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LOS ASTURES
NUESTROS ANCESTROS
CUÉLLAR
CIUDADES VACCEAS
PINTIA CAMPAÑA XXII
EXCAVACIONES EN LAS RUEDAS Y
EN LOS FOSOS DE LAS QUINTANAS
PRODUCCIONES VACCEAS
LA CERÁMICA
LOS TESOROS PRERROMANOS
DE PALENCIA
PINTIA EN LA SENDA
DEL DUERO

26 5
03 Ciudades Vacceas
VACCEA
Arqueología de un asentamiento vacceo al sur del Duero
CUÉLLAR
E
ste trabajo, que debemos
encajar dentro de la órbita
de la divulgación cienfica a
la que todos los invesgadores estamos
obligados, está hecho a parr de los
datos ya aportados en las publicaciones
derivadas de la amplia invesgación re-
alizada bajo mi dirección en este yaci-
miento arqueológico durante los años
ochenta y principios de los 90 del siglo
XX. En este sendo y de manera sinté-
ca, se quiere aportar una lectura global
de la vida de este asentamiento sego-
viano, al que siempre cabe la duda de
atribuirle el calificavo de “ciudad va-
ccea”. Además, en el caso que nos ocupa
tenemos un conocimiento conjunto
tanto de la necrópolis como del poblado,
poco frecuente en el denominado terri-
torio vacceo, lo que nos permir cotejar
la relación cultural y de material entre
ambos, acercándonos en paralelo a los
“ámbitos de la vida y de la muerte” de
estas sociedades protohistóricas.
Las nocias más anguas sobre
este enclave arqueológico las encontra-
mos en la obra histórica de D. de Colme-
nares en 1636, cuando se refiere a la
supuesta coincidencia de Cuéllar con la
Colenda citada por las fuentes anguas,
y que dos siglos más tarde serán recogi-
das por A. Gómez de Somorrostro en
términos muy parecidos. Sin embargo,
hasta 1925 no tendremos constancia de
restos arqueológicos, cuando M. Aulló
Coslla presenta un pequeño lote de
fragmentos cerámicos procedentes de
Las Erijuelas de San Andrés, y donde a la
luz de los datos expresa su convicción de
que el poblado no ha sido romanizado.
Tomando como base estos ele-
mentos bibliográficos y los hallazgos ca-
suales constantemente producidos en la
zona, A. Molinero en 1941, 1942 y 1943
excava 17 sepulturas de la necrópolis de
incineración de Las Erijuelas de San An-
drés, que es todo lo conocido hasta hoy
de este cementerio vacceo. Lo impor-
tante es que con esos hallazgos se tenía
la confirmación plena arqueológica de la
existencia de este núcleo prerromano
vacceo bajo el solar urbano de la villa
medieval amurallada de Cuéllar.
El mayor conocimiento, aunque
incipiente y a retazos, del hábitat vacceo
se ha producido en las invesgaciones
arqueológicas de la Plaza del Casllo,
siempre llevadas a cabo al rebufo y
como resultado de las obras de acondi-
cionamiento urbano de este recinto me-
dieval de la villa; unas circunstancias,
como sucede en otros muchos casos
(p.e. en Cauca o Rauda) que siempre
vienen a determinar el nivel de conoci-
miento gradual y sistemáco de un yaci-
miento. En este sendo, Cuéllar no es
una excepción en el panorama de nues-
tra actual arqueología, donde siempre la
recuperación de los bienes arqueológi-
cos anda a remolque de obras, desmon-
tes, roturaciones agrarias, vaciados de
solares o trazados viarios. Un círculo del
que tan dicil resulta escapar.
Fotograa aérea de la villa de Cuéllar en su trazado medieval amurallado.
Plano topográfico de Cuéllar (sin trama urbana actual) con ubicación de poblado y necrópolis.

275
En concreto, para referirnos a los
datos geográficos de posición en el te-
rritorio, el hábitat vacceo de Cuéllar se
encuentra encaramado en uno de esos
escarpes calizos colgados en el frente de
la cuesta de los Páramos, —898,5 m de
altud máxima— desde donde se do-
mina la planicie de los arenales inme-
diatos cubiertos hoy por la gran masa
arbórea de la Tierra de Pinares, e incluso
puede observarse con claridad toda la
verente septentrional de la Sierra, y
por ende el amplio espacio provincial
que se exende hasta ella. El saliente
está flanqueado por dos barrancos de
verentes empinadas, más pronuncia-
das en aquellos momentos vacceos, por
donde discurrieron dos pequeños rega-
tos canalizados bajo el casco urbano ac-
tual; el primero de los cuales bajará por
la actual carretera de Valladolid, sepa-
rando poblado y necrópolis, y el se-
gundo desde la Huerta del Duque por la
Huerta Herrera, encontrándose frente a
la iglesia de San Pedro.
Estos apuntes de la posible topo-
graa angua son valiosos, y permiten
hacernos una idea más precisa de la ca-
racterización del núcleo habitado en la
etapa prerromana. Los límites exactos
del poblado no son fáciles de precisar
puesto que sobre él se encuentran su-
perpuestas las ciudades medieval y mo-
derna, siendo esta circunstancia la que
ha venido a condicionar el desarrollo y
en buena parte los incompletos resulta-
dos de todas las invesgaciones arqueo-
lógicas efectuadas; damos el calificavo
de “incompletos” a ciertos aspectos cla-
ves como la trama urbana del poblado,
sus calles, otros espacios de la necrópo-
lis, o el conocimiento total de alguna de
las unidades de vivienda que, por el mo-
mento, no han podido ser confirmados,
aunque en cierta manera parecen in-
tuirse.
De todos modos, teniendo en
cuenta los puntos concretos de los ha-
llazgos esporádicos y, sobre todo, siste-
mácos de materiales prerromanos
—Plaza del Casllo, iglesia de Sanago,
casa de la Gramáca...—, el espacio ha-
bitado del poblado vendría a coincidir
Perfil con la amplia estra-
graa del poblamiento del
hábitat vacceo de Cuéllar.
Restos de un horno de
cocina de bóveda circu-
lar construido en arcilla,
localizado en una de las
casas.
Dibujo de campo coloreado de una casa de planta cuadrangular del úlmo poblado vacceo, ubicada junto a la muralla (la mancha verde indica la huella de la
muralla de adobe).

28 5
grosso modo con la ciudadela medieval,
bien delimitada por un primer círculo de
muralla. Indudablemente, para tener
una mayor certeza sería preciso conocer
con detalle la erosión y el arrastre de
elementos arqueológicos por las ver-
entes, así como el posible traslado de
restos de unos puntos a otros, hechos
todos ellos imposibles de cotejar bajo la
ciudad moderna, pero que sí se dieron,
tal como se pone de manifiesto en la lo-
calización de fragmentos celbéricos en
el fondo de la ladera en los alrededores
de la iglesia de San Pedro. Teniendo en
cuenta, pues, estos límites, y a la vista de
dichas puntualizaciones sobre los múl-
ples cambios que el crecimiento urbano
provoca en los hábitats anguos, la ex-
tensión de la plataforma ocupada por el
poblado vacceo se situaría en torno a 7
ha. No llega ni de lejos a las grandes ex-
tensiones de verdaderas ciudades va-
cceas como Cauca.
En cuanto a su localización sobre
el actualmente definido territorio va-
cceo, el asentamiento de Cuéllar, ubi-
cado en las erras más sureñas ocupadas
por este pueblo, muestra una equidis-
tancia (26-27 km aproximadamente en
línea recta) entre las dos ciudades vac-
ceas más próximas: Cauca y Pina.
Este, pues, es el solar sobre el
que se desarrolló la vida de estas gentes
vacceas. La configuración de estas co-
munidades, que se manifiesta y reco-
noce a la llegada de los romanos, ene
su origen en los cambios en todos los ór-
denes (económico, social, cultural, reli-
gioso o funerario), sucedidos en estas
erras desde mediados del siglo VI a.C. y
sobre todo a lo largo del siglo V a.C.,
momento en que se van a visualizar con
mayor claridad los rasgos que serán pro-
pios de estas comunidades protohistóri-
cas, alcanzando su mayor endad en los
siglos III y II a.C. El asentamiento que se
ha descubierto en la Plaza del Casllo, y
que ocuparía la corona más elevada de
la actual Villa de Cuéllar, tuvo un desa-
rrollo poblacional a través de cinco há-
bitats disntos que arrancan con un
poblado de cabañas circulares de po
Soto II, hasta el úlmo, un oppidum va-
cceo arrasado en los siglos II-I a.C. Una
amplia serie de dataciones de cronolo-
gía absoluta por Carbono 14 y Termolu-
miniscencia refrenda esta propuesta de
evolución progresiva. Los restos mate-
riales de unos se encuentran fosilizados
bajo los suelos de las casas del siguiente,
en una suerte de secuencia en tell que
tan buenos resultados depara a cual-
quier arqueólogo al disponer de un am-
plio registro de cultural material fácil de
adscribir a la etapa más floreciente de la
etnia vaccea.
El encaje del hábitat de Cuéllar
en el área vaccea no es sólo territorial,
como hemos visto, sino cultural. Tam-
bién esta pertenencia territorial a la de-
nominada por F. Waemberg Región
Vaccea viene avalada por la vinculación
de la cultura material que se ha regis-
trado en la invesgación arqueológica. A
parr de estos dos apoyos, cultural y te-
rritorial, damos este salto a la integra-
ción de este poblado en la reconocida
por las fuentes anguas como etnia de
los vacceos. Pero llegados a este punto,
cualquier valoración sobre la etapa pre-
rromana de este núcleo segoviano se ve
obligada a la siguiente pregunta: ¿Cué-
llar vaccea es la ciudad de Colenda?
Resulta dicil sustraerse a la po-
lémica que siempre arrastra la atribu-
ción de Colenda al hábitat vacceo
cuellarano, hecha desde anguo en la
historiograa local segoviana, y confir-
mada en fechas posteriores por F. Wa-
enberg o J.M. Roldán. La única vez que
dicha ciudad aparece citada en los tex-
tos clásicos en relación al asedio y toma
efectuado por Tito Didio en el 98 a.C.
(APIANO, Iber, 98-100), para nada se
menciona su pertenencia a uno u otro
grupo étnico meseteño. A pesar de las
connuas propuestas de ubicación para
Colenda, a falta de cualquier resto epi-
gráfico o numismáco siempre conclu-
yente, la documentación arqueológica
ofrecida por la excavación en la Plaza del
Casllo de Cuéllar no se contradice, en
absoluto, con la nocia de las fuentes. Al
menos como probabilidad es preciso ad-
mir que Colenda sea vaccea, y que con-
forme la tradición se ubique en Cuéllar.
Las dificultades son muchas a la
hora de hablar con algún detalle más del
posible urbanismo y los rasgos poblacio-
nales de este hábitat vacceo conocidos
al día de hoy, pues el asentamiento se lo-
caliza bajo la actual estructura y trama
urbana actual de Cuéllar, heredera de la
configuración de una ciudad medieval
amurallada, y que se ha venido desarro-
Gran vaso de almacén, a torno y pintado.
Gran vaso de almacén, de barros
obscuros, de posible factura en los
alfares de Rauda.
Restos de un gran vaso con pintura bícroma: ocre y rojo.
Restos de un vaso polícromo.

295
llando y modificando en su trazado hasta
hoy mismo. En ningún caso, como puede
imaginarse, aquella arculación del po-
blado vacceo quedó reconocible en la
posterior trama de la actual villa. Todos
los restos quedaron sepultados, cuando
no destruidos o alterados, por la con-
nuidad del poblamiento. Un poblado
oculto bajo la ciudad actual, cuyo deve-
nir guarda ciertos paralelismos con otros
enclaves vacceos bien conocidos y pró-
ximos como Coca (Cauca) o Roa de
Duero (Rauda).
Las caracteríscas de este asenta-
miento vacceo que hemos podido ras-
trear en las invesgaciones arqueológicas
de la Plaza del Casllo, nos colocan ante
un po de hábitat de arquitectura de e-
rra, perfectamente comparable a otros
poblados vacceos del entorno, donde el
uso masivo de la erra en forma de ado-
bes y tapial se combinaba con maestría
con la madera que constuía el esque-
leto sustentante de sus viviendas. Los
materiales para la confección de los ado-
bes a caja son gredas y barros obscuros
de procedencia local, recogidos en las
proximidades de los arroyos que rodea-
ban el poblado, con unas dimensiones
más pequeñas que los grandes bloques
usados en los precedentes poblados de
po Soto. Estas mismas arcillas locales
sirven para realizar los suelos de las
casas, revocar los bancos corridos, dar
forma a los hogares o construir peque-
ños hornos para cocer.
Como patrón general, las casas
de este poblado vacceo son de planta
cuadrangular/rectangular, sin poder es-
pecificar mucho más porque no hemos
conseguido localizar ninguna unidad al
completo. La existencia de muros me-
dianeros o tabiquería, más endebles y
construidos en medio pie de adobes, es
un dato más que abunda en esta distri-
bución orgánica de las casas, con espa-
cios que debían cumplir disntas
funciones. Por ejemplo, conocemos bien
una pequeña estancia de algo más de 1
m de anchura dedicada a contener un
telar para tejer; la abundancia de pesas
así lo delata. En todo caso, siempre es
una vertebración en torno a la gran ha-
bitación donde se ubica la plataforma
elevada del hogar; alrededor es fácil
imaginar las acvidades doméscas de
cocina, almacén, dormitorio… Estos es-
pacios nucleares de las casas son los que
nos han deparado mayor candad de
hallazgos de materiales, en especial ce-
rámicos. Y además, eran los más cuida-
dos por las gentes vacceas, que llegaron
a acumular hasta una decena de pisos
de arcilla muy fina. Las habitaciones pa-
rece que de forma general estaban en-
jalbegadas, pero en algún caso el
hallazgo in situ de los restos de un zócalo
con pinturas en bandas y reculados en
rojo y negro sobre fondos claros, nos
permite hablar de una casa muy singu-
lar, con una excelente decoración, sin
duda, atribuible a personas de relevan-
cia social.
Unas casas con otras, de planta
cuadrangular o rectangular, se agrupa-
rían formando manzanas, pero por des-
gracia no tenemos constancia arqueológica
de calles ni de otros espacios comunes
—plazas— cuyo papel sería el de ejes a
través de los cuales se arcula el desa-
rrollo urbano en estos poblados. Pero
sin duda hubieron de exisr y se acomo-
darían a las caracteríscas topográficas
del emplazamiento, con unos ejes lon-
gitudinales muy similares a los que se
han fosilizado de la actual traza medie-
val de la villa de Cuéllar.
El poblado vacceo debía de pro-
tegerse con un sistema de defensa del
que casi no sabemos nada. No obstante,
no resulta complicado establecer un hi-
potéco trazado sobre la base de la ca-
racterización topográfica del lugar. El
asentamiento estaría bien defendido de
manera natural por sus flancos sur, este
y parte del oeste, pero el norte necesi-
taba obligadamente un sistema de de-
fensa. Por desgracia es el que ocupa el
recinto inmediato al casllo-palacio de
Los Alburquerque. La muralla, que sí
hubo de exisr en esta zona, quedaría
desmontada o fosilizada bajo la línea
medieval, que en la actualidad se con-
serva. Y esta constancia la apoyamos en
el hallazgo de una gran masa de adobes
completamente desmontada, de mayor
espesor —en torno a 3 m— que cual-
quier muro de una vivienda, en una de
las áreas excavadas del úlmo de los po-
blados vacceos, a escasos metros de la
línea de muralla medieval, entre la
puerta de acceso al casllo y el arco de
San Basilio. Una vez descubiertas y co-
nocidas las magníficas defensas de Pin-
a, no nos caben muchas dudas de que
ese gran desmonte de adobes era la mu-
ralla demolida del poblado vacceo de
Cuéllar.
Las gentes que habitaron este po-
blado de Cuéllar a lo largo de su dilatada
vida, tuvieron a su disposición numero-
sos y abundantes recursos alimencios,
tanto vegetales de culvos o recolección
como animales procedentes de la caza y
sobre todo, de la ganadería. Las erras
de culvo más aptas se ubicarían al sur
del poblado, en las vegas de los ríos Cer-
quilla y Cega, y en el fondo de las cárca-
vas que salen del páramo. Si bien el
hábitat cuellarano no nos ha deparado
restos significavos de granos, la abun-
dancia de cosechas de cereal queda ma-
nifiesta en la existencia de silos y
grandes vasijas de almacenaje en las
casas mejor conocidas, dando con ello
refrendo, una vez más, a las fuentes clá-
sicas referidas a la economía de los va-
cceos que nos les presentan como un
pueblo agrícola por excelencia. Abun-
dan en el consumo generalizado de ce-
reales, los numerosos molinos de
granito, ya barquiformes ya circulares,
localizados en las casas excavadas,
desde las más anguas a las más recien-
tes.
Sin embargo, en nuestro caso
hemos de decir que el registro arqueo-
lógico de toda la secuencia de poblados
consecuvos, también nos ha propor-
cionado una abundancia extraordinaria
de restos óseos procedentes del con-
sumo. Con ello se pone de manifiesto,
como parece lógico en estas sociedades
prerromanas, la prácca de una econo-
mía polivalente, de gran complementa-
riedad, donde el peso de la ganadería y,
en menor medida, la caza fue muy signi-
ficava en la dieta.
Los análisis de estos restos óseos
corresponden a los dos poblados más
Vaso a torno pintado de pastas claras.
Pequeños mangos de hueso para herramientas do-
méscas.

30 5
recientes que llegan hasta finales del
siglo II y comienzos del siglo I a.C.,
ambos con una cultura material de
gusto plenamente vacceo. Las aporta-
ciones fauníscas indican un predominio
del componente domésco, principal-
mente ovicaprinos y vacuno. El aprove-
chamiento de los recursos cinegécos
ende a aumentar en los momentos fi-
nales de la vida del úlmo poblado, con
una contribución importante de ciervo y
marginal, pero a destacarse, de uro. Fun-
damentalmente se trata de restos de
consumo alimentario, como lo eviden-
cian las huellas de manipulación antró-
pica que han quedado en los huesos. En
conclusión, en el yacimiento vacceo de
Cuéllar se evidencia de nuevo la progre-
siva diversificación faunísca, similar a la
de otros yacimientos de su mismo ám-
bito geográfico.
Con todo, lo que mejor conoce-
mos de la Cuéllar vaccea es su cultura
material, y con preferencia los restos ce-
rámicos, recogidos entre los restos de las
casas o amorzados bajo los pisos de
éstas. Es destacable la ausencia casi ge-
neral de objetos metálicos entre los ma-
teriales recuperados, como si en cada
ruina de un poblado se hubiese rebus-
cado todo lo valioso, en especial, los ob-
jetos metálicos. Se han exhumado muy
escasos fragmentos de bronce o hierro;
apenas pequeñas escorias o fragmentos
de metal.
La riqueza del repertorio cerá-
mico es muy notable desde las etapas
más anguas, que nos han deparado
piezas de pintura postcocción bícromas
o polícromas de notable atracvo y
abarca desde los pequeños cuencos he-
chos a mano, de pastas negras bien bru-
ñidas, y con preciosas decoraciones “a
peine”, hasta las piezas torneadas de
pasta rojizas y decoraciones lineales pin-
tadas bien reconocidas en los registros
vacceos. Cuéllar no nos ha deparado la
existencia de alfares como las ciudades
de Cauca o Pina, ni la idiosincrasia de
las producciones reconocidas nos per-
mite apostar por ello. Otra cosa son las
producciones a mano, donde el gusto
local es mayor.
Tampoco faltan los habituales
úles de hueso con forma de espátulas,
alisadores, o mangos para punzones o
pequeñas herramientas con finas deco-
raciones de círculos. Es muy curiosa una
plaquita de hueso en la que se ha tallado
una cabecita de ánade, con pequeños
trazos grabados cuya finalidad (¿quizás
epigráfica?) desconocemos.
Plano original de A. Molinero
de las sepulturas localizadas en
la necrópolis de las Erijuelas de
San Andrés.
Lámina con dibujos originales de A. Molinero de varias sepulturas.
Plaquita de hueso con
forma de cabeza de ánade
y líneas grabadas.

315
Es muy valioso en este hábitat
vacceo tener conocimiento del cemen-
terio. Gracias a las invesgaciones he-
chas en su día por A. Molinero, hemos
podido conocer la existencia de una ne-
crópolis de incineración correspondiente
a este poblado vacceo en el paraje de las
Erijuelas de San Andrés, dentro de los
corrales de unas casas de este barrio ex-
tramuros de la villa. El lugar se encuen-
tra completamente urbanizado desde
comienzos del siglo XX, por lo que sólo
una casualidad o el azar podrían depa-
rarnos nuevos hallazgos. Tampoco en su
día pudieron encontrarse elementos in-
dicavos de la veintena de tumbas tales
como estelas, sino exclusivamente el pe-
queño hoyo de enterramiento de cada
tumba. El cementerio se ubicaba frente
al poblado, distante unos 300 m, al lado
noreste, y separados mediante un pe-
queño curso de agua, hoy canalizado.
Una ubicación que encajaba a la perfec-
ción en el patrón común o en el diseño
del espacio funerario entre los vacceos.
Todas las sepulturas son de inci-
neración, con una urna cineraria para
guardar las cenizas del difunto y un lote
de ajuar, sobre todo cerámico, más o
menos amplio, donde queremos desta-
car el gusto por los vasos trípodes y las
decoraciones a peine en vasos a mano
de pastas negras muy bruñidas. Sin em-
bargo, no faltan algunos vasos tornea-
dos como las botellas para contener
aceite de la sepultura XIV, tan habitua-
les en los cementerios vacceos como se
evidencia en la excepcional tumba 153
de la necrópolis pinana de Las Ruedas,
con más de dos decenas de éstas. A
veces también en la necrópolis cuella-
rana el ajuar se encuentra en miniatura.
En estas pocas tumbas de Las Eri-
juelas, que nos llevan a un momento de
plena cultura vaccea entre finales del
siglo III y el II a.C., sólo se puede evi-
denciar una estructura social de cierta
uniformidad, sin los elementos de dife-
renciación social que se reconocen en la
necrópolis vaccea de Pina. Sin duda, el
registro dicil entre las viviendas actua-
les y lo reducido del hallazgo no nos da
para mayores interpretaciones.
El conocimiento de las costum-
bres y práccas funerarias puede com-
pletarse con la localización de algunos
enterramientos de inhumación en el in-
terior de las casas del poblado; se en-
cuentran desde los niveles más anguos
con casas de planta cuadrangular de
este hábitat hasta la etapa final del
asentamiento cuellarano. Esta prácca
parece que se encuentra bien arraigada
en otros hábitats vacceos, como el cer-
cano de la ciudad citada de Pina. En la
Plaza del Casllo conocemos al menos
tres niños enterrados en pequeños agu-
jeros en el suelo, cercanos al hogar de
esa habitación común y cubiertos con la
solera de arcilla del piso, gozando con
ello simbólicamente de la protección de
la comunidad y de la familia. Los análi-
sis paleoantropológicos nos indican que
siempre son niños muertos en el mo-
mento del parto o a los pocos días de
nacer. La constatación arqueológica de
estos enterramientos infanles en lugar
disnto de los individuos que son inci-
nerados y sepultados en la necrópolis,
nos hace pensar que hubieron de exisr
algunos ritos de admisión praccados a
una determinada edad que permieran
a los niños acceder al ámbito religioso-
funerario del grueso de la sociedad. Por
ello, tanto el ritual de enterramiento, la
inhumación, como el espacio para su co-
locación, la casa familiar, son elementos
indicadores de esta diferenciación social
en nuestro poblado, y de la riqueza de
creencias funerarias y religiosas que tu-
vieron también estas gentes vacceas del
sur del Duero.
Por úlmo merece la pena, por
ser una excepción hasta el momento
entre las ciudades vacceas, hablar con
algún mayor detalle del santuario de
culto domésco que se localizó en el há-
bitat de Cuéllar. Por el momento no
ene precedentes en otras ciudades o
asentamientos vacceos que se conocen;
pero con seguridad que la invesgación
arqueológica sistemáca llevada en al-
gunos de ellos acabará deparándonos
otros hallazgos similares o mayores.
En el contexto de las práccas re-
ligiosas prerromanas de los pueblos de
la Meseta, este pequeño santuario de
Cuéllar nos puede acercar, bien es ver-
dad que sólo a través de la interpreta-
ción de los cultos que emanan de sus
restos materiales, de alguna manera al
estudio de la relación ideológica, entre
las gentes vacceas, adscritos a la califi-
cación genérica de célcos, y los pueblos
de las regiones meridionales y circun-
mediterráneas, de tradición orientali-
zante y a la postre ibéricos. Nos llevará
esta valoración a comprender de una
Labores de conservación y rescate de un enterramiento infanl de inhumación localizado en el interior de
una casa vaccea.
Plano de los restos y traza de la habitación ulizada como santuario de culto domésco.

32 5
forma más adecuada, aunque incipiente,
los aspectos rituales y religiosos durante
este horizonte de la formación de la
etnia vaccea desde fines del siglo VI
hasta bien entrado el IV a.C.
El estudio del hallazgo de los res-
tos en el marco del poblado vacceo an-
guo del V a.C., nos permite reconocer
alguna de las caracteríscas de este es-
pacio arquitectónicos singular, cons-
truido en materiales propios de la
arquitectura de erra —adobe y
tapial—, e insertado sin destacar en la
trama urbana del este poblado, quizás
adosado o formando parte de alguna vi-
vienda importante. El espacio de culto
recuperado es sólo una habitación cua-
drangular, cercana a los 40 m2
, con una
plataforma elevada en el centro, a modo
de hogar, con dos poyetes exentos a
modo de bancos o vasares, y con los zó-
calos pintados de color rojo. Como
mucho se trataría de una habitación
dentro de una casa con alguna estancia
más; quizás de una casa principal radi-
cada en esta área privilegiada de la Plaza
del Casllo.
Como se evidenció no hay, pues,
excepcionalidad en el diseño del espacio
arquitectónico de la estancia del po-
blado de Cuéllar, ni columnas, ni diseño
específico en planta, ni elementos ar-
quitectónicos de carácter religioso de
significación. El criterio de monumenta-
lidad no es en absoluto exclusivo y prio-
ritario en el espacio sacrificial; lo que
interesa fundamentalmente es la fun-
ción que desempeña, el papel ejercido
en el rito, y que sólo pudimos asbar por
los objetos recogidos en esta habitación.
Si se busca la referencia con otros espa-
cios de culto hasta hoy conocidos, la au-
sencia de singularidad y excepcionalidad
arquitectónica integra plenamente este
pequeño santuario de Cuéllar entre los
santuarios denominados “genlicios do-
méscos”, cuya dispersión se ha encon-
trado prioritariamente entre las poblaciones
del interior peninsular.
Como algo excepcional, dentro
del conjunto de materiales cerámicos de
factura manual, recogimos un aspergi-
llus que en su boca reproduce esquemá-
camente un lingote chipriota con
forma de piel de toro, de tan clara vincu-
lación a los recintos cultuales de tradición
orientalizantes en erras peninsulares. Es
la pieza fundamental que contribuyó a
reconocer y calificar la función religiosa
que atribuimos a este pequeño recinto,
junto a unos cuencos a peine con restos
de haber contenido un líquido colorante
rojo a base de óxido de hierro —sustu-
vo de la sangre—, con función clara en
el ritual, y que consigue dar un conte-
nido más allá de lo domésco al grueso
de los objetos recogidos de este espacio
cultual. Les acompañan algunos vasos
importados de factura a torno, cuyos
rasgos indican su llegada a las erras de
los vacceos del centro del Duero desde
regiones meridionales, más allá del Sis-
temas Central, ya sean levannas, de la
Submeseta sur o de las erras de la Alta
Andalucía.
Todo nos lleva a pensar que en el
poblado prerromano de Cuéllar, en
torno al siglo V a.C., las práccas de la
religiosidad domésca se llevan a cabo
en unos espacios que apenas o nada se
diferencian de las estancias habituales
de las viviendas, o bien se integran den-
tro de ellas.
En cuanto al rito praccado en
este santuario domésco vacceo, quizás
estamos ante un rito sacrificial, de liba-
ción, donde se verese líquido o se tras-
vasase desde los vasos grandes a otros
contendores más reducidos...... La idea
del sacrificio, como expresión de la sa-
cralidad, no ene por qué estar ligada al
hecho de sacrificar en el sendo literal
lano, esto es, la obligación de causar
muerte a un ser vivo, verendo sobre un
contenedor, sobre el tajo o sobre el
suelo la sangre del animal. La noción de
libación puede asumir este comedo,
pasando a ser el elemento líquido el que
desempeñe esta función. Los vasos con
colorantes rojos y el propio aspergillus
contribuyen claramente a realizar esta
interpretación de las práccas religiosas
llevadas a cabo en el pequeño santuario
domésco del poblado vacceo anguo
de Cuéllar.
Joaquín Barrio Marn
Universidad Autónoma de Madrid
Fotograa y dibujo del pequeño aspergillus recuperado en el santuario.
Vaso a peine con restos de colorante rojo.