www.pintiavaccea.es5 € PINTIA CAMPAÑA XXVI GRAVURAS DEL CÔA Idade do Ferro TARIEGO DE CERRATO CIU dade S V a CC ea S ORFEBRERÍA VACCEA ERAS DEL BOSQUE e N e L MUS eo de G ra N ada
6 9 VACCEA ANUARIO excavaciones en Pintia S L a XXVI campaña de ex ca-vaciones en Pintia se desa-rrolló en un sector sept en-trional de la necrópolis de Las Ruedas, dando con tinuidad al espacio acondi-cionado en la campaña ant erior, con int ervención, pues, en los sector es con tiguos por el est e a los ex cavados en 2014: G1g9, G1h9, G1i9, G1g8 y G1 h8. En tot al cinco unidades de 16 m 2 de superficie cada una de ellas, que repr e-sentan una superficie de 80 m 2 . Los dos sector es más ex tremos (G1i8 y G1j8) finalment e no fueron ex cavados ni lo serán en un futuro inmediat o, habida cuent a la baja densidad de hallazg os en est a área ex trema, que creemos marc a un nítido límite tempor al en la hist oria del cemen terio. La presen te campaña ha rendido un tot al de doce tumbas (284 a 295), de las cuales una es doble sincrónic a (287a y 287b) y cuatr o son cenota fios (291 a 294). En lo que se re fiere al est ado de conser vación, siet e conjun tos parecen int actos y cinco muestr an signos de al-t eración eviden tes. Obser vamos clara -mente dos agrupaciones tumbales: en el sector G1g9 y el espacio inmedia to a ést e del G1h9, donde se con centran ocho conjun tos (tumbas 284 a 291), y en los sector es G1h8 y G1i9 formando una alineación de sentido SE-NO con los cuatr o conjun tos res tantes (293 a 295). Un espacio vacío entr e ambas agrupaciones, de unos tres metr os de anchura, parecier a marc ar un peldaño o estr ato horizon tal entr e ambos grupos, corr espondientes, respectiv amente, a las tumbas del siglo I a.C. y las del I d.C., cuyas car acterísticas de deposición o cons titución de ofrendas result an net a-mente dif erenciables. La disper sión de las est elas guar-da cierta relació n también con la distri -bución señalada de las tumbas, aunque seguramen te se hay an vist o más des-plaz adas y af ectadas por su superficiali-dad y las t areas agríc olas desarr olladas.Así, las est elas pétr eas que cons -tituyeron el paisaje ex terno y perdur a-ble de est e cemen terio se han podido document ar de manera gener osa du-ran te la presen te campaña. Sabemos que su lug ar de origen se sitúa unos dos kilómetr os al sur, en las culminaciones del cerro de Pajar es, donde toda vía se 6 9 VACCEA ANUARIO
7 9 VACCEA ANUARIO campaña XXVI 2015 7 9 VACCEA ANUARIO
8 9 VACCEA ANUARIO campaña XXVI 2015 pueden ver las can teras ex tractivas y se recuper an en superficie algunas ce-rámic as vacceas . Hemos topog rafiado vein tiséis de ellas ant es de su ex trac-ción para poder seguir el proceso de ex cavación. Una ve z repues tas las tie-rr as y cerradas las ca tas ex cavadas se proceder á, como en otras ocasiones, a su re posición enhiest a en el lugar ex ac-to donde aparec ieron, fa voreciendo con ello la rec onstrucción del paisaje fune-r ario. Todas aparecían caídas y en algu-nos casos fragmen tadas y creemos que desplazadas del lugar de origen, por lo que no ha sido posible, salvo casos con -cretos, asimilarlas a tumbas. En ciertos hoy os, como en el corr espondiente a la sepultura 288, se encon traron dos de ellas superpuest as, pero al tra tarse de una tumba alter ada cabe pensar en mo-vimien tos y remociones post eriores a su depósito original. Su distribución af ecta sobre todo a los sector es más meri-dionales (quince ejemplares en G1g9 y G1g8), mientr as que en el res to de las unidades ex cavadas aparecen a raz ón de una media de tr es por sect or. En la con figuración de los locu-li, también obser vamos la señalada di-cot omía entr e uno y otro conjun to de tumbas. Es bien conocido que la prác -tica ritual normativ a consis tió, tras la cremación del cadá ver, en la apertura de un hoy o, de dimensiones en plant a y profun didad variables, donde deposi-tar los res tos mortales acompañados de una serie de ajuar es y ofrendas viátic as para el más allá. En unos casos, corr es-pondientes al regis tro más moderno, los hoy os, muy superficiales, se en-masc aran (grupo G1h8-i9) y no result a posible su delimitación al no alcanz ar el niv el de la ter raza est éril de gra vas y arenas, de color ación blanca-amarillen-t a. Otros más profundos, por el con tra-rio, no se detienen en dicho nivel est éril y al int eresarlo y recibir luego el relleno de color ación más oscura su identific a-ción se hace más eviden te. De est e últi-mo tipo se rec onocieron ca torce hoy os, de los cuales la mitad se identific aron como loculi de las tumbas agrupadas en la zona meridional (G1g9-h9), de crono-logía más an tigua. Si nos adentr amos en la con figu-ración de los ajuar es y ofrendas, volv e-mos a ver claramen te la dicot omía se-ñalada. Se han recuper ado 106 objet os dentr o de los conjun tos funerarios ais-lados. Expresión clara de la cronología baja en la que nos desenv olvemos es el