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5 €
PINTIA
CAMPAÑA XXIV
VERTAVILLO
AUTRIGONES
V
ACCEARTE
BRONCES DE
ADORNO PERSONAL
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Vaccea
Anu
A
rio
Historia, toponimia e historiografía
Vertavillo es una pequeña locali-
dad al sur del Cerrato palentino que se
halla enclavada sobre un espigón de pá-
ramo desde donde se domina la amplia
vega del arroyo de los Madrazos, sub-
sidiario del Pisuerga por su margen iz-
quierda. Su primitivo nombre, aquel con
el que es mencionado en los primeros
documentos medievales, fue
Bretauie-
llo
, lo que ha dado pie a plantear para
el mismo un origen “celta”. El prefijo
Breta-
o
Breto-,
presente en otras po-
blaciones peninsulares como Bretó de
la Ribera y Bretoncino en Zamora, o Bre-
tegos, Bretón y Santa María de Bretoña
en Galicia, resulta propio de esta lengua
indoeuropea y tendría el significado de
“lugar fortificado”. El pueblo medieval,
surgido a finales del siglo IX a la som-
bra del recuerdo del antiguo poblado,
retomaría, por lo tanto, aquel nombre:
Breta-viello = El Viejo Breto
, es decir, el
viejo lugar fortificado.
Tales indicios toponímicos en-
contraron, desde los años cincuenta
del siglo pasado, apoyo arqueológico
en los hallazgos de cerámica pintada
reseñados por G. Sánchez Doncel en
1950, o citados por Castro y Blanco en
1975 al publicar el vecino yacimiento
de Tariego de Cerrato. Desde entonces
y hasta la actualidad, el yacimiento de
Vertavillo se menciona en la mayoría de
los estudios sobre poblamiento vacceo,
adquiriendo mayor
presencia en la
bibliografía
a la vez
que au-
mentaba
el interés por
esta etnia pre-
rromana y se desa-
rrollaban diferentes
programas de investi-
gación o de protección del
patrimonio arqueológico.
Gracias a ello contamos ahora
con varias campañas de prospec-
ción que incluyen fotografías aéreas
y con tres intervenciones arqueológicas
directas sobre el terreno. La primera,
desarrollada en 1999 por la empresa
Aratikos a raíz de la renovación de la
acometida de agua, permitió la apertu-
ra de un espacio de 144 m
2
en el pago
de Las Chozas y la documentación de un
área de viviendas. Las otras dos fueron
seguimientos más puntuales en los ci-
mientos de sendas naves agrícolas, aun-
que también proporcionaron algunos
hallazgos materiales interesantes y res-
tos estructurales de carácter público. A
todo ello hemos de añadir una nutrida
colección de cerámicas y elementos
metálicos depositada en el Museo de
Palencia por G. Gómez Guijas, piezas
que nos ayudan a comprender mejor la
entidad del asentamiento y a acotar su
evolución cronológica.
Emplazamiento y dispersión
La vieja ciudad vaccea (
el Viejo
Breto)
se localiza en torno al casco his-
tórico del actual pueblo, ocupando la
pequeña plataforma del caserío medie-
val, la prolongación de la misma hacia
el norte (pagos de Las Eras de Arriba,
El Cenizar, Las Chozas y Usolacueva)
y otras dos situadas al noroeste (Las
Lindes) y al este (Barrio de Las Chozas
y Solanas) de dicho núcleo urbano. La
primera tiene una superficie de unas 4
ha y destaca sobre la vega con un des-
nivel de hasta 30 m, aunque los hallaz-
gos en este punto son escasos debido
a la presencia de los edificios actuales.
Hacia el norte y noroeste parece asen-
tarse el núcleo principal y más extenso
del yacimiento, alcanzando aquí una su-
perficie en torno a las 25 ha. Por último,
ciudades vacceas
S
Broche de
cinturón de tipo
ibérico. Colección G.
Gómez Guijas. Foto Museo
de Palencia.
Arriba: Panorámica del yacimiento desde
el oeste.
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Vaccea
Anu
A
rio
el relieve oriental que se destaca sobre
la ermita del Cristo ocupa una extensión
de unas 15 ha. A todo ello hemos de
añadir varías zonas de laderas entre las
tres plataformas (La Cantera, Los Ale-
daños, El Cementerio Viejo y El Santo
Cristo), así como los amplios cenizales
localizados al norte (El Cenizar y Camino
de Castrillo) o al sur (Las Pozas), donde
también son frecuentes los hallazgos ar-
queológicos.
En definitiva, nos hallamos ante
una ciudad de grandes dimensiones,
cuyo recinto habitado pudo alcanzar fá-
cilmente las 40 ha. Pese a todo, y como
ocurre en otros enclaves vacceos, es
posible que no todo este espacio estu-
viera ocupado por el caserío, existiendo
zonas abiertas, de vigilancia o con diver-
sos usos económicos en su interior. Al
exterior se situarían, por otra parte, las
zonas de cenizales, las escombreras y la
necrópolis.
Defensas
La delimitación física de la ciu-
dad vaccea de Vertavillo parece haber
estado definida, además de por relie-
ves naturales, por una línea de defen-
sas artificiales. Las excavaciones hasta
ahora acometidas no han proporciona-
do prueba alguna en este sentido, pero
el estudio de las diferentes fotografías
aéreas (las realizadas específicamente
por Julio del Olmo en 2001 para el In-
ventario Arqueológico Provincial y las
disponibles en los Sistemas de Informa-
ción Geográfica) nos permite observar
trazados fósiles sobre los campos de
cultivo que, por lo demás, enlazan con
los mencionados escarpes geológicos.
Hacia el noroeste, en el significativo
pago de Las Lindes (término que viene
del latín
limes
y que significa límite),
varias terrazas, algunas visibles todavía
y otras suavizadas por las labores agrí-
colas, dibujan la plataforma superior de
ocupación y podrían estar marcando
la base de una hipotética muralla. En
este mismo punto y encajado en una
estrecha vaguada, el viejo camino de
Valle de Cerrato perpetúa lo que pudo
ser uno de los accesos principales de
la ciudad que, por otra parte, procede
del pago llamado El Portillo (otra vez
la pertinencia de la toponimia). Desde
aquí el recinto gira hacia el sureste tra-
zando sobre el terreno una franja más
oscura, con una anchura de unos 40 m,
que bordea una nueva terraza natural y
que podría identificarse con un foso que
atraviesa el camino de Castrillo y ascien-
de por la ladera de Usolacueva hasta el
camino de Cevico Navero. Al exterior
del mismo se sospecha la existencia de
un refuerzo constituido por un tramo de
empalizada de menor desarrollo, visible
también a través de la fotografía aérea.
El recorrido de esta línea defensiva al-
canzaría los 1500 m y reforzaría la zona
más accesible de la ciudad, aquella que
no cuenta con escarpes naturales. To-
davía en el núcleo oriental, el situado
sobre la ermita del Cristo, la perspec-
tiva aérea permite observar el trazado
de lo que puede ser el cimiento de una
muralla de menores dimensiones, ape-
nas 10 m de anchura y unos 500 m de
perímetro, que estaría delimitando un
barrio segregado físicamente del recin-
to principal.
Urbanismo
En la ciudad de Vertavillo en-
contramos datos interesantes sobre
la organización urbanística, y no sólo
a través de la mencionada fotografía
aérea, sino también gracias a las dife-
rentes excavaciones realizadas. En el
primer caso, las instantáneas oblicuas
de Julio del Olmo sobre el pago de Las
Lindes dejaban ver hasta 10 alineacio-
nes ligeramente irregulares, de direc-
ción norte-sur y trazado sensiblemente
paralelo, con una separación entre ellas
de unos 20 m. Según todos los indicios
estas huellas se corresponden con las
calles del núcleo principal, que tendrían
unos 5 m de ancho y una longitud entre
40 y 150 m. La disposición descrita se
corresponde bien con la de otras urbes
vacceas que, al igual que la nuestra, no
conocieron la romanización. Responde
a una organización de tipo indígena que
adolece de cierta irregularidad y resulta
menos ortogonal que las ciudades de
nueva planta posteriores, aunque no
por ello exenta de planificación.
En la intervención realizada en
el pago de Las Chozas en 1999 también
se obtuvieron algunos datos relativos a
viales públicos. Adosada al exterior de la
primera vivienda se documentó una línea
de grandes bloques calizos de tendencia
plana y con una anchura de hasta 60 cm.
La estructura, cuya continuidad y trazado
en ángulo también es visible a través de
la fotografía aérea, ha sido interpretada
como una acera de uso público. Por otra
parte, en un nuevo seguimiento que tuvo
lugar en 2007 en un punto muy cercano,
se descubrió un encanchado de lajas
calizas conservado en una longitud de
más de 5 m, el cual se interpretó, pese a
la estrechez de la zanja investigada, como
una calle.
Otro detalle sobre la comple-
jidad urbana del asentamiento es la
documentación, entre una de las casas y
la calle a la que se adosa, de una canaleta
revestida de barro endurecido, con 20
cm de anchura y 12 cm de profundidad
que, según todos los indicios, tenía
Delimitación del yacimiento vacceo de Vertavillo
―
Recinto principal;
―
Dispersión de hallazgos y
cenizales;
Localización de las intervenciones arqueológicas.
Vertavillo.
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rio
la finalidad de recoger las aguas de la
techumbre de la vivienda y desviarlas a
algún desagüe, evitando así su vertido
directo en la mencionada vía pública.
Por otra parte, es posible intuir
la presencia de espacios segregados
intencionadamente del caserío principal.
Este es el caso del llamando núcleo
oriental, situado en el pago de Solanas
y sobre la lengua de páramo que se
eleva por encima de la ermita del Cristo.
Allí es probable que se asentara un
barrio de viviendas, quizás con carácter
artesanal. Hacia el norte, igualmente
separada del primitivo caserío, se
localiza una zona con amplios cenizales
y abundantes restos materiales donde
podríamos sospechar se encuentra la
necrópolis, pese a que no contamos
con las evidencias definitivas que nos
alumbren en esta dirección. Todos estos
detalles referidos a la organización,
saneamiento y tránsito urbano, así como
a la identificación de áreas funcionales,
se hallan en consonancia con otros
hallazgos hechos en lugares como
Pintia
,
Dessobriga
, Montealegre de Campos
o Melgar de Abajo, documentos todos
ellos que no hacen sino refrendar el
elevado nivel de desarrollo urbanístico
de las ciudades vacceas.
Arquitectura doméstica
Pero es en lo referido a la arqui-
tectura doméstica donde el Viejo Breto
desvela una mayor información. La zan-
ja realizada por Aratikos en 1999 sacó a
la luz los restos de tres viviendas. Pese
a no contar con sus plantas completas,
sabemos que tenían forma cuadrangu-
lar, muros rectos que medían más de
ocho metros de longitud y una orien-
tación norte-sur. Las fórmulas cons-
tructivas alternaban el uso de la piedra
caliza, el barro y la madera. La primera
para asentar unos someros cimientos,
el adobe y el tapial para los alzados de
las paredes exteriores y de los tabiques
internos respectivamente, y los postes
embutidos en el muro o alineados de
forma independiente a cierta distancia
de aquel para soportar los empujes de
la techumbre. Los adobes ofrecen dife-
rentes dimensiones, incluso en la mis-
ma construcción, por lo que hemos de
pensar en una extendida práctica de la
reutilización. Todos ellos llevan huellas
digitales de distinto trazado en una de
sus caras, una fórmula que sirve para
mejorar el agarre de la argamasa de ba-
rro. El tapial se construye mediante un
encofrado de tablas de las que aún se
conservan restos en una de las vivien-
Plano de la excavación (Aratikos, 1999).
Canaleta de desagüe entre la calle y la fachada de
una vivienda.
Acera de piedras y restos de una vivienda cua-
drangular.
Cobertizo quemado de la vivienda 2.
Hogar de piedras y trozos cerámicos en el interior
de una vivienda.
Estructura de adobe en el cobertizo de una vivienda.
Hoyo de poste central reforzado con calzos de
piedra.
Vertavillo.
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rio
das, y se reviste después con una capa
de barro más fino y a veces enjalbegado.
Los postes se anclan en hoyos excava-
dos en el suelo y se refuerzan con calzos
de piedra o con un relleno de mortero
yesífero blanco de extrema dureza.
Las dos casas mejor conservadas
constan de una estancia principal amplia
con suelo de barro endurecido y enroje-
cido por el fuego, una de ellas con dos
lanchas de caliza en la zona de entrada,
y con el arranque de las paredes enluci-
das de arcilla fina. Adosada a esta sala,
orientada al este en un caso y al sur en
el otro, se abre una especie de cobertizo
de dos metros de ancho que se delimita
al exterior por postes y que presenta el
suelo cubierto de cenizas y de restos ma-
teriales rotos
in situ
, entre los que des-
tacan tres grandes vasos de almacena-
miento. Excavados sobre el pavimento
se distinguen varios hoyos que debieron
servir como silos antes de convertirse
en basureros. La interpretación de es-
tos cobertizos es la de despensas donde
se guardaban las provisiones o donde
se llevaban a cabo labores de transfor-
mación. También se han detectado dos
áreas vacías que separan las viviendas y
que pueden entenderse como corrales
o encerraderos de animales domésticos.
La tercera vivienda, cuya documentación
fue mucho más parcial, muestra un
hogar ligeramente elevado del suelo
y confeccionado con un reborde de
trozos de adobe y una cama de cantos
y fragmentos cerámicos sobre la que se
asienta la placa de barro cocido.
Las construcciones debieron ser
en todos los casos de una sola planta,
y su cubierta fue de tipo vegetal,
compuesta por un armazón de vigas y
traviesas sobre el que se disponía un
manto de paja y barro. Algunos hoyos
de poste se sitúan alineados a escasa
distancia de la cara externa de los
muros y están indicando la presencia
de aleros que protegerían la fachada de
la lluvia.
Tecnología y materiales
Gracias a una generosa mues-
tra de cultura material, proporcionada
tanto por las excavaciones como por
recogidas superficiales, disponemos de
nuevos datos sobre la cultura vaccea y
la vida cotidiana de la ciudad de Vertavi-
llo durante la segunda Edad del Hierro.
Los restos más abundantes se corres-
ponden, como suele ser habitual, con
la alfarería. Predominan las produccio-
nes hechas a torno sobre las manufac-
turadas, aunque los ejemplares de esta
última modalidad hallados durante las
excavaciones son muy reveladores a la
hora de ajustar la cronología del asenta-
miento. En la cerámica a mano abundan
las ollas de tendencia globular o bitron-
cocónica y los vasos trípodes, pero tam-
bién están presentes las ollitas, las tazas
carenadas y las fuentes. Entre estas úl-
timas destaca un ejemplar con el fondo
plano de tendencia elíptica y unas pare-
des ligeramente abiertas y bajas que, en
un sector de la pieza, descienden hasta
desaparecer a ras de la base. Esta pie-
za se ha interpretado como un posible
recogedor de grano en función de los
paralelos hallados en otros contextos
igualmente vacceos. No es infrecuente
que los recipientes hechos a mano ex-
hiban sus paredes decoradas con moti-
vos incisos, impresos (bandas oblicuas,
triángulos, espigas y gallones) y, en
menor medida, acanalados y plásticos
(pastillas en relieve). También destacan
varios casos de decoración impresa con
ungulaciones, pequeños trazos finos
o gruesos sobre el labio o la pared de
los vasos, puntos y bollos, estos últimos
sobre todo en las patas de los vasos trí-
podes. Como elementos particulares
hemos encontrado un galbo liso que
lleva incrustado un pequeño botón de
bronce y sólo un ejemplar con la carac-
terística decoración a peine tan habitual
en otros contextos vacceos.
En cuanto a la cerámica tornea-
da, las excavaciones de Aratikos propor-
cionaron algunos fragmentos de tipo
común, de cocción reductora, tonos
oscuros y con la característica forma
de olla y borde cefálico. Sin embargo,
el grueso de este conjunto tecnológi-
co lo constituye la típica cerámica fina
anaranjada, estando ausentes por el
momento otras modalidades como las
grises bruñidas o las estampadas. Se
trata, como en el resto de yacimientos
Fondos umbilicados de dos grandes
dolia
de
almacenamiento encontrados
in situ.
Dolium
pintado
.
Vertavillo.
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rio
vacceos, de un producto técnicamente
bien elaborado, con arcillas depuradas,
cocción oxidante y tonos generalmen-
te anaranjados, aunque también rojos,
ocres y de color avellana. Las formas
mejor representadas son los grandes
recipientes de tipo contenedor, de cuer-
po globular o bitroncocónico y con los
bordes de tipo cefálico (cabeza de pato)
o vuelto (palo de golf), en ambos casos
con un fondo umbilicado. También com-
parecen los cuencos más pequeños,
las copas con fuste liso y los embudos,
siendo menos habituales las jarras, las
fuentes, los vasos de perfil acampanado
y las botellas.
Gran parte de estos modelos fi-
nos se acompañan de algún tipo de or-
namentación pictórica en tonos marro-
nes o vinosos. Los motivos decorativos
son similares a los de otras urbes vac-
ceas en los momentos previos a la con-
quista romana. Predominan los semicír-
culos concéntricos y las ondas verticales
u horizontales, en menor proporción se
reconocen los segmentos, las cesterías
y los puntos, y son raros los rombos, las
aspas, los serpentiformes, los triángulos
rayados, los arcos y los círculos comple-
tos.
Las producciones singulares,
confeccionadas en barro fino anaran-
jado, tampoco están ausentes en los
distintos contextos investigados en Ver-
tavillo. Destacan en número los esfe-
roides o canicas, algunas de las cuales
se encontraron formando un conjunto
dentro de una de las viviendas. Gene-
ralmente están decoradas con puntos
impresos o con líneas incisas o de pun-
tillado, y sobre su significado aún no se
ha escrito la última palabra. Otros pro-
ductos tienen una finalidad más clara,
como las fusayolas redondeadas o de
perfil bitroncocónico o las pesas de te-
lar, claramente vinculadas ambas a la
actividad textil. Una mención especial
merecen dos figurillas que muestran
sendas representaciones animalísti-
cas. Los dos ejemplares pertenecen a
la colección Gaspar Gómez Guijas y se
conservan en el Museo de Palencia.
En un caso se trata de la cabeza de un
cerdo, sin duda doméstico, en la que se
señalan claramente los ojos, el hocico
y las orejas, y que muestra restos de
decoración pictórica. El otro ejemplar
es un prótomo de caballo más estiliza-
do, con ojos impresos, orejas y peque-
ños triángulos excisos en el dorso, que
bien podría tratarse del asa de una ca-
jita. Según las apreciaciones de Blanco
González, en el primero de los casos po-
dríamos encontrarnos, como ocurre en
otro ejemplar de
Cauca
, ante un jugue-
te infantil; mientras que en el segundo
se esconderían significados de carácter
mágico, simbólico e, incluso, religioso,
debido a la valoración que de este ani-
mal se hace en el mundo céltico en ge-
neral y en el vacceo en particular.
En esta misma línea podrían en-
contrarse las cajitas vacceas con decora-
ción excisa, fragmentos de las cuales no
son infrecuentes en la ciudad de Verta-
villo, como demuestran los ejemplos de
la colección Gaspar Gómez Guijas en el
Museo de Palencia y los de la del Padre
Belda en Alba de Tormes.
La metalistería vaccea tiene su
capítulo particular también en este vie-
jo castro, aunque con un claro predomi-
nio de los productos de hierro sobre los
de bronce y de las herramientas sobre
el armamento. En el primer caso resul-
ta curiosa la abundante documenta-
ción de diferentes modelos de hachas:
de enmangue directo con espigo, de
abrazadera y de encaje perpendicular
a través de ojo circular; pese a que to-
das ellas podrían haber coexistido en un
mismo momento. Más llamativa aún es
la presencia de varias gubias, un pecu-
liar utensilio de carpintero poco habi-
tual en los contextos vacceos y del que
en Vertavillo contamos con al menos
tres ejemplares, uno de ellos hallado
durante las excavaciones de 1999. Otros
aparejos de hierro son algunos cuchillos
afalcatados, pinzas de depilar, clavos y
punzones biapuntados.
También en el mismo metal se
confeccionan unas pocas armas de asta,
en concreto siete puntas de lanza, en
su mayor parte descontextualizadas
(colección Gaspar Gómez Guijas), y un
regatón. En líneas generales muestran
los rasgos habituales de este elemento
1. Cerámica a torno pintada (botella bitroncocónica, vaso de almacenamiento y copa). 2. Canicas cerá-
micas. 3. Cerámica a mano (diversos fragmentos de vasos trípodes y botella con decoración acanalada y
plástica). A distinta escala.
Vertavillo.
El Viejo Breto
1
2
3
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Anu
A
rio
ofensivo, es decir, un enmangue tubular
con remache de sujeción y una hoja de
forma alargada y con nervadura central.
En muy mal estado de conservación se
cuentan tres placas alargadas, curva-
das y con remaches, dos de ellas con
decoración incisa o troquelada, que se
pueden interpretar como tahalíes. A
todo ello hemos de añadir una manilla
de
caetra
o escudo y algunas arandelas
y pinjantes que pertenecieron a arreos
de caballo.
Más escasos son los objetos de
bronce, entre los que hemos de men-
cionar dos placas de cinturón de la co-
lección Gómez Guijas ―una de ellas de
tipo ibérico y con decoración incisa, y la
otra con remaches cónicos y acanala-
duras―, así como una aguja y restos de
objetos decorativos.
La industria de la piedra queda
bien atestiguada en la superficie del ya-
cimiento gracias al frecuente hallazgo
de molinos circulares, confeccionados
con piedras calizas autóctonas y con
otros tipos graníticos ajenos al contexto
geológico. En las excavaciones se recu-
peraron así mismo varios ejemplares de
afiladeras de arenisca, quizás destina-
das a avivar los filos de las herramientas
de hierro. No faltan tampoco los útiles
confeccionados en hueso, sobre todo
mangos y algún punzón.
Economía, sociedad y religión
Los elementos de cultura material
y los restos óseos nos ayudan a identificar
alguna de las actividades económicas a
las que debieron dedicarse en la ciudad
de Vertavillo durante el período vacceo.
La presencia de molinos circulares y
silos por un lado y de restos de fauna
doméstica por otro, nos indican un fuerte
componente agrario de esta sociedad,
tal y como se ha demostrado en otros
1. Hachas. 2. Gubias. 3. Cuchillos.
4. Pieza de arreo de caballo. 5. Pinzas.
Vertavillo.
El Viejo Breto
Puntas de lanzas y jabalinas.
1
2
3
4
5
Manilla de
caetra
y posibles
placas de tahalí.
32
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Vaccea
Anu
A
rio
oppida
del territorio mejor estudiados.
Pero también podemos apostar en
este caso por cierta especialización en
el trabajo de la madera, a juzgar por la
relativa abundancia de hachas y gubias
de carpintero.
Pese a contar con algunas pistas
e indicios, desconocemos la ubicación
exacta de la necrópolis que acogió los
restos cremados de los habitantes del
Viejo
Breto, por lo que aún se nos esca-
pan muchos detalles de su organización
social y de su espiritualidad, la cual,
por otro lado, debió ser muy similar a
la de ciudades hermanas como
Pintia
,
Tariego o Palenzuela. Apuntamos, si
acaso, la curiosa circunstancia de que en
las excavaciones de la empresa Aratikos
se hallaron dentro de la misma vivienda
una gubia, un regatón de lanza y, en
uno de sus hoyos de poste, una punta
de jabalina. Este dato, aunque muy
endeble, podría estar indicando que
bajo el mismo techo vivían personas de
diferente extracción social: artesanos
y guerreros, o que un mismo individuo
pudiera ostentar ambas condiciones.
Por otra parte, y en lo que se refiere
a la religiosidad, no podemos más que
recordar la presencia de la mencionada
cabecita de caballo, animal de amplia
significación en el universo mítico
vacceo, o la identificación de un asa de
kernos
, recipiente de tipo ritual, ambas
entre los objetos de la colección Gómez
Guijas.
Encuadre temporal
La trayectoria cronológica del
primitivo asentamiento de Vertavillo
parece que abarca un segmento
muy concreto de la segunda Edad
del Hierro. Pese a algunas noticias
contradictorias, no se reconocen ni
sobre la superficie del yacimiento ni en
las tres intervenciones realizadas hasta
el momento, materiales arqueológicos
que apunten a una ocupación previa o
posterior. Todos los indicios revelan,
por lo tanto, que la fundación de la
ciudad tuvo lugar ya en la segunda
Edad del Hierro, en un momento en el
que la cultura vaccea está plenamente
consolidada, quizás en torno a los siglos
IV-III a.C., y que su abandono se produce
antes de que se inicie el proceso de
romanización de la región, en una
fecha que nos hemos atrevido a situar
a mediados del siglo II a.C., gracias a la
ausencia de elementos más modernos,
como la cerámica vaccea tardía, y a
la presencia todavía significativa de
producciones cerámicas a mano, las
cuales tienden a desaparecer en el
siglo I a.C. En este sentido, gracias a los
datos estratigráficos y a la detección de
unos niveles muy claros de derrumbes,
cenizas y restos quemados, creemos
que el final del asentamiento fue debido
a la propagación de un gran incendio
que destruyó todo el caserío, sin que
posteriormente se reconozcan huellas
de recuperación o rehabilitación del
mismo. Pese a que esta destrucción se
puede atribuir a causas accidentales,
no debemos descartar que la misma
tuviera que ver con las primeras
campañas militares protagonizadas por
las legiones romanas en sus incursiones
hacia el interior del valle del Duero con
motivo de las guerras numantinas.
Sea como fuere, la ciudad
indígena de Vertavillo quedó sepul-
tada bajo los escombros y sus restos
abandonados a la intemperie hasta
la temprana instalación de los repo-
bladores medievales, aquellos primeros
castellanos que, quizás por no haber
perdido nunca su vínculo con este an-
cestral espacio, aún lo reconocían por
su viejo nombre.
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Vertavillo.
El Viejo Breto