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5 €
PINTIA
CAMPAÑA XXIV
VERTAVILLO
AUTRIGONES
V
ACCEARTE
BRONCES DE
ADORNO PERSONAL
83
7
Vaccea
Anu
A
rio
Desde unos modestos orígenes como aldea de la Pri-
mera Edad del Hierro perteneciente a la
cultura del Soto de
Medinilla
, Tariego de Cerrato se convirtió a partir del siglo III
a. C. en uno de los
oppida
más destacados del territorio vac-
ceo, para posteriormente ser romanizado, contando asimis-
mo con notables evidencias de época medieval. Son muchos
los vestigios arqueológicos hallados en este gran desconocido
yacimiento que se encuentran depositados en el Museo de
Palencia, procedentes de las insuficientes (en número y exten-
sión) excavaciones allí efectuadas. Igualmente, los hallazgos
descontextualizados
son muy habituales
bajo el actual núcleo
de población, e in-
cluso sobrepasando
ampliamente éste.
Entre los últimos ob-
jetos que han pasa-
do a formar parte de
las colecciones de
aquella institución
museística figura el
pequeño y singular
recipiente cerámico
que ha dado lugar a
la presente noticia.
Fue hallado hace
más de tres décadas
en el subsuelo del
pueblo al llevarse a
cabo una de tantas
acometidas de agua
que desde los años
setenta del pasado siglo pusieron tan en evidencia este yaci-
miento y su riqueza en hallazgos de todo tipo, fundamental-
mente cerámicos.
Se trata de un recipiente en excelente estado de con-
servación, perteneciente a una forma cerrada, con el cuerpo
globular achatado, base umbilicada y de boca estrecha circun-
dada por un ancho anillo cuya parte media aparece recorrida
por una acanaladura levemente insinuada que sirvió para que
encajara una tapadera, aunque ésta no se ha conservado. Sus
dimensiones son: 4,07 cm de diámetro de boca, 13,03 cm de
diámetro máximo y 6,96 cm de altura. Ha sido fabricado con
arcilla tamizada, cocido en atmósfera oxidante -de ahí su co-
loración “roja” (R-39 del Code Cailleux)-, las superficies exte-
riores se han alisado mediante espátula (labor que ha dejado
huellas evidentes) y además ha contribuido a darle un aspecto
facetado que resta algo de simetría a la labor realizada con el
torno. En la zona baja del hombro, antes de alcanzar el diáme-
tro máximo de la pieza (carena), se han añadido dos pequeñas
asas contrapuestas puramente decorativas formadas por una
tira de cerámica, cada uno de cuyos extremos remata en un
botón decorado con un aspa pintada. La decoración geométri-
ca pintada en color rojo vinoso (
antecocturam
) se desarrolla
fundamentalmente en la mitad superior del recipiente tan-
to en el anillo que circunda la boca como en el hombro. En
aquél, se limita a cuatro grupos de líneas paralelas entre sí,
contrapuestos dos a dos radiales, y de cuatro líneas cada uno
de ellos, que sólo aparecen interrumpidos por la referida aca-
naladura en la que encajaba la tapadera. En el hombro se ha
pintado un friso formado por una serie de triángulos reticula-
dos interiormente que se interrumpe a la altura de las asitas
para trocar el esquema en una metopa flanqueada por varias
líneas verticales cuyo relleno son cuatro líneas sinuosas. La
zona inferior del friso, a la altura de las asas, aparece recorrida
por arquillos entrecruzados que forman una guirnalda, y bajo
cada una de aquéllas, un triángulo reticulado interiormente.
El recipiente es muy característico de la alfarería vac-
cea en su última etapa, aquella que se desarrolla ya bajo do-
minio político de Roma, concretamente durante las primeras
décadas del Imperio.
Y aunque habitual-
mente estas produc-
ciones son referidas
en unas ocasiones
como
tardoceltibéri-
cas
y en otras como
romanas pintadas
de tradición indíge-
na
(en concreto esta
sería la Forma 10a
de Abascal), cada vez
es más evidente que
ambas denomina-
ciones resultan del
todo inapropiadas,
ya que se fabricaron
en talleres vacceos,
por alfareros vac-
ceos sobre los que
aún pesa, y mucho,
la tradición. Palen-
cia capital, Salda-
ña, Montealegre de Campos,
Pintia
o
Rauda
por ejemplo, y
cómo no, Tariego, cuentan con importantes colecciones de
este tipo de producción y en todos los casos su periodo de
máxima fabricación se centra en la primera mitad del siglo I
d.C. Son muy escasos los recipientes conocidos de este tipo
de forma cerámica, de ahí el interés del descubrimiento que
presentamos. El hallazgo de Palencia capital (envase conside-
rado prototípico) es de dimensiones más reducidas que éste
de Tariego (sólo 4 cm de altura), y también más simple en el
detalle.
De lo que poco se puede decir es de la función para la
que sirvió, tanto este recipiente concreto como los que son
de su misma forma. Desde luego, no es una lucerna, como en
su día propuso Abascal, y tampoco un tintero, de considerar
las similitudes que presenta con algunos de los romanos. El
tratamiento de limpieza al que fue sometido nuestro vaso
no logró aportar ninguna luz al respecto. Quizá sirviera para
guardar materias de pequeño volumen pero muy apreciadas,
que necesitaran estar tapadas para protegerlas de la luz y que
no perdieran sus cualidades: ¿hierbas aromáticas?
Carmelo Fernández Ibáñez
Juan Francisco Blanco García
N
V