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LOS ASTURES
NUESTROS ANCESTROS
CUÉLLAR
CIUDADES VACCEAS
PINTIA CAMPAÑA XXII
EXCAVACIONES EN LAS RUEDAS Y
EN LOS FOSOS DE LAS QUINTANAS
PRODUCCIONES VACCEAS
LA CERÁMICA
LOS TESOROS PRERROMANOS
DE PALENCIA
PINTIA EN LA SENDA
DEL DUERO
6 5
01 Excavaciones en
Pintia
NECRÓPOLIS DE LAS RUEDAS
Entre los planteamientos defini-
dos durante la campaña de 2011 figu-
raba excavar en el entorno de las
tumbas de mujeres aristocráticas 127a,
127b y 128, detectadas en los trabajos
de campo de 2007. La razón de volver
sobre este sector obedecía al hecho de
intentar despejar la duda de si estos en-
terramientos excepcionales de los siglos
II-I a.C. eran unos más de los que habían
reocupado un espacio del cementerio
utilizado ya en el siglo IV a.C., o si, por el
contrario, la pauta no normativa de con-
ducta obedecía a la excepcionalidad y,
en consecuencia, a usos de exclusividad
acordes a su rango social.
Dado que las intervenciones de
2007 donde fueron halladas dichas tum-
bas se habían visto ceñidas a tres secto-
res consecutivos (E2f6, E2f5 y E2f4) y un
cuarto tangente a este último (E2e3), se
procedió a trazar seis nuevas unidades
de 16 m 2 de superficie cada una, hacia
el norte (E2g6, E2g5 y E2g4) y hacia el
sur (E2e6, E2e5 y E2e4) de aquellos; el
desarrollo de la excavación y la detec-
ción parcial de una estructura de crema-
ción obligaría a ampliar la excavación a
un tramo de los sectores E2d5 y E2d6.
Al margen de dicho objetivo, se
intervino en otros dos sectores (D2i9 y
D1j10) en áreas más meridionales, que
asimismo han ofrecido información
complementaria sobre el uso del espa-
cio en el cementerio de Las Ruedas.
Nuevas tumbas
Ocho son los conjuntos funera-
rios que se han aislado en la presente
Campaña XXII
2011
75
campaña. Casi todos ellos ofrecen signos
de alteración, mostrando además una
escasa riqueza, circunstancias ambas
que son fruto, probablemente, de la
combinación de dos factores: el des-
mantelamiento de los depósitos por su
mayor superficialidad y afección por el
arado, y su correspondencia a un mo-
mento temprano del uso del cementerio
en el que el número de piezas por tumba
no resulta muy elevado. Un conjunto es-
capa a esta última apreciación, la tumba
247a correspondiente a un individuo in-
fantil, tal vez femenino a juzgar por su
El verano de 2011 fue el marco temporal establecido para el
desarrollo, durante los meses de junio y julio, de los trabajos de
campo en el yacimiento de Pintia, ceñidos a la necrópolis de Las
Ruedas y a los sistemas defensivos de la ciudad de Las Quintanas. Si
en el cementerio los datos conseguidos han sido de menor calado
que los alcanzados en otras campañas en lo que respecta al nú-
mero de tumbas exhumadas, no puede decirse lo mismo en cuanto
a la comprensión que nuevas estructuras documentadas introdu-
cen en el panorama del cementerio, avivando la discusión y estimu-
lando la interpretación de un registro funerario en el que se
reconocen más elementos que las tumbas propiamente dichas.
Por su parte, las excavaciones practicadas en los sistemas de-
fensivos de Pintia cubrieron parte de sus objetivos. En primer lugar,
permitieron definir con mayor precisión la envergadura del torreón
adosado a la muralla, sabiéndose ahora de su monumentalidad,
con unos catorce metros de diámetro. El primero de los fosos se ex-
cavó hasta los límites impuestos por el nivel freático, que se hizo
presente a partir de unos cuatro metros y medio de profundidad,
desvelándose a partir de entonces la necesidad de utilizar medios
mecánicos para su exhumación, que habrán de ponerse en práctica
durante futuras campañas.
Recreación del bustum, silicernium y tumbas 127a, 127b y 128 de la necrópolis de
Las Ruedas. Dibujo Luis Pascual Repiso-CEVFW.
Vista cenital del bustum y el silicernium, cuyo relleno oscuro aún
sin vaciar destaca sobre la terraza estéril de gravas y arenas.
DE EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS
EN PINTIA (PADILLA DE DUERO/PEÑAFIEL)
8 5
ajuar, que incluía en el interior de la urna
cineraria, junto a sus huesos cremados,
hasta ocho pulseras de bronce, una fí-
bula anular hispánica, un cuchillo afalca-
tado y un broche, ambos de hierro, un
collar con más de un centenar de cuen-
tas de pasta vítrea azuladas, amén de
una fusayola (o contrapeso del uso de
hilar) en barro y algún recipiente cerá-
mico más, muy fracturado e incompleto.
La aparición de ese tahalí o broche de
hierro habitualmente asociado a la
panoplia militar en la urna de la niña
ayuda a establecer el vínculo en térmi-
nos de sincronicidad y de identificación
de tumba doble con el inmediato depó-
sito 247b, constituido por un cuenco he-
misférico hecho a mano y algunos
elementos de la caetra y de puñal de
tipo Monte Bernorio del ajuar mascu-
lino, con el que además comparte proxi-
midad y una igual cota de profundidad
al estar ambos apoyados sobre la terraza
estéril. Este enterramiento doble consti-
tuye una interesante novedad si como a
priori cabe pensar a la espera de su
confirmación por el estudio antropoló-
gico se trata de hombre y niña, vín-
culo que hasta ahora no había sido
documentado en Las Ruedas.
La tumba 246 muestra una con-
servación relativamente buena, inclu-
yendo algunos recipientes completos,
como la copa de alto fuste y la botellita
torneadas, pero las cerámicas hechas a
mano se ofrecen fracturadas y muy in-
completas.
De la tumba 251 podría decirse
que restan fragmentos de un cuenco de-
corado a peine entre los cuales se reco-
gieron los restos óseos humanos.
La 250 entraría en la categoría de
tumbas destruidas, que todavía mantie-
nen una fuerte concentración de huesos
humanos in situ, pero cuyos materiales
arqueológicos asociables son partes mí-
nimas de los objetos originales, así frag-
mentos de un puñal (contera tetralobulada
y guarda naviforme del pomo) o de una
caetra, ambos de tipo Monte Bernorio.
El conjunto 249 ofrecía los restos
humanos, directamente sobre la terraza
estéril, asociados a una punta metálica
de jabalina.
La tumba 248 quedaba reducida
a un paquete óseo, sin ningún tipo de
ajuar de acompañamiento, ni siquiera
urna contenedora, por lo que estaríamos
seguramente ante una “tumba pobre”.
Finalmente, el conjunto 252 (sec-
tor D1j10), a juzgar por la ausencia de
restos óseos cremados del finado, debe-
ría ser interpretado como cenotafio o
monumento conmemorativo.
En suma, siete nuevos enterra-
mientos y un cenotafio que, a excepción
de este último, parecen mostrar cierto
grado de alteración de sus depósitos por
la superficialidad de los mismos y la ac-
ción de los arados o el expolio, y que en-
cajarían de manera general en un
contexto del siglo IV a.C., aquí igual-
mente con la excepción del cenotafio
que remite a momentos más avanzados
de finales del II o inicios del I a.C. El nú-
mero de objetos contabilizados en las
tumbas ofrece un resultado de apenas
una treintena, repartidos de la siguiente
manera: 7 vasijas hechas a mano, 2 he-
chas a torno, una fusayola, 10 objetos de
bronce (posible broche de cinturón, fí-
bula anular hispánica, ocho pulseras), un
collar de cuentas de pasta vítrea (con
105 abalorios de pasta vítrea azul y uno
de ellos nacarado) y 6 objetos de hierro
(tahalí y pomos de puñal, abrazaderas y
terminales de caetra, punta metálica de
jabalina y cuchillo); a ello se añade el ce-
notafio con cuatro vasijas, tres de ellas
torneadas y dos canicas de barro.
Bustum y silicernium
Así pues, en esta ocasión, la
mayor novedad e interés de la interven-
ción en el cementerio de Las Ruedas no
procede de los conjuntos tumbales re-
cuperados, sino de la detección de unas
estructuras en los sectores más septen-
Tumba 247a, necrópolis de Las Ruedas, siglo IV a.C. En el interior de la urna cineraria pueden obser-
varse el tahalí, el cuchillo de hierro, la bula y las pulserillas de bronce, así como una cuenta de collar
de pasta vítrea azul.
95
trionales de los intervenidos (centradas
en E2e5, alcanzaban parcialmente los
sectores E2d6, E2d5 y E2e6), que cree-
mos muestran relación estrecha con las
tumbas femeninas aristocráticas excava-
das en 2007, situadas en E2f6, apenas a
tres metros de distancia.
La primera estructura a la que
nos referiremos se comenzó a definir
como una gran mancha oscura locali-
zada apenas a unos 20 cm de profundi-
dad con respecto de la actual superficie
del cementerio de Las Ruedas; y remar-
camos actual por cuanto estos veinte
centímetros que en el presente sellaban
dicha mancha podrían ser el resultado
de la sedimentación de los últimos dos
mil años sobre el terreno. De esta forma,
sobre la superficie original se habría
abierto desde el oeste, configurando
un perfil más abrupto hacia el este
una somera fosa de unos 4 m de longi-
tud por unos 2,20 m de anchura y no
más de unos ochenta centímetros de
profundidad que rompió la terraza esté-
ril de gravas y arenas, pero también los
niveles ya formados del siglo IV a.C. El
relleno de esta estructura, tal y como se
nos ofrecía en el momento de la excava-
ción, muestra en el perfil este una mayor
acumulación de tierras negras fuerte-
mente quemadas, cuya génesis parece
apuntar a la existencia de un lugar acon-
dicionado para la cremación de cadáve-
res: las apropiadas dimensiones del
hoyo para haber podido albergar y que-
mar en su interior los cuerpos; la constitu-
ción de su relleno, con signos inequívocos
de termoalteración, muy evidentes en
las piedras calizas del relleno; o, incluso
tal vez también la obtención de una can-
tidad nada desdeñable de hueso humano
cremado (638 g), nos mueven a pensar
que estamos ante un bustum, o espacio
particular habilitado en el interior del ce-
menterio para quemar a unos muertos
en contraposición al ustrinum público
y externo al cementerio, cuyos restos
serían depositados a continuación en
enterramientos muy próximos que cree-
mos no fueron otros que las tumbas
127a, 127b y 128.
Los materiales arqueológicos que
se recogieron entre el relleno del bus-
tum muestran objetos de muy variada
naturaleza y cronología. Muchos de
ellos, como en el caso del material óseo
cremado, podrían ser no otra cosa que
el resultado de la remoción y destruc-
ción de tumbas antiguas en el momento
de la construcción de la estructura; la
notable fragmentación de los recipien-
tes cerámicos recuperados en su relleno
así parece sugerirlo. Pero el hecho cierto
es que, junto a estos materiales que
apuntan al siglo IV o inicios del III a.C.,
entre los que podríamos citar cerámi-
cas hechas a mano, ya sean lisas o deco-
radas a peine, incisas o impresas, o
algunos fragmentos metálicos de puña-
les Monte Bernorio, se pudieron reco-
ger también otras cerámicas fragmentadas
que delatan cronologías más tardías y
que incluso casan con otros fragmentos
obtenidos en el depósito anexo por el
norte al bustum, que interpretamos
como silicernium, al que nos referiremos
a continuación.
En efecto, conectada a la anterior
mancha se hallaba esta otra que cree-
mos cabe interpretar como silicernium o
banquete funerario en honor de las di-
funtas. Esta estructura de hoyo, de apro-
ximadamente un metro de diámetro, se
muestra unida a la anterior a nivel de te-
rraza estéril, aunque profundiza unos 50
cm más que aquel, alcanzando una cota
de en torno a -120 cm. En el centro del
mismo, al nivel en que conecta con el
bustum, apareció una piedra caliza de
formato medio, a modo de sellado del
depósito piedra que nos recuerda, de
manera muy sugerente, las existentes en
superficie señalizando las tumbas 127 y
128; al levantarla y comenzar el va-
Vista del perfil sur del sector E2e6 en el que queda cortada la mancha del bustum.
Trabajos de excavación del bustum de las tumbas 127a, 127b y 128.
10 5
ciado del relleno, se pudo observar la
presencia de numerosos materiales frag-
mentados pero algunos de ellos bastante
completos. Una decena aproximada de
recipientes, todos hechos a torno, a ex-
cepción de un vasito bitroncocónico de
borde reentrante elaborado a mano, y
16 canicas de barro, nueve de ellas agru-
padas junto a la botella único reci-
piente que, a excepción de una pequeña
rotura en el borde de la boca, se mos-
traba completo y asentado sobre su
base, amén de algunos elementos
metálicos correspondientes a fragmen-
tos de tijeras y pinzas de fuego, en hie-
rro, constituyen la totalidad de los
artefactos recuperados. A ellos hay que
añadir 124 g de restos óseos de fauna y
apenas 12 g de hueso humano cremado.
Si estamos en la interpretación
correcta de estas estructuras, el dato
posee un notorio interés, ya que los ca-
dáveres fueron quemados, como norma
general, en un pago conocido en la ac-
tualidad con el expresivo nombre de Los
Cenizales, próximo a unos trescientos
cincuenta metros de este punto pero
externo al cementerio de Las Ruedas.
Sería, por tanto, la primera vez que do-
cumentamos este tipo de conducta y,
desde luego, su proximidad a las tumbas
aristocráticas de mujeres, igualmente
fuera de sitio, hacen tentadora la idea de
relacionar ambas pautas discordantes
como resultado de un común ritual fu-
nerario.
Para sancionar en la medida de lo
posible la funcionalidad y relaciones ex-
puestas, nos ha parecido necesario revi-
sar todos los materiales obtenidos en
estos sectores, ya que si en el entorno
de las tres tumbas se desarrollaron de
forma consecutiva los preceptivos ritua-
les de cremación de cadáveres, tarea
que habría de durar probablemente va-
rios días, sería lógico encontrar entre los
materiales considerados “en posición se-
cundaria” vestigios de ofrendas, comi-
das, artefactos de cronología moderna
concordante, etc. Una reflexión derivada
de cuanto acabamos de decir es que no
todos los materiales que interpretamos
“en posición secundaria” deben ser asi-
milados a tumbas alteradas o destrui-
das, algunos pueden ser expresión de las
diversas actividades llevadas a cabo en
un cementerio, puntual o reiterada-
mente.
Esa revisión de materiales nos ha
permitido observar que pese a que la
mayor parte de los objetos poseen cro-
nologías antiguas recuperados en una
zona del cementerio ya utilizada en el
siglo IV a.C. como acreditan la mayoría
de los enterramientos aislados o, en
otros casos difíciles de asignar por la
perduración e inexpresividad de algunas
Diferentes perspectivas del silicernium en el desarrollo de su excavación. 1. En superficie, conectado al
bustum, con piedra caliza sellando el depósito. 2. Con los hallazgos de vasijas más superficiales, mos-
trando la conexión con los últimos testigos de la excavación del bustum. 3. En cota inferior, con hallazgos
de botella y canicas (obsérvese la agrupación de algunas de ellas). 4. Fondo del hoyo del silicernium, con
los restos del vaso E, de formato medio.
Vista aérea de la Zona Arqueológica Pintia. Obsérvese sobre todo la separación de la necrópolis de Las Ruedas (1) con respecto del ustrinum de Los Cenizales
(3) que destaca por el tono oscuro de sus tierras. El resto de las áreas funcionales son un presunto santuario (2), la ciudad de Las Quintanas (4) y el barrio ar-
tesanal de Carralaceña (5).
115
producciones, también hay otros que re-
sultan concordantes con las dataciones
bajas propuestas para las tumbas de
estas mujeres aristócratas, para el bus-
tum y para el silicernium, y que, por
tanto, podrían estar delatando pautas de
conducta asociadas a la celebración de
las exequias funerarias, en un contexto
excepcional de cremación a pie de
tumba que hubo de dejar abundantes
huellas de comensalidad, tanto en tér-
minos de vajilla como de alimentos con-
sumidos, en especial restos de faunas.
En esa dirección apunta la pre-
sencia de cerámica torneada negra bru-
ñida un tipo de producción que
sabemos asociada a conjuntos señeros y
vinculada a cronologías tardías en la
tumba 128, e igualmente en el bustum y
entre los materiales revisados de posi-
ción secundaria del entorno inmediato.
También se han recuperado fragmentos
de cerámica gris cérea de imitación ar-
géntea o, ya dentro de las cerámicas tor-
neadas pintadas, algunas con los
característicos triángulos alargados pin-
tados, rombos rellenos, e incluso con
policromía o con motivos figurativos di-
versos, entre los que no faltan los llama-
tivos zoomorfos en perspectiva cenital,
pero quizás y sobre todo unas enigmáti-
cas representaciones similares a las que
ofrece el vaso E de la tumba 128. Asi-
mismo algunos ejemplares hechos a
mano, de reducido tamaño y forma bi-
troncocónica de borde reentrante, con
decoración impresa y plástica, compare-
cen en la tumba 127a, en el bustum y en
el silicernium, en estos últimos espacios
casando fragmentos de una zona con los
de la otra que acreditan su sincronici-
Diversos materiales de cronología baja, re-
cuperados en los sectores E2 intervenidos,
tanto en tumbas como en bustum, silicer-
nium o posición secundaria: 1 y 1a. Repre-
sentaciones figurativas en diversos
fragmentos y otras similares en botella E
de la tumba 128, respectivamente; 2. ce-
rámica fina anaranjada con decoración po-
lícroma; 3. cerámica fina anaranjada
pintada; 4. cerámica negra bruñida; 5. ce-
rámica gris cérea de imitación argéntea; 6-
8. vasitos hechos a mano bitroncocónicos
de borde reentrante.
(Distintas escalas)
12 5
dad. Finalmente, entre los materiales
metálicos encontramos cuchillos, cucha-
rillas, amén de un aplique broncíneo de
un zoomorfo en perspectiva cenital, ele-
mentos todos ellos que encajarían en
usos y cronología.
Para el estudio de la fauna nos
proponemos establecer correlaciones
entre los abundantes restos óseos obte-
nidos en las tumbas 127a, 127b y 128, y
los recuperados en el bustum y el silicer-
nium, amén de los de posición secunda-
ria recuperados en el entorno inmediato,
en la idea de que sería posible que las
viandas hubieran circulado entre los
vivos y los muertos durante el desarrollo
de los funerales.
A la espera de que dichos análi-
sis, realizados por los Drs. Pastor, Bar-
bosa y de Paz, del Departamento de
Anatomía de la UVa, se completen, sí
que podemos adelantar dos cuestiones.
De un lado, la densidad de hallazgos
óseos recuperados en estos sectores de
excavación es comparativamente mayor
que la habitual, pero además con hue-
Recreación de
las exequias de
las tumbas
127a, 127b y
128. Dibujo Luis
Pascual Repiso-
CEVFW.
De izquierda a derecha ajuares y ofrendas de las tumbas 127a, 127b y 128, necrópolis de Las Ruedas, Pina, siglos II-I a.C.
135
sos más completos que incluyen anima-
les como caballo y bóvido, y con una sig-
nificativa presencia de piezas dentarias
de especies animales diversas. La se-
gunda cuestión hace referencia a la pre-
sencia de canis familiaris entre las
especies sacrificadas y presuntamente
consumidas, circunstancia bastante ex-
cepcional en el conjunto del cementerio.
La inclusión de este tipo de restos preci-
samente en la botella E de la tumba 128
señalada previamente, se ve acompa-
ñada de otros similares en el silicernium
y algunos más entre los materiales de
posición secundaria del entorno.
Recapitulando: bustum y silicer-
nium para tumbas femeninas de élite
A través de los datos expuestos
previamente creemos estar en condicio-
nes de mantener la hipótesis de que las
estructuras descubiertas en la campaña
de 2011 y que interpretamos como bus-
tum y silicernium, están en estrecha co-
nexión con las tumbas 127a, 127b y 128
excavadas en la campaña de 2007, y que
una parte del material recogido bajo el
epígrafe de “en posición secundaria”
sería el testimonio del banquete funera-
rio allí desarrollado durante las exequias
de tan distinguidos personajes.
No es posible determinar los fac-
tores que llevaron a reutilizar un sector
antiguo del cementerio. Cabe la posibili-
dad de que la situación de destrucción
generalizada observada en los sectores
G1, con incendios y estelas arrumbadas
en cuya cara de contacto con el suelo se
identifican evidencias de termoaltera-
ción, hubiera movido a desplazar a este
sector septentrional las tumbas señala-
das, o que otros factores de índole in-
terna hubieran determinado este
comportamiento, ya que es en el en-
torno de G1 tanto por riqueza y cons-
titución, como por cronología y no de
E2 donde cabría haber encontrado los
conjuntos 127a y 127b y 128.
Sea como fuere, no es difícil ima-
ginar el desarrollo de una vistosa cere-
monia como consecuencia de la muerte
sincrónica de dos mujeres y de una niña
de la condición más elevada de la socie-
dad pintiana. Se produciría entonces el
despliegue de unos rituales funerarios
complejos e incluso exclusivos, como la
erección de una pira funeraria en el pro-
pio camposanto. Estos funerales habrían
contemplado la cremación de los cadá-
veres de manera consecutiva, a juzgar al
menos por la perfecta separación de los
huesos de la niña con respecto de los in-
dividuos adultos en sus respectivas
urnas cinerarias; esta tarea habría po-
dido llevarse a cabo durante varios días
y explicaría la colmatación del hoyo del
bustum con tierras muy cenicientas y os-
curas; es más, la presencia de algunas
zonas de coloración negra más intensa
tanto en la tierra, como en forma de ad-
herencia en cantos y piedras, invitan a
pensar en quema de resinas o libaciones
de aceites o similares durante el proceso
de la cremación; este es un comporta-
miento atestiguado para otras tumbas
importantes de Las Ruedas como la 153
o la 50.
Probablemente, concluida la cre-
mación de los cadáveres, o en el trans-
curso de la misma, en un hoyo tangente
por el norte a la fosa de combustión se
habrían arrojado algunos de los ele-
mentos utilizados en el o los banquetes
funerarios desarrollados; otros objetos,
como las 9 canicas agrupadas y el un-
güentario o botella de boca de seta pró-
ximo, parece que fueron depositados
con mayor esmero. Algunos de estos ob-
jetos más superficiales poseen corres-
pondencia con algunos recogidos en el
bustum, lo que da idea de génesis y uso
coetáneos de ambas estructuras.
Abiertos los hoyos de las tumbas
y recogidos los restos cremados de las
mujeres y niña, se habría procedido a
disponer sus restos mortales para, a con-
tinuación, incluir los ajuares y ofrendas
correspondientes.
LOS SISTEMAS DEFENSIVOS DE PINTIA
Los trabajos de campo desarro-
llados durante 2011 también alcanzaron
al sistema defensivo de Las Quintanas,
con particular atención al torreón ado-
sado a la muralla, al contrafuerte terrero
que cierra la brecha abierta en este
tramo de muralla intervenido, y, final-
mente, también al primero de los fosos.
Para más información sobre los trabajos
Ubicación de las tumbas 127a, 127b y 128, excavadas en la campaña de 2007, en relación al ustrinum y silicernium exhumados en 2011. Necrópolis de Las Ruedas.
14 5
preliminares y las características de este
sistema defensivo pueden consultarse
los Anuario Vaccea de 2009 y 2010.
La excavación previa, en 2009 y
2010, de los sectores J13a10 y J13b10
nos permitió documentar un tramo de
un torreón adosado a la muralla, arrui-
nado y sedimentado por los comple-
mentarios contrafuertes de reparación
de la brecha abierta en este tramo a las
defensas. Mostraba entonces un anillo
de adobas sobre el nivel de preparación
de la berma, que daba paso a un arco de
piedras calizas alineadas, a cuyo interior
se extendían otras con mayor desorden
hasta alcanzar el lienzo de la muralla al
que quedaba adosada la estructura. En-
tendiendo que debía de poseer una
planta semicircular, durante la presente
campaña se amplió el área de excava-
ción hacia el suroeste sectores I13i10-
I13j10 para intentar dejar vista
aquella. Aunque no ha sido posible se-
guirla en todo su trazado, por cuanto la
muralla va girando y el contacto occi-
dental del torreón en la muralla queda
en los límites de la propiedad colin-
dante, el nuevo tramo descubierto per-
mite hablar de un torreón monumental,
de no menos de 14 metros de diámetro.
Por lo que respecta a la berma y
al primer foso, durante la presente cam-
paña se procedió a excavar el sector
J13b10, despejando buena parte del
contrafuerte terrero que sirviera para
restañar la brecha abierta a la muralla,
hasta dejar vista la superficie de la
berma. Excavación que se proyectó
hacia el sector contiguo J13b9, en el que
comienza la abrupta escarpa del foso
primero que corta el nivel blanquecino
de arenisca y el inferior de gravas y
arena, ambos geológicos.
Para la excavación del foso nú-
mero 1, centrada en los sectores J13b8 a
J13b4, se utilizaron parcialmente medios
mecánicos, alcanzándose unos 4,5 me-
tros de profundidad desde el nivel su-
perficial. El vaciado de los niveles
romanos de colmatación, aunque lento,
se iba realizando hasta que el lodo y el
agua de un nivel cenagoso imposibilita-
ron el trabajo por métodos convencio-
nales. La excavación completa de estos
fosos es evidente que comportará en el
futuro medidas técnicas de las que du-
rante la presente campaña carecimos e
hicieron, finalmente, que el objetivo de
vaciado no pudiera culminarse.
Carlos Sanz Mínguez
Intervención durante 2011 en los sistemas defensivos de Pintia. En esta perspectiva pueden
observarse perfectamente la cara externa de la muralla (1, línea punteada entre flechas) y el
torreón adosado (2); asimismo el restañado de la brecha abierta en este tramo de la muralla
con sucesivos contrafuertes: de tierra sobre la berma (5), de mampostería y adobes de casas
(4) y de grandes sillares de piedra (3); por último puede observarse el relleno sobre el foso
primero (6) y la zanja central abierta para alcanzar el fondo de éste, cuya excavación hubo de
detenerse alcanzado el nivel freático.
Trabajos de excavación en el torreón de la muralla de Las Quintanas.