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5 €
PINTIA
CAMPAÑA XXVI
GRAVURAS DEL CÔA
Idade do Ferro
TARIEGO DE CERRATO
CIU
dade
S V
a
CC
ea
S
ORFEBRERÍA VACCEA
ERAS DEL
BOSQUE
e
N
e
L MUS
eo
de
G
ra
N
ada
52
9
VACCEA
ANUARIO
A
los vacceos a comienzos del imperio
D
e
los
posibles
enfren
ta-
mientos
entre
ciudades
vacceas
que
a
lo
largo
de
los
siglos
IV
y
III
a.C.
debieron
de
pro-
ducir
se
casi
nada
sabemos,
pero
si
consideramos,
por
una
parte,
que
en
muchas
sepulturas
de
las
necrópolis
de
esas
centurias
son
habituales
las
armas
y,
por
otra,
que
es
el
periodo
en
el
que
se
amurallan,
la
idea
que
se
desprende
es
que
la
guerra
estaba
muy
arraigada
y
generaliz
ada.
Guerras
que,
en
cual-
quier
caso,
no
cabe
pensar
que
fueran
grandes
conflict
os
armados
al
estilo
de
los
que
mantenían,
por
ejemplo,
las
ciudades
de
la
Edad
del
Bronce
del
Me-
diterráneo
oriental
o
las
de
los
reinos
helenísticos,
sino
más
bien
de
ámbito
comarc
al,
con
operaciones
de
pillaje
en
las
que
se
robarían
ganados,
cosechas,
riquezas
familiares
en
asaltos
perpetra
-
dos
a
ciudades,
se
asaltarían
a
los
co-
mer
ciantes
y
artesanos
en
los
tránsitos
de
unas
a
otras,
etc.
Y
es
que
los
guerre-
r
os
que
formaban
parte
del
cuerpo
so-
cial
de
cada
una
de
las
ciudades
vacceas
no
constituían
auténtic
os
ejércitos,
sino
más
bien
grupos
de
hombres
armados,
jerárquic
amente
organiz
ados
y
dirigidos
por
una
elite
militarizada.
No
tenemos
ni
un
solo
dato
que
nos
permita
aproxi
-
marnos
al
porcent
aje
de
población
que
en
las
ciudades
vacceas
integr
aba
su
cuerpo
armado
en
tiempos
de
paz,
pues
en
período
de
guerra
las
fuentes
refie
-
ren
cómo
todos
los
hombres
en
edad
de
combatir
tenían
obligación
de
hacerlo.
La
llegada
del
ejércit
o
cartaginés,
con
Aníbal
a
la
cabez
a,
en
el
occidente
vacceo
en
el
año
220
a.C.,
los
primeros
enfr
entamientos
entre
tropas
romanas
y
guerreros
meseteños
entre
los
años
193
y
185
a.
C.,
y
la
guerra
con
los
celtíberos
en
los
años
182-178
a.C.
debieron
de
suponer
un
cambio
importan
te
en
la
mentalidad
de
los
vacceos
en
lo
que
a
la
guerra
y
a
la
seguridad
de
sus
ciudades
se
refie
-
re.
Puede
que
cada
ciudad
empezar
a
a
sentirse
más
vulnerable
ante
la
pre-
sencia
en
su
vecindad
de
unas
fuerzas
formadas
por
miles
de
guerreros
bien
organiz
adas,
pertrechadas
y
adiestra
-
das
militarment
e,
con
infan
tería
pesada
y
máquinas
de
guerra,
pero
a
pesar
de
ello,
hasta
mediados
del
siglo
II
a.C.
el
coraz
ón
del
territ
orio
vacceo
no
se
verá
afect
ado
por
el
proceso
de
conquist
a
del
ejército
romano.
La
incursión
de
Lu-
cio
Licinio
Lúculo
del
año
151
a.C.,
en
la
que
destruyó
primero
Cauca
(Coca,
Segovia),
después
Interc
atia
(¿Montea
-
legre
de
Campos?
¿“La
Ciudad”,
de
Pa-
r
edes
de
Nava?),
quizá
alguna
que
otra
población
más
que
no
ha
sido
ref
erida
por
las
fuentes
clásicas
(Appiano),
has-
ta
presen
tarse
ante
Pallantia
,
a
la
que
puso
cerco
pero
no
llegó
a
tomar,
cons-
tituy
e
el
primer
choque
importan
te.
Rest
ablecido
el
pulso
de
las
ciu-
dades
vacceas
con
cierta
rapidez,
en
los
años
136-134
a.C.
de
nuevo
se
ve
alte-
r
ado
y
unos
decenios
después,
en
98
a.C.,
Tito
Didio
inter
viene
militarment
e
en
las
tierras
situadas
al
sur
del
Duero,
donde se encuentr
a
Colenda
(¿Cué-
llar?).
No
será,
sin
embargo
,
hasta
la
fase
final
de las
Guerras Sert
orianas
,
en
los
años
74-72
a.C.,
cuando
se
produzc
a
una
re-
friega
de
tant
a
enver
gadura
como
la
de
mediados
del
siglo
II
a.C.,
en
esta
oca-
sión
de
la
mano
del
general
sertoriano
Pompey
o
Magno.
Ya
a
mediados
del
si-
glo
I
a.C.,
concre
tamente
en
el
año
56,
tienen
lugar
las
denominadas
revuelt
as
vacceas,
sofoc
adas
por
Met
elo
Nepote.
A
pesar
del
convulso
siglo
que
tuvieron
que
vivir
los
vacceos
entre
el
151
y
el
56
a.C.,
aunque
bien
es
cierto
que,
según
las
fuentes,
focaliz
ado
en
unas
pocas
ciudades,
pues
las
demás
no
sabemos
cómo
se
vieron
afect
adas
por
las
operaciones
militares
de
la
conquis-
ta,
la
forma
de
vivir
que
habían
desa-
rrollado
durant
e
siglos
y
los
elementos
culturales
que
les
hacían
singulares
no
sólo
no
desaparecieron,
sino
que
se
re-
forz
aron
y
enriquecieron.
Con
indepen-
dencia
de
las
informaciones
que
sobre
los
vacceos
nos
aportaron
los
autores
clásicos
al
narrar
las
operaciones
de
los
ejércitos
romanos,
los
siglos
II
y
I
a.C.
son
los
más
fructíferos
en
información
arqueológica
relativ
a
a
la
mate
rialidad
de
sus
ciudades
y
viviendas,
a
su
forma
de
vida,
a
su
mentalidad,
en
parte
por-
que
—
y
éste
es
un
mecanismo
que
se
repite
en
otras
culturas
sometidas
en
los
terre
nos
militar,
político
y
religio-
so
—
ante
la
presión
de
una
estructura
política
y
cultural
extr
anjera
se
refuer-
53
9
VACCEA
ANUARIO
los vacceos a comienzos del imperio
zan
los
mecanismos
identitarios,
a
ve-
ces
incluso,
paradójicamen
te,
haciendo
uso
de
medios
culturales
fuertement
e
arraigados
en
la
potencia
dominadora.
La
reafirmación
y
el
ref
orzamiento
de
lo
autóctono
frent
e
a
lo
foráneo
,
sobre
todo
a
partir
de
finales
del
siglo
II
a.C.,
es
un
hecho
bien
const
atado
en
los
te-
rrit
orios
de
la
Hispania
céltica.
Desde
finales
del
siglo
I
a.C.
y
hasta
al
menos
finales
del
I
d.C.
o
inicios
de
la
centuria
siguiente
convivier
on
en
los
territ
orios
meseteños
las
actitudes
de
rechazo
y
asimilación
de
lo
romano.
A
pesar
de
ir
estas
últimas
in crescen
-
do
y
ser
cada
vez
más
fuertes,
al
tiem-
po
que
aquéllas
iban
lentamen
te
de-
clinando,
en
este
trabajo
vamos
a
fijar
nuestra
atenció
n,
muy
sucintamen
te,
en
los
resc
oldos
de
un
mundo
indígena
que
conser
vaba
cierta
vitalidad
entre
las
fechas
indicadas,
en
cómo
el
peso
de
la
forma
de
vida
y
de
las
tradiciones
culturales
de
los
vacceos
se
mantuvo
aún
fuerte
en
esa
época,
para
lo
cual
nos
centrar
emos
en
cinco
campos
de
análisis:
el
lingüístico
,
el
onomástico
y
teonímico
,
el
del
hospitium
y
el
de
los
equipos
cerámicos.
Se
podrían
sumar
a
ellos
algunos
más,
como
el
urbanís-
tico
y
el
arquitect
ónico,
aspectos
éstos
en
los
que
tant
o
las
fotogr
afías
aéreas
como
las
exc
avaciones
arqueológic
as
demuestran
que
la
estructura
urbana
y
el
tipo
de
construcción
doméstica
de
las
ciudades
vacceas
en
muy
poco
cambia-
r
on
en
los
inicios
de
la
nueva
Era,
pero
quizá
sean
menos
significativ
os,
por
lo
que
no
los
abordaremos.
Roma,
más
allá
de
instalar
los
mecanismos
de
con-
tr
ol
político-mili
tar
y
administra
tivo,
su
sistema
de
gestión
y
explotación
econó-
mica
y
los
cultos
oficiales
que
garan
tiza-
ban
el
respe
to
al
nuevo
orden
social,
no
tenía
por
norma
inter
venir
en
materia
de
reordenación
del
caserío
de
las
ciu-
dades
conquist
adas,
salvo
en
lo
que
se
refier
e
a
la
creación
de
lugares
públicos
propios
de
su
cultura
(foro
,
espacios
de
ocio
y
espectáculos…)
o
de
mejoras
en
los
servicios
ciudadanos
(acueductos,
baños,
sist
ema
de
alcan
tarillado…).
Lengua y escritura
Desde
que
los
vacceos,
sobre
todo
los
comercian
tes
y
algunos
miem-
bros
de
la
élite
guerrera,
entran
en
con-
t
acto
con
los
ejércitos
expedicionarios
romanos,
el
latín
empieza
a
inst
alarse
en
su
cultura.
Probablement
e,
en
los
episodios
bélicos
y
relaciones
diplomá-
ticas
que
tuvieron
lugar
en
los
años
151,
134,
74-72
y
56
a.C.
en
important
es
ciu-
dades
vacceas
como
Cauca
,
Interc
atia
,
Pallantia
o
Colenda
,
donde
por
lo
ge-
ner
al los
imperatores
romanos
(Lúculo,
Escipión,
Pompey
o,
Didio…)
entrar
on
en
conv
ersaciones
con
la
población
in-
dígena,
unas
amistosas
y
otras
no
tant
o,
la
lengua
que
se
emplearía
sería
el
latín,
lo
que
significa
que
los
ejércitos
roma-
nos
debían
de
llevar
interlocut
ores
indí-
genas.
El
mismo
Cicerón
refier
e,
para
el
siglo
I
a.C.,
cómo
en
las
inter
venciones
que
ante
el
senado
romano
realizaban
algunas
comisiones
de
hispanos,
sobre
todo
de
celtíberos,
eran
necesarios
los
traductor
es.
Pero
por
razon
es
prácticas,
la
lengua
de
los
conquist
adores
iría
calan-
do
cada
vez
más
en
la
población
autóc-
t
ona,
por
lo
que
a
partir
de
la
época
de
Augusto
adquiere
cierto
arraigo
en
la
vida
cotidiana
de
amplias
capas
socia-
les.
Este
hecho,
unido
a
que
cada
vez
son
más
las
evidencias
de
que
aún
se
si-
gue
utilizando
su
ancestral
lengua,
per-
mite
que
podamos
hablar
de
una
larga
fase
de
bilingüismo
en
la
que
el
final
de
la
lengua
autóctona
es
difícil
establecer
.
El
lingüístico
es
un
aspecto
que,
para
los
propósit
os
que
aquí
nos
hemos
marcado
,
cabe
calificar
como
de
baja
intensidad,
a
pesar
de
lo
cual,
y
ref
eri-
do
no
a
los
vacceos
sino
a
los
celtíberos,
creemos
conv
eniente
empezar
por
un
excelen
te
pasaje
de
Tácito
(
Anales
IV,
45,
1)
que
demuestra
cómo
los
indíge-
nas
meseteños
seguían
haciendo
uso
de
su
lengua
en
tiempos
de
Tiberio.
Este
autor,
que
era
senador
romano
y
afi-
cionado
a
la
historia,
refier
e
cómo
en
el
año
25
d.C.
un
individuo
de
la
arév
aca
Tiermes
que
ha-
bía
asesinado
al
pret
or
de
la
pro
vincia,
Lucio
Pisón,
cuando
fue
apresado
y
torturado
para
que
declarara
quiénes
ha-
bían
sido
sus
cómplices,
los
romanos
no
con-
siguie
ron
sacar
nada
en
claro
porque
«…
se e
xpresaba en su lengua patria
».
Corroboran
y
apuntalan
la
idea
de
que
en
las
primeras
décadas
del
Imperio
la
población
autóctona
seguía
haciendo
uso
de
su
ancestral
lengua
la
presencia
en
algunos
enclaves
vacceos
de
grafit
os
que,
a
pesar
de
ser
aún
po-
cos
los
que
se
conocen,
son
muy
signi-
ficativ
os.
Siempre
en
signario
ibérico,
aunque
la
lengua
usada
por
los
vacceos
hubo
de
ser
la
celtibérica
u
otra
muy
si-
milar,
a
veces
lo
que
hallamos
son
gra-
fit
os
monolíteros
o
bilíteros
grabados
tant
o
en
cerámica
vaccea
tardí
a
como
romana,
sobre
todo
en
sigillata
hispá-
nica
(Montealeg
re
de
Campos
o
Pintia
),
Grafito
en
signario
ibérico
realizado
en
un
fragmen-
to
de
cerámic
a
hallado
en
una
vivienda
de
Pintia
de
época
august
eo-tiberiana
(dibujo:
C.
Sanz).
Fragmen
to
de
vaso
pint
ado
hallado
superficialmente
en
Dessobri-
ga
(Osorno,
Palencia),
con
inscripción
sobre
pastillas
del
asa.
(Fot
ografías
cort
esía
de
Marg
arita
Torrione,
'Proy
ecto
Dessobriga'
www
.dessobriga.
com).
54
9
VACCEA
ANUARIO
los vacceos a comienzos del imperio
generalmente
interpr
etadas
como
mar-
cas
de
propiedad.
En
alguna
rara
oca-
sión
no
son
graf
emas
aislados,
sino
pe-
queños
tex
tos
ya,
como
el
que
aparece
en
la
superficie
ext
erna
de
un
recipien
te
recuperado
en
la
estancia
C
de
una
vi-
vienda
de
Pintia
fechada
en
época
au-
gust
eo-tiberiana
(Sanz,
2008:
181,
fig.
2,
2).
Estos
materiales,
que
cabe
conside-
rar
como
epigrafía
menor,
cons
tituyen
una
muestra
de
que
la
lengua
materna
de
los
vacceos
aún
seguía
en
uso
en
al-
gunos
sectores
de
la
población
durant
e
el
siglo
I
d.C.,
circunst
ancia
que
también
se
tiene
documentada
entre
carpet
anos
y
celtíber
os:
del
poblado
de
La
Mina/
Arroy
o
de
los
Castrejones
(Colmenar
de
Oreja,
Madrid)
procede
un
fragment
o
de
TSH
que
por
la
calidad
del
barniz
po-
dría
fecharse
entre
los
años
50-90
d.C.,
en
el
que
se
ha
grabado
un
tex
to
en
grafías
ibéricas
(Blanco,
2015:
167-172,
figs.
22-23);
y
en
Numancia,
por
poner
un
segundo
ejemplo
represe
ntativo,
son
decenas
los
fragment
os
de
TSH
con
marcas
y
grafit
os
celtibéricos
(Romero
,
1985).
Además
de
en
Pintia
y
en
Mon-
tealegre,
grafit
os
monolíteros
en
cerá-
mic
as
del
I
d.C.
se
const
atan
también
en
otros
enclaves
vacceos
como
Cauca
y
su
aldea
saté
lite
situada
en
el
cerro
Cuesta
del
Mercado
(Blanco,
2011:
194-
205).
Y
en
la
ciudad
palentino-bur
ga-
lesa de
Dessobriga
(Osorno/Melgar)
recient
emente
ha
sido
recuperado
un
fragment
o
de
cerámica
con
un
pequeño
tex
to
(¿o
pseudote
xto?),
dispuesto
en
círculo,
estampado
en
los
botones
que
remat
an
cada
uno
de
los
extr
emos
de
sendas
asas
decora
tivas
de
una
tinaji-
lla
caract
erística
de
la
primera
mitad
del
indicado
siglo
(Torrione,
De
Hoz
y
Fernández,
2015).
En
el
mundo
vacceo
éste
cons
tituye
un
caso
único
por
ahora,
pero
estampillas
epigráfic
as
en
caract
e-
res
ibéricos
similares
sí
se
conocen
en
otros
ámbitos
territoriales,
como
las
que
cons
tan,
por
ejemplo,
en
un
dolium
de
Château-R
oussillon
(Simon,
2013:
636-637).
No
estampados,
sino
incisos,
en
algún
que
otro
yacimient
o
del
sur
peninsular
se
han
documentado
graf
e-