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PINTIA
CAMPAÑA XXVIII
EXCAVACIONES EN LAS RUEDAS
EL PERRO Y
EL CALDERO
REFLEXIONES
SOBRE UN ICONO
ARÉVACO-VACCEO
II.
TINTINNABULA
CERÁMICA.
PRODUCCIONES
SINGULARES
BASURAS
Y FURTIVOS
UN DEPÓSITO DE LOS AÑOS OCHENTA
EN LA NECRÓPOLIS DE LAS RUEDAS
9 + 1 ZONAS
ARQUEOLÓGICAS
EN CASTILLA Y LEÓN
PINTIA HETERODOXA E IRREDENTA
DESPUÉS DE
PINTIA
EL MONASTERIO DE
SAN SALVADOR DE PEÑAFIEL
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excavaciones en
Pintia
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a campaña de excavaciones de
2017 se desarrolló en los sectores
F1h10 y F1g9, contiguos hacia el
oeste a los intervenidos en la campaña
previa, y también en los sectores F2g5
y F2h5, cuyas menores dimensiones
se explican por entregarse a la deno-
minada zanja II excavada entre 1985
y 1987 de orientación diversa a la tra-
ma actual. La razón de este salto de 16
metros hacia el oeste (cuatro sectores)
obedeció, de un lado, a los escasos re-
sultados obtenidos en aquellas unida-
des de excavación, más exiguos aún
que los de 2016, y, de otro, a la menor
potencia del estrato arqueológico en
esta zona más alta y al reducido ta-
maño de ambas catas, lo que, estando
próximos al final de la campaña, pa-
recía más asumible con vistas a dejar
cerrada la excavación. La elección no
pudo ser más desafortunada, ya que en
ambos sectores no se recuperó ni una
sola tumba, aunque sí un peculiar de-
pósito de basura, cuyo estudio detalla-
do nos ha permitido fijar su cronología
en mayo de 1980, es decir, apenas unos
meses después de la primera campaña
de excavaciones en este cementerio
realizada en noviembre de 1979.
Así pues, el número de tumbas
recuperado en esta ocasión es de tan
sólo cinco (303, 304, 305, 306 y 307),
todas ellas alteradas, a excepción del
cenotafio 306, y distribuidas cuatro en
F1h10 y otra más en F1g9. Los restos
óseos humanos aparecieron, en tres
de los casos, en el relleno de los hoyos
tumbales: 20 g (tumba 303), 54 g (tum-
ba 304), 10 g (tumba 305), por lo que
tampoco ofrecen grandes garantías de
constitución original; en los otros dos
depósitos no se halló resto alguno. El
número de objetos por tumba varía
entre nueve (tumba 303 y 305), siete
(tumba 304), seis (tumba 307) y tres
(tumba 306), habiéndose recuperado
en total treinta y cuatro objetos, de
los cuales ocho son cerámicas urdidas,
siete finas anaranjadas torneadas, tres
torneadas toscas, otras dos tornea-
das negras bruñidas, cuatro canicas,
una fusayola, una aguja de coser y dos
colgantes de tipo aguja de bronce; y
en hierro, dos cuchillos, unas tijeras y
unas pinzas para el fuego.
En la consideración de que la
muestra obtenida resulta poco atrac-
tiva, tanto por su carácter alterado
como por la fragmentariedad de los
objetos, pasaremos a destacar algunos
de los conjuntos y también, de manera
individualizada, ciertas piezas.
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campaña XXVIII 2017
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De los conjuntos es sin duda el
correspondiente a la tumba 305 el más
interesante y dado que el hoyo que la
contenía continúa en el sector situado
al norte de F1h10, es decir, en F1i10 (a
intervenir durante 2018), confiamos
en poder recuperar los fragmentos de
algunos de los recipientes incompletos
en un futuro inmediato. Este conjunto
es sin duda el que posee un mayor con-
tenido simbólico e incluso cierto carác-
ter atávico. Los tres recipientes urdidos
o hechos a mano llaman la atención
poderosamente por su decoración ex-
cepcional: un gran cuenco hemisférico
de color oscuro con intenso bruñido y
decoración de botones incrustados de
bronce bajo su borde, un vasito doble
unido por grandes asas horizontales y
un tercero muy incompleto con un pla-
no superior horizontal decorado con
incisiones del que poco se puede decir
por su excesiva fragmentariedad.
Fuera del contexto en el que
ha sido recuperado, el cuenco con bo-
tones de bronce de paredes gruesas,
intenso bruñido y cierta tendencia
globular movería a pensar en un re-
cipiente de mayor antigüedad. En la
necrópolis de Las Ruedas este tipo de
decoración resulta excepcional, aun-
que su asociación en un minúsculo
fragmento a peine inciso parece enca-
jar en la práctica decorativa de una ba-
rroca decoración que combina diversas
técnicas, característica de la plenitud
de la segunda Edad del Hierro (sobre
todo en los ámbitos vetón y vacceo).
Sin embargo, sorprende la sobriedad
de la nueva pieza que parecería enca-
jar en un horizonte previo, ya que la
práctica decorativa de incrustar grapas
de bronce hemisféricas sobre cerámica
está bien documentada en el Bronce
Final del SE peninsular, alcanzando el
área toledana de El Carpio de Belvis de
la Jara, cuya jarrita con incrustaciones
de cobre está considerada precedente
de las vetonas del castro y necrópolis
de Las Cogotas. Es más, recientemente
se han valorado algunas de estas pro-
ducciones abulenses como testigos de
una ocupación del Primer Hierro. De
confirmarse ese aire antiguo para la
pieza de Las Ruedas, ¿estaríamos de
nuevo ante piezas producidas siglos
atrás y amortizadas en tumba en mo-
mentos más recientes? ¿estaríamos
hablando, una vez más, de reliquias?
No debe descartarse, no obstante, ha-
bida cuenta la situación más occidental
del sector F1h10, la posibilidad de que
esta tumba destruida fuera testigo de
un momento ligeramente más antiguo,
de finales del siglo III o inicios del II a.C.
De esta misma tumba proce-
de otro enigmático recipiente hecho
a mano compuesto por dos ollitas in-
dependientemente modeladas, pero
unidas por un pegote en la panza y por
dos grandes asas horizontales. Aunque
ya conocíamos este tipo de objetos
compuestos en el registro funerario de
las necrópolis de Cuéllar, Palenzuela
o la propia
Pintia
, el ejemplar no deja
de representar cierta novedad, ya que
constituye una desconocida variante
con respecto de las incluidas en nues-
tro tipo XVII. El alto carácter simbólico
de estos recipientes compuestos, tal
vez destinados a contener diversos ti-
pos de libaciones o primicias, se deriva
de su escasa funcionalidad práctica,
pero también de su asociación a otros
recipientes especiales, como en el caso
de la tumba 45 –con un vaso compues-
to de cuatro piezas distribuidas en dos
niveles, más un
kernos
y una bandeja
ovalada de dos pisos con la base de
la superior fenestrada―. Y así ocurre
también en el conjunto 305, ya que
además contamos con otra tercera pie-
za en verdad llamativa e importante,
pese a su fragmentariedad. Nos refe-
rimos al vaso torneado negro bruñido
con una decoración excepcional que
incluye entre la carena y el fondo una
decoración de dos triángulos enfrenta-
dos por el vértice, a modo de reloj de
arena o doble hacha, configurada por
anchos y poco profundos acanalados
rectilíneos e impresiones circulares;
en el mismo tramo decorado del vaso,
pero ahora por encima de la carena y
hasta el borde aparecen, en trazo aca-
Durante la excavación en el sector F1h10.
Estado de conservación
Número de piezas
Tumbas
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nalado mucho más sutil o superficial,
lo que parece un zoomorfo en perspec-
tiva cenital incompleto como conse-
cuencia de la fractura de la pieza.
No sabemos a ciencia cierta si
la tumba-cenotafio 306 fue la respon-
sable de la rotura del depósito previa-
mente descrito de la tumba 305 o ésta
ya se encontraba alterada cuando se
practicó su hoyo. El hecho cierto es
que pocas veces se puede observar con
tanta nitidez una afección de este tipo
–una superposición de tumbas diría-
mos, o el aprovechamiento diacrónico
de un mismo espacio―, como se mues-
tra en la imagen que hace referencia al
perfil norte del sector F1h10, ya que el
cementerio de Las Ruedas parece que
utilizó un modelo radial de ocupación
del espacio. De este cenotafio llama
también poderosamente la atención
la homogeneidad y miniaturización
de sus piezas (al menos de los reci-
pientes), todas ellas confeccionadas a
partir de un barro anaranjado muy de-
cantado y sometidas a una buena coc-
ción que proporciona sonido metálico;
igualmente, el hecho de que el cuenco
tenga uno de los tres motivos pintados
distinto o que su fondo muestre una
grieta estructural que lo inhabilitara
para la contención de cualquier líqui-
do. En suma, un conjunto que muestra
también un alto contenido simbólico y
que parece devolvernos la imagen de
ciertos productos estereotipados pro-
ducidos de manera específica para el
ámbito necropolitano.
Nos referiremos para terminar a
otros materiales, como el cuenco deco-
rado a peine de un estilo simple de pei-
ne impreso. Este recipiente, conserva-
do en poco más de la mitad, muestra el
impacto de un golpe en su base cuan-
do estaba boca abajo, lo que determi-
nó su rotura; dado el carácter alterado
del conjunto no es posible determinar
si dicha acción fue sincrónica a su de-
pósito original –lo que podría recor-
dar la inutilización de algunos objetos
en el momento de su amortización en
tumba― o, simplemente, fue el resul-
tado de su posterior violación. Otras
consideraciones de orden cronológico
caben asimismo con respecto de este
estilo de cerámicas “a peine impresas
simples” del Duero Medio –alejado de
aquel otro estilo de peine barroco en
el que incrustaciones de botones de
bronce hacen en ocasiones acto de
presencia―, que no es otro que el de
las cerámicas negras bruñidas (siglos
II-I a.C.) y seguramente ceñido en su
pervivencia a ámbitos simbólicos como
los cementerios, donde ciertas tradi-
ciones parecen echar el ancla frente al
renovado registro del mundo cotidiano
que ofrecen los hábitats.
A un momento similar parece
que podría remitir el vaso de perfil
bitroncocónico, borde exvasado y pie
anular de la tumba 307, con bicromía
en óxido de hierro (bandas rojas vi-
nosas) y de manganeso (otras líneas
delimitadoras de aquellas y motivo
triangular, en marrón oscuro), cuyos
paralelos en niveles sertorianos del
poblado de Las Quintanas de
Pintia
re-
sultan muy estrechos.
Concluimos señalando la baja
densidad de enterramientos y la po-
sibilidad, ya apuntada en la campaña
de 2016, de que nos encontremos en
una zona intermedia, de transición en-
tre las diferentes áreas en que pudiera
organizarse el cementerio. Sólo la aco-
metida de nuevos trabajos permitirá
arrojar luz sobre el particular.
Carlos Sanz Mínguez
Tumba 306
in situ
y materiales una vez restaurados.
Materiales de la tumba 307 una vez restaurados.