero no creemos que sea necesario.Respecto a teónimos indígenas en documentación epigráfic a hallada en territ orio vacceo, no conocemos ninguno por el momento. Sin embarg o, en ciudades front erizas con los vacceos –significativ amente de cultura material muy influida por ellos–, nos const an algunos que quizá también formaran parte de su religiosidad. Así, en la Fuen-te de Giriego, en Sepúlveda, aparece un Eburianus de cronología indefinida; en la Cueva de La Griega, de Pedraz a, un grafit o de los siglos I-III d.C. dedicado a Nemedo August o; dos aras de Durat ón fechadas en el s. II d.C. están dedicadas a las Matres, deidad triple de naturale za céltica; en Saldaña de Ayllón de nuevo en otras dos aras, pero del siglo I d.C., aparece citada la deidad Arconi. Y en relación con toda esta religiosidad in-dígena laten te y sincretiz ada con la ro-mana hemos de poner también un ara anepígraf a de Roda de Eresma, del siglo III d.C., decorada con una simbología de filiación céltica formada por tres ruedas o discos solares y una esvás tica (Blanco y Barrio, 2010). Los equipos cerámicos Primero de manera tímida, pero luego con un poco más de intensidad, desde mediados del siglo II a. C. hasta el cambio de Era van penetrand o en el mundo vacceo elementos propios de la cultura romana, aportados por las fuer-zas de conquist a, comercian tes y quizá mercenarios. Inicialmente fue la mo-neda romana republicana, más tarde la cerámica itálica de barniz negro, a las que se suman en una época avanz ada del gobierno de Augusto las primeras sigillatas itálicas, las cerámicas de pa-redes finas y muy posiblemente, aun-que de manera aún escasa y sólo por una pequeña parte de la población, se empezar á a utilizar el latín. De esta ma-nera, poco a poco fueron instalándose determinados elementos romanos en la cultura vaccea, pero de una forma diferencial, pues fueron las élites que gobernaban en sus ciudades las que pri-mero asimilarían estas influencias –la moneda desde antiguo para ate sorarla, la cerámica como producto de prestigio y el latín como lengua vehicular para relacionarse con los nuevos dueños del valle del Duero–, calando después en las clases populares.A lo largo del siglo I d.C. y durant e parte de la centuria siguiente, la pobla-ción autóctona de las ciudades vacceas se encontr aba inmersa en un proceso de aculturación con el mundo roma-no en el que las tradiciones culturales, ideológicas y materiales propias de sus antepasados seguían estando muy vivas y tenían un peso considerable en su vida diaria. Uno de los elementos en los que mejor aparece reflejada esta situación es la cerámica pintada. Las colecciones recuperadas en viviendas y en niveles de ocupación fechados entre plena épo-ca augustea y mediados del siglo I d.C., en lugares como Pallantia /Palencia, Pintia o Montealegr e de Campos, por ejemplo, muestran cómo, aun estando present es las cerámicas propiamen te romanas, el mayor porcent aje corres -ponde a las de filiación tecno-tipológic a y decora tiva vacceas. Esto quiere decir que durant e las décadas iniciales del Imperio éstas se siguen fabricando en alfares y por ceramist as que no son más que los descendientes de los alfarer os vacceos de los siglos II y I a.C. El conside-rable potencial productivo de los alfares vacceos de estos dos siglos y recor de-mos que el mayor horno cerámico de la Edad del Hierro de Europa occidental es el de Pintia -Carralaceña, fechado a me-diados del I a.C. se mantuv o práctica -mente hasta los inicios de la época Fla-via, momento a partir del cual comienza a declinar ante el empuje comercial que ejercen las producciones romanas.Dur ante las dos o tres décadas anterior es al cambio de Era la cerámi-c a vaccea se puede decir que aún está muy apegada a la tradición. Esto signifi-ca que las pastas, las cocciones, las for-mas, los añadidos plásticos y elementos de prensión, las pinturas así como los Estela discoidal dedicada a Attio, hallada en el cement erio de Las Ruedas (fot ografía: C. Sanz Mínguez).
57 9 VACCEA ANUARIO los vacceos a comienzos del imperio esquemas decora tivos siguen siendo, en esencia, como lo habían sido desde, al menos, la época sertoriana (82-72 a.C.). Las decoraciones figurativ as, que habían alcanzado su máximo apogeo entre Sertorio y Augusto , perviven con fuerza para, a partir del cambio de Era, empezar a declinar lentamen te, a pesar de lo cual siguen siendo imágenes de indiscutible tradición vaccea. Es hacia esas fechas cuando se producen algu-nas de las transf ormaciones morfológi-cas y decora tivas que darán paso al pa-norama caract erístico de las cerámic as de las cinco o seis primeras décadas de la Era . Bien es cierto que los morfoti-pos básicos son poco más de una do-cena pla tos, fuentes, vasos, cuencos, copas, jarras, botellas, ollitas, tinajillas, tinajas, especieros, tapaderas y ciertas formas especiales como los sonajeros y los kernoi , pero cada uno de ellos engloba una serie de variant es y subva -riantes que hacen que se puedan indivi-dualizar unas sesent a formas.La gran homogeneidad que, des-de el punto de vista tecnológico , presen-t an est as producciones de un extr emo a otro del territorio vacceo es su nota más caract erística, razón por la cual estamos ante un fenómeno cultural de perviven -cia de lo indígena de caráct er general, no local o comarc al. Y no sólo eso: en ciudades front erizas situadas ya fuera de dicho territorio , pero que tradicio-nalment e venían siendo muy permea-bles a las influencias de la cultura mate-rial vaccea, como Sasamón, Castrojeriz, Dessobriga, Lancia, Salamanca o Sego-via, por ejemplo, es posible reconocer esa misma homogeneidad.Desde finales de época julio-clau-dia, estas caract erísticas producciones pintadas de pasta rojas y anaranjadas siguen estando present es en las ciuda-des de rancia tradición vaccea, aunque cada vez van siendo menos frecuen tes. Puesto que tant o en viviendas como en sepulturas continúan apareciendo, aun-que compartiendo espacio con objetos propiament e romanos, casi se podría decir que muchas de esas cerámicas de-bieron de pasar a tener condición de re-liquias familiares, lo cual nada tiene de extr año. Cabe recor dar en este punto cómo en una vivienda de Pintia fechada en el siglo I d.C. se recuperó una vaina de puñal fabricada en el IV a.C., lo que significa que pasó de generación en ge-ner ación como reliquia familiar. Nada menos que casi cinco siglos de diferen -cia entre el momento de su fabricación y el de la amortización en un cont exto doméstico.T odo esto evidencia de mane-ra muy clara cómo un sentimient o de identidad étnica y cultural sigue es-tando vivo en plena época altoimpe- Secuencia de la cer ámica vaccea tar día, entr e el 30/20 a. C. y mediados del siglo I d.C. (elaboración del autor). Vaso vacceo tardío, de la primera mitad del siglo I d.C., recuperado en la campaña de 2003 llev ada a cabo en Las Quint anas-Pintia (fot ografía: C. Sanz Mínguez).Cuenc o de cerámic a vaccea tar día de la sepultura 116 de Las Ruedas, fechada en la primera mitad del siglo I d.C. (fot ogra-fía: C. Sanz Mínguez).
58 9 VACCEA ANUARIO los vacceos a comienzos del imperio rial, aunque en su seno poco a poco van arraigando los elementos roma-nos. Buen ejemplo de ello, volviendo al campo de la cerámica, se encuentra en ciertas producciones de época tar-doaugust ea y tiberiana, que por el tipo de pastas empleadas y los acabados de las superficies son típicament e vacceas tardías pero las formas ya imitan vasos de sigillata itálica y gálica, sobre todo la Consp. 22/Rit. 5. Las Ruedas de Pintia, Montealegr e de Campos y la necrópolis palentina de Eras del Bosque son tres de los lugares en los que este fenómeno mejor se tiene cons tatado. Unas últimas palabras para concluir Tratar de establecer cómo vivían los descendientes de los vacceos del Segundo Hierro durant e el siglo I d.C. y qué quedaba en ellos de su ancestral cultura entraña una gran dificultad. Las tradiciones que heredaron de las gene-r aciones pasadas, aun estando unas en retr oceso y otras en proceso de trans-f ormación y adaptación al nuevo orden romano, es evident e que aún seguían teniendo cierto peso. Desde tiempos de Augusto , la gestión política y adminis-trativ a del territorio vacceo y de sus ciu-dades, el pago de impuestos, el orde n Sepultura 68 de la necrópolis de Las Ruedas, fechada a mediados del I d. C., en la que con viven mat eriales romanos y cerámic a vaccea tar día (Sanz Mínguez et alii , 2003). Tinajilla de cerámica vac-cea de la primera mitad del siglo I d. C. con est am-pilla de cierv a, recuper ada en las ex cavaciones de 2008-2010 realiz adas en Montealegr e de Campos (dibujo del autor).
59 9 VACCEA ANUARIO los vacceos a comienzos del imperio público, etc. estaban bajo el contr ol de autoridades y administrador es de origen itálico , aunque con la colabora -ción de las antiguas clases dirigent es indígenas. Para los vacceos, como para el rest o de los pueblos prerromanos meseteños, la situación socio-política y económica ya era muy distint a de la que había existido en los siglos ante -riores, pero si indagamos un poco en la mate rialidad de las cosas con las que vivían y en el entramado ideológico con el que interpr etaban todo lo que les ro-de aba, el panorama que obser vamos es el de un mundo aún muy anclado en el pasado. Más en lo que se refier e a las clases populares que en lo que afect a a las privilegiadas, éstas últimas desde pront o atraídas por las autoridades ro-manas para, a trav és de ellas, gobernar más fácilme nte a aquéllas.Son numerosos los datos ar-queológicos que indican cómo entr e la población indígena de las ciudades vacceas el ritmo de las transf orma-ciones fue bastan te lento y, en unos aspectos más que en otros, estuvo marcado por una cierta resist encia a los cambios. No obst ante, del mismo modo que sería un error sobrev alorar las actitudes de rechazo de lo roma-no y de preserv ación de lo autóctono frent e a las de asimilación, también lo es, como suele ser habitual entre los especialis tas en el mundo romano, lo contr ario, haciendo caso omiso de que las primeras se manifiestan en muy diver sos campos y con una frecuencia difícil de ocultar. En el terre no ideoló-gic o, la misma religiosidad individual y doméstic a de los vacceos, por ejem-plo, debió de ser a lo largo del siglo I d.C. la heredada de sus antepasados y, además, conscient emente practicada como un elemento más de resist encia al dominio romano, tal como se tiene const atado en otras partes del recién estr enado Imperio. La práctica secular de incinerar los cadáv eres se mantie-ne , pero es muy difícil medir su grado de pervivencia porque en est e aspecto se produjo una conv ergencia de tra-dicione s culturales, ya que también perte nece a la tradición romana. En el terre no mate rial, la sustitución de los equipos cerámic os vacceos por los propiamen te romanos muestra, igual-ment e, esa lentitud a la que nos ref e-ríamos y el enorme peso de la tradi-ción, muy fuerte hasta la época Flavia pero que se sigue reconociendo en las décadas post eriores. Bibliografía Blanco, J. F. (2011): “Los inicios del uso de la escritura entre los vacceos: grafit os y tex tos en su cont exto arqueológico” , Estudios de Lenguas y Epigrafía Anti-guas (ELEA), 11. Actas del XXVI Semi-nario de Lenguas y Epigrafía Antiguas (Gandía, 2010). Real Academia de la Cultura Vale nciana, 153-227. Vale ncia. (2015): “La cerámica pintada meseteña desde Augusto hasta Adriano”, en M. C. Fernández Ochoa, A. Morillo y M. Zarzalejos (eds.) Manual de cerámi-ca romana II. Cerámicas romanas de época altoimperial en Hispania. Impor-tación y producción, 429-491. Madrid.Blanc o, J. F. y Barrio, J. (2010): “Element os de ritualidad y espacios sacros en el re-bor de surorien tal del territorio vacceo y zonas limítrofe s celtibéricas” , en F. Buri-llo (ed.) VI Simposio sobre los Celtíberos. Ritos y Mitos, 35-43. Zar agoza.De Bernardo, P., Romer o, F. y Sanz, C. (2012): “Gra fitos con signario celtibé-rico en cerámic as de Pintia (Padilla de Duero-Pe ñafiel, Valladolid)”, Palaeohis-pánic a, 12, 157-194. Zar agoza.Del Amo, M. (1992): “Una tumba pertene -ciente a la necrópolis de Eras del Bos-que (Palencia)” , BSAA , LVIII, 169-211.Delibe s, G. y Romer o, F. (1988): “El jarro de bronce”, en A. Balil Illana y R. Martín Valls (eds.) Tessera hospitalis de Mon-tealegre de Campos (Valladolid). Es-tudio y contexto arqueológico, 78-90. MMAV, 6. Valladolid.Mar co, F. (2002): Vot a omnia finibus. La té-ser a de Herrera de Pisuerga y la ritualiza-ción de los pactos en la Hispania indoeu-ropea”, Palaeohispanic a 2, 169-188. Pérez, F. J. y Abarque ro, F. J. (2010): “La Ciudad de Pare des de Nav a. Civitas vacceorum en Tierra de Campos”, Vac-ce a Anuario 2009 (nº 3), 28-36.Rome ro, V. (1985): Numancia I. La ter-ra sigillata. EAE, 146. Madrid.Sanz, C. (2008): “Un puñal-reliquia vacceo hallado en Pintia (Padilla de Duero, Va-lladolid)” , Gladius, XXVIII, 177-194.Sanz, C. y Vel asco, J. (eds.) (2003): Pintia. Un Oppidum en los Confines Orientales de la Región Vaccea. Investigaciones Arqueológicas Vacceas, Romanas y Vi-sigodas (1999-2003). (Catálog o de la Exposición Pintia Cotidiana y Simbóli-ca, Valladolid, 2003). Valladolid.Simón, I. (2013): Los soporte s de la epigra-fía paleohispánica. Inscripciones sobre piedra, bronce y cerámica. Univer sida-des de Zar agoza y Sevilla. Zar agoza.Torrione, M., De Hoz, J. y Fernánde z, C. (2015): “Un doble sello sobre cerámic a indígena de época altoimperial proce-de nte del yacimient o arqueológico de Dessobriga (Osorno, Palencia/Melg ar, Burgos)” , Palae ohispanica, 15, 229-255. Juan Francisco Blanco GarcíaUni versidad Autónoma de Madrid Vaina-reliquia de un puñal fabricado en el siglo IV a. C. pero hallado en una vivienda de Las Quint a-nas-Pintia del siglo I d.C. (Sanz Mínguez, 2008).