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PINTIA
CAMPAÑA XXIV
VERTAVILLO
AUTRIGONES
V
ACCEARTE
BRONCES DE
ADORNO PERSONAL
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excavaciones en
Pintia
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campaña XXIV 2013
L
a campaña de excavación
de 2013 se desarrolló du-
rante los meses de julio y
agosto íntegramente en la necrópolis
de Las Ruedas, con la participación de
alumnos extranjeros y nacionales, y de
entre estos últimos, durante el mes de
agosto, con estudiantes en prácticas del
Grado de Historia de la Universidad de
Valladolid. En total se intervino en una
superficie de 48 m
2
, en tres sectores
correlativos de 4x4 m, denominados
F1j10, F1j9 y F1j8, colindantes por el
sur con los excavados en la campaña de
2009.
Dentro de dicho marco espacial
de intervención, se exhumaron un total
de catorce tumbas (261 a 272bis, sien-
do la 263 doble) dispuestas en hoyos
abiertos en el nivel de terraza estéril de
arenas y gravas. De ellas, seis pueden
considerarse muy alteradas ―264, 266,
267, 268, 270 y 271―, con pérdidas
sustanciales de material e información;
su mala conservación en algunos casos
puede ser de época, en otros cabe acha-
carla a la acción del arado moderno; así
en la tumba 264 pudo comprobarse la
dirección de arrastre de los materiales
en la destrucción parcial del depósito.
Otras siete sepulturas se preservaron
de forma integral ―únicamente la 269
parece mostrar una ligera alteración en
su parte más superficial― debido a que
se encontraban selladas por un nutri-
do conjunto de lajas calizas dispuestas
horizontalmente ―tumbas 261, 262 y
265― o bien por la notable profundidad
de sus hoyos pese a carecer de aquella
protección ―tumbas 263 y 272―. Una
octava más, la 272bis, cabe pensar que
se conservara también intacta, pese a
carecer de todo tipo de ajuar u ofren-
da de acompañamiento y comparecer
el paquete óseo directamente apoyado
sobre el suelo de gravas, sin interesarle
en profundidad, pudiendo interpretarse
como ‘tumba pobre’.
Todas proporcionaron restos
óseos, por lo que en ningún caso pode-
mos hablar de cenotafios, apareciendo
dispuestos dentro de urnas cinerarias
―ollas torneadas toscas en las tumbas
262, 263a, 263b, 264, 265, 268, 269 y
tal vez 271; vaso de asa vertical hecho a
mano y decorado con peine impreso en
la tumba 261― o sin urna, directamen-
te apoyados en el suelo ―tumbas 272
y 272bis―.
En cuanto a una primera atribu-
ción por sexos utilizando criterios de
constitución de ajuares, seis de ellas
(tumbas 263b, 268, 269, 270, 271 y
272bis) carecen de elementos deter-
minantes; cinco más podrían asimilarse
a mujeres por la presencia de pasado-
res y broches de cinturón broncíneos
(tumba 261), carrete para hilo (tumba
263b), fusayolas (tumbas 264 y 265)
y dos aretes de bronce para trenzas
(tumba 266);
del resto, posiblemente
corresponderían a individuos masculi-
nos las tumbas 272 (cuchilla de afeitar
y pinzas de depilar) y las 267 y 262 (con
elementos de armamento como
caetra
,
puñal de filos curvos y punta de lanza,
respectivamente). No debe soslayarse
la obtención de una nueva tumba doble
sincrónica, la 263, cuyos dos conjuntos,
ligeramente separados e individuali-
zados ―263a y 263b―, comparten un
alargado
loculus
profundamente exca-
vado en la terraza estéril; de la disime-
tría en la composición de ambos con-
juntos, uno con cinco objetos (cuatro
Urna cineraria de la tumba 261 de Las Ruedas (1). La microexcavación de su contenido permitió com-
probar, junto a los restos óseos humanos cremados, la presencia de pasadores (2 y 3) y fragmento de
un broche de cinturón (4), ambos en bronce, que acompañaron al difunto en la pira funeraria.
Número de piezas
Tumbas
ESTADO DE CONSERVACIÓN
buena / algo alterada
mala
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02
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04
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cerámicas y un fragmento de broche de
cinturón broncíneo) y el segundo con
catorce (todos cerámicos pero de gran
singularidad, como las ‘negras bruñi-
das’, un
simpulum
y un carrete de hilo,
entre otros), caben lecturas de rango y
de filiación que será necesario explicar
en un futuro conforme se vayan incre-
mentando este tipo de evidencias.
Otro aspecto destacable es el
nutrido conjunto de estelas funera-
rias recuperadas en la zona interve-
nida ―una veintena de ellas― y que
mantendrían relación con las tumbas
documentadas, aunque en la actualidad
no sea fácil establecer las correspon-
dencias concretas como consecuencia
del laboreo agrícola que las ha despla-
zado parcialmente o fragmentado. Son
piedras calizas de gran formato que,
apenas se levanta el nivel de arada su-
perficial, emergen abatidas en posición
plana o ligeramente oblicua y que en
numerosos casos muestran la cara de
contacto con el suelo con señales de
rubefacción por efecto del fuego, dan-
do la sensación de que fueron echadas
abajo intencionadamente en un episo-
dio de violencia que podría relacionarse
tal vez con la contienda romana (véase
VACCEA ANUARIO 2010). Llama la aten-
ción que el más oriental de los sectores
trabajados, pese a haber rendido un
número importante de tales estelas, no
haya proporcionado, sin embargo, nin-
guna tumba.
Si profundizamos en el análisis
de los conjuntos mejor conservados,
puede plantearse la riqueza general de
los mismos, con trece, diecisiete, dieci-
nueve, veintitrés, treinta y trece objetos
para las número 261, 262, 263, 265,
269 y 272, respectivamente. Todos es-
tos conjuntos resultan coherentes con
un contexto tardío del mundo vacceo,
entre el siglo II a.C. avanzado e inicios
del I a.C., tal y como vienen a demostrar,
por ejemplo, las abundantes ‘cerámicas
negras bruñidas’, un tipo de producción
perfectamente caracterizado a través del
registro pintiano (véase VACCEA ANUA-
RIO 2009) y que después de esta cam-
paña adquiere mayor relieve si cabe ―
presente en las tumbas 262, 263b, 264,
265, 269, 270 y 272― , constatándose
formas ya conocidas como los vasos
y botellas, pero también otras nuevas
como la jarra de pico completa de la
tumba 263b, que muestra sobre el cue-
llo la característica decoración de resal-
tes y finos bruñidos de punta roma ape-
nas perceptibles; de excepcional cabe
tildar el vaso acampanado con resaltes
y decoración compleja (acanaladuras y
abollonaduras, más incisiones en forma
de espiga) de la tumba 272, cuya exhu-
mación resultó muy complicada habida
cuenta la profundidad a la que se ha-
llaba (más de dos metros), la humedad
existente y la mala cocción de la pieza,
lo que determinó un largo y tortuoso
Jarra de pico en cerámica ‘negra bruñida’ de la
tumba 263b. Necrópolis de Las Ruedas.
Documentación de las estelas calizas en el sector
F1j9 de Las Ruedas, durante el proceso de exca-
vación.
Tumba 272 de Las Ruedas. Detrás de la jarra de
pico y del crateriforme puede observarse el gran
vaso ‘negro bruñido’ ricamente decorado.
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proceso de consolidación
in situ
hasta
poder ser extraído; su rareza viene dada
por su gran formato, que con 25,5 cm
de diámetro máximo en la zona de la
carena y 20 cm de altura, se convierte
en el recipiente de mayor capacidad de
este tipo constatado hasta el presente.
En esta misma categoría de ‘ce-
rámica negra bruñida’ cabría incluir al
cuenco de la tumba 269. Está hecho a
torno, cocido en ambiente reductor, el
tratamiento de su superficie es bruñido
y tiene decoraciones incisas; es innega-
ble que en este ejemplar se ha pretendi-
do imitar formal y decorativamente a la
cerámica anaranjada pintada, pero con
la estética y la técnica (en lo decorati-
vo) de las tradicionales cerámicas he-
chas a mano: la forma, el asa horizontal
sobre la panza y el motivo corrido de
ondas bajo el borde, interrumpido por
triángulos rellenos proyectados hacia la
base que aparece pintado en aquellas,
y que aquí lo hace en técnica incisa, así
lo demuestran; este último aspecto es,
sin duda, el que mayor originalidad pro-
porciona al contenedor, difiriendo de
las acanaladuras más o menos superfi-
ciales practicadas con una punta roma,
habituales en esta tipología.
Creaciones, de las que recien-
temente hemos realizado un estudio
en profundidad, que representan un
momento de plenitud de la alfareria
vaccea, en el que la cerámica urdida o
hecha a mano deja de tener presencia
en el contexto cotidiano de las casas y
mínima en el ambiente simbólico fune-
rario, siendo, en alguna medida, susti-
tuto de la misma en su aspecto estético
y ancestral, pero, eso sí, manteniendo
una dependencia directa, en todos los
casos, de las producciones pintadas he-
chas a torno; todo lo más, cabe señalar,
como singularidad del grupo, no siem-
pre presente, la inclusión de un caracte-
rístico grupo de estrías o relieves bajo
el borde o sobre la panza, decorado con
finos acanalados e incisiones oblicuas.
La cerámica decorada ‘a peine’
de los ejemplares documentados en
las tumbas 261 y 265 muestra coheren-
cia con el momento tardío señalado,
incorporando un ‘estilo de peine im-
preso simple’, de frisos superpuestos
con impresiones oblicuas alternantes,
coincidente con el final de este tipo de
producciones en el Duero medio, y que
alcanza muy buena representación en
las tumbas localizadas por A. Molinero
en los años cuarenta del siglo pasado en
Colenda
(Cuéllar). La sencillez y hermo-
sura de esta composición peinada en el
cáliz de una copa hecha a mano de la
tumba 265, al tiempo que su novedad
formal, nos llevan a destacar esta pieza
que, permítasenos la licencia, recuerda
tanto al ‘santo grial’ evocado en la afa-
mada película de la saga de Indiana Jo-
nes,
La última cruzada.
Entre las cerámicas hechas a
mano llaman también la atención los
vasos trípodes, de los que han rendido
ejemplares las tumbas 265 y 269. Cons-
tituyen un tipo de objeto muy
elaborados, no solo por
los tres pies que los sus-
tentan, sino también
por su decoración ba-
rroca en diversas técni-
cas: plástica formando
tetones o mamelones y
conjuntos de asas verti-
cales de las que penden
anillas, e impresa de
trazos oblicuos paralelos.
Estos recipientes, de alto
valor simbólico, en ocasiones
aparecen unidos de a dos, de
a tres o incluso de a cuatro, en
este último caso formando dos
alturas y ligados por asas oblicuas
tendidas de un nivel a otro; de este
modelo más complejo se halló un
ejemplar fragmentario en la tumba
269, cuya forma original es posible
reconstruir a través de otros mejor