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voluntaria
PINTIA
CAMPAÑA XXIII
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e las ocho tumbas exhumadas en la
campaña de 2012, dos se hallaron en la
terraza fluvial de gravas y arenas que ca-
racteriza el sustrato arqueológico de la necrópolis
de Las Ruedas, otras cinco en una matriz de tierra
gris compacta y limosa correspondiente a la terra-
za de inundación del arroyo de La Vega, y una más,
la de cronología más moderna, sobre la escollera
construida con estelas funerarias para defender
este límite oriental del cementerio de las avenidas
del citado cauce, proporcionando una fecha
ante
quem
para esta obra fluvial.
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La campaña de excavación
2012 se desarrolló durante los meses
de junio a agosto íntegramente en la
necrópolis de Las Ruedas, de manera
que por más que se tuviera intención
de extender los trabajos de campo al
presunto santuario situado frente al
cementerio, en la orilla contraria del
arroyo de La Vega, finalmente no fue
posible abrir esta nueva zona.
Una de las razones que demo-
raron los trabajos en el camposan-
to fue la mayor dificultad existente
para exhumar la tierra en una zona
extrema del mismo, coincidente con
la orilla de inundación izquierda del
paleocauce del arroyo de La Vega. En
efecto, a diferencia de otros tramos
más occidentales y alejados del cur-
so fluvial donde el sustrato litológico
es de arenas y gravas, de fácil exca-
vación y procesamiento, en la mayor
parte de los sectores intervenidos
nos encontramos con un nivel muy
homogéneo, cercano al metro de
espesor, de coloración oscura y muy
compacto, que una vez seco alcanza
una gran dureza. Así pues, para su
correcta excavación se hizo necesario
inundar reiteradamente las catas de
excavación y esperar a su posterior
oreado.
Ocho son las tumbas obte-
nidas, la mayoría insertas en dicho
nivel de inundación del paleocau-
ce. Aunque ahora nos referiremos a
ellas, la documentación de un límite
del cementerio por su extremo orien-
tal es sin duda uno de los resultados
más interesantes alcanzados en los
trabajos de este año.
Esta circunstancia nos permi-
te comprobar cómo el arroyo de La
Vega ha ido modificando el trazado
de su cauce a lo largo del tiempo. Sa-
bemos que el actual es fruto de su ca-
nalización rectilínea para adaptarse a
la Concentración Parcelaria realizada
en Padilla de Duero en 1984. El ahora
descubierto en las excavaciones es el
existente hace dos mil años. Este pa-
leocauce se sitúa a veinte metros del
actual trazado, pero si observamos
la silueta del arroyo en la fotografía
del vuelo americano de 1956, esto
es, antes de su conversión en canal,
y superponemos el contemporáneo,
a través de una imagen de SIGPAC,
comprobamos que la distancia en
este punto preciso era aún mayor, ya
que el arroyo discurría otros veinte
metros más hacia el este antes de la
Concentración. Es decir, en los últi-
Trazados del siglo I a.C. (1), 1984 (2) y 1956 (3) del arroyo de La Vega a su paso por la necrópolis de Las Ruedas.
El arroyo de La Vega a escasos metros de su desembocadura en el Duero, con sus característicos meandros.
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mos dos mil años el arroyo de La Vega
vio modificada su trayectoria en este
punto concreto en más de cuarenta me-
tros.
Hemos podido atestiguar, en de-
finitiva, cómo la orilla izquierda del ci-
tado arroyo, en su zona de inundación
y de transición al cauce, se utilizó en el
siglo I a.C. como lugar de enterramiento
ocasional, a juzgar por la escasa densi-
dad de tumbas atestiguadas en este es-
pacio con respecto del superior y más
occidental constituido por gravas y are-
nas.
Especialmente interesante ha
sido la documentación de una escolle-
ra construida a base de grandes estelas
funerarias. Hemos conseguido algunos
indicios cronológicos que nos permiten
sugerir el momento en que se elabo-
ró esta protección para el cementerio
contra las avenidas del arroyo. Sabe-
mos que las estelas utilizadas en dicha
escollera se dispusieron echadas y en
paralelo al cauce en un momento inde-
terminado del siglo I d.C.; estas lanchas
calizas no hubieron de ser arrancadas,
simplemente fueron
desplazadas des-
de la orilla de inundación donde ya se
encontrarían caídas como consecuencia
de la destrucción intencional de este
sector aristocrático del cementerio,
(véase campaña XXI-2010 en ANUARIO
VACCEA 2010). La presencia de tégulas
romanas entre dichas piedras o de una
estela perfectamente tallada con po-
sible campo epigráfico no conservado,
nos invitan a pensar en un momento
de erección de la obra como el sugeri-
do. Pero hay otro dato muy interesante
que es la propia destrucción de parte
de la escollera al practicar el gran hoyo
de la tumba 259, un conjunto con ce-
rámicas “de tradición indígena” y otras
netamente romanas que cabría situar
a finales del siglo I d.C., convirtiéndose
en una referencia necesariamente
ante
quem
para la construcción de la susodi-
cha escollera.
En total se ha intervenido en seis
sectores de excavación (G1a5, G1a6,
G1a7, G1b5, G1b6 y G1b7), es decir, en
una extensión de 96 metros cuadrados.
Los sectores G1a4 y G1b4, contempla-
dos en el planteamiento inicial de exca-
vación, vinieron a coincidir por comple-
to con el cauce del arroyo de La Vega,
por lo que finalmente fueron vaciados
por medios mecánicos para dejar cons-
tancia de la caja del arroyo hace dos mil
años, tal y como comentaremos más
adelante.
Las tumbas 253 y 256 son las
únicas que se localizaron en el límite
occidental, en un contexto geológico de
gravas y arenas. El resto de los enterra-
mientos (254, 255, 257 a 260) lo hicie-
ron en el llamado
paleocauce
, lo que
impidió en la mayoría de los casos deli-
mitar o tan siquiera distinguir los
loculi
o agujeros de las tumbas. Se documen-
taron además varios hoyos que no se
corresponden con tumbas y que cabría
poner en relación con ofrendas o ritua-
les específicos vinculados a las aguas,
desarrollados en este ámbito funerario
de tan peculiar topografía.
El nivel de conservación de los
enterramientos puede calificarse de
bueno en la mayoría de los casos; solo
las tumbas 254 y 257 mostraban signos
de alteración importantes.
Como ya estamos habituados a
ver en estos momentos tardíos del siglo
I a.C., los restos óseos humanos crema-
dos apenas alcanzan presencia en las
urnas cinerarias, de la misma manera
que las tradicionales cerámicas urdidas
o hechas a mano escasean en el conjun-
to de cerámicas recuperadas en todas
estas tumbas (apenas media docena del
centenar obtenido).
Aunque hablamos de ocho
tumbas, en realidad han sido once
los
enterramientos detectados, ya que la
número 256 resultó ser doble y la 255
triple (dos y tres urnas cinerarias, res-
Inicios de los trabajos de excavación durante la campaña de 2012, en el límite ex-
tremo de la terraza de gravas y arenas, y estelas caídas detectadas.
Esquema de las diferentes áreas definidas entre el paleocauce de La Vega y el cementerio de Las Ruedas.
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pectivamente), tipología de enterra-
miento este último hasta ahora inédito
en su configuración característica con la
particular distribución de medio cente-
nar de objetos formando una especie
de frontón, es decir, con dos conjuntos
más profundos y algo separados entre
sí (255a y 255b) y uno superior dispues-
to entre ambos a mayor altura (255c),
coronando el vértice de la estructura
funeraria.
Un centenar de vasijas, más una
veintena de canicas, alguna fusayola
más, que identificaría tumbas femeni-
nas (258 y 260), amén de algunos hie-
rros correspondientes a parrillas, pinzas
para el fuego o cuchillos, que simbolizan
el banquete funerario, son elementos
que debidamente contextualizados vie-
nen a incrementar el ya notorio registro
funerario de Las Ruedas y que hace de
este cementerio uno de los más impor-
tantes en su género de toda la penínsu-
la Ibérica.
La labor del arqueólogo no con-
cluye con la recuperación de nuevos
datos y el traslado de materiales a los
“cuarteles de invierno” para su proce-
sado y estudio. El cierre de la campaña
comporta el acondicionamiento del te-
rreno intervenido, con el relleno de las
catas abiertas. Pero allí donde se pro-
ducen hallazgos de relieve
—
como el
paleocauce y la escollera de este año
—
,
que representan información comple-
mentaria que mejora la comprensión
de los usos y costumbres desarrollados
en este espacio singular, se procura una
intervención específica que consolide y
deje visible los nuevos valores para su
disfrute colectivo.
De esta forma hemos conectado
el límite natural del cementerio (gravas
y arenas) con la margen izquierda de
inundación del paleocauce, utilizada
ocasionalmente también como lugar de
enterramiento hasta el límite estable-
cido por la escollera, visible hoy como
hace 2000 años. El vaciado del paleo-
cauce en una anchura de unos cuatro
metros y la plantación de carrizos para
marcar su trazado milenario se convier-
ten en un nuevo punto de visita dentro
del recorrido existente en el cementerio
de Las Ruedas. Con ello, desde el Centro
de Estudios Vacceos “Federico Watten-
berg” de la Universidad de Valladolid
creemos contribuir a la salvaguarda y
accesibilidad de un Bien de Interés Cul-
tural de primer orden cual es la Zona
Arqueológica Pintia, incrementando
su conocimiento y otorgando, conse-
cuentemente, valores añadidos para el
disfrute colectivo de nuestra herencia
patrimonial.
Tumba triple 255.