www.pintiavaccea.es5 € PINTIA CAMPAÑA XXIV VERTAVILLO AUTRIGONES V ACCEARTE BRONCES DE ADORNO PERSONAL
14 7 Vaccea Anu A rio nuestros ancestros S C uando se cita a la tribu in-dígena de los autrigones nos viene a la memoria la comarca burgalesa de La Bureba, su lugar de hábitat y, consecuentemente, este nombre nos relaciona con el dios autrigón Vurovius del que procede di-cho topónimo y probablemente el de su capital Virovesca (Briviesca). El territorio de los autrigones, como el de otras tribus o populi de la Península Ibérica, no tenía unos límites precisos y fijos pues fueron cambian-do con el tiempo. El geógrafo griego Estrabón (vivió en el cambio de era), tomando noticias de escritores anterio-res, decía que pertenecían a los pueblos del norte de la península a los que con-sideraba atrasados, con insólitas cos-tumbres, valerosos y crueles, a los que la pobreza les obligaba a la práctica del bandidaje. Será Tito Livio (también vivió por esas fechas) el que primero utiliza el nombre de autrigones para designar, en el año 76 a.C., al pueblo que vive cer-cano a los berones (La Rioja) del valle del Ebro. Otros escritores como Floro y Orosio los diferencian de los turmogos (valles del Arlanza y Arlanzón) y de los cántabros los cuales hacen incursiones en sus tierras para extorsionarlos. Nin-guno de estos autores hace alusión a La comarca de La Bureba, los pasos naturales y las épocas en las que se usaron esos pasos (arriba). Fíbula de caballo de la necrópolis de Villanueva de Teba. Museo de Burgos (abajo).
15 7 Vaccea Anu A rio los límites de su territorio, sólo hablan de sus vecinos. Sin embargo siglos más tarde, concretamente en el siglo VI d.C., en el Anónimo de Rávena, se habla de la Autrigonia como una provincia inde-pendiente del resto de las de Hispania y Jordanes también la denomina Autrigo-nia. Los vecinos de los autrigones eran los siguientes: al noroeste estaban los cántabros, al suroeste los turmogos o turmódigos, al sureste los pelendones (montañas sorianas y tierra de pinares burgalesa) y los berones (La Rioja) y al nordeste los caristios y los nervios (Viz-caya y norte de Álava). Su territorio lle-gaba hasta el mar donde se situaba una de sus ciudades, Portus (S)amanus, lue-go la cercana Flaviobriga romana (Cas-tro Urdiales). La primera es la localidad actual de Sámano donde hay un sober-bio castro o poblado prerromano que poco tiene que ver con los poblados de La Bureba. Según esto, la Autrigo-nia iría desde La Bureba, en una banda paralela, hasta el río Asón (el Sauga de las fuentes) por el oeste y el Nervión (el Neroua) por el este. Pero la Arqueolo-gía demuestra que esto no es cierto, al menos desde el punto de vista cultural y de los restos materiales que parecen expandirse más por la zona occidental de Álava. En este sentido quizás tenga razón Ptolomeo (siglo II d.C.) cuando decía que los vecinos del norte de los autrigones eran los cántabros quedan-do, pues, La Bureba como territorio exclusivo de los autrigones. La cubeta tectónica de La Bureba hasta Treviño (el trifinium o frontera entre autrigones, berones y caristios) sería el espacio vi-tal de los autrigones. La ciudad de Segi-samunclum (Cerezo de Río Tirón) era la más oriental de los autrigones. A poca distancia se encuentra la ciudad de Libia (Herramélluri actual) pero ya era ciudad berona. Hay dos hechos que redundan en este planteamiento: por un lado, el que todas las ciudades autrigonas, sal-vo Portus Samanus, están dentro de La Bureba; y por otro, que durante la Edad del Hierro (750-siglo I a.C.), los influjos a estas tierras vinieron por el valle del Ebro y por el sur desde la Meseta, zonas con las que estaban más relacionados. Eso no quita para que haya dentro de un mismo pueblo enfoques culturales distintos. Según Plinio el Viejo (segunda mitad del siglo I d.C.) los autrigones te-nían diez ciudades, que coinciden con las civitates y mansiones de los itinera-rios romanos, algunas de las cuales no se sabe su ubicación precisa. Casi todas estaban en La Bureba, salvo las mas norteñas cono Portus Samanus, luego la Flaviobriga romana (Castro Urdiales), citada antes, y Uxama Barca que algu-nos sitúan en Osma de Valdegobía. Las demás son Salionca (Cerro del Milagro, Poza de la Sal), luego la Flavia Augusta romana, Vindeleia (La Cerca-Los Llanos, Túmulos de finales de la primera Edad del Hierro en Fuentesanz, Monasterio de Rodilla.Urnas de la necrópolis de Fuentesanz con perfiles claramente de los Campos de Urnas. Museo de Burgos.La Bureba y los grandes castros situados en la periferia de la cuenca:1 y 2 Pancorbo; 3 y 4 Belorado; 5 Cerezo de Río Tirón; 6 y 7 Briviesca; 8 Fresno de Rodilla; 9 Grisaleña; 10 Ibrillos; 11 Miranda de Ebro; 12 Ventosa; 13 Silanes; 14 y 15 Monasterio de Rodilla; 16 Navas de Bu-reba; 17 Oña; 18 Villanueva de Teba; 19 Pancorbo; 20 Miraveche; 21 Pancorbo; 22 y 23 Poza de la Sal, 24 Rublacedo de Arriba, 25, 26, 27, 28 y 29 Soto de Bureba; 30 y 31Villafranca Montes de Oca. Triángulo rojo: castros con una extensión superior a las 10 ha. Autrigones
16 7 Vaccea Anu A rio Soto de Bureba, o La Llana en Silanes), Antecuia (Pancorbo?), Deobriga (Arce Mira-Pérez en Miranda de Ebro), Viro-vesca (Cerro de San Juan y Cerro de los Pinos, Briviesca), Segisamunclum (Val-demoros, Cerezo de Río Tirón) y Tritium Autrigonum (Alto de Rodilla, Monaste-rio de Rodilla). Además se deben citar otros ejemplos cuya situación es más o menos dudosa, como el caso de Auca, situada en los términos del Alto de la Pedraja o quizás en el Cerro del Castillo en Villafranca Montes de Oca, que re-cuperará su importancia en época alto-medieval con el Camino de Santiago. O el ejemplo de Porta Augusta, que aun-que Ptolomeo la sitúa entre los vacceos Ceán Bermúdez la emplaza en Pancor-bo. Todas ellas son núcleos urbanos de época romana pero que antes fueron castros o poblados prerromanos. De las nueve citadas en primera instancia, siete se encuentran en La Bureba lo cual nos indica la riqueza natural de la comarca y la explotación de sus recur-sos tanto en época prerromana como romana, que explican esa densidad ur-bana. Además, hay que tener en cuenta otros emplazamientos, tanto prerroma-nos como romanos, de los que no co-nocemos su nombre pero fueron impor-tantes núcleos urbanos por la riqueza de sus materiales arqueológicos, como son los casos de El Castro de Belorado o el Cerro del Castillo de Ibrillos. A ello hay que unir pequeños emplazamientos de carácter no urbano, a modo de alque-rías o aldeas pequeñas, subsidiarias de los grandes núcleos de población. Paisaje y poblamiento en La Bureba La Bureba es un relieve rehundi-do rodeado de paisajes de mayor alti-tud lo que le permite unas condiciones climáticas más suaves que, unido a la riqueza de recursos naturales, hace que sea una comarca rica, como lo demues-tra la Arqueología. Está cruzada por los ríos Oca, Oroncillo y, periféricamente, el Tirón con sus afluentes, con aporte de agua importante en aquella época. Por otro lado, es un lugar estratégico por-que es zona de paso, situado entre dos espacios naturales muy importantes, el alto valle del Ebro y la Meseta, que coincide con el valle del Duero. En con-secuencia participa de ambos círculos. Hay unos pasos naturales entre la co-marca que explican el marco de influjos culturales producidos en las distintas épocas. Al noroeste está el desfiladero de la Horadada, usado en el Paleolítico (cuevas de Penches, la Blanca y El Caba-llón). Durante el Neolítico y el Calcolíti-co es el desfiladero de Pancorbo, situa-do al nordeste, donde se registran los más importantes hallazgos. Durante la Edad del Hierro los nexos de comunica-ción son dicho desfiladero de Pancorbo y el corredor de la Rioja (Belorado), am-bos al nordeste, y el Alto de la Brújula, al sur, con la Meseta. Estos mismos siguen durante la época romana. En época vi-sigoda y alta Edad Media vuelve a ser el desfiladero de la Horadada con los asentamientos de Tedeja, Cillaperlata y los restos junto a la carretera, al que se une Pancorbo.En la transición de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro, en el siglo VIII a.C., se produjo un enfriamiento del clima que se normalizará poco más tarde coincidiendo con toda la segunda Edad del Hierro (siglo IV al siglo I a.C.) explicando, en parte, la eclosión econó- Puñal de Miraveche con cuatro discos en la contera. Museo de Burgos.Contera de espada de tipo Miraveche o remates de estandartes. Museo de Burgos. Autrigones
17 7 Vaccea Anu A rio mica y material de esta zona, como en otras de la Península. Son ya los tiem-pos en los que los autrigones poblaban estas tierras. En consecuencia, el clima era más suave y lluvioso, como han de-mostrado los estudios paleobotánicos de las excavaciones arqueológicas en el poblado de Soto de Bureba, las únicas en la comarca. Los ríos eran más cauda-losos que hoy, había zonas endorreicas o lagunas interiores, y la masa forestal era muy densa, en la que había especies vegetales de clima mediterráneo y at-lántico pero, sobre todo, de bosque de ribera (fresnos, sauces, álamos, chopos, avellanos, etc). Esto explica, como ha de-mostrado la Arqueología, que en aque-llos tiempos la población se distribuía en la periferia de la comarca, con poblados situados a una mediana altura quedan-do las zonas más bajas, las centrales y las riberas de los ríos, como espacios naturales en los que la caza, la pesca y los recursos del bosque eran explota-dos, como también han confirmado las citadas excavaciones. Salvo algunas ex-cepciones, hay que esperar a la llegada de los romanos para que esos espacios bajos se ocupen sistemáticamente. Otro hecho importante en la co-marca es que prácticamente todos los poblados de la primera Edad del Hierro (siglo VIII al V a.C.) continuaron ocupa-dos durante la segunda Edad del Hierro. Sólo hay dos excepciones, el castro de Trulla en Rublacedo de Arriba y El Ce-rro del Castillo en Monasterio de Rodilla que fueron abandonados por razones aún desconocidas. Hay dos casos par-ticulares; uno de ellos es el de Mirave-che, donde el poblado de la primera Edad del Hierro está en una superficie amesetada alta, de los Montes Obare-nes, llamada Castracuño, pero que en la segunda Edad del Hierro se desplaza al pie de dicha altura, situándose en-frente del pueblo actual donde estaba la necrópolis. El otro es el castro de El Somoro, poblado de la primera Edad del Hierro situado al este del desfilade-ro del río Oca que en la segunda Edad del Hierro se pasa al otro lado, Alto de la Pedraja, para controlar el paso por el puerto del mismo nombre. Esto explica que el cambio de una etapa a otra no tuvo demasiadas consecuencias porque es un fenómeno de carácter cultural por la incorporación de nuevos influjos que vienen, sobre todo, de la Meseta y del valle medio del Ebro. Las excavaciones citadas de Soto de Bureba demuestran, incluso, que bajo el emplazamiento de la primera Edad del Hierro hay una ocupación del Bronce Final. Este hecho se podría aplicar a todos los demás po-blados de la Edad del Hierro porque la presencia de materiales de esa época lo demuestra. Hay que entender, enton-ces, que la evolución de la primera eta-pa a la segunda es un proceso continuo al que en un momento se han incor-porado elementos nuevos que quedan reflejados en la adquisición de nuevos hábitos sociales, culturales, materiales, rituales y simbólicos. Este cambio es el que correspondería a esas gentes que las fuentes integran en el populus o tri-bu de los autrigones.Los poblados más importantes están situados, como hemos dicho, en la periferia de La Bureba. En el lado nor-te, a las faldas de los Montes Obarenes y de este a oeste, están los siguientes: Peñas de Valcavado y Santa Engracia en Pancorbo controlando el desfilade-ro por ambos lados, Castro Ventosa en Ventosa-Silanes, Carranogal en Mirave- Poblado de La Cerca, Soto de Bureba, con muralla celtibérica.Plano de La Cerca o poblado superior de Soto de Bureba de época celtibérica.Plantas de casas celtibéricas del poblado de Los Llanos o poblado inferior de Soto de Bureba. Autrigones
18 7 Vaccea Anu A rio che y La Cerca y Los Llanos en Soto de Bureba. Dominando el desfiladero de la Horadada encontramos el castro de El Milagro en Poza de la Sal, que apro-vechaba ya la explotación de la sal y las azuritas del Páramo de Masa. Por el sur, vigilando el paso a la Meseta en el Puer-to de la Brújula, está el castro del Alto de Rodilla situado entre Monasterio de Rodilla, Fresno de Rodilla y Santa María del Invierno. Por el flanco oriental en-contramos El Somoro y La Pedraja en la parte más sureña controlando otro paso natural de la Meseta a La Bureba, el Puerto de la Pedraja. Más al norte es-tán El Castro de Belorado, Valdemoros en Cerezo de Río Tirón y El Castillo de Ibrillos. En el centro de la comarca, pero en una continuación del páramo de la Sierra de la Cruz, situada al sur, está la capital de los autrigones, Virovesca, en los pagos Cerro de San Juan y Monte de los Pinos, al sur de la villa. La mayoría de estos poblados alcanzaron un desa-rrollo grande pues llegaron y superaron las 10 hectáreas; algunos, incluso, como el Alto de Rodilla pudo tener 40 hectá-reas siendo, quizás, el mayor de todos. No tienen las 50, 70 ó 100 hectáreas de otros de la Península pero hemos de tener en cuenta que, en esta comarca, todos están muy próximos y circunscri-tos a un área muy reducida; en conse-cuencia, la densidad de población era relativamente mayor que en otras áreas lo que se explica por la riqueza de sus recursos naturales.Si en el paso de la primera a la se-gunda Edad del Hierro no hubo cambios en la ubicación de los poblados, cuando llegaron los romanos la mayoría de es-tos castros continuaron habitándose y acabaron convirtiéndose en mansiones de una de las vías más importantes de la Península o en ciudades romanas. En los comienzos de la Edad Media las co-sas cambiaron sustancialmente. Los orígenes históricos de los autrigones. Siglos VI-V a.C. Durante la Edad del Hierro en La Bureba podemos distinguir tres etapas que implican estados sociales y cultura-les diferentes. La información viene de las escasas excavaciones en poblados (la única en el de Soto de Bureba exca-vado por nosotros) y de los ajuares de las necrópolis conocidas (Monasterio de Rodilla, Miraveche, Villanueva de Teba). La etapa inicial coincide con la prime-ra Edad del Hierro (750-siglo V a.C.) en cuyos ajuares funerarios hay escasas piezas y pocas que indiquen riqueza o estatus, y no tienen carácter guerrero porque no aparecen armas. Los pobla-dos estarían en los mismos lugares que los de la siguiente etapa, los cuales en-mascararon las estructuras anteriores. La segunda etapa ocuparía los siglos IV y III a.C. Estaría caracterizada por los po-blados de mayor envergadura, por una sociedad asentada en una aristocracia guerrera, debido a la abundancia de ar-mas en las tumbas, que controlaba los recursos, y por enterramientos en tum-bas formadas por un simple hoyo en el que se colocan las cenizas y el ajuar. La tercera etapa correspondería a los siglos II, I a.C. y siglo I d.C. coincidiendo con la expansión de la cultura celtibérica y los primeros contactos con los romanos, a cuya cultura se fue incorporando paula-tinamente en el cambio de era.Durante la primera etapa es evi-dente que sobre un substrato del Bron-ce Final se van incorporando elementos nuevos que vienen fundamentalmente de los valles bajo y medio del Ebro con raíces en el otro lado de los Pirineos. Junto al rito de la incineración y la de-posición de sus restos en una urna, llega el primer uso del hierro y unas formas cerámicas bitroncocónicas, carenadas, típicas de los llamados Campos de Ur-nas europeos que entran por el nordes-te de la Península y quizás también por el oeste hacia Navarra. Estas cerámicas estaban ricamente decoradas con te-mas acanalados, impresos e incisos lo-calizados en el cuello del vaso formando esquemas geométricos decorativos dis-puestos en bandas. En Navarra y Rioja vemos los estadios intermedios antes de llegar a La Bureba. Los influjos de la Meseta, donde se desarrolla una cultu-ra muy específica, llamada del Soto por el yacimiento epónimo de Soto de Me-dinilla, junto a Valladolid, parecen muy escasos y algunos elementos arqueo-lógicos, por ser casi idénticos, pueden proceder tanto del sur como del valle del Ebro, como son las murallas de ta-pial. El único poblado excavado es el de La Cerca-Los Llanos de Soto de Bureba, en el que bajo los niveles de la segunda y primera Edad del Hierro aparece una ocupación del Bronce Final (con cerámi-cas excisa y de boquique) en la que hay restos de un muro de tapial apoyado con postes de madera.Aparte de los poblados de esta etapa situados a media altura y que continuaron en épocas posteriores, conocemos algo del mundo funerario debido a las “excavaciones de urgencia” llevadas a cabo en el pago Fuentesanz, la necrópolis del poblado que más tarde va a ser la importante ciudad indígena y luego romana: Tritium Autrigonum, situada en el Alto de Rodilla. Además, en este lugar se da un hecho impor-tante porque se superponen cemente-rios de tres etapas distintas: una de la primera Edad del Hierro, otra segunda con enterramientos en hoyo, típicos de la segunda Edad del Hierro, y una ter-cera de época romana, porque de ahí y de tierras limítrofes proceden varias lápidas funerarias romanas. Incluso podemos decir más. Las tumbas de la segunda etapa se ubican en espacios que no fueron ocupados en la primera, lo que quiere decir que no hay super-posición de estructuras funerarias sino yuxtaposición. Esto significa que el ca-rácter sagrado y funerario del lugar se mantenía, en clara referencia al respeto y culto a los ancestros. El lugar donde se entierra a los muertos siempre se destaca del entorno y se encuentra a Urna “à chardon” de la necrópolis de Fuentesanz, Monasterio de Rodilla. Museo de Burgos. Vaso de época celtibérica tardía de Soto de Bure-ba. Siglo I a.C. Museo de Burgos. Autrigones
19 7 Vaccea Anu A rio la vista del poblado porque la “ciudad de los muertos”, necrópolis, es tan im-portante como la de los vivos. En este caso se sitúa en un espigón del páramo en el que se encuentra el poblado; en consecuencia, la necrópolis está perfec-tamente individualizada, junto a un ca-mino (luego será la famosa vía Aquitana romana) y junto a la presencia de agua para los ritos. El nombre del lugar es ex-presivo: Fuentesanz y al lado Fuentebe-za, de donde proceden algunas lápidas romanas desplazadas por la pendiente. El rito funerario está relacionado con otras áreas de los valles bajo y medio del Ebro donde se enterraba en estruc-turas funerarias circulares de piedra, los túmulos, en cuyo centro se situaban las cenizas en la urna, las ofrendas y el ajuar del difunto, tapándose todo con piedra y tierra formando un túmulo en cuyo extremo se ubica una lápida fu-neraria anepígrafa. Cerca de La Bureba tenemos el referente ritual que es la ne-crópolis de La Polera en Ubierna donde aparece el mismo rito. Los pequeños cambios en la necrópolis de Fuentesanz respecto a La Polera, como la estructu-ra de los túmulos que son más sencillos en la primera, la aparición de túmulos de formas cuadrangulares en aquella y las formas cerámicas que dentro del mismo tipo son de inferior calidad, nos están indicando que la burebana es de cronología más avanzada; es decir, es-taríamos en las postrimerías del mun-do de la primera Edad del Hierro, en la que se han producido unos cambios de todo tipo que dan paso al mundo que representa el yacimiento de Miraveche.