PINTIA-CAMPAÑAXIX
LOSVETTONES
CAUCA
GONZALORUIZZAPATERO
PREMIOSVACCEA
JOYASDEBARRO
Distribucióngratuitapara
colaboradoresdelProyecto
Pintia
1€
www.pintiavaccea.es
62
2
L
AS
R
UEDAS DE
P
INTIA
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REHABILITAR LA NECRÓPOLIS
RECUPERAR LA MEMORIA
El director de
Pintia
compra una parcela para evitar más destrozos
“
Hace treinta añosque se descubrió este cementerio y seguimos con la misma des-
protecciónde siempre. He llegado a la conclusión de que aquí el concepto sacro-
santo es la propiedad privada y actúo en consecuencia”. Es la explicación del
director del Centro de Estudios Vacceos “Federico Wattenberg”, Carlos Sanz
Mínguez, sobre su último intento de salvar la necrópolis de Las Ruedas de
Pintia
:
adquirir él mismo una parcela del cementerio donde se ‘escribe’ la historia de los
antepasados que habitaron la provincia desde el siglo IV antes de Cristo.
(El Mundo, 10 de marzo de 2009)
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T
engo a bien que los sepulcros y los túmulos que se hicieran
para el culto de los antepasados, de los hijos o familiares, per-
manezcan siempre sin tocar. Y si alguno prueba que alguien
los ha destruido o echado fuera de algún otro modo a los sepulta-
dos o les haya trasladado de lugar las lápidas o los cipos, ordeno
que contra dicho individuo se haga un juicio como si hubiera aten-
tado al culto de los hombres relativo a los dioses. Pues es mucho
más necesario honrar a los muertos. Que a nadie le sea lícito en
absoluto trasladarlos de lugar. Y si lo hace, quiero que se le con-
dene a muerte bajo el cargo de profanación de sepulcros.
Tranquilos, no está publicado ni en el BOE ni el BOCyL, seguido de la
firma del Rey de España o del Presidente de la Junta de Castilla y León.Se trata
de un
edictum caesaris,
esculpido en una lápida de mármolde Nazareth (Pa-
lestina),entre los años 31 a.C. a 54 d.C. aproximadamente, por lo que su au-
toría podría corresponder a Augusto, Tiberio o Claudio. Afortunadamente,
añadiríamos, para los responsables por acción u omisión de tamaño desgo-
bierno en la necrópolis vacceo-romana de
Pintia,
acaso incluso para los ar-
queólogos que, si bien con objetivos científicos, no dejamos de ser una suerte
de profanadores de tumbas.