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PINTIA CAMPAÑA XXIIIEXCAVACIONES EN LAS RUEDAS
ArmAmeNToPRODUCCIONES VACCEAS
TIeDrACIUDADES VACCEAS
LoS CÁNTABroSNUEStROS ANCEStROS
LA memorIA No eSCrITAZONA ARQUEOLÓGICA PINtIA
3D Y reALIDAD AUmeNTADAZONA ARQUEOLÓGICA PINtIA
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A
ctualmente el nombre de
Cantabria alude a un ente
político-administrativo, a
una Comunidad Autónoma que tomó
su nombre del pueblo prerromano que
lo habitó. Los límites del pueblo histó-
rico, sin embargo, exceden de los de la
comunidad administrativa ya que ocu-
pó parte de Asturias y del norte de las
actuales provincias de León, Palencia y
Burgos, en la Comunidad de Castilla y
León. Pero la mención a los cántabros
nos lleva a pensar en un pueblo indómi-
to, con mitología propia, que junto con
los astures fue el último de Iberia en ser
sometido por los ejércitos del empera-
dor Octavio Augusto en el 19 a.C., según
fecha oficial, y al que según Lucio An-
neo Floro (II, 33, 46) dicho emperador
obligó a bajar de las montañas al llano
en el 25 a.C., tras la conquista del encla-
ve de Aracilium que le permitió el paso
desde la cuenca del Ebro a la costa.
El territorio ocupado por los
pueblos cántabros quedó incluido den-
tro de la Hispania Citerior tras la pri-
mera división en provincias que realizó
Roma para su organización. Al comien-
zo del gobierno de Augusto se englobó
en la Citerior Tarraconense, dentro del
Convento jurídico cluniense, mientras
que los astures quedaron en el conven-
to Asturicense, lo que algunos autores
interpretan en el sentido de que los ro-
manos les veían con una mayor afinidad
a los celtiberos y otros que se trataba de
separarlos de los astures. En época visi-
goda se retoma el nombre de Cantabria
para delimitar un amplio territorio, cuya
denominación permaneció.
02 Nuestros ancestros
Los Cántabros
Cantabria en el siglo I, a partir de los datos de Estrabón, Mela
Tolomeo y algunos epígrafes, según A. Ocejo (2009) modificado.
Fíbula de torrecilla, Monte Bernorio.
156
Pese a todo, sus límites concre-
tos en la Antigüedad no están claros.
Esta imprecisión resulta algo sorpren-
dente ya que se trata de uno de los
pueblos más mencionados en las fuen-
tes literarias latinas que describen
más aspectos etnográficos de ellos que
de otros. Los autores coetáneos a las
“guerras cántabras” ya las denomina-
ron así, Bellum Cantabricum, aunque in-
cluyesen a los astures, y es de suponer
que los ejércitos romanos debían tener
claro contra quienes lucharon entre los
años 29 y 13 a.C. Hay otras “Cantabrias”
en la península; se localizan: una en tie-
rras leonesas, en el valle medio del Esla
y otra es una sierra en La Rioja alave-
sa, en territorio berón, posiblemente la
que ha creado mayores confusiones en
la historiografía ya desde el siglo XVI.
Sus fronteras y sus pueblos se
extraen de las fuentes literarias, la epi-
grafía y la toponimia, aunque en las
dos últimas décadas Ramírez Sádaba
y otros han venido cuestionando y
corrigiendo interpretaciones que
se habían deducido a través de
las lecturas historiográficas. Al
norte tendrían el Océano (Mar
Cantábrico). En el occidente la
frontera con los astures estaría,
según Estrabón (Geografía III.4,
20), en un “estero del Océano
cerca de la astur Noiga y el río
Melso, por lo que se sitúa en la
cuenca del Sella y su curso alto,
en la divisoria entre los ríos
Esla y Porma (su afluente), in-
cluyendo al pueblo vadiniense,
aunque Tolomeo (Geografía II,
6.6) incluía la población cos-
tera de Noiga entre los cánta-
bros. Hacia el Sur, tras la línea
de contacto entre la Cordille-
ra cantábrica y la Cuenca de
Duero, estarían los vacceos y
turmógos, extendiéndose por
las cuencas altas entre los ríos
Esla y Ubierna, incluyendo el
curso superior del Pisuerga y
del Ebro. Al sureste estarían
las parameras de Sedano y las
llanadas de la zona de Villarca-
yo, y al Este, separados por los
valles del Asón o del Agüera,
según autores, estarían los au-
trigones.
Los cántabros orien-
tales tienen en ocasiones un
tratamiento independiente
en las fuentes latinas, y entre
ellos estarían pueblos como los
cántabros coniscos, que según
Estrabón eran vecinos de los berones y
por lo tanto estarían separados de los
cántabros occidentales, pero que las
lecturas de distintas fuentes hace que
no todos los estudiosos estén de acuer-
do sobre cuál era su solar. En suma, los
cántabros habitaron una zona geográfi-
ca con aguas a tres vertientes, el Duero,
el Ebro y el mar Cantábrico, con pasos
accesibles la mayor parte del año que
propiciarían las relaciones de sus gentes
con el interior peninsular y el mar.
Los estudios arqueológicos indi-
can sin embargo que la mayor concen-
tración de yacimientos indígenas pre-
rromanos o coetáneos a las luchas con
los romanos se hallan en las fronteras
con vacceos y turmogos con nombres
sonoros en la bibliografía como Monte
Bernorio y Monte Cildá en la provincia
de Palencia, La Ulaña en la de Burgos o
Las Rabas (Celada Marlantes) y la Espina
de Gallegos en la comunidad cántabra.
Antecedentes, los primeros castros
Algo similar ocurre con sus an-
tecesores durante la primera Edad del
Hierro, entre finales del siglo IX al V a.C.,
ya que también se documentan mayor
número de poblados en la zona meri-
dional, mientras que en la septentrional
se conoce algún castro junto a la costa
y ocupaciones en cuevas. En algunos de
estos yacimientos hay una ocupación
anterior en la Edad del Bronce, aunque
no puede precisarse que haya una con-
tinuidad sin hiatos en el poblamiento.
Son yacimientos que muestran
un alto grado de relación con los ocupa-
dos por los antecesores de los vacceos
en la cuenca del Duero y de los berones
en la del Ebro, en especial con los de
tipo Soto de Medinilla. El poblamien-
to ocupa elevaciones del terre-
no con control territorial, y se
adaptan a la orografía levan-
tando las viviendas en la parte
alta y en las laderas. Aunque
no todos tienen los mismos
niveles de ocupación ni con-
tinuidad, podemos resumir
que en un primer momento
se rodean de una cerca de
postes que luego se convierte
en una muralla doble, a veces
con foso. Las viviendas consis-
ten en cabañas circulares, que
llegan a los ocho metros de
diámetro con paredes con zó-
calos de piedras, argamasa o
adobe y levantadas con cañi-
zos y manteado de barro, en-
lucidas al interior con pintura,
con bancos corridos adosados
a dicha pared interior. Junto
a los hogares un hoyo indica
la presencia de un poste del
que colgaría el llar. Sus techos
estarían realizados sobre un
armazón de vigas, con una
fuerte inclinación para favore-
cer la caída del agua de lluvia
y nieve y cubiertos con escoba
o paja de centeno.
Hay evidencias de ac-
tividades productivas en el
interior de las viviendas gra-
cias a la presencia de telares
verticales de pesas colocados
cerca de la puerta y las hue-
llas de sus pilares, molinos
de vaivén y vasos-hornos con
Puñal tipo Monte Bernorio y su vaina de
Sasamón (Burgos). Foto Museo Arqueológico
Nacional, A.Boyero Lirón MANCO00001400-
ID001, inv.1958/45/4 y 5