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PINTIA CAMPAƑA XXIVEXCAVACIONES EN LAS RUEDAS
VERTAVILLOCIUDADES VACCEAS
AUTRIGONESNUEStROS ANCEStROS
VACCEARTEREtROSPECtIVA
BRONCES DE
ADORNO PERSONALPRODUCCIONES VACCEAS
547 Vaccea AnuArio
las raĆ­ces de los vacceos
M
uchos de los elementos
culturales que caracte-
rizan a los vacceos his-
tóricos, como son sus sólidas viviendas
de barro y madera, la economĆ­a basada
en el cultivo masivo de cereal y la crian-
za de ganado vacuno y ovicaprino, las
herramientas de hierro o la utilización
de recipientes cerƔmicos fabricados
a torno, ya estƔn presentes en el valle
medio del Duero desde momentos an-
teriores al 420/400 a.C., dentro del con-
texto de la denominada cultura del Soto
de Medinilla.
Es en torno al 1000 A.C., en fecha
calibrada, y hacia mediados del siglo IX,
en cronologĆ­a tradicional, cuando ve-
mos surgir este complejo cultural cuyo
nombre se debe a que buena parte de
sus rasgos arqueológicos se identifica-
ron por primera vez en las excavacio-
nes realizadas por Pedro de Palol entre
1957 y 1965 en el terrazgo asĆ­ denomi-
nado, situado a las afueras de Valladolid
capital. La soteƱa es una cultura campe-
sina que viene a representar el primer
paisaje de poblados estables en la cuen-
ca sedimentaria del Duero, construidos
con materiales duraderos —al menos
los mĆ”s destacados—, que testifican los
deseos de echar raĆ­ces en el lugar por
parte de las comunidades que los edifi-
caron. Por otra parte, del mismo modo
que Cogotas I es sinónimo del Bronce
Medio y Final en este territorio, el Soto
de Medinilla lo es del Hierro Antiguo,
pues se extiende desde las fechas arri-
ba indicadas hasta la segunda mitad del
siglo V a.C., momento este Ćŗltimo en el
que por influencia de los pueblos celti-
bƩricos del oriente meseteƱo, se trans-
forma material e ideológicamente en la
cultura vaccea propiamente dicha. Esta
transformación no fue brusca ni trau-
mƔtica, sino que se produjo de manera
gradual y natural. A lo largo de toda la
Edad del Hierro la continuidad cultural
es la nota imperante en el Duero medio,
y aunque, por la necesidad que siempre
siente el investigador de compartimen-
tar el devenir histórico en periodos que
tengan cierta coherencia interna, dis-
tinguimos una fase antigua, la soteƱa,
de otra avanzada, la vaccea, realmente
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