PINTIA-CAMPAÑAXIX LOSVETTONES CAUCA GONZALORUIZZAPATERO PREMIOSVACCEA JOYASDEBARRO DistribucióngratuitaparacolaboradoresdelProyectoPintia 1€ www.pintiavaccea.es
55 2 H ace cuarenta años la yaobra clásica de Klaus Ra-ddatz, Die Schatzfunde derIberischen Halbinsel, proporcionaba laprimera síntesis sobre la orfebrería pre-rromana de la Península Ibérica, indivi-dualizando un “Nordmeseta Gruppe” entorno a Palencia y otro “Soria Gruppe”en el Alto Duero, pero vinculando ambosgrupos a la orfebrería ibérica como con-traposición a la “Castro-Kultur” del Nor-oeste peninsular. Veinte años después Delibes y Es-parza publicaban,en un monográfico dela desaparecida Revista de Arqueologíadedicado aEl oro en la España prerro-mana,un trabajo específico sobre “Lostesoros prerromanos de la Meseta Nortey la orfebrería celtibérica”, incorpo-rando, a partir de los hallazgos más re-cientes Arrabalde (Zamora) y Padillade Duero (Valladolid), entre otros, só-lidos argumentos para la caracterizaciónde este grupo, al que se le despojaba desu vínculo ibérico y se adjetivaba de “cel-tibérico”. Al día de hoy creemos necesariohablar de una “orfebrería vaccea” y noceltibérica. Y ello por cuanto aquella ad-jetivación partía de un paradigma,nuncabien definido y en gran medida caduco,que ponía el acento en un supuesto fe-nómeno de “celtiberización”; un pro-ceso de homogeneización cultural de laCuenca del Duero, argumentado funda-mentalmente en la extensión de un fósilguía lacerámica torneada anaranjaday pintada, del que se reconocía unprecario conocimiento,ceñido a los si-glos II y I a.C. Precisamente la excavaciónde la necrópolis de Las Ruedas de Pintiay los datos cruzados que vienen propor-cionando las asociaciones materiales desus tumbas de incineración, combi-nando tipos metálicos de los siglos IV yIII a.C. con un repertorio formal com-plejo de cerámicas torneadas pintadasjunto a otras muchas producciones ce-rámicas algunas de ellas tildadasigualmente de “celtibéricas”, como lascajitas zoomorfas, han permitidocomprender mejor el periodo formativodel mundo vacceo, pero también su nodisolución en un supuesto “fenómenoceltiberizador”.Aunque no es nuestra intenciónenredarnos en cuestiones terminológi-cas, nada accesorias e inocentes porotro lado, labreve referencia a este pro-blema parece imprescindible para entrara valorar las piezas que incluimos en estanueva secciónPieza vaccea del añodeVaccea Anuario. Traemos, en efecto, a suconsideración y estudio preliminar unosejemplares cerámicos extraordinariosaparecidos durante las campañas de2007 y 2008 que creemos no son otracosa que “joyas de barro”, es decir, imi-taciones en cerámica de algunos de los 11 Coleteros áureos: (1), de Arrabalde (Zamora) y (2), de Saldaña (Palencia) (según G. Delibes y A. Esparza), rematados ambos en sendas cabezas de caballo.Uno de los dos zarcillos para el pelo en barro (3), recuperados en la tumba 127b, de la necrópolis de Las Ruedas, Pin9a. 231
56 2 tipos de mayor singularidad de la orfe-brería,que vienen, bajo nuestra pers-pectiva, a subrayaruna especificidadvaccea,frente a la “celtibérica”,paraestas joyas, además de abrir nuevas víasa la interpretación social para las mismas. Los hallazgos Dos de las piezas proceden de latumba doble sincrónica 127, concreta-mente de la 127b correspondiente a unaniña de seis o siete años. Aunque en elanterior número de Vaccea Anuarioseinterpretaban como miniaturizacionesde trompas numantinas, conviene alcaso rectificar ahora y entenderlas comoimitaciones de los conocidos coleteros ozarcillos para el pelo que,en hierro,bronce u oro,comparecen en diversosyacimientos meseteños de la Edad delHierro.En efecto, dentro de este tipo depiezas, conformadas porun areteabierto de vuelta o vuelta y media, aveces sobrepasada, podrían distinguirsedos variantes formales: una de trazadoperfectamente circular, otra con ciertoacodamiento en su parte media; ambasreproducen en ocasiones bellas cabezasde caballo en sus extremos y encuentransus mejores y más bellos ejemplos, res-pectivamente, en cuatro piezas comple-tas de Arrabalde y otra fragmentada deSaldaña (Palencia).Precisamente en estas joyasfili-grana al aire y granuladose alternanpara emular aquí las crines trenzadas,allá las orejas o los ojos, enel extremoel hocico del animal, con una economíade medios y disposición precisa verda-deramente magistral.Estas piezas, tal y como acaba-mos de describirlas, se muestran carac-terísticas de la orfebrería meseteña, yaque en el mundo ibérico se desconoceny en el galaico, pese a documentarse,ofrecen un aspecto más sobrio yunmayor desarrollo, con casi tres vueltas.Sus copias en bronce o hierroaparecen en la propia Saldaña, en estecaso en los fosos de La Morterona, ytambién en Pintiadónde, además de al-gunos hallazgos superficiales chapadosen electrón, se han podido recuperarensu contexto preciso dentro de sendastumbas como la151 en bronce y aco-dadoo la77 de hierro, haciendojuego aparentemente con un torques deextremos vueltos también en estemetal.La segunda pieza que presenta-mos es una fíbula anular hispánica,igualmente de barro, aparecida en latumba 153. Responde al modelo de untipo de imperdible sistematizado haceaños por Emeterio Cuadrado, cuyos cali-ficativos aluden acertadamente, de unlado a su característico anillo,que pro-porciona estabilidad sobre el ropaje,yde otro a su distribución exclusivamenteibérica, si bien hacia el noroeste penin-sular se rarifica hasta desaparecer. Den-tro de la extensa gama de tipos yvariantes existentes su elaboración enoro, plata, bronce o hierro nos era cono-cida, pero no así en cerámica, comoviene a mostrar este nuevo ejemplar. Sus dimensiones,de unos cuatrocentímetros de diámetro y tres de al-tura, indican que se trata de una piezareproducida a tamaño natural y con in-trínseco valor funcional, como en el casode los zarcillos para el pelo descritos pre-viamente. Aspecto éste derivado de unadoble consideración: en primer lugar,que el sistema de anclaje realizado enlos ejemplares metálicos mediante el sis-tema de resorte y aguja, aquí fue susti-tuido por un simple pasador a modo deaguja sin resorte de materia orgánicao incluso, tal vez, una de las agujas decoser incluidas en el ajuar de la tumba,que atravesaría los dos orificios que ta-ladran al anillo en paralelo al puente; ensegundo lugar, por el hecho de que lapieza fuera cocida para dotarla de laconsistencia necesaria, es decir, que noconstituyera un mero elemento simbó-lico elaborado y amortizado en el mo-mento mismo de la muerte de la niña.No nos resta ninguna duda, porotro lado, de que la fíbula de barro estáimitando modelos metálicos, en particu-lar aquellos ejemplares de barroca de-coración, hechos en plata, perorevestidosde chapa, filigrana y gránulos de oro, delos que apenas conocemos cuatro ejem-plares, dos de uno de los tesoros deArrabalde, otro de El Bierzo y un cuartode San Martín de Torres. Su equivalen-cia en ejemplares broncíneos contem-poráneos, imitaciones más asequiblesde éstos, son l os tipos denominados porCuadrado “de anillo grueso”,“de puenteancho” y “de cartela”. La cronología baja de estas pro-ducciones, acorde al proceso de con-quista romana para la zona, no debellevarnos a confundir el contexto deocultación de estos tesorillos, con su gé-nesis y más que probable herencia degeneración en generación. En este sen-tido, el atavismo del modelo queda per-fectamente de manifiesto en laconsideración del peculiar y exclusivosistema de ensamblaje de anillo ypuente en este modelo. En el ejemplarde San Martín de Torres la pérdida de lachapa áurea de recubrimiento de esa Diversos modelos de Fíbula Anular Hispánica: en cerámica (1),procedente de la tumba 153 de la necrópolis de Las Ruedasde Pin9a; en bronce (2), de la tumba 31 de Miraveche (Bur-gos); en plata con recubrimiento de chapa y filamentos áureos(3), de San MarAn de Torres (León).123
57 2 zona,permitever la forma deunión de la cabecera: medianteun sis-tema de embutido y remachado de lacabeza del puente en el anillo, aspectoque, junto a otros detalles formalescomo el puente amorcillado, el anillo en-grosado enla mitad diametralmenteopuesta al eje del puente, o la presenciade arrollamientos en toda la superficieanular, menos en dicho engrosamiento,otorga una singularidad y una personali-dad indiscutible al tipo.Aspectos técnicos y formalestodos ellos que uno de nosotros definióhace ya un tiempo en ejemplares bron-cíneos de necrópolis burgalesas comoMiraveche, tumba 31, o Villamorón ytambién en el propio cementerio de LasRuedas,a través de numerosas piezasobtenidas en posición secundaria,y cuyacronología remontando al siglo IV a.C.viene a demostrar cómo los tipos de lasjoyas áureas responden a estéticas y so-luciones técnicas en este caso laforma de unir el puente al anillo y sus ca-racteres complementariosde unagran antigüedad.En suma, vemos en este casotambién que la fíbula anular hispánicaáureaposee unarraigo secularen la zona vaccea yárea de influencia más directa, descono-ciéndose en la zona galaica y en elmundo ibérico. Los tesoros de Arra-balde, aunque en territorio astur, entra-rían en dicho espacio influido alencontrarse a tan solo veinticinco kiló-metros en línea recta del curso del ríoEsla, divisoria natural entre aquel y elvacceo. Solo bajo dicha influencia y node la más difusa e inconcreta celtibé-ricase explicaría la presencia porejemplo del broche de cinturón áureodel tesoro segundo de Arrabalde que in-cluye la representación del cuadrúpedoen perspectiva cenital, tan presente endiferentes contextos, habitacionales onecropolitanos,y soportes del mundovacceo, ya sea en piedra, barro, bronce ohierro, e incluso, por qué no, en algunasjoyas como los torques de nodus hercu-leus.En efecto, abriendo un corto pa-réntesis para intentar explicar la presen-cia de ese tipo de detalle ornamentalque decora un buen número de viriameseteños, la extrañeza que ofrece supresencia en zonas tan interiores de laPenínsula Ibérica,cuando sus paralelosse encuentran en el mundo helenístico yfaltan claros nexos ibéricos, podría disi-parse, en alguna medida, de ser interpre-tados como representaciones igualmentede animales en perspectiva cenital, acuya mirada y percepción sin duda losvacceos y sus vecinos estarían más acos-tumbrados que nosotros. Para su intro-ducción desde el ámbito mediterráneoal interior peninsular se ha valorado,aunque con reservas, el mundo púnico,desde Gadir donde el motivo, que no suasociación al torques, se documenta apartir del culto que mantuvo la ciudaden el templo dedicado al Hércules gadi-tano. Esta vía alternativa al mundo hele-nístico podría cobrar mayor peso ahoraque en Pintiahemos hallados piezascomo la cuenta de collar del Jano bi-fronte de la tumba 144 o el colgante-amuleto consistente en un figurade unpersonaje togado, de pasta vítrea ver-dosa,recuperado superficialmente. Asípues, sobre el motivo de un nodus her-culeusimportado, los vacceos realizaríansu propia interpretatio, visualizando elcaracterístico animal en perspectiva ce-nital; ello justificaría el arraigo de estetipo de torques en la Meseta, con ochoejemplares frente al único de Menjíbaren Andalucía, considerado incluso estepréstamo meseteño.La tercera pieza que comentare-mos no posee un contexto preciso, yaque se trata de unobjetorecuperado enposición secundaria,correspondiente auna tumba destruida, aunque próxima ala tumba 153, por lo que grosso modosebeneficiaría de una común cronología. El Torques de plata con nodus herculeusdel tesoronúm. 1 de Las Quintanas de Pin9a(1) y detalle delmismo (2) que podría estar imitando la iconogra,adel “zoomorfo en perspec@va cenital” represen-tado en piezas como el broche de cinturón áureo(3) del tesoro núm. 2 de Arrabalde (Zamora) (segúnG. Delibes y A. Esparza), o la vasija de almacena-miento (4) recuperada en Roa de Duero (Burgos),la vieja Rauda. 123 4
58 2 ejemplar cerámico imita, sin ningunaduda, a una arracada áurea con cuerpode lúnula rematado en un apéndicetriangular,a base de un racimo de uvas.Su tamaño, de 7,2por 3,5 cm,supera li-geramente el de las piezas en que se ins-pira, pero este exceso puede entendersenecesario para facilitar la ejecución delgranulado a base de pellitas de barro su-perpuestas unas sobre otras. En estecaso desconocemos ejemplares simila-res en bronce o hierro, si bien existen al-gunos de mayor simplicidad constituidosbásicamente por un cuerpo en forma decreciente lunar. Este tipo de arracada, siempre enoro, ha sido destacado como uno de loselementos que confiere mayor persona-lidad a esta orfebrería meseteña ya que,pese a su inspiración en modelos medi-terráneos de lúnulas y finos racimos deuvas, elextraordinario espesor y maci-cez de esos racimos, así como la presen-cia de otras variantes de remates queincluyen bellotas, campánulas o bucrá-neos, le otorgan una exclusividad indiscuti-ble. Probablemente el mejor de todoslos tesoros por el número dearracadas que incluyeysu variedad cincopares, aunquenin-guno sea exactamente igualsea el nú-mero 2 de Pintia,descubierto en losaños ochenta del siglo pasado en la ciu-dad de Las Quintanas, aunque tambiénson muy destacables la pareja de piezasdeParedes de Nava (Palencia) o el con-junto de Arrabalde.En suma, hemos visto diversosobjetos de orfebrería que tienen susequivalentes en otros metales no no-bles, ya sean el bronce o el hierro,y cuyacronología nos remite a los siglos II-I a.C.,fechas que tradicionalmente han sido lasbarajadas para la orfebrería meseteña.Pero también hemos presentado trespiezas de cerámica, inéditas hasta ahora,que imitan diferentes tipos de joyas áu-reas. Imitación que se concreta en aspec-tos formales, pero también decorativos,aludiendo ya sea a la filigrana me-diante una serie de trazos incisos obli-cuosen los zarcillos, o multitud de finasy desordenadas impresiones frontalesen las arraca-das,o al granulado característico con pe-queños botones o perlitas aplastadas, aveces superpuestas dos a dos, éstas pre-sentes en los tres tipos de joyas debarro, aunque especialmente en la arra-cada. El significado Finalmente, procurando trascen-der la materialidad de los objetos e in-tentando ver qué tipo de conductassociales representan, cabría preguntarse¿por qué o para qué unas joyas debarro? La auténtica orfebrería, materia-lizada en la acumulación de joyas y mo-nedas en los tesorillos prerromanos,seha vinculado tradicionalmente a fortu-nas personales o familiares, no comuni-tarias por tanto, siendo consideradaexpresión de los excedentes obtenidos.Tales objetos, exclusivos de los aristó-cratas vacceos, no fueron sin embargodepositados en las tumbas, para acom-pañar a sus propietarios en el más allá,por lo que, teniendo en cuenta algunosaspectos crono-tipológicos antes seña-lados, seguramente fueron heredados,pasando de generación en generación.Estas joyas, a su intrínseco valor econó-mico, incorporaban sobre todo un altovalor simbólico, proporcionando signosexternos para las elites vacceas y vecinasde exclusividad.La presencia de “joyas de barro”en el cementerio de Las Ruedas se be-neficia afortunadamente de un contextopreciso, si no para la arracada, sí para losdos zarcillos de pelo y la fíbula anularhispánica, aparecidas, respectivamenteen las tumbas 127b y 153; sepulturas enambos casos de una gran riqueza mate-rial y correspondientes a individuos in-fantiles que, a juzgar por la presencia deagujas broncíneas de coser en sus ajua-res, nos inclinamos a considerar deniñas.La naturaleza excepcional deestos conjuntos (véanse las campañasde excavación de 2007 y 2008 en Anua-rio Vacceanúms. 1 y 2) indica que noshallaríamos ante la representación sim-bólica, filtrada y normalizada para el ám-bito funerario, de objetosidentificadoresde la posición social dominante de laselites de Pintia, si bien adaptadas al es-pacio funerario y a la condición infantilde sus destinatarios.La edad de estas niñas con no serelevada, sería la suficiente en el casode la de la tumba 127b de seis o siete Colgantes en pasta vítrea de Pin9a: sobre estas líneas un personajetogado hallado superficialmente en el poblado de Las Quintanas;a la izquierda abalorios elispsoidales junto a un cuenta polícromade Jano bifronte, de la tumba 144 de Las Ruedas Arracadas: arriba, de barro de la necró-polis de Las Ruedas de Pin9a; abajoáurea de Arrabalde (Zamora) (según G.Delibes y A. Esparza).
59 2 añospara que sus nobles familias hu-bieran concebido fundadas esperanzasde que alcanzaran la etapa adulta y, enconsecuencia, para que hubieran expe-rimentado una enorme frustración yduelo por su pérdida: en el terreno afec-tivo, lógicamente, lo que explicaría engran medida la riqueza de las ofrendas yajuares funerarios presentes en ambastumbas 50 y 100 objetos respectiva-mente, pero también en un aspectomucho más pragmático, como sería lapérdida de un elemento clave de las re-laciones estratégicas intercomunitarias,a través de la práctica exogámica proba-blemente no muy lejana ya a esa edad, yde la deseada descendencia, pues, comoha señalado Teresa Chapa,“la infanciaes un sector de importancia vital paracualquier grupo humano, puesto que desu existencia y formación depende la re-producción física e ideológica de la po-blación como unidad diferenciada”. Endicha reproducción social debió de teneruna gran importancia el establecimientoy mantenimiento de dichas relacionesintercomunitarias a través del matrimo-nio fuera del grupo de filiación; la con-secuencia habitual sería que las mujeresviajarían de su grupo endógeno al ajeno , máxime en una sociedad como la vacceahabitante del sector central de la cuencasedimentaria del Duero y carente, enconsecuencia, de cualquier recurso deminerales o de piedras como el granitoque, necesariamente, habría de obtenerdel intercambio con otras comunidadesvecinas.Unas niñas, en suma, cuyasmuertes prematuras habrían represen-tado un duro golpe emocional para susfamilias y allegados, pero también unaverdadera pérdida “dinástica” de grancalado. La ruptura en la vía hereditariade estos símbolos de poder que aconte-cería solamente entre los vivos, llevaríaa trasladar a sus tumbas, de manera sim-bólica mediante las réplicas de barro,estos objetos suntuarios. Solo así podríacumplirse la norma de no amortizar enlas tumbas las joyas y esa posible trans-misión de generación en generación deestos bienes especiales.Resulta muy sugerente en estelínea de interpretación comprobar cómola niña de la tumba 127b, junto a los doszarcillos cerámicos para el pelo descritospreviamente, contaba entre los elemen-tos metálicos de su ajuar con una fíbulaanular hispánica de bronce, curiosa-mente de un modelo muy antiguo, porlo que no dudamos en considerarla reli-quia que habría sido heredada en suce-sivas ocasiones hasta decidir amortizarlajunto a ella. Objetos heredados, posiblesdotes futuras, que en el caso de la orfe-brería quedarían representadas a travésde estas bellas y sorprendentes joyas debarro; piezas que, volviendo a cuanto in-dicábamos en la introducción a estas pá-ginas, no parecen sino venir a abundaren la auténtica filiación vaccea de dichaorfebrería.*Carlos Sanz MínguezFernando Romero Carnicero * Este trabajo se ha desarrollado en el marco delProyecto de Investigación de I+D+i (2004-2007)Vacceos: identidad y arqueología de una etnia pre-rromana en el valle del Duero(HUM2006-06527/HIST), de la Dirección General de Investigacióndel Ministerio de Educación y Ciencia.